OH, WONDERFUL CHRISTMAS (I)

17 horas, Noble y Ancestral casa de los Black

-¡Pero qué desnutridos estáis todos! Cuatro días fuera de Hogwarts y os quedáis en los huesos.

Fue lo primero que exclamó Molly Weasley al aparecer por la Red Flu junto al resto de su familia y ver a los chicos allí presentes, los estrujó entre sus brazos y examinó sus rostros.

-¡Hola chicos! ¿Cómo va todo?- saludó alegremente Arthur.

-Señor Weasley, señora Weasley… me gustaría presentarles a alguien.- interrumpió nerviosamente Harry, como era de esperar, los señores Weasley eran lo único parecido a padres que tenía. Buscó la mano de la rubia a su lado.- Esta… esta es Astoria Greengrass… mi novia.

En menos de un minuto, Molly la tenía entre sus brazos, dándole la bienvenida a la familia y agradeciéndole por hacer feliz a Harry, la pobre Astoria apelando a su autocontrol para no sucumbir a sus instintos Slytherin.

-No quiero ser entrometida- comentó una vez la pelirroja y regordeta mujer la soltó y pudo respirar.- pero pensé… pensamos que no se tomaría muy bien la noticia dado a… bueno, su hija.- apuntó a una colorada Ginny.

-¿Ginny?- rió la mujer- Oh cariño, Harry es como un hijo para nosotros, por lo que era de esperar que con el tiempo, fuera como un hermano para Ginevra. No lo niego, cualquier madre querría un yerno como él…- solo el niño-que-sobrevivió oyó el gruñido de Blaise.- pero solo hay un Harry Potter en el mundo.- volvió a reír y le guiñó el ojo a una sonrojada Astoria.

-Estos con Gregory y Blaise.- intervino Harry nuevamente. Ambos asintieron y sonrieron desde el sillón, temiendo ser asfixiados como su compañera.

-¿Goyle y Zabini?- Preguntaron George y Percy, los ojos como rendijas

-¿Y Hermione?- intervino Ginny para evitar una discusión e incapaz de desviar su mirada del suelo, no quería encontrarse con los ojos del Slytherin que sabía la estaba mirando.

-Arriba… pero ten cuidado, está temperamental.- le avisó Ron, sus ojos abiertos con miedo.

Ginny salió corriendo hacía las escaleras para buscar a su amiga y ver si estaba lista para la cena de Nochebuena que tendría lugar en apenas unas horas, pero se topó con una puerta cerrada a cal y a canto, con cantidad de hechizos que ni siquiera conocía, y mucho menos era capaz de revertir.

-Oye… se ha encerrado…- murmuró preocupada cuando volvió a entrar en el salón.

-Pues usa un Alohomora-dijo George.

-Hermione no es tonta, debe haber usado cantidad de hechizos protectores, Gin.- le dijo Ron, su boca ya llena de panecillos, y la mesa aún no estaba ni puesta.- Espera a que lleguen Bill y Fleur, él sabrá desbloquearlos.

-¿Desbloquear el qué?- preguntó una vocecita desde la puerta del salón. Pronto dos pares de brazos la estrujaban. Charlie y Ginny.

-¡Por el amor de Merlín, dejad respirar a la chica!-exclamó la señora Weasley levitando la vajilla para poner la mesa.- Hermione cariño, tú estás más delgada que ninguno. ¿Otra vez estás-

-Mamá- le interrumpió Charlie, Hermione le brindó una mirada agradecida.- ¿Has traído los regalos que compré, no?

-Claro que sí, cariño. He visto ese paquete gigante con mi nombre, no deberías haberte molestado. Sinceramente… el mejor regalo que podrías hacerme es cortarte ese pelo y afeitarte. ¡Al paso que vas parecerás Dumbledore!

Draco, que bajaba la escalera en ese momento, alcanzó a oír el comentario y la risa que le siguió. Hermione estaba riendo por primera vez en muchos días, y era todo por un comentario de la dichosa Comadreja Madre sobre el estúpido Comadreja Dragón. Se sintió imbécil. De un visible malhumor, empujó la puerta solo para encarar a la gran cantidad de cabezas pelirrojas, que lo miraban con diferentes tipos de estados de ánimo.

El señor Weasley le miraba sonriente junto a su mujer, mientras que George, Charlie y Percy no eran capaces de disimular su odio y desagrado.

-¿Se puede saber por qué tiene Harry a un mortífago en su casa?- exclamó George.

-Cállate estúpida comadreja.- dijo Draco entredientes levantando su varita. Al momento, George, Ron y Percy apuntaban a Draco, mientras que Gregory, Blaise, Astoria y Ginny lo hacían hacía los tres Weasley.

-Eh eh, calmaos todos, ¿de acuerdo?

-Pero Harry, ¿cómo pudiste dejarle entrar? Es Malfoy. Y tú, Ginny, nos has traicionado.

-Tengo muy claro quién es, chicos.

-Es mi amigo, George.- las palabras de Ginny sobresaltaron tanto a su hermano como al mismísimo Malfoy, una sensación cálida extendiéndose por su cuerpo, pero nada en comparación a lo que sintió cuando oyó a Hermione intervenir.

-Baja la varita Charlie, no seas niño.

-Pero Hermione- gimieron los tres Weasley.

-Pero Hermione nada, chicos. Estoy harta de esto- su mirada puesta en la del rubio.-es un buen chico, y ante todo, es mi amigo, como lo es cada uno de vosotros. Yo le pedí a Harry que tratara de llevarse bien con él, y ahora todos somos amigos.

-Yo no-

-Cállate Zabini, estoy tratando de probar un punto.-miró severamente a todos a su alrededor.- Todos aquí son importantes para mí por alguna razón, ya sea mínima o más importante que otra, pero lo son. Si vuelvo a ver a alguno de ustedes peleando con el otro, Ginny y yo nos encargaremos personalmente, ¿verdad Ginny?-miró perspicazmente a su amiga, odiaba ponerse así, pero quizá si los asustaban un poco podrían pasar unas buenas Navidades.

-Claro que sí… llevo muchos días sin hacer el hechizo mocomurciélago… ¿algún voluntario?

Todos bajaron la varita rápidamente y miraron hacia otro lado mientras Ginny y Hermione alcanzaban cada una un vaso lleno de jugo de calabaza. Un fuerte sonido seguido de empujones eliminó la tensión del ambiente.

-¿Llegamos tagde?

Bill y Fleur por fin llegaban a Grimmauld Place.

-Oh -

-Bendito-

-Salazar Slytherin.

Dos vasos cayeron al suelo con un gran estrepito, esparciendo su contenido en los pies de quienes más cerca estaban.

-¡Lo siento mucho!- exclamó Hermione mortificada mientras reparaba con su varita el destrozo. Pero casi nadie le prestaba atención.

Ginny se encontraba mirando con rabia palpitante a un muy embobado Blaise, que, junto a Draco y Gregory, estaba literalmente babeando con la boca abierta ante la presencia de la francesa con sangre de veela.

-Alto ahí, viboritas.- rió Bill- es mía.

Draco sacudió su cabeza intentando despejarse. Le había pasado lo mismo en cuarto año, cuando la vio por primera vez, y detestaba perder el control así y parecer un pasmado. Solo pudo volver en sí del todo cuando no pudo evitar la carcajada que lo llenó al ver a cierta pelirroja golpear la nunca de Blaise.

-¡GINEVRA! ¿Qué clase de educación es esa?

-Oh dejgala Moggy, ¿no vegs gue se ha puestgo ceglosa? Pobgecita.- Fleur sacudió su cabeza como si esa fuera la peor desdicha de su pelirroja cuñada. Blaise estalló en carcajadas ante el comentario.

-Imbécil.-gritó, antes de salir hecha una furia por la puerta y encerrarse en su habitación.

De pronto todo los Weasley le miraban como si fuera el mismísimo Voldemort… nadie lastimaba a la pequeña Weasley. Blaise salió de la habitación apresurado y tropezando, sin darse cuenta de las ganas de aguantar carcajadas de cada uno de los presentes.

-Draco, dulzura.- le llamó la señora Weasley, a lo que puso una mueca de total desagrado en el rostro.- ¡Estás tan delgado, chico! Ven, toma, aquí tienes unos bizcochitos.-ofreció la mujer, y puesto que llevaba todo el día encerrado, sin apenas probar bocado, tuvo que aceptar. Lo que le costó fue ahogar el gemido de placer que le provocó el chocolate derritiéndose en su boca.

-¿Por qué él puede comer y yo no?

-Cállate, Ronald.


Un par de horas más tarde, una muy sonriente Ginny entró de nuevo al salón, donde la mesa estaba puesta y apunto de rebosar de comida, a sus hermanos charlando animadamente y a Ron jugando al ajedrez en silencio con Hermione. Le sorprendió ver a Astoria trenzando el pelo de Fleur mientras esta halagaba su pelo y le preguntaba si no tenía sangre de veela en su familia pues la consideraba muy bella. Se acercó a donde Hermione y Draco jugaban y se sentó tranquilamente junto a ellos, tratando de no reír cuando vio a su castaña amiga tratando de no explotar de la rabia ante el juego.

-No entiendo porque no te gusta, Granger. Es simple ajedrez.-comentó el rubio mientras pensaba su próxima jugada.

-Me parece totalmente barbárico.- contestó, mentón en alto, como siempre que encontraba algo indignante.- A demás, es agresivo y detestable.

-¿No tiene nada que ver con que estés perdiendo?-la probó él.

-Yo no-

-Ahórrate la humillación, ¿quieres?- Hermione bufó ofendida mientras la señora Weasley levitaba más platos de comida a la mesa.

-Harry, cariño ¿a qué hora dijo Andrómeda que vendría?

Ginny notó como Draco se tensaba, apretando con fuerza el extremo de la mesa.

-Se supone que ya debería haber llegado.- Harry frunció el ceño preocupado acercándose a la chimenea.- Residencia de los Tonks.-murmuró.- ¿Andrómeda?

-Oh, Harry, eres tú. Ya estábamos a punto de ir hacia allí. Teddy se ha puesto a llorar cada vez que me he acercado a la chimenea, por lo que nos apareceremos fuera en unos segundos, ¿De acuerdo?-Harry asintió.-Nos vemos ahora, cariño.

Tal y como la mujer prometió, unos golpes sonaron en la puerta menos de un minuto después. El joven de anteojos disparó hacia la puerta y la abrió para recibir en sus brazos al pequeño Edward Lupin, que cambió su llamativo pelo verde por el azabache de su padrino.

-Andrómeda, querida-llamó la señora Weasley mientras entraban nuevamente al salón.- No podrás creer quién se encuentra aquí ahora mismo.

No fueron necesarias más explicaciones en el preciso momento en el que la mujer respiró forzadamente y quedó con la boca abierta mientras miraba sorprendida a su sobrino, al que solo había visto una o dos forzadas veces. Sus idénticas miradas Black se encontraron, y todo el lugar quedó en silencio. Draco se puso en pie, rígido y cuadró sus hombros, no dejando que sus emociones salieran a la superficie, como un buen Malfoy, y Black, hubiera hecho. Pero joder, era realmente difícil. Por un lado estaba su semejanza a Bellatrix Lestrange, lo que provocaba cierto terror en él… pero por el otro, todas las historias contadas en secreto por su madre sobre cuanto echaba de menos a su hermana, cuanto se arrepentía de no haber podido ayudarla cuando su familia la dejó de lado, los regalos que esta enviaba para Draco todos los años, la forma dulce en la que su tía Andrómeda solía peinar el cabello de su madre cuando esta no podía dormir… no podía más que admirar a la mujer frente a sus ojos, por el simple hecho de que su madre la admiraba, y eso era motivo más que suficiente.

-Dra…Draco.- murmuró ella, lagrimas amenazando con derramarse peligrosamente por sus ojos.

-¿Dromeda?- pronunció casi inaudiblemente el apodo por el que Narcissa solía llamarla, y eso fue más que suficiente para que una llorosa Andrómeda corriera a los brazos de su único sobrino.


N/A

Siento mucho la tardanza, pero finalmente, aquí esta la primera parte de nuestra navidad en Grimmauld Place. Espero que les haya gustado, aunque quizá es aburrido... prometo que habrá más acción proximamente.

Las/los adora,

Topi ;)