Aclaración de puntos:

1. -Las acotaciones son estas

"Lo que el personaje piensa"

Hablando el personaje

(Cuando yo interfiero)

oooooooooo Cambio de escenario ooooooooooooo

2. – Ningún personaje de Beyblade ni la idea original es mío, todo es de su creador Takao Aoki solamente el personaje de Aiko es de mi invención (más o menos), al igual que la trama de este fic

3.- Este va a ser un fic clasificación R, no porque haya mucho lemon pero si un poquito, además no me gustaría alguna demanda por alguien que no aguantó, así que si lo leen es bajo su propio riesgo, y no me manden reporte, se siente bien feo que te eliminen tu fic

4.- Aquí hay yaoi así que los que son homo fóbicos ya están advertidos de antemano

5. – Aunque sea un poco de Kai/Ray, voy a tener una nueva pareja :D

NO HAY LUGAR COMO EL HOGAR

Cuando el pelinegro y compañía vieron entrar a los otros dos rusos el viejo hombre se alarmó de forma inmediata ya que temía que su sobrina, a quien consideraba como su propia hija, volviera a sentirse mal y nadie estuviera presente para ayudarla, sin embargo trató de mantener la apariencia serena que siempre le había caracterizado, a fin de cuentas aquél joven moreno y serio estaba ahí y se notaba que le tenía un aprecio peculiar a su sobrina.

El pelilavanda se sentó inmediatamente donde hacía rato había estado el ojiártico y, con aire despreocupado, le "ordenó" que le diera unos palillos para al fin poderse comer sus alimentos; el aludido, notablemente molesto, se dio media vuelta lanzando un sinfín de improperios pero a fin de cuentas haciendo lo pedido, de cualquier forma sentía que le debía algo a su compatriota y eso no le gustaba, le pagaría sin que éste se diera cuenta.

Cuando llegó a dónde estaba la cajera, con mala gana y su "típico humor" pidió el objeto faltante no sin antes decirle lo mal que hacía su trabajo, ganándose una mirada de repudio por parte de la dependiente, claro está que no le importó en lo más mínimo. Justo cuando se volvió para regresar a su lugar, topó con el pecho de alguien, maldijo de nueva cuenta, por lo visto aquél lugar estaba plagado de gente idiota.

Levantó su vista ya listo para decirle hasta de lo que se iba a morir quien quiera que se le haya atravesado en su camino, sin embargo lo que vio, lejos de quitarle el coraje, simplemente lo acrecentó; ahí estaba estorbándole el paso el mismo tipo de hace rato que intentaba coquetearle, apretó fuertemente los palillos al punto de casi romperlos e intentó sacarle la vuelta sin empezar una pelea. A pesar de los vagos intentos, el otro hombre volvió a interponerse en su paso sin notar que con cada acción que realizaba la furia del pelirrojo iba incrementándose, ninguno notó que todas las acciones eran observadas por unos ojos curiosos

- Quítate de mi camino – ordenó con los dientes apretados

- Vamos, vamos – su voz denotaba la poca importancia que le daba a las palabras que le dirigía el taheño

- Mira – habló lo más calmadamente que pudo – No estoy de humor como para aguantar tus idioteces así que haz el favor de evitarme un problema y simplemente desaparece.

- Oh, pero tú crees – se acercó peligrosamente al rostro del otro - ¿Qué puedes hacerme algo? – sonrió ante la tonta idea de que alguien de esa complexión pudiera siquiera intentar enfrentársele

- Realmente no tienes idea de lo que puedo hacer – sonrió de medio lado – sin embargo no va a ser necesario que yo mueva un solo dedo para deshacerme de una basura como tú

Las palabras dichas de forma tan fría y segura desconcertaron al otro al grado de que terminó por reincorporarse y alejarse de él, algo dentro de esa mirada le hizo sentir un miedo tan intenso que se propagó por toda su espina dorsal y, de forma automática, retrocedió un par de pasos, solamente para chocar con algo de su misma estatura y algo duro.

Giró lentamente para saber de qué se trataba topándose con un chico con tez tan nívea con el que intentaba coquetear, cabellos y ojos lavanda, mirándole de tal forma que parecía que le decía "Será mejor que te alejes de él o te haré todo el daño posible y no me contendré con verte muerto una sola vez, te reviviré y te volveré a matar cuantas veces quiera hasta estar satisfecho y créeme, sé cómo hacerlo". Sus piernas fallaron y estuvo a punto de caer de rodillas si no fuera por su fuerza de voluntad.

- Hola – saludó el pelilavanda y el otro retrocedió un paso más

- Te lo repetiré por si no me escuchaste la primera vez – habló a sus espaldas el taheño – Mi novio SI es celoso, así que si no quieres un día aparecer en los titulares de la nota roja, será mejor que no te vuelvas a acercar a mi

Sin que le dijeran una palabra más, y a punto de mojar sus pantalones, aquél chico de ojos café oscuro se alejó inmediatamente no sin ponerse antes en evidencia, ya que todos los que estaban en el comedor habían visto aquella pequeña charla. No era de sorprenderse que estuviera de acosador aquél hombre, siempre era así, si veía a alguien que le gustaba no paraba hasta llevárselo a la cama, sin importar si era hombre, mujer, casado, con pareja o soltero; más de uno pensó para sus adentros que ojalá que con aquello al fin hubiera aprendido la lección, la esperanza es lo último que muere. Lavanda y azul ártico se quedaron mirando fijamente por dónde el cobarde ese había salido huyendo.

- Así que… - comenzó el mayor - ¿novio?

- No te hagas ilusiones – le espetó – solamente lo dije para que me dejara en paz, odio a los tipos como ese – dio media vuelta y comenzó a caminar hasta la mesa dónde estaban todos seguido del pelilavanda – cuando se enfrentan con alguien más fuerte simplemente se echan a correr

- En eso tengo un punto a favor, no hay nada a lo que yo le tema – se auto galardonó

- Si, como tú digas – le dio el avión

- ¿Qué tanto hacían? – preguntó el chino en cuanto los rusos llegaron, a pesar de que ya sabía la respuesta

- Deshaciéndonos de la basura – dijeron al unísono

- Idiotas – fue lo que dijo el bicolor, pero sonrió débilmente

Después de ese show, cada vez que aquél sujeto se topaba con el taheño, el aludido optaba o por sacarle la vuelta o huir, lo último casi siempre ocurría cuando era acompañado del pelilavanda, lo cual para su desgracia era casi siempre; al cabo de unos días ya no lo habían visto más, enterándose después por rumores entre los médicos y enfermeras, que había pedido cambio de hospital y de continente, se había ido a América.

La chica no hizo mención alguna de lo que el ojilavanda le había contado a nadie, ni siquiera a Ray que era ya casi como su madre con tantos cuidados y atenciones que le daba, algo incomprensible para el ojiártico, pero más que entendible para su compatriota ruso; obviamente el bicolor no decía ya nada ante éstas atenciones, ya había aprendido su lección, nunca más volvería a confiar en lo que alguien más le dijera de su neko-jin, porque estaba seguro de que éste le amara y no sería nunca capaz de traicionarlo.

Lo que sí le molestaba y de hecho, enfurecía, era tener al pelilavanda tan cerca de su chino, y es que comprendía que habían pasado mucho tiempo juntos y que ahora se llevaban muy bien – raro puesto que éste le había intentado matar en el beycampeonato mundial – pero la idea aún así le molestaba. Inclusive ahora había podido volver a sus conversaciones normales con el taheño a pesar de los rumores y sarta de mentiras con las que había alimentado su cerebro pero el pelilavanda era otra cuestión, a él simplemente le odiaba.

Tampoco comprendía cómo es que tenía una relación tan cercana con su contraparte, si para él ella era un tanto escandalosa y chiflada, siempre hacía lo que quería y al modo que quería, sin importarle nada más – algo dentro de su ser le dijo "No te mordiste la lengua?" – pero a fin de cuentas era su vida y si algún día a ese loco se le ocurría jugar con ella y matarla pues ni modo, así se lo había buscado.

La recuperación de la chica todavía llevó tiempo aún después de su despertar, Touya no quería darla de alta ya que conocía el carácter hiperactivo de la bicolor y sabía que, en cuanto ella diera un pie fuera de ese hospital, no tardaría ni dos semanas en regresar debido a que alguna herida se había vuelto a abrir o tal vez con alguna nueva, así que la retuvo ahí por alrededor de tres meses más, que fue cuando las costillas ya habían soldado bien y ya no había riesgo de que por alguna torpeza de la ojirubí pudiera volver a ingresar con el mismo malestar.

La lesión en el pulmón ya también estaba sanada y el bazo, ese no hubo remedio, todos los que la veían decían que era prácticamente un "milagro" que el doctor Kinomoto hubiera estado en ese hospital el día que llegó, nadie más habría hecho una operación de una forma tan limpia y perfecta y que, por sobretodo, que nadie habría creído que sobreviviría a todos esos daños, ese había sido el factor clave.

Dos días tardaron en darla de alta, más otro porque una papelería se había perdido y no podían terminar el trámite sin ése documento – la bicolor maldijo su suerte – pero al final, pudo salir de aquél lugar lleno de buenos y malos recuerdos, pero a fin de cuentas, recuerdos muy preciados; tomó nota mental de regresar más seguido para visitar a sus ex compañeros de clases y volver a retomar la carrera que hacía un tiempo no practicaba, lo bien aprendido jamás se olvida, se dijo. Vio las puertas automáticas de cristal abrirse y una suave y deliciosa brisa acarició su cara.

- Que tenga buen viaje señorita Sumeragi, esperamos que regrese pronto pero ya no como una paciente, sino como nuestra directora – sonrió una enfermera

- Procuraré hacerlo, hace mucho que no dirijo uno de los hospitales, espero no hacer lo mal – notó las miradas curiosas de sus amigos posarse sobre ella – Mi padre era dueño de esta cadena de hospitales y, al fallecer, fueron heredados a mí, aunque no pude tomar cago de ellos hasta los dieciocho años. También fue el motivo por el cual estudié medicina – sonrió

- No vuelvas a darme tanto trabajo – mencionó el moreno doctor

- Admítelo, fui un gran caso de prueba de tus habilidades, debes estarme agradecido – le refutó

- Sí, como sea – suspiró

- Dile a Yukito que vendré a visitarlo algún día, es una pena que no lo haya podido ver porque estaba de intercambio en China, y también dile a Sakura que le deseo todo lo mejor del mundo a ella y a su futuro esposo – sonrió sinceramente

- Señorita Sumeragi – volvió a hablar la enfermera – Nos disculpamos totalmente por no haber podido poner en el cuarto de su familia, como esa ala ah estado modernizándose no estaba disponible, nunca pensamos que mientras estábamos en remodelación usted llegaría – se excusó

- Trataré de avisar con un mes de anticipación la siguiente vez que venga de emergencia y al borde de la muerte – dijo a modo de broma – No hay problema – ahora se puso seria – prefiero que si voy a ocupar ese cuarto, sea para algo mejor, no para recuperarme de una batalla, prefiero conservar los bellos recuerdos del para qué sirvió esa habitación alguna vez, prefiero mantener en mi mente que aquél cuarto, fue donde vi por primera vez a Haku y… algún día… espero… yo también decirle por primera vez hola a alguien ahí dentro – se hizo el silencio por un momento - Bueno, nos vemos luego – y se despidió de todos.

Aparcando afuera, una gran limosina negra les esperaba pacientemente, en cuanto llegaron un hombre les abrió la puerta para permitirles el paso y, al entrar el último que fue el viejo hombre, la cerró, solamente para dirigirse a la posición del conductor y emprender el camino a casa. Dentro del vehículo todo era silencio, el hombre con bigote iba semidormido, había gastado muchas energías durante todo el tiempo que la ojirubí había permanecido en el nosocomio.

Junto a él, se encontraba el pelinegro, cuya cabeza descansaba sobre el hombro de su novio intentando descansar un rato, no porque realmente lo necesitara, solamente le agradaba aquella sensación de estar cerca de él, por su parte el bicolor se mantenía en una posición estoica con sus brazos cruzados frente a su pecho, para cualquiera aquella visión sería triste ya que parecía que el neko daba su amor pero el otro no la recibía, pero para ella, que los conocía, sabía que Kai estaba feliz por tenerlo a su lado y que, a su manera, le estaba otorgando también amor.

Frente a ellos estaban los dos rusos, cada uno con aquella pose tan característica que parecía ser propia de su tierra, no decían nada, en un momento de descuido, el pelirrojo fue resbalando de su posición hasta quedar sobre el hombro del pelilavanda, al parecer él si se había quedado dormido, la mirada gélida y atemorizante que era dirigida a todo el mundo en aquellos momentos se suavizó y acomodó mejor al taheño.

La bicolor sonrió ante aquello, en verdad Balkov se había equivocado al intentar lo imposible, nadie podía vivir sin sentimientos, y se alegraba enormemente de que hubiera fallado, ahora aquellos que pensaron que en su cuerpo no había nada, sabían que aún latía aquél órgano encargado de proporcionar oxígeno a su cuerpo, y tal vez más, intentando darles privacidad – y porque ella ya había dormido seis meses enteros – intentó distraerse viendo por la ventana sin poder evitar que una duda que ya tenía rato se presentara de nuevo en su mente ¿Qué habría pasado con el pelicastaño?

El haber despertado y no encontrarle a su lado le hizo sentir una decepción inmensa que disimuló todos los días al ver que él nunca aparecía tras aquella puerta, soltó un suspiro triste y simplemente dejó divagar su mente entre la petición que le había hecho la enfermera y quienes viajaban con ella en esos momentos; realmente estaba feliz de cómo se encontraba ahora y con quién, pero aun así sentía que algo le faltaba y, poco a poco, fue respondiéndose ella sola el qué era.

El camino fue lento y cómodo - algunos podrían decir que aburrido ante la carencia de conversación, pero ellos no, ellos eran personas bastante peculiares – sin ningún contratiempo y, en menos de una hora, ya estaban de vuelta en aquél lugar que hacía dos años habían abandonado todos, el simplemente verlo hizo que el corazón de la chica diera un vuelco al recordar viejos tiempos.

La limosina se paró frente a la puerta y un hombre mayor vestido de frac, guantes y un porte serio les abrió la puerta, era Mitzuku, aquél mayordomo tan servicial y fiel a su familia desde hacía mucho tiempo, se alegró al ver una cara tan familiar y algunas lágrimas amenazaron con salir de sus ojos, pero no les dio la oportunidad de hacerlo, éste era un momento feliz.

- Bienvenidos señores – saludó a todos – Es un placer volver a tenerlos en casa. Señorita – llamó a la ojirubí para obtener su atención – Me complace decir que la extrañamos y estamos felices de volver a verla…Bienvenida a casa

- He vuelto – respondió primero – No, hemos vuelto a casa – sonrió

Todos entraron de forma lenta, primero la bicolor, después el ruso-japonés y el chino, el hombre mayor y por último el ojiártico y ojilavanda, debido a que los que menos conocían el lugar eran ellos – el robusto hombre se fue directamente a sus aposentos ya que estaba muy agotado por tanto estrés; apenas pusieron un pie dentro y fue como volver a vivir, recuerdos, aromas, alegrías y tristezas vividas todas dentro de esa mansión…habían vuelto a su verdadero hogar, todos ellos.

En un arranque de alegría la chica empezó a correr un poco ocasionando que el pecho le doliera, maldijo en su idioma natal ante la evidente falta de cuidado que había tenido y la repentina mueca de incomodidad hizo que el viejo y buen hombre rechoncho se preocupara a sobremanera, sin embargo ella le indicó que todo estaba bien y que no había nada por qué alarmarse.

Un pequeño grito atrajo la atención de todos mostrando a una joven sirvienta de cabello castaño, ojos verde esmeralda y delgada con ambas manos cubriendo su boca para evitar que algún sonido saliera de su boca y algunas pequeñas gotas cristalinas empezando a salir por sus ojos. Sin evitarlo siquiera la joven mujer corrió hasta dónde se encontraba la bicolor y la abrazó delicadamente, agradeciendo el regreso.

- Hanna – habló la ojirubí – me estas asfixiando

- Bienvenida señorita – fue lo único que dijo la aludida sin animarse a soltarle todavía

- Hanna – habló el viejo hombre vestido de negro – la señorita acaba de llegar del hospital, estoy seguro de que no quieres mandarla de vuelta

- Cierto – se separó – Prepararé bocadillos para todos – anunció y se retiró del lugar

Las caras de extrañeza por parte de los dos rusos no se hicieron esperar y la chica solamente atinó a sonreír ampliamente; sin ningún contratiempo más se dirigieron a la enorme estancia principal que hacía tiempo había servido como centro de reunión entre los chicos cuando se conocieron y en la cual se encontraba la enorme pintura que mostraba la hermosa figura de su madre, sin siquiera pensarlo dijo "hemos vuelto a casa madre".

El lugar había vuelto a ser el comedor principal y apenas a los diez minutos de que se sentaron la comida llegó y todos comenzaron a degustar los alimentos. Sin embargo a pesar de que debería ser una comida tranquila, ésta se vio interrumpida por la pelea que comenzaba entre ambos rusos por algo parecido a que el ojilavanda tomó un pedazo de carne que el ojiártico había tomado para sí mismo y luego el acusado cambiaba su papel a acusante al alegar que el pelirrojo había tomado un pan que él quería.

Las agresiones por parte de los dos no se hicieron esperar comenzando desde un simple "tonto" hasta palabras que no eran propias de un horario familiar, aquella discusión comenzó a agotar la paciencia de un ruso-japonés al grado de que, dejando su pose fría, comenzó a insultarlos a los dos diciéndoles que eran unos infantiles animales que no sabían cómo comportarse, que si seguían así haría que les sirvieran en platos para perros y los dejaría afuera en el patio para que ahí durmieran.

A raíz de eso la discusión fue subiendo aún más de tono al grado que ya no se entendía qué decía quién, ni hacia dónde iba tal o cual acusación, aunado a esto los tres chicos habían comenzado a hablar en su natal idioma así que menos era comprensible la sarta de palabras que sus bocas lanzaban, el chino sonrió ante la imagen que estaba viendo ya que le daba la impresión de que todos, sin saberlo, se estaban comportando como familia.

De pronto los golpes comenzaron a hacerse presentes, sobre todo entre el ojirubí y el pelilavanda, mientras el taheño miraba disgustado el cómo los puños iban y venían, además de uno que otro florero, sillas y cuanto estuviera a la mano de los chicos activos; la situación se había vuelto incontrolable y risible, apenas llevaban un par de horas en la mansión y ya estaban a punto de destruir el comedor principal, ese era todo un logro ya que ni el torpe de Tyson había logrado tanto.

De pronto el hombre mayor, esquivando sillas, floreros, libros, macetas y un chico pelirrojo que eran lanzados por el aire, comunicó a la bicolor y al chino que la ojirubí tenía una visita esperándole en el recibidor principal, esto extrañó a ambos debido a que no habían avisado a nadie que ella estaba hospitalizada y menos que justo ahora había salido del nosocomio, para todos ellos todavía estaban de vacaciones en algún punto del mundo.

En voz baja le dijo al ojiámbar que atendería a quien quiera que hubiera llegado y que en un momento regresaría, con total tranquilidad atravesó aquella habitación que había pasado de ser un comedor principal para ser un beyestadio al chocar de aquí para allá las bestias bit con el único objetivo de derrotar y prácticamente matar a su contrincante, realmente la batalla estaba bastante reñida.

Dranzer desplegaba majestuosamente sus alas, Falborg lanzaba ataques bastante mortales y Wolborg mostraba su porte orgulloso tal y como su dueño, los beyblades iban y venían y se golpeaban entre sí, cada uno luchando por ganar, un empate no valía, la bestia bit del pelilavanda lanzó un ataque simultáneo logrando golpear fuertemente al de los otros dos chicos, pero esto no fue suficiente para que los dejara fuera de combate.

Apenas se logró estabilizar y el peligroso lanzó su ataque de ventisca helada disminuyendo notablemente la temperatura de la habitación, sin embargo el ataque no hizo mella ante su Fire Arrow que equilibró las cosas; tan abstraídos estaban en los ataques que no notaron que el ojilavanda los atacó con su ataque Stroblitz logrando que ambos se tambalearan nuevamente, la pelea parecía que no tendría fin por un buen rato así que, sin más que hacer, el ojiámbar se sentó a disfrutar aquella batalla tan espectacular.

Por su parte la ojirubí salió son pena ni gloria para encontrarse con quien quiera que hubiera ido a visitarle, aunque la curiosidad la carcomía caminó lentamente, su sexto sentido le decía que no se apresurara o podría arrepentirse, a lo lejos escuchó un vidrio romperse, sonrió un poco al recordar los viejos tiempos y cómo el viejo hombre a esas alturas ya estaría pidiendo otro para reemplazar el cristal.

Cuando llegó a la puerta, tomó una bocanada grande de aire, la contuvo unos segundos y luego lo soltó; se sentía sumamente nerviosa y aún no sabía por qué era, se preparó mentalmente para todo y abrió la puerta de par en par. Entró con un porte que solamente alguien de su clase social tendría – aunque fuera pura imagen ya que realmente no era así, le gustaba ser más una chica sencilla.

Vestía un jeans algo ajustado, unas sandalias con un poco de tacón de un color azul mezclilla, y una blusa rosa sin mangas con cuello en uve de estampado floreado y el cuello tenía holanes, su largo cabello caía en su espalda suelto y hacía un contraste bastante bonito con su ropa, con eso remarcaba cuán simple era, comodidad y elegancia al mismo tiempo.

Al abrir la puerta nunca imaginó encontrar a esa persona ahí, sentado en un amplio sillón que era precisamente para recibir a la visita, se encontraba un chico de cabello color castaño, ojos azules, de piel clara y sonrisa picarona, vestía un pantalón simple color caqui, una playera negra y sobre ella una camisa azul, unos zapatos negros complementaban el atuendo, sobre el rostro del invitado estaba una sonrisa picarona, era el dueño de la cadena de hoteles Longhester. Al verlo, lo primero que sintió la chica fue un desprecio total… y se lo hizo saber

- Lárgate – fueron las ácidas palabras dichas sin ningún sentimiento, digno de toda una Hiwatari

- Aiko, espera, tengo algo que explicarte

- Es una pena que no quiera oírte – dio media vuelta para salir

- Al menos…- se levantó de su asiento y corrió prácticamente hasta dónde ella estaba para sostenerla del brazo y evitar que se fuera – al menos déjame decirte a qué eh venido

- Suéltame – pareció que el chico se sobresaltó pero no lo hizo – te lo advierto Kyouya

- De acuerdo – comenzó a aflojar el amarre – Pero al menos, déjame devolverte esto

De la mano del chico cayó colgando en una cadena un dije de oro en forma de corazón y, atado a la cadena, estaba una pulsera que hacía juego, eran las joyas que había perdido en aquél precipicio durante la pelea que tuvo con Tala, su rostro demostraba lo perpleja que estaba, no comprendía qué estaba haciendo el pelicastaño con aquellos objetos, ya que ella ya los había dado por vencida desde el momento en que cayeron al precipicio.

- ¿Qué haces….con…eso?

- Contestaré todas tus dudas – al fin la soltó – si me dejas

Con aún un poco de recelo, la chica asintió para darle a saber que le estaba brindando esa oportunidad; ambos caminaron lentamente hasta el sillón dónde momentos antes había estado el ojiazul y se sentaron – uno a cada extremo ya que era para que cupieran entre tres y cuatro personas. El silencio se hizo presente, la chica pensó que era una estupidez pedir una oportunidad para hablar si no se iba a decir nada pero se lo guardó para sus adentros.

- ¿De dónde lo sacaste? – habló la chica ya aburrida de aquél mutismo

- Fui a buscarlo – fue la simple contestación, pero con sólo ver la cara de la chica supo que esa no era explicación suficiente – Bien comenzaré por el principio. Cuando llegamos aquí tu estabas muy grave – fue interrumpido por un "Eso ya lo sé ahórrate las explicaciones de mi casi-muerte" – Bueno, no bien llegamos y tu amigo ruso me encaró


- FLASH BACK -

Un chico con cabello castaño entró por la puerta del hospital completamente a la carrera solamente para ver cómo se llevaban a la chica bicolor lejos, se había retrasado para dar gracias a los rescatistas que habían acudido en su ayuda de una manera tan rápida, por primera vez agradeció la influencia del dinero, ya que de ninguna otra forma los habrían socorrido tan rápidamente y menos con tales equipos.

Dispuesto a seguirla a dónde quiera que fuera, comenzó a andar por el mismo recorrido que la habían llevado, pero no había dado ni cinco pasos cuando alguien alto, fornido, con chaquetilla color uva con blanco, camisa naranja, cabello lavanda y ojos del mismo color se le interpuso en frente impidiéndole cualquier paso, todo esto siendo analizado por un pelinegro y un ojirubí; intentó por la izquierda y por la derecha pero parecía que no tenía intención de dejarle continuar con su camino, así que lo encaró

- Lárgate – fueron las frías palabras dichas

- No lo haré – refutó

- Será mejor que hagas caso a mis palabras si no quieres ser un paciente más de éste hospital – sonrió de una forma macabra

- Quiero asegurarme de que esté bien

- Lo estará, tu trabajo ha terminado, ya no eres relevante aquí

- No eres nadie para decir si soy o no relevante – le retó

El pelicastaño no supo en lo que se metía al contradecir al pelilavanda, su sonrisa tétrica se transformó en una mueca de disgusto y puro odio ante lo dicho y dio un paso hacia adelante encarando al ojiazul, instintivamente éste último dio un paso hacia atrás, en verdad cuando quería el ojilavanda podía ser imponente. El chico estuvo a punto de alegar algo, pero el personal comenzaba a aglomerarse alrededor en espera de tener que intervenir en una pelea que parecía inevitable.

El pelicastaño soltó una maldición y dio media vuelta para retirarse de ahí, el ruso no le perdía de vista en ningún momento hasta que ya no lo pudo ver cuando atravesó la puerta automática, solamente en ese momento se permitió distraerse y dirigir su atención en lo que ocupaba el 99.99% de su mente, cierto chico pelirrojo y lo siguió hasta la habitación en la cual momentos antes la doctora esa le había dicho que estaría.

Apenas notó que el ruso se había ido volvió a ingresar al nosocomio, solamente para toparse ahora con el pelinegro frente a él y, esperando lo peor, se puso a la defensiva, sin embargo la sonrisa agradable que el aludido le brindó lo dejó desarmado y confundido – aunque sintió una mirada como dagas en su nuca probablemente provenientes del chico bicolor ante el notable odio de que el neko-jin le brindara un gesto tan cálido a alguien que no fuera él. Se quedaron quietos unos momentos.

- Yo…- comenzó a decir su defensa

- Probablemente la cirugía tarde varias horas – le interrumpió, y Bryan estará con Tala un rato, así que no hay necesidad de que estés aquí todo el tiempo; si te quedas aquí todo el tiempo tarde que temprano te verá y querrá matarte – sonrió divertido, claro que no le parecía para nada gracioso al que si lo atrapaban se convertiría en papilla – mejor ve a descansar y te avisaré cuando salga; con un poco de persuasión haré que acepte que vengas a visitarla.

Ante el acto tan amable, el ojiazul quedó perplejo, era un cambio demasiado contrastante; a pesar de su renuencia a hacer lo sugerido, al final se dio por vencido ya que sus palabras tenían un gran punto a favor, así que simplemente intercambiaron números – número de celular que era de Kai – y, dando media vuelta y con total resignación se retiró del lugar con la vana promesa de que si algo pasaba, se comunicaría con él.

No bien había pasado un día cuando recibió la ansiosa llamada por parte del neko-jin indicándole que la chica ya había salido de la operación y estaba bien, bastante delicada pero bien; poco a poco aquellas llamadas fueron llevándole mejores noticias, al cabo de dos semanas él podía visitar a la chica en cortos periodos de dos horas que era en lo que el pelilavanda y su "amigo" salían a pelear – por lo que él veía – y después ya era todo el día, no sabía qué había hecho el pelinegro, pero se lo agradecía.

Así pasaron cerca de cuatro meses, todo el tiempo libre del que disponía se la pasaba en aquella habitación, generalmente evitando estar el ruso y él al mismo tiempo por obvias razones, sin embargo había momentos en que debía atender algún problema con la cadena de hoteles, maldecía al sentir que todos eran unos inútiles pero nadie le dijo que ser dueño de una cadena iba a ser fácil, de hecho siempre supo que sería difícil. A pesar del tiempo no había ningún cambio en la condición, pero nadie perdía la esperanza.

Un día se animó a preguntar lo que había estado conteniendo en su interior por mucho tiempo al ojiámbar, ¿qué había pasado ese día? ¿Por qué había quedado tan mal herida? A grandes rasgos y según le había platicado a él el pelilavanda, le explicó lo que sabía, el cómo había tenido una pelea con Tala y cómo había terminado en ese estado tan deplorable, a pesar de lo horrible que sonaba, al verla ahí ya en proceso de recuperación – olvidando el estado de coma – parecía como si le estuviera platicando una película de terror.

Sin embargo, una duda quedó al aire y se animó a cuestionarle ¿Qué había pasado con el dije que siempre traía? Aquél que era para ella tan valioso casi como su propia vida, la respuesta ni el dueño de Drigger sabía con exactitud pero, como quien no queriendo la cosa, el pelilavanda intervino y explicó lo que había sucedido con el dichoso objeto de joyería, algo dentro de la mente del pelicastaño de formuló.

Después de aquél relato el ojiazul tuvo que regresar a dónde había ocurrido todo para arreglar unos problemas, ya que al parecer una avalancha había caído sobre el hotel y debía de estimar los gastos de reparación, los daños, si era conveniente rehacerlo o mejor cambiar de lugar, es decir todo lo administrativo y, sin que nadie supiera, en medio de aquél trabajo de desentierro de su posesión, comenzó la búsqueda del dije.

- END FLASH BACK -


- Tardé mucho tiempo en encontrarlo – se excusó – y más porque la nieve lo había cubierto todo, pero no desistí. Apenas ayer lo encontré y vine a entregártelo

La cara de la ojirubí denotaba asombro e incredulidad ante la muestra de atención del chico frente a ella, siempre pensó que era un cero a la izquierda desde que se había ido de su lado cuando más le necesitaba, así que ¿Ahora por qué demostrar algún tipo de afecto en esos momentos? El sentimiento de que algo no cuadraba, que aquella muestra era una mentira, le hizo sentir molesta así que lo encaró.

- No te creo una sola palabra – dijo con un tono de voz tan gélido que habría hecho enorgullecer al mismo Voltaire - ¿Qué raro que hasta ahora muestres algo de atención hacia mí y cuando más te necesité no estabas presente? – escupió

- No entiendo a qué te refieres – trató de escapar al tema

- No pienses que soy una idiota Kyouya – su mirada era una copia idéntica a la de su contraparte, como dagas – Ya te lo había dicho antes, cuando desapareciste sin decir una sola palabra…confié en ti y tu me traicionaste

- Eso no…es…lo que…parece - confesó

- Explícalo – exigió

- Cuando vine contigo eras apenas una niña – escuchó un "tú también" pero ignoró eso – Yo acababa de cumplir los dieciocho años y empezaba a tomar el mando del negocio familiar, sin embargo al igual que muchos, durante mucho tiempo me especialicé en el beyblade, aunque no se puede vivir de ello y por eso tengo este empleo – rió sin humor. Tu todavía eras muy chica, habías perdido a tus padres, y estabas dispuesta a aprender lo mejor que pudieras del beyblade sobre todas las cosas. Tu obstinación y fuerza de voluntad me sorprendieron, no esperaba que una chica como tu pudiera hacer tanto. Para mí no eras una desconocida, todos supieron del accidente de tu familia, pero fue tu tío el que me contó lo que no se había escrito en los diarios, en ese momento supe que eras una chica espectacular, estabas fuera de mis expectativas. Días después, con el permiso de tu tío, fui a visitar la tumba de tus padres – otra sorpresa para la chica – y delante de ellos, juré que te protegería de todo, que no dejaría que nada te hiriera ni te hiciera triste.

- Entonces, ¿por qué me abandonaste?

- Comencé a cambiar mi perspectiva de ti, ya no era lo mismo, tú eras una niña, yo un hombre – se acercó a dónde estaba ella con cuidado – Mis pensamientos fueron cambiando – continuó – cada vez era más extraño estar junto a ti – tomó la mano de la ojirubí y dejó caer las joyas en su mano – no podía evitarlo – la miró directamente a los ojos – quería protegerte a cualquier costa, no quería que nada te hiciera sufrir

La chica miró con aire perdido los objetos en su mano, trataba de comprender lo antes dicho por el pelicastaño pero era como si lo hubiera dicho en un idioma extranjero, dentro de su ser comenzaba a formarse un sentimiento de ira y repudio, todo lo contenido tras años de su abandono comenzaban a fluir, así que simplemente los dejó explotar, se le plantó en frente al ojiazul y soltó las dudas que había tenido, ya las había expresado, y no había obtenido una respuesta coherente.

- ¿Querías protegerme? – le soltó de frente – Entonces dime ¿Por qué no estuviste conmigo cuando le conté todo a Kai? ¿Por qué no estuviste cuando Kai nos abandonó? ¿Por qué no estuviste cuando Tala empezó a actuar como un idiota? ¿Por qué te alejaste cómo si me odiaras?¿Por qué no estuviste a mi lado? Si tanto querías evitar que sufriera ¿Por qué me traicionaste cuando te conté lo que había pasado? ¿Por qué me traicionaste cuando te dije que Kai y Tala nos habían lastimado? ¿Por qué te empeñaste en mantener a tu susodicho hotel y no contarme que ellos estaban también ahí? ¿Por qué no te quedaste a mí lado? ¿Por qué Kyouya, por qué? – terminó con algunas lágrimas amenazando en salir de sus ojos

- Porque me había enamorado de ti – confesó por fin

La cara que hacía unos minutos había mostrado furia y coraje ahora mostraban perplejidad y extrañeza, sólo una cosa se formó en su cabeza "¿Qué, qué?" Aquello ya no tenía ni pies ni cabeza, primero le dice que no la quiere y luego que sí, ¿cómo estaba eso? A decir verdad, ella siempre lo vio como alguien muy querido para ella, se preocupaba por él y le molestaba si no estaba a su lado – eh ahí el porqué de su enojo – pero jamás pensó en él como algo más ¿O sí? Su amor platónico fue siempre Touya pero, ¿él?

Sabía que el moreno era nada más un amor imposible, a causa de la admiración que sentía hacia él; siempre lo supo pero le gustaba esa sensación que la llenaba; de pronto recordó que justo cuando se fue el pelicastaño fue que conoció al moreno, aquellos sentimientos de soledad y vacío que experimentó cuando le abandonó, los reemplazó con el hacia el amor no correspondido que tenía para el doctor.

Su mente comenzó a recordar todo aquello que había enterrado dentro de sí, sin ser plenamente consciente de ello, sus pálidas mejillas se comenzaron a tornar de un color rosáceo y su cara comenzó a sentirla caliente, un ligero nerviosismo comenzó a invadirla al punto que ya no pudo sostener la mirada del otro y agachó su cara escondiendo sus ojos color rubí entre el flequillo que tenía.

No estuvo atenta para ver cómo el espacio de los dos se reducía poco a poco producto del acercamiento del chico para con ella, solamente se dio cuenta cuando él le levantó el mentón para que las miradas volvieran a encontrarse, al hacer esto su cara se tornó todavía más roja que antes, veía cómo el espacio se acortaba como si estuvieran en cámara lenta, estaba ansiosa y a la vez temerosa….¿Eso había sido una confesión de amor?

Solamente se quedó ahí, quieta, sin evitar que el espacio entre ellos se estuviera haciendo cada vez más corto, sentía su corazón a punto de salirse de su pecho, cada retumbar era como un martillazo por dentro, instintivamente cerró los ojos y esperó a que todo terminara, cada segundo parecía una eternidad, los alientos se entremezclaban, era un momento esperado sin saberlo…. Los labios se juntaron y sintió sus mejillas teñirse, era extraño pero agradable, se dejó llevar

De pronto la puerta que estaba tras de ellos estalló haciéndose añicos y sorprendiéndolos, obviamente interrumpiendo el acto que estaba a punto de pasar, dejando ver a un tres beyblades correr por ahí sin ningún cuidado, destruyendo todo cuanto se les antojaba, detrás venía primero un pelilavanda, después el ojirubí y por último el taheño, todavía dando las indicaciones de ataques sin realmente importarles qué se llevaban de paso.

Al ingresar, lo primero que pudo notar el ojilavanda fue precisamente al ojiazul, esto hizo que le hirviera la sangre – sí había permitido que entrara al hospital era porque el neko se lo pidió, pero ya que fuera a esa casa, era algo imperdonable – así que olvidando – o al menos eso aparentó – la pelea que tenía con los otros dos, dirigió deliberadamente uno de sus ataques hacia dónde estaba el intruso.

Éste, por mero impulso, sacó algo de su cinturón, lo acomodó rápidamente y disparó, un objeto color rojo con azul salió surcando el aire y desvió la trayectoria del blade que iba directamente a su rostro, el blade el ojiartico acudió a ayudar al del pelilavanda y entre ambos comenzaron a aatacar al blade del pelicastaño, era una pelea bastante desigual, sin embargo el ojiazul en su juventud había sido un buen beyluchador a pesar de que no tenía bestia bit, a pesar de todo su entrenamiento, era evidente que no iba a ganar.

Falborg y Wolborg emitieron un ataque simultáneo, por delante, por detrás, a los lados, todo para detener al otro, en un violento golpe, el blade del pelicastaño salió disparado al aire dejando boquiabierto a su dueño y desprotegido, al mismo tiempo que ocurría el ataque el pelilavanda se abalanzó a toda velocidad para atrapar al ojiazul y, cuando lo hizo, lo tomó del cuello de la camisa, lo acorraló contra la pared, lo alzó alrededor de unos treinta centímetros y apretó fuertemetne su cuello.

- ¡Oye, Bryan! – le gritó preocupada por la acción – Deja a Kyouya en paz

Sin embargo, la petición fue ignorada por completo, dispuesta a actuar, sacó su beyblade de su estuche y lo preparó, pero unas firmes y bondadosas manos le impidieron que lo lanzara, al ver de quién se trataba notando unos hermosos ojos color ámbar posarse sobre los de ella, atrás del chico vio al bicolor recargado en la pared con su pose estoica característica de él, no se había percatado de cuándo dejó la pelea.

Comprendió la mirada que le había dado el chino, y con ella comprendió que el ojilavanda estaba enojado por lo que estuvo a punto de suceder entre ellos, eso le hizo sentir ternura y risa, el ruso había tenido celos, era como si él mismo fuera su hermano y no aquél que estaba sumido en un mutismo. Dentro de su corazón comenzó a sentir un calor emanar desde ahí hacia todo su cuerpo, se sentía dichosa.

Dichosa por el hecho de que al fin hubiera recordado lo que sentía por Kyouya, dichosa por haber recuperado la felicidad del pelinegro, dichosa por que el pelilavanda la celara tanto – aunque sabía que él nunca lo admitiría – a su propio modo, dichosa porque el ojiartico correspondiera los sentimientos de alguien a quien quería, dichosa porque el bicolor hubiera regresado al lado de quien consideraba una persona muy especial para ella, dichosa por tener una familia.

Y es que familia no es solamente aquellos que tienen algún lazo sanguíneo, si no con los que vives y se preocupan por ti, ella había tenido más de una hermosa familia, primero compuesta únicamente de Kai, después con sus padres y su hermano pequeño, a quienes amó con todo su corazón y alma, y por último, aquella familia que acababa de formar sin querer. La mirada de nerviosismo por parte del pelicastaño le hizo sonreír, al igual que al chino, ambos sabían que no lo mataría, al menos no por ahora.

Sonrió más al ver la pequeña mueca de satisfacción del ruso-japonés ante las claras muestras de tortura que el pelilavanda le demostraba al tipo ese - ya que a él tampoco le caía muy bien que digamos – y sonrió al ver cómo el taheño se divertía ayudándole a su pareja a encontrar las torturas más dolorosas que se pudiera para demostrarle lo "feliz" que estaba el haberle encontrado casi besándose con la chica.

En verdad era dichosa, cerró los ojos pensando en todo lo que había vivido en su corta existencia, había muchos recuerdos que eran muy tristes, cargados de dolor y sufrimiento pero, si se ponía a pensarlo, si alguien le preguntara que si deseaba cambiar algo de su pasado, ahora tenía la respuesta correcta, absolutamente nada. Dejó que sus oídos se llenaran de la melodiosa risa del pelinegro y las blasfemias que salían de la boca del otro.

Abrió sus ojos justo para notar cómo el bicolor caminaba lentamente hacía el que estaba a su lado y abrazarle fuertemente por la cintura, para acto después, darle un profundo beso en los labios en señal de posesión ocasionando un fuerte sonrojo por parte de ojiámbar, ella desvió la vista para darles privacidad ya que aquél tierno contacto iba subiendo poco a poco de intensidad, en un repentino acto de envidia pensó "consíganse una habitación"

Al ver a los dos rusos, notó la cara de aburrimiento del taheño y sus sutiles métodos de persuasión para lograr que el otro volviera a prestarle atención – hacía mucho había notado que el ojiartico odiaba no ser el centro de atención para el pelilavanda – obteniendo poco a poco el resultado que quería. Ante la insistencia al final el dueño del Falborg se dio por vencido y decidió prestarle la atención que demandaba al ojiártico empezando una pelea entre ellos, esas eran sus muestras de afecto.

Si, viendo todo aquello, el cómo era su vida actualmente, todo lo que había vivido y le faltaba por vivir, simplemente pensó que ella era realmente dichosa y no cambiaría nada de su vida, así como era ahora, así como había pasado, así como pasaría en un futuro, ella era feliz, y estaba segura de que su familia actual, también lo era, con todos los buenos y los malos momentos, así que tras pensar todo eso, simplemente sonrió.

NOTAS DE LA AUTORA

Y adivinen ¿qué? Esto ya casi se acaba yeay, con muchos problemas logré llegar hasta este punto, pero hubiera habido dos capítulos menos si NeKoT no alimentara mi imaginación XD ne, fue divertido hacer lo que ella me pedía :D me evitaba la flojera de pensar jajaja. Bueno, este es el penúltimo capítulo, uno más y ya nada más queda el epílogo y con eso se acaba. Espero cumplir con las expectativas del final sobre todo porque llevo pensándolo desde casi la mitad del fic, cuando tuve un bloqueo, justamente en ese momento pensé en lo que sería el final así que estoy bastante emocionada por esto. Aún pienso si hacer éste el final y el siguiente el epílogo y un capítulo extra, o bien que el siguiente sea el final y luego el epílogo, no se XD

Bueno, agradezco a todos los que se molestan en leer las sonseras que escribo y más agradecida estoy de que me dejen un reviewcito :D bueno ahora sí me voy para escribir el capítulo final.

Dewa Matta