SALA DE CONTROL

—Y para respaldar mi teoría, tengo éstos documentos. Enseña los documentos, Cat —dice Butterfly con autosuficiencia.

—Será un placer —responde ella, abriendo un portafolio.

Extrae unas cuantas hojas de papel y se las pasa a Dog, quien las revisa alzando las cejas de vez en cuando.

—¿Doscientas treinta y ocho teselas solicitadas? ¿Es esto cierto?

—Y el doble al cumplir los trece años.

—Pero... ¿Por qué le harían eso a la niña? En los orfanatos normalmente las teselas se reparten entre los chicos elegibles. ¿Qué interés podría tener el orfanato en mandar a Luz a los Juegos del Hambre? Tan joven...

—Esa es otra cuestión. Pensamos que Luz ha sido adoptada en secreto por alguien. Que no consta en los documentos. El nuevo director del orfanato ni siquiera la conocía. Tuvo que revisar los papeles para de repente recordar todo. Pero ¿Sabes? Tengo un olfato muy fino para las mentiras, Dog. Creo que aquí hay algo más. Piénsalo bien. Y la chica en la Alianza Primaria.

—Admito que es todo muy curioso... consultémoslo con la señorita Lennox cuando vuelva.

—Custo ha llegado —informa uno de los cámaras, robándose la atención de todos.

El chico del Distrito 8 se aproxima con precaución a la Cornucopia.

—Veamos cómo le va con la sorpresita preparada por Sorrento —dice Dog acariciándose la barbilla.

Desde detrás del muro del palacio de Buckingham, Kopper lo espía con su cuchillo en la mano, lista para atacar, pero sin intervenir.

—Parte la cámara en dos. No quiero que se pierda ni un segundo de grabación en caso de que ella ataque.

Los Raccoon le hacen caso.

En su mitad de la pantalla, Custo observa. Se ha dado cuenta de algo, y se acerca a revisarlo con atención. Es la rejilla del alcantarillado frente a una de las escaleras.

—Enfócala. Quiero ver qué es lo que él ha visto.

Cuando la cámara hace zoom, se hace evidente que una de las esquinas de la rejilla está ligeramente elevada con respecto al nivel del suelo.

—¡Qué observador! Ha descubierto una de las trampas de Sorrento antes de lo que pensé.

Custo apoya con cuidado la punta de uno de sus pies en la rejilla, y al leve contacto, ésta se cae al hueco, revelando la trampa de abajo. Varias lanzas clavadas en el fondo con la punta hacia arriba. El chico entonces comienza a tomar carrerilla para saltar sobre el hueco, pero se detiene ante algo más.

—Custo promete. Me arrepiento de haberlo marcado como una baja prematura —dice Pig.

Despacio, Custo se arrodilla frente al hueco y estira uno de sus brazos tanto como puede. Atada de un lado a otro de la balaustrada a ras del primer peldaño de las escaleras, está la fibra transparente que los profesionales han colocado para hacer perder el equilibrio a cualquiera que consiga bordear la trampa.

"Nailon..." susurra Custo, y sacando la navaja de su bolsillo, lo corta antes de finalmente saltar a las escaleras con seguridad y ponerse a buscar más trampas... pero cuando está inspeccionando la cima, unas voces lo alarman.

"Los profesionales no suelen dejar la Cornucopia desprotegida, seguro que hay trampas" dice Lycoris.

"Nos hemos quedado sin provisiones, tenemos que arriesgarnos" contesta Milli "Pero tengo una idea."

Milli y Lycoris no utilizan las escaleras, sino que deciden trepar el muro en el lugar donde está la fuente. Mientras tanto, Custo se esconde en la zona opuesta de la Cornucopia, con toda la atención puesta en ellas dos, lo cual hace que Kopper, que ha estado observándolo sin perderse detalle, salga de su escondite con la esperanza de aumentar su conteo de víctimas.

—No me había sentido tan emocionada desde el banquete de hace dos años... ¿Recuerdan cuando se encontraron todos esos ex aliados a falta de cuatro personas por morir?— dice Butterfly.

Nadie en la sala de control se pierde detalle de lo que pasa en la pantalla, mientras Dog dirige a los cámaras.

Milli es alta y robusta, y trepa fácilmente el muro. Sentada en el mismo con los pantalones empapados, tiende una mano a la delgada y pequeña Lycoris, que en menos de cinco segundos está arriba con ella. Seguidamente ambas entran a la Cornucopia y comienzan a buscar provisiones.

Ese es el momento en que Kopper elige para asaltar a Custo, que concentrado en espiar a las chicas no la ha visto venir.

—¡Ay, no quiero mirar!— dice Fish.

"Di tus últimas palabras" masculla Kopper mientras agarra al chico del cuello de la camisa y lo empotra contra la pared de la Cornucopia.

Él grita de la sorpresa y de miedo y ni dos segundos después, las chicas se asoman afuera, alarmadas por el alboroto.

Kopper las ve y su mirada cambia.

—Kopper tenía asuntos pendientes con esas dos —dice Cat— ¿Por qué me encanta cuando pasan éstas cosas? Cuando alguien tiene la oportunidad de devolver la jugada...

La chica del dos suelta a Custo, empujándolo hacia un lado y se dirige hacia Milli y Lycoris. Inmediatamente, Milli se pone en guardia y detiene su primer ataque. Lycoris grita, paralizada de miedo en el sitio. Temblando.

"¡Lycoris, ve a por más armas!" grita Milli intentando detener a Kopper.

Pero Lycoris no se mueve, y tras unos segundos, echa a correr escaleras abajo con la mochila recién cargada en su hombro.

"¡Lycoris!" vuelve a gritar, pero la chica no se voltea, tan solo huye aterrorizada como alma que lleva el diablo.

Custo aprovecha el caos para robar la mochila de Kopper, la cual ha soltado para pelear mejor. Kopper se distrae ligeramente por eso, cosa que aprovecha Milli para atizarle un golpe con el extremo de la barra de hierro en el estómago dos veces, haciendo que escupa sangre. Pero no conserva la iniciativa por mucho tiempo.

Con una sucesión de patadas altas, Kopper desvía sus siguientes golpes. Su rapidez y experiencia se imponen a la fuerza bruta de Milli, que va retrocediendo hasta llegar al muro. Cuando se encuentra con el mismo, acorralada, se sube a él e intenta saltarlo, pero Kopper la empuja y aunque amortigua la caída al agua, Kopper aprovecha ese lapso de tiempo en el que está desprotegida para saltar al agua, y tratar de ahogarla.

El forcejeo hace saltar agua hacia todas direcciones, tanto que entorpece el seguimiento de la acción. Milli tiene aún más fuerza que Kopper y no se deja ahogar tan facilmente. En un par de ocasiones incluso vuelve a tomar la iniciativa e intenta asfixiar a Kopper, hasta que al final, Kopper opta por usar el cuchillo y apuñalarla en el costado y el pecho varias veces.

Un pitido se escucha en la sala de control mientras el rastreador de Milli pasa en menos de cinco segundos del verde al naranja y luego al rojo.

—Cañón —ordena Dog.

—¡A la orden! —contesta Fish.

—Me gusta cuando las peleas están llenas de acción e intriga —comenta Pig.

—¿Intriga? Está claro que Kopper iba a ganar. Por favor —contesta Cat.

—¿Y si está tan claro cómo es que está tan magullada? —contraataca Pig.

Todos miran al rastreador de Kopper, que está amarillo. La chica respira agitadamente enmedio del agua de la fuente teñida de sangre. Un instante después tose, escupiendo algo más de sangre y sale de la fuente temblando, sujetando su estómago con una de sus manos.

—Iré a la sala de los mentores, quizá quieran mandarle algo —dice Crow dirigiéndose a la puerta.

Fish sigue su trasero con la mirada hasta que las puertas se cierran, luego sonríe y Eagle le da un codazo.

—Ahora que la acción ha terminado, quiero un pequeño resumen de los otros.

Los cámaras van pasando de un tributo a otro. Oneida e Ivy están casi llegando a la cima de la noria mientras que los otros siguen abajo. Aisha duerme y Wiress vigila en la iglesia. Klutch encontró una bicicleta y un escondite para dormir. Lycoris se ha escondido en un edificio y está llorando a lágrima viva enmedio de un ataque de ansiedad y Custo corre sin rumbo, lejos de la Cornucopia.

—¿Algo más Dog? —pregunta un cámara.

—Sólo enfócate en Kopper, Lycoris y Custo de momento. La señorita Lennox debe estar a punto de llegar. Ah, y que alguien vaya a por café, mucho café. Vamos a necesitarlo para el evento de ésta noche.

ARENA

Doce tributos en pie y cinco días por delante. La iglesia se volvió tétrica en cuanto el sol cayó. La luz que solía entrar por las vidrieras reflejándose en la moqueta ya no está. El cuanto el sol se fue, las velas de los candelabros se encendieron y todo se llenó de sombras. Un pequeño ruido podría ser cualquier cosa, un tributo, un muto, cualquier tipo de amenaza. Ya he visto pasar a dos ratones. Sólo espero que no aparezca nada peor.

Cuando oigo las diez campanadas, señal de que han dado las diez, decido que es el mejor momento para despertar a mi aliada.

—Aisha —susurro sacudiendo su hombro—. Son las diez de la noche.

Ella abre los ojos, se despereza y se pone en pie.

—¿Alguna novedad? —pregunta.

—Un cañonazo, no mucho después de que tú te durmieras.

Inmediatamente, sé lo que va a decir.

—Cirella... —dice sonriendo.

No me equivoqué. Hasta que no vea la cara de esa chica en el cielo no va a parar de pensar en ella.

—En dos horas lo averiguaremos. De momento vamos a desayunar algo. ¿Cual es el plan para hoy?

—Seguir explorando, y tratar de conseguir una fuente de comida.

—Aún tenemos mucha comida —digo sacando dos latas de sopa de una mochila.

—Sí pero me inquieta que gastemos y no repongamos. Sé que conseguimos alguna ayer, pero casi todo son aperitivos, eso no nos llenará.

—Siempre podemos volver a Hyde Park, ahí tuvimos algo de suerte.

—Es una opción. Pero creo que es mejor evitar la Cornucopia a no ser que tengamos un plan para protegernos de ellos o hacerles todo el daño que podamos.

Ellos son nuestra mayor amenaza, lo sé.

—¿Tienes alguna idea al respecto? Dijiste que debíamos enfocarnos en debilitarlos.

—Sorrento o Luz. Preferiblemente Luz. Ellos son los eslabones débiles.

No Luz... tengo que seguir a mi aliada. Es lo lógico. Pero no podría hacerle nada a ella, sé que ella tampoco me lo haría a mí ¿O sí? Nunca se sabe pero eso no es excusa. Si Luz muere por mi culpa jamás podría perdonármelo. Tengo que procurar que el objetivo sea Sorrento sin que ella descubra mis razones.

—Creo que Sorrento es una mejor opción. Sé que en verdad prefieres a Luz, pero dejando tus rencores personales de lado y hablando objetivamente... Sorrento y Cirella están muy unidos, y se conocían desde antes. Verlo morir la afectaría mucho y la haría más vulnerable.

—Buen punto —dice sonriendo, como si acabara de caer en algo muy obvio—. Sí, Sorrento suena como una buena opción. Ya quiero verla deshecha.

—Y tenemos un conocimiento Hyde Park que ellos no parecen tener. Podemos explorarlo a fondo, familiarizarnos con todo y luego... comenzar a trabajar en una emboscada y atraerlos ahí. Podemos ir ahora, explorarlo en la madrugada y de día. Además estaremos alejadas de los edificios.

—Pero hay mutaciones. ¿Cómo sabemos que los Vigilantes no las han puesto en "modo extremo"? Estamos casi en el día cinco. El Hyde Park que recordamos podría no ser el mismo de ahora.

—Si hay mutaciones peligrosas entonces en serio nos conviene arrastrarlos ahí.

En verdad... no estamos seguros en ninguna parte. Absolutamente en ninguna. Incluso aquí en la quietud de la iglesia no podríamos estar por mucho más de dos días sin que los Vigilantes se aburran de nosotras y decidan incendiarla o algo por el estilo, para hacernos salir o matarnos.

—Vayamos ahí entonces, pero Wiress... tenemos que tener sumo cuidado. Mucho más que hasta ahora. Cuanto más avanzados estén los Juegos, menos margen de error tendremos.

—Lo entiendo.

Guardamos todo y sacamos los mapas antes de salir de la iglesia. Más edificios se han caído a lo largo de la calle y tenemos que saltar con cuidado por encima de un montón de escombro para poder salir de la calle. Sin la angustia y el estrés del día anterior cuando la casa casi se nos cae encima, fue mucho más fácil pasar sin lastimarnos.

—Es increíble, lo bonito que era todo hace unos días y ahora mira... —murmura Aisha.

—Y pensar que se va a poner peor... que no todos los edificios se han caído aún.

La ciudad se va a convertir poco a poco en una pila de escombro gigante a éste paso. Supongo que al final, les convendrá dejarnos con pocos escondites. Será más fácil para ellos el obligarnos a movernos, a enfrentarnos entre nosotros de forma directa. Le temo a ese momento y espero estar preparada cuando llegue.

Caminamos unas calles más rumbo a la estación de metro cuando Aisha se detiene en seco.

—Wiress... ¿Te gusta el gato? —dice sacando una flecha de su carcaj.

—¿Cómo? ¿Cual gato? Sí me gustan mucho los... —y de repente, veo a lo que está apuntando, unos cuantos gatos callejeros están registrando entre la basura de un contenedor volcado— ¡NO! —grito agarrando su brazo. La flecha cae al suelo y los gatos enseguida nos ven y huyen a esconderse en un callejón.

Aisha recoge la flecha, me agarra de la mano y me conduce a la esquina de una calle adyacente.

—¡¿Quieres que nos oigan todos los demás?! ¡¿Y eso a qué vino?! —susurra agresivamente frunciendo el entrecejo— ¿Qué vamos a cenar ahora?

—No me gusta el gato.

Ella rueda los ojos.

—Era una pregunta retórica en verdad. Sabes que no tienes opción. ¿Cierto? Sabes que tenemos que comer bien y la carne es lo que más nos nutre, no esas latas de sopa.

Mi mente se pone de nuevo a intentar salir de éste aprieto. Ella tiene algo de razón, en serio la tiene. Pero no me veo de momento tan necesitada como para comerme a un gato, aunque ni yo misma entiendo muy bien por qué lo siento así. Los gatos para mí son mascotas, no comida, y tendría que estar muriendo de hambre para comerlos.

Tiene que haber una alternativa...

¿Podría ser...?

—Sé un sitio mejor. Pásame el mapa.

Vi el sitio hace días, y me dio curiosidad. Aunque la verdad, no tenía pensado visitarlo. Está muy lejos y no conocía el transporte en metro. Pero tal vez, sólo tal vez podría haber algo útil ahí. Vale la pena ir a averiguarlo.

—¿Y bien?

—Aquí.

Un gran polígono pintado de verde en cuyo interior se puede leer "LONDON ZOO".

—¿Crees que es seguro? —pregunta Aisha—. Podría haber comida, o podría ser un hervidero de mutos.

—Acerquémonos con cuidado, sólo para echar un vistazo. Ya estamos sobre aviso. No nos pillarán desprevenidas.

—Vayamos pues. Me siento aventurera —dice reanudando la marcha.

Yo la sigo.

—Si lo piensas bien, lo más probable es que encontremos mutos ahí. Pero que sean mutaciones no significa que sean peligrosos o que no sean comestibles —digo.

—Explícate —contesta mirándome con interés.

—Técnicamente, un muto es un organismo vivo modificado genéticamente, y esa modificación puede estar hecha en su actitud, atributos, apariencia física, o incluso su inteligencia. Lo cual no quiere decir que todos sean máquinas de matar... necesariamente.

—¿Cómo sabes tanto del tema?

—Soy estudiante en un laboratorio de biotecnología, hemos estudiado la historia de los avances en el campo de la genética, al principio eran cosas tan simples como leche más nutritiva o fresas que aguantan mejor el frío o son inmunes a cierta plaga, luego... las investigaciones se centraron en el campo de lo militar.

—Las rastrevíspulas...

—Ese es un buen ejemplo. Ahora la mayoría de mutaciones que se fabrican son para usar aquí en los Juegos del hambre. En verdad... casi todos los animales están modificados, bien para hacerlos más bonitos en la pantalla y cosas así.

—Bueno, sea lo que sea que haya pronto lo averiguaremos.

Seguimos nuestro camino hacia la estación de metro y tras consultar que estamos yendo hacia el lugar correcto, nos montamos en el tren y nos bajamos en la parada de King's Cross para tomar la línea metropolitana hasta Baker Street. Es el primer transbordo que hacemos y todo sucede sin novedad.

—Según el mapa, es por aquí —digo señalando el camino a través del Regent's Park.

—Éste lugar me recuerda al Hyde Park... pero más cuidado. Creo que lo prefiero al otro, podríamos establecernos aquí. ¿Qué te parece?

—Es cuestión de investigar y comparar. Es cierto que está más despejado, pero también hay menos lugares para esconderse.

Y además, tendríamos que esperar a que sea de día, ésta estrategia de ser tributos nocturnos tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes. La luz del día es de gran ayuda, las farolas no son suficiente para explorar un terreno que no conoces.

—Todo es cuestión de aprovechar lo que se tiene.

Siguiendo el camino flanqueado por cipreses, parterres de flores de colores y farolas, pronto llegamos a un edificio con el letrero de "London Zoo" arriba.

—¡Lo encontramos! —exclamo.

Ambas echamos a correr hacia ahí, para encontrarnos con el portal cerrado. Aisha zarandea los barrotes con furia.

—¿¡Cómo se supone que vamos a entrar ahora?!

—Mira esto.

En una columna hay un cartel escrito en diferentes idiomas.

—Horario de atención al público: de 8 AM a 6 PM. No me digas que hay que venir en el horario. Esto es ridículo.

—Estaremos durmiendo para entonces, a no ser que...

La música del himno comienza a sonar y ambas esperamos por el tributo caído que resulta ser Milli del Distrito 9, la chica rubia y alta compañera de Lycoris.

—No puedo creer que Lycoris haya sobrevivido a su aliada. ¿Qué habrá pasado? —digo.

La chica del doce tan asustadiza llamando a su aliada, Milli afilando un cuchillo... me da un escalofrío. Tal vez ella no era tan vulnerable como parecía.

El himno termina y un sonido de trompetas me saca de mis pensamientos. Aisha se tensa y agarra una flecha de su carcaj.

—Es la melodía que usan para hacer anuncios... ¿Será el banquete? ¿Tan pronto?

—¡Queridos tributos, arrodíllense ante el rey! —dice la voz de Claudius Templesmith.

Eso es todo lo que dice.

—Arrodíllense ante el rey... ¿De qué va ésto? ¿Es algún tipo de acertijo? —pregunta Aisha.

—Tal vez quieren que nos arrodillemos —sugiero yo— aunque no se me ocurre por qué razón.

—¿Y por qué querrían que nos arrodilláramos?

—No lo sé... quizá... quizá símplemente quieren que lo hagamos, y nos hagan algo malo si no lo hacemos.

Tan pronto como termino la frase, Aisha clava una rodilla en el suelo y me mira.

—No me dejes sola haciendo el ridículo.

—Tan sólo era una teoría —respondo.

Imito a Aisha. Por unos segundos nos quedamos en esa posición, sin movernos.

—Me siento tan idiota —se queja, incorporándose.

—Yo también me siento idiota. ¿Quién será ese rey? ¿Y por qué hay que arrodillarse ante él?

Aisha examina los barrotes que tapan la entrada al zoo.

—Antes de los días oscuros, antes de la fundación de Panem había otros países, algunos tenían rey en lugar de presidente... en verdad es parecido, solo que a un rey no lo elegían por elecciones, era un cargo hereditario. Lo estudié en la escuela —dice.

En Panem tenemos un presidente, Coriolanus Snow. En Panem, el presidente votado es vitalicio, no es hasta que el otro presidente fallece o dimite cuando se celebran elecciones. En los distritos teníamos fe en Coriolanus, hijo de Aufidius y uno de los candidatos a las elecciones, el único en realidad después de que el resto murieran por envenenamiento en un banquete. Él también casi lo hizo, su investidura se retrasó por problemas de salud debido a eso. Nunca se encontró al culpable. Coriolanus resultó ser peor que su padre, más duro con nosotros, y lo peor es que en los distritos ni siquiera tenemos derecho a voto.

Él no representa la voluntad de la mayoría de habitantes en éste país.

—¿En Londres tenían rey? Tal vez sea el rey de Londres.

—Tal vez, me da igual. Ya me harté, voy a entrar aquí como sea. Ven, ayúdame.

—¡¿Qué?!—exclamo— ¿Vas a entrar sola? ¿Me vas a dejar sola?

No quiero que me deje sola en un lugar así, es arriesgado. ¿Cual es el punto de aliarnos si después vamos a ir cada una por nuestro lado?

—Sólo voy a explorar. Volveré en un rato.

—No es buena idea separarnos. No sabes qué te puedes encontrar ahí. ¡Aisha!

Pero ella ya está trepando.

—Tampoco es buena idea desperdiciar la noche sentadas esperando a que el zoo abra. Estaremos muy cansadas en la mañana. Pásame la cuerda.

—Iré contigo —digo dispuesta a no darle la cuerda si se niega.

—Como quieras.

Dejado ese punto claro, le paso la cuerda, la cual ata con cuidado a la barra horizontal superior. Luego hacemos unos cuantos nudos enmedio para que yo pueda apoyar los pies y ella me ayuda a subir. Al otro lado está oscuro, pero en cuanto caminamos unos pasos, las luces se encienden y yo doy, en un acto reflejo, un paso hacia atrás.

—En el fondo es normal... —digo— nos observan siempre. Han debido hacerlo desde la sala de control.

A veces olvido ese detalle.

El zoo se parece un poco a un jardín, pero mucho más estrecho y lleno de muros.

—Ésto parece que está vacío... —dice Aisha, asomándose a uno de los muros— eh, Wiress. Ésto te gustará.

Yo dejo un arbusto con frutos que estoy examinando y me pongo a su lado. Lo que veo me hace abrir mucho los ojos. Esos animales... los he visto antes.

—¡Caballos! —dice Aisha.

—No son caballos —digo— si no recuerdo mal... se llaman cebras. Kernel me habló de ellos en el Capitolio. Me mostró una foto, era un animal exactamente igual a esos.

Las cebras duermen acurrucadas en el suelo, pegadas las unas a las otras.

—Son hermosas —dice Aisha—. ¿De veras existe un animal así?

—Existía... Kernel me dijo que se extinguieron hace mucho —susurro al ver que una de las cebras ha escuchado nuestra voz y se ha despertado—. Así que esas deben ser mutaciones. Están muy bien recreadas. ¿No crees?

Súbitamente, la cebra que se despertó suelta un alarido cuando la flecha se clava en su cuello y de la sorpresa, dejo escapar un grito ahogado. Eso despierta a las otras que huyen hacia el lado contrario en estampida. Aisha carga otras dos flechas más apuntando a órganos vitales y la cebra dobla las patas delanteras, moribunda.

—Vamos —dice Aisha saltando el muro con agilidad.

Con algo más de esfuerzo, yo la sigo. Los otros animales parecen haberse escondido tras la zona de arbustos. No tienen intención de acercarse, al menos de momento.

El animal que ha derribado Aisha todavía está vivo, aunque no parece poder levantarse a pesar de sus intentos. Puede que debido al dolor de los flechazos. Ella se arrodilla junto a él y lo examina.

—Es una presa un poco más grande de lo que esperaba, nos llevará más tiempo, pero servirá —dice—. Y creo que eres tú quien debe darle el golpe de gracia. ¿Debo explicarte por qué, o lo entiendes?

¿Acaso tengo elección?

Aisha me mira, esperando mi reacción. Me gustaría contradecirla pero no lo hago. Por muy difícil que sea, por mucho que me cueste, es algo por lo que debo pasar. Asiento, y respiro hondo. En el suelo, la cebra sigue agitándose asustada, llamando a los suyos. Mientras pienso en la forma más rápida de hacerlo, me aparto para evitar una coz.

La daga está en mi mano, la he tenido ahí todo el tiempo. Ahora me doy cuenta de que incluso para defenderme no habría sido tan fácil usarla.

"La forma más rápida de matar a una persona es cortando o bloqueando sus vías respiratorias, o cortando o bloqueando su flujo sanguíneo al cerebro" es lo que me dijo Kernel.

Tiene sentido que también se aplique a animales.

—¿Debo apuntar al cuello? —consulto con Aisha, seguro que con su conocimiento de profesional, sabe lo que hacer.

—Haz un tajo por aquí delante —dice selañando la garganta—. Espera, te ayudaré. Se está moviendo mucho.

Se monta a horcajadas a la cebra y con dificultad por el forcejeo, emuja su cabeza contra el suelo, dejando su cuello al descubierto. El animal se pone aún más nervioso y Aisha maldice.

—¡Rápido! No podré contenerlo todo el día.

Parece que de ésta no voy a poder evadirme. Es una forma de que ella olvide el incidente de los gatos.

Me arrodillo junto al cuello de la cebra y le acaricio la crin entre las orejas. Sus ojos son negros y sus pestañas largas, muy largas y gruesas.

—Lo siento... —es lo único que atino a decir.

Luego me obligo a levantar la daga, la apoyo contra su gruesa piel, por unos instantes me niego a hacer presión. Las manos me tiemblan cuando de un golpe, la introduzco en su garganta. La cebra grita y resopla más que nunca. Yo me aparto y Aisha se cae, rodando por el suelo para quedar lejos del alcance de sus coces. El hecho de que está sufriendo tanto me remuerde la conciencia.

Unos metros más adelante, se vuelve a desplomar, las fuerzas la abandonan por la pérdida de sangre que está en todos lados, en la daga, en mis manos, en el suelo de tierra.

—Lo has hecho bien —dice ella acercándose a examinar el animal moribundo—. Si hubieras movido el cuchillo para agrandar la herida estaría ya muerta, pero no ha sido fácil. Se estaba moviendo mucho.

Yo no le contesto. Me quedo mirando los ojos de la cebra, la vida apagándose en ellos. Los párpados subiendo y bajando pesadamente, hasta que sus patas dejan de moverse y los párpados ya no suben más. Sé que toda la carne que he comido en mi vida procede de animales que han sido sacrificados. Quizá en el Distrito 10 se estén riendo de mí ahora, pero hacerlo tú mismo es distinto. Hacerlo por primera vez es distinto.

Me siento tan culpable...

—No te veas tan miserable. Hay cosas que tienen que hacerse. Tienes que alimentarte bien. No estás aquí porque quieres.

—A diferencia de ti —escupo.

No sé por qué estoy molesta con ella, símplemente lo estoy.

—No me vengas con esas. No está mal ser ambicioso. ¿Nunca has visto las mansiones que les regalan a los vencedores?

—Sabes muy bien el precio que tienen.

—No soy yo quien organiza ésto, te recuerdo. La edición de los Juegos del Hambre se va a celebrar cada año, haya cero voluntarios o haya veinticuatro. ¿Qué más da quien mate a quién? Al final, el restultado será el mismo. En ese caso, prefiero aprovecharme de la oportunidad que me ofrecen de mejorar la vida de mi familia.

¿Tiene ella razón o no? En éste momento no puedo formular una opinión. Lo pensaré, pero no ahora. No estoy en condiciones.

—¿Sabes lo que te pasa? —prosigue—. Estás empezando a ver la muerte muy cerca, nos hablaron de ello en la academia. Pero no lo analices demasiado, no tiene caso. Ahora ven y ayúdame a despellejar a éste bicho, eso te mantendrá ocupada.

Despellejar los cuartos traseros de la cebra nos lleva unas cuantas horas entre esperar a que la sangre termine de salir y luego comenzar a cortar la piel. Nos explicaron el proceso en el Capitolio, pero sólo para animales pequeños, nunca imaginé que tendría que despellejar un animal más grande que yo. Cuanto más tiempo transcurre, más tranquila me siento. Es una buena fuente de comida ésta que hemos encontrado, aunque no podamos llevárnosla toda. La de las patas es la más fácil de cortar, a penas tiene hueso y grasa.

—Ojalá tuviéramos una cocina o algo. Con un poco de aceite, pimienta y hierbas podríamos darnos un banquete. ¿Qué tal si hacemos la hoguera aquí mismo? Asamos la carne y nos la vamos comiendo mientras nos movemos. Con el metro será algo más fácil deshacernos del rastro pero tenemos que ser rápidas.

Miro alrededor. El lugar no parece malo, está apartado y aún es de noche aunque está empezando a clarear, a parte de que la neblina matinal camufla un poco ese tipo de cosas.

—Iré a buscar algo.

No me es difícil encontrar ramitas secas tiradas por el suelo, forma parte de la dieta de éstos animales igualmente. También encuentro un abrevadero con agua de lluvia. El abrevadero está lleno de musgo y hay algún que otro insecto en él, pero me sirve para limpiarme la sangre de las manos y lavarme la cara.

—¿Qué mas crees que haya aquí? Éstos animales parecen inofensivos de momento, pero más adentro podría haber otras cosas peligrosas —dice mientras la carne se asa— y probablemente también algo útil. Los Vigilantes a veces ponen cosas útiles en lugares peligrosos, para incentivarte a meterte en problemas.

El olor que desprende hace que me ruja el estómago a la vez que en la distancia un zarandeo metálico seguido de un rugido hace que mis músculos se tensen.

Exacto. Es el olor...

—Aisha. Vayámonos de aquí en cuanto la carne esté asada. Es posible que la estela de humo esté bien camuflada en la neblina, pero definitivamente el olor está alertando algo más.

—Recoge todo. Comeremos de camino al metro.

Ni cinco minutos después, estamos saliendo de ahí tan rápido como podemos, dejando el ruido metálico de las bestias chocándose contra los barrotes de metal atrás. Si vale la pena seguir hacia adentro, no nos molestamos en averiguarlo.

El sol aún no ha salido pero hay ya bastante luz. Es mientras estamos volviendo por el camino que vinimos cuando el primer paracaídas cae del cielo. Aisha lo agarra, abriéndolo sin delicadeza alguna.

La tela cae al suelo, y dentro hay un pedazo de espejo de tamaño mediano, sin marco y pobremente recortado.

—¿Para qué se supone que vamos a utilizar ésto? -dice, examinando el objeto.

—Quizá en la nota haya más información —digo buscando entre la tela plateada.

"Vigilar la retaguardia es importante. No lo olvides. Podría salvarte la vida en el futuro. -B."

Inmediatamente miro hacia atrás, examinando cada árbol, cada farola y cada arbusto.

—Es una advertencia —murmuro, petrificada—. Alguien nos está vigilando.

Aisha toma el papel de mis manos, lo lee y frunce el entrecejo.

—Él puede ver cosas que nosotras no vemos desde ahí arriba. Si Beetee dice que debemos vigilar la retaguardia, entonces será mejor que le hagamos caso.

Nos quedamos un rato más examinando los alrededores pero no vemos nada. También miramos en unos cuantos lugares, pero no hay suerte. Cuando continuamos la marcha, me siento inquieta, insegura. Aisha anda delante con el arco preparado para atacar mientras yo desde atrás vigilo nuestras espaldas con la ayuda del espejo mientras en mi otra mano está la daga, manchada con la sangre reseca de la cebra.

Lo peor de ser consciente de una amenaza y no poder verla ni sentirla es la incertidumbre que eso genera. Al menos ahora estamos avisadas. Beetee nos ha avisado y saber que está arriba cuidando de mí me ayuda a tranquilizarme. No puedo decepcionarlo.

Tenemos que estar listas.

Tengo que estar lista.

SALA DE CONTROL

Seeder se cruza de brazos mientras mira a los ojos a Dog, desafiante.

—Tus planes para los Juegos no importan. El cliente va primero. ¿Lo sabes no? El cliente, en éste caso un generoso benefactor desea que su dinero sea puesto a buen recaudo.

—Tú y tu benefactor, están arruinando un momento apoteósico —replica Dog.

—Eso es algo subjetivo —responde la vencedora, balanceando el contenido del paracaídas en su mano—. ¿Alguna posibilidad de enviar ésto antes de que acaben los Juegos? Mi chica y su provisional aliado están en apuros.

—Me temo que la señorita Howell tiene razón. El cliente va primero —dice Crow tras aclararse la garganta.

Dog frunce el ceño.

—Está bien señor abogado, envía ese paquete.

La sonrisa de Seeder se hace más amplia cuando estira la mano en dirección a Fish, que agarra el paquete, modifica su tamaño hasta hacerlo diminuto y lo deja caer en el holograma.

En la pantalla, se ve a Ivy y Oneida dentro del compartimento en la noria, que ya casi ha alcanzado su punto más alto.

"¡Oneida, mira!" grita la chica en cuanto ve el paracaídas acercarse.

El chico se apresura a abrir la puerta, agarrar el regalo y abrirlo. Dentro hay dos granadas de mano.

"La negra es una bomba de humo, la verdosa hará que estallen por los aires. Usenlas bien. -S" lee Ivy- "Hey, Seeder. Eres la mejor."

Oneida se asoma a la ventana y mira hacia abajo.

"Los profesionales no parecen haberse dado cuenta" afirma al verlos distraídos conversando.

—Cirella, amor... si tan sólo pudiera avisarte... —se lamenta Dog.

—No creo que mi regalo haya arruinado el momento. De hecho, lo ha mejorado. Esos profesionales necesitan a alguien que les baje los humos. Literalmente —dice Seeder—. Es hora de volver a mi puesto. Buenas tardes.

—¿Qué tiene contra los profesionales? —dice Snake una vez ella se ha ido— son los que más emoción le dan al asunto.

—Recuerda que no todos piensan que sea justo que sólo unos pocos estén entrenados.

—Oh, por supuesto. Bueno, veamos qué hacen éstos dos con su nuevo juguetito.

"... y podemos lanzar primero la bomba de humo, mientras estén confusos lanzamos la otra" propone Ivy.

"Tiremos la granada primero, no la esperan de todos modos. Y usemos la bomba de humo para escapar si es que falla" dice Oneida.

Ivy se queda pensativa.

"¡Oye! Esa idea me gusta más, hagamos eso."

La puerta se abre de repente y Muffy, la mentora de Sparkle entra en la sala de control.

—¡Muffy! Si querías algo, tan sólo tenías que llamarme al celular —dice Crow.

—Pasaba por aquí —contesta ella—. Quiero que le envíes éste bolígrafo a mi tributo.

—¿Para qué querría Sparkle un bolígrafo?

—Era el regalo más barato. En verdad lo que quiero que le envíes es ésta nota.

—Déjame ver.

Muffy le pasa la nota a Crow y él sacude la cabeza.

—"¡Cuidado chicos, los de arriba tienen una granada!" Es muy explícita, Muffy, sabes que no se permite dar datos demasiado reveladores a los tributos. Estás jugando al límite de las normas.

Ella rueda los ojos.

—¿Y qué se supone que me recomiendas hacer?

—Algo más abstracto "cuidado" o "granada", lo que tú elijas.

—O podrías, no mandar nota —interrumpe Cat—. Las notas son opcionales, se supone que el punto de mandar un regalo es por el regalo en sí, no por la nota. Teniendo eso en cuenta, no debería importarte tanto que ese bolígrafo sea lo único que haya en el paquete. Es lo que yo haría si estuviera en el lugar de Dog, pero por desgracia es él aquí quien tiene la última palabra.

—Yo digo que se lo mande sin nota. Como lección por intentar pasarse de lista —dice Snake.

Dog medita un momento. Quería ayudar a Cirella, pero ya había dejado claro que ella era su favorita, y la habitación estaba llena de trepas esperando a que llegara la señorita Lennox para acusarlo de favoritismo con ella. Por desgracia, no podía dejar pasar lo de la nota.

—La nota pondrá algo abstracto —dice secamente—, o no habrá nota. Lo siento Muffy pero las reglas son las reglas y tienen que ser respetadas.

Muffy mira a la pantalla. Oneida e Ivy están planeando quién debería tirar el artefacto. De mala gana toma un post it en la mesa y escribe "cuidado" con un trazo poco cuidadoso y exagerado.

El paracaídas cae e Ivy lo ve pasar de la ventanilla para abajo.

"¡Tenemos que hacerlo ahora, les están enviando algo!" grita Ivy agarrando la granada y abriendo la ventana.

—¡Dividan la pantalla, ahora! ¡Que nadie se pierda detalle de nada! —ordena Dog.

En una de las pantallas, Ivy le quita la anilla a la granada y la lanza mientras que en la otra, Cirella levanta una ceja extrañada ante el bolígrafo enviado.

"¿Cuidado? ¿Cuidado con qué?" murmura.

En ese momento la granada cae justo a sus pies.

"¡CON ESO!" grita Sorrento.

Y en menos de un segundo todos se han levantado y bajan las escaleras metálicas que conducen a la noria. Es entonces cuando la granada detona. Sorrento tropieza con Luz y ambos caen rodando hacia abajo, Cirella se lanza al suelo y se cubre la cabeza con las manos, Sparkle la imita, aunque está en un punto menos ventajoso.

La explosión, anunciada con un estampido ensordecedor es secundada por una nube de humo, llamas y destrucción. La escalera queda reducida a un amasijo de hierro, así como los tres compartimentos más cercanos. Los cuatro profesionales se quedan en la posición en la que están un rato más, esperando a que el humo se pase.

Cirella, a unos metros del desastre es la primera en reaccionar.

—Tiene tan sólo heridas superficiales, dos en sendas rodillas como deja ver el pantalón empapado en sangre en esa zona, otras tantas en los brazos de pequeños fragmentos de escombro que supongo han salido volando, y una en la frente por fricción con el asfalto al caer —explica Snake, la que más sabe de heridas de todos ellos.

"¡Chicos!" dice cuando su ataque de tos remite.

Ahí es cuando ve a Sparkle cubierto de sangre y da un grito, poniéndose a su lado para socorrerlo.

—Sparkle ha salido peor parado, un gran fragmento de escombro incrustado en su pantorrilla, se ve profundo. Varias quemaduras en los brazos, apuesto a que ahora se arrepiente de ir en manga corta, y una herida en la cabeza, aunque no parece grave.

"¿Sparkle estás bien?" grita Cirella "¡Sorrento, Luz! ¿Están bien?"

—En cuanto a ellos dos... Luz parece la menos afectada. Tiene sangre en el cabello lo que indica otra herida en la cabeza, quizá por la caída, también cojea pero no veo herida en su pierna. Sorrento tiene varias heridas en las extremidades y sangre saliendo de su nariz, probablemente se la haya roto, la mochila parece haberlo protegido.

"¡Ayúdenme a sacarlo de aquí, miren su pierna! Luz, mira a ver si puedes salvar algo de las provisiones" ordena Cirella.

Entre ella y Sorrento consiguen poner a Sparkle de pie y ayudarlo a salir. Luz comienza a mirar entre los escombros por algo útil, pero huye de ahí en cuanto ve a Ivy asomada al compartimento descendiente sonriendo y agitando en su mano otra granada.

"¡Tiene otra granada!" grita Luz.

Desde la otra pantalla, Ivy ríe a carcajadas.

"Los pobres idiotas no se han dado cuenta de que sólo es una bomba de humo" dice.

"Volvamos a la Cornucopia" sugiere Sorrento.

Cirella asiente y con una última mirada de odio hacia la noria, los cuatro se alejan.

Oneida se pega a la ventana, preocupado por si vuelven.

—Y eso fue... —dice Crow — no ha habido muertes, pero creo que ha estado bien, lo de las granadas ha sido una buena incorporación. ¿Qué creen que hagan ahora esos dos? Si yo fuera Oneida la mataría ahora mientras pudiera. Esa chica es peligrosa.

—No creo que Oneida le ponga la mano encima, es un chico de palabra. Creo que respetará el pacto y la dejará ir, pero no debería descuidarse, también opino como tú en cuanto a ella —contesta Dog.

Las cámaras siguen puestas en ellos, esperando a que el compartimento llegue abajo. Media hora después, está a punto de hacerlo.

"Bueno, Oneida. Ha sido un placer colaborar contigo. Creo que es el momento de tomar caminos separados."

Antes de que a él le de tiempo a hablar, Ivy tira de la anilla de la bomba de humo y la lanza al suelo. El compartimento rápidamente se llena de una densa cortina de humo naranja intentando escapar por las rendijas del mismo. Ivy toma su mochila, junto con la de Oneida, abre la puerta y salta. Pierde el equilibrio en los escombros y cae rodando al suelo, pero se levanta enseguida y corre antes de que el humo termine de disiparse, dejando a Oneida confundido, andando a tientas por el compartimento.

Una vez el humo se disipa y se da cuenta de que ni Ivy ni su mochila están ahí, es cuando sabe que ha sido burlado. Da un puñetazo al cristal de la rabia e inmediatamente baja del compartimento y comienza a buscar entre los escombros alguna migaja olvidada de los profesionales.

—Todos lo veíamos venir —suspira Fish—. Todos excepto él...

Hubo unanimidad en esa afirmación. Por una vez.

Varias horas después...

—¡Queridos tributos, arrodíllense ante el rey!

—Gracias, Claudius —dice la señorita Lennox al micrófono.

—Un placer, Olympe —contesta el presentador.

—Ya saben lo que tienen que hacer...

—¡A la orden! —dice Owl.

Tras tocar unos cuantos botones en el panel del holograma, las luces del palacio se encienden todas, lo cual llama la atención de los profesionales.

Sparkle fue trasladado a la Cornucopia, donde entre los restos de lo que los otros saqueadores habían dejado, encontraron varias cosas para poder al fin sacar el cuerpo extraño incrustado en su pierna y hacer un torniquete para parar la hemorragia. Sparkle descansaba ahora mientras los otros tres trazaban un plan.

"¿Qué está pasando?" dice Cirella alarmada, mirando hacia el palacio de Buckingham.

—De veras se ve hermoso, la iluminación es excelente, me gustaría vivir en una casa así.

Las puertas del palacio se abren de par en par y la cámara enfoca a la puerta abierta, desde donde se puede ver la figura de un hombre. Un hombre gordo, calvo y con una densa barba pelirroja. Va vestido con ropa holgada y ornamentada en tonos rojos y dorados, también lleva una capa y una corona en la cabeza.

Durante los siguientes cinco segundos, la cámara cambia de la Arena a una vista de la Gran Plaza en Capitol Hill, llena a rebosar de gente con peinados y vestidos de todos los colores antes de pasar a Claudius Templesmith y Caesar Flickerman.

"¡No cabe ni un alfiler en la gran plaza! Les recordamos a nuestros espectadores que estamos en directo, informando sobre lo que sucede la Arena. ¿Qué es eso que ves ahí, Caesar?" dice Claudius a un lado de la pantalla.

"Tiene toda la pinta de ser nuestra primera mutación temática. Especialmente diseñada para la edición de éste año y nunca antes vista. El rey Enrique VIII."

"Parece que el rey no está muy contento de ver que sus súbditos no se han arrodillado ante él. ¿Qué tiene en especial ésta mutación, amigo Caesar?"

En la pantalla aparece una figura giratoria del muto girando sobre sí misma.

"El rey Enrique VIII usa un florete como arma, es fuerte, pero también es lento. En principio está programado para acabar con las provisiones de comida y dejar a los tributos en segundo plano, pero se defenderá si es atacado y atacará cuando termine de saciar su hambre. Esperemos que nuestro tributos no lo subestimen."

"Eso es algo que vamos a averiguar ahora mismo. ¡Seguro que nuestros espectadores están tan ansiosos de ver lo que ocurre como nosotros!"

De nuevo la cámara enfoca la Arena. Cirella, Sorrento y Luz han preparado sus armas, y miran desafiantes al muto que se acerca con paso lento y majestuoso. Tras ellos, cojeando y sosteniendo una doble hacha de guerra en sus manos, Sparkle se acerca.

"¡No! Estás muy débil y necesitas descanso, vuelve a la Cornucopia, nosotros nos encargaremos de ésto" dice Cirella.

Sparkle no se mueve del sitio.

"Estoy bien, aún puedo ser de ayuda" responde Sparkle.

—¡Qué momento más emocionante! ¿No podemos poner un poco de música épica? —grita Firefly.

—¡Sí, música épica! —corea Owl.

Pero nadie les hace caso.

"No lo entiendes. No podemos permitirnos perder a nadie más" contesta la chica del Distrito 4.

"No me perderán. Lo prometo. Déjame luchar. No puedo quedarme ahí sentado sin hacer nada mientras ustedes me protegen. Yo tampoco puedo permitirme el perder a otro de ustedes."

"Sparkle..." murmura Cirella abrazándolo brevemente. Sorrento le da una palmada en el hombro y Luz le sonríe.

Tras el bonito momento, los cuatro centran su atención en el muto, que ya casi está al borde de las escaleras. Al grito de la líder, todos cargan a la vez.


Con éste último fragmento en la sala de control se da un salto hacia atrás, fue un día con mucha acción, sólo una muerte de puro milagro pero mucha acción y pensé en la forma de plasmarlo todo, la batalla quedará para el próximo porque me gustaba cómo quedaba así.

Puesto 13º: Milli. D9. Kopper.

Milli, siempre tuviste un lugarcito especial para mí, me gustaba tu aire tomboy, tu fuerza física y brusquedad con un aire rústico pero sin perder la bondad. Tu muerte ha sido injusta y a pesar de ver que tu aliada no estuvo ahí por ti, seguiste adelante y casi lo consigues.

Quedan 12 tributos.

Aisha y Wiress

Sparkle, Cirella, Luz, Sorrento

Kopper

Custo

Lycoris

Ivy

Oneida

Klutch

Sigo algo estancada en la corrección de capítulos, no es solo corregir los guiones eso se podría hacer rápidamente con la herramienta sustituir, también está la puntuación de los diálogos que es incorrecta, no es algo demasiado serio pero me gusta que esté bien y eso requiere más tiempo. También los tiempos verbales, por alguna razón comencé a escribir en pasado y después me cambié a presente. Los capítulos corregidos están todos narrados en presente.

Buenooo, ya apareció el zoo que iremos explorando más y la primera muerte de Wiress aunque fuera un animalito pero siempre es duro. No se si habrán visto Full Metal Alchemist, ese episodio en el que cuentan cómo Izumi dejó a Edward y Al en la isla solos por un mes y ellos están muertos de hambre después de un día, cazan un conejo y el conejo les pone ojitos y al final no son capaces de matarlo. Algo así, aunque Wiress no tenía elección ahí.

Tuve muchas reviews muy bonitas de éste último capítulo, muchas gracias a todos, me alegra mucho que les gustara.

Elenear, la verdad es que la inclusión de Jeroen fue espontánea, quería al final cuando Wiress ganara presentar a su club de fans en el Capitolio, pero luego pensé que un POV del presidente por ahí se vería bonito, así como para intercalar alguien que vive en el Capitolio y su vida y sus problemas con todo lo que pasa en la Arena y si con ese toque "ingenuo" ahí como quien ve las olimpiadas en lugar de una competición de ese tipo. Me gusta el equipo que hacen Wiress y Aisha, creo que estar con ella como aliada hace que se obligue a sí misma a "estar a la altura" y dar mucho de sí y eso me gusta. En cuanto a Klutch ahí está con su nota del patrocinador en el bolsillo como oro en paño.

Samantha, muchas gracias por tus palabras quería poner a Beetee en éste capítulo pero al final no pudo ser porque en la sala de control hubo mucho drama con la alianza primaria y cuando él manda el regalo ya es de día pero ya quiero que salga más explícitamente, eso sí él siempre está vigilando, cuidando de ella, y cuando él no está Kernel toma el relevo.

Paula, un placer que te guste la historia y te parezca interesante. Con Wiress saco mucho a relucir la intuición, recuerdo que me gustó mucho que Beetee la comparase con los canarios del Distrito 12 cuando se lo explica a Katniss de una forma que ella lo entienda. Tranqui, Aisha tiene cuerda para un rato más xD en cuanto a Klutch, yo también sufrí bullying y bueno, no todo el mundo lo enfoca igual, creo que él se ha visto en un ambiente en el que no hay consecuencias y se cree imparable. Un saludo.

Valdemar, de veras es difícil ver reviews tan extensas y completas como la tuya que hasta se cortó. Muchas muchísimas gracias. Es un honor para mi que te haya gustado tanto el fic que lo hayas releído. Que me digas que llevas tanto tiempo en fanfiction y éste fic es uno de tus favoritos es importante para mí. Léete los libros si tienes ocasión, para mí las películas son un buen complemento al libro, que al ser desde el POV de Katniss no nos enseña lo que pasa en otros lados, ni el altercado que se formó en el 11 cuando muere Rue, ni las conversaciones entre el presidente y Seneca (que me encantan) y claro en el libro hay cosas que no tienen cabida en la película por eso de que ambas se complementen. Sinsajo me encantó, incluso siendo el libro para mi el más flojito de los tres, donde toda la acción se concentra al final. Ya te respondí por privado, sólo agrego que me gustó mucho lo que dijiste de la relación entre Wiress y Beetee, ella se aferra a él como su única esperanza y él por supuesto quiere traerla de vuelta, lo ha querido hacer con todos, pero por ciertas circunstancias de ella, como que su nombre tiene un significado especial para él, está especialmente determinado en hacerlo. Yme alegró que los demás lo vieran igual que yo los veo. Espero que éste capítulo siga a la altura de lo que ya hay.

Guest, que tengas un buen día, tarde o noche tú también xD el orden de las muertes hasta llegar a la victoria de Wiress (exceptuando uno o dos tributos con los que estoy dudosa) está ya más o menos decidido desde hace mucho tiempo. Me hace gracia que menciones a Sorrento porque quitando el baño de sangre y cuando tuve que empezar a pensar en el orden de las muertes, la suya fue la primera que imaginé del resto de tributos y la única que supe en qué lugar, momento y circunstancias quería que sucediera. Aún no hemos llegado a ese momento y la historia está sucediendo algo distinta a como primero la imaginé, pero llegaremos estoy segura. Tal vez hayas acertado.

Aún no me puse con Prada y Core y lo siento, ya no quería alargar más el capítulo, ya pararé de decir para el siguiente porque quizá no esté, no lo sé. Pero sí que tengo ganas de escribirla y no me olvido de eso.

Gracias de nuevo a todos por su paciencia y dedicación, saludos y gracias por seguir a Wiress.