Para no perder la costumbre. Nada me pertenece, los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Drotuno, yo solo traduzco.
Y no podía faltar mi compañera de aventuras. Gracias a mi querida amiga Erica Castelo por ayudarme una vez más.
~ooo~AFTA~ooo~
Capítulo 25
BELLA
La biblioteca estaba en silencio a medida que caminaba a zancadas por el último pasillo hacia la parte de atrás del edificio. Le eché un vistazo a la estantería, estirándome todo lo que podía por el libro que necesitaba. Mis dedos apenas rozaron el lomo, y gruñí en frustración. Sin embargo, no pude evitar que una sonrisa subiera lentamente a mi rostro cuando un largo y fuerte brazo se estiró sobre mí bajando sin esfuerzo el libro que había estado batallando por conseguir.
Dándome la vuelta, me apoyé contra el estante, soltando unas suaves risitas al ver la dulce sonrisa torcida de Edward mientras me tendía el libro. Hoy llevaba sus lentes de contacto, algo que alternaba regularmente. Me encantaban las gafas porque hacían que se viera dulce e inteligente. También me encantaban los de contacto, porque me daban una vista ininterrumpida de esos hermosos ojos verdes y esas largas pestañas.
"¿Mejor?" Me preguntó, acercándose para besar mis labios mientras yo abrazaba el libro.
"Sí, gracias," le susurré, rozando mi boca en la suya unas cuantas veces más."Te esperaba hasta dentro de una hora."
"La doctora Carmen tuvo que reprogramar la cita, así que le dije que la vería el próximo viernes," me respondió, encogiendo un hombro. "Lo que me parece bien; tengo que estudiar para los finales." Alcanzó mi mano, y entrelacé mis dedos con los suyos mientras él nos llevaba de vuelta a nuestra mesa. "Estudiaré algo ahora antes del trabajo."
Nuestro tiempo en la biblioteca, incluso si nunca decíamos una palabra al otro, era precioso para nosotros, de modo que nos habíamos determinado a encontrar una nueva hora para reunirnos una vez que regresamos de Washington. Había sido un nuevo semestre, por lo que estos últimos cuatro meses y medio nos habíamos reunido en la biblioteca al final del día, en lugar de al mediodía como antes de las vacaciones de Navidad. Los viernes eran nuestros días favoritos. Edward iba a ver a la doctora Carmen, me encontraba en la biblioteca por unas horas, y luego se iba a trabajar. Del trabajo, se venía directamente a casa a pasar el fin de semana. Cada fin de semana. Le daba tiempo para pasar con su hermana, que estaba cursando, sin esfuerzo, sus últimos días en el instituto, y él y yo nos acurrucábamos durante la noche en mi habitación.
Ese pensamiento me hizo levantar la mirada de mis libros sobre la mesa frente a mí para mirar descaradamente a Edward. Estaba diferente pero seguía siendo el mismo chico tímido y dulce que había visto por primera vez en esta misma biblioteca. Seguía siendo estudioso e inteligente, y escribía increíbles historias para mí y para algunas de las clases que estaba tomando. Todavía amaba que leyéramos juntos, lo que era probablemente mi segunda cosa favorita para hacer con él. La idea de mi cosa favorita me hizo lamerme los labios y deslizar mi mirada por su mandíbula afilada, ceño y boca fruncidos, hasta sus anchos hombros, su brazo flexionándose y esos largos dedos bastante talentosos que estaba jugando inocentemente con su lapicero.
Cuando atrapó mi mirada, me levantó una letal ceja. "Chica hermosa, sigue así y—"
"No te atrevas a terminar esa oración frente a esta mesa, Edward Cullen," le siseé en broma, solo viéndolo reír. Joder, se veía increíblemente hermoso cuando reía. "Y no me haré responsable de mis acciones."
Su sonrisa se mostró brillante, y asintió, alcanzando mi mano. Dejó besos suaves y largos en mis dedos, "Lo sé, cariño. También estoy ansioso. Te eché de menos esta semana."
"Yo también," dije con un suspiro, sonriéndole, porque era imposible el no desear besarlo hasta dejarlo estúpido.
Algunas cosas nunca cambiaban, pero la mirada oscura y ardiente que me estaba dando era algo que había iniciado desde nuestra primera vez en Seattle justo después de volver a casa. La mayor parte de la timidez sexual de Edward se había desvanecido por completo. Desapareció. Puf. Era extremadamente sexy cuando quería serlo, pero por lo general, no tenía idea de lo que estaba haciendo.
"Te lo compensaré, Bella. Lo prometo," me prometió contra mi piel, sonriendo otra vez cuando le entrecerré mis ojos en advertencia.
Aparté mi mano lentamente, murmurando sobre chicos peligrosamente bien parecidos y sus aún más peligrosas voces, sin mencionar el hecho que había echado de menos cada centímetro de él la última semana debido a tareas, sus turnos en el café, y todo lo demás en el medio. Sin embargo, contuve mi sonrisa cuando Edward dejó un risueño beso a un lado de mi cabeza.
Decir que Edward estaba ocupado sería un eufemismo. En el momento en que regresamos de Washington, todo el mundo simplemente… se ocupó. Un nuevo semestre significaba nuevas clases y una nueva rutina. Tuvimos que organizar todo de nuevo. Había un montón de tarea, un nuevo horario de trabajo para él en el café, mudar a su hermana a la habitación de huéspedes al otro lado del pasillo frente a la mía, y sí, Edward y Alice habían iniciado sus sesiones con la doctora Carmen. Añadan a eso la ocasional conferencia telefónica con abogados y un viaje de fin de semana para testificar contra su padre, y pareciera como si nunca nos viéramos. Fue ese viaje lo que hizo que Edward decidiera preguntarle a tía Jane sobre su amiga terapeuta—él y su hermana habían regresado a Florida completamente desmoralizados.
Todo lo que Carlisle Cullen había hecho en su vida había salido a la luz ahora—y era mierda bastante fea. Comenzó con fraude y malversación. Carlisle había falsificado la firma de Emmett a fin de tener acceso al fideicomiso, y su abogado había presentado la documentación, sin saber que no era verdadera.
También debía o le había pagado a varias personas un montón de maldito dinero.
Una mujer en Olympia, con la que había tenido una aventura mucho antes de que Esme hubiese muerto, testificó que le había estado pagando para guardar silencio, lo que incluía un departamento y más tarde, el Volvo de Edward. Algunos de sus pacientes y el historial de prescripciones se estaban poniendo en entredicho. Y el doctor King testificó que él sabía sobre todo eso, y Carlisle le había pagado una gran cantidad de dinero para callarlo. Incluso había rumores de cuentas en el extranjero, pero todavía seguían investigando.
Un cargo tras otro se acumulaba contra el padre de Edward, y ninguno de ellos provenía de sus hijos. Él había cavado su propia tumba—varias tumbas, en realidad—y la junta de directores del hospital no solo lo despidió, sino que ahora enfrentaba unos cuantos años en la cárcel. Tan solo la falsificación de la firma de Emmett era suficiente para darle al menos tres años. Las prescripciones, por otro lado, podía provocar la pérdida de su licencia para practicar medicina.
Sin un salario, sin mencionar lo que había gastado, Carlisle perdió todo financieramente. La casa Cullen en Forks tenía un gravamen y lo último que supe, era que estaba en venta. Lo que quedaba del fideicomiso, y las cuentas que el pastor Liam había supervisado—ya había sido distribuido en partes iguales entre Emmett, Edward y Alice.
Toda esa mierda era un gran peso para mi Edward, que era la razón por la que veía a la doctora Carmen regularmente. De vez en cuando iba con él, pero la mayoría de las veces iba solo. Honestamente pensaba que él lo prefería así, simplemente porque podía enfurecerse a puerta cerrada. Por más dulce, tímido y calmado que fuera mi guapo novio, estaba total y completamente encabronado con su padre. Y joder, no lo culpaba ni un poco. En lo personal, tenía la esperanza que mientras estuviese en prisión, un gigante de nombre Bubba tratara a Carlisle como él había tratado a sus hijos, pero nunca lo dije en voz alta.
Una vez más levanté la vista hacia Edward, esta vez levantando mi mano para quitar el cabello de su frente. Había una pequeña y delgada cicatriz que le quedaba de la pelea con su padre. Era lo único visible, pero eran las cicatrices que no podía ver—las silenciosas y emocionales—que me hacían querer envolver a Edward con suaves almohadas y envoltura de burbujas para mantenerlo a salvo y feliz.
Edward encontró mi mirada, el profundo verde calmado, relajante y curioso, y sonreí, susurrando. "Te amo, cariño. Eso es todo."
Su sonrisa fue cálida y dulce, sino es que algo tentadora. "Te amo, chica hermosa. Y tú eres la mejor de las distracciones hoy. ¿Estás bien?"
"Lo siento," le dije, soltando unas risitas que no pude contener. Su sonrisa fue hermosa cuando encogí un hombro. "No lo sé. Es solo que…" Di un profundo suspiro, admirando su paciente rostro. "Supongo que estoy lista para el verano. Tenemos una semana más de clases. La graduación de tu hermana está cerca, y luego Emmett y Rose estarán aquí por dos meses."
Algo que no reconocí cruzó rápidamente su rostro, pero asintió. "Sí, estoy listo para el descanso," me dijo, golpeando sus libros con su lapicero indicando que se refería a la escuela, porque sabía que él seguiría trabajando y yendo a las sesiones con la doctora Carmen. Estudió mi rostro otra vez, y levantó sus manos para deslizar el dorso de sus dedos por mi mejilla, finalmente acercándome para presionar sus labios en los míos. "Elegí un nuevo libro, Bella," susurró contra mis labios, sonriendo de forma torcida.
Apartándose de mí, metió la mano en su mochila y dejó el libro en mis manos.
Mi rostro se calentó, pero no pude contener la risa que se me escapó. "¿Hay una secuela?" Pregunté con incredulidad. "¿Qué más podrían hacer estos dos?" Levanté una ceja, recordando el primer libro que habíamos leído juntos sobre el sexy, por no decir estúpido CEO y su muy bonita asistente que no podían dejar de desearse el uno al otro. Nos había conducido a una buena sesión de besos cuando la voz de Edward envolvió las partes subidas de tono.
Edward sonrió y se encogió de hombros. "No creo que sean Jack y Sophia, solo la misma autora."
El hecho de que recordara los nombres de los personajes me hizo resoplar la más fea de las carcajadas, pero lo amaba con locura. Le regresé el libro, sacudiendo mi cabeza.
"Muy bien, Edward," le dije. "Por eso voy a besarte hasta dejarte estúpido más tarde, estoy segura."
Sonrió pero no levantó la vista de su tarea al decir, "Esperaré ansioso, cariño."
Y una mierda que podía concentrarme, así que eché un vistazo alrededor de la biblioteca. Nuestro nuevo horario trajo nuevos pares de ojos, gente que había visto en clase y alrededor del campus y algunos que no conocía en lo absoluto, pero había nuevas chicas que parecían sentirse atraídas por Edward. Como siempre, él ni siquiera las notó, o si lo hizo, no se molestó en mencionarlo.
Al fin, forzándome a trabajar, me perdí en mi trabajo de literatura inglesa. Se rompió mi concentración cuando los labios de Edward se posaron a un lado de mi cabeza.
"Tengo que irme a trabajar, chica hermosa. ¿Vas a pasar por ahí más tarde?"
Levantando la vista hacia él, asentí. "Mmmm. Sip, muy probablemente con Alice. Le prometí que iría a la playa con ella después de la escuela, y luego por un helado a O'Malley's." Echando un vistazo al reloj, cerré mi libro. "También debería de irme."
Sonrió y asintió, esperando a que recogiera mis cosas. Caminamos juntos al estacionamiento, y sonreí al ver la camioneta de Edward junto a mi coche. Lo único que todo el mundo lo animó a hacer fue comprar un medio de transporte. Edward, sin embargo, no exageró o perdió el juicio eligiendo algo loco, aunque tenía el dinero para hacerlo. Jasper y mi papá habían ido con él para asegurarse que comprara algo decente, algo fiable. Compró una sencilla camioneta pickup usada—nada enorme, nada osado, solo una simple camioneta. Era negra, y parecía ser apropiada para él.
"Te veré más tarde," le dije, sonriéndole cuando me acompañó a mi coche.
"Te amo, chica hermosa," me dijo, apoyándose en mi ventanilla para besarme una vez más.
~oOo~
Alice y yo le agradecimos al chico detrás del mostrador por nuestro helado, saliendo de nuevo al malecón. Arrastré lentamente mi cuchara por mi helado con jarabe de chocolate y crema batida, llevándola a mi boca.
La playa había estado atestada de estudiantes tanto del instituto Glenhaven como de la universidad Edgewater. Era viernes, y muchos simplemente parecían necesitar desestresarse un poco. Las vacaciones de verano estaban muy cerca, el aire parecía vibrar por la anticipación. Alice había visto algunas personas que conocía, y yo también—una de las cuales había sido Alec.
"Entonces… ese fue el pendejo que le arrojó una bebida a mi hermano," me dijo, lamiendo su cuchara y sonriendo al escuchar mi carcajada.
"Sí, él es… especial." Dije con una mueca de desdén, sacudiendo la cabeza. "Tampoco tiene permitido ir al café. Jasper le prohibió la entrada."
Al mencionar a mi primo, las mejillas de Alice se calentaron y centró más su atención en su helado que a cualquier otra cosa a su alrededor.
"Oye," le susurré, dándole un pequeño empujón. "Realmente le agradas."
Sus dulces ojos azules se clavaron en mi rostro, suplicándome en silencio que no jodiera con ella. Suspiré profundamente porque entendía ambos lados. Mi primo, a pesar de su personalidad relajada, estaba tratando de darle a Alice una oportunidad de adaptarse, terminar el instituto, y sanar un poco por todo lo que había sufrido con sus hermanos y su padre. No le estaba dando falsas esperanzas o burlándose de ella. Solo quería que fuera feliz. A Alice, sin embargo, se le estaba acabando la paciencia.
Coqueteaban, reían y se llevaban mejor de lo que podría haber imaginado, pero mi primo estaba tratando de ser un caballero. Y era el mejor amigo de Edward, lo que desde un principio lo hacía sentirse receloso. E, incluso, él le había dicho a Jasper una y otra vez que Alice era bastante capaz de tomar sus propias decisiones. Mi primo, sin embargo, simplemente quería hacer lo correcto porque realmente le agradaba Alice—casi hasta el punto de la sobreprotección.
"¿Crees que cambie cuando salga de tu casa?" Me preguntó esperanzada. "No es que no quiera estar ahí… solo me refiero a cuando comience a ir a Edgewater en otoño."
Sonriendo, tomé otro bocado de mi helado. "Tal vez, pero Alice, tienes que hablar con él. Es un muchacho tonto. Créeme, crecí con él. Por más increíble, inteligente y tontillo que sea, es solo… Jasper. Está ocupado, y está intentando asegurarse que no estés…"
"Estoy bien," bufó, rodando los ojos. "Ya casi tengo diecinueve años."
"Y él tiene veintidós, Ali. Ya ha tenido relaciones antes—incluso una fue seria por un tiempo—pero él no quiere moverse demasiado rápido o lastimarte. El que tú… vinieras aquí… fue un gran paso que diste de repente. Incluso Edward se preocupa por ti, y lo sabes."
Al mencionar a su hermano mayor, Alice suspiró. "Estoy bien. Ya casi han pasado cinco meses."
"Y todavía están lidiando con la mierda de su papá, Alice. Demonios, él ni siquiera ha sido sentenciado todavía, y aún tiene que encarar eso de la prescripción. Tengo la esperanza de que se declare culpable como dijo Emmett, pero…"
Asintió, resoplando un poco, pero me miró. "¿Sabes? Edward y Emmett… Ellos me defendieron, me protegieron desde que mamá murió, incluso antes de eso, y los amo por eso, pero solo quiero… normalidad. Quiero… quiero ser tratada como una chica, una mujer, no la hermanita de alguien."
Me reí bajito. "Tal vez eso es lo que necesita escuchar mi primo. No puedo decir que te culpe."
Entramos a Sunset Roast, y sonreí al ver la guapura detrás del mostrador. Hacía a un lado su timidez cuando estaba trabajando. Sonreía y saludaba a los clientes regulares, bromeaba con Tanya, que en ese momento le estaba arrojando sobrecitos de azúcar, y él se rompía el trasero trabajando en la parte de atrás descargando entregas y manteniendo en orden el inventario. Incluso continuó manteniendo el archivo que mi primo todavía no tenía permitido tocar. Se había convertido en la mano derecha de Jasper.
La sonrisa de Edward fue cálida y dulce, a pesar de que seguía protegiéndose de los sobrecitos de azúcar. "¿Cómo estuvo la playa?" Me preguntó, apoyándose en el mostrador para besarme antes de que le diera una probadita de helado.
"Arenosa… playera," le dije con una sonrisa, pero observé su boca envolver mi cuchara por una probada más, deseosa de tener esa boca por todas partes.
"¡¿Dónde está mi helado?!" Jasper jadeó sorprendido, entrando desde la parte de atrás.
"En O'Malley's, parásito," le grité en respuesta, mirándolo como si estuviera loco. "Cómprate el tuyo… o mejor aún… La próxima vez, trae tu feliz trasero con nosotros a la playa. Entonces podrás comprar tu maldito helado. ¿Qué te parece eso?" Le sonreí con inocencia cuando me entrecerró sus ojos.
"Eso es cruel, prima," murmuró, mirando mi cuchara cuando le daba a Edward otra probada. "Y estás distrayendo a mi empleado con chocolate y crema batida y…"
Edward soltó un resoplido, sacudiendo su cabeza. "Aquí vamos," canturreó bajo su aliento, llevando una sonrisa divertida.
"Y tú realmente estás monopolizando a mi novio, tarado, lo que significa que no puede ir a O'Malley's, así que le traje su helado." Señalé en la tranquila cafetería. "¿No te gusta? Entonces dale un descanso."
Tanya y Alice estaban atacadas de la risa mientras nos observaban como si fuera un partido de tenis.
"Cruel."
"Negrero," repliqué, mirando a Edward. "Ignóralo. ¿Puedes tomar un descanso antes de que me vaya a casa?"
La sonrisa de Edward fue adorable, pero negó. "Tengo que archivar lo de esta semana."
"¡Ajá! Excelente. Te haré compañía," le dije, volviéndome hacia Alice. "Nos iremos a casa en unos minutos." Al pasar junto a mi primo, puse el resto de mi helado en su mano. "Aquí tienes, llorón. Tal vez la próxima vez te portes como un hombre y puedas ir con Alice tú mismo. ¿Mmm?" Le susurré, levantándole una ceja.
Se metió una cucharada de helado en la boca cuando entrábamos a la parte de atrás, solo para gritar, "¡No hagan nada asqueroso en mi oficina!"
"¡¿Quién dice que no lo hicimos ya?!" Le grité en respuesta, sonriéndole a Edward. "Es mejor mantenerlo en suspenso."
"Bella," me dijo con una carcajada, y sacudiendo su cabeza despacio al mismo tiempo que cerraba la puerta y ponía el seguro. "Pongámoslo realmente nervioso." Sonrió, y fue mortal y tentadora.
Mi risita fue ruidosa, pero me senté en el borde del escritorio mientras Edward cogía la pila de papeles de la bandeja de entrada de Jasper.
Cuando guardó la última página y cerró el cajón, Edward se dio la vuelta para caminar a mis brazos, dejando un intenso beso en mi frente. Sus labios encontraron los míos en un largo y profundo beso, pero sonrió al darlo, echándose hacia atrás y lamiendo sus labios. "Sabes dulce y achocolatada."
Le sonreí, rozando mis labios una vez más sobre los suyos. "¿A qué hora estarás en casa?" De nuevo, una expresión que no podía descifrar bien cruzó su rostro. "¿Qué está mal?"
Se echó a reír, mirándome como si estuviera loca. "Ni una maldita cosa, chica hermosa. Y no tardaré mucho. Lo prometo. Tanya va a cerrar esta noche."
"Perfecto, bien," lo besé otra vez, soltando un pequeño chillido cuando me rodeó con sus brazos y me puso en el suelo.
Jasper estaba al otro lado de la puerta cuando la abrimos, su mano a punto de agarrar el pomo. Sus ojos se estrecharon al verme, luego a Edward, y por último a nuestro alrededor y su escritorio.
"Qué bueno que tengas una silla fuerte, Jasper," le dije, escuchando a Edward resoplar una carcajada cuando palmeé el hombro de mi primo.
Edward me acompañó nuevamente hacia el frente, y los dos nos reímos cuando Jasper murmuró, "Para su información… en este momento en verdad no me agradan ninguno de los dos. ¡Tanya! ¡¿Dónde está el desinfectante?!"
~oOo~
Mi ducha fue caliente y prolongada, enjuagándome de la sal de mar y arena por las horas que había pasado en la playa con Alice. Me puse mis acostumbrados pantalones cortos y camiseta para dormir, pensando en hacer algo de tarea hasta que Edward llegara, pero cuando entré a mi recámara, sonreí al ver a mí chico guapo sentando en la orilla de la cama.
"Llegaste temprano," le dije, cerrando la puerta y poniendo el seguro.
Edward seguía en su camiseta de trabajo y jeans, y me sonrió al verme, poniéndome entre sus piernas mientras asentía. "Estaba volviendo loca a Tanya. Me sacó a patadas temprano."
"Awww," canturreé con una risita al tocar su rostro. "Pobrecito. ¿Por qué?"
"No podía dejar de pasearme de un lado a otro," respondió en voz baja, flexionando sus dedos en mi cintura, como si tratara de tocar de tanto de mí como pudiera al mismo tiempo. "Bella… Chica hermosa, yo… yo quiero… Maldición, solo necesito pedirte algo, y estoy…"
Estaba tan malditamente nervioso que me recordó al chico tímido que conocí en la oficina de mi primo, y de pronto, estaba verdaderamente asustada.
"Hice algo… hay algo…"
"Oh Dios, cariño," dijo entre su aliento, presionando sus labios a los míos y tomando mi rostro entre sus manos. "No es algo malo, chica hermosa. Es solo que… quiero pedirte algo."
"E-Está bien."
"Escribí esta mierda, y todavía estoy nervioso," dijo con una carcajada sin humor, pero me miró a los ojos y pasó saliva espesa. "Bella, yo… no quiero vivir en los dormitorios el próximo año. Quiero… quiero que encontremos un lugar… juntos."
Lo miré con la boca abierta, no porque no lo deseara—lo deseaba, mucho—sino porque pensó que diría que no. "¿En serio?" Chillé, incapaz de contener la sonrisa que se extendió a través de mi rostro.
"Sí, en serio." Sonrió, pero esta cayó rápidamente. "Mira, Bella… hablé con tu papá, y sopesamos los dormitorios en comparación con un departamento, pero te echo de menos durante la semana, lo que suena ridículo ya que nos vemos después de la escuela. No solo quiero los fines de semana. Chica hermosa, quiero esas cosas que dijiste cuando estábamos en Forks—nuestro propio sofá y una cama y una biblioteca… pequeña. Quiero venir a casa contigo, no con mi compañero de cuarto, Ben, y no solo aquí los fines de semana. Quiero abrazarte todas las noches.
"Lo he deseado más y más desde que lo dijiste, y pensé… Hablé con la doctora Carmen sobre esto, porque no quiero que tú o alguien más piense que tiene algo que ver con… Tengo TOC y acuafobia, cariño, no soy codependiente." Se rio un poco cuando solté una suave risita.
"Edward… detente. Sé que me amas y que quieres que estemos juntos por eso, no por cualquier otra razón." Deslicé mis dedos por su rostro bien parecido. "Sí… simplemente, sí. ¿Cuándo? ¿Y qué tan pronto?"
Se echó a reír, poniéndome en su regazo, y cerré mis piernas alrededor de su cintura. "Bueno, también hablé con tía Jane, Bella. En realidad, ella tiene una idea. ¿Recuerdas esa tienda vacía junto al café?" Me preguntó, y asentí. "Está pensando en expandirse, pero… Pero arriba hay una habitación, y ella… Bueno, ella pensó que era algo así como…"
"Perfecto," terminé por él en un susurró, y asintió, pasando sus dedos por mi cabello húmedo.
"Para nosotros. Sí." Asintió otra vez, sonriéndome. "De hecho, tú y yo fuimos los primeros en los que pensó. Todavía no la ha comprado, pero está en eso. No es grande o elegante o…"
Mis labios encontraron los suyos con rudeza. Se veía tan lindo y estaba muy nervioso, y lo quería. Honestamente, lo quería todo con él. Lo que sea. Todo. Nunca, jamás habría algo que le negara. Ya se le había negado bastante en su vida, y yo quería ser la que lo mimara, lo amara, se quedara con él.
"Te amo, y me encanta todo el plan. Solo dime cuándo," susurré contra sus labios, dando un chillido y terminando en risitas cuando nos rodó sobre la cama cerniéndose sobre mí.
Su rostro de felicidad se transformó en algo serio mientras se acomodaba entre mis piernas. Levantando mi mano, pasé mis dedos por su cabello.
"Te he extrañado. Esto. Lamento estar tan ocupado y este semestre ha sido una locura. Es por eso que quiero vivir contigo. No quiero que nunca me falte esto. Lo necesito, Bella. Te necesito. Siempre," me juró, presionando sus labios en los míos mientras lo acercaba más a mí con todas mis fuerzas.
"Siempre."
Nuestro beso se convirtió en algo más—más ardiente, más delirante, simplemente más. Las manos de Edward deambularon por mi cuerpo, debajo de mi camiseta, a lo largo de mis piernas. Jalé y tiré de su camiseta, y finalmente cedió, levantándose con una mano mientras llevaba la otra hacia atrás para agarrar un puñado de la tela para quitársela. Mis pijamas le siguieron y luego sus jeans, y cuando al fin estábamos piel con piel. Gemí al sentirlo.
Desde nuestra primera vez, deseaba más de él. No nos saciábamos del otro, y en seguida aprendimos como volver al otro completamente loco. Se veía hermoso, con fuego en sus ojos y su boca sobre mí—por todas partes, justo como lo quería cuando se comió el helado que le di. Y Dios mío, era tan malditamente bueno en eso. Mi cabeza cayó hacia atrás mientras besaba mi sexo como besaba mi boca—caliente, húmedo, profundo, y con murmullos que hacían que mis ojos se pusieran en blanco.
Nuestros cuerpos se fundieron en uno cuando se deslizó dentro de mí. No estaba segura si alguna vez me acostumbraría a lo increíble que se sentía, a lo perfecto que se sentía ser un solo ser. Era emocional y como un bálsamo, me hacía sentir que pertenecía a alguien y era amada, pero también me hacía sentir poderosa, porque al ver a Edward perderse en mí, en nosotros, era absolutamente impresionante.
Pegando su frente a la mía, metió su mano entre nosotros para tocarme en el lugar perfecto para hacer que perdiera el control por completo. Entre sus dedos y su tersa y sexy voz suplicándome que me dejara llevar, me derrumbé debajo de él, pidiéndole que se corriera conmigo, y lo hizo, a la perfección.
Sus ojos estaban cerrados mientras deslizaba mis dedos por su espalda, frotando mis piernas con las suyas hacia arriba y hacia abajo, mi otra mano encontrando sus cicatrices.
"¿Edward?" Le dije en voz baja, sonriendo cuando un verde profundo y dulce encontraba mi mirada. "No quiero leer esta noche. Solo quiero… esto."
Sonrió, besándome con el más ligero de los besos. "Yo también, chica hermosa."
~ooo~AFTA~ooo~
¡Van a vivir juntos! Estos dos van que vuelan a crear una vida juntos. Y 'papito querido' está recibiendo su merecido, ya se quedó sin nada, sin empleo y con algunos años en la cárcel. No fue necesario que Edward levantara cargos, como dijo Bella, él mismo cavó su tumba. Como ya les dije, está historia se acerca a su fin. ¿Qué más creen que falta por ver? Espero que hayan disfrutado del capítulo y me lo hagan saber con su review.
Gracias a quienes dejaron el suyo en el capi anterior: LeidaJim, Nadiia16, mayerlinglopezj, Laura Katherine, ValenN Swan Cullen, Deessa Whitlock, Angel twilighter, shamyx, EmDreams Hunter, TatiiSwan, Roxy Sanchez, lucylucy, Fatavill, Hanna D.L, liduvina, patymdn, Valeria, Iku cSwan, AleLupis, Nayuri80, lagie, freedom2604, ginnicullenswan, Wawis Cullen, angelabarmtz, Pam Malfoy Black, bellaliz, Yoliki, bbluelilas, Manligrez, Alejacipagauta, solecitopucheta, AriiPattinson, aliceforever85, Gabriela Cullen, Anastacia T. Crawford, hanna1441, CindyLisse, Shikara65, Jocelyn907, lauritacullenswan, Ericastelo, Prinsses Joselin Cullen, marieisahale, Mafer, Genesisdan13, Tata XOXO, glow0718, Marlecullen, Rosy Canul, Anuca, Sully YM, Maribel, tahiyoa, Marie Sellory, nicky, Tsuruga Lia1412, NoeLiia, , dushakis, RouseOfPaper y algunos anónimos. Gracias también por sus alertas y favoritos.
