Disclaimer: El Copyright y la Marca Registrada de todo lo referente a Harry Potter, es propiedad de la escritora J.K. Rowling.

Aclaración: Esta viñeta es la tercera y última parte la trilogía que comenzó hace dos capítulos.

Dedicatoria: A Andrea Radcliffe. Porque es una de mis lectoras más fieles que siempre tiene unas lindas palabras para escribirme. Gracias por seguirme leyendo y siempre tomarte la molestia de dejarme tu comentario; siempre es un gusto leer algún review tuyo.


Sumisión.

Son las siete de la tarde y los ven de nuevo. Ella pasa caminando con su mochila en la espalda, algunos libros en las manos y con la vista enfrente; y a Ginny le parece que intenta no mirar hacia donde sabe que se encuentra el rubio para no levantar sospecha alguna.

Y él, escondido detrás de aquella armadura vieja y oxidada, no puede despegar su mirada gris del cuerpo de la chica. Blaise lo observa atentamente y a pesar de la seriedad de la situación, no puede evitar que una sonrisa burlona se asome por sus labios. Draco Malfoy enamorado de la sangre sucia Granger. Se pregunta en su mente qué pensaría Lucius de aquello y un escalofrió le recorre todo el cuerpo. Mejor que no se entere, concluye para sí mismo.

Ajenos a todos aquellos pensamientos, los amantes siguen con su rutina -esa rutina que ellos piensan que sigue siendo privada -. La castaña coloca la mochila en el suelo con cuidado a la vez que toma asiento, saca un libro, el cual abre en la pagina cien y se recarga en la fría pared.

Mientras Draco y Hermione continúan inmersos en seguir los pasos que ya se saben de memoria, Ginny suelta un suspiro al aire y sus ojos castaños se humedecen antes de que ella pueda evitarlo. No es que verlos a ellos dos la ponga triste y nostálgica, no es que ya esté cansada de vigilarlos todos los días; en sus ojos brillan las lágrimas porque la pelirroja piensa que no es justo. No es justo que ambos tengan que verse a escondidas, que no puedan demostrar libremente sus sentimientos y que su relación sea terminantemente prohibida…y sin que ella lo sepa, hay alguien más que comparte esa forma de pensar.

A unos cuantos pasos de la estatua en la que la chica Weasley se esconde, se encuentra otra persona. Un slytherin y el mejor amigo -o algo parecido- de Draco. El también piensa que no es justo que ellos tengan que ocultarse de aquella manera por el simple hecho de llevar esos apellidos y por la diferencia imaginaria de la sangre que llevan en las venas. Pero sabe que nada puede hacer, pues Malfoy es un amigo y a pesar de lo que todos puedan pensar de los slytherin traidores y cobardes, Blaise nunca traicionaría a un amigo.

Y por otro lado, a una pequeña distancia de los dos jóvenes que los observan, un chico rubio y una chica castaña, se miran fijamente, sumisos ante la mirada del otro. Ambos, como si estuvieran sincronizados de alguna forma, giran su cabeza a los lados escrutando el pasillo -para cerciorarse de que nadie este allí- y acto seguido, acercan sus rostros y juntan sus labios.

Ginny suspira y se muerde el labio inferior, sin ser conciente de eso. Y piensa que si la historia de amor de Draco y Hermione no es la más romántica que ha visto, que venga Merlín y se lo diga. Pero en cuanto ha terminado de pensar eso, agita la cabeza y se recrimina diciéndose que esa situación no es algo para jugar. Pues esos dos amantes que se miran todos los días a las siete de la tarde, sufren; y ella lo sabe, pues ha visto las ojeras de su mejor amiga, la palidez de su cara que día a día va creciendo más y el brillo inexistente de sus ojos.

A la vez que la pelirroja está teniendo aquellos pensamientos, de nuevo hay alguien que los comparte sin que ella se de cuenta. Blaise observa con atención los ojos de su amigo y se le pone la piel de gallina, pues jamás pensó que Draco pudiera expresar tantas cosas en su mirada gris, que siempre ha sido fría y arrogante. Pero se da cuenta de que su compañero cambia cuando está frente aquella chica y hasta le parece que un brillo especial se asoma por sus ojos.

Como si de repente sintieran la presencia de alguien más, los chicos se separan y miran nerviosamente a su alrededor como si esperaran que alguna persona saliera de la nada y les fuera a recriminar su conducta prohibida. Porque sí, lo que ellos hacen es prohibido y lo tienen muy presente, pero en cuanto sus manos se entrelazan y se miran el uno al otro, eso carece de importancia.

Y como todos los días, a las siete con treinta minutos, se despidan con un breve beso y continua cada uno con su camino; y los dos están completamente seguros de que nadie los ha visto y que su relación sigue a salvo de los demás. Aunque ellos no saben que sus gestos y sus semblantes han cambiado y que para las personas observadoras -como lo son Ginny Weasley y Blaise Zabini- resulta demasiado evidente que algo sucede. Draco y Hermione se encogen de hombros y caminan por lados contrarios del pasillo sin mirar una sola vez atrás.

Pero hay algo que ambos olvidan: a un mejor amigo nunca se le puede engañar. Y ellos, que saben de esos encuentros secretos, siguen pasando, como siempre, por el mismo lugar, a la misma ahora, vigilando que aquella rutina prohibida nunca sea descubierta por el bien de sus dos amigos.


N/A: ¡Y volví! Jojo, pues nada, decidí hacer la trilogía de esos encuentros en los pasillos. Espero que la hayan disfrutado y que no crean que la arruiné con esta viñeta xD.

Mi inspiración regresó y me dejó escribir este capítulo, pero temo que volvió a desaparecer. Ahorita tengo ganas de escribir, pero me faltan ideas para este fic; ya veré cómo me las arreglo. Aunque cualquier idea/sugerencia me viene bien :)

Quiero agradecerle a sara fénix black por haberme ayudado con la parte final. Gracias linda, un placer que me dieras tu opinión sobre ese párrafo, aunque luego le cambié un poquito xD.

Nos leemos pronto. O eso espero. Saludines.

Atte. Bianca