Capítulo 25

Non ho mai smesso di amare te. Non ho mai tolto un pensiero a te…non ho mai smesso

Mientras la canción "Non ho mai smesso" de la cantante italiana Laura Pausini llenaba la habitación que Regina transformaba en su refugio en los momentos de soledad, sus ojos bañados en lágrimas contemplaban por milésima vez el único recuerdo capaz de hacerla sentirse más próxima del lugar en el que desearía estar.

«¡Sonríe!»

«¿Qué estás haciendo?»

«¡Grabando un video! ¡Venga, dame una sonrisa, amor!»

«¡Eres muy boba!»

«Tú me dejas boba…»

«Nada de beso erótico delante de la cámara»

«Solo un piquito entonces…ven…»

Después de ese anillo que llevaba en su dedo, aquel video grabado por Emma el día de su cumpleaños en la playa, se había vuelto parte de Regina. Fuera donde fuera, llevaba consigo uno de los días más felices de su vida.

A lo largo del día, a pesar de estar triste, Regina conseguía por algunos minutos distraerse y solo así el dolor de aquella pérdida disminuía en su pecho. Pero cuando caía la noche, una mezcla de sentimientos la golpeaba de lleno: tristeza, arrepentimiento, culpa, nostalgia. Todo de una sola vez.

Su rutina se resumía a trabajo, casa, y los fines de semana una visita a Ingrid, o mejor, a los que quedaban de la familia Swan.

David volvió a asumir el mando en la oficina central de la familia, y siempre que surgía una oportunidad, se empeñaba en ofrecer apoyo y amistad a Regina.

«Estoy muy agradecido de que visites a mamá. Desde que supimos la tragedia, ya no sale de casa» dijo David

«Lo siento mucho por ella y la comprendo…fue una pérdida difícil y muy dolorosa»

«Es verdad…Emma y yo no éramos los mejores hermanos del mundo, pero la echo de menos, nuestras discusiones…» dijo él, agarrándole delicadamente la mano «Pero ya es hora de que sigamos adelante con nuestras vidas. Sé que es lo que ella desearía que hiciéramos» añadió, apartándose rápidamente cuando apareció Ingrid.

Regina pasó todo el día del sábado en compañía de la familia Swan, volviendo a casa solo a final de la tarde. Ingrid se había vuelto una amiga, y la proximidad entre ellas contribuía a aumentar la seguridad que tenía David sobre los planes y deseos que se estaba montando en su cabeza.

«¿Cómo está la señora Swan?» preguntó Zelena

«Devastada…me parte el corazón verla de esa manera»

«Tú no estás muy diferente a ella»

«Siento nostalgia, culpa, arrepentimiento…»

«Eso pasará, Regina»

«Lo sé…este triste momento pasará exactamente como han pasado los otros. Pero no puedo evitar parar y preguntarme lo que quedará de mí. Con cada pérdida, es una parte de mí que se va…»


A la mañana siguiente, Ruby quedó con August para ir a visitar la tumba de David donde Ingrid había mandado grabar el nombre de Emma, para que de esa manera hubiera un lugar donde los familiares y amigos pudieran decirle su adiós.

«Aún no me creo que Emma se haya suicidado…» dijo Ruby mientras depositaba una rosa en el césped delante de la lápida

«Yo sí me lo creo. Cambió mucho desde que conoció a aquella mujer…perdió el control, ya no era la misma»

«Confieso que no me cayó muy bien Regina, pero me di cuenta de que amaba a Emma de verdad»

«¡No la amaba nada! Aquella mujer no pasa de una zorra aprovechada, dándoselas de ofendida a causa de la historia del contrato. ¡Por su culpa, Emma se quitó la vida!»

«Estás exagerando, August»

«Nuestra amistad acabó por su culpa. ¿Y quieres saber? ¡Qué se joda! Si pensó que valía la pena morir por culpa de una cualquiera, ¡tuvo lo que se merecía!»

«¡No seas insensible!»

«¿Y sabes otra cosa? ¡Jódete tú también! ¡Ni sé por qué he aceptado venir aquí con alguien que se decía mi amiga, pero todo lo que quería era meterse en la cama de Emma aun sabiendo que yo estaba enamorado de ella!»

«¡Pero ella no estaba enamorada de ti! ¡Estás ciego o te haces el idiota? ¡A Emma nunca le gustó lo que tenías que ofrecer!»

«¡Eres otra zorra igual que Regina!»

«¡Y tú eres un imbécil retrasado!»

De ese día en adelante, Ruby no volvió a tener noticias de August. Según algunos amigos en común, él se habría marchado para Augusta, sin fecha de regreso. La supuesta muerte de Emma causó cambios inesperados e inimaginables en la vida de muchas personas, incluso en la de ella, ya que dentro de una semana, comenzaría a trabajar en la empresa de la familia Swan como asistente personal de David Swan.

A la mañana siguiente, a las siete en punto, Ingrid se encontraba frente a la tumba de su fallecido marido e hija. Sus dedos recorrían los nombres grabados en la lápida, para enseguida, hacer lo mismo con las fotografías de ambos. De rodillas sobre la verde hierba, era posible ver gotas cayendo sobre las pequeñas hojas y no se trataba de lluvia, sino de sus lágrimas.

«¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué mi hija? ¿Por qué mi familia? ¿Por qué?» gritaba, hundiendo los dedos en el césped hasta alcanzar la tierra.


«¡Niñas, a almorzar!»

«¡Ya vamos abuelo!» gritó Ariel «¡Ah, no! ¿Pescado otra vez?»

«Huele muy bien» dijo Emma

«¡Prometo que mañana cambiaré el menú!»

«¡Gracias a Dios!»

«¿Cómo te sientes, querida? ¿Te duele aún la cabeza?» preguntó, mirando a Emma mientras servía la comida

«A veces…pero hoy no me ha dolido» dijo ella

«¡Qué bueno!...» dijo y tras un suspiro, siguió hablando «Querida, no quiero que pienses que tu presencia aquí me está molestando, todo lo contrario, te tengo cariño al igual que a mi nieta. Pero…ya han pasado casi dos meses y no sabes quién eres, de dónde vienes. Tu familia debe estar desesperada…» añadió, agarrándole con delicadeza la mano

«Si tuviera familia, me estarían buscando y ya me habrían encontrado. No estoy en el fin del mundo, ¿verdad?» preguntó Emma

«No, pero…»

«Abuelo, por favor…cuando recupere la memoria, decidirá qué hacer»

«Está bien…perdonadme. Bueno…creo que ya es hora de ponerte un nombre…»

«¡Tienes cara de holandesa! ¡Di algún nombre de origen holandés, abuelo!»

«No conozco ningún nombre bonito de origen holandés. ¿Tú conoces, querida?» preguntó él, y en mitad de las risas, Emma negó con la cabeza

«Entonces…¿qué tal si te llamamos Allison? Me encanta ese nombre…¿te gusta?» preguntó Ariel

«¿Allison? Sí, me gusta…» dijo ella

«¡Entonces decidido! Tu nombre a partir de ahora será Allison»

Los días transcurrían de forma tranquila en el pequeño pueblo de pescadores donde Emma estaba viviendo con Ariel y su abuelo Leopold desde que había sido encontrada herida en las cercanías de la aldea. Algunas personas preguntaban al anciano sobre aquella desconocida, aconsejándole que fuera a la policía, sin embargo se echaba para atrás ante las súplicas de su nieta para que Emma, ahora conocida en el pueblo como Allison, se quedara con ellos hasta que ella misma recuperase la memoria, o algún familiar apareciese.

«¿Sabes lo que más me gusta de ti? Tu sonrisa…es la más bonita que he visto» dijo Ariel

«Me avergüenzas cuando me dices esas cosas»

«¿No te gusta que te elogie?»

«Me gusta, pero me avergüenza»

«No tienes por qué» dijo ella, rozándole los labios con la punta de los dedos «Allison…¿me encuentras bonita?»

«Sí, claro»

«Si te pidiera una beso en la boca, ¿me lo darías?»

«Ariel…no creo que tu abuelo…»

«No es eso lo que te he preguntado» la interrumpió «Y mi abuelo no está en casa»

«Creo que será mejor que terminemos de limpiar la casa mientras sea temprano» dijo ella, dando por concluido el asunto.

Mientras Ariel intentaba una aproximación más íntima con Emma, David se empeñaba en ganar la confianza de Regina, y el orgullo de su madre, que según su opinión, estaba volcado enteramente en su fallecida hermana. Anna, la hija más pequeña de Ingrid, no lo veía como su hermano. Para ella, su madre amaba a todos sus hijos por igual, sin embargo, para cada uno había trazado obligaciones y planes diferentes.

«Quiero contratar un detective o un equipo de búsqueda para que encuentren a mi hija» dijo Ingrid

«Mamá, por Dios…sé que es difícil de aceptar, pero Emma está muerta» dijo David

«¡No lo acepto! ¡No puedo aceptar una muerte sin que mis ojos hayan visto su cuerpo!»

«Está bien, mamá…será como tú quieras. Hoy mismo me pondré en contacto con un amigo que trabaja en estas cosas. Estate tranquila»

«Gracias, hijo»

Cada quince días, David retiraba una generosa cuantía de la cuenta de la empresa de su familia con la disculpa de que era para cubrir los gastos del equipo que, según él, estaba buscando a su hermana. Ingrid se lo agradecía y se mostraba contenta con aquel empeño, pero lo que ella no sabía era que no existía tal equipo y que ninguna búsqueda fue comenzada. Tras un cierto tiempo, ella misma pidió que cancelase los servicios, ya que había pasado un año y a esas alturas sería imposible encontrar cualquier huella relacionada con Emma.

«¡David, amigo mío! ¿Cómo estás?» preguntó Robin, sentándose en uno de los lujosos sillones que decoraban la sala

«¡Maravillosamente bien! ¡Creo que si algo mejora, se estropearía todo!» dijo, esbozando una gran sonrisa «¿Aceptas algo de beber?»

«Sí, acepto. Me enteré de la tragedia sobre tu hermana…mis condolencias, amigo»

«Gracias» dijo él, mientras ponía el hielo a las bebidas «Fue una difícil pérdida, principalmente para mamá…ya sabes, Emma era su niñita» añadió, mientras le daba una de las copas

«Me lo imagino…¿y cómo está ella ahora? Ya ha pasado más de un año, ¿no?»

«Mamá sigue de luto. No sale de casa, excepto los domingos para llevarle flores a la tumba de papá sobre la que mandó inscribir el nombre de Emma. Sale temprano por la mañana y se queda horas allí, llorando lágrimas que ya ni le quedan»

«Lo siento mucho…»

«Yo también lo siento, Robin. Y siento más aún tener que admitir que…mi vida ha mejorado mucho desde la muerte de Emma»

«¿Cómo?»

«Mira bien…soy el director ejecutivo de la oficina central de la empresa familiar, administro toda la fortuna de mamá y en breve me voy a casar con la mujer más bonita del país»

«¡Eso sí es una novedad! ¡David Swan prometido! ¿Quién es la loca que ha aceptado casarse contigo?» preguntó Robin

«Regina Mills es su nombre…mira, ¡tengo una fotografía! ¿No es la mujer más hermosa del país?»

«Espera un momento, tío…¿esta no es la mujer que tenía un romance con tu hermana?»

«No era exactamente un romance y eso no me importa…Emma está muerta y Regina ahora es mía»

«No veo correcto lo que estás haciendo»

«Afortunadamente me importa poco lo que tú creas»

«Claro que no te importa. Bueno, me voy…buena suerte, tío»

«Gracias y no te preocupes, a pesar de que seas un aburrido anticuado, ¡serás invitado a la boda!» dijo, echándose a reír mientras la puerta de cerraba.

Al igual que Robin, otras personas no estaban de acuerdo con aquella unión. Ingrid Swan era una de ellas.

«Regina…te tengo mucho aprecio, valoro la amistad que ha surgido entre nuestras familias, pero no estoy nada de acuerdo con esta boda» dijo Ingrid

«Ingrid…el tiempo no se detiene. Necesitamos seguir adelante con nuestras vidas» argumentó ella

«Lo sé…pero creo que es pronto para hablar de boda»

«Yo también creo que es pronto. Pero David ha insistido tanto y…bueno, ha sido un gran amigo, compañero, siempre atento y volcado»

«Ya, me he dado cuenta de que ha madurado mucho y se ha mostrado un buen hijo…»

«¿Entonces?»

«Quizás tengas razón…y sea hora de recomenzar, de seguir adelante»

Pasaron unos días y aunque Regina le hubiera explicado que no quería nada exagerado, David se esmeró en los preparativos de su boda. En realidad, Anna fue la encargada de organizar todos los más mínimo detalles. La ceremonia sería realizada en una semana en la propia mansión, y solo los familiares y amigos más cercanos estaban invitados.

«¿Estás segura de que has tomado la decisión correcta, hija? Porque…tú nunca quisiste estar con ningún hombre y ahora pretendes casarte con uno» dijo Cora

«David ha estado a mi lado todo este tiempo…creo que es la persona adecuada para mí» dijo ella

«Si es lo que quieres, entonces te deseo con todo mi corazón que seas feliz al lado de ese hombre»

«Gracias, mamá»

Finalmente llegó el gran día. El juez ya se encontraba en su sitio en el centro del jardín en donde daría comienzo la ceremonia.

Ingrid y Cora charlaban animadamente al lado de sus respectivas hijas, mientras David, ya ansioso por la tardanza de su futura esposa, permanecía cerca del juez. Minutos después, Regina se dejó ver, y como no hubo objeciones, la unión entre los dos fue registrada.

«Felicidades, Regina…para quien no le gustaban los hombres, te has casado con alguien que se asemeja mucho a uno» murmuró Ruby, en el momento en que se acercó para saludarla, y enseguida se apartó sin esperar la respuesta.

Tras recibir todos los saludos y felicitaciones, David y Regina se juntaron a la familia. Mientras el almuerzo era servido, David hablaba muy entusiasmando del viaje que harían durante unas semanas, durante el que visitarían Grecia, Dubai entre otros lugares. Regina no presentaba ni una tercera parte del entusiasmo del que él hacía gala, pero, aparentemente, parecía estar feliz.


«Abuelo, nos quedaremos unos minutos más por aquí. Allison y yo queremos dar un paseo a la puesta del sol» dijo Ariel

«Está bien, pero no vuelvan muy tarde» dijo Leopold, volviendo a casa

«¿Qué tienes Allison? Pareces triste…»

«Estoy bien» se limitó a decir

«Si no quieres caminar, volvemos a casa»

«Estoy bien, en serio»

«¡Entonces demuéstralo!»

«¿Cómo?»

«Ven aquí…»

«¡Ah, no! Quieres tirarme al agua y no quiero mojarme…está helada»

«¿Cómo sabes que está helada?»

«A esta hora el agua siempre se pone muy fría»

«¡Prometo que no voy a mojarte!»

«¡De ninguna manera!»

«¡Ven! Juro que no te voy a mojar…»

«¿De verdad lo juras?»

«¡Lo juro! ¡Lo juro por la diosa coronada!» exclamó Ariel, y el corazón de "Allison" se disparó.


Ehemm, ehemm, no maten al mensajero. Jajajajaj. David es un verdadero hijo de puta. Y hasta aquí puedo leer, como decía mi admirada Mayra.