Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de shasta53, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora. Thank you, Shanda, for letting me share this in Spanish.

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Capítulo 25

Al final, Ed y Elizabeth estaban muy emocionados de recibir una razón para extender su estancia; habían programado irse el jueves a la mañana. Charlie dijo que arreglaría para cambiar turnos con Mark, su adjunto, para estar ahí. Sin embargo, Renée estaba demasiado ocupada con el equipo de Phil para volar de nuevo aquí.

Lo siento mucho, cariño —dijo casi sonando afectada cuando finalmente me devolvió la llamada a las cuatro de la tarde del martes—. Tenemos un gran juego el jueves, y no me lo puedo perder. Llámame y avísame cómo va.

Puse los ojos en blanco. No había esperado nada menos, pero todavía dolía saber que el juego de Phil venía antes que mi hijo.

—Claro, mamá. Dile a Phil y a los muchachos que les deseo buena suerte.

Colgamos después de unos cuantos comentarios básicos. Me golpeé la cabeza contra el escritorio, y después solo me quedé mirando al espacio. La parte racional en mí decía que no importaría si ella estaba allí o no, pero mi corazón —y la niña de diez años en mi interior— estaban heridos por su rechazo.

Sin embargo, tuve que dejarlo de lado y pasar algún tiempo en los problemas de mi último paciente. Mary había tenido otro episodio, y sus visiones esta vez habían sido de un gran accidente automovilístico. Se lo había descripto a su familia con tal detalle que cuando llegaron las noticias dos días después, todos lo habían reconocido inmediatamente y trataron de mantenerla alejada de la televisión. Cuando ella lo descubrió, había caído en una depresión profunda, culpándose por las lesiones mortales que sufrió el pasajero en el auto que había sido golpeado.

Después de que se fue, terminé mis notas y le llamé a Edward.

Hola, nena —respondió distraídamente.

—Hola. ¿Cuáles son los planes para esta noche? —Realmente quería que me dijera que cena, una película, y una noche llena de sexo estaban en su menú.

Suspiró.

—No voy a estar en casa esta noche. Ya que me voy a tomar la tarde de mañana y la mayor parte del jueves por el juicio, tengo que cubrir la oficina esta noche.

No pude ocultar mi decepción.

—Oh, bueno, supongo que estar libre para la audiencia es más importante. ¿Me llamas más tarde?

—Bella, lo siento —suplicó—. No te enojes. Al menos no te estoy pidiendo que cuides a mis padres.

—No estoy enojada, Edward. Solo decepcionada. Y demonios no, no voy a cuidar a tus padres —me reí.

Su risa en respuesta me levantó un poco el ánimo.

—Te llamaré más tarde, ¿sí?

—Sí. Te amo —susurré.

También te amo. —Escuché un repiqueteo en el fondo justo cuando colgó.

Me fui a casa con el maletín lleno de papeles, y después los dejé a todos cerca de la puerta. Pedí una entrega de comida tailandesa, me cambié a un pijama cómodo, e hice zapping en la televisión. Mientras me comía los fideos, dejé a todos mis problemas y frustraciones desaparecer en el fondo de la televisión nocturna.

El miércoles estaba lleno de anticipación y nervios. La compra estaba programada para las tres en punto, y Edward había aceptado encontrarme en mi oficina a las dos, así podíamos viajar juntos. Después de que mi último paciente se fuera a la una y media, apenas podía contener mis nervios.

Edward estaba casi tan ansioso como yo. Sus rodillas estaban rebotando de arriba abajo en el auto cuando me metí, y sus dedos tamborileaban contra el volante. Sin embargo, sus ojos estaban brillantes.

—Estamos a punto de comprar nuestra primera casa —chillé, agarrando una de sus manos.

Me dio una sonrisa nerviosa.

—Sí. Vamos a hacerlo.

Nos metimos al tráfico y llegamos a la oficina de la inmobiliaria mucho antes de lo que se suponía que estuviéramos ahí. Sin embargo, la suerte estaba con nosotros y a diez minutos de nuestra llegada, las partes necesarias estaban presentes.

Entregamos un cheque con más ceros en él de los que alguna vez había visto en un lugar y firmamos como quichicientas veces. Mi mano estaba comenzando a acalambrarse con la repetición. Traté de leer todo, pero las palabras comenzaron a mezclarse. El abogado deslizó otra hoja enfrente de mí, detallando lo que era. La leí bien y firmé.

—Eso es todo —anunció él con una sonrisa.

—¿Es todo? —pregunté.

—Es todo —confirmó—. La casa es oficialmente de ustedes. —Le entregó las llaves a Edward, cuyos ojos estaban iluminados como los de un niño en Navidad.

—¿Estás lista para ir a ver nuestra casa? —preguntó él, con una sonrisa enorme.

Todos en la sala nos felicitaron y acompañaron a la puerta, estrechándonos las manos cuando nos fuimos. Apenas podía contener mi emoción cuando llegamos a su auto y comenzamos a conducir hacia nuestra nueva casa. Edward agarró su teléfono y llamó a sus padres, mientras yo le marcaba a Alice. Nos la habíamos arreglado para mantenerla alejada con fotos del lugar y con la promesa de que tan pronto como tomáramos posesión ella podría venir. No hacía falta decir que ella estaba emocionada de tener una razón para dejar la tienda en manos de sus internos por un rato y obtener las indicaciones.

La casa lucía un poco solitaria y desolada cuando nos estacionamos en el frente. Todos los signos de vida que la habían acompañado la última vez que habíamos estado aquí, habían desaparecido. No había botes de basuras cerca del garaje ni correo en el buzón. Con manos temblorosas, Edward metió la llave en la cerradura y abrió la puerta principal de nuestra casa por primera vez.

Si pensaba que lucía diferente desde el exterior, no era nada comparado a cuán diferente se veían en el interior. Sabía que una vez que añadiéramos nuestros muebles y toques especiales, luciría como un hogar, pero por ahora, era más como una caverna vacía. Sin embargo, todavía me llenaba de sensaciones cálidas en el interior, porque era nuestra.

—Hombre, esto luce raro —comentó Edward mientras miraba alrededor de la sala vacía.

—Creo que vamos a necesitar más muebles —bromeé, aunque era parcialmente en serio.

Edward resopló una risa.

—Ni lo digas. Estoy seguro que Alice nos tendrá una casa llena para esta hora la próxima semana.

—¿La próxima semana? Le estás dando muy poco crédito —bromeé.

Los ojos de Edward se arrugaron mientras sonreía y caminaba con pasos largos hacia mí. Extendió su mano, agarrando la mía, y me acercó a él.

—Bienvenida a casa —susurró, antes de cubrir mi boca con la suya en un beso abrasador.

Le agarré la camisa, tratando desesperadamente de acercarnos más, perdiéndome en la pasión que sentía por el hombre frente a mí.

Nuestro momento fue interrumpido por un golpe en la puerta. Con pesar, Edward se alejó, haciendo pucheros. Me tomó de la mano y me guio hacia la puerta, donde la abrió para dejar entrar a nuestro primer invitado. Como era de esperarse, era Alice. Sin embargo, los padres de Edward estaban estacionando en el camino de entrada, así que nos quedamos en la puerta principal, queriendo darles el recorrido a todos a la vez.

—Oh, cariño, es hermosa —dijo Elizabeth con entusiasmo tan pronto como salió del auto. Ed la siguió hasta la puerta principal a un paso más tranquilo.

—Entren. Les daremos el recorrido —les ofrecí, moviendo una mano hacia el costado en un gesto de bienvenida.

Todos caminaron con nosotros mientras los guiábamos a través de la casa. Alice estaba murmurando, sobre todo para ella, y tomando notas en una libreta que había sacado de su bolso. La única habitación que le dijimos que no tenía carta blanca era la de Ryan. Queríamos que él nos ayudara a decorarla. Probablemente tomaría la mayor parte de un fin de semana, pero valdría la pena.

Después de recorrer todo el lugar y escuchar tanto a Elizabeth como a Alice hablar efusivamente sobre lo mucho que les encantaba, Ed sugirió que los cinco fuéramos a cenar para celebrar, él invitaba. Ya que no habíamos pasado mucho tiempo con ellos desde que habían llegado, ni Edward ni yo pudimos encontrar una razón para no ir.

—¿Les importa si también invito a Jasper? —preguntó Alice—. Se supone que nos encontraríamos para cenar en unos treinta minutos.

—No, no —le aseguró Ed—. Mientras más, mejor.

Dejó la sala para ir a llamarlo, y Ed se giró hacia nosotros tan pronto como ella estuvo fuera de la habitación.

—Estoy muy orgulloso de ustedes. Esta casa es grandiosa y será un buen lugar para formar una familia.

Parpadeé en estado de shock. Esta era la primera vez en más de diez años que Ed había hablado sobre nosotros y el futuro de forma positiva. Esta vez no fueron "¡Esa chica ha arruinado tu vida!" o "Ella no es buena para ti".

Edward parecía igualmente sorprendido.

—Uh, gr-gracias, papá —tartamudeó. Extendió la mano a ciegas, sin apartar los ojos de su padre, y me agarró la mía.

Ed parecía un poco avergonzado y se metió las manos en los bolsillos, mientras se mecía de adelante hacia atrás ligeramente.

—Sé que no he sido muy comprensivo con su relación, pero soy lo suficientemente hombre para admitir cuando estoy equivocado. Ustedes son buenos para el otro, y creo que tendrán una buena vida juntos. Mejor ahora que cuando solo eran niños, pero estuvimos equivocados al separarlos como lo hicimos. Lo siento.

Me quedé muda. ¿Cómo se suponía que reaccionara a eso? La parte más desagradable en mí quería pegarle y decirle que su disculpa era muy poco, muy tarde, pero la otra, mi lado más racional, reconoció cuán difícil debió haber sido para él admitir la equivocación en primer lugar.

Alice nos salvó de la incomodidad de tener que responder, ya que ninguno de los dos parecía saber cómo, regresando y anunciando que Jasper se nos uniría. Ella solo le tenía que enviar un mensaje con el nombre del restaurante que eligiéramos.

Elizabeth mencionó un pequeño lugar que habíamos pasado en el camino a nuestro nuevo vecindario. Por supuesto, ni Edward ni yo habíamos estado allí, así que nos encogimos de hombros y aceptamos. Nada más fue dicho sobre el comentario de Ed, pero vi a Edward dándole un abrazo rígido mientras caminábamos hacia el auto.

Una vez que Jasper se nos había unido y la comida estaba en la mesa, Elizabeth sacó el tema que todos estábamos evitando.

—Entonces, ¿qué debemos esperar de mañana? ¿Dónde están en este proceso?

—Para ser completamente honesta, no sé qué esperar mañana —admití—. El Departamento de Servicios Sociales y Salud se ha reunido con los Cullen, con Ryan, y con nosotros y consideró que ambas familias califican para cuidarlo. Los analistas del FBI han demostrado que no firmamos los documentos renunciando a la patria potestad, pero ahora un juez tiene que dictaminar que la restablezcan.

—¿Su abogado espera que les restablezcan la patria potestad y les concedan la custodia mañana? —preguntó Ed mientras tragaba un bocado de ensalada.

Edward negó con la cabeza.

—Restablecernos la patria potestad, sí. Custodia física, no. Ryan ha pedido que por el momento no lo saquen del único hogar que ha conocido, y Aron espera que tomen eso en consideración. En realidad, no tenemos idea de qué pasará cuando entremos en la corte. El caso se adelantó debido a la atención de la prensa. No quieren parecer como que no están haciendo lo correcto ante los medios por ser lentos.

—Bueno, estaremos ahí para apoyarte —declaró Elizabeth con decisión. Incluso se asintió como si enfatizara su declaración. Tanto como los padres de Edward me molestaban, apreciaba el sentimiento, especialmente ya que mi propia madre no iba a estar.

Jasper le preguntó a Ed más sobre su negocio, y yo como que me desconecté. No estaba pensando en nada en particular, solo deleitándome en la idea de que Edward y yo ahora éramos propietarios, juntos. Así que, me pilló por sorpresa cuando Edward dijo mi nombre.

—¿Te vas a sentar aquí toda la noche sola? —bromeó.

Ni siquiera me había dado cuenta que todos los demás estaban dejando la mesa.

—Mierda —murmuré con una sonrisa—. Lo siento. Me desconecté.

—Me di cuenta. —Su sonrisa apenas estaba oculta—. Vamos a tu casa esta noche. Tenemos que estar en la corte antes de las nueve.

Les dijimos buenas noches a sus padres y Alice y Jasper, quienes iban a reunirse con nosotros en la corte en la mañana, y regresamos al departamento. Era increíble que en una tarde, había ido de hogar a mi departamento. Nuestro hogar era una gran casa vacía al otro lado de la ciudad.

Las siete en punto llegaron pronto después de una noche de dar vueltas en la cama. Estaba muy nerviosa por el resultado de hoy. Edward también parecía estarlo, y apenas hablamos mientras nos preparábamos para irnos. Llegamos a la corte a las ocho y media y descubrimos que la sala que Aron había especificado estaba vacía. Ya nos habían dicho que el proceso judicial sería cerrado, así que solo aquellos con vínculos con cualquiera de las familias tendrían permitido asistir.

Charles y Christina Carter fueron los próximos en llegar, metiéndose furtivamente en la sala y cerrando la puerta detrás de ellos.

—Oh, no sabíamos que ya estaban aquí, chicos —dijo Charles, jadeando un poco—. ¿Tuvieron que evadir a los periodistas acampando en el pasillo?

Mis ojos se ampliaron.

—¿Los periodistas están aquí?

Christina asintió mientras cruzaba la habitación para darme un abrazo.

—Sí, había tres o cuatros aquí arriba y dos más abajo. Uno de los alguaciles estaba caminando hacia ellos, y no se veía feliz, así que con suerte, se irán pronto. ¿Esme y Carlisle todavía no están aquí?

—Nop, fuimos los primeros. Tal vez primero se van a reunir con Tia; no lo sé. —Edward estaba comenzando a inquietarse por la ansiedad, y sus ojos contantemente se movían hacia la puerta.

Saltó cuando se abrió para admitir a Aron. Se lo presentamos a Charles y Christina, y él se disculpó por llegar tarde. Al parecer, él era el responsable de que el pasillo se liberara. Sin embargo, solo tuvimos unos minutos para hablar cuando el resto de nuestra familia llegó disparada a través de la puerta, junto con Alice, Jasper, y Charlie. Esme, Carlisle, Tia, y Ryan se presentaron justo detrás de ellos. Ryan corrió hacia nosotros y nos dio a Edward y a mí grandes abrazos.

Las presentaciones se dieron alrededor. Ryan saludó a los Masen con la mano, pero mayormente se escondió detrás de Edward. Los ojos de Elizabeth brillaron con lágrimas, y la vi articular hacia Ed: «Se parece a Edward». Ed asintió, sus ojos sospechosamente brillantes.

Marjorie apareció en el último minuto mientras la jueza entraba a la sala. Todos nos dirigimos a nuestros lados del pasillo, con Edward y yo en un lado y los Cullen en el otro.

—Todos de pie —ordenó el alguacil.

Mis nervios zumbaban cuando me puse de pie al lado de Edward y agarré su mano.

—La corte entra en sesión. La jueza Margaret Hill preside el caso de Masen y Swan contra Cullen.

—Por favor tomen asiento —dijo la jueza Hill en una voz amable mientras se sentaba y se arreglaba su toga. Esperó hasta que todos nos habíamos sentado, antes de comenzar de nuevo—. Estamos aquí con respecto a la patria potestad del mayor Edward Masen y la doctora Isabella Swan y la custodia del menor Ryan Parker Cullen. He examinado detenidamente los informes y declaraciones juradas presentadas en los tribunales, además de los reportes presentados por el Departamento de Servicios Sociales y Salud. Como era de esperar, también he visto las noticias.

Se detuvo y ordenó algunas notas en su escritorio.

»Señor Michaels, basado en lo que he leído, entiendo que el niño en cuestión, Ryan Cullen, fue presuntamente robado de sus padres al nacer por el doctor Robert Gerandy. Se ha descubierto que el papeleo renunciando a la patria potestad y accediendo a la adopción fue falsificado y el dinero reservado para Isabella Swan no le fue entregado hasta hace poco. ¿Eso es correcto?

—Sí, su señoría —respondió Aron.

—También entiendo que la doctora Swan y el mayor Masen descubrieron que su hijo estaba, de hecho, vivo el 5 de mayo de este año, hace cincuenta y cuatro días. ¿Eso es correcto?

—Sí, su señoría —respondió de nuevo.

La jueza Hill suspiró y apoyó las manos sobre su escritorio.

—Todos están hoy en mi corte para decidir esto por dos razones. Primero, un juez tiene que dictaminar que la renuncia a la patria potestad ha sido anulada y restablecerla. Segundo, estoy preocupada por la atención de la prensa que está recibiendo y por la falta de acción de ambas partes para resolver esto a través de la mediación. —Levantó una mano para pedir silencio cuando Tia, la abogada de los Cullen, abrió la boca para refutar—. Soy muy consciente que menos de dos meses en una lucha por custodia es una nimiedad. Generalmente, las personas que veo en mi corte han estado discutiendo por más de un año. Sin embargo, por lo que puedo ver aquí, las partes en este caso han logrado elaborar una agenda de visitas sin ayuda de un abogado.

»En interés de todas las partes involucradas, señor Michaels, por favor dígale a la corte lo que está pidiendo hoy en nombre de sus clientes —ordenó ella.

Aron se puso de pie y se acomodó la chaqueta.

—A mis clientes les gustaría que les restablezcan la patria potestad de Ryan Cullen y obtener su custodia. Ya que nunca debería haber sido tomada en un principio, le pedimos a la corte que corrija ese error ahora.

—¿Señora Stefano? —le preguntó la jueza con una ceja levantada a Tia.

—Mis clientes están luchando por su derecho a custodia, tanto por lo relacionado a los asuntos legales todavía pendientes como por el bienestar del menor. En este momento, sin una condena, el doctor Robert Gerandy solo ha sido acusado de secuestrar al niño y venderlo. Hasta que una corte emita un fallo a favor de la acusación en ese caso, sus delitos permanecen simplemente como acusaciones. También, basado en el reporte del Departamento de Servicios Sociales y Salud, lo mejor para Ryan Cullen es permanecer en el hogar en el que reside actualmente. —Parecía que Tia quería decir más, pero la jueza la interrumpió.

—El fallo en el asunto penal no tiene relevancia en mi corte —replicó ella—. Basado en la evidencia que me han proporcionado, encuentro que Edward Masen e Isabella Swan no renunciaron a la patria potestad de forma voluntaria y consciente. Sobre ese asunto, fallo a favor del demandante. Desde hoy, sus derechos son reestablecidos. Que el informe judicial lo refleje. Para la custodia, había esperado que hoy llegaran con un plan que hubiera sido acordado por ambas partes. ¿Eso ha sucedido?

—No, su señoría —contestaron a coro ambos abogados.

—¿Siquiera han tratado? —preguntó, preocupada.

Las respuestas fueron evasivas. Sabía que era porque no habían tratado. Aron dijo que él había solicitado reuniones, pero la otra parte nunca respondió.

La jueza prácticamente gruñó, y cuando habló, su voz era inflexible.

—Esto es lo que va a pasar. Ryan y yo vamos a ir a mi despacho y hablar por unos minutos. Mientras nosotros nos vamos, ustedes se van a sentar y pensar algo. ¿Ha quedado claro?

—Sí, su señoría —murmuraron ambos abogados, debidamente regañados.

—Ryan —dijo amablemente—, ¿vendrías conmigo, por favor? ¿Y señora Hollings?

Ryan asintió y caminó a través de la puerta de vaivén y alrededor del estrado, donde la jueza estaba esperando en la puerta que guiaba a su despacho. Marjorie lo siguió de cerca. Antes de que supiera, habían atravesado la puerta.

Aron se giró hacia nosotros.

—¿Por qué quieren que pelee aquí? —preguntó en voz baja—. Puedo decir que no aceptaremos nada menos que custodia legal y física exclusiva, o podemos ir por otro arreglo.

Quería custodia exclusiva, pero una mirada a los Cullen me dijo que nunca podría hacerles eso, al menos, no en este momento. Ellos amaban a mi hijo como propio, todavía lo veían como su hijo.

Edward siguió mi mirada y frunció los labios.

—Queremos custodia exclusiva de nuestro hijo, con derechos de visita para los Cullen; sin embargo, aceptaremos custodia legal y física compartida, si eso es necesario —respondió él.

Aron asintió, se giró hacia Tia, y sacudió la cabeza hacia una mesa al otro extremo de la habitación, donde podrían deliberar. Todo lo que podía hacer era observarlos. Ni siquiera podía hablar. Edward sostuvo mi mano a mi lado e intercambió unas palabras con nuestras familias. Lo que dijo, no tenía ni idea, porque en todo lo que podía enfocarme era en las dos personas decidiendo el destino de mi hijo... y el mío.

El tiempo pasó a trompicones. Una vez, miré al reloj y gemí cuando solo habían transcurrido cuatro minutos. La próxima vez que lo comprobé, casi veinte habían pasado, finalmente, después de treinta y siete minutos, la puerta en la parte trasera de la habitación se abrió, y Marjorie guio a Ryan fuera y de vuelta a su asiento. Aron y Tia todavía estaban en conferencia, pero se sobresaltaron cuando el alguacil repitió su orden de: «todos de pie».

La jueza Hill se volvió a sentar y juntó sus dedos enfrente de ella.

—Señor Michaels, señora Stefano, ¿qué han pensado?

Aron se aclaró la garganta y retrocedió a la mesa donde Edward y yo estábamos sentados.

—Mis clientes están solicitando custodia legal y física compartida como mínimo y custodia legal y física exclusiva como máximo, con visitas para los Cullen. La abogada opositora ha rechazado nuestra oferta mínima y contestó con custodia legal compartida, custodia física exclusiva para los Cullen, y visitas quincenales para el mayor Masen y la doctora Swan. Fuimos incapaces de discutir esto con nuestros clientes antes de que usted regresara, su señoría.

—Entonces déjenme entender esto —dijo la jueza con un indicio de burla en su voz—. ¿Lo que está proponiendo, señora Stefano, esencialmente es que las cosas permanezcan como están ahora, con la excepción de que la custodia legal sea compartida?

Tia parecía un poco intimidada, pero asintió y respondió:

—Sí, su señoría.

—No —respondió la jueza Hill simplemente—. Mayor Masen, doctora Swan, ¿su intención es permanecer aquí en el área de Seattle?

—Sí, su señoría —respondió Edward—. Acabamos de comprar una casa aquí.

—Ah. No vi eso. ¿Cuándo sucedió? —La jueza hojeó sus notas, buscando la información.

El tono de Edward fue un poco divertido cuando respondió:

—Ayer, su señoría.

Ella levantó la cabeza con rapidez ante su respuesta, y la sacudió.

—Bueno, eso lo explicaría. Mayor, si puede escribirme la dirección y entregársela al alguacil.

Sin embargo, Edward se había adelantado y traído una copia de nuestra escritura con él. Se la pasó al alguacil, quien le entregó el papel a la jueza. Ella la ojeó y la añadió a la pila.

—Esto es lo que vamos a hacer. Después de hablar con Ryan, él ha expresado su deseo de permanecer en Forks por el momento. Debido a la distancia entre las dos ciudades, la custodia compartida será difícil, pero no imposible. Hasta que la escuela comience, Ryan va a alternar entre Forks y Seattle en periodos de dos semanas. Las vacaciones se alternarán entre los dos, de acuerdo con las normas estatales, a menos que ambas partes puedan llegar a arreglos alternativos. Antes del comienzo del año escolar, la señora Hollings reportará de nuevo a la corte. De Ryan elegir permanecer en Forks, al mayor Masen y a la doctora Swan se les darán visitas fines de semana por medio, trabajando alrededor del calendario de reserva del mayor Masen. Si a Ryan le gustaría mudarse a Seattle en ese momento, a los Cullen se les permitirá la misma agenda de visitas. Debido a sus arreglos de vivienda, ambas partes compartirán la custodia legal. Todas las decisiones importantes con respecto a la vida de Ryan deben ser aprobadas por ambas partes. También, mudarse fuera del estado debe ser aprobado por la corte. Quiero revisar este arreglo en seis meses. Abogados, pónganlo en sus calendarios. —Su tono no dejó lugar a discusión.

»Además, este arreglo comenzará el 8 de julio. Señor y señora Cullen, tienen que tener a Ryan disponible para venir a Seattle a quedarse con el mayor Masen y la doctora Swan ese día. Confiaré en que los cuatro manejarán este día de la Independencia como adultos. Hasta que acciones futuras sean tomadas, ambas partes alternarán años para declarar a Ryan en sus impuestos; los Cullen lo declararán este año. Mayor Masen y doctora Swan, depende de ustedes cómo quieren manejar sus finanzas, pero tendrán derecho a declararlo año por medio, empezando el próximo —continuó—. ¿Alguno tiene una opinión para la manutención?

—Mis clientes han mantenido financieramente a Ryan por más de diez años —intervino Tia—. El mayor Masen posee su propia empresa de informática, y la doctora Swan es socia en una práctica de terapia aquí en Seattle. Seguramente, no esperarán que mis clientes provean compensación financiera adicional aquí.

—El doctor Cullen es un exitoso médico —discutió Aron—. No se debe esperar que mis clientes provean compensación a las personas que mantienen a su hijo alejado de ellos.

La jueza Hill golpeó su martillo en el escritorio.

—Es suficiente, abogados. No se ordena manutención para ningún lado. Ahora, todos parecen personas razonables que se preocupan por el mismo jovencito. Les sugiero que aprendan a trabajar juntos por su bien.

Minutos después, nos despidió.

Edward y yo nos quedamos allí mirando al estrado donde ella había estado sentada mientras caminaba de regreso a su despacho. Esto realmente había sucedido. Oficial y legalmente éramos los padres de Ryan, y teníamos su custodia de nuevo. Ahora no estaba segura de qué hacer exactamente.

El ruido de atrás nos sacó del shock. Edward empujó su silla hacia atrás y se puso de pie primero, extendiendo su mano para ayudarme a parar. Aron nos estrechó la mano y nos dijo que estaría en contacto; Edward le agradeció por toda su ayuda. Yo todavía estaba conmocionada mientras observaba a Tia y Aron salir apresuradamente por las puertas de la corte, para terminar sus días trabajando en otros casos.

Me giré y examiné la escena a mi alrededor. Charles estaba en el teléfono, también inspeccionando a la multitud. Esme parecía estar en shock, al igual que yo lo estaba, aunque el suyo estaba más teñido de alivio de lo que estaba el mío. Todavía estaba sosteniendo a Ryan; él estaba tratando de liberarse de su abrazo, pero ella no parecía inclinada a dejarlo ir. Carlisle estaba hablando con Christina y Ed.

El ceño de Edward se frunció, y caminó hacia ellos con determinación. Lo seguí, curiosa por lo que lo había alterado después de las buenas noticias que acabábamos de recibir.

—¿Ustedes dos se conocen? —preguntó, su voz dura.

El ceño de Ed se frunció por la preocupación cuando se giró a mirar a su hijo. Carlisle parecía simplemente curioso.

—No, oficialmente, no —respondió Ed—. ¿Por qué?

—¿Se conocían antes de hoy? —repitió Edward, aclarando su pregunta de antes.

—No —respondió Carlisle lentamente, como si no pudiera descubrir lo que Edward quería decir—. Él solo me estaba preguntando en dónde vivimos en Forks y si nos gustaba.

Sin embargo, Ed no tuvo problemas para averiguar dónde la mente de su hijo había ido cuando los vio a ellos juntos. Los hombros de Ed se hundieron un poco, y su mirada quemó un agujero en el piso. Charlie vio la postura tensa de Edward y caminó hacia nosotros.

—¿Está todo bien por aquí? —preguntó, el jefe Swan salió con toda su fuerza.

—Sí, todo está bien —murmuró Ed con un suspiro.

La cabeza de Carlisle se giró cuando Charles le señaló algo.

—Vamos a ir a comer algo, y Charles nos ha conseguido un salón privado lo suficientemente grande para todos, si les gustaría acompañarnos. —Le echó un vistazo a Ryan, y después a Edward y a mí—. Creo que hoy ha sido una victoria para todos.

—Claro, eso suena bien —respondí, sabiendo que Edward y yo teníamos todo el día libre. Con la tensión resurgiendo entre Edward y Ed, sabía que no querríamos pasar el día solo con ellos.

Entrelacé mis dedos con los de Edward y lo arrastré por la habitación hasta donde Ryan y Esme estaban parados solos. Esme me dio una sonrisa pequeña y triste, y soltó a Ryan, quien vino a mí y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura.

—¿De verdad voy a venir y quedarme contigo y papá por dos semanas enteras? —preguntó, su voz amortiguada en mi camisa.

—Síp —le dije—. Cada quince días hasta que comience la escuela, y también tendremos fines de semanas y vacaciones. ¿Te gusta ese arreglo?

Asintió, todavía sin soltarme.

—Es lo que pedí —susurró tan bajo que apenas lo escuché. Sabía que no quería que Esme y Carlisle supieran que él había pedido esto, porque ambos sabíamos que eso los lastimaría.

—Entonces estoy feliz de que la jueza te escuchara —dije con una sonrisa—. Oye, ¿estás listo para ir a almorzar? El tío Charles nos ha reservado lugar en alguna parte.

Asintió de nuevo y me soltó. Caminamos de regreso hacia donde Edward, Charlie, y Carlisle todavía estaban parados. La atmosfera alrededor de ellos era tensa, y pensé en guiar a Ryan hacia Alice y Jasper, pero Carlisle lo llamó primero.

Mientras ellos discutían el almuerzo y se movían al costado, me giré hacia Edward.

—¿Qué te pasa? ¿No se supone que estés feliz? El resultado es mejor de lo que esperábamos.

Las manos de Edward se apretaron en puños, no enojado, sino ansioso.

—No sé, Bella. Lo vi hablando con mi papá, y me tuve que preguntar si él sabía.

—¿Tu papá? —pregunté. Habíamos hablado de esto con él, y mientras todavía no me gustaba o confiaba en el hombre, le creí cuando dijo que no lo había llevado tan lejos.

—¡No! Carlisle —siseó Edward.

Di un paso atrás en estado de shock, mirando a Edward como si se hubiera vuelto loco. Carlisle tenía sus propios problemas, que habíamos recibido más de una vez, pero ni siquiera yo pensaría que él sabía sobre el secuestro de Ryan antes de que le dijéramos. Su reacción dejó eso a la vista.

Papá se adelantó y puso una mano en el brazo de Edward, suavemente persuadiéndolo para que lo mirara.

—Pregunté, Edward. Durante mi interrogatorio a Bob Gerandy, pregunté específicamente si los padres sabían. Nunca les habían dicho, nadie sabía. Bob estaba convencido de su habilidad para que ustedes aceptaran, y arregló la adopción con ese pensamiento en mente. Cuando no lo hicieron, él tuvo que trabajar rápido. A los Cullen solo les dijeron que Ryan era hijo de una pareja joven que no lo quería.

—Charlie, ¿mi papá tuvo algo que ver con esto? —preguntó en voz baja. La tristeza era tan clara en su voz que deseé poder hacer algo, cualquier cosa, para quitarla.

—¿Aparte de plantar la idea? —preguntó Charlie, con la voz baja y los ojos tristes. Edward asintió—. No, hijo, no creo que lo hiciera. Nunca entenderé o apreciaré lo que le hizo a mi niña, pero él pensó que estaba haciendo lo que era mejor para su hijo. Al final, él estaba equivocado, pero también está sufriendo por eso.

Edward tragó y le echó un vistazo a su padre. Ed estaba alejado de todos los demás, observando a Ryan interactuar con Charles, Christina, Elizabeth, Esme, Alice, y Jasper.

—Vamos a almorzar —sugerí, interrumpiendo la conversación.

Edward me agarró la mano y sonrió por primera vez desde que la jueza emitió sus órdenes.

—Sí, vamos. Tenemos algunos planes que hacer.


Gracias por leer. Y gracias a Lety (aka Itzel Lightwood) por ayudarme con mis dudas.

¿Qué les pareció el capítulo? ¡Ya tienen la patria potestad y la custodia!

Gracias por las alertas, los favoritos, y sobre todo por los reviews, los aprecio mucho: Itzel Lightwood, Andrea Ojeda, Jovipattinson, tulgarita, Caniqui, cary, cavendano13, lizdayanna, Tata XOXO, solecitopucheta, IngridMMP, paosierra, debynoe, Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn, freedom2604, Melany, AyelenMara, adriana molina, Let Cull, y bbluelilas.