XXV.

No culpaba a Miguel, no podía. No había sido culpa suya él solo quería protegernos. Cuando Miguel había dado la orden de no atacar a los demonios, los demonios habían aprovechado en tentar a los humanos. Y eso había provocado la liberación de Lucifer. Aquel ser que ha sido protagonista de varios cuentos, películas y leyendas de terror estaba suelto entre los humanos. Me levanté de la silla. Iré a comprar el libro que Gabriel nos encargó leer, aunque sea su hermana menor no me dejaba fuera de las tareas. Bajé los escalones de dos en dos, me encontré a Rafael en la sala, al parecer dibujando o si no estaba pintando.

-Voy a salir- avisé, quién sabe si me escuchó, Rafael siguió con lo suyo. Me encogí de hombros, no lo molestaré creo que tiene mucho en que pensar. Suspiré con aburrimiento, hoy nadie estará dispuesto a salir siquiera. Natsu había ido al aeropuerto a recoger a su primo y supongo que su nueva visita lo tendría ocupado, Erza tenía clases de piano, Jellal estaba en una reunión familiar, Wendy y Juvia estaban de viaje-su familia casi siempre salían en los fines de semana- y Mirajane trabajaba. Creo que era la única que no tenía nada que hacer, ni modo. Lo único que tenía por hacer eran los deberes, se notaba que estaba aburrida. Me fui caminando hasta la libreria, al menos mataré el tiempo. Miraba con precaución a mi alrededor, pero luego pensé que era inútil porque Lucifer puede ser cualquiera.

-¡Lucy!- ese grito me hizo saltar, giré sobre mis talones para ver a Igneel corriendo hacia mi dirección. Desde que Rafael lo curó no lo había visto. Le sonreí cuándo se acercó.

-Hola Igneel ¿cómo está?- lo saludé alegre, la verdad si me daba alegría verlo. Igneel me dio una palmada en la cabeza.

-Excelente- sin duda lo estaba. Me parecía que Igneel era la copia de Natsu pero en adulto.

-Qué bien. ¿A dónde va?- le pregunté volviendo a caminar. Igneel se puso a mi derecha.

-A la libreria a comprar libros nuevos- que casualidad.

-Yo también, iré a comprar el libro que me han encargado.

Igneel me revolvió el cabello. Caminamos en completo silencio, era un silencio cómodo. Llegamos a la libreria y compré "Tokio Blues"* de Haruki Murakami. Me di cuenta que Gabriel tiene muy buen gusto para los libros, aunque yo ya la había leido me gustaba la historia, bueno a mi me gustan todas las novelas de Haruki Murakami. En la salida Igneel tenía dos bolsas grandes, una gotita resbaló por mi nuca. Creo que yo me quedó corta. Igneel al ver mi expresión rio.

-Creo que exageré con la cantidad de libros- dijo sonriendo al ver mi cara de sorpresa no sabía que a Igneel le gustara leer.

-Bueno yo creo que me voy, nos vemos después Igneel- me despedí empezando a caminar hacia la parada de autobús. Sentí la cálida mano de Igneel en mi muñeca.

-Lucy-chan espera, quisiera hablar contigo- me pidió con voz tranquila, lo miré. Su cara estaba seria, algo en sus ojos me decía que era importante. Asentí.

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Igneel me miraba con atención, como si viese algo en mí que no era normal. No me sentí incómoda, más bien me sentía bien. Su mirar era idéntico al de Natsu, profundo y tranquilo.

-¿Pasa algo?- le pregunté al ver que sus ojos se entrecerraron. Igneel negó.

-Te cortaste el cabello- observó, llevé mi mano a mi nuca.

-Sí, me molestaba y adémas hace mucho calor como para llevarlo largo- le dije acariciando mi cabello que me llegaba al cuello. Era la verdad, adémas de que cuándo lo tenía largo se enredaba con mis alas. Raguel me había hecho el favor, ella era un arcángel. Eran los sagrados siete, como Gabriel los llamaba. Miguel, Rafael, Gabriel, Uriel, Raguel, Zedkiel y Daniel. Me había llevado bien con Raguel y Daniel debido a que tenían casi el mismo cáracter que Rafael, demasiado tranquilo y simpático. Mi madre que una vez fue arcángel fue "sustituida" por Raguel. Miguel no quiso decirme que pasó con mi madre. Me importaba pero no quería incomodarlos con preguntas tontas, creo que los pobres ya tienen mucho de que preocuparse. Parpade regresando a la realidad, siempre me pasa. Me quedo ida a veces inconscientemente. Igneel me miraba de nuevo, entrecerrando los ojos, como quién se le dificulta ver letras a los lejos.

-¿Igneel qué era lo que quería hablar conmigo?- le pregunté estaba empezando a sentirme incómoda, no sé que me había visto pero me observaba muy fijamente. Igneel le dio vueltas al café y cruzó los brazos.

-¿Recuerdas que te dije que tenía SIDA?- me preguntó con la voz rasposa, asentí, mi estómago se llenó de mariposas al empezar a saber a dondé más o menos quería llegar.

-S-sí, me alegro mucho que ya esté bien.- la regué al empezar a tartamudear, soy una pésima actriz. Igneel arqueó las cejas.

-Sí, lo más extraño es que el SIDA no tiene cura. Yo estoy completamente curado- Por los Santos Reyes ¿ahora que digo?

-Existen los milagros Igneel, creo que ese fue uno de ellos.

Igneel me miró, no me hubiera alarmado de no ser que me miraba como si supiera qué soy yo.

-No fue un milagro, fuiste tú Lucy. Rafael y tú me salvaron, yo los vi en la misma habitación.- mi boca era una perfecta "O", no, no, no, no ¿cómo es posible que...?

-Solo fui a visitarlo ¿sí recibio las flores? Creo que no... la enfermera estaba muy distraída.- eso fue bastante esúpido. Igneel no dijo nada, solo siguió mirándome, tomo mi mano y me miró a los ojos. Lo miré entre asustada y confundida.

-Eres un ángel, Lucy. Pude ver las alas en tu espalda aquella vez- con estas palabras logró sacudir todo mi interior con impresión.

Mi ojos y mi boca estaban abiertos en toda su intensidad, de verdad no supe que contestar- para mi defensa.

No dije nada, no se me ocurrió nada...

Igneel tomo mis manos como un padre que le da un gran apoyo moral a su hija.

-No diré nada a nadie- me dijo sonriendo sinceramente- solo quiero que me respondas una cosa... ¿Layla también era un ángel?

Cuando pronuncia el nombre de mi madre sus ojos brillan y un sentimiento lleno de amor se apodera de mi corazón al recordar a mi madre. Moví la cabeza arriba y abajo. Y por alguna razón, sentí que un peso se quitaba de mi espalda.

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Despedí a Igneel enfrente de la casa de Natsu, me contó Igneel que su relación padre-hijo con Natsu estaba réparandose poco a poco. Igneel a veces iba a cenar a casa de Natsu o viceversa, o tan solo iban a caminar hablando. Parecían más conocidos que familiares, pero al menos estaban progresando poco a poco, Natsu ya había dejado de tratarlo con frialdad. Abrí la puerta de mi casa, rechinó como vil casa de terror. Estaba bastante oscuro, pegué mi mano a la pared buscando el interruptor. Aquí está...

Unos grandes ojos azules mirándome muy cerca me recibieron en cuanto prendí la luz, caí de sentón mientras gritaba.

Rafael casi se cae de la silla por la risa, muy gracioso al haberme asustado de esa manera, luego qué porque a uno le dan esos infartos.

-¡Por Dios Rafael!- grité levántandome y jálandole el cabello-¡Me vas a matar de un susto!

Cuándo me cansé de jalarle el cabello- si hubiera seguido de seguro lo hubiera dejado calvo-, le empecé a dar golpecitos en los hombros. Rafael solo se quejaba, pero después me dio revancha. Cosquillas.

Era imposible pedir que parara de hacerme cosquillas, porque cada vez que se lo pedía más me hacía.

-Niños ya paren- una voz hizo que Rafael parara con la tortura. Era Miguel.

-Tenemos que hablar- su voz sonaba tan vacía y seria que por un momento pensé que ese no era Miguel, pero lo era. Rafael se sentó con la espalda recat y muy serio, me dio mucha risa esta escena. Miguel parecía el típico padre regañón que está a punto de castigar a sus dos hijos.

-Lucy, ya sabes que sucedió un accidente- dijo Miguel, asentí- Lucifer no regresara por las buenas... será por las malas.

Sí es lo que creo que es entonces si tengo motivos para gritar con histeria. Rafael abrió la boca con horror.

-N-no te precipites Miguel.- diga lo que diga Rafael o cualquiera, era definitivo... había empezado una guerra.

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-Escucha con mucha atención- me dijo Miguel caminando de un lado a otro- Los demonios son tramposos, no son amables ni tienen piedad ni compasión. Les fascina causar dolor porque les divierte, son traviesos por así decirlo. Al igual que en el cielo Lucifer tiene a un duque, una mano derecha y un hijo.

Mientras decía esto me mostró un mazo del tarot, lo usaba como ejemplo.

-Astaroth, Nebiros y Mammon. Astaroth es el duque del infierno, Nebiros es la mano derecha de Lucifer y Mammon es su hijo.- puso sobre la mesa tres cartas, poniendo de ejemplo a los tres demonios.

-En el cielo ¿quiénes serían?- pregunté.

-Metatrón, Jesús... y yo- me dijo Miguel poniendo otras tres cartas. Arqué una ceja ¿Metatrón? Parecía más el nombre de un anime o un transformer que el nombre de un ángel.

Rafael asintío, él estaba sentado al otro lado de la mesa reacio a no escuchar lo que Miguel decía. Rafael aborrece a Lucifer por alguna razón.

-Jesús, como sabrás fue su hijo, bueno él se solía llamar así. Metatrón es la mano derecha de Dios y Miguel es el duque. Debido a que Miguel es el jefe del ejército celestial.- me explicó Gabriel leyendo un libro al lado de mí. Miguel asintío mientras barajeaba las cartas. Me recargué en el brazo derecho de Gabriel, miré las cartas que Miguel había puesto de ejemplo como cada demonio y ángel. Miguel prosiguió.

-Cada ángel, al igual que cada demonio tienen su propia arma. La espada es como la de último recurso.- Cuando dijo esto, Miguel se levantó, levanto una mano al cielo y su mano destelló. Al minuto siguiente tenía en la mano una lanza. La había visto en alguna parte... así... en las estatuillas de San Miguel Arcángel, esa estatuillas dondé esta pisando al demonio con una lanza en sus manos. En la mayoría de esas estatuillas varía el arma que porta Miguel, a veces es una espada o a veces una lanza. Miré embobada la larga lanza que portaba Miguel, parecía pesada pero él la sostenía como si de cartón se tratara.

Me la extendió, la tomé torpemente. No era pesada.

-Yo te enseñaré a pelear, Rafael te enseñará a usar tus virtudes y Gabriel te dirá todo lo que desees acerca de los ángeles.

Bien esto ahora parece una misión de agente.

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Miguel me dio una patada que bloqué con el brazo derecho, el brazo me dolió terrible. Pero no me quejé, tengo que ser fuerte, no puedo permitirme toda la vida llorar y esconderme detrás de mis hermanos y de Natsu todo el tiempo. Empujé su empeine y se la devolví, todos los músculos en mi pierna se estiraron, también la bloqueó pero pude ver que frunció ligeramente el ceño en señal de que le dolió un poco mi golpe. Quizá Igneel tenga razón, quizá si tengo una tremenda fuerza. Miguel empujó mi pierna, estaba cansada, el pecho me ardía. Pero debo seguir.

-Más rápidez, más concentración. Mírame a los ojos cuando estés en guardia- me exigió Miguel, asentí con mucho cansancio.

Miguel empezó a atacarme sin piedad, dando puñetazos y patadas. Apenas podía esquivarlos, el cansancio estaba nublándome la vista, debo seguir, debo seguir. Esquivé bloqueando o moviéndome a dondé sea. Era muy rápido, casi no le podía seguir el paso. Sentí un golpe en mi estómago que me sacó todo el aire.

Tosí con desesperación.

-¿Estás...?- Rafael intentó ayudarme, pero me levanté en cuanto su mano tocó mi brazo. No puedo ser la Lucy que no sabe hacer nada todo el tiempo. Miré a Miguel con seriedad, me puse en guardia. Miguel me imitó.

Tengo que ser fuerte, tengo que ser mejor, tengo que...

Miguel de nuevo me derribó de un golpe. La cabeza me dio vueltas sentía que mi pecho estaba en llamas.

Miguel se acercó.

-Lucy si quieres después continuamos...

-No, quiero seguir- estaba corta de aire, pero no de energía. De nuevo me levanté, estaba mareada y sentía los músculos de las piernas y brazos entumidos y adoloridos. Pero debo seguir. Miguel suspiró, como diciendo "que terca es".

Presté atención a los movimientos de Miguel, era díficil seguirle el paso, era bastante hábil y rápido, no me extrañaba que él fuera considerado el ángel más fuerte y solo estaba debajo de Metatrón. Bloqueé todos sus golpes, aunque creo que me va a dejar los brazos llenos de moretes. Debo resistir el dolor, en el campo de batalla no van a tener piedad siquiera. Miguel bajó un poco la guardia, era mi oportunidad. Le di un puñetazo en el estómago.

Miguel se dobló sobre si mismo, jadeando y tosiendo. No medí mi fuerza.

-M-m-muy b-bien- mi hermano apenas y podía hablar, estaba sofocado. Lo ayudé a levantarse, se apoyó en mi brazo derecho justo donde tenía un moretón. Me mordí el labio para no gemir de dolor. Miguel recuperó el aire.

-Excelente.

No hice nada más que sonreír.

-Toma- Gabriel me extendió dos dagas de oreja, parecidas a las que se usan en los mangas o animes shonen. La empuñadura era de cuero, pasé un dedo por el filo. Me corté.

-No juegues con eso, esas van ser tus armas.- me dijo poniendo una mano en mi espalda aplastándome las alas. Sentí calidez donde estaba la mano de Gabriel, parecida a la sensación cuando Rafael curó a Igneel.

-Gabriel ¿qué haces?- le pregunté pero no recibí respuesta, solo siguió apretando mi espalda justamente donde empiezan mis alas. La calidez se estaba esfumando y un dolor punzante se estaba adueñando de mi espalda. No pude mover ni un músculo, por más que traté de moverme para alejarme de Gabriel. Sentía como si algo filoso traspasarme la piel, como el dolor que sentía por el crecimiento de mis alas. Me mordí con fuerza el labio para no gritar, el dolor aumentaba.

-Aguanta, ya casi termino- ¿termino? ¿Qué estaba haciendo? No lo sé pero me duele terrible. Después el dolor cesó, parecía que yo estuviera dando a luz. Gabriel se pusó delante de mí con una espada en sus manos. Me la tendió.

-Esta es tu espada, tu fiel compañera en las batallas. Úsala con sabíduria.

La tomé, no era pesada. Era un sable, su mango era de color plateado, parecía toda hecha de plata. Por un momento (aunque suene ridículo) podía sentirme una misma con esta espada.

-¿Qué era todo ese dolor?- le pregunté a Gabriel entre molesta y alegre, oh sí una rara combinación. Pero así era.

-Las espadas de los ángeles nacen de las alas. Se tiene que extraer gran poder angelical para poder hacerlas. Ven siéntate, quiero hablar contigo.

Hace mucho tiempo que no hablo con Gabriel, todo esto que esta pasando, lo tiene muy atareado.

-Lucifer como sabrás fue un ángel...

Asentí.

-..., y fue expulsado del cielo por su soberbia- terminé por él, Gabriel asintío.

-Sí... estuve investigando... Lucifer volvió porque quiere tener de nuevo el trono de Dios...- no hubo terminado Gabriel de decir estás palabras cuando escuché una voz. Una voz que era amable, pero con desgana.

-No es eso, Gabe. ¿Por qué no investigas bien?- la voz que al principio sonaba lejos y con eco se fue acercando. En menos de un parpadeo alguien estaba enfrente de nosotros.

Era un joven, como de la edad de Miguel, rozando los veintisiete o los veinticinco. Era alto y delgado, al grado de que parecía un enclenque. Su piel, de un enfermizo color blanco como el papel no mostraba señales de haber visto el sol. Cabello negro y ojos oscuros, sus ojos eran opacos, sin brillo. Como los ojos de un cadáver, miré algo negro en su espalda que se expandía. Fijó sus muertos ojos en mí, me dio un terrible escalofrío.

-Hola Gabe, cuánto tiempo sin saber de ti. ¿Cómo esta mi celoso hermano mayor?- su voz parecía amable, pero no lo era. Gabriel se levantó de un salto. El joven ni siquiera se movió.

-Lucifer, rey del inframundo, princípe de las tinieblas- Lucifer rio con sarcasmo. Mi mente estaba progresando los hechos. Una canión de Mago de Oz se me vino a la mente. "Soy la escencia de la humanidad, represento la promiscuidad de las almas que enferman de paz. Me presento soy la libertad de tu cuerpo y no cobro con fe... el príncipe de la dulce pena soy..."*

Lucifer como sabiendo lo que pienso, me miró con sus muertos ojos. Me estremecí. Sonrió con una sonrisa amable muy falsa. Gabriel sacó su espada, Lucifer no movió ni un dedo por defenderse.

-¡¿Qué haces aquí?- le gritó Gabriel al demonio, Lucifer se encogió de hombros y sacó un cigarro de su pulcro traje blanco. Me recordó a la película de Constantine, esa película con Keanu Reeves.

-Paseando ¿qué más haría si no?- volvío a sonreír falsamente. ¿Dondé estaban Rafael y Miguel cuándo más se necesitaban? Me sentí inútil, con la espada en mano sin poder moverme, me sentí inútil. Gabriel apuntó la espada en la garganta de Lucifer, de nuevo este no movió ni un dedo para impedirlo.

-No hace falta tanta violencia hermanito- Gabriel no desistío- En serio, no haré nada. Solo vine de visita.

-¡Vete!- le ladró mi hermano al demonio, el demonio asintío.

-Ya, ya pero antes de irme quiero jugar algo- dijo con voz infantil.

Gabriel no aflojó su presión sobre el cuello blanquecino, que se empezó a teñir de rojo. Lucifer posó sus ojos en los de Gabriel. Todo pasó muy rápido.

En pocos segundos Gabriel estaba en el suelo en medio de un gran charco de sangre. Papadee cuando lo vi caer como un saco de harina, entonces mis ojos y mi boca se abrieron al saber que le había hecho Lucifer a mi hermano.

Le había cortado las piernas.

Lucifer se irguió y guardó su espada en el saco.

-¿Estás cómodo? Espero que sí- me miró- ¡Vamos a jugar!

Exclamó como un niño emocionado por ir a la playa, me estremecí de pies a cabeza.

-Las reglas son sencillas, mientras Gabriel se une de nuevo las piernas yo te apuñalaré. Si mueres antes de que él te rescate, pierdes y no me voy a ningún lado y este lugar va a ser el nuevo patio de juegos de los niños. Pero si no mueres y él logra rescatarte antes de que te desangres ganas y me regreso con mis niños al infierno.

Dicho esto sacó una daga, aprete los puños, de nuevo no pude moverme ni un pelo. Apreté el mango de la espada hasta que los nudillos me dolieron. Al final de cuentas no dejó de ser una molestia, siempre les hago daño a los démas. Lucifer clavó el filo en mi hombro, me mordí los labios. No le daré el placer de verme llorar ni gritar, Gabriel se arrastró hacia sus piernas. Tengo que aguantar para no alarmar a Gabriel...

De nuevo Lucifer alzó su daga y me lo clavó infinidad de veces, las lágrimas amenzaban con salir, pero no lo permití. Miré retadoramente a Lucifer, quién tenía una expresión de lo más escalofriante. Le sostuve la mirada a Lucifer, mordiendome el labio hasta que sentí el sabor salado de la sangre. Miré a Gabriel, quién ya estaba curándose de la pierna izquierda. Debo aguantar, debo aguantar... La sangre salpicó mi rostro, cuándo dio una última clavada en mi pecho no pude más... todo se volvío oscuro entre dolor y agonía.

¡HOLA! Jejeje ¡Cuanto tiempo! Bueno aquí está el nuevo capitulo, muchas gracias por su paciencia. Me tardé porque me enfrenté al peor enemigo de todo estudiante: los éxamenes. Pero salí ilesa :DD.

LucyDragneelHeartfilia: Ay linda tú siempre dejandome comentarios no importa si llueve o hace sol :3. Muchas gracias por tus comentarios y espero que sigas leyendo este fic y que lo estes disfrutado x).

Happy-sensei: También te esyoy agradecida por tus comentarios, espero que hayas disfrutado este capitulo y no te preocupes si no los puedes leer esta bien con que estes disfrutando este fic.

Dan Fullbuster: Gracias y espero que te haya agradado este capitulo :). Espero que lo sigas leyendo.

Hannawb: ¡Aquí está la continuación! ¡Provecho xD!

SetsukaHeel: Gracias por tu comentario :D.

*Tokio Blues también conocido por Norwegian Woods novela de Haruki Murakami, muy buena por cierto.

*Diabulus in Musica de Mago de Oz, asegurense de que si la escuchan no lo hagan frente a un sacerdote xD.

Y bien sin más que agregar me despido y nos vemos en el proximo Capi.

Si gustan dejen comentarios.

Bu-Bye.