Cuando Harry despertó aquella mañana y descorrió las cortinas de su cama, no fue capaz de recordar cuando fue la última vez que había visto algo así.
- ¿Ron¿Qué haces despierto? Hoy es sábado.
El pelirrojo estaba recostado en su cama, con el pijama todavía puesto y expresión sombría. Harry se sentó en el borde perezosamente y se colocó las gafas.
- No tengo sueño –fue la escueta respuesta de su amigo. Harry bostezó y se desperezó sin disimulo alguno.
- ¿Desde que hora llevas despierto?
Ron se encogió de hombros sin decir nada, desganado. Harry fue al baño, se lavó la cara con agua fría y cuando volvió y observó a Ron tomó conciencia del lamentable estado de su amigo.
- Oye¿estas bien? –le preguntó. Ron alzó la vista, pero seguía con el entrecejo fruncido.
- ¿Por qué lo dices?
Harry caminó lentamente hasta su cama y empezó a vestirse.
- Porque no lo pareces –dijo buscando en el cajón que había a su derecha, sin quitar la vista de Ron. El chico no contestó, y Harry se preguntó en silencio qué podría haber ocurrido para que Ron se encontrara tan abatido a esas horas de la mañana. Mientras se cambiaba de ropa, recordó lo sucedido la tarde anterior, y pensó que quizá había alguna relación-. ¿Es por lo de ayer?
- No me pasa nada.
Harry no contestó de inmediato. Estaba claro que Ron no estaba de buen humor aquella mañana.
- No digo que te pase algo. Pero si estuvieras enfadado... o dolido, sería normal.
- ¿Y por qué tendría que estar dolido? –contestó, y Ron frunció mas las cejas.
- Pues... porque se hicieron pasar por amigos nuestros y al final solo estaban espiándonos.
Se hizo un silencio pesado en el que Harry consideró seriamente en lanzarle una zapatilla a Ron para que contestara.
- Ya te he dicho que no me pasa nada.
- Ya, ya te he oído –Harry terminó de atarse los cordones y con un movimiento de varita empezó a hacer la cama-. Solo digo que si te pasara algo sería comprensible.
Ron resopló exasperado.
- ¿Quieres largarte de una vez?
- Pero... ¿tu no vienes? –preguntó Harry desconcertado. Había supuesto que Ron bajaría con él a desayunar.
- No tengo hambre.
Harry supo en aquel momento que su amigo escondía algo y por un segundo dudó en dejarle solo. Por otro lado, sabía que no iba a conseguir sonsacarle qué era lo que le había quitado el sueño, pero como estaba bastante seguro de saber la respuesta optó por retrasar dos minutos más su desayuno.
- Mira Ron, esto es así –Harry se sorprendió hablando de aquella manera, como si estuviera acostumbrado a descubrir que había gente que suplantaba la personalidad de otros, o que sus amigos no eran realmente como él creía que eran. Se dio cuenta de que aquel pensamiento era más propio de personas más adultas que él, y se asombró al comprobar que cuando pensaba en ello solo podía sentir resignación-. Supongo que es el precio que hay que pagar por estar donde estamos.
Ron tampoco contestó a eso, lo que hizo pensar a Harry que no iba por mal camino al creer que la revelación de la verdadera identidad de Megara, y en cierta medida la de Ethan, había afectado a su amigo.
- Podrías... no sé, salir con Luna. Ella sabrá distraerte.
Ron abrió los ojos desmesuradamente y pareció despertar del trance.
- ¿Salir con Luna¿Estas chiflado?
Harry le miró extrañado y luego cayó en la cuenta.
- ¡A pasear¡Quería decir que salierais a pasear¡Por el lago¡O por Hogsmeade! O... bueno¡ya sabes! –Harry sacudió la cabeza y se encaminó a la puerta. Luego rió-. Aunque si prefieres salir con ella por cuestiones más deshonestas que esas...
Una almohada golpeó violentamente su espalda y Harry aun tuvo tiempo de agacharse y lanzársela de nuevo a Ron antes de salir de la habitación camino al Gran Comedor. Bajó los escalones de dos en dos y desayunó solo, en cinco minutos. Aquella mañana tenía mucho que hacer.
Mientras se hacía paso entre los enfervorecidos estudiantes que se agolpaban en las gradas, Harry pensó que no habría sido mala idea esperar a que el partido terminara para buscarla. El calor de aquella mañana era comparable al de cualquier día de verano, y la acumulación de gente le obligó a hacer un alto en su camino para tomar aire.
Justo en ese momento, Luna Lovegood rozaba las gradas con la punta de su escoba tras un destello amarillo.
- ¿Cómo van? –preguntó Harry al ravenclaw que había junto a él, que no apartaba la mirada del campo.
- Setenta puntos a veinte a favor de los tejones. Como Luna no coja la snitch estamos perdidos.
Harry asintió y aprovechó un pequeño hueco que se había formado a su derecha para seguir avanzando. Tardó diez minutos más en llegar al otro lado, donde los gryffindor, algo más calmados que sus vecinos, aplaudían la ultima jugada del cazador de ravenclaw. Estirando el cuello, Harry descubrió la pelirroja cabeza de Ron lanzando gritos tres gradas más abajo.
- ¡Ron!
Harry hizo espacio entre un grupo de chicos de tercer curso que apenas reparó en él y descendió por los escalones hasta llegar junto a su amigo, que observaba los movimientos de la snitch con atención.
- Eh tío, estoy aquí.
Ron le dirigió una rápida mirada y volvió a prestar atención al campo.
- ¿Dónde te habías metido? –le gritó, para hacerse oír por encima de los gritos de la multitud-. Hemos estado esperándote, pero al ver que no venías...
- Estaba preparando unas cosas, luego te lo explicaré –echó un vistazo a su alrededor-. Oye¿está Hermione por aquí?
- ¿Eh? –era evidente que Ron estaba distraído. Luego pareció comprender e hizo un gesto con la cabeza hacia su izquierda que podía haber significado cualquier cosa-. Esta ahí atrás, con Gin... ¡LUNA, POR FAVOR!
Se escuchó una aclamación general en el campo al mismo tiempo que la buscadora ravenclaw perdía el equilibrio sobre su escoba tras casi ponerse de pie sobre ella para alcanzar la snitch. Afortunadamente, supo sujetarse a tiempo antes de caer, pero el destello brillante había vuelto a desaparecer.
Harry palmeó el hombro de Ron y comenzó a buscar a Hermione entre las gradas. Le costó encontrarla, pues estaba sentada en uno de los asientos, con la cabeza metida entre las páginas de un libro, rodeada de personas que gritaban de pie a su alrededor. Palmeó a una escandalosa y desgallitada Ginny en el hombro cuando pasó junto a ella, y cuando llegó junto a Hermione y le desordenó el pelo con una mano, la chica alzó la vista y sonrió mientras él tomaba asiento tras ella.
- Hola –saludó, volviendo a prestar atención a las páginas de su libro.
- Hola... ¿qué estas haciendo? –preguntó Harry, apoyando la barbilla en el hombro de Hermione y echando un vistazo a las páginas. Reconoció en ellas el último hechizo que habían aprendido en clase de Defensa contra las Artes Oscuras.
- Estudiando... –contestó Hermione con aire ausente.
- ¿Qué? –Harry no podía escucharle, pero volvió a mirar el libro y creyó intuir la respuesta-. ¿En medio de un partido de quidditch?
- ¿Qué dices? –preguntó Hermione, intentando hacerse oír, pero sin alzar la vista de su libro-. No puedo oírte.
Harry se encogió de hombros y cogió del brazo a Hermione para llamar su atención.
- Tengo que hablar contigo.
- ¿Qué pasa?
- Me voy –anunció Harry. Hermione frunció el entrecejo y le miró con expresión confusa.
- ¿Que te vas? –preguntó, sin dejar de observarle-. ¿Dónde?
Harry tomó aire. Instintivamente, miró al campo tras oír los insultos que el grupo de chicos que había tras él profería contra un jugador y luego volvió a mirar a Hermione, quien continuaba observándole fijamente.
- Al Valle de Godric. A por... lo que ya sabes.
Hermione caminaba junto a él apretando el libro contra su pecho.
- ¿Crees que es seguro? –preguntó, mirándole con preocupación. A Harry le habría gustado decir algo que pudiera tranquilizarla, pero sabía que dijera lo que dijera no podría engañarla. Decidió ser sincero para evitar futuras complicaciones.
- No. No creo que vaya a pasar nada... pero Dumbledore ya me ha advertido sobre eso. A fin de cuentas, los mortífagos también están buscándola.
Hermione asintió con la cabeza. Harry se detuvo a su lado y le cogió la mano que tenía libre.
- Pero quiero hacerlo. Estoy preparado.
Hermione apretó su mano y miró al campo de quidditch, que parecía estar vaciándose poco a poco. El partido había terminado.
- Nada de lo que yo diga te va a hacer cambiar de opinión¿verdad? -casi sonrió mientras lo preguntaba, sabiendo de sobras la respuesta. Harry también sonrió-. Imaginaba que ibas a querer ir en cuanto Dumbledore lo dijo –y Harry supo que Hermione se había resignado incluso antes de que él la buscara aquella mañana-. ¿Cuándo te irás?
- Esta noche, después de cenar. Buckbeak estará esperándome en el granero.
Dos alumnos con la cara pintada de color azul y gesto alicaído pasaron junto a ellos. A lo lejos, una multitud de estudiantes se encaminaba hacia el colegio, alzando en hombros a los vencedores del partido. Al parecer, aquel había sido el día de suerte para Hufflepuff.
- Solo serán tres días. Me iré y volveré antes de que os deis cuenta. Y así tu podrás estudiar tranquila...
Hermione rió y negó con la cabeza, agitando en el aire sus rizos castaños. Sin decir nada se puso de puntillas y abrazó a Harry con fuerza.
- Preferiría no estudiar y que te quedaras... pero está bien –rió, cuando Harry la sujetó por la cintura y la alzó levemente del suelo-. Dime que tendrás...
- Qué escena tan tierna.
Harry dejó a Hermione en el suelo y se giró hacia Ginny, que volvía del partido con gesto resignado.
- ¿Cómo han quedado? –se interesó.
- Paliza a cero, básicamente –Ginny se encogió de hombros-. Luna hoy estaba muy distraída... más de lo normal, quiero decir, y Hufflepuff estaba bastante animado.
- ¿Eliminados, entonces? –preguntó Hermione,
- Sí. Lo que significa que nosotros tendremos que ganar el siguiente partido si queremos llegar a la final, que probablemente sea contra Slytherin –Ginny se encogió de hombros-. A no ser que Hufflepuff continúe con su racha de buena suerte.
- ¿Y Luna? –preguntó Harry.
- Está con Ron.
Harry intercambió una mirada con Hermione.
- ¿Con Ron? –rió Harry-. ¿En serio?
Ginny sonrió y se encogió de hombros.
- Compruébalo tu mismo –dijo, señalando con la cabeza hacia atrás.
Los tres observaron a la pareja que se acercaba paseando hacia ellos. Luna caminaba cabizbaja, con la trenza deshecha y la cara tiznada de negro. A su lado, Ron parecía querer decir algo, pero o bien no sabía el qué o no se animaba a hacerlo, pues cada vez que lo intentaba metía las manos en los bolsillos y bajaba la cabeza. Finalmente llegaron hasta ellos sin que el chico hubiera pronunciado palabra.
- ¿Qué hay, Luna? –dijo Harry. Luna le miró con sus enormes ojos azules, que parecían aun más grandes en aquella cara ennegrecida e hizo un esfuerzo por no echarse a reír. El aspecto de Luna era horrible, teniendo en cuenta que tan solo había jugado un partido de quidditch.
- Barro. Hay mucho barro –respondió tranquilamente-. Y todo está en mi cara¿cómo crees que estoy¡Me han dado una paliza los de Hufflepuff¡Los de Hufflepuff¿Cómo es posible¡Si son como una especie leyenda urbana!
- ¿Una leyenda urbana? –preguntó Ginny, extrañada.
- ¡Sí! –Luna estaba indignada-. ¡Todo el mundo decía que existían pero nadie les había visto!
Todos rieron, incluso Luna se empeñó en disimular un atisbo de sonrisa. Ron parecía haber despertado de su ensimismamiento y se reía a carcajadas ante la ocurrencia de la ravenclaw. Mientras disfrutaban de aquel pequeño momento de espontánea tranquilidad, Harry pensó que no podía esperar demasiado a comunicarle sus planes al grupo. A fin de cuentas, no podía desaparecer tres días así, sin más.
- Escuchad... tengo que deciros algo.
- ¿Hace falta que yo esté? –preguntó Luna-. Porque en mi lista de prioridades ducharme está por delante de muchas cosas.
- Solo es un momento –Harry titubeo, preguntándose por primera vez cual sería la reacción de sus amigos ante la noticia-. Veréis... voy a irme, un par de días.
- ¿Cómo? –Ginny frunció el entrecejo.
- He hablado con Dumbledore y... bueno¿recordáis lo que dijo del Valle de Godric¿Lo de la tercera llave? –Harry tomó aire-. Pues voy a ir a por ella.
Nadie dijo nada. Harry esperó varios segundos, hasta que intercambió una mirada con Hermione y volvió a mirar al grupo.
- ¿Nadie dice nada?
Esta vez fueron los demás quienes se miraron entre ellos, y a Harry le pareció que era Ron a quien cargaban la responsabilidad de ser el primero en hablar.
- No sé... todo ha sido un poco rápido¿no? –Harry no pudo menos que asentir-. ¿Estas seguro de que quieres hacer eso?
- ¿Porqué no dejas que los aurores se encarguen de encontrarla? –Ginny buscó el apoyo de Hermione con la mirada-. No tienes porqué hacerlo tu.
- Porque estoy cansado de no hacer nada –Harry sabía que sus amigos no compartían el mismo punto de vista que él. Para ellos, la opción inteligente era quedarse en Hogwarts, a salvo. Lo que él estaba dispuesto a hacer era una opción bastante parecida a hacerle una burla a Voldemort con la lengua y salir corriendo-. Escuchad, ya sé que no lo entendéis...
- Yo si lo entiendo –Neville habló con cierta timidez, y cuando todos le miraron pareció haberse arrepentido de haber intervenido en la conversación. Clavó la mirada en el suelo, dando a entender que ya había dicho todo lo que tenía que decir, pero Harry se sintió agradecido.
- Y yo también –Luna se encogió de hombros. Ron la miró con extrañeza, pero no dijo nada.
- ¿Vas a ir tu solo? –Ginny parecía realmente preocupada por él-. ¿Por qué no... podemos acompañarte?
- Porque creo que esta vez será mejor así. Y además, no sé si Dumbledore permitiría que los seis abandonáramos el colegio. Llamaría mucho la atención.
Todos asintieron en silencio. Harry no se había equivocado al pensar que aquel momento iba a resultar algo incómodo para sus amigos. No le cabía duda de que todos le habrían acompañado de haber podido, pero también sabía que todos se alegraban de poder quedarse en el colegio. Harry no les culpaba por eso, aunque conforme pasaba el tiempo iba dándose cuenta de que el viaje sin ellos iba a resultar más duro de lo que había pensado en un principio.
De pronto Hermione sonrió.
- Solo serán tres o cuatro días y Dumbledore no le habría dejado ir si no hubiera estado bastante seguro de que no será peligroso... o eso quiero creer. Estará bien. Además, ya es hora de que aprenda a arreglárselas sin nosotros¿no? –se giró hacia él y le miró con una impertinencia fingida-. No podemos estar cuidando de ti constantemente.
Harry sabía que Hermione solo pretendía romper la tensión que parecía haberse instalado entre ellos, y lo consiguió. Los chicos forzaron una sonrisa, y Luna eligió aquel momento para despedirse.
- Bueno, será mejor que me vaya si no quiero que todo esto se reseque demasiado.
- Yo voy contigo –Ginny se colocó junto a su amiga y luego las dos observaron a Harry-. Te veremos antes de que te vayas¿verdad?
- Claro. No esperaba que no vinierais a despedirme.
Las chicas sonrieron y echaron a andar hacia el Colegio. Hermione les siguió con la mirada, hasta que de pronto se giró hacia Neville.
- Neville¿tienes algo que hacer ahora?
- No... –el chico le miró sorprendido.
- ¿Me acompañarías al invernadero? Me gustaría que vieras algo.
- Claro, cuando quieras.
Hermione se acercó a Harry y deslizó una mano por su espalda.
- Nos vemos luego¿vale? –el chico asintió y Hermione le besó en la mejilla con suavidad-. Adiós chicos.
Harry observó a Hermione alejarse lentamente mientras conversaba alegremente con Neville, hasta que se volvió hacia Ron.
- ¿Volamos un rato?
El pelirrojo se encogió de hombros y ambos se encaminaron de nuevo hacia el campo de quidditch, que a esas horas ya se había quedado vacío. Solo algunos alumnos de hufflepuff continuaban bajo las gradas, celebrando la victoria.
- Luna ha jugado bien¿verdad?
- Suele jugar bien... casi siempre –Ron suspiró con resignación-, aunque sería mejor si no le diera por subirse encima de la escoba en pleno vuelo. Es una costumbre estúpida.
Harry sonrió, pero no dijo nada. De pronto Ron se detuvo.
- Oye... –Harry le miró, varios pasos por delante de él-. Yo... iría contigo. De verdad.
Una fuerza invisible parecía impedir a su amigo alzar la vista más allá de sus pies. Harry sabía que decía la verdad. Lo que no podía saber era que Ron había empezado a tomar conciencia de muchas cosas durante las horas que había pasado despierto aquella noche. No tenía forma de saber que después de la tarde anterior nada volvería a ser lo mismo para Ron.
- No lo dudo. Para eso están los amigos.
Palmeó fuertemente la espalda del pelirrojo, quien carraspeó y comenzó a hablar de la temporada que estaban jugando los Chudley Cannons, que seguían con la misma mala suerte que de costumbre, y los dos se encaminaron al campo de quidditch.
Era ya noche cerrada cuando Harry descendió junto a Neville y Ron por la ladera camino al establo de Buckbeak. Dumbledore había sido muy claro en ese sentido; a pesar de que los profesores conocían los planes de Harry y Hagrid estaba esperándole abajo con todo preparado, no debía dejar que cualquier alumno asomado a una ventana diera al traste con todo el secretismo con que habían tratado el asunto.
- Las chicas están abajo –dijo Neville-. ¿Seguro que vas a hacer el viaje con Buckbeak? No sé cuantas horas tendrás que volar con él pero no parece muy seguro.
- Volaré toda la noche, pararé mañana en alguna parte a descansar y según mis cálculos, llegaré por la noche al valle. Mejor Buckbeak que sobre el palo de una escoba, créeme.
- ¿Llevas todo lo necesario?
- Si, aunque tampoco voy a estar fuera tanto tiempo –Harry podía escuchar ya algunas voces que provenían del establo-. Algo de ropa, y el recipiente para guardar la llave cuando la encuentre. Si la encuentro, claro.
- ¿Y donde lo llevas...? –preguntó Neville, examinando a su amigo.
- Tranquilo, está a buen recaudo –Harry palpó la bolita en que se había convertido todo su equipaje tras aplicarle el hechizo reductor y que ahora descansaba segura en el bolsillo de su pantalón. Dos segundos más tarde, aparecía en la iluminada puerta del granero-. Hola a todos.
Hagrid se movía con dificultad en aquella reducida estancia. Entre su enorme figura y Buckbeak, que parecía un poco nervioso ante la presencia de tanta gente, las chicas se habían arrinconado en una esquina y saludaron a los recién llegados con un movimiento de cabeza, sin quitar la vista del animal.
- Menos mal que has llegado ya Harry, Buckbeak está bastante inquieto esta noche. Por un momento he pensado que quizá sería más conveniente dejarlo para mañana... –el hombretón acariciaba con su enorme manaza al animal, intentando tranquilizarlo sin demasiado éxito-. Ha comido bastante esta tarde, pero intenta que coma algo antes de retomar el viaje de vuelta. No me gustaría que a mitad de vuelo decidiera bajar a tomar un tentempié por su cuenta.
- No te preocupes Hagrid, sabré arreglármelas -Harry se acercó con lentitud, hasta que logró colocar una mano en la cabeza de Buckbeak. Le acarició con suavidad, y el animal pareció relajarse ante el contacto amigo-. ¿Lo ves? Está todo controlado.
- Si, eso parece... –Hagrid se separó con cuidado y añadió-: No tendrás nada que temer, Hermione.
Harry miró a Hagrid con curiosidad y luego volvió la vista a las chicas. Con cuidado, Hermione se abrió paso entre Luna y Ginny y se acercó hasta él.
- ¿Hermione? Soy yo quien se va, Hagrid.
- Y yo también.
Harry observó a Hermione con detenimiento y ahogó una carcajada.
- Qué dices... –y miró a sus amigos para comprobar que aquello era una broma, pero nadie parecía sorprendido. Luego volvió a centrarse en Hermione-. ¿Lo estas diciendo en serio?
- En serio. Ya esta todo hablado, no tienes que preocuparte por nada.
Harry no sabía que pensar. Ya se había hecho a la idea de hacer aquel viaje solo, y en cierto modo le había encontrado la parte agradable, pero tenía que reconocer que viajar con Hermione era una perspectiva agradable. Mucho más que hacerlo solo. Tanto que quiso besarla en aquel momento, y de no ser por Hagrid, probablemente lo hubiera hecho.
- Pero tu odias volar –fue lo único que se le ocurrió.
Ginny dejó escapar una risita y Hermione se puso seria.
- No sé de donde habéis sacado esa idea tan estúpida –dijo con dignidad. Luego, para demostrarlo, se aupó sobre Buckbeak y el animal, familiarizado con la chica, intentó ayudarla a subir. Sin embargo, al tomar impulso, Hermione solo consiguió sujetarse con los brazos y agitar las piernas con fuerza en el aire. Harry intercambió una mirada con Ron y luego, con gesto resignado, cogió a Hermione de las piernas y la subió al lomo del hipogrifo.
- Buena suerte, la vas a necesitar –musitó Ron. Harry arrugó el gesto, sin dejar de mirar a Hermione que intentaba encontrar el mejor sitio para asirse del pobre animal. Ginny, sin poder disimular la gracia que le hacía la simple visión de Hermione subida sobre el hipogrifo, asintió con la cabeza.
- Harry, ten mucho cuidado, por favor –Hagrid sujetaba a Buckbeak mientras daba a Harry sus últimos consejos-. Haz caso de lo que te digan y no seas temerario. Cuida de él, Hermione.
- Lo haré, Hagrid, estate tranquilo.
- Nos veremos en tres días –Harry subió con agilidad tras Hermione y dirigió una última mirada al grupo-. No os metáis en demasiados líos mientras estamos fuera...
- Lo intentaremos –contestó Luna, muy seriamente. Luego sonrió a Hermione-. ¡Que tengas buen viaje¡Intenta no mirar abajo, y si te entran ganas de vomitar no lo hagas sobre el pobre Harry! Sería muy desagradable.
Hagrid palmeó a Buckbeak en el lomo al mismo tiempo que Hermione lanzaba una mirada impasible hacia Luna. El hipogrifo echó a correr ladera abajo y Harry escuchó los gritos de despedida de sus amigos. Miró hacia atrás y les alzó la mano, y pensó, sin tener muy claro el por qué, que aquella era posiblemente la primera despedida en su vida que realmente le encogía el corazón. Dedicó un último pensamiento a sus amigos antes de darles la espalda y agazaparse sobre Hermione.
- Bien –Harry colocó los brazos alrededor de la cintura de la chica para asegurarla, cogiéndose con las manos a las alas del cuello del animal. Cuando Buckbeak recorrió la distancia que les separaba del lago y comenzó a desplegar las alas, intentó gritar para que Hermione le escuchara con claridad-. Agárrate fuerte ahora, cuando eche a volar no tendremos mucha estabilidad...
- ¡No es la primera vez que...!
Cuando Ron y los chicos llegaron al castillo, escucharon algo en la lejanía. Neville aseguró que le había parecido un grito, pero tras mirar alrededor varias veces y comprobar que todo estaba en calma, entraron al colegio. Nunca supieron que había sido Hermione.
Harry observó el cielo y se relajó ligeramente cuando una suave brisa nocturna le revolvió el pelo. Habría sido horrible viajar sobre Buckbeak con mal tiempo, y cuando Hermione se removió ante él y se sujetó fuertemente a las plumas del animal, pensó que de estar lloviendo le habría tocado dar media vuelta para llevar a la chica de vuelta al colegio.
- ¿Estás bien?
Hermione, refugiada en su capa y con la capucha echada sobre la cabeza, asintió de forma imperceptible.
- Cuando quieras parar...
- No será necesario –dijo-. Estoy bien.
Harry sabía que estaba mintiendo. Hermione estaba rígida. Podía sentir la tensión que acumulaba a cada instante cada vez que Buckbeak hacía un movimiento brusco y la espalda de la chica golpeaba contra su pecho.
- No seas tan orgullosa –Harry sonrió, pero Hermione se limitó a fruncir más el entrecejo-. No te gusta volar¿y qué? Por ese motivo tiene más mérito el hecho de que estés aquí arriba.
Hermione no contestó, pero Harry le vio bajar los hombros.
- ¿Sabes lo que es la terapia de choque? –preguntó de pronto.
- ¡Ni se te ocurra! –gritó Hermione, dándose rápidamente la vuelta, luchando contra el borde de la capucha que le tapaba los ojos-. Haz que este bicho vaya más rápido y ninguno de los dos llegaréis al valle con vida.
- Tranquila, era una broma... –Harry alzó los brazos con las manos abiertas, y Hermione volvió a gritar.
- ¡No te sueltes, por Merlín! –Harry se apresuró a volver a colocar los brazos a ambos lados de Hermione, sujetándose suavemente al plumaje de Buckbeak-. ¿Sabes a cuantos metros estamos?
- A unos cuantos –Harry miró hacia abajo de forma inconsciente, aunque la inmensa negrura que cubría las montañas que sobrevolaban en aquel momento no le sirvió para determinar una altura aproximada. Volvió a inclinarse sobre Hermione, apoyando la barbilla suavemente sobre el hombro izquierdo de la chica. Había descubierto que aquel era uno de sus lugares favoritos-. A lo mejor sería mejor si te durmieras...
- He de admitir que me encanta dormir sobre hipogrifos que vuelan a más de doscientos metros del suelo–contestó ella-. Pero intentaré resistir la tentación.
Hermione ladeó la cabeza y los dos intercambiaron una mirada. Luego ella volvió la vista al frente. Pasaron varios segundos en los que ambos quedaron absortos escuchando el batir de las alas de Buckbeak.
- Gracias por estar aquí – murmuró Harry.
Hermione sonrió bajo la capucha y deslizó una mano hasta la de Harry. La apretó con fuerza.
- De nada.
- Para... ¡para! –susurró Luna con impaciencia-. ¡Creo que se me ven los pies!
Ron resopló con cierto fastidio y se paró en medio del pasillo, intentando controlar los nervios. Las únicas dos posibilidades que tenían para volver a sus habitaciones sin ser vistos eran utilizar los dos objetos mágicos de Harry; la capa de invisibilidad y el mapa del merodeador. Ginny y Neville hacía rato que se habían desviado a la torre Gryffindor con el mapa, pero él y Luna se dirigían en dirección contraria hacia los aposentos de los ravenclaw, únicamente protegidos por la capa de invisibilidad.
- No lo entiendo, antes no pasaba... –Ron estaba tan nervioso que apenas pensaba en lo que decía. Solo se sentiría a salvo cuando se encontrara felizmente metido en su cama-. Supongo que debe haber encogido...
- Supongo que antes no eras tan alto –murmuró Luna, lacónica.
Reanudaron el paso, guiándose a oscuras por los corredores, pero no habían llegado aun a las escaleras cuando Luna volvió a quejarse.
- No camines tan deprisa...
- Oye¡yo no tengo la culpa! –dijo demasiado alto mientras se daba la vuelta.
Ron escuchó un profundo suspiro de resignación, tan cerca que por un momento se quedó desconcertado. Después, sintiéndose un poco tonto, alzó la mano a la altura de su pecho y palpó el aire con timidez, hasta que su mano encontró una mejilla. Luna se sobresaltó.
- Lo siento –se apresuró a decir Ron, metiéndose la mano en el bolsillo del pantalón.
- ¿Se puede saber que pretendes? –Ron habría jurado por su tono de voz que Luna estaba sonriendo, pero rápidamente desechó aquella imagen de sus pensamientos. Sacó la mano de su bolsillo cuando se dio cuenta de que se estaba acariciando los dedos con que había tocado la suave mejilla de la ravenclaw por error y chasqueó la lengua-. ¿Qué pasa, Ronald?
- ¡Nada, no pasa nada! –Ron había alzado más la voz y Luna le censuró con un gesto. La chica echó andar, sin preocuparse por el hecho de que cualquiera que pasara por allí en esos momentos vería un par de piernas andando sin dueño-. Bueno. Quizá... eh... tendrías que acercarte más.
Ron notó como la capa se tensaba sobre ellos y supo que Luna había detenido sus pasos. Se detuvo, pero no la miró.
- ¿Qué has dicho?
- No... nada, no he dicho nada. Vamos.
- ¿Cómo has conseguido que Dumbledore te dejara venir?
- ¿Que me dejara venir? –Hermione rió. Estaba totalmente apoyada sobre el pecho de Harry y tenía que admitir que allí arriba no se estaba tan mal. Incluso podría haberse movido un poco-. Creo que se sintió más aliviado cuando me presenté en su despacho esta tarde. Casi me pidió que te acompañara.
- ¿Entonces has venido para cuidar de mí? –a Harry no terminaba de gustarle esa idea. ¿Es que no confiaban en que pudiera cuidarse solo?
- No más de lo que estoy acostumbrada a hacerlo –contestó Hermione. Luego, despacio, se separó un poco de él, lo justo para poder mirarle a los ojos-. Tendrás que admitir que el viaje ha adquirido un matiz más interesante ahora que yo también vengo.
Harry alzó una ceja, pero sonrió divertido.
- Creo que te tienes un poco sobrevalorada¿sabes? –Hermione se indignó completamente al oírle.
- Para esto ahora mismo, me vuelvo al colegio.
Harry rió con ganas. Aquello era fantástico. No pudo evitar pensar que en aquel momento se encontraba con Hermione, volando, lo suficientemente lejos de Hogwarts para olvidar un poco todos sus problemas pero todavía lo suficientemente lejos del valle como para tomar conciencia de a dónde se dirigía y para qué. Enterró la cara en el cuello de la chica y la besó con fuerza. Hermione carcajeó, y la capucha resbaló sobre sus hombros.
- Para, que tengo cosquillas.
- ¿Ah, sí? No lo sabía –Hermione sonrió y se encogió de hombros, pero aquel dato llamó la atención de Harry-. ¿Cómo es posible que acabe de descubrir que tienes cosquillas?
- ¿Por qué deberías haberlo sabido antes? –preguntó Hermione.
- No sé. Porque te conozco desde hace siete años.
- Si, pero el Harry que va desde los once hasta los dieciséis años no se caracterizaba por ir haciéndole cosquillas a Hermione Granger por los pasillos, honestamente -y luego añadió-: A lo mejor sí sabes si Cho tiene cosquillas.
La respuesta se le escapó antes de que Harry pudiera evitarlo.
- A lo mejor. A lo mejor tu sabes si Víktor también las tiene.
Hermione sonrió y se volvió hacia él.
- A lo mejor.
La mirada que Hermione le devolvió era una mirada desafiante, y Harry volvió a sentir el inconfundible ardor de los celos en su interior. Había contestado mordazmente al golpe bajo de Hermione, sin antes darse cuenta de que en el intercambio de información iba a salir perdiendo.
- Cambiemos de tema, antes de que cambie de idea y guíe a Buckbeak hacia Bulgaria –dijo Harry. Hermione rió, pero no añadió ningún comentario.
- ¿Qué haremos cuando lleguemos al valle? –preguntó de pronto.
- Buscar la casa, supongo. Dumbledore me ha dado la dirección.
- ¿Y una vez allí?
- No lo sé. Me dijo que alguien nos daría las indicaciones, pero no sé quien estará esperándonos. Me gustaría que fuera el profesor Lupin. Hace mucho que no le veo.
- Es posible. ¿Sabes en qué estaba pensando?
- ¿En qué?
- En la primera vez que hice magia. Que yo recuerde, claro.
A Harry aquel cambio de conversación tan radical le recordó un poco a Luna, pero decidió no interrumpirla. De todas formas, le interesaba lo que iba a decir.
- ¿Y como fue?
- No lo recuerdo muy bien, era muy pequeña. Durante mucho tiempo fue algo que retuve en la memoria pero nunca me paré a pensar que no era muy normal, hasta años más tarde –Hermione parecía divertirse recordando aquella anécdota.
- ¿Qué hiciste?
- Mi padre estaba columpiándome en el parque. Era uno de esos columpios que cuelgan de dos cadenas. Me acuerdo que era de color amarillo –Hermione rió-. Me lo estaba pasando en grande, no paraba de reír. Le pedía a mi padre que me empujara cada vez más fuerte para llegar más alto, y al final... me solté.
Harry le miró muy seriamente. Hermione negó con la cabeza.
- Volé casi cuatro metros. Aun recuerdo la sensación. Es casi parecida a esto.
A Harry le costó imaginar a Hermione disfrutando de una experiencia así, y pensó que parte de la inseguridad que la embargaba cuando tenía que subirse a una escoba podía provenir de aquello. Intentó recordar.
- Pues la primera vez que yo hice magia, creo que fue cuando le robé el helicóptero a Dudley.
- ¡Harry!
- ¿Qué? Era un egoísta, nunca compartía nada conmigo. Pasé mi infancia jugando con las pinzas de la ropa que mi tía Petunia perdía en el jardín trasero de casa. Pero un día no sé qué pasó. Vi el helicóptero allí en su habitación. Habían estado anunciando ese juguete durante meses en la tele, y entré y lo cogí. Lo hice volar durante casi dos minutos, pero Dudley me descubrió y empezó a gritar. Supongo que me desconcentré, y el helicóptero terminó encalado en el tejado. A partir de aquel día Tía Petunia se aseguró de recoger todas las pinzas de la ropa antes de abandonar el jardín.
Hermione no contestó, y Harry se arrepintió de haber contado aquella historia. Siempre había intentado no contar a sus amigos la clase de vida que había llevado en Privet Drive, mucho menos aquel tipo de detalles que solo conseguían incomodarlos. Intentó centrar su atención en otra cosa.
- Dudley siempre fue un egoísta. Supongo que será cosa de los hijos únicos.
- Oye –replicó Hermione-. ¿Eso también va por mí?
- No –se apresuró a decir Harry-. Por supuesto que no. Tú eres la excepción que rompe la regla.
El resto de la noche transcurrió entre conversaciones absurdas que los dos recordarían después durante mucho tiempo. Fue la noche en que Harry se enteró de que Hermione sabía hablar en cinco idiomas diferentes, que cuando era pequeña su única mascota había sido una tortuga llamada Casiopea y que lo que más le gustaba de su habitación, en la casa donde vivía con sus padres, era el segundo estante de la derecha, donde tenía colocados tres libros de los que habló con un cariño incomprensible para Harry y siempre había un jarrón con azucenas, sus flores favoritas.
Cuando el cielo comenzó a cambiar de color y el horizonte se convirtió en una línea anaranjada, Harry y Hermione llevaban más de siete horas volando. No habían parado ni una sola vez, pero el entumecimiento de las piernas comenzaba a hacerse patente y Hermione propuso a Harry parar a descansar un rato. A fin de cuentas, no les esperaban hasta la noche.
- ¿Tienes hambre? –preguntó Harry, oteando en la distancia.
- Pues... la verdad es que sí –el cansancio había hecho mella en Hermione, quien durante las dos ultimas horas había permanecido más silenciosa que al inicio del viaje, y se había dedicado a contar estrellas mientras Harry se ocupaba de guiar a Buckbeak-. ¿Has traído algo de comer?
- No. Pero se me ocurre algo.
Hermione se incorporó y miró donde le indicaba Harry. A lo lejos, a los pies de una frondosa montaña y en los márgenes de un río, un pequeño pueblecito se extendía a lo largo y ancho del valle. Harry miró a Hermione.
- ¿Qué piensas?
- Parece un pueblo muggle –comentó la chica. Conforme iban acercándose mejor se apreciaba la silueta de las casas y los tejados más altos. A Harry le llamó la atención un torreón que se elevaba desde el centro del pueblo y que parecía ser el campanario-. Podríamos parar para desayunar.
- Está bien, pero creo que es la hora de un buen hechizo de invisibilidad. Llevaré a Buckbeak al bosque y le dejaremos allí, pero tendremos que procurar que no le vean si no queremos montar un espectáculo.
- No te preocupes por eso –dijo Hermione, y cuando agitó su varita en el aire y murmuró el hechizo que les haría invisibles, Harry sintió un pequeño cosquilleo en el estómago-. Solucionado, pero el hechizo no durará eternamente.
- Volveremos antes de que termine –y dicho esto, descendieron sobre las copas de los árboles. Por suerte Harry no tardó en divisar un claro cercano a los límites del bosque, y tras un aterrizaje durante el cual Hermione mantuvo los ojos cerrados, los dos pisaron por fin tierra firme.
- Por Merlín –susurró Hermione-. Que dolor de piernas...
- Es normal –dijo Harry mientras ataba a Buckbeak a un árbol cercano-. Creo que mañana los dos tendremos unas agujetas considerables. Tranquilo, amigo –Buckbeak no parecía estar muy contento ante la perspectiva de quedarse atado a aquel árbol, aunque Harry se aseguró de dejar varios metros de cuerda para que el animal pudiera moverse con relativa libertad-. No tardaremos mucho, intenta descansar. Lo has hecho muy bien esta noche –y tras palmear el cuello del animal con suavidad, cogió a Hermione de la mano y se dirigieron al pueblo.
Hermione tenía razón; se trataba de un pueblo muggle. Harry nunca supo qué le había hecho a la chica distinguirlo de un pueblo mágico, pero cuando llegaron a lo que parecía ser la calle principal del pueblo no encontraron ninguna tienda de varitas, ni cafeterías regentadas por mujeres de zapatos de tacón alto y color turquesa. En su lugar, a lo largo de la calle Harry pudo ver el único horno que había en el pueblo, una tienda de ultramarinos e incluso una lechería.
Buscando un lugar en el que poder tomar un buen tazón de leche y algunos bollos se encontraron con algunos aldeanos que les miraron con curiosidad. Al principio Harry pensó que debían estar llamando la atención por algo, y se aseguró de que su varita seguía metida dentro del calcetín. Sin embargo Hermione le explicó que la gente en los pueblos siempre se mostraba así ante los desconocidos y que solamente por el hecho de no haberles visto nunca por allí serían objeto de miradas y murmullos. A Harry no le gustó demasiado la perspectiva de ser perseguido por las calles toda la mañana, pero Hermione parecía contenta y no dijo nada.
Tras un corto paseo por la calle principal, llegaron a una plaza adornada con una pequeña fuente de donde salía un apenas perceptible chorro de agua helada y que Harry supuso provenía del río que habían visto mientras sobrevolaban la zona. Justo al otro lado, Hermione encontró lo que estaban buscando y parecía ser el centro de reuniones de la gente más joven del lugar.
Harry entró tras la chica, y al instante sintió las miradas de la mayoría de los parroquianos sobre ellos. Hermione, sin embargo, se dirigió intrépidamente a una de las mesas que había libre y que estaba junto a una pequeña ventana que daba a la plaza. Al instante, un hombre corpulento que debía ser el único camarero se acercó y les preguntó que querían.
- Dos vasos de leche y cuatro de esos panecillos –dijo Hermione. Cuando el hombre se alejó camino a la barra, bostezó y se rascó los ojos. Sonrió a Harry mientras intentaba sujetarse el pelo en una especie de recogido-. ¿No es fantástico? Todo esto es tan... muggle.
Harry se incorporó sobre la mesa y jugueteó con los dedos de Hermione.
- ¿Y te gusta que sea muggle?
Hermione miró por la ventana y se encogió de hombros. La luz que venía desde fuera iluminaba las facciones de su cara, y Harry la observó abstraído.
- Me recuerda a mi casa –dijo, observando el exterior a través de los cristales-. Bueno, el sitio donde yo vivo es muy diferente, pero me refiero a que allí tampoco hay magia.
El hombre volvió con lo que Hermione había pedido para los dos, y al escuchar las últimas palabras de la chica, negó con la cabeza, murmuró algo acerca de los chicos de ciudad y volvió a su puesto junto a la barra.
- Te sientes más cómoda entre muggles¿verdad? –preguntó Harry, sabiendo de antemano la respuesta. Hermione no contestó enseguida, pero finalmente se encogió de hombros y comenzó a remover su tazón de leche sin prestarle atención.
- Supongo que no lo puedo evitar. Cuando entramos en Hogwarts, al principio, me sentía como una intrusa. Con el tiempo he dejado de pensar así, pero aun hay veces... –sonrió, como si recordara algo-, cuando veo a la madre de Ron en la Madriguera. No me imagino así dentro de unos años.
- ¿Así¿Cómo?–preguntó Harry, dándole un bocado a uno de los bollos.
- No sé. A hacer aparecer los desayunos de la nada, a tener relojes mágicos en casa o un espíritu en el desván que golpee las cañerías cuando se aburra –Hermione se echó a reír-. Sin embargo sé que no quiero dedicarme a ser dentista, como mis padres, o profesora, o médico, o cualquier cosa que no tenga que ver con la magia -alzó la vista a Harry y luego agitó la cabeza como desechando todos aquellos pensamientos-. Ni yo misma me entiendo.
Harry siempre había sabido que tras la convicción que Hermione aparentaba en todas las situaciones a las que había hecho frente hasta ahora se escondía la verdadera naturaleza de Hermione; la chica más insegura que había conocido nunca.
- Es normal que te sientas así. Tu has conocido lo bueno de los dos mundos.
Hermione sonrió ligeramente y sorbió de su tazón. Luego titubeó.
- ¿Has vuelto a pensar en lo de dejar a tus tíos...?
Lo cierto era que sí. Tenía que admitir que cuando las primeras familias habían empezado a ser atacadas en sus casas y a desaparecer, había temido en parte por ellos.
- No. No demasiado. Es decir, un poco, pero no voy a cambiar de opinión.
Hermione esperó varios segundos y pareció que iba a decir algo, pero finalmente desistió, cosa que Harry agradeció. A juzgar por su expresión, sabía que Hermione no creía que aquella fuera una buena idea y no quería discutir por algo que hacía mucho tiempo que había decidido.
- ¿Y qué pasa con Ginny? –preguntó súbitamente, en un intento por cambiar de tema. Hermione le miró sin entender-. Si, con ya sabes... Malfoy.
- ¿Qué quieres que pase? –preguntó Hermione.
- ¿No habéis vuelto a hablar sobre eso?
- No. Tampoco lo he considerado necesario, y a fin de cuentas es asunto suyo.
Harry terminó de comerse el bollo que le quedaba y Hermione le dio uno de los suyos que al parecer no iba a comerse.
- Malfoy solo sabe hacer mala sangre, si no está metido en cosas peores. Debería alejarse de él.
- ¿Por qué? –por un momento, a Harry le pareció que la conversación divertía a la muchacha-. ¿Porque es un chico problemático?
- Entre otras cosas, sí.
- ¿Quieres decir entonces que todas deberíamos alejarnos de los chicos problemáticos?
Harry estaba a punto de preguntarle a Hermione si había perdido parte de su sensatez con el aterrizaje, pero de pronto cayó en la cuenta. El tampoco era, lo que podía decirse, una persona que solía pasar inadvertida. Hermione rió al ver su turbación y dejó su tazón vacío sobre la mesa.
- Anda, vamos a dar una vuelta. Necesito estirar un poco las piernas antes de volver a subir sobre Buckbeak.
La chica se dirigió al hombretón que les había servido y le pagó con dinero muggle, algo en lo que Harry ni siquiera había pensado cuando hacía el equipaje. Los dos salieron a la luz del mediodía. La plaza ya no estaba tan deshabitada como horas antes, y Harry se asombró al descubrir los puestos de mercado que parecían haber brotado del mismo empedrado de la plaza.
- El hechizo aun durará un poco más –comentó Hermione-. ¡Vamos a ver el mercado!
Harry se dejó llevar a través de los puestos de carne, pescado, ropa y demás objetos muggles. Hermione parecía encantada con el paseo, incluso se paró a hablar con un grupo de mujeres que le confundieron con la nieta de la lechera. Al final de la mañana habían conseguido justamente lo que no pretendían; terminar agotados. Harry propuso bajar hasta el río y descansar un rato antes de partir, y Hermione añadió que podían quedarse también a comer.
- No me gustaría volver al bosque y descubrir que un cazador ha apresado a Buckbeak pensando que es una gallina gigante.
- No te preocupes, nos dará tiempo. El hechizo no se desvanecerá hasta dentro de unas horas y en el caso de que así sea, Buckbeak no se mostrará ante desconocidos.
La chica tiró de él con entusiasmo y así fue como los dos terminaron en el río, no muy lejos de un grupo de pescadores que en aquellos momentos dormitaban bajo la sombra de un árbol. Harry se quitó la chaqueta que llevaba y se tumbó en el suelo, agradeciendo el contacto de la hierba húmeda bajo su camiseta.
Hermione permaneció sentada junto a él un buen rato, hasta que un ligero ronquido le indicó que Harry se había quedado dormido. Con cuidado le quitó las gafas y tras observarle varios segundos, se incorporó, se quitó los zapatos, se arremangó los camales del pantalón hasta las rodillas y se acercó a la orilla del río.
La temperatura del agua que descendía de las montañas le impresionó, pero no lo suficiente como para obligarla a volver a la orilla. Dirigió una mirada a Harry, por si se había despertado, pero el chico no había cambiado de posición. Avanzó unos pasos, sintiendo las pequeñas piedrecillas del fondo clavándose en sus pies. La corriente no era demasiado fuerte, y Hermione se detuvo en medio del río, con el agua acariciándole las piernas.
A lo lejos, el grupo de pescadores seguía en su reposo. Se oyó un tañido de campanas, pero ni siquiera eso logró espabilar a un Harry que dormía a pierna suelta.
Algo rozó su pierna y Hermione volvió la vista hacia abajo. Con curiosidad, se agachó para recoger lo que le había traído la corriente y cuando lo tuvo en la palma de la mano y pudo verlo mejor, comprobó que se trataba de un pétalo de flor. Era de color blanco. Casi sin querer, volvió a mirar la superficie del agua que de nuevo volvía a arrastrar con ella otro pétalo.
Hermione se agachó para recogerlo, pero cuando lo hizo se encontró con dos más. Sin apenas incorporarse, alzó la vista y observó esta vez una flor que flotaba sin hojas, con apenas tres pétalos arrugados sosteniéndose en su corola. Y después otra. Y otra más.
Hermione permaneció inmóvil en aquel mar de flores blancas, con un miedo incomprensible colándose lentamente en su interior. Una parte de ella quería salir del agua, volver junto a Harry, pero no podía moverse. Miró a su alrededor, respirando con dificultad, y cuando descubrió el bulto blanco que arrastraba lentamente la corriente, al principio no supo lo que era.
Tragó saliva. Había dejado de sentir los pies fríos, y sin embargo, necesitó hacer uso de toda su fuerza de voluntad para dar el primer paso. Lentamente se encaminó hacia la forma blanca que, inmóvil, descendía por el arroyo. El bulto flotó unos cuantos metros más, hasta que se acercó demasiado a la orilla y quedó atascado por la poca profundidad del agua, allí donde los pies de Hermione se habían detenido.
No era la primera vez que Hermione veía a Diana Lovewing vestida de novia. Pero cuando vio emerger una de sus manos a través de la maraña de pelo y quedarse flotando allí, inerte, gritó con todas sus fuerzas.
Harry se incorporó bruscamente.
- ¿Hermione¿Hermione?
Apenas podía ver nada. Tanteó el suelo en busca de sus gafas, aterrorizado. Los gritos se entremezclaban con las voces de varias personas a lo lejos, y la incertidumbre se le materializaba en un agudo dolor en el pecho. Se puso en pie y echó a correr hacia el río, guiándose por el sonido de los gritos hasta que por fin se colocó las gafas y pudo ver al grupo de pescadores que rodeaba a Hermione dentro del agua.
- ¡Hermione! –Harry se abrió paso a empujones y abrió los brazos para envolverla. Hermione estaba llorando-. ¿Qué ocurre¿Qué ha pasado?
- La chica ha empezado a gritar... –comenzó a decir uno de los pescadores que había ido a socorrerla. Harry apenas podía escucharles. Aun no sabía que había ocurrido, pero Hermione estaba totalmente empapada. Le apartó el pelo humedecido de la cara, intentando tranquilizarla.
- La he visto, la he visto Harry... –Hermione se abrazaba a él con fuerza, tanto que casi perdió el equilibrio-. Estaba boca abajo, estaba muerta, la he visto...
- ¿A quien? –Harry alzó la vista brevemente para mirar a su alrededor, pero no vio nada extraño. Los pescadores observaban la escena con pasmo-. ¿A quien has visto?
- Estaba flotando –Hermione apenas podía hablar. Se atragantaba, le faltaba el aire. Harry, asustado, no sabía que hacer para ayudarla-. La he visto, la he visto...
- Hay que sacarla del río –dijo otro pescador a Harry-. Hay que llevarla al pueblo.
Pero Hermione no podía moverse. Los pescadores se ofrecieron para llevarla, pero Harry la cogió en brazos y la llevó todo el camino. Hermione no paró de llorar, fuertemente cogida a su cuello, incluso cuando la sentaron en el suelo de la plaza. Harry se sentó junto a ella, pero aunque no hubiera querido no habría tenido otra opción. Hermione se negaba a soltarle.
- Tranquila, ya está. Ya ha pasado todo –Harry le acariciaba el pelo, las mejillas húmedas, los brazos empapados. Alguien se acercó con una manta que colocó sobre los hombros de Hermione, pero la chica no se inmutó. Fue Harry quien la arropó con cuidado, sin soltarla ni un solo segundo-. Tranquila. Estoy contigo, no pasa nada-. Luego se giró hacia uno de los pescadores que acababa de dejar las zapatillas de la chica junto a él-. ¿Han encontrado algo?
- En el río no había nada, muchacho. Quizá la chica se asustó con un pez.
Harry sabía que aquello no podía ser una posibilidad, pero asintió sin decir nada y besó a Hermione suavemente. Una pequeña congregación de gente se había formado a su alrededor, pero por suerte, parecían contentarse tan solo con mirar y no les decían nada. Harry no sabía que hacer. Pensaba que lo mejor sería volver con Buckbeak y dirigirse al Valle... o a Hogwarts. No podía decidir antes de hablar con Hermione, pero para eso tendría que esperar.
- Chico –una mujer de mediana edad se acercó a él, con algo en las manos-. Haz que lo tome. Le ayudará a calmarse.
Harry desconfió del agrio aroma que desprendía el líquido de color claro que la mujer le tendía en un vaso de agua.
- Solo es una infusión de tila –la mujer sonrió, y Harry se encontró sujetando el recipiente y acercándolo a los labios de Hermione, quien comenzó a beberlo poco a poco. Minutos más tarde, Hermione seguía sin hablar y continuaba llorando, pero su respiración se había normalizado. Harry seguía abrazado a ella, por miedo a que Hermione volviera a alterarse si la soltaba. Aprovechó aquellos minutos en los que la chica intentaba tranquilizarse para preguntarse a qué podría estar refiriéndose Hermione, aunque lo cierto era que en el fondo creía saber la respuesta.
Cuando ella hizo un movimiento para secarse la cara con la mano, Harry aprovechó para sacarla del trance.
- ¿Te encuentras mejor?
Hermione asintió con la cabeza.
- ¿Quieres algo¿Tienes sed¿Hambre?
No dijo nada en un principio, pero luego abrió la boca y habló en voz baja.
- Tengo frío.
- Enseguida te cambiarás de ropa –Harry masajeó con fuerza la espalda de la chica para intentar darle un poco de calor. No añadió nada más, preguntándose si sería el momento adecuado para preguntarle sobre lo ocurrido o debía esperar un poco más. Sin embargo, comenzaba a atardecer. El hechizo hacía rato que debía haberse terminado y Buckbeak debía estar solo en el bosque sin protección alguna. Necesitaba un plan, y lo necesitaba ya. Acarició a Hermione con toda la ternura que fue capaz y le miró a los ojos-. Era Diana¿verdad?
Hermione cerró los ojos con fuerza y empezó a llorar otra vez, asintiendo al mismo tiempo. Harry volvió a abrazarla mientras imaginaba por un momento la horrible escena que Hermione debía haber presenciado en el río. Estaba boca abajo, había dicho. Estaba muerta. La imagen del cuerpo sin vida de Diana flotando boca abajo con su vestido de novia le vino a la mente, y reprimió un estremecimiento.
- Vamos a hacer una cosa –susurró Harry-. Te quedarás en casa de una de estas mujeres y te cambiarás de ropa. Mientras, yo recogeré a Buckbeak...
- No.
Harry no insitió. No quería forzar a Hermione a hacer algo que no quisiera en aquellos momentos. Pensó con rapidez.
- De acuerdo. Entonces, cámbiate ahora de ropa. Yo te esperaré, y luego inventaremos algo y volveremos con Buckbeak.
Hermione no dijo nada esta vez, y Harry llamó a la mujer que le había dado la infusión minutos antes, quien se mostró encantada con que la chica pudiera cambiarse de ropa en su casa. Hermione se cambió en una habitación en menos de dos minutos y volvió junto a Harry, que había estado esperándola en el comedor de la casa.
- Podéis quedaros aquí esta noche si no tenéis donde dormir –se ofreció la mujer-. Mis hijas son mayores, pero no les importará compartir cama.
- Es muy amable, pero debemos retomar nuestro camino –Harry se sentía agradecido, y por un segundo había dudado en rechazar la oferta de la mujer. Sin embargo, decidió que contra antes llegaran a su destino sería mejor para los dos-. Tenemos dos caballos en el bosque, y solo estamos a un par de horas de nuestro pueblo.
- Como queráis, pero en ese caso llévate esto –la mujer entregó a Harry una pequeña bolsa llena de hojas y pequeñas ramas-. Si vuelve a alterarse, echa un poco en agua hirviendo y daselo a beber. Lo mismo si no puede dormir por las noches.
El camino al bosque se hizo larguísimo. Los dos recorrieron la distancia que les separaba de Buckbeak en silencio, casi a oscuras. La luz del atardecer se extinguía del todo cuando por fin encontraron al animal, que no pudo evitar un piar de alegría al verles.
- ¿Quieres que esperemos un poco más para partir?
- No. Es mejor que salgamos ya y lleguemos cuanto antes –dijo Hermione, encaramándose al lomo de Buckbeak. Harry le ayudó a subir y pronto se colocó tras ella. Esta vez fue él mismo quien ejecutó el hechizo de invisibilidad, y minutos más tarde se elevaban en el cielo nocturno.
La primera visión que Harry tuvo del valle no pudo compartirla con Hermione. Tras varios intentos en los que se había despertado bruscamente, finalmente la chica se había quedado dormida sobre su pecho, con la capucha cubriéndole el rostro, resguardándola del frío.
Una extraña sensación mezcla de dolor y felicidad al mismo tiempo embargó el corazón de Harry cuando contempló por primera vez el lugar donde había vivido con sus padres durante aquel corto periodo de tiempo. El Valle de Godric era más grande de lo que él había imaginado siempre. Dedujo que las oscuras sombras que veía diseminadas aquí y allí eran casas, y por un momento pensó en el gran vacío que debía existir allí donde debía haber estado la suya. Se obligó a desechar aquellos pensamientos de su cabeza a la par que intentaba encontrar la única casa con las luces encendidas, que era donde Dumbledore le había dicho que estarían esperándole.
No le costó encontrarla. Con el corazón latiéndole apresuradamente, hizo descender a Buckbeak hasta la parte trasera de la casa. Hermione despertó con el brusco aterrizaje, y Harry le ayudó a bajar con cuidado. Podían ubicarse en el terreno gracias a la luz que provenía del interior de la casa y que se filtraba a través de unas ventanas cubiertas por cortinas azules. Harry dejó a Buckbeak campar a sus anchas por el jardín como recompensa por haber permanecido amarrado todo el día y cogió de la mano a Hermione, quien adormilada, siguió al chico hasta la puerta principal de la casa.
- ¿Estás seguro de que es aquí? –preguntó Hermione. No escuchaban ningún ruido proveniente del interior.
- Dumbledore dijo la única casa con las luces encendidas –miró a su alrededor, para asegurarse, pero al margen de los ruidos nocturnos del valle nada más llamó su atención-. Debe ser esta.
Tomando aire, llamó fuertemente golpeando la sólida madera con los nudillos. Intercambió una larga mirada con Hermione, mientras escuchaba el sonido de unos pasos acercándose. Después, se abrió la puerta.
- ¡Chicos¿Qué os ha pasado¿Por qué habéis tardado tanto en llegar¡Pero pasad, pasad, no os quedéis en la puerta¿Tenéis hambre¡¡Achís¡Acabo de sacar del horno un rico pastel de manzana!
Hermione comía silenciosamente parte del bizcocho que Tia Rose había dejado sobre la mesa. A juzgar por su ensimismamiento, Harry sabía que estaba haciendo un esfuerzo por aparentar normalidad ante su anfitriona, de modo que cuando la sorpresa inicial del reencuentro pasó y tuvieron la oportunidad de hablar tranquilamente optó por no contar lo que había sucedido. Pensó en la drástica forma en que el viaje había terminado para ella. No debería haber venido. Probablemente ahora debía estar soñando con su lejana habitación y Crookshanks, a quien debía estar acariciando en esos momentos metida en su cama con un libro en el regazo. Harry llevó una mano a su comisura y le acarició levemente, y aquel gesto pareció animar un poco a la chica.
- Tenías una miguita –se excusó Harry. Hermione intentó sonreír y Tia Rose tomó asiento junto a ellos. Les dedicó una amplia sonrisa.
- Aun no puedo creer que sea usted –dijo Harry, terminando su cena. La mujer pasó una mano por su alborotado cabello y le miró con dulzura.
- Cuando os conocí el verano pasado, sabía que tarde o temprano nuestros caminos volverían a encontrarse. Obviamente vosotros ni siquiera podíais sospecharlo. Lo que yo tampoco imaginaba era que sería precisamente aquí. No habías venido nunca¿verdad Harry?
- No. Es la primera vez.
- Os gustará este lugar. Lástima que no podáis quedaros el tiempo suficiente, pero bueno... más adelante¿verdad? –Harry asintió por complacer a la mujer, que parecía encantada de volver a verles-. Y bueno Hermione¿cómo es que tu también has venido? Dumbledore solo me habló de Harry, hasta que hace apenas unas horas llegó una lechuza avisándome del cambio de planes.
Hermione alzó la vista tan bruscamente que Harry pensó por un momento que le había pillado desprevenida. Sin embargo, se repuso con rapidez.
- Bueno... yo también quería venir, eso es todo –dijo amablemente. Su respuesta no fue todo lo efusiva que Tia Rose había esperado y la observó durante un momento. Antes de que pudiera intercambiar una mirada con él, Harry desvió la vista. Se produjo un silencio incómodo.
- Bueno, también te he preparado una habitación. Está arriba, junto a la de Harry –fue el único comentario que hizo.
Hermione le agradeció el haberse tomado la molestia y Harry aprovechó la ocasión para indagar sobre la casa.
- ¿Mía? No, por supuesto que no. Solo estoy aquí de paso, como vosotros –dijo mirando a su alrededor, como si ella tampoco estuviera acostumbrada a vivir bajo ese techo-. Supongo que pertenecerá a Dumbledore, o a algún miembro desinteresado de la Orden. ¡Achís! Sinceramente, no lo sé. No es muy grande, pero sirve para ocasiones como esta.
Harry no pudo hacer menos que asentir.
- Bueno, es tarde y supongo que debéis estar cansados. Creo que será mejor que nos vayamos todos a dormir, y mañana seguiremos con la charla ¿no creéis?
Hermione ayudo a Tía Rose a quitar la mesa. Harry había esperado que la mujer les contara cuales eran los planes, lo que debían hacer al día siguiente, por dónde tenían que empezar a buscar. Sin embargo, el chico se encontró subiendo las escaleras con Hermione sin saber absolutamente nada de todas esas cuestiones. Se detuvo a mitad de escalón.
- Tía Rose... mañana...
- Deja los asuntos de mañana para mañana –Harry y Hermione llegaron al final de las escaleras y se detuvieron-. No os preocupéis, cuando os despertéis os lo contaré todo. Ahora no quiero que penséis en eso, debéis descansar. Os esperan días muy duros. Buenas noches.
La mujer bajó las escaleras y se perdió de vista. Luego, Harry escuchó el sonido lejano de una puerta al cerrarse.
- Bueno... –miró a Hermione, que se había quedado mirando el lugar por donde Tía Rose había desaparecido-. Vaya sorpresa¿verdad?
- Si. No esperaba que fuera ella –dijo ensimismada. Harry se acercó y la sostuvo suavemente por los hombros.
- Oye¿te encuentras bien?
- Estoy bien –susurró Hermione-. Es el cansancio. Necesito dormir.
Estaba realmente abatida. La expresión de su cara y el mutismo en el que se había sumido desde hacía varias horas lo demostraba, y Harry pensó que si lograba dormir bien esa noche, al día siguiente se encontraría con una Hermione algo más animada. No quiso insistir demasiado, pues sabía que aquella era la forma que ella tenía de hacer frente a lo que había sucedido.
- De acuerdo. Si necesitas algo, ya sabes donde estoy –Harry se inclinó y besó a Hermione con suavidad. Ella sonrió, le acarició el cuello con los dedos y volvió a besarle-. Buenas noches.
- Buenas noches, Harry.
Esperó a que ella entrara en su habitación para dirigirse a la suya. Lo primero que hizo cuando cerró la puerta tras él fue sentarse en la cama y sentir todo el cansancio acumulado del viaje. Estiró los brazos y escuchó claramente el crujido de sus huesos en la espalda. Por suerte la cama parecía blanda, aunque pensó que aquella noche habría sido capaz de dormir en el suelo sin ningún problema. La luz de la vela titiló brevemente cuando se recostó sobre la almohada y se estiró por encima de las sábanas. Aun sin quitarse las gafas, se quedó un rato observando la noche a través de la ventana que tenía justo al lado.
-Estoy aquí -murmuró mientras intentaba visualizar algo en la inmensa negrura que se extendía al otro lado. Pensó en las horas que faltaban hasta el amanecer, cuando podría salir de la casa y ver el valle. Se preguntó si vería el sitio donde antes estuvo su casa, y si al verlo sería capaz de recordar algún fragmento de su vida, cuando tenía menos de un año. Sonrió con tristeza ante la ocurrencia.
Siempre había sabido que algún día iría al Valle de Godric. Nunca se le ocurrió pensar que la primera vez sería en una misión, sino que siempre supuso que iría para conocerlo y ver el lugar donde vivió con sus padres. Pensar en ello siempre le había confundido, porque cuando lo hacía, tampoco podía evitar pensar que aquel también era el lugar donde ellos habían muerto. Sentía muchas cosas cada vez que pensaba en el Valle de Godric, y ahora que estaba allí todas sus emociones se habían calmado, aunque tenía que reconocer que se sentía impaciente por que llegara la mañana siguiente.
Comenzó a desvestirse con desgana y pensó en lo ocurrido en el río, sin comprender por qué después de tanto tiempo Diana había vuelto a aparecer con el único propósito de darle el susto de su vida a Hermione. Sentía mucho lo que había ocurrido. Aquello había afectado a Hermione, y no era para menos, pero Harry no entendía por qué demonios la primera noche que pasaba con ella fuera del colegio tenían que dormir en habitaciones separadas.
Un momento. ¿Por qué había pensado eso? Había sido cruel. Hermione estaba asustada¡tenía que recuperarse! Además el ni siquiera había pensado que dormirían juntos antes de llegar a la casa. Bueno, quizá una o dos veces, pero no lo había pensado en serio. O quizá si, pero en cualquier caso aquello había estado fuera de lugar.
De pronto le pareció que llamaban a la puerta. Miró con atención, intentando ignorar sus últimos pensamientos, intentando afinar el oído por si se había equivocado, cuando observó como el pomo giraba lentamente. Muy despacio, la puerta comenzó a entreabrirse y al instante apareció Hermione, que le miró con expresión culpable. Dio dos pasos y cerró la puerta tras ella.
Harry no dijo nada, pero le miró con curiosidad. Estaba descalza, y llevaba puesta la camiseta que él le había dado el verano anterior en casa de Ron. Ella se mordió los labios y luego clavó la vista en el suelo.
- No voy a poder dormir en mi habitación.
No dijo nada más. Harry le observó largo rato, y pasados varios segundos, se hizo a un lado y abrió las sábanas de su cama.
Hermione caminó de puntillas hasta él, se sentó en la cama y sopló la vela que había sobre la mesita. Harry le dejó el espacio suficiente para que pudiera acostarse y Hermione se intrudujo entre las sábanas, cubriéndose con ellas al instante. Luego miró a Harry, que empezaba a dudar que aquello fuera buena idea si lo que realmente quería era dormir esa noche.
- Buenas noches –dijo ella, no muy segura de que era eso lo que quería decirle.
- Buenas noches –contestó Harry, cerrando los ojos y sacando los brazos de debajo de las sábanas.
Nunca supo cuanto rato pasó antes de que el sueño le venciera. Apenas se movió, al igual que Hermione, quien parecía haberse quedado dormida enseguida. Sin embargo, cuando los párpados empezaron a pesarle demasiado y antes de que la conciencia decidiera abandonarle del todo, sintió la mano de Hermione cerrándose entorno a la suya.
