25. Una sangre sucia en la mansión
Llegaron a la chimenea de una habitación, Draco sonrió por encontrarse en casa, precisamente en esa habitación, la suya, ayudó a Sonne a incorporarse; ella se sacudió el polvo, y miró a su alrededor, jamás había contemplado tanto lujo y detalles, si siquiera en Hogwarts, era complicado no fingir admiración, pero seguramente la verdadera Rosen estaba acostumbrada a tal glamour, así que pretendió omitir cualquier comentario que hiciera a Malfoy sentirse superior.
Él le sonrió, no sabía muy bien cómo expresar lo que sentía en ese instante, una mezcla, entre orgullo, satisfacción, emoción, tranquilidad; era un tanto irreal, así que se acercó para besarla y comprobar que estaba allí; ella correspondió sin timidez, volvía a acostumbrarse a la calidez de los besos del chico, era tan extraño que bajo esa máscara de niño malcriado estuviera alguien tan sensible, o eso pensó hasta que la empujó a la cama.
Hermione no sabía que pretendía Draco, aunque seguramente Sonne si, y le seguiría el juego, así que no se resistió, él la besó con urgencia, para calmar sus nervios, para mostrar que podía mantenerla dócil, así pareció por un fugaz momento, hasta que ella lo apartó con cariño.
-Draco, Draco, calma, recuerda, tus padres nos esperan- dijo apresurada y disimulando sus temores, no podía creer que finalmente estuviera allí en la mansión Malfoy y en el daño que les causaría.
-Es verdad, vamos- la tomó de la mano, pero antes él se apresuró a arreglarle un mechón que se había soltado por su culpa-. En verdad luces hermosa.
Hermione aprobó el cumplido con una sonrisa, salieron del cuarto, para dirigirse al salón principal, no dejaba de maravillarse mientras bajaban por las escaleras, el lujo, el brillos de los candelabros, los muebles, todo le parecía tan perfecto que se sentía mal de saber que iba a arruinar la noche, pero era un precio justo por cada lágrima y humillación que Draco le había causado. Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que casi no escuchó que él le preguntaba algo.
-Ya casi llegamos, ¿quieres continuar?
-¿Perdón?, ¿me decías?
-¿Quieres continuar o ya te arrepentiste?- Draco notaba algo extraño en Rosen, pero no quiso profundizar más, realmente se sentiría triste si ella le daba la espalda en tan crucial momento.
-No, todo en orden, debes entenderme, es extraño conocer a tus padres en tales circunstancias.
-¿Circunstancias?, lo dices como si fueras a enfrentarte a algo de lo que dependiera tu vida, mis padres no son lo que todo el mundo cree.
-Pues llevo cinco minutos en tu casa y sólo alcanzo a ver: dinero, clase, prestigio, ¿continuó?
-No, deja que todo fluya- se detuvo un momento ante la que era la puerta principal para entrar al salón, la asió de la mano con vehemencia, no quería dejarla.- Confió en ti Rosen Sonne- sin más abrió la puerta y entró provocando que todos guardaran silencio mientras los contemplaban.
Hermione sabía que estaba roja, su corazón latía a prisa, en sus planes no contaba con la presencia de tantas personas, ¿no le había dicho Draco que era algo familiar e íntimo?, ahora sólo quedaban dos opciones: huir o seguir. Y como nadie apartaba la vista de ella con su hermoso vestido color ciruela la primera posibilidad se veía lejana.
-¡Vaya!,- exclamó una vocecilla femenina entre todos los murmullos-. Finalmente te tenemos aquí, en nuestra humilde casa-. Así Narcisa se acercó con emoción, casi sin poder disimular su deseo de llorar-. Bienvenida- miró a su hijo con la satisfacción de toda madre por elegir correctamente y lo felicitó-, una Sonne, querido es la mejor elección.
Bien, la primera prueba había pasado, ahora quien se acercaba era Lucius Malfoy imponente, altivo. La chica supo que por mucho que le agradará a la señora Malfoy, quien tenía la última palabra era Lucius. Hizo una reverencia y cuando él comenzó a inspeccionarla con escrutinio los presentes guardaron silencio, a ella se le hizo un nudo en la garganta, pero no le impidió hacer una exagerada reverencia.
Lucius inclinó la cabeza, y sonrió dando su aprobación, intento tranquilizarla con una voz suave y atenta.
-Toma asiento, querida. Vaya, no creí que tu padre estuviera interesado en emparentar con los Malfoy.
Hermione meditó su respuesta.
-Mi padre suele dar toda clase de sorpresas.
-Por supuesto, un hombre respetable, su apellido habla por sí mismo, deberíamos tener más personas como él, que legaran hijas tan bellas y prescindir de tanta sangre "contaminada", tú me entiendes.
-A la perfección, señor- estaba haciendo un gran esfuerzo por contener su enojo, calculaba que le quedaban unos quince minutos antes de que su aspecto comenzará a cambiar.
-¿No quieren bailar?- intervinó Narcisa-. la fiesta es por ustedes, porque al fin serán ustedes quienes continuaran con la tradicional celebración navideña de los Malfoy-. Vamos, vamos, sería una pena que no lo hicieran, además nuestros invitados están ansiosos.
-Si Rosen, acepta, yo no me opongo- dijo animado Draco.
Hermione únicamente pudo asentir, cuando sintió que se encontraba en medio del salón. Escuchando unas notas suaves que iban cobrando fuerza mientras el rubio la llevaba por toda la pista.
Se movía como una muñeca por la pista, su vestido ciruela comenzaba a asfixiarla, tenía calor, mucho. Por su parte el chico la miraba con ternura, y cuando notó ese cambio extraño en ella, la llevó al balcón, mientras el resto de los invitados se distraían e incorporaban al baile.
-¿Estás bien, cariño?- él intentaba ser amoroso, ahora que sus padres la aprobaban.
-¿Cariño?, vas muy rápido, y si, estoy bien, nada comparado a lo que pasará en un momento- el aire le sentaba bien, ya respiraba normal, aferró su varita, sólo quedaban un par de minutos antes de la transformación total.
Al pasar su mano por el cuello dejo al descubierto el collar, lo había hecho a propósito, él le detuvo la mano para mirar con detenimiento, comenzaron una discusión.
-¿Qué haces con eso?
-¿Esto?, es mío, tú me lo regalaste- Hermione sonrió victoriosa, Draco se veía alterado y más pálido que lo normal.
-No, yo se lo di a Granger, en compensación por su, su…
-Sí, digamos que se lo tomé prestado, pero en un minuto volverá a ser de ella- de pronto decidió dejar de fingir su voz y volvió a su tono normal-. Espero que no te haya molestado traer a una sangre sucia a tu casa, cariño- enfatizó la última palabra de manera perversa, mientras su aspecto volvía a ser el de Hermione Granger, pelo castaño que conservaba el peinado, un poco más bajita-. ¿No te alegra verme?
