¡Season premiere! LMDL Retold vuelve con todo; ¿Qué les espera a los Hunters cuando incursionen en un lugar totalmente atípico? ¡A leer!
Vigésima cuarta Historia: El viejo mundo.
La geografía de nuestro planeta es algo extraño. No le presté mucha atención en el colegio, pues presumía que nunca me iba a mover de aquel pueblo. Y no me enteré de su verdadera naturaleza hasta el día de hoy.
En los años pasados había habido un gran diluvio en algunas áreas y continentes. Fue de tal intensidad que alteró completamente el ambiente: dividió las tierras en el continente principal, donde todos vivimos, y una inusual franja de tierra conocida como la Franja Externa. Los efectos del clima después del diluvio eran tan inusuales, que ni aviones ni helicópteros se habían atrevido a pasar el mar próximo y aventurarse a la Franja para intentar explotarla. Por tanto, el conocimiento científico no alcanzaba a saber qué sucedía en ese lugar.
Ello hasta que la guerra tocó sus puertas.
Andrea y yo estábamos realizando tareas de rutina ese día cuando fuimos alertados desde el CMD. Contra todo pronóstico, Vile había desatado un ataque sorpresa contra la Franja Exterior. En vista de las complicaciones del terreno, así como la urgencia de la situación, ambos habíamos sido destinados a liderar una acción de protectorado sobre la región. Así fue como fuimos tele transportados a uno de los puertos del Este, donde se nos preparó ropa especial de camuflaje. Partimos desde el puerto en un barco que zarparía al lugar, advertidos en boca del Coronel que la mentalidad de los de la Franja podía ser algo "anticuada".
Jamás creímos que tanto. Desembarcamos en la costa de la Franja Exterior y lo que vimos ahí, simplemente parecía de otro mundo. El lugar era un desierto completo, y a lo lejos sólo se podía vislumbrar un castillo, que lucía un aspecto antiguo, aunque bien cuidado. Tenía decoraciones de tela por todos lados. Lo más sorprendente de ver eran los guardias que cuidaban el lugar: ¡Tenían armas de acero! Material que no se ocupaba por lo menos hacía 500 años.
Nos acercamos con cuidado, dispuestos a entablar negociaciones, pero ocultando nuestra identidad. Si no habían siquiera actualizado sus armas al punto de integrar tecnología láser, ¿Cómo iban a reaccionar ante una guerra que ya contaba con Robots de alta generación? Debíamos ser prudentes. Lamentablemente la prudencia no era una virtud de esta gente de la Franja Exterior. Un grupo de soldados salió a nuestro encuentro de manera violenta. Intentamos hablar con ellos en primer lugar, pero no resultó. Viéndome arrinconado, quise bajar sus armas a la fuerza, pero fue la provocación precisa: de un momento a otro, todos los soldados saltaron sobre nosotros. Los repelimos como pudimos, pero pronto nos llegaría otra sorpresa más. Por poco, un trueno casi me alcanza. Los soldados se replegaron para dejar ver a dos figuras, hombre y mujer, que aparentemente eran sus líderes: vestimenta elegante y coronas en sus cabezas. Uno de los soldados se refirió a ellos como "los príncipes".
El hombre de ellos, que aparentaba tener mayor rango, me apuntaba directamente con una vara de madera con un orbe encima. En la otra mano empuñaba una espada de acero. Ejecutó un simple movimiento y los soldados acudieron a esposarnos a ambos. Terminamos encarcelados en una prisión lejos del lugar. Recién ahí aprovechamos de comentar lo sucedido. Había que proteger a los de la Franja a como diese lugar de la invasión de Vile; sus armas no podrían contra la tecnología siniestra de nuestro enemigo. Urdimos un plan de escape improvisado y corrimos, cruzando el desierto, hasta el castillo. Llegamos justo a tiempo para detener un grupo de avanzada de Vile que rodeó el lugar. Usando los metales, que mantuvimos ocultos, cargamos nuestras armaduras y redujimos el contingente en un par de minutos.
Entonces nos sorprendió la princesa de antes: Artemis. Estaba confundida, y era obvio. Nos preguntó qué estaba sucediendo, pero por alguna razón, parecía ya saberlo. Entonces nos pidió disculpas. Nos habló de lo impulsivo que era a veces su novio, pero también de que siempre actuaba de buena fe. Andrea sonrió, casi como sintiéndose identificada con esa situación. Yo me sentí ofendido por un minuto.
Artemis nos llevó a hablar directo con los Reyes de la Franja. Aún cuando el príncipe, Wyndrax, llegó en ese momento para convencer a su padre, el Rey sabía algo que no parecía gustarle. Tenía reportes de "bestias de metal" asaltando toda su línea fronteriza, así que nos concedió el beneficio de la duda. Tuvimos que sacar a relucir nuestro armamento completo, así como imágenes de los enemigos, para finalmente convencer a toda la Familia Real. La Reina llamó a uno de sus súbditos para entregarle un escrito: era un dictamen militar que autorizaba nuestra campaña en sus tierras.
Durante el día llamamos a los refuerzos de los Hunters y en pocas horas, pudimos asegurar el lugar, y comenzar a equipar a los soldados de la Franja Exterior con tecnología de última generación. Los Hunters, que por ese entonces ya contaban con renovadas armaduras "Fase II", se asignaron en grupos de a tres, incluyendo siempre a uno de los soldados de la Franja.
En toda la noche no hubo mayores contratiempos. Aprovechamos de charlar más con los príncipes; aprendimos que el lugar se llamaba "Arak-Hur"; este castillo era la fachada de un pueblo entero que yacía oculto entre montañas, más hacia las profundidades. Hacía tiempo, contaba Artemis, que no veía su pueblo; desde muy pequeña la habían llevado al castillo a ser educada por cortesanas. En ese lugar conoció a Wyndrax; con el tiempo, arreglaron su matrimonio. Contó además que la Franja Exterior -o "Inka", como ellos llamaban a su mundo- estaba dividida en varios países, varios aliados entre sí, salvo un país con el cual los príncipes tenían conflictos cada cierto tiempo. Artemis estaba intranquila; no sabía cómo defendería a su gente del odio del país vecino cuando le tocara ser Reina, cuestión que estaba a pocos meses de suceder.
Arak-Hur dormía temprano. A eso de las 7 -anochecer en las tierras del Inka- ya teníamos que estar todos en cama. Artemis envió a unas muchachas a preparar habitaciones especiales -separadas- para Andrea y para mí. Sin embargo yo no podía dormir. En muy poco tiempo me habían asaltado grandes dudas. ¿Qué sería de estos hombres sin protección? ¿Cómo sobrevivirían a otro asalto de Vile? No podía entender qué querría nuestro enemigo en un lugar desolado como este, lo cual sólo hacía crecer mi preocupación. Me levanté en silencio y recorrí el lugar. En alguna vuelta me pareció oír pasos, pero pronto asumí que, o se trataba de una sirvienta, o simplemente de mi imaginación.
La mañana siguiente nos sobresaltó a todos. Un guardia de la Franja advirtió de enormes destacamentos de "bestias azules" viniendo desde las dunas. Supusimos, y con razón, que se trataba de los soldados de Vile. Asomados a una de las ventanas, descubrimos que los alrededores del castillo se transformaron rápidamente en un campo de batalla brutal: disparos, lanzas y balas iban y venían. Vile no tardó en desatar su artillería pesada sobre nosotros, contraatacando con misiles y bombas. Rápidamente equipamos nuestras armaduras, mientras ordenábamos a la base traer refuerzos, generadores de escudos. Aún así la balanza estaba desequilibrada en su favor.
La prioridad era eliminar a los soldados enemigos equipados con misiles, así que Andrea movió su destacamento hacia la retaguardia contrincante, desde donde llovían los proyectiles. Yo, por mi parte, moví a mi unidad selecta a desarmar las filas frontales del enemigo, intentando buscar a su General. Sabía que un movimiento tan importante de tropas sólo podía estar en manos de alguno de los tres: Harpuia, Fefnir o Phantom. En algunas ocasiones, cuando mi destacamento se vio en peligro por uno de los misiles, tropas dirigidas por Wyndrax aparecían para defendernos. Luché espalda con espalda con él un par de veces; podía notar algo familiar en él. Su estilo de lucha se parecía mucho al mío: versátil, dinámico, intentando siempre sorprender a sus contrincantes. Me salvó el pellejo en más de una ocasión. Nos movimos rápidamente entre los soldados y llegamos a descubrir al General a cargo de esta operación: el misterioso Reploid ninja, Phantom. Prontamente nos alcanzaron Andrea y Artemis.
Personalmente, me costó más que la primera vez combatir contra Phantom; sus actos se habían vuelto más certeros, sus ataques más dañinos. Había aprendido la lección. Desenfundé mis tarjetas como nunca; cargué uno, dos, tres summons. Andrea colaboró conmigo distrayendo a los soldados y ocasionalmente yendo contra el mismo Phantom. Con sus ataques de hielo logró inmovilizar su navaja y enviarla lejos. Los príncipes no lo hacían nada de mal contra él. Wyndrax en particular pudo deshacerse de varios proyectiles suyos, mientras que Artemis lo puso en aprietos más de una vez al moldear la arena alrededor suyo y tenderle una trampa. Pero lograba deshacerse de todos nuestros golpes y tretas, reinventarse y volver al ataque. Desvió disparos usando a sus soldados con toda facilidad; se nos perdió más de una vez entre la multitud combatiente. Fue una lucha eterna. Logramos arrinconarlo una vez más usando los truenos de Wyndrax así como la trampa de viento que Locke me había enseñado, pero se escabullía. Nos costó varias horas perseguirlo.
La ferocidad de la batalla nos llevó pronto al borde de un acantilado. Lo habíamos acorralado por fin; las armas de nosotros cuatro lo apuntaban directo. En el momento preciso en que el enemigo sacaba una bomba de humo para esconderse y huir, Artemis dirigió un proyectil certero contra su cabeza. Cuando el humo se disipó, vimos como su cuerpo, aparentemente inerte, caía por el acantilado. Andrea y yo sabíamos los trucos de los que disponía el General, así que cargamos nuestras armas y disparamos cuesta abajo. Una vez que se esfumó la energía, logramos ver el cuerpo destrozado del General. Había sido un acto salvaje, pero necesario.
Nos quedamos un día más de lo necesario. Pese a que las pocas tropas sobrevivientes de Vile ya se habían retirado por completo, pedí a MMZ4 permanecer en el lugar. Había algo que me inquietaba; sentía que, con todo, el lugar no era seguro aún. Andrea me sugirió una idea: tras conversar con Artemis largas horas, intuyó que su capacidad y ferocidad en combate los hacía tan aptos como nosotros. Si confiábamos en ellos, podíamos partir tranquilos sabiendo que Arak-Hur estaría protegido. En una ceremonia breve, entregamos a los príncipes una placa conmemorativa; los estábamos nombrando Generales Ad-Honorem de las fuerzas de los Hunters. Por último, preparamos el Salón Real con equipos de comunicación directa; queríamos que fueran los encargados de mantener la seguridad en la Franja Exterior. Al finalizar el día, volvimos a la base, algo más aliviados.
Sin embargo, pese a haber eliminado a uno de los Generales más temibles de Vile, Phantom, las conclusiones de Arak-Hur no eran tan buenas. Dos días después recibimos un mensaje de Artemis, contándonos que en el asalto, se había perdido una de las joyas de la Corona: la Espada de Ojo del Rey.
¡Muchas sorpresas! Parecía ser que nadie en la guerra contaba con la existencia de la Franja Exterior, que al parecer fue desequilibrante para la batalla. ¿Cuál será la importancia de la Espada de Ojo? ¿Por qué Vile la buscaba? ¡Preguntas, preguntas!
El Domingo retomaremos a una vieja camarada en su búsqueda de respuestas. ¡Estén atentos, espero sus comentarios!
