Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

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Capítulo No. 24

Esme se encontraba en la oficina de Bella, realizando llamadas al atelier y a algunas clientes, al mismo tiempo redactaba en ordenador un correo, en el cual hacía un pedido de telas de sedas y rasos, al girar en la silla tropezó con el codo su bolso y este cayó al suelo tirando fuera casi todo lo que tenía dentro.

— ¡Demonios! —exclamó exasperada doblándose para recoger las cosas que se habían salido de su cartera—. Esto sólo le pasa al coyote y a mí. —hablando con ella misma y se encontró con una tarjeta color champagne y no pudo evitar sonreír al recordar el episodio de su vida en la cual se la había ganado—. Pensará que soy una mal educada, le arruiné los zapatos y ni siquiera le he llamado… Sé que si lo hago la voz me va a traicionar y voy a parecer una cacatúa, pero podría redactarle un correo, tengo la oportunidad de leerlo varias veces y no meter la pata... Sí eso haré. —se dijo con decisión y una vez más se sentó en la silla.

Sin pensarlo mucho se fue a su cuenta de correo y escribió la dirección electrónica para después empezar a redactar, escribía un par de líneas y las borraba, cambiando de opinión o desistiendo de hacerlo, al final su mensaje fue corto y conciso en el cual se disculpaba una vez más por el rayón en el zapato y que estaba dispuesta a pagar el accidente con una cena, cuando a él le fuese posible. Sin pensarlo lo envió.

No era una niña virginal para estar ocultando sus deseos, después del incidente y de conocer a Carlisle Cullen en persona, en las noches cuando llegaba a su departamento tipo estudio se la pasaba observando fotografías en la web, encontrándolo cada vez más atractivo, los ojos celestes poseían transparencia lo que lo hacía un hombre de confiar.

Sabía que era caritativo y debía confesar que le encantaba. Y le caló en el corazón la última entrevista que le hicieron en la revista Forbes, donde después de nombrar las fundaciones de beneficencia que poseía y todas las donaciones que realizaba, sus palabras fueron "No solo quiero ser el hombre más rico de Brasil, también quiero ser el más humanitario"

Lo más seguro era que ni la recordaría con tantas cosas en su cabeza, no sería fácil llevar a cuesta tanta responsabilidad. La voz de Kelly Clarkson con Stronger irrumpió en el lugar ante la llamada entrante y el corazón se le instaló en la garganta al pensar que tal vez sería él, pero al ver el remitente todos sus sueños regresaron al pozo de lo imposible cuando divisó el nombre de Bella.

— ¡Hola! Estás viva, pensé que Cullen te había descuartizado. —olvidando a los extremos que a veces la llevaban sus pensamientos y sus ganas de tener a su lado un hombre que verdaderamente la quisiera.

—Esme, estoy bien… Vamos saliendo de Chicago, esto es maravilloso, estamos en una estación de servicio llenando el tanque… Bueno Edward está haciendo unas compras para el camino.

—Me imagino que se verán como unos recién casados —dijo sonriendo, sintiéndose feliz por Bella porque la escuchaba realmente entusiasmada, como nunca.

—Ni me lo digas que a todas las partes que llegamos es lo primero que nos dicen, a veces las personas se pasan de indiscretas e impulsivas, no miran antes que no llevamos ningún tipo de alianza, ninguna atadura.

—Es que se les ve muy bien juntos y aunque me maldigas, se les nota el amor.

— ¡Cursi! Estás perdiendo esencia Esme… Te estás volviendo soñadora, no es amor, solo es química, atracción, ganas, que se yo... Bueno te dejo ya tenemos que irnos, le das un beso y un abrazo a Charlie de mi parte.

—Está bien, lo haré, Bella no olvides las anticonceptivas porque me quito el nombre a que estás cogiendo a cada minuto.

—No exageres, sin embargo para tu tranquilidad y la mía, llevo muy bien el control. Besos para ti.

—Me traes algo —pidió sonriente.

—Bien lo haré.

La llamada llegó a su fin y la pelirroja dejó libre un suspiro y al ver la pantalla del ordenador, la bandeja de entrada indicaba un nuevo mensaje, al ver el remitente empezó a temblar sin control y el corazón se le instaló en la garganta.

Con manos trémulas apenas si podía guiar el cursor y abrir el mensaje, soltó el ratón y respiró profundo unas tres veces para calmarse, eso le ayudó en demasía y logró con éxito acceder al contenido.

Su boca se abrió y no pudo evitarlo, ante los nervios y en un intento por ponerse de pie, tropezó con sus tacones y cayó de culo.

— ¡Mierda! Soy la misma Julia Roberts en Mujer bonita… ¿Dónde habías estado toda mi vida Richard Gere? —se preguntaba al tiempo que se ponía de pie y con una mano le hacía un gesto a Charlie que la miraba desde la planta baja, para que supiera que estaba bien y con la otra se mimaba las nalgas—. Tengo que responderle, no sé si deba preguntarle que ropa usar… Ay ¡Dios mío! Lo siento por Edward, pero me le voy coger al tío, que las ganas que le traigo no son normales —dijo sonriendo y llevándose el dedo pulgar a la boca para morderse la uña—. Lo primero que haré será apartar una cita en el Spa, depilación total, aún no me toca, pero solo por si acaso, no quiero dar una mala impresión.

Sin perder más el tiempo envió su respuesta, era una locura pero estaba dispuesta a vivirla, prefería arrepentirse de los errores que lamentarse por cobardía.

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Jasper había llegado del grupo EMX entrada las seis de la tarde, se dio un baño y se colocó solo una bermuda playera blanca que apenas le llegaba a los muslos, llamó a Alice pero no logró comunicarse con ella, seguro ya había entrado a clases, decidió bajar a la cocina por algo de fruta, al abrir el refrigerador se encontró con unas rodajas de piña que sabía había picado Sonia antes de irse, por lo que agarró tres unidades y varias uvas las cuales colocó en un bowl de cristal y fue a entretenerte con el PlayStation, los vídeos juegos habían sido su gran vicio desde que tenía uso de razón, sabía que cumpliría cincuenta años y seguiría jugando, aunque debía admitir que le avergonzaba que la gente se enterara, de eso sólo tenía conocimiento, su hermano, padre y primo.

Se dejó caer en el mullido sofá de cuero negro, y se colocó el bowl en medio de las piernas mientras encendía el televisor y la PlayStation, esperando que cargara, se comió varias uvas e inicio la primera partida.

El chico se sumía en el juego, lo vivía plenamente, pero el timbre irrumpiendo con su sonido agudo en el espacio de juego amenazó con desconcentrarlo, pero no le prestó la mínima atención y siguió porque estaba seguro que sería el conserje por alguna tontería, esperaría a que se cansara y se largara.

Eso no pasó, los llamados se hicieron más insistentes, hasta el punto de hartarlo, no tuvo más opción que pausar el juego e ir a ver qué demonios pasaba.

—No he escuchado la alarma, no se quema el edificio lo que quiere decir que no es una maldita emergencia —mascullaba mientras se encaminaba a la puerta principal, ante su descontento olvidó mirar por el visor y abrió sin pensarlo.

El corazón cambió el ritmo de sus latidos drásticamente, así como la temperatura de su cuerpo aumentó, ante la expectativa y la sorpresa.

A Alice la sonrisa se le congeló e involuntariamente su labios se separaron ante el asombro y para ayudar a sus pulmones a llenarse de oxígeno, al tiempo que su cuerpo aumentaba los latidos, toda ella latía sin poder evitarlo, Jasper era perfecto sencillamente perfecto, su vista se agudizaba tal vez porque sus pupilas empezaban a dilatarse, ante esa ansiedad que le subía por los pies y se le arremolinaba en partes específicas de su cuerpo, como lo eran su entrepierna, su vientre donde se concentraba con más violencia, así como sus pezones empezaron a cosquillear.

Ver a Jasper solo con una bermuda tan corta y a la cadera mostrándole su cuerpo de acero era algo fuera del planeta como diría Katy Perry era sobrenatural, extraterrenal y aunque luchó, aunque quiso no mirar y no morderse el labio inferior no pudo hacerlo, sus impulsos eran más fuertes, estos no entendían de razón cuando sus ojos grises se posaron en la V de la parte baja de su abdomen, los oblicuos se marcaban perfectamente y en las venas azuladas que apenas se apreciaban. Si fuese una vampira olvidaría el cuello, se pondría de rodillas.

¡Era dorado! De oro, parecía ser de oro, no era un rubio pálido, de esos que parecían transparentes, era como si fuese hijo del astro rey, siempre había admirado las piernas de Cristiano Ronaldo y vaya que había mejores.

— ¿Juegas fútbol? —preguntó sin siquiera saludar, dejándose llevar por sus pensamientos los cuales dejaron de estar sólo en su cabeza.

—A veces… ¿Qué haces aquí? Me has sorprendido, pasa —dijo sintiéndose nervioso y tomándola por la mano para guiarla dentro del apartamento, cerrando con su mano libre la puerta.

Alice sentía el agarre en su muñeca y no pudo más que girarse, se acercó a él y se dio un tope contra el pecho masculino, solo quería constatar de no era una visión.

— ¿Pasa algo? ¿Quieres algo de tomar? —extrañándose ante la actitud de ella, aumentando con eso el nerviosismo en él que le acariciaba los cabellos.

—Agua —jadeó casi sin aliento, necesitaba calmar el calor que se extendía en su interior, ese que se propagaba rápidamente.

¡Malditos libros eróticos! Han enfermado mi mente. —se dijo en pensamientos.

—Bien, agua entonces… —llevándole una mano a una de las mejillas instándola a que lo mirara a la cara, porque estaba seguro que los latidos de su corazón retumbaban contra la frente de Alice.

Ella asintió en silencio y comprendió que debía brindarle espacio para caminar, sino podía hablar razón por la que no había contestado ninguna de las preguntas que él le había hecho no le truncaría el camino.

Jasper se encaminó a la cocina, agarró de la alacena un vaso de cristal y lo llenó a la mitad con agua, mientras Alice dejaba sobre uno de los bancos altos su bolso. Agarró el vaso que Jasper le ofrecía y sin poder evitarlo se la tomó de un trago.

— ¿Quieres más? —preguntó sonriéndole dulcemente, sin dejar de lado la sorpresa que lo embargaba. Ella asintió en silencio y le tendía el vaso.

Jasper lo llenó un poco más de la mitad, mientras la estudiaba con la mirada, aumentando las erupciones del volcán en actividad que Alice llevaba dentro.

La chica respiró profundo varias veces para controlarse un poco y bebió el agua de a pequeños tragos, para después dejar el vaso sobre la barra.

—No entré a clases me tocaba con María y no quería romperle la cara. —sus palabras fueron rápidas, sin siquiera respirar.

—Alice no debes permitir que ella interfiera de esa manera en tu vida, mientras estés en un entorno seguro no debes huirle.

—No le huí, solo le estoy dando una oportunidad para vivir —dijo subiéndose a uno de los bancos—. Estoy decidida, la mataré.

— ¿La matarás? —preguntó elevando una ceja ante el desconcierto.

—Sí, lo haré… —dijo con una decisión infantil que tocó las fibras de la ternura en Jasper.

—Supongo que entonces me tocará hacerte visitas los domingos, porque seguro te encarcelaran.

—No, no lo harán, tengo un plan… Sé que Edward puede declararme inimputable… Armaremos todo.

—No conoces a Edward entonces, él será el primero que te encerrará, para él primero está la justicia.

—Soy su amiga —indicó con cierto reproche.

—Eso a él no le va, es imparcial —dijo haciendo un mohín—. Es una mierda a la hora de hacer su trabajo y te meterá en prisión.

—Supongo que entonces solo la dejaré en coma. —dejando caer los hombros a modo de derrota—. Y… y tú no tendrás que visitarme solo los domingos, haré que todo parezca un accidente.

— ¿Qué programas de televisión estás viendo? —inquirió divertido acercándose a ella.

—Ninguno, sólo que desde que la arrastré en el parque, sé que no es tan fuerte como parece.

—No puedes estar todo el tiempo agarrándote a golpes, hay soluciones más diplomáticas.

—Un tiro entre ceja y ceja es más diplomático.

—Bien, tus clases de tiro han terminado, ya no te llevaré más al polígono.

—No… no yo quiero ir, me encantan las armas, ves que soy buena con la puntería —dijo en medio de pucheros tomándole la mano y halándolo hacia ella para después cerrar con sus brazos la cintura del rubio.

Las partículas en su cuerpo fueron estallando una a una ante el contacto, sin poder evitar la leve sacudida que evidenció lo que en su interior pasaba, era imposible ocultar tanta intensidad.

Jasper fue consciente y buscó inmediatamente la mirada de ella, tratando de encontrar las respuestas a las interrogantes que surgieron en su cabeza, saber si era nerviosismo o deseo y lo que encontró en los iris grises, pero más oscuro de que costumbre, hizo que una ráfaga de fuego recorriera su espina dorsal, en la mirada de Alice no solo había deseo, había excitación y desespero, ella ardía por él y no pudo evitar contagiarlo.

El chico llevó sus manos a la cabeza de Alice elevándola un poco para besarla, beber de su boca con esas ganas que había despertado, encorvándose para brindarle a ella más comodidad y que le ofreciera de igual manera sus ganas.

Deslizó con lentitud su lengua en la boca de Alice una y otra vez, llenándola y enloqueciéndola, arrancándole gemidos y forzándole la respiración, cuando ella se aventuró a tantear y rozar con la suya la de él, sólo se apoderó de la lengua de la chica succionándola y llevando la lucha a su boca, quería sentir que Alice lo invadía, que se atreviera a darle, que no solo se limitará a recibir.

Su ego soltaba aleluyas cada vez que tenía la certeza de que disfrutaba primicias con Alice, nunca había gozado profanar a ninguna otra chica como lo había hecho con ella, Alice despertaba emociones y miedos nunca antes experimentados.

Él percibió la necesidad en su novia de respirar, por lo que le bajó la intensidad a los impulsos y poco a poco brindándole espacio y tiempo, hasta convertir la profunda entrega en toques de labios, labios temblorosos e hinchados que evidenciaban el deseo que los calcinaba.

—Creo… Que tomé mucha agua… —la voz y respiración entrecortada evidenciaban la intensidad del beso—. ¿Me prestas el baño? —preguntó con la mirada fija en los labios de Jasper haciéndolo sentir que en ese momento él no era más que boca.

—Sí claro…. —estiró su mano derecha señalando un pasillo—. La tercera puerta.

—Bien, no tardaré —dijo bajándose del banco y se encaminó con pasos trémulos a causa de la excitación.

Jasper la vio alejarse, sin poder evitar posar su mirada en el trasero de Alice, sintiendo las pulsaciones torturar su glande y testículos, se llevó las manos a las caderas en forma de jarra y miró su miembro que empezaba a hacerse notar a través de la bermuda blanca.

—Cálmate… Cálmate, no te emociones. —manteniendo una conversación en voz baja con su pene que parecía no escucharlo, más bien tenía vida propia.

Alice, apenas llegó al baño bajó rápidamente sus pantalones de mezclilla y casi inmediatamente sus pantaletas, se sentó en el inodoro y dejó salir toda el agua acumulada, observando en ese momento la humedad que impregnaba su ropa interior.

Después de unos minutos salía y aún el corazón no dejaba de retumbarle en el pecho, caminaba y el televisor encendido del salón de al lado le llamó la atención percatándose del juego pausado.

— ¿Estabas jugando? —preguntó en voz alta entrando al salón de entretenimiento.

¡Mierda! Lo que me faltaba, ahora pensará que soy un retrasado. —caviló Jasper cerrando los ojos y dejando libre un suspiro.

—Solo un poco, estaba algo aburrido y hacía el intento —contestó agarrando el bolso de Alice y encaminándose al salón donde sabía estaba ella.

—Siempre he querido jugar algo como esto… Sólo algunos juegos tontos en el ordenador, no es lo mismo tener una PlayStation —dijo sonriendo y agarrando el control que reposaba en el mueble sintiéndose atraída por el aparato—. ¿Me dejarías usarlo?

—Claro, por supuesto… —dijo sintiendo como lo derretía con el solo hecho de que mostrase interés en el video juego ¡estaba perdido!

—Pero me explicas, porque no tengo idea, si es de guerra mejor.

—Sí es de guerra, pero estás muy sangrienta hoy… Bien te explico, aunque no se mucho de esto —dijo perdiendo la vergüenza, pero tratando de disimular que podía pasar horas en ese lugar y encaminándose dejó caer el bolso de ella sobre el mueble, apoyó una de sus manos en el espaldar y brincó por encima de este para caer sentado—. Ven aquí. —le pidió palmeando un lado del sofá.

—Me siento más en confianza así —dijo posando su mano en una de las rodillas del chico y lo instó a abrir las piernas, sentándose en medio de los fuertes y grandes muslos de Jasper, quien se mordió un jadeo ante la tortura a la que ella lo sometía—. ¿Qué tengo que hacer? —preguntó con el control en las manos.

El chico la rodeó con sus brazos adhiriendo su pecho a la espalda de ella, posó sus manos encima de la chica y le indicó que botones y palancas usar, para después iniciar nuevamente la partida.

Alice hacía el intento por jugar, al menos sabía caminar y agacharse para que no le volaran la cabeza, pero más allá de eso no podía, cuando tenía semejante tentación detrás y lo sentía forzado, apurado, sabía que estaba tan nervioso y ansioso como ella, pausó el juego sin previo aviso y agarró su bolso, empezó a buscar su teléfono móvil.

— ¿Cuánto tiempo necesitas? —preguntó agarrando por sorpresa a Jasper—. ¿Cuántas horas quieres para hacerme tu mujer?

—Alice… —chilló el pobre sintiendo que no podía más, había roto todos los índices de espera y estaba por estallar, era una necesidad que masturbarse pensando en ella no era suficiente para saciarse, enterró su frente en la espalda de Alice y cerró sus manos en las caderas tratando de controlarse para no hacer fuerte el agarre y asustarla, solo quería contenerse porque sus ganas iban a hacer que sus venas estallaran, nunca había sido un hombre de espera y el voto de castidad que llevaba a cuesta ya le pesaba demasiado.

Alice espero que su madre le atendiera la llamada lo cual hizo después del tercer repique.

—Mamá, me han puesto un trabajo en la universidad, debemos entregarlo el lunes… y necesito adelantarlo… Por favor déjame quedarme en la casa de Tía.

Amor sabes lo que te dijo tu padre —advirtió con sus voz cariñosa e infantil.

—Sí, lo sé mamá, pero es que necesito realizar ese informe, si no lo presento me van a reprobar la materia y entonces papá si se molestará conmigo, no tiene por qué enterarse, si quieres llamas a Tía y le preguntas.

Sabes que no es necesario, yo confió en ti mi vida.

—Gracias mamá… —tuvo que ahogar un gemido cuando Jasper deslizó una de sus manos de la cadera al vientre—. Seguramente nos dormiremos tarde, le diré a su papá que me lleve al medio día, no quiero abusar de las horas de descanso de Tía.

Está bien mi niña… Eso sí, promete que vas a mejorar esa nota y que me llamarás antes de irte a la cama.

—Si mami prometo que te llamaré y me voy a esforzar para aprobarla, adiós.

Adiós mi nena, te amo.

—Yo también —dijo y colgó para después lanzar el teléfono a la alfombra y pegar su espalda a Jasper así como sus caderas exigían más espacio en el sofá y su trasero se acopló entre los muslos de su novio—. ¿Crees qué es suficiente? —preguntó apoyando sus manos sobre las de él y su cabeza se hundió en el pecho.

—Sí es suficiente —dijo agitado ante la excitación que corría como caballo salvaje, y le tomó la mandíbula ayudándola a mover la cabeza y que lo mirase, ambos se perdieron en las miradas por varios segundos y el corazón de Alice latía tan fuerte que Jasper podía sentirlo—. ¿Tienes miedo? —preguntó en un susurro, acortando la distancia entre sus rostros.

—Un poco, pero no de ti… Lo tengo de mí, de que no te guste cuando me desnude… No me gusta mi cuerpo —murmuró sin poder esconder sus demonios.

—Yo te daré mi opinión, pero me tienes que dejar verlo… —susurro mirándola a los ojos y acariciándole con el pulgar la línea de la mandíbula.

—No te va a gustar… —advirtió en un murmullo que él calló con sus besos.

— ¿Tienes una joroba? —preguntó contra los labios temblorosos de Alice quien negaba en silencio—. ¿Tienes siete dedos en el pie izquierdo? —seguía con su interrogatorio en medio de dulces y tiernos toques de labios y Alice una vez más negaba—. ¿Eres hermafrodita?

—No soy Lady Gaga… —contestó con voz temblorosa pero divertida.

—Me alegra saberlo, es un alivio… —deslizó lentamente una de sus manos hacia abajo, por el abdomen de la chica arrancándole temblores y que su cuerpo se arqueara de placer cuando se apoderó de su centro, tocándolo por primera vez de esa manera y aunque fuese por encima del jean, él mismo sentía que estaba atentando contra su seguridad—. ¿Tienes tentáculos devoradores como los de la princesa Clara de la casa de los dibujos? —sin poder ocultar la picardía.

Alice a pesar de todos los estremecimientos de placer agónico que la asaltaban no pudo evitar sonreír y negar con la cabeza.

—Entonces estoy seguro que me gustará. ¿Me dejas tocarte? —preguntó en un jadeo que evidenciaba sus anhelos.

—Ya lo estás haciendo —contestó contorsionándose para soportar los temblores de su cuerpo que parecía de gelatina.

—Lo haré de otra manera —advirtió y con sus dedos pulgar e índice se apoderaba del botón del jean, lo deshojó y con lentitud bajó el cierre, haciéndose espacio entre las bragas, el cuerpo de Jasper se sacudió al sentir la tersa piel del monte de venus de Alice, mientras conquistaba terrenos inexplorados, estaba descubriendo la tierra prometida, esa en la cual solo habitaría él.

—Jasper… —chilló con el pecho a punto de reventar, los dedos tibios, fuertes y gruesos de él no se comparaban a los de ella.

—Eres suave Alice… Eres muy suave. —le hizo saber paseándose por los labios vaginales con lentitud, podía sentirlos palpitar contra la yema de sus dedos, cerrándole con un brazo la cintura para que el cuerpo enardecido de ella le permitiese darse el placer de tocarla y sus labios aventureros se lanzaron a explorarle el cuello y ella le regalaba un concierto de gemidos.

—Jasper… Me quemo… Me estoy incendiando… Por dentro —decía agitada sin poder abrir sus ojos, solo disfrutando de sentirlo a él tocarla.

—No vas a explotar, solo derretirte un poco… Pero eso es sano para el organismo —murmuró al tiempo que la levantaba en vilo y la sentaba sobre sus piernas.

Alice en un acto reflejo por sentir más y calmar esa necesidad que dolía y palpitaba contra los dedos de Jasper, llevó su mano a la de él y lo instó a que se aventurara un poco más, que entrara porque el solo roce suave de las yemas de los dedos la estaba enloqueciendo, cuando él captó la señal, separó los pliegues con cautela y ella voló con sus manos a la espalda buscando a ciegas el torso de su novio y con manos torpes empezó a acariciarlo.

El brasileño, sabía que la entrega era inminente, que el cuerpo de Alice dejaría de ser virgen en sus manos, sin embargo la seguiría venerando, de eso estaba seguro, la haría mujer como lo hizo con tantas otras que pasaron desapercibidas, ella era diferente, no podía explicarse a sí mismo cuál era la diferencia que marcaba, la sentía escabullírsele por el cuerpo y no solo atacaba su anatomía, también sus emociones. Dejó de tocarla y sacó la mano, con esto arrancándole protestas que no salían de la boca Alice, fue el cuerpo el que se reveló cuando cerró los muslos y le capturó la muñeca.

—Debemos ir a un lugar más cómodo… No tengo preservativos aquí. —le hizo saber ahogándole el aliento en el oído.

—Disculpa… —y en un movimiento abrupto abrió las piernas y regresaba a la realidad, sintiéndose avergonzada y aunque sabía que Jasper no necesitaría ningún método anticonceptivo prefirió no decirle de momento.

—No tengo nada que disculpar, me deseas de la misma manera que yo… Ya no perdamos tiempo. —le dijo poniéndola de pie y él también lo hacía.

—Entonces corramos —pidió solo abotonándose el pantalón de mezclilla dejando el cierre abajo y emprendió la carrera, salió del salón de entretenimiento, escaleras arriba, mientras era seguida por Jasper.

Al llegar a la primera puerta abrió para entrar, pero el rubio alcanzándola y reteniéndola por la cintura le evitó la intromisión.

—Esta es la habitación de Edward y si se entera que lo hicimos aquí, me cortará las pelotas y tú serás la más afectada. —elevándola del suelo y llevándola con él a su recamara, otro privilegio para Alice, nadie más que su familia conocía ese lugar y en medio de la neblina de su excitación comprendió que Bella también era esa mujer que marcaba la diferencia en Edward, dejarlas morar en sus habitaciones era como abrirles una puerta a su intimidad, a lo que ellos eran realmente, todo lo que podían ser más allá de unas horas de sexo.

—Sería excitante —dijo con picardía sintiendo como Jasper la elevaba con uno solo de sus brazos.

— ¿Sabes lo que es excitante? —preguntó abriendo la puerta de su habitación y dejándola sobre la alfombra negra de visón.

Alice caminó hacia el lecho mientras admiraba la habitación de su novio, grabándose los gustos de él en la memoria, se sentó al borde de la cama y se deshizo de los zapatos, sintiendo la mirada arrolladora de Jasper que se encontraba a pocos pasos.

—Claro que sé lo que es excitante, estar aquí contigo lo es —dijo subiéndose a la cama y poniéndose de pie sobre esta.

— ¿Estás excitada? —inquirió con tono seductor y acercándose peligrosamente—. ¿Te excito? —disfrutaba haciéndole ese tipo de preguntas, porque Alice se sonrojaba pero no se avergonzaba, no era como las otras que se vestían de ovejas camino al matadero y lo miraban como si fuese un depredador.

Alice era una loba, tenía pureza, belleza y ternura, pero también poseía seguridad y sinceridad, era eso lo que más aceleraba sus latidos. Esa mezcla de inocencia y malicia.

—Desde el mismo instante en que te vi… ¿Acaso no lo notaste? —preguntó sorprendida.

—No… no lo noté, no me dejaste notarlo, los primeros cinco minutos solo aprecie tu belleza, el hermoso color de tus ojos.

— ¿Y después de los cinco minutos? —preguntó sin dejar de saltar sobre la cama.

—Empezamos a correr —dijo alzándose de hombros.

— ¿Y mientras corres no piensas?

—No, mientras corría trataba de mirarte el culo —dijo con toda la sinceridad que caracterizaba a los Cullen.

—Si no tengo nada —acotó soltando una carcajada.

—Eso es lo que crees.

—Es la realidad… Jasper sé que no soy una mujer con un cuerpo escultural, ya quisiera tener el cuerpo como Bella.

—No necesitas tener el cuerpo como Bella, así me gustas… Como eres, por lo que eres, no crees que estamos hablando mucho ¿dime que quieres hacer? Porque creo que tu síndrome de resorte se debe a que estas nerviosa.

—Sí claro que estoy nerviosa, pero más que eso estoy emocionada, porque… —sin previo aviso se lanzó de la cama a Jasper quien gracias al cielo contaba con unos excelentes reflejos y la atajó, Alice se aferró con sus piernas a la cintura de él y con los brazos al cuello—. ¿Quieres saber por qué estoy emocionada? —preguntó mirándolo a los ojos y acercándose le dio un lento toque de labios.

—Te juro que no hay nada más que quiera saber.

—Porque al fin me voy a quitar estas ganas que tengo de ti. —murmuró y lo besó de la manera más lasciva que hasta el momento sabía, no se comparaba a los besos de él, a esos que la arrastraban por las mejores emociones, pero se estaba esforzando para hacerlo bien.

—Me desconciertas Alice —dijo en medio de los besos de la chica y poco a poco la llevó a la cama dejándola a ella descansar sobre esta y él se apoyó con rodillas y manos para no dejar caer todo su peso sobre la chica porque estaba seguro que la sofocaría, dejándole las riendas sueltas a Alice para que lo besara como ella quería, brindándole la confianza en la entrega, trataba de no desbocarse con su experiencia, más bien se convertía en el conejillo de indias y que practicara con él.

A ella rápidamente le faltaba el oxígeno y eso era a causa de la excitación, no debía hacerla esperar mucho por lo que se elevó sentándose sobre sus talones, desabrochó el pantalón y se aferró al borde con fuerza, empuñando el jean y atado a la mirada gris, empezó a bajarlo deteniéndose en los muslos cuando ella empezó a temblar.

—Sigue… —pidió Alice casi sin voz y ante la orden envuelta en deseo, él prosiguió, esta vez con un poco más de rapidez, logrando deshacerse por completo de la prenda la cual dejó caer en el suelo, la mirada celeste recorría con lentitud las largas y delgadas piernas, pero verlas no bastaba por lo que sus manos cerraron los tobillos femeninos y con lentitud inició el ascenso.

A medida que sus palmas avanzaban, aumentaba el influjo de la respiración en ambos y ella jadeó cuando el tacto aventurero de Jasper reclamaba la piel de la parte interna de los muslos, paso a las caderas, evadiendo tocar el triángulo de placer que lo incitaba y se aferró a las bragas, empezaba a bajarlas cuando ella le detuvo las manos y entonces el descubrió en ella, las dudas, los temores de esa chica virginal que aún se resistía, abandonó la labor, dejándolo para más adelante.

Él sabía que ella empezaba a doblegarse ante la mirada, el nerviosismo en aumento en ella era evidente por lo que prefirió no mirarla desde tanta distancia y una vez más se posó sobre ella, tratando de mantener el equilibrio y no dejarle caer su peso.

—Sé que quieres hacerlo, pero también sé que tienes miedo y no quieres decirlo.

—No tengo miedo… Sólo que no puedo controlar mi cuerpo. —le dijo acariciándole los hombros al chico y elevando la cabeza para besarlo.

Jasper se unió al beso sumergiéndola en las sensaciones que despertaba la humedad de su boca, de su lengua girando y deslizándose en la de ella, mordiéndole los labios, abarcando todo, como si quisiera comerla de un mordisco y su piel en guardia sentía la manos de él desvistiéndola, le quitó la franela apenas separando sus bocas para darle permiso a la prenda.

El brasileño perdió el equilibrio y la hizo partícipe de su erección, de esa protuberancia que dolía ante al espera y el deseo, Alice abrió la boca no en un jadeo sino bebiéndose el aliento de él, robándosele el alma en medio de suspiros y sus mejillas se arrebolaron intensamente al sentirlo amenazando en su vientre.

Las manos de Alice empezaron a reclamarle sentir la piel de Jasper, necesitaba que les brindara el roce, por lo que las caricias no se hicieron esperar, se posaron en la espalda del chico y la piel de él caliente y trémula despertaron un cosquilleo alucinante en las palmas de ellas que empezaron a mostrarse ávidas, recorriendo torpemente cada músculo, aferrándose en los omóplatos con fuerza para menguar las punzadas de agonizante dolor que se apoderaban de su centro.

Jasper recorría con sus labios el cuello, moraba en este con suaves besos y tímidas succiones, evitando alguna marca poniéndole frenos a sus ansias y ella lo arrullaba con sus suspiros, esos que indicaban que le gustaba la experiencia que él le ofrecía.

Las manos de Alice a cada segundo se volvían más impúdicas, agarraban esa confianza que la espalda y costados de Jasper le brindaban, al llegar a las caderas masculinas se tropezó con la barrera que la bermuda le ponía, sin ser consciente, introdujo una de sus manos, esa que se encontraba hambrienta de piel, tocando una de las nalgas del rubio ese roce hizo estallar en ella un deseo animal, por lo que sus piernas involuntariamente se abrieron y trató de subir un poco más, solo un poco más para que la erección de Jasper dejará de torturar su vientre y calmara la ansiedad entre sus muslos.

El pudor siempre asaltaba cuando menos se lo esperaba, un rayo de cordura atravesaba el espeso follaje del deseo y le obligó a retirar la mano esa que se daba la más grande de las fiestas.

—No hay problema…. —murmuró él en el oído de ella, para después rozar con la punta de su lengua la oreja y una de sus manos guiaba a la de Alice, nuevamente a su nalga—. Si quieres aferrarte a mi culo, no voy a oponerme.

—Puedo… ¿Puedo bajarlo un poco? —preguntó al sentir la elástica presionarle la muñeca.

—Puedes quitármelos… Desnúdame Alice. —abandonó el cuello de la chica y buscó la mirada gris—. Quiero que te familiarices con eso, porque te tocará hacerlo… Muchas, muchas veces. —apenas terminó de hablar bajó con su boca al pecho de la chica y mientras sus labios se daban el placer de sentir los latidos del corazón de Alice retumbando en ellos, sus manos se hicieron espacio entre la espalda y el colchón, encontrando a ciegas el broche del brassier y sin dejarle a ella tiempo de arrepentimiento le quitó la prenda y elevó el torso para mirarlos.

Alice en un acto reflejo cruzó los brazos sobre sus pechos desnudos, sintiendo como la vergüenza la atacaba sin previo aviso, temerosa, porque sabía que su pecho era plano, no era para nada atractivo y al verlos bajaría la excitación en Jasperr.

Él le regaló una sonrisa que demostraba la ternura que lo invadió en el momento y llevó sus manos para descubrir ese tesoro agitado por la respiración, pero ella solo negaba con la cabeza.

— ¿Tienes miedo? ¿Ya no quieres hacerlo? —indagó en voz baja, acariciándole las manos.

—No tengo miedo… Es que, soy una tabla… Jasper, parezco un hombre. —sin poder evitar ser torturada por su baja autoestima, no la dejaba salir del pozo en el cual la sumergía.

—Alice… deja que sea yo quien saque las conclusiones de lo que eres… Eres muy dura contigo misma, muéstrame a esa chica maravillosa que me deslumbra. —llevó sus manos a los costados de la chica y empezó a hacerle cosquillas—. Regálame tu risa encantadora… Por si no lo sabes poseo un súper poder.

—No te creo —dijo sonriendo y apretando aún más los brazos cruzados sobre sus pechos—. A ver, dime... —soltando carcajadas por las cosquillas que Jasper le regalaba.

—Tengo visión de rayos X, ya te he visto y ¿adivina qué? —preguntó con picardía, acercándose nuevamente al oído.

—No soy adivina, señor con mirada de rayos X. —sin darse cuenta como él una vez más la llenaba de confianza.

—Tienes las tétitas más hermosas que he visto… Y he soñado muchas veces que las he saboreado, quiero que mis sueños se hagan realidad. —la hipnotizaba y excitaba con sus palabras, Alice no se percataba de como él le quitaba las manos y se apoderaba de éstas fijándolas al colchón—. Tú tienes el poder en este momento, todo el poder ¿me dejarás probarlas? —preguntó en medio de un puchero y la respuesta de ella fue un asentimiento titubeante.

—No soy tan arriesgada como parece —murmuró sintiendo que la mirada de Jasper sobre sus pechos encendía llamas, los pezones le cosquilleaban y su centro se ahogaba, los temblores aumentaban rítmicamente a medida que él se acercaba, cuando el calor de su aliento se estrelló contra su piel sonrojada y podía sentir de igual manera la respiración, los pezones empezaron a doler y a asomarse como nunca antes.

¡Estas sensaciones no les leí en ningún libro! Pensó cerrando los ojos y sintiendo que moriría, los latidos del corazón retumbaban en cada particular de su cuerpo, el oxígeno estaba a punto de agotarse.

Jasper atrapó con sus labios la cima que se había vuelto dura e hinchada y comenzó a succionar con brío. Y todas las terminaciones nerviosas que la naturaleza había tenido la generosidad de colocar en aquel lugar respondieron al mismo tiempo, creando una reacción maravillosa que destruía todas las barreras, todas las ideas preconcebidas de lo que podía significar la boca de Jasper sobre su cuerpo.

Mientras se movía, arqueando las caderas sin ser consciente de ello, no podía haber comparación alguna con lo que tenía lugar en ese momento bajo la destreza exquisita de los movimientos de su novio.

—Jasper —gimió el nombre del chico, aferrándose a los amplios y fuertes hombros, no quería enterrar sus uñas en la piel de su hijo del Sol, pero toda esa energía agitada en su ser la haría explotar si no lo hacía.

Cuando Jasper la escuchó gemir, permitió que sus dientes se cerraran con gentileza sobre el pezón rosado. Luego la caricia de su lengua remplazó aquel contacto casi doloroso para ella, pero también placentero, de eso estaba seguro y su vientre empezaba a cosquillear ante la grandeza de tener uno de los senos de Alice en su boca, mientras él otro lo cubría con su mano, casi… casi no se lo podía creer.

Alice no podía respirar. No quedaba más aire en el universo, nadie había habitado antes ese mundo ni lo haría después. Los dientes de él rozaron de nuevo su carne, esa vez con suavidad, era consciente del calor que latía entre sus piernas, ardiente y, sin embargo, húmedo, palpitante. La sensación de la boca de él era primitiva, oscura y elemental, sabía que empezaría a depender de esta dosis de placer.

Sus caderas danzaban con vida propia y sus manos atrevidas empezaron a bajarle la bermuda casi con desespero, apoyaba los pies en el colchón y se elevaba buscando saciar los latidos en su centro, mientras la boca de Jasper le robaba la cordura.

En medio de besos, succiones y suaves mordiscos Jasper le ayudó a desnudarse y con movimientos rápidos y algo violentos que no pudo controlar bajó las bragas de la chica, se incorporó y una vez más se sentó sobre sus talones para retirar la prenda, ya ella no mostraba vergüenza, el deseo era más poderoso y burbujeante como para dejar que el pudor se interpusiera.

—Ya no puedo más Alice, si no lo hago ahora quedaré muy mal parado y nunca más vas a querer coger conmigo.

—Eso es imposible —dijo casi sin aliento y su mirada curiosa dio un vistazo a la erección, la había sentido, pero verla era muy distinto, los pocos penes que había visto en la web, no le causaron la sensación agónica en su vagina que protestaba, lo reconocía y sabía que eso era para ella.

Si me va a entrar, si me va a entrar. —caviló cerrando los ojos y tratando de apegarse al mantra.

—Quiero saber si estás lista… Te voy a tocar. —le advirtió y ella asintió temblorosamente.

Jasper llevó una de sus manos y no la tocaba cuando sus labios vaginales empezaron a palpitar frenéticamente, cuando las yemas de los dedos de él hicieron el primer contacto una lágrima de líquido la sorprendió al salir de su centro, no le dio tiempo a avergonzarse porque él le nubló toda consciencia al hurgar en su vagina.

—Estoy lista… —chilló arqueándose.

—Sí… Sí lo estás, ya no hay vuelta atrás Alice, vas a ser mi mujer, te voy a hacer mi mujer… Me quedaré con tu inocencia y nunca tendré como pagar este regalo que me haces.

—Jasper… Tú me regalarás lo que seré de ahora en adelante —murmuró, pero fue suficiente para que él escuchara y la tomó por las manos instándola a elevar el torso, dejándola sentada sobre sus muslos, buscó la boca de la chica y la besó una vez más.

El beso fue pausado y él estiró la mano al cajón de la mesa de noche a ciegas buscó los preservativos y el sonido del empaque le hizo saber que lo había encontrado, con los dientes rasgó el empaque y fue consciente de lo nervioso que estaba cuando se lo fue a colocar y sus manos temblorosas lo mostraban como un imbécil.

Al lograrlo, tomó las caderas de Alice y la elevó un poco mirándola a los ojos, perdiéndose en su chica hermosamente despeinada.

—Tú tienes el control, sabes hasta donde llegar.

— ¿Qué hago? No soy una tonta, sé que hacer… Sólo que estoy nerviosa… ¿Dolerá? —preguntó mirándolo a los ojos.

—Tal vez, sólo un poco, pero sé que eres valiente. —le dijo guiñándole un ojo y anclando las manos en las mejillas—. Prometo seguir excitándote para que todo sea más fácil. —se acercó en busca de la boca, ahogándose en un beso compartido, las caricias de Jasper no se hicieron esperar y en pocos segundos recorrían la espalda de la chica, hasta encerrarla entre sus brazos.

Alice se aventuró vacilante sintiendo como el miembro caliente de Jasper se encontraba firme como soldado y rozándole la parte interna de los muslos, en un movimiento involuntario de su pelvis se dio el primer contacto con su centro y este reclamó sentirlo más, en medio de ligeras sacudidas, lo retuvo en la entrada y poco a poco empezó a descender, pero el indomable se escapó, lo intentó una vez más y obtuvo el mismo resultado, mientras Jasper con sus besos en el cuello la estaba enloqueciendo, llevándola al punto de descontrol, arrastrada por la lujuria que la cegaba y no le dejaba ser consciente en el momento que lo agarró, haciéndole saber quién tenía el control.

Dios nada más maravilloso. —un atisbo de cordura le hizo disfrutar del sonido que se escapó de la garganta de su novio, lo podría comparar con el gruñido de un animal.

No perdería la oportunidad y lo apretó suavemente y aflojó en un par de oportunidades, sintiéndolo, duro, caliente, pero también latía, lo sentía latir, nunca pensó que tener un pene en sus manos sería algo tan ¡Interesante!

—Si sigues haciendo eso… Me voy a correr y tendrás que esperar un poco más para dejar de ser virgen. —apretándola entre sus brazos y contendiendo los impulsos de tirarla en la cama y penetrarla de una vez por todas.

—Lo siento… Me gusta como se siente —murmuró y una vez más hizo el intento, esta vez sin soltarlo para que no se escapara, cuando lo sintió irrumpir en sus entrañas, él empezó a temblar y la respiración era como la de un animal furioso, demasiado evidente y ella lo sentía, como se abría espacio, resbalando, colmando centímetro a centímetro, la presión era cada vez más fuerte pero no era doloroso, algo incómodo solo eso.

La barrera que certificaba su pureza se interpuso en el camino, ella podía sentirlo, estaba segura que Jasper también, entonces recordó el consejo de su amiga Tía donde le decía que cuando ese momento llegara no perdiera el tiempo y lo hiciera rápido, así se evitaría la tortura, que le pidiera a su novio que no dudara en hacerlo, pero no contaba que quien tendría el control sería ella.

Cerró los ojos, dejó libre un suspiro y después retuvo la respiración, se dejó caer, sin ningún cuidado y la punzada de dolor se extendió por su vientre, algo soportable y se preguntaba si eso era todo o aún había algo más.

Jasper le tomó las caderas y la hizo danzar, despertando con eso algo primitivo en ella, el desespero se apoderó de su cuerpo y empezó a moverse como su cuerpo le pedía que lo hiciera, el aliento se le escapaba mientras se aferraba al cuello de su novio.

—Ya eres mi mujer… Bienvenida. —le dijo encarándola y sonriéndole—. ¿Cuánto ha dolido?

—No ha dolido… Me siento bien… Sólo me arde un poco… Pero no puedo detenerme, esto es demasiado… Placentero. —murmuraba ella al ritmo del bamboleo de sus caderas.

—De aquí en adelante… Vamos a coger a cada rato, ya no hay marcha atrás.

—No quiero dejar de hacerlo… Quiero que lo hagamos todos los días… No sé cómo haremos… Jasper esto es maravilloso. —un grito de sorpresa se escapó cuando él se dejó caer en la cama y la arrastró, acostándola sobre su pecho—. Se ha salido. —le hizo saber como si Jasper no se hubiese enterado de que su pene se había escapado.

—Tienes que domarlo, muéstrale quien manda. —le dijo sonriente.

Alice llevó una de sus manos y una vez más lo atrapó regresándolo a su centro ansioso.

—Yo mando —dijo divertida y no pudo evitar jadear al sentir como él se removía un poco.

—Ahora sabrás lo que es un orgasmo verdadero, no los que sientes cuando te tocas… —con una de sus manos en la cadera de la chica la ancló y con la otra se aventuró por el clítoris, del cual se apoderó con el pulgar.

Se apoyó con los pies en la cama y dio inicio a sus embestidas, mientras que el dedo hurgaba y merodeaba.

Alice no aguantó el minuto cuando empezó a jadear y a decir su nombre una y otra vez con dientes apretados que retenían en ocasiones los bramidos de placer, él tampoco duró mucho y era algo que ya esperaba, después de tanta espera, el orgasmo reventó en muy poco tiempo y sin embargo ninguno de los que había experimentado en su vida se había comparado con el que acababa de estallar. Le nubló la razón, lo hizo desfallecer y emocionar.

Alice se dejó caer pesadamente sobre su pecho y temblaba como si tuviese escalofríos, al igual que él, era algo que no podía controlar, sin embargo con manos trémulas le regaló caricias a la espalda de la chica, que lo cegaba con su cabellera.

— ¿Estás bien? —preguntó en un murmullo.

—Me voy a morir… Se me va a explotar el corazón —contestó recorriendo con sus dedos los costados del rubio, dándose el placer de sentir cada músculo en este.

—Eso no pasará, en un momento volverá a su ritmo normal.

— ¿Y si no pasa? ¿Y si me da un infarto?

—Entonces haremos la secuela de Romeo y Julieta, pero recién cogidos. —descubriendo el rostro de la chica, desenterrándolo de los cabellos castaños, ella no pudo evitar reír.

— ¿Lo haremos otra vez? Aún tengo hasta mañana al medio día, podría alargarlo hasta la tarde.

—Sí lo haremos otra vez, pero primero vamos a bañarnos y a descansar un poco. —tomándola por la cintura y acostándola a un lado para poder deshacerse del preservativo el cual mostraba la prueba de que había sido el dueño de la inocencia de su chica.

Jasper se puso de pie y le tendió la mano con esa sonrisa que a ella enloquecía.

Alice no pudo evitar llenarse la vista con el cuerpo desnudo de Jasper y debía confesar que se veía menos amenazante con la rigidez casi perdida de su miembro, jaló una sábana para cubrirse, pero Jasper no lo permitió.

—No me siento cómoda. —le hizo saber tratando de agarrar nuevamente la sábana.

—Alice, me gusta verte desnuda, esperé mucho tiempo para hacerlo y no hay nada más excitante y sensual que el tatuaje.

—Mis piernas son muy feas.

—Tus piernas forman parte de tu cuerpo y a mí me encantan. —jalándola por la mano y la hizo caminar.

Entraron al baño y se decidieron por la ducha, ya que no querían esperar a que la bañera se llenara.

Alice solo sentía una pequeña molestia, eran como punzadas de vez en cuando que no interferían en la felicidad que sentía, compartir la intimidad a tal punto con Jasper nunca lo creyó posible, sabía que bañarse ya no sería lo mismo, no cuando le tocara hacerlo sola.

Él le frotaba el abdomen y ella unía sus manos para recoger agua, la cual se llevó a la boca, sintiendo ganas de jugar, expulsó el agua de su boca en un chorro el cual se estrelló en el pecho de Jasper, quien miró sonriente lo que hizo y se le dio por imitarla. Entre risas y abrazos terminaron de bañarse.

—Vamos al vestidor y eliges alguna de mis camisetas. —entregándole una toalla a su novia, con la cual se envolvió.

Jasper se colocó un pantalón de chándal azul eléctrico, mientras Alice rebuscaba entre las camisetas.

—Voy al armario del pasillo por sábanas. —le dijo. Ella asintió en silencio y siguió buscando.

El rubio antes de salir de la habitación quitó las sábanas de la cama y se las llevó al cuarto de lavado, las lanzó a las cestas y vio unas perfectamente dobladas sobre la mesa de planchado, aprovechó y las agarró para no tener que buscar en el armario del pasillo.

Al entrar a la habitación Jasper tuvo que tragar en seco y obligarse a que la mandíbula no le cayera al suelo, Alice saltaba la barrera de lo predecible, se emocionó tanto que un remolino de lágrimas se le anidó en la garganta, tal vez producido por la admiración de la cual no podía salir.

—Nada más perfecto en la tierra —dijo encaminándose y dejando caer las sábanas sobre la cama—. Mi chica con la franela de mi selección. —admirando lo bien que se le veía la franela de la Canarinha

— ¿Te gusta cómo se me ve? —preguntó dando una vuelta.

—No solo me gusta, me excita… Esto tengo que eternizarlo —dijo y corrió a la mesa de noche—. ¡Mierda! No tenemos los móviles aquí, voy a buscarlos, no te vayas a ningún lado.

—No me iré a ningún lado.

Jasper corrió, pero antes de salir regresó hasta donde se encontraba la chica y le dio un sonoro beso.

—Perfecta… Perfecta. —y una vez más emprendió la carrera, para regresar al minuto con los teléfonos en mano.

Perdió la cuenta de cuantas fotos tomó, algunas en su mayoría de Alice sola y en algunas aparecía él.

—Te compraré una femenina… Desde ya te pido que no te comprometas con nada porque te vas conmigo al mundial.

—Faltan diez meses para el mundial —dijo besándole el pecho.

—Bueno te estoy reservando con tiempo… Porque de que nos vamos, nos vamos, así me toque secuestrarte y estoy seguro que vamos a levantar nuestra sexta copa mundial y Brasil se va a caer, te quiero conmigo celebrando.

— ¡Está bien! Iré con mi chico por primera vez a Brasil y a un mundial de fútbol… ¿Pero no debería apoyar a mi país? —preguntó al ser consciente.

—Vamos Alice, Estados Unidos en fútbol es una mierda, solo da vergüenza, béisbol te lo acepto, básquet, pero en el fútbol los brasileños somos los mejores, así como los carnavales, nadie nos gana y te quiero de Verde-amarela —hablaba emocionado.

—Tienes razón —dijo haciendo un mohín—. Pero me prometes que me ensañarás a bailar samba.

—Prometido, es más te voy a poner a una profesora.

— ¡Ay que emoción bailaré samba! —lanzándose a él aferrándose con sus piernas a la cintura del chico.

—Sí tendrás que aprender porque quiero que me hagas una presentación ya después te diré como, ahora quieres ver que porquería hay en la TV o nos vemos una película.

—Una película.

Después de algunos minutos Alice y Jasper se encontraban en la cama disfrutando de una película de acción. Para después quedarse profundamente dormidos, ella se abrazó a él descubriendo lo maravilloso que era dormir en compañía del hombre que quería, del calor tan reconfortante que su cuerpo le brindaba y como los latidos de su corazón la arrullaban.


Espero que les haya gustado el capitulo.

¿Qué les pareció?

Esme y Carlisle saldrán juntos ¿será que la pelirroja se lo c…?.

Bueno… por fin paso lo que tenia que pasar entre Alice y Jasper.

En lo que se enteren Edward y Aro enloquecerán.

No creen que merezca Reviews.


Adelanto del siguiente capitulo…

Involuntariamente se mordió el labio inferior al quedarse engancha en el culo del chico, sus impulsos arrebatados le ganaron la partida y como una niña traviesa se encaminó con cuidado y subió a la cama, con precaución jaló la sábana la cual se amarraba a la cintura, una de las grandes ventajas de dormir desnudo era que no tenía que retirar tanta tela estorbosa.

Las nalgas al descubierto solo la incitaban de manera desmedida por lo que con sus manos cayó sobre estas y las apretó con fuerza así como se prendió con sus dientes de una, despertándolo de manera sobresaltada.

¡Bella! ¡Mierda! —exclamó ante el asombro y la presión en el culo—. Suelta… suelta. —le pedía y ella no lo soltaba, con esto solo arrancándole carcajadas que eran interrumpidas por jadeos de dolor.