Si es que soy un desastre, gracias Pantha mi niña por darte cuenta de mis despistes y avisarme, voy a ver si consigo arreglarlo...
CAP XXIV
"El incendio"
4 de mayo de 1988
Granada
El pecoso forcejeó para soltarse del mayor, no podía dejar allí su caja, ¡se quemaría! Pero Zuo lo sujetó aún más fuerte.
- No sabemos lo cerca que está el fuego, sea lo que sea tú eres más importante.
- Pero mi…
- ¡vamos chicos!
Corrió casi arrastrando al crío del brazo sano, no volvió la vista atrás. Un humo espeso anunciaba ya la cercanía de las llamas. Bajaron por las escaleras del edificio rodeados de otros chicos tan asustados como ellos.
- ¡No os separéis! ¡la entrada está cerca!
Los profesores los iban reuniendo en grupos conforme iban saliendo. En la lejanía las sirenas de un coche de bomberos se acercaban a toda velocidad. Los cinco chicos se pararon a unos metros de la entrada. El señor Sorensen les dio unos refrescos y una tolla húmeda. Zuo echó un vistazo por primera vez a su grupito.
- ¿Dónde está Walt?
Las sirenas del camión hacía rato que habían dejado de sonar. Toda la segunda planta de la residencia estudiantil había sufrido el ataque de las llamas.
Casi todos los niños estaban en el gimnasio del colegio, salvo ellos. Permanecían tras el cordón de seguridad montado por los bomberos, desobedeciendo a los profesores. El chico asiático miraba su ventana, de la que ya no salían llamas. Es difícil ser optimista con su experiencia, pero no quería desesperar, no todavía. Un humo espeso brotaba de la ventana que no dejaba de observar.
Dean permanecía a su lado, sin decir nada le había dado la mano. Los otros tres chicos habían acabado sentándose en el suelo tras ellos dos, aguardando sin atreverse a decir nada. Desde hacía un buen rato no salía nadie del edificio.
Junto a la puerta de entrada hubo un poco de movimiento. Uno de los bomberos con una manta térmica entró corriendo. Otro se acercó a ellos y les volvió a ordenar que se fuesen de allí. Pero ahora sí que no se iban a ir.
El bombero salió acompañando a alguien totalmente cubierto por la manta, aunque andando por sí mismo. El chaval se descubrió la cabeza dejando a la vista unos rizos negros pegado al cráneo por el agua, estaba empapado.
- Tíos, ha sido alucinante – dijo castañeando los dientes, debía haberse metido en una piscina o algo, sonreía al verles a todos allí – de mayor voy a ser bombero.
Zuo Jung le cruzó la cara de una bofetada. Walter no se quejó, podía entender el porqué, él también lo había pasado mal sin saber si habían podido salir todos.
Sacudió la cabeza y musitó un "lo siento" que puso a su amigo al borde de un ataque de llanto. Dean se abrazó al muchacho rompiendo la tensión del momento.
- ¡Eh! Principito, ¿qué confianzas son esas?
Tuvo que callar al verse rodeado y abrazado por todos sus amigos. Cuando le soltaron sacó de debajo de la manta una caja de latón y se la dio al pequeño. Incómodo por la gratitud que podía ver en los ojos del chiquillo intentó de justificar la "tontería" que por poco le cuesta la vida.
- No podía permitir que las obras maestras de mi "tofógrafo" favorito se quedaran allí, ¿no?
La campana, en forma de potente derrapada y frenazo de un deportivo negro, le salvó de un nuevo abrazo.
Del asiento del copiloto se bajó un asustado John Winchester, casi sin esperar a que el coche acabara de detenerse. Corrió hacia su hijo examinándolo para asegurarse de que estaba a salvo. Bridget bajó a su vez del coche y sonrió al ver que los chicos estaban bien. Habló con Sorensen, se los llevaría a su casa esa noche. Era mejor que dejarlos dormir en el gimnasio. Mañana se preocuparían por el problema de la ropa.
CEF CEF CEF
Eran más de las tres de la mañana cuando los chicos se fueron a dormir. La conversación que había quedado aplazada con la llamada desde el colegio para avisar del incendio, no podía demorarse más. Era algo que ambos sabían y temían al mismo tiempo.
Sin embargo, lo ocurrido había variado los esquemas de John. Ella no sólo le había impedido conducir tal y como estaba, le había llevado, les había dado un sitio esa noche, había sabido qué hacer y cómo tranquilizar a los chicos, y a él. Tenía que darle un voto de confianza.
- ¿qué has decidido? – una tormenta interior se debatía en el corazón de la joven que no quería renunciar ni al confuso cazador que tenía delante ni al fantasma del gran amor de su vida.
- Hace unas horas te había dicho que me iba, pero… Si aún quieres, podríamos intentarlo.
- Suena bien
- Sólo que siempre habrá un fantasma entre nosotros
Ella podría haberse enfadado con la observación, o echarse atrás o llamarle soberano imbécil y demás lindezas. Pero le puso un café cargado delante y le acarició la revuelta pelambrera negra musitando "necesitas un buen corte de pelo"
- Hay algo más que un fantasma entre nosotros – la maestra sonrió con tristeza – me gustaría que aceptaras el hogar que puedo darte a ti y a tus hijos pero…
- ¿pero qué? – no quería que verbalizara sus propios temores pero…
- No lo sé. Tú y Yo… suena bonito ¿porqué no?
- ¿Qué temes?
- Que cuando llegue a quererte más que a nada, te irás…
- No puedo prometerte que no me iré. No se qué ocurrirá con nosotros. Tienes razón hay algo más que un fantasma entre nosotros, pero… - cogió el café, estaba helado ya, la miró a los ojos – Querría intentarlo.
- ¿Y Mary?
- ¿Y Fran?
- Vaya par de idiotas que estamos hechos.
La risa que comenzó siendo un escudo de sus respectivos miedos se transformó en complicidad. Los chicos estaban a salvo, todos dormían… ¿por qué no?
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