EPÍLOGO
Seifer la esperaba, apoyado contra la pared del bar que antiguamente pertenecía a Raine.
Winhill estaba siendo amenazado por una plaga de monstruos. Eran simples criaturas como Kedachikus y Mosquitos, pero los civiles no podían lidiar con ellos así que pidieron al Jardín de Balamb refuerzos para limpiar el pueblo.
Simple tarea para un SeeD de cuatro años de título y toda una vida luchando con su rival y a la vez comandante-compañero. Bueno... Incluso un cadete novato hubiera podido acabar perfectamente con todos esos monstruos.
Pero él quería estar ahí justo en ese momento.
Ahora que estaba solo, podía pensar con claridad. Cada día se obligaba a recordar lo que había hecho días atrás para asegurarse de que Elleone no lo había vuelto a enviar a uno de sus sueños extraños. Aunque debía admitir que gracias a ella, hoy estaba allí. Sin preocupaciones. Bueno... Aún quedaba lo que podría venirles encima, pero esa vez ninguno tenía ni idea de lo que pasaría.
-¡Seifer!
Cuando levantó la vista, Selphie se acercaba corriendo hacia él. Tenía el pelo rebujado, largo y la cara y ropa llena de polvo. En una mano llevaba su Nunchaku y en el rostro una sonrisa de satisfacción.
-¡Listo! Mi parte ya está hecha.
-La mía también.- La miró largo rato hasta que la vio inclinar la cabeza. Solía hacerlo cuando estaba confusa. -Vamos.
-¡Sí, vamos! Tengo ganas de volver a casa.- Pero cuando Selphie se dirigía hacia las afueras de Winhill, vio a Seifer coger camino por dónde acababa de venir ella. -¿Qué haces? ¡Es por aquí!
-No he dicho que nos vayamos del pueblo. Así que sígueme, mensajera.- Dijo metiéndose las manos en el bolsillo.
-¿Puedes un día no ser tan arrogante? Y llamarme por mi nombre, ya que estás.
-¿Por qué, no te gusta el apodo que escogí exclusivamente para ti?
-Pues no, sólo he sido mensajera una vez.
-Suficiente.- Seifer oyó su suspiro de resignación. -Hay algo que quiero encontrar.
-¿Qué cosa? No se nos pierde nada aquí.
-Hazme caso, luego me lo agradecerás.
Selphie volvió a inclinar la cabeza, pero al final lo siguió. Ella no tenía ni idea de lo que había soñado Seifer, Squall e Irvine. Los tres habían hablado de ocultarlo hasta que fuera necesario. Seguramente Selphie se sentiría mal consigo misma por el futuro que le hubiera pasado, por dejar que todo eso le ocurriera a ella y a los demás, pero a la vez estaría muy avergonzada, ya que los otros dos sabían con pelos y detalles todo lo que habría ocurrido entre ellos dos. Mejor le ahorraba el momento. Ya tenía suficiente con verla sonrojarse cuando le hacía algo, y más en público.
-Oye.- Dijo ella, después de un breve silencio. -¿Por qué Squall nos habrá mandado aquí? Quiero decir, hay SeeDs nuevos que podrían practicar con esta misión.- Seifer no contestó. -¿Me estás oyendo?
-...Yo lo pedí.
-¿Por...qué? ¿Por qué, cuándo eres el primero en levantar la mano cuando hay una misión llena de adrenalina?... ¿Se puede saber que estás haciendo?
Seifer se asomaba por cada esquina de cada casa, callejones, detrás de cajas... No se iría de allí hasta que lo encontrara. Incluso si eso significaba vivir un año en ese pueblo hasta que eso ocurriera.
-Seifer...- La voz de Selphie sonó apagada. -De verdad, necesito volver. Quiero dormir en mi propia cama. Acabo de llegar de una misión y Squall me ha enviado a ésta, cuando podía haber enviado a cualquier otra persona. Bueno, incluso podías hacerlo tú solo si querías venir aquí. Eres capaz de hacerlo sin mí y no entiendo porq-
Cuando Seifer se agachó en la entrada de un callejón, Selphie oyó un pequeño quejido, seguido de un gemido agudo. Abrió los ojos y se acercó lentamente a la espalda de Seifer. Se asomó por encima del hombro de él y sus ojos se abrieron aún más.
-Oh, dios mío...
-Al fin te encuentro.- Dijo Seifer cogiendo la pequeña criatura en sus manos, volviéndose hacia Selphie aún de cuclillas. -Vamos, échale alguna Poción.
Ella no dudo ni un segundo, se arrodilló delante de Seifer y con una mano echaba una Ultrapoción encima del cachorro en los brazos de él. El pequeño animal lloró cuando sintió el frío agente curativo, pero enseguida soltó un aullido de felicidad. Estaba sucio, el pelo desordenado y lleno de pequeños nudos, pero al menos las heridas iban desapareciendo gracias al ítem. Lo demás será fácil de arreglar.
-Por dios, ¿quién tiene tan mala sangre para hacerle esto?
-Nick.
-¿Nick? ¿El SeeD al que llamas moco verde?
-No. Quiero decir que este es Nick.- Observó cuando Selphie alzó una mano para tocar el collarín del animal. -Y es tuyo.
-¿Eh? ¿Mío?- Los ojos de Selphie brillaron. -¿Lo dices enserio? ¿Puedo quedármelo? ¿Y si su dueño lo busca?
-¿Tú crees que el dueño lo buscaría cuando fue el quién lo dejó aquí? Piensa, mensajera.
-¡Cállate!- El cachorro soltó un pequeño gemido que Selphie lo interpretó como susto. -Oh, lo siento... Nick.- Sonrió levemente. -Me gusta.
-Eso ya lo sé.- Seifer sujetó al animal con una mano y con la otra agarró la nuca de Selphie y tiró de ella, tomándola desprevenida. Cuando acabó el beso, posó su frente contra la de ella y la observó con los ojos cerrados y la boca media abierta. -Selphie.
-Dilo otra vez.- Dijo cuando entreabrió sus ojos. Eran muy pocas las veces que Seifer decía su nombre. Solía ser «mensajera» o «Tilmitt». Por eso le encantaba cuando la llamaba Selphie.
Él se volvió a acercar a ella, pero esta vez al oído.
Y susurró.
La cara de Selphie se volvía más y más roja, pero cuando el pequeño Nick volvió a gemir, ella bajó la mirada y cogió al animal en los brazos de Seifer.
-Bien, Nick. Te llevaré a casa, te limpiaré, te cuidaré, te entrenaré y pronto serás el mejor perro de batalla del mundo.
-¿Quieres hacer la competencia con Angelo?
-Eh... Bueno, tú luchaste con Squall en su día, ¿por qué no puede hacerlo Nick también?
Seifer se rió entre dientes, se inclinó hacia adelante, dándole un beso fugaz, y se puso en pie. Con una mano, tiró del brazo libre de ella para levantarla. -Haz lo que quieras con él. Ya no hay nada que os separe.
-No pretenderé entender eso, ¿pero podemos irnos ya?
-Ahora sí. Ya no hay nada más aquí.
Juntos se dirigieron a las afueras de Winhill. Por fin había llegado el día que Seifer esperaba desde que decidió hacer las cosas bien y volver al Jardín. En esos cuatro años, nunca dejó de pensar en Nick. Justo hubo una petición de los ciudadanos del pueblo, así que Seifer habló con Squall y aprovechó el día que Selphie regresaba de una misión en las ruinas subterráneas, para llevársela con él, a pesar de todas las quejas y «tengo ganas de dormir» que soltó. Lo cierto es que estaba cansada, ya que Seifer tuvo que pilotar porque Selphie se quedaba dormida encima del volante, casi haciendo que el Ragnarok fuera en picado contra tierra si no llega a pararlo él.
Ya daba igual, que Selphie durmiera lo que quisiera. Seifer se encargaría de que no le pasara nada a su vida, no cuando apenas se despegaba de ella. Lo juró y lo prometió.
Jamás dejaría que Selphie Tilmitt pasara por lo que podría haberle pasado.
Las sombras de la pareja desaparecían en el interior del Ragnarok. Unos pocos minutos después, la humareda de los motores de la nave, barrió la tierra de alrededor a la vez que despegaba rumbo a Balamb.
En una casa, las cortinas de la ventana superior se movieron, ocultando un par de ojos mayores. Había visto la «limpieza» de monstruos que tuvieron, la escena de la pareja y el animal, incluso la marcha de la nave con la que vinieron. Verla allí, sonriendo y luchando, fue lo único que le bastó para darse cuenta de algo muy importante.
-Selphie... Aquella chica era mi nieta.
-x-x-x-x-x-
Cid Kramer estaba tomando una taza de café cuando llamaron a la puerta. Dando la orden, la puerta se abrió lentamente y volvía a cerrarse cuando un hombre entró por ella.
-Acércate, acércate.- Dijo el director.
-Gracias por permitirme entrar en el Jardín a mitad de curso.- Le había dicho el hombre mientras estrechaba su mano con la de Cid.
-No hay de qué. Estamos encantados de que quiera estudiar con nosotros. Siéntese, por favor. -Le indicó un asiento frente a su escritorio. -¿Y bien? ¿Qué quiere empezar a hacer?
-Me gustaría hacer la prueba de SeeD, señor Kramer.
Cid se acomodó las gafas con un dedo. -Eso estaría genial. Lamentablemente, las pruebas acabaron el otro día. Pero puede estudiar lo que queda de curso y prepararse para las pruebas de dentro de seis meses. Le asignaré a las clases de la instructora Trepe. Es muy buena, seguro que no tendrá problemas con ella. Cualquier duda, no dudes en preguntársela.
-Gracias, señor.
-Le daré la llave de su nueva habitación y un formulario que deberá rellenar cuanto antes, señor...- Se había olvidado del nombre. -Perdone, ¿cómo se llamaba?
-Mi nombre es Pilot. Pilot Bishop.
-x-x-x-
Y listo! Gracias por leer y espero que os haya gustado!
Nos vemos en el siguiente! Un besazo!
