CAPITULO 25
"Nos vamos en mi auto, yo manejo" ordenó Isabella
"De ninguna manera, ninguna mujer va a conducir si yo puedo hacerlo"
"Misógino"
"Feminista"
A regañadientes subió a la camioneta de Genzo pero ya pensaría como regresarle el favor a su jefe. Ahí estaba, encerrada en un auto con la última persona con la que quería estar a solas, decidió ponerse a estudiar la presentación durante todo el camino, aunque en teoría sería presentado entre ambos no confiaba en que su jefe supiera una palabra acerca del tema y le serviría como excusa para cerrar los ojos ante lo que para ambos era obvio.
"Así que… como están las cosas con tu doctor?" preguntó tratando de hacer conversación, no estaba seguro porque se habían enfriado las cosas entre ellos, después de todo, lo ocurrido en el departamento no fue su culpa, "sigue en España?"
Isabella levantó una ceja "si"
"Eso significa que se arreglaron las cosas entre ustedes"
"Si"
Un dolor se clavó en su pecho, no pensó que eso fuera posible después del altercado y las cosas que dijo en la mañana.
"Te irás con él a África?"
"No"
"Por qué? Pensé que eso era lo que él quería"
"Las cosas se arreglaron pero no de la forma que usted piensa, nosotros terminamos nuestra relación en los mejores términos posibles"
Un suspiro se escapo de sus pulmones, a esa mujer le encantaba jugar con sus nervios, pero era algo que él amaba.
"Te gustaría ir a comer después de que terminemos con esto?"
"No"
"Porque no?"
"Después de terminar el trabajo, lo único que quiero hacer es dormir"
"Ah yo también"
Si alguien le hubiera dicho que la presentación se volvería una firma de autógrafos y que terminaría tomándole fotos a su jefe con todos los presentes hubiera asistido sola, era obvio que nadie esperaba que el mismísimo Genzo Wakabayashi se hiciera cargo de sus empresas, todos pensaban que el puesto era únicamente simbólico y que quien en verdad tomaba las decisiones era Isabella.
"Si consigo la asignación de la construcción tendrás que venir a comer conmigo"
"Ok ten cuidado"
"Acaso detecto preocupación por mi bienestar?"
"Si lo arruinas te mato, entendido"
"Yo y mi bocota"
Pero para sorpresa de propios y extraños al momento de exponer su propuesta el portero demostró gran dominio y conocimiento del tema, como si llevara años en el negocio, aunado a las correcciones que hicieron, el comité quedo mas que complacido con el plan y el corporativo recibía una inyección de capital que los tendría tranquilos al menos por un par de meses.
"Sorprendente Wakabayashi, y en donde vamos a comer"
"Yo en mi casa, no se tu"
"No se suponía que si ganábamos el contrato comeríamos juntos"
"Si, pero no dije cuando, vámonos que tengo mucho sueño"
Esa altanería y seguridad que demostraba lo hacían mas atractivo.
Quería pasar tiempo con su hija, con las prisas del trabajo apenas y la había saludado, una deliciosa cena y unas películas servirían para ponerse al corriente de la vida amorosa de su princesa.
"Hola papi como te fue?"
"Mejor de lo esperado, a pesar de todo conseguimos el contrato"
"Que bien¡ al menos valió la pena que te desvelaras toda la noche" lo abrazó y beso "deberíamos salir a festejar, porque no invitamos a Isabella?"
"Tal vez otro día cielo, debe estar muy cansada"
"Ay por favor pá, tengo mucho que no la veo, ya la extraño, podemos comprar pizza y cenamos en su casa, si?"
"Ok, llámala, si ella acepta entonces vamos"
Después de quitarse la ropa de la oficina se recostó sobre su cama, estaba muy cansada pero no podía dormir, no dormía bien desde que regresaron de Francia, ni siquiera estando al lado de Aarón, y ahora estaba ahí, sola, cansada y con hambre, el timbre del teléfono la hizo despertar, "solo espero que no sea otra emergencia"
"Hola"
"Hola Bella como estas, soy Matilda"
"Maty, que gusto escucharte, como estas, en que puedo ayudarte"
"Bien, gracias, papá me contó lo del contrato y le dije que porque no festejábamos pero como ambos están muy cansados pensé que sería mejor si cenáramos en casa una pizza, como vez? Te apuntas?"
Esa jovencita era tan irresistible como su padre, no podía decirle que no a nada de lo que le pidiera
"Muy bien, en donde nos vemos"
"Abusando de tu amabilidad decidimos ir a tu casa, no te molesta?"
"No, claro que no, aquí los espero, no tarden porque ya tengo hambre"
Cuarenta minutos después estaban ya en la puerta del edificio con varios paquetes de comida y riendo y conversando de cuanta cosa le venía a la mente.
"Son mas de treinta minutos, la pizza es gratis"
"Hola Bella ya te extrañaba mucho" le dio un abrazo sorpresivo que provocó un calor en su pecho desconocido hasta ese momento, seguramente era uno de los gestos a los que una madre estaba acostumbrada pero para ella representaba una posibilidad que nunca se había planteado.
"Ah y no te preocupes, todo es gratis lo pagó papi"
"Estupendo, donde comemos en la cocina o en el comedor"
"La cocina, a mi me gusta comer ahí, como que se siente uno mas en confianza, mas hogareño" dijo Genzo mientras llevaba los paquetes a destino. "Una pizza es para ustedes dos y para mi traje espagueti a la boloñesa, una pizza y una papa al horno"
Ambas se le quedaron viendo atónitas
"Que, no he probado nada desde el desayuno"
"Pobre Sanae, debe pasar todo el día cocinando para ustedes"
"Bah, a ella le gusta y ya esta acostumbrada a cocinar para un ejército, mejor vamos a cenar antes de que se enfríe todo"
"Charla amena, compañía inmejorable, que mas se puede pedir para terminar bien el día" comentó un satisfecho Genzo
"Un postre?" dijo Isabella
"Un beso del ser amado?" sugirió Matilda
"Bueno mi cielo, tu sí que sabes bajarle los ánimos a la gente, no vez a este par de corazones solitarios y tu hablando de amor"
"Si tu estas solo, y Bella esta sola, no podemos reunir sus soledades?" insinuó de forma bastante pícara y sugestiva
"Yo puedo ayudar con lo del postre, a una cuadra de aquí hay una nevería, tienen los mejores helados, la dueña viene de México y si nos apresuramos podemos encontrar todavía abierto"
"Vamos pues" dijo Genzo
Pero el teléfono los detuvo, era Sanae que los estaba buscando, Matilda había olvidado su celular y el de Genzo estaba descargado.
"Es Sanae, dice que Derek te ha estado llamando y se preocupó porque no contestabas"
"Oh es que olvidé el teléfono en casa, puedo usar el tuyo? Si quieren vayan por los helados yo aquí los espero"
Salieron por los postres pero justo al doblar en la esquina un encuentro inesperado derrumbó la tranquilidad del portero; después de tantos años pensó que no la volvería ver, era un asunto olvidado pues ya había obtenido lo que quería, pero no, de pronto estaba ahí a unos pasos de él con una tranquilidad y una seguridad que le daban el ignorarse vista, pero todo se derrumbó al verlo nuevamente.
Se detuvo en seco, la sangre abandono su cuerpo, su rostro lucía pálido y frio, estaba en shock de no ser porque Isabella tomó su mano hubiera permanecido inmóvil por tiempo indefinido.
"Sucede algo?" preguntó asustada al ver su aspecto
Se asustó mas cuando dirigió su mirada hacia donde observaba el portero y vio a una mujer mas o menos de su edad, igual de impresionada que el portero y empezó a entender lo que sucedía cuando en el rostro descubrió ciertas facciones bastante conocidas.
"Genzo…"
"Ángela Hoffman qué demonios haces en España"
"Me acabo de mudar a Barcelona, a mi esposo lo transfirieron aquí"
"Te casaste? Y quien es el pobre desgraciado que se atrevió a desposarte? Sabe que tuviste una hija? Y que la vendiste a cambio de dinero? Tiene idea de la clase de mujer con la que se casó?" decía en un tono cada vez mas fuerte y lleno de un rencor guardado durante años.
"El pasado no es algo de lo que esté orgullosa"
"Solo eso faltaba¡"
"Ya no soy la misma de antes…"
"A mi no me importa, lo único que quiero es que te quede claro que si te atreves a acercarte, hablarle o incluso siquiera a mirar a mi hija te juro que te vas a arrepentir"
Sus palabras fueron cortadas cuando se acercó otra mujer que llevaba a una niña de la mano, la cual se soltó para llegar corriendo y abrazar a su madre por las piernas.
"Mami quienes son?"
"Solo preguntamos por la tienda de los helados" intervino Isabella al ver que Genzo y Ángela estaban mudos.
"Está del otro lado de la acera, están deliciosos, espero que a usted y a su esposo les gusten"
"Gracias será mejor que nos vayamos antes de que cierren"
Lo tomó del brazo para hacerlo caminar, debía recuperar la calma antes de volver al lado de su hija.
"Te sientes bien?"
"Si… si"
"Mentiroso"
"Luego hablaremos de eso, mejor nos apuramos no se vaya a preocupar Matilda"
De regreso en el departamento Matilda seguía en la línea con su amigo, ni siquiera había notado la tardanza de su padre, estaba demasiado contenta de hablar con Derek que no le dio importancia a la desaparición de Genzo e Isabella.
"Cielo, cuelga ya que se derrite tu helado"
"Si… tengo que irme mi papá me está llamando… mañana te veo en la escuela… yo también" la última frase la hizo enrojecer y no pasó desapercibido para su padre quien decidió que la ignorancia era lo mejor.
Las chicas seguían hablando de todo un poco pero él estaba ausente, pensando que pasaría si Matilda llegara a toparse con ella, no podía permitirlo, pero tampoco lo podía evitar, quizá esa era la señal que necesitaba para tomar la decisión.
"Deberíamos hacer esto mas seguido, no lo crees pá?"
"Si, hay que aprovechar los meses que nos quedan"
"Como que los meses que nos quedan?" preguntó dudosa.
"Pues los meses que faltan antes de que me retire del futbol… y de que volvamos a Japón" soltó a quemarropa
"Creí que íbamos a viajar juntos y después regresaríamos a España"
"Viajaremos todo lo que quieras pero al final viviremos en Tokio, ahí es donde estará el complejo futbolístico y tendrás mayor cantidad de escuelas de donde elegir que si vivimos en Shizuoka"
"Y tu trabajo en el corporativo? Y mis tíos, mis primos? Aquí esta mi escuela, mis amigos, no podemos irnos de aquí¡"
"Isabella se hará cargo de las empresas, a tus tíos y primos los visitaremos muy seguido, tendrás una nueva escuela y nuevos amigos"
"No es justo¡ Bella dile algo por favor"
"Supongo que tu papá tiene sus razones para tomar esa decisión, es una nueva oportunidad para ti verás que pronto te acostumbras al cambio"
"Pues no¡ me niego a irme"
"Suficiente Matilda Wakabayashi¡ es una decisión tomada, hasta donde se esto no es una democracia y mientras seas menor de edad tendrás que vivir bajo mis órdenes, te guste o no, será mejor irnos ya le hemos dado demasiadas molestias a Isabella"
La rabia invadía su cuerpo, siempre fue una chica muy tranquila pero cuando se enojaba a nadie le cabía duda de que era hija de su padre.
"Gracias por todo" se despidió secamente
"Te veo mañana" agregó el portero
Ella solo asintió y vio como desaparecían detrás de las puertas del ascensor, pensó que desafortunada fue la salida del departamento, como una noche maravillosa se había transformado de esa manera y lo peor, la decisión que él había tomado, en el remoto caso de que él sintiera algo que lo hiciera quedarse nunca competiría con el amor hacia su hija y la necesidad de protegerla de cuanto mal se le acercara.
Después de limpiar la cocina se aseguró que la puerta estuviera cerrada y al apagar las luces de la sala notó que Genzo había olvidado su suéter, después de un momento de titubear lo tomó y aspiró su olor, la esencia la hizo relajarse y aunque se sentía tonta se lo puso para dormir, y como cosa de magia pudo conciliar el sueño tan plácidamente como cuando él durmió a su lado.
"Hey jefe, como van las cosas" saludó Franco dos días después
"Bien, si no consideramos que la huelga no se resuelve, que mi hija no me habla y me ve con mirada de asesina y que tenemos una multa que pagar pues todo esta bien"
"Oh, sigue molesta por lo de su cambio a Japón"
"Molesta es poco"
"Seguro que no quiere reconsiderar su partida? No vaya a ser que Matilda recurra a otros métodos para permanecer permanentemente aquí"
"Eh? Claro que no" respondió preocupado "mi hija es una niña muy bien portada"
"Y las chicas buenas son las peores" agregó González
"Suficiente, mi niña no hará nada de eso, mejor dinos para que nos reuniste Franco"
"Porque tengo listo el programa espía" sacó de su portafolios una USB "ahora solo falta instalarlo en las computadoras que consideremos sospechosas, pero debemos hacerlo nosotros mismos, nadie debe enterarse así que lo mejor será esperar a que se vayan todos para hacerlo"
"Y supongo que tu lo instalarás?" preguntó Isabella
"Me encantaría pero tengo que viajar en un rato mas a revisar los avances de obra de la empresa de hidrocarburos"
"Pero nosotros no sabemos como instalar ese programa" expuso Genzo
"Ese no es ningún problema es igual que todos los programas solo le das acepto términos, siguiente, siguiente, si y finalizar y todo listo" explicó tranquilamente
"Entonces lo instalas tu González"
"Me encantaría pero desde la semana pasada les avisé que hoy saldría a Mallorca a una reunión familiar" se excusó
"Bueno Isabella te tocará a ti" declaró Genzo
"Ah pero usted se queda a cuidarme las espaldas, no vaya a ser que a alguien se le ocurra venir y entonces si que nos metemos en problemas"
"Pues ya que, de todas formas Matilda se iba a ir de fin de semana con los Ozora, van a acampar para ver la lluvia de estrellas"
La tarde pasó rápido, González y Franco partieron hacia sus respectivos destinos y las oficinas del corporativo se fueron quedando solas poco a poco, cerca de las nueve de la noche el ingeniero Manríquez pasó por las oficinas principales y notó que aun había luz en las oficinas de presidencia.
Tocó la puerta para encontrarse a Isabella y Genzo trabajando en sus respectivas computadoras "buenas noches jóvenes, aún trabajando?"
"Buenas noches ingeniero, si, la licenciada me está poniendo al corriente de lo sucedido en mi ausencia"
"Eso es bueno, no se desvelen demasiado dejen algo para la próxima semana"
"No se preocupe ingeniero"
"Bueno, no los molesto mas, nos vemos el lunes"
Esperaron a oír el sonido del elevador para continuar con su labor
"Copié el programa en mi USB, así avanzaremos mas rápido porque no se encarga de las computadoras del piso de abajo mientras yo instalo en éste" sugirió
Muy bien, te apuesto a que termino primero que tu"
"Es una apuesta?"
"El que pierda paga la cena"
"Hecho"
El portero salió volando para comenzar su trabajo. Fue relativamente fácil, perdía mas tiempo encendiendo cada máquina que lo que tardaba en descargar el programa, que se encargaría de enviar toda la información que se procesara a una dirección IP creada especialmente para eso, de ahí podrían descubrir si alguien enviaba información secreta a la competencia.
Isabella avanzaba igual de rápido, pero se le presentó un problema en la computadora del ingeniero Manríquez, para acceder necesitaba de una contraseña aún cuando estaba prohibido usarlas en equipo del corporativo, afortunadamente usando la fecha de su nacimiento logró entrar, pero después tuvo que desinstalar el firewall que no le permitía instalar el programa espía y para colmo el sistema estaba demasiado lento.
Cuando apagó el último equipo y se dirigía a tomar el ascensor, Genzo se percató de que alguien lo estaba usando para subir y si no se daba prisa para avisarle a Isabella corría el riesgo de ser descubierta.
Tomó las escaleras y subió dando grandes pasos que abarcaban dos escalones, la tenue luz debajo de la puerta le indicó la ubicación de la joven y apenas alcanzó a entrar cuando Manríquez salía del elevador rumbo a su oficina.
Le hizo señas para que no hiciera ruido pero cuando vieron la sombra del hombre detrás de la puerta tomó una decisión, con su mirada le pidió permiso para después tomar su rostro y darle un beso.
Felicidad. Fue la única palabra que resonaba en su mente cuando el beso seguía y seguía; estar en los brazos de Genzo mientras él la besaba, sus manos tomaban vida propia, sus labios tomando posesión de los de ella, eso era la definición absoluta de felicidad.
Ella temblaba en sus brazos cuando Manríquez apareció a la vista, era imposible pasar desapercibidos. Había buscado desesperadamente una excusa que justificara su estancia en la oficina por eso con sus ojos suplicantes le pidió que siguiera con su ejemplo.
Pero nada los había preparado para lo que sucedió en el momento en que sus labios se encontraron, para la gran cantidad de sentimientos que se liberaron y a pesar de saber que se trataba de un encubrimiento, ella buscó acercarse, sentir su calor dándose la oportunidad aunque fuera en una mentira para sentirlo suyo.
Su audacia hizo a un lado la timidez con la que él comenzó el beso, el deseo de disfrutar de esa inesperada oportunidad de intimar con su compañera antes de la inevitable interrupción. Si tan solo se le hubiera ocurrido cerrar la puerta con seguro¡
El calor que emanaba de su rostro y de todo su cuerpo, la frescura que sentían sus dedos al explorar su sedoso cabello negro hasta que su mente le dio paso a solo sentir esas maravillosas sensaciones.
Sus grandes manos trazaron una caricia desde su mandíbula hasta el exquisito cuello. Isabella devolvió la caricia moviéndose mas cerca si eso era posible, él aprovecho para deslizar su brazo hacia su cintura animándola a inclinarse sobre su musculoso torso. La sensación de sus suaves curvas apretadas contra su masculino pecho provocó en ella una agitación nunca experimentada.
Su mano izquierda se deslizó por la espalda del portero, sintiendo la tela de su traje que no alcanzaba a disimular lo bien formado de su cuerpo sus dedos sintieron las vibraciones de su quejido antes de que él profundizara el asalto a su boca.
Su sabor era indescriptible provocó estragos en sus sentidos llenando por completo con su esencia hasta que no hubo lugar para nadie mas que él… que ellos.
Como su boca se fundió con la de ella
Como su calor la envolvía
Como sus manos la hacían sentirse querida
Como él había robado su corazón.
