¡Hola! Quiero avisarles que este es el penúltimo capitulo. Si, lo se, es un fanfic corto, pero es el primero que hice, espero en el futuro hacer uno mas largo y mejor.

Disfruten el capitulo.

Capitulo 25

Me sentí demasiado nerviosa pero si no lo hacía ahora ¿Cuándo podría?

Alcance a distinguir la cara de Ikuto, la cual se veía muy confundida y algo sorprendida.

Cerré mis ojos y me acerque lo más rápido que pude. Junte mis labios con los de Ikuto ligeramente.

El permaneció completamente quieto.

No me atrevía a abrir los ojos para ver su cara así que también me quede quieta esperando una respuesta.

Sentí como los brazos de Ikuto me rodeaban y como me correspondía el beso.

Comenzó dulce pero se hizo un poco más apasionado.

Después de unos segundos nos separamos por falta de aire.

Abrí los ojos y vi dibujada en su cara una gran sonrisa. Parecía que estaba muy orgulloso.

— No sabía que tenías ese tipo de sentimientos hacia mí.

Dijo Ikuto burlándose.

Me molesto pero no por lo que hubiera imaginado.

— Por supuesto que los tengo, TE AMO.

Le dije molesta.

Abrió los ojos sorprendido y después sonrió pícaramente.

Me sonroje completamente.

— A… bueno… yo.

El comenzó a reír.

Intente ignorarlo y me voltee.

— Yo también te amo.

Me susurro en el oído.

Me sonroje. Pero también sentí una gran felicidad.

Aunque al principio estaba nerviosa, ahora me siento muy tranquila. Después de unos minutos me quede profundamente dormida.

Al despertarme en la mañana me sentía descubrí que Ikuto no estaba acostado en la cama.

Me levante.

— ¿Ikuto?

Lo llame.

— ¿Sí?

Apareció de repente.

Me asuste.

El sonrió.

— Buenos días.

Me saludo amablemente.

— Buenos días.

Le conteste con una sonrisa.

— ¿Tienes hambre?

Me pregunto.

— Si.

Le conteste.

— Bien, sígueme.

Me indico. Me levante de la cama y lo seguí. Me guio hasta la mesa que estaba en la habitación.

El había hecho el desayuno.

— Guau, no sabía que puedes cocinar.

Le dije.

— Solo se hacer esto.

Me puso el plato delante. Hizo un omelet.

El también se sentó.

Comencé a comer.

— Esta delicioso.

Incluso mejor de los que hago yo sin ayuda de Suu.

Terminamos de comer y nos cambiamos.

Me puse un short café y una blusa rosa de manga corta. Ikuto se puso un pesquero café y una camiseta blanca.

— ¿Vamos al mar?

Le pregunte.

Dudo unos segundos.

— Conozco algo más divertido que podríamos hacer.

Me dijo sonriente.

Salimos de nuestra habitación, tomamos el ascensor y salimos del hotel.

Caminamos por la playa un rato.

Me pregunto a donde quera ir Ikuto.

Llegamos a un muelle.

En el habían barcos de diferentes tamaños.

— ¿Quieres subirte?

Me pregunto.

— Si

Le conteste algo emocionada.

Caminamos hacia ellos.

Ikuto rento uno de un tamaño normal. Nos subimos a él.

Me sentí emocionada al estar en el bote a solas con Ikuto. La atmosfera era muy romántica y eso me hacia avergonzarme.

Comenzamos a remar.

En el transcurso comencé a pensar en varias cosas y recordé algo que desde hace tiempo quería preguntarle a Ikuto.

— Ikuto.

Lo llame.

— ¿Sí?

Me pregunto.

— ¿Por qué regreso Yoru?

Me miro serio.

— Porque tenía dudas sobre mi.

¿Dudas?

— Mientras me encontraba tocando en la orquesta, en la gira conocí a muchas personas, en especial a expertos en el violín— hizo una pequeña pausa— me di cuenta de que mis habilidades no eran tan buenas, así que decidí volver para estudiar mas y avanzar como lo hicieron muchos músicos reconocidos.

Me sorprendí.

No imagine que habría vuelto por eso.

— ¿Y aun sigues dudando?

Le pregunte.

— No, ahora se con claridad lo que quiero.

Me miro sonriente.

Me sonroje y desvié.

Ikuto tiene muy bien pensado lo que desea. Y yo he comenzado a pensarlo.

La verdad, lo que yo realmente deseo no es convertirme en una experta en el deporte, o ser una gran pintora o una ama de casa.

Lo único que deseo es estar con mis seres queridos y en cualquier cosa que haga poner todo mi esfuerzo.

— ¿Y tú qué es lo que deseas?

Me pregunto Ikuto.

Sonreí.

— Me gusta mucho el hecho de ayudar a las personas y guiarlas así que he decidido ser maestra.

Ikuto se sorprendió pero después sonrió.

Llegamos a la orilla e Ikuto me ayudo a bajar del bote. Me la pase tan bien que el trayecto se me hizo muy corto.

Caminamos de vuelta al hotel.

— Aun es temprano ¿te gustaría ir de nuevo al mar?

Me pregunto.

— Si.

Le conteste feliz.

Llegamos y comencé a guardar mis cosas en una bolsa para ir al mar.

De repente mi celular comenzó a sonar.

— Hola.

Conteste.

— Amu.

Me hablo una voz asustada.

— Rima ¿Qué pasa?

Me asuste también.

— Amu tus charas están… están…

Me alarme.

— ¿Qué les pasa?

Le pregunte asustada.

— Están desapareciendo.