— ¡La próxima vez que venga el primo Kyle, hazle volar por los aires! ¡Seguro que se pondrá en plan "¡eeeeeeh, me sangra la nariz!", jajajaja!— Ike seguía hablando. No paraba un rato. Y tampoco lo hacía a un volumen razonable.
— Jej. No, no quiero que empiece a lloriquear y se lo diga a mamá—Kyle no pudo reprimir una sonrisa ante la idea—. Pero, eh, no chilles.
— Perdón.
— Ah, mira, ahí está.
Kyle se sorprendió al ver a Stan y a Cartman a su puerta...Cartman ya vestido con ese estúpido uniforme del Mapache, que hacía que Sheila se quedara en la puerta a mirar con atención.
— ¡Kyle! ¿Dónde cojones estabas?—gritó Stan, corriendo hacia él.
— Ya estoy aquí, estoy aquí, ¿qué pasa?—preguntó Kyle, viendo lo alterado que estaba su mejor amigo.
— ¡He recibido un mensaje de Wendy! ¡Pidiendo ayuda! ¡La he llamado, pero no contesta! ¡Le ha pasado algo!
— Hemos llamado a los demás a ver si la habían visto, pero tampoco contestan—informó Cartman—. Algo está ocurriendo.
— ¿Qué ocurre? ¿Adónde vas, Kyle?—chilló Sheila desde la puerta.
— ¡Nada, ciudadana anónima! ¡Me llevo a su hijo en una misión!—respondió Cartman. Y añadió en voz baja: "Zorra cotilla..."
— Vale...Uh...Debe de haber estado con Gregory...Está con ese tío todo el tiempo...Tiene que saber dónde está, o dónde la ha visto por última vez—sugirió Stan.
— Sí, vamos—Kyle abrió su coche de nuevo y todos se metieron dentro. Ike también.
— No, Ike, tú no vienes—le dijo su hermano.
— ¿Por qué no?—protestó él.
— Esto podría ser peligroso.
— El gordinflas va—Ike señaló a Cartman.
— ¡No estoy gordo, estúpido!—se quejó Cartman.
— ¡Venga, vámonos, no podemos perder más tiempo!—gritó Stan.
— Vale, pero te quedas en el coche—Kyle zanjó la discusión, haciendo que el coche se moviera.
— No es justo...Soy un caballero—Ike se cruzó de brazos y puso morritos.
— Sí, de Canadá—apuntó Cartman.
— Dice el adulto que lleva puesto un disfraz de mapache...
— ¡¿Tienes algo en contra de los mapaches?!
— ¡Callaos los dos!—exclamó Kyle—. Podría estar pasando algo serio.
— Tiene que ser así. Si no, ¿por qué habría...?—murmuró Stan.
Muy a su pesar, Stan sabía dónde vivía Gregory de Yardale. En realidad, no era tan difícil saberlo: su familia era muy pudiente, con toda probabilidad la segunda más rica después de la de Token. Su casa no era tan ordinaria como las que uno se podía encontrar en el vecindario.
Se estaban acercando cuando se encontraron una barrera humana.
Eran sus amigos.
Kyle detuvo el coche y sacó la cabeza por la ventanilla.
— ¡Tíos! ¡Os hemos estado buscando! ¿Sabéis qué le ha pasado a Wendy?
No hubo respuesta. En lugar de eso, Scott se aproximó. Tenía algo en la mano. Los otros no pudieron ver qué era desde donde se encontraban, pero vieron que se lo tragaba. Debía de ser azúcar, porque sus músculos comenzaron a hincharse.
— ¡Guoa! ¡Eso no me lo contaste!—los ojos de Ike se abrieron desmesuradamente.
Su hermano no contestó. Algo no iba bien.
Transformado, Scott caminó hacia ellos. Entonces propinó un golpe al capó del coche que hizo que el vehículo saltara.
— ¡Ey!—gritó Cartman—. ¡¿Qué coño te pasa?!
Otro golpe. Craig dio un puñetazo a la ventanilla del copiloto, donde Stan se había sentado, y lo agarró, forzándolo a salir.
— ¡¿Pero no eran estos vuestros amigos?!—preguntó Ike, agazapándose.
— ¡Chicos! ¡¿Qué demonios estáis haciendo?!—gritó Kyle, saliendo del coche antes de que Scott lo aplastara dentro.
Fuera, Token estaba listo para atraparlo. Lo agarró del cuello con las dos manos, lo tiró al suelo y comenzó a apretar. Kyle luchó, pataleó en el aire. Cartman acudió a su rescate, agarrando a Token para dejarlo aturdido con un cabezazo. Un dolor repentino lo hizo chillar. Tweek se acercaba, con chispas saltando desde sus brazos.
— ¡¿También puedes tirar rayos?! ¡Eso no es justo, cabrón avaricioso!—protestó.
A Tweek le dio lo mismo. Siguió atacándolo con ellos, mientras Token se recuperaba, sin mostrar ningún atisbo de dolor a pesar del golpe tan feo.
— ¡Chicos! ¡Somos nosotros!—Stan tuvo que rodar antes de que Craig le diera un puñetazo. Dejó un agujero en la calzada—. ¡¿Por qué estáis haciendo esto?!
Ike iba a salir del coche, pese a las órdenes de su hermano, cuando algo lo atravesó. Ike no se quedó para mirar; Clyde parecía querer mostrarle qué era unas cuantas veces más. De pie sobre el techo del coche, lo atravesó con sus probóscides, tratando de darle. Probó la sangre de Ike después de haber conseguido arañarlo, pero el adolescente consiguió salir. Clyde saltó para cogerlo, y Ike lo recibió con un puñetazo. Corrió hacia el maletero y rápidamente sacó una llave inglesa y golpeó a Clyde antes de que pudiera atraparlo.
Ver a Ike con esa herramienta dio a Stan lo que necesitaba para luchar. Extendió un brazo y las herramientas que Kyle tenía para mantener su coche acudieron a él. Aunque no quería herir a sus amigo, él había empezado. Usando un destornillador, hizo que cayera al suelo.
— ¡Stan!—lo llamó Kyle. Token y Tweek lo estaban atacando al mismo tiempo y tuvo que saltar, casi dando la impresión de que bailaba, para evitar perder los pies—. ¡Ve a pedir ayuda a Gregory! ¡Está ahí mismo!
— ¡¿Qué?! ¡No! ¡Le necesitamos aquí!—se opuso Cartman.
— ¡Esa es precisamente la idea: tiene que buscar ayuda!
— ¡Volveré enseguida, chicos!—Stan, con un destornillador en cada mano, apartó de su camino a Craig y a Jimmy y echó a correr.
Kyle consiguió usar una onda de aire para empujar a Tweek y a Token lejos de sí. Scott cargó.
— ¡Eh! ¡Deja en paz a mi hermano!—gritó Ike, tirándole la llave a la cabeza.
Scott ni siquiera pareció percatarse. Rezándole a su Dios, Kyle extendió un brazo hacia él y usó el aire para alzarlo y arrojarlo a un lado.
Jimmy golpeó a Cartman en la cara con sus muletas y luego en la parte posterior de la cabeza, haciendo que cayera al suelo. Cuando se acercó, Cartman le arañó la cara y le dio golpes en ella repetidas veces. Luego trató de evitar que Scott se levantara. Token se teletransportó, cortándole el paso.
Era increíble, pensó Ike, lo poco que les afectaba. Aquellas heridas y golpes debían de doler un montón. ¿Cómo podían levantarse y seguir luchando tan rápido? Ni siquiera había muestras de dolor en sus caras cuando se les golpeaba. Nada.
Saltó a tiempo de evitar que Clyde se lo llevara por delante. Tiró de sus alas, pero no hubo reacción de su parte aparte de la obvia resistencia. Sí, eso no estaba bien. Debía de doler de narices. Clyde se las apañó para escapar y se levantó. Ike le dio un puñetazo en un ojo, después en el estómago.
Fue entonces cuando sus ojos se posaron sobre Timmy.
Éste no se había movido desde una distancia discreta, inadvertido, supervisaba todo lo que ocurría con calma desde su silla, con el escrutinio frío de un ajedrecista, con los ojos achinados, sus dedos acariciando el cuero del brazo de su silla.
Ike comprendió en el mismo momento en que lo vio lo que estaba pasando.
— ¡TIMMY LOS ESTÁ CONTROLANDO! ¡ÉL ESTÁ HACIENDO TODO ESTO!
Pero nadie fue en su ayuda, porque estaban demasiado ocupados tratando de no morir a manos de sus amigos. El único que lo oyó, desgraciadamente, fue el mismo Timmy.
Volviendo los ojos hacia el joven Broflovski, entrecerró los ojos aún más y Ike soltó una exclamación, esa exclamación convirtiéndose en un grito. Su cabeza le empezó a doler muchísimo, como si un camión le pasara por encima, reventándola, como nada que hubiera sentido antes.
— ¡Ike!—al oír chillar a su hermano Kyle miró a su alrededor desesperadamente, tratando de encontrarlo y salvarle de lo que fuera que lo estaba haciendo gritar, pero no podía porque Craig falló por unas pulgadas, provocando un nuevo socavón en el suelo con su puño. Aprovechando su condición, Jimmy lo arrolló, haciendo que rodara por el suelo. Luego alzó una de sus muletas y Ike apenas tuvo tiempo de esquivar el golpe.
Vio lo que tenía que hacer.
Trató de golpear a Jimmy en la nariz. Por supuesto, Jimmy era rápido y puedo agarrarle de la mano antes de que lo hiciera. Sin embargo, no se imaginaba que era una distracción: el verdadero objetivo de Ike eran sus gónadas. Una patada fuerte fue suficiente para que cayera de rodillas. Rápidamente, Ike agarró una de las muletas y, con todas sus fuerzas, la lanzó justo a la cabeza de Timmy. Fue demasiado tarde para que Timmy reaccionara. El golpe le abrió la cabeza e hizo que se inclinara tanto hacia la derecha que cayó de su silla de ruedas.
Los atacantes se detuvieron. Scott y Tweek cayeron al suelo. Scott respiró con dificultad, muy pálido; finalmente pudo encontrar su jeringuilla y consiguió nyectarse la insulina.
Craig enterró la cara en sus manos. Segundos después, alzó la mirada hacia Kyle.
— ¿...Qué...Qué ha pasado?—murmuró.
Clyde se tocó el ojo. Dolía un montón, y lo peor era que no sabía por qué.
— ¿Chicos? ¿Por qué estáis sangrando?—Token se miró la mano—. ¿Por qué estoy sangrando yo también?
— ¡Fue ese tío! ¡Os ha estado controlando como a marionetas! ¡Hizo que nos atacárais!—Ike señaló a Timmy.
— ...¿Qué?
Todos los ojos se volvieron hacia el discapacitado que yacía en el suelo.
— Serás...cabrón...hijo de puta...
Timmy no usó sus poderes para defenderse o para tratar de escapar. Dejó que Craig le diera una patada en el estómago y lo jalara del pelo.
— ¡¿Cómo has podido?!
— Estás muerto. Juro por Dios que te mato—Kyle caminó hacia ellos listo para golpear la cara de Timmy.
— Timmy...
— Timmy...
— Esperad—Jimmy dio un paso hacia adelante—. Esperad, chicos, por favor.
Timmy miró a su amigo, pero rápidamente giró la cabeza, incapaz de hacerlo.
— Tim-Tim, por qué...Simplemente...¿Por qué?
Timmy cerró los ojos y se tocó la sien débilmente con su dedo índice.
[— No estoy orgulloso de lo que he hecho...pero nunca quise haceros daño...]
— ¿Crees que eso te va a salvar el culo?—replicó Tweek, limpiándose la sangre de la nariz.
[— Claro que no. Podéis darme una paliza hasta matarme. Me lo merezco. Pero antes quiero que sepáis por qué lo he hecho.]
— No le escuchéis, muchachos—les advirtió Cartman.
Timmy se volvió a llevar una mano a la cabeza.
— ¡Cuidado!—gritó Cartman.
Pero nadie pudo hacer nada. Pronto, la carretera, el coche destrozado, todo desapareció...
...pero aún se encontraban en la calle. Reconocieron cuál era, a tan solo unos bloques de allí. Estaban cruzando un paso de peatones. Todos los sonidos habían sido reemplazados por una canción de Metallica. Aunque a algunos no les gustaba la banda o incluso el género, todos sintieron bailar las endorfinas dentro de sus cuerpos, haciéndoles sentir genial.
— Timmy...Tim...Timmeh...
Comprendieron lo que ocurría. Estaban contemplando uno de los recuerdos de Timmy desde su punto de vista. Estaban oyendo lo que él escuchaba, viendo lo que veía. Sí, eso precisamente. La vista pasó a su regazo mientras se metía una mano en el bolsillo para sacar las llaves de su casa.
Timmy apenas acababa de tomarlas cuando todo se volvió oscuro. Las farolas y la luz proveniente de las casas de los vecinos se extinguieron de repente y no volviern pasados unos minutos. Timmy no pensó en ello. Adoraba ese solo de guitarra. Sólo gruñó con frustración cuando no fue capaz de meter la llave en la cerradura cuando llegó a su casa.
Tal y como esperaba, su casa también estaba a oscuras. Se quitó los auriculares. No se oía un sonido.
— ¡Timmy!—anunció su llegada a sus padres.
— ¡Timmy!—replicó su madre.
La voz provenía de la cocina. Y no le gustó lo que oyó. Sonaba tensa, asustada. Timmy se asustó también.
— ...¿Mamá?—acudió lo más rápido que le permitió la silla de ruedas hacia el origen de la voz.
Se imaginaba que se hubiera caído de la silla en uno de sus intentos por hacer más de lo que podía, y que su padre, que no tenía que trabajar esa noche, no había sido capaz de levantarla.
Nunca habría sospechado que se encontraría a ambos tirados en el suelo y, de pie junto a ellos, a un joven de cabellos rubios que iluminaba la cocina con la luz de su móvil. El corazón de Timmy dio un vuelco.
— Por lo que veo, no tienes límite de hora—el extraño habló con acento británico. Timmy no lo conocía, pero parecía que él a él sí.
[— ¡¿Quién eres?!]—Timmy le lanzó un mensaje telepático.
— No te preocupes, no me interesa vuestro dinero o posesiones. Sólo he venido a hablar contigo.
[— ¡Sal de mi casa AHORA!]
El intruso de pronto comenzó a retorcerse de dolor, alzando una mano para tocar su cabeza. Timmy no estaba seguro de qué estaba pasando pero, fuera lo que fuese, él era responsable de ello y aquel hombre se lo merecía, así que no lo hizo parar. El asaltante consiguió hablar a pesar del suplicio.
— Tengo que...mandar un mensaje en...ung...¡quince minutos!—dijo, mostrándole el teléfono a Timmy—. Si no lo reciben, tienen orden de matar a tus padres...¡¿Entiendes?!
Timmy dudó. Entonces, ordenó a su cerebro detener la tortura. El joven rubio sólo necesitó un momento para respirar y reponerse.
— Bien...Eso ha sido sensato por tu parte.
[— ¿Quiénes son ellos?]—exigió saber Timmy.
— Eso no importa. Iré directo al grano: conozco tus habilidades. Acabas de darme una muestra. De ahora en adelante, harás con ellas lo que yo te diga.
[— Vete a tomar por culo]—gruñó Timmy mentalmente.
— Timothy Burch, veintiún años, nacido en Nueva Inglaterra y trasladado a South Park a la edad de ocho años. Graduado en Ciencias, desde que tienes dieciocho has sido monitor en el Lago Tardicaca, entreteniendo y cuidando a niños discapacitados. Niños como tú cuando eras pequeño. Niños como Harry Glenn, Penny McDonald, Andy Smith...
[— No se te ocurra...]—Timmy hizo el movimiento reflejo de levantarse de su silla, aunque sólo podía alzarse unos pocos centímetros.
— Eso depende de ti. Sólo de ti.
[— No voy a hacer nada.]
— Ya veo que tendré que ser un poco más convincente.
Se acercó al señor Burch, extendiendo un brazo hacia él. Aquello fue el colmo para Timmy. Cargó, pero había dos factores que hicieron la pelea injusta: el intruso estaba en forma y era capacitado, también. Primero, dio un puñetazo a Timmy en la cara. Los amigos de Timmy sintieron un dolor agudo en la nariz. Luego derribó su silla de ruedas. La señora Burch gritó, intentando reptar hacia su hijo. Dejó a Timmy en el suelo para agarrarla de un brazo; ella gimoteó de miedo.
— Última oportunidad, Timothy. ¿Aprecias lo suficiente a tus padres y a tus pupilos?
Timmy alzó los ojos hacia sus padres. Obviamente estaban pasando por un momento muy estresante, sin saber cómo esa persona podía estar conversando con su hijo cuando él no movía sus labios, incapaces de comprender qué quería de él. Su madre estaba llorando. Su padre sólo podía decir "¡Richard! ¡Richard!". Estaban completamente indefensos.
Todos sintieron el horrible nudo en la garganta de Timmy.
Volver al presente fue todo un viaje. Les llevó un momento recordar qué había pasado y dónde estaban.
— ¡No confiéis en él, chicos!—Cartman fue el primero en hablar—. ¡Se está haciendo el mártir, mostrándonos falsos recuerdos!
Silencio.
— ...Yo le creo—Jimmy dijo finalmente, caminando al lado de su amigo para ayudarlo a volver a la silla.
— Y yo—se unió Clyde.
— ¡¿Estáis locos?! ¡¿Después de todo lo que ha hecho?!—Cartman los miró a todos con los ojos bien abiertos y los brazos extendidos.
[— Fui yo quien hizo que el señor Kern y Ned os dispararan. También convencí a Toallín de que vosotros tres teníais anfetas que podíais compartir con él. Hice que el Doctor Mephesto me enseñara el portal a Imaginolandia y lo abriera, para liberar a las criaturas. Me llevé a Bebe y se la entregué. Hice que todos esos asquerosos la atacaran, cuando liberaron a los presos...Lo hice todo...]
— Gregory...—Kyle se llevó una mano a la cabeza—. Pero...¿por qué? ¿Por qué haría Gregory algo así?
[— Nunca me lo dijo. Todo lo que sé es que quería echarle las culpas a Butters. En cuanto a Kern, Ned y Toallín...Dijo que quería que os enfrentárais a gente querida para vosotros...]
— Bueno, Toallín es más bien un conocido—comentó Cartman.
[— Parece que quería poneros a prueba a todos...Pero no sé con qué propósito...]
— Bueno, Stan lo va a averiguar—dijo Ike.
— ¡Oh, mierda, Stan!—Kyle exclamó de pronto y usó sus poderes para alejarse volando, tan pronto como su pequeña habilidad le permitió.
— ¿También puede volar?—Craig alzó las cejas.
— ¡Vamos, espero que no sea demasiado tarde!—Token hizo que sus compañeros le tocaran y se teletransportaron todos juntos.
