La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen.
Muchas gracias por leer, por sus likes, follows y por sus maravillosos y amables reviews. Muchas, muchas gracias a todos.
Espero que les guste el capítulo y que puedan perdonar cualquier error.
Agradecimientos a mi querida autumnevil5
Cuando la noche comenzó a caer, los prisioneros del Castillo del Reino Blanco fueron llevados al lugar donde serían ejecutados por órdenes de la nueva reina.
Snow llegó poco después para presenciar el acto y lo hizo con una tranquilidad impresionante, como si lo que estaba por acontecer fuese algo normal y cotidiano, como si no estuvieran a punto de asesinar a personas que poco tiempo atrás le estuvieron sirviendo y como si no fuese ella misma quien les había condenado.
Se sentó en uno de los tronos y al hacerlo, no pudo evitar recordar lo imbécil que había sido algunos meses atrás en ese mismo lugar, cuando el remordimiento le ganó y detuvo la ejecución de Regina a pesar de que merecía morir por todo el daño que había causado.
Recordó con amargura que inclusive David se molestó con ella por perdonarle la vida a la Reina Malvada y pretender darle una oportunidad más. Simplemente no podía creer cómo es que el ex príncipe había pasado, así tan rápido, de querer muerta a Regina a revolcarse con ella en esa inmunda celda donde la tuvieron cautiva.
Era algo inconcebible.
Tomó aire profundamente repitiéndose a sí misma que estaba ya muy cerca de recuperar su final feliz, aunque debía admitir que ahora tenía otro tipo de significado para ella, no era amor lo que le movía, no era que quisiera recuperar a David porque lo amaba profunda y verdaderamente, era solo el deseo de tenerlo de vuelta y quitárselo a Regina, para demostrarle a todo el mundo, que el bien siempre triunfa y que los villanos no son merecedores de ningún tipo de felicidad, mucho menos un final feliz.
Esa maldita mujer no merecía nada.
Sonrió soltando un suspiro triunfante porque prácticamente se había deshecho de Regina para siempre y esperaba con todo su ser, que la reina estuviera muriendo en vida encerrada en ese cuarto en llamas con todos sus demonios, sabiendo que ese ese maldito bastardo en su vientre, jamás va a nacer.
Volteó hacia los verdugos y asintió en señal de que comenzaran con la ejecución.
La primera fue la doncella, quién lloró y suplicó de nueva cuenta por su vida y la de los demás prisioneros. Sin embargo, la ex princesa ni siquiera se inmutó, no volvería a cometer el error de perdonarle la vida a quienes merecen morir.
Después siguieron con los guardias y era indescriptible la satisfacción que Snow sentía de verlos pagar con su vida por desleales, por haber osado a de cierto modo encubrir a la maldita arpía de Regina en lo que Snow consideraba, la peor de todas las atrocidades que esa despreciable mujer había cometido.
No pasó mucho tiempo para que algunos aliados del reino y hadas hicieran su aparición en el lugar. Todos estaban sorprendidos e incrédulos ante lo que la ex princesa estaba haciendo sin el más mínimo remordimiento.
En ese momento de conmoción Granny regresaba de su pequeña salida, le había dicho a Ruby que iría por provisiones a uno de los pueblos cercanos y era verdad, pero la razón principal de su salida fue para investigar si alguien había visto a David y el rumor de que le habían visto salir del Castillo del Reino Blanco se estaba corriendo, pero afortunadamente nadie sabía nada.
De inmediato se percató de lo que estaba sucediendo a las afueras del Castillo y buscó con la mirada a su nieta rápidamente, pero al no verla decidió entrar en su búsqueda
- Snow, es momento de parar - dijo Pepe Grillo, y contrario al tono de voz entre preocupado y consternado que siempre usaba, se escuchó molesto y horrorizado esta vez. Nadie se sorprendió por ello, era de esperarse que intentaran por todos los medios detener a la ex princesa de lo que estaba haciendo
- No - respondió con firmeza mirando al consejero con forma de insecto que volaba frente a ella - No voy a volver a cometer el error de detener una ejecución - aclaró
- Hermana, ellos no hicieron nada - se aventuró a intervenir Gruñón y tenía unas ganas inmensas de escupirle en la cara lo que había hecho con David y Regina para que todos se enteraran de una vez por todas, pero le había jurado a Granny con su vida que no lo haría.
En cuanto escucharon la discusión, los verdugos se detuvieron
- ¡Cometieron traición a la corona al ocultar información importante de lo que mi peor enemiga había hecho con MI marido - enfatizó el hecho de que el nuevo Rey tenía un compromiso con ella
- Ellos siguieron las ordenes que David les dio - le recordó Pepe Grillo acercándose un poco más a ella
- No voy a discutir con un insecto - dijo Snow y movió rápidamente su mano lanzando al consejero hacia uno de los postes de madera que soportaban la estructura en la que estaban debajo.
Pepe Grillo se estrelló contra la madera y cayó maltrecho al suelo
- ¿S-Snow? - preguntó un titubeante Doc mientras se acercaba al consejero y lo tomaba entre sus manos
- Soy su reina y deben respetar mis decisiones - les dijo - A no ser que quieren terminar como todos ellos - dijo apuntando hacia los prisioneros que quedaban y después se puso de pie - Quiero que esta sea una lección para todos, para que no piensen siquiera en traicionarme alguna vez. No toleraré la deslealtad, ni ninguna falta - dijo tratando de sonar altiva.
Hubo un momento de silencio y fue el momento en el que Snow se percató que algunos campesinos que se veían horrorizados estaban en el lugar, quizá se sintieron atraídos por la excesiva iluminación que había en el área de ejecución del palacio y fueron a ver qué sucedía
- Sigan - dijo entre dientes mirando a los verdugos quienes acataron la orden de inmediato. Se sentó de nuevo en su lugar.
Estaban ya por ejecutar a otro de los guardias, pero en ese momento una potente ráfaga de magia del color del arcoíris se dejó sentir por todo el lugar sorprendiendo a todos los presentes, pero mucho más a la ex princesa
- No… - fue todo lo que pudo articular mientras estaba incrédula con los ojos desorbitados ante la realización de lo que eso podía significar. Comenzó a hiperventilar y a temblar ligeramente.
Todos los presentes estaban sorprendidos y confundidos porque sabían que eso había sido un beso de amor verdadero, pero nadie tenía conocimiento que alguien estuviera bajo una maldición de dormir. A excepción claro, del par de hadas que fueron partícipes de poner a Regina bajo esa maldición y de uno de los enanos.
Pero todas las hadas, junto con las cómplices de Azul, estaban perplejas porque sabían perfectamente que esa clase de magia, que la ráfaga dejó a su paso, había sido algo verdaderamente poderoso, algo que nunca habían visto en sus vidas.
Desde luego que Gruñón sonrió triunfante al estar seguro que David logró despertar a Regina con un beso de amor verdadero. Por otro lado, la potente oleada de magia pura logró que Pepe Grillo se recuperara totalmente. Voló feliz, aunque también sorprendido, de las manos del enano Doc.
Snow se levantó de su asiento y salió veloz hacia el interior del Castillo ignorando los murmullos de todos los presentes. Necesitaba ver a David con sus propios ojos y comprobar que seguía encerrado en los calabozos subterráneos y estar segura que no había sido él, sino el príncipe Henry, quien había roto la maldición.
No podía ser de otra forma.
Granny no encontró a Ruby en la habitación que compartían y su instinto le urgió a buscarla en la alcoba que habían tomado como provisional después de que el ex príncipe abandonara el Palacio.
Y cuando entró, su mundo se derrumbó. Ruby yacía sobre la cama pálida y apenas se movía
- ¡Hija! - dijo angustiada y se acercó rápidamente a la cama - Mi niña, Ruby - le llamó desesperada. La sangre brotaba de la herida que tenía en el abdomen y Granny quitó la mano de su nieta para colocar la suya ejerciendo presión en ese lugar - Por Dios, no te mueras - le pidió con lágrimas corriendo por sus ojos - ¿Quién te hizo ésto? - preguntó sollozando.
Ruby apenas pudo abrir sus ojos para mirar a su abuela al escuchar su pregunta
- Snow - dijo en un susurro, su voz era débil.
La vieja lobo solo le miró espantada porque desde luego que le tomó por sorpresa la respuesta de su nieta, pero rápidamente recobró la compostura, eso era algo de vida o muerte
- Aguanta hija, iré por ayuda - le dijo acariciando su cabello, pero la joven lobo movió apenas su cabeza negando
- N-no hay tiempo - dijo Ruby - Granny… te amo. Perdóname por no haberte escuchado - sollozó y su abuela tomó su mano ensangrentada
- Y yo a ti, mi niña - lloró la vieja lobo y Ruby apenas pudo apretar su mano.
Besó la frente de su nieta y en ese momento el agarre que la joven lobo tenía sobre su mano se dejó de sentir. Buscó su rostro y le miró desesperada
- Ruby… - le llamó sacudiéndola un poco - ¡Ruby! - gritó al entender que su nieta había muerto - ¡No te puedes ir, hija! - y empezó a llorar desconsolada abrazando el cuerpo sin vida de la joven lobo.
Y en ese momento, una potente ráfaga del color del arcoíris se dejó sentir, una que Granny conocía perfectamente, solo que había sido mucho más poderosa que la que había sentido con anterioridad.
Pero no pudo hacer otra cosa que seguir llorando por la pérdida de su amada nieta y no se percató, que la magia que esa ráfaga esparcía por todos lados, cerró la herida de Ruby.
Sin embargo, había llegado tarde para salvar la vida de la joven lobo.
David tomó con ambas manos el hermoso rostro de su reina y le besó de nueva cuenta con todo el amor que sentía por ella, pero también con desesperación porque fueron muchos días los que pasó sin Regina, con la angustia instalada en su alma al pensar que jamás le vería otra vez, que Graham le haría daño y que le mataría junto con su pedacito de amor.
Se separó del beso y junto su frente con la de ella. Cerró sus ojos soltando un suspiro mezclado con un sollozo mientras escuchaba a la reina sollozar por igual
- ¿Estás bien? - preguntó preocupado separándose un poco de ella para poderla mirar a los ojos. Regina le regresó una mirada nostálgica, pero llena de amor y asintió sorbiendo su nariz.
Ella abrió su boca para hablar, pero la voz del cazador interrumpió el momento
- Regina - le llamó acercándose un poco. Necesitaba hablar con ella, pedirle perdón por lo que había pasado, decirle que estaba arrepentido, pero sobretodo quería confesarle su amor.
El Rey apretó los dientes al escucharlo, en un movimiento rápido se levantó mientras tomaba su espada que había dejado sobre la cama, se volvió con una velocidad impresionante hacia Graham y en un segundo tenía la punta de su espada contra la garganta del cazador
- No te vas a acercar a Regina. Te lo prohíbo - dijo con firmeza. Aunque la verdad era que se estaba conteniendo de atravesarle la garganta por lo que había hecho, pero sabía que él ayudó a poner a la reina a salvo y reconocía además que no le puso ninguna traba para llegar hasta ella y poderla despertar
- Necesito hablar con ella - dijo Graham entendiendo la postura del nuevo Rey. Era obvio que David sabía todo lo que él había hecho y no era para menos que quisiera defender a Regina de esa forma.
El ex príncipe sabía que Graham cuidó de su amada reina y de su bebé durante ese tiempo en el que él estuvo cautivo, que decidió custodiarla y no dañarla como era su plan original. Pero nunca, jamás le iba a perdonar que fuera él quien no solo dejó a Regina sin magia e indefensa a sabiendas que estaba embarazada, sino que además la raptó y la entregó a Snow
- David… - le llamó la reina muy, muy bajito.
David la escuchó y titubeó por un momento, sin embargo decidió seguir intercambiando palabras con el inmundo cazador, lo quería fuera de su vista y muy lejos de su reina
- No. No tienes nada que hablar con Regina - respondió tajantemente presionado un poco más contra la garganta del cazador quien retrocedió al menos un paso, como si estuviera convencido que David le mataría sin miramiento en cualquier momento.
Por su parte Graham entendía perfectamente al Rey, si era sincero él haría lo mismo, no permitiría que el hombre que capturó a la mujer que ama y la entregó a su peor enemigo se acercara o le dirigiera la palabra siquiera. Soltó un suspiro resignado retrocediendo un poco, al menos en ese momento iba a desistir de hablar con Regina
- David - volvió a llamarle la reina y esta vez se escuchó angustiada.
El corazón del ex príncipe se apretó al escucharla llamarle de esa forma y se volvió hacia ella de inmediato.
Regina estaba sentada en una orilla de la cama con una mano aferrando el filo del colchón, la otra sobre su vientre y le miraba asustada con sus bellos ojos chocolate llenos de lágrimas.
Corrió en ese instante y se puso en cuclillas frente a ella sintiendo el corazón ahora latirle con fuerza
- ¿Qué pasa? - le preguntó temeroso por la respuesta de Regina, porque desde luego sabía que eso tenía que ver con su pedacito de amor. No era tonto
- N-no lo siento moverse - sollozó con desespero cerrando sus ojos y derramando las lágrimas que se estuvieron agolpando en los mismos.
David tragó pesado al escucharla y no pudo evitar recordar que Snow le había asegurado que un bebé no podía sobrevivir a una maldición de dormir. Sin embargo no podía entrar en pánico, no cuando su hermosa reina estaba al borde de una crisis nerviosa
- Tranquila - le dijo colocando una de sus manos sobre su pancita enseguida de la de ella y con la otra tomó su rostro para que le mirara - Estoy seguro que está bien - dijo tratando de convencerla y de tranquilizarla - Estás en el quinto mes, es muy pequeñito aun y no tienes mucho que has comenzado a sentirle. Es normal que algunas veces percibas sus movimientos y otras no - se esforzó por esbozar una sonrisa, aunque sentía la garganta apretada porque él también tenía miedo, mucho. Acarició su pancita sin despegar sus ojos de los ella tratando de transmitirle seguridad y calmarla.
Regina no pudo evitar escucharlo atenta, necesitaba tanto de las palabras de su amado príncipe, las cuales tenían un poderoso efecto en ella. Sabía que David no podía estar completamente seguro de lo que decía, pero agradecía tanto que se estuviera esforzando por hacerle pensar que todo estaría bien
- ¿De dónde sacas eso? - le preguntó sonriendo ligeramente divertida a pesar de su estado de nerviosismo y preocupación
- Lo leí en los libros - le respondió David sonriéndole con mucha más confianza y la reina soltó una pequeña risa seguramente porque le causaba gracia pensar que él pusiera atención a lo que leía en esos libros que Henry le había dado a su hija.
Sin embargo ese pequeño momento, no duró mucho. Regina cerró sus ojos negando ahora con su cabeza
- Necesito mi magia para asegurarme que mi bebé está bien - dijo con impotencia y sollozando. Llevó su mano izquierda a su derecha tratando de quitarse el brazalete con todas sus fuerzas y desespero
- Hey, no - le dijo el ex príncipe tomando sus manos tratando de hacerla parar - Te vas a lastimar - forcejearon un poco hasta que por fin, Regina desistió.
Le miró a los ojos respirando entrecortadamente por su preciosa boca y después se abrazó a su cuello llorando desconsolada.
David no pudo hacer otra cosa que envolverla entre sus brazos, sintiéndose ahora él impotente ante la situación mientras la escuchaba llorar y sentía como su pequeño cuerpo se sacudía por el llanto.
Acarició su espalda y besó su cabeza. Regina se aferraba a él como si su vida dependiera de ello, en verdad estaba asustada y le dolía verla así. No había forma de comprobar que su pedacito de amor estaba bien después de la maldición si no se movía, al menos no sin magia como su reina lo había dicho.
Volteó a ver al cazador idiota quien les veía preocupado y le fulminó con la mirada. Todo eso era culpa de él, por haberle puesto ese brazalete a Regina, por dejarla sin magia y llevarla con Snow. Por Dios que tenía unas ganas inmensas de matarlo con sus propias manos
- Tengo mucho miedo - confesó muy bajito, solo para que David le escuchara. Era consciente que no estaban solos aunque realmente, no le importaba en esos momentos - Mi papá está muerto, Snow me dijo que le mandaría asesinar y no voy a ser capaz de sobrevivir si algo le ha pasado a nuestro bebé también - habló tratando de no ahogarse con su propio llanto
- Tu padre está bien - le aseguró el Rey besando su hombro ahora - Granny le envió un cuervo para que huyera antes de que Snow mandara matarlo - Regina se separó de él buscando su rostro, como tratando de comprobar que no le estaba mintiendo - Estoy seguro que logró escapar y debe estar a salvo - le sonrió tiernamente mientras limpiaba con delicadeza las lágrimas que corrían por su bello rostro.
Regina asintió levemente y con un poco de alivio al saber que lo más seguro era que su padre estuviera bien y a salvo. Sorbió su nariz y miró con tristeza a David.
Si algo le había pasado a su pedacito de amor no iba a ser capaz de perdonarse nunca. Sabía que eso era en gran medida su culpa, por no haber pensado las cosas y haberse arriesgado de la forma en que lo hizo para salvar a personas que ni siquiera conocía. Todavía no podía entender cómo es que había sido tan estúpida y estaba tan arrepentida de no haber pensado que también estaba arriesgando a su bebé
- ¿Qué vamos a hacer si el bebé… ? - trató de preguntar pero David estampó sus labios con los de ella para detenerla de terminar, como si no quisiera escuchar esa posibilidad. La reina no pudo evitar besarle de vuelta con desespero, el Rey podía sentir la angustia y el dolor de Regina en ese beso que se estaban dando
- Seguramente nuestro pedacito de amor estuvo bajo la maldición de dormir y ha despertado junto contigo con nuestro beso de amor verdadero - le dijo conteniendo sus propias ganas de llorar. Él también necesitaba saber que su bebé estaba bien
- Quisiera estar segura - dijo la reina tragando pesado y colocó ahora sus dos manos sobre su pancita - No sé si eso es así, jamás me importó lo que fuera a suceder con mi única víctima cuando use la maldición - confesó sin arrepentimiento, ahora más que nunca no sentía ni el más mínimo remordimiento por todo lo que llegó a hacerle a Snow en sus días como la Reina Malvada.
De pronto le vino a la mente una persona que sabía podía ayudarle. Abrió su boca para decirle a David, pero en ese preciso momento, sintió por fin a su pedacito de amor en su vientre
- ¡Se movió! - exclamó con alegría volteando a ver su pancita - Se movió - repitió derramando ahora lágrimas de felicidad. Regresó su mirada al apuesto rostro del ahora Rey quien miraba también hacia su pancita con mucho amor y había colocado sus manos sobre las de ella ahí.
Regina quitó su mano derecha y la llevó hasta la mejilla izquierda de David moviendo su cabeza para que le mirara. El ex príncipe tenía sus ojos llenos de lágrimas y se veía feliz, extremadamente feliz
- Te amo - le dijo y la besó con devoción, pero sobretodo con amor, con todo ese amor puro, firme y verdadero que sentía por ella. Se separó del beso y besó la sien derecha de su reina para después juntar su frente con la de ella - Eres el amor de mi vida - le sonrió abiertamente haciéndola sonreír por igual
- También eres el amor de mi vida - respondió la reina cerrando sus ojos y soltando un suspiro.
Regina tomó las manos de David con las suyas mientras le sonreía mordiéndose el labio inferior con alegría y el corazón del ahora Rey revoloteó feliz en su pecho al verla así. Volteó momentáneamente a ver las manos de ambos y se percató que las heridas que las cadenas habían causado en sus muñecas ya no estaban. Frunció su ceño extrañado pero la reina buscó sus labios para besarle haciéndole olvidar ese pequeño detalle.
El caballero del Reino Blanco se limpió una lágrima que había escapado de uno de sus ojos al no poder contener la emoción del momento. Estaba feliz de saber que el Rey David logró recuperar a la reina Regina y que el bebé de ambos, estaba bien.
Tenía la firme convicción de que, aunque sonara irónico porque se trataba de la mismísima ex Reina Malvada, Regina y David eran la verdadera oportunidad para que el Reino Blanco volviera a ser un lugar próspero, lleno de luz, paz y armonía. Y quizá se estaba adelantando, pero no podía evitar pensar que eran una pareja perfecta para gobernar, sobretodo porque la reina ya llevaba en su vientre el que podía ser el heredero y futuro gobernante de todo el Bosque Encantado.
Por su parte el cazador observaba apesadumbrado a la pareja que compartía besos, sonrisas y caricias frente a ellos. Y a pesar de que estaba contento de ver a Regina bien, de verla tan feliz y radiante después de toda esa pesadilla que él mismo ayudó a causar, no podía evitar sentirse celoso de no ser él a quien la reina le sonreía, a quien ella besaba y acariciaba, de no ser él quien podía besarla y tocarla.
Graham se sentía realmente desdichado al saber que su amor no era correspondido. Desde que David se metió en la vida de Regina de la forma en que lo hizo, el cazador supo que su reina sería de ese hombre y de nadie más y después de ese beso de amor verdadero que logró romper la maldición, no le quedaba la menor duda de que el maldito príncipe traicionero, que ahora era el Rey, correspondía a los sentimientos de Regina y que la amaba como se lo merecía.
Al menos le quedaba la satisfacción de que su reina estaba con una persona que la amaba realmente, pero le dolía en el alma tener que aceptar que no se trataba de él
- ¿Dónde estamos? - preguntó Regina de pronto, reparando que el lugar donde se encontraban, no era uno que ella recordara haber visto jamás
- En el castillo del Oscuro - respondió David y al verla fruncir el ceño entre preocupada y extrañada le dijo - Graham te trajo aquí para ponerte a salvo - le costó trabajo decir eso y darle el mérito al maldito cazador.
Regina se volvió hacia Graham y se levantó caminando un poco hacia él con David tras ella con todo y su espada empuñada. El cazador se mostró algo nervioso al ver que se acercaba
- ¿Por qué lo hiciste? - le preguntó. Se escuchaba molesta, en realidad su pregunta era un reclamo
- Tenía que ponerte a salvo, no podía permitir que te hicieran más daño - fue todo lo que el cazador pudo decir. Sentía un nudo en la garganta y unas ganas inmensas de llorar
- No - dijo la reina - ¿Por qué me hiciste todo ésto? - le preguntó mostrando el brazalete y sus ojos se llenaron de lágrimas
- Sé que no tengo perdón - se apresuró a decir - Me equivoqué - susurró casi en una súplica porque ella entendiera de alguna manera
- ¿Te equivocaste? - preguntó Regina con resentimiento y un poco incrédula - ¡¿Cómo que te equivocaste?! – preguntó ahora exaltada - ¡Me iban a matar, a mí y a mi bebé! - le dijo con rabia y no pudo evitar derramar un par de lágrimas.
David estaba odiando con su alma presenciar esa escena, odiaba ver a su reina sufrir, pero sabía que ella necesitaba desahogarse y reclamarle al cazador
- ¡No! - respondió con desespero tratando de acercarse más
- No - dijo Regina retrocediendo al verlo avanzar. No lo quería cerca de ella.
Inmediatamente sintió el cuerpo del ex príncipe pegado en su espalda, quien pasó una mano posesiva sobre su torso por arriba de su pancita y alzó su espada contra el cazador con la otra
- Regina, no iba a permitir que te mataran. Yo no te quería muerta porque te a-... -
Pero no pudo confesarle sus sentimientos a la reina porque en ese momento, se vieron envueltos en una nube de magia color gris.
Granny estaba devastada tarareando entre lágrimas la canción con la que dormía a Ruby cuando esta era pequeña, mientras mecía el cuerpo inerte de su nieta entre sus brazos
- Te amo, Ruby. Mi pequeña Ruby - le dijo mientras dejaba un beso largo en su frente con mucho amor - Te prometo que esto no se va a quedar así - se levantó de la cama recostando con cuidado a la joven lobo y trató de acomodarla lo mejor que le fue posible. Fue ahí que se dio cuenta que la herida en el abdomen de Ruby ya no estaba.
Abrió su boca un poco sorprendida y lo único en lo que pudo pensar es que se pudo deber a la oleada de magia que el beso de amor verdadero entre David y Regina. Si tan solo hubiera llegado un poco antes quizá Ruby hubiera sobrevivido. Sollozó ante su pensamiento cerrando sus ojos con fuerza.
Tomó aire y antes de salir, dio un pequeño vistazo a la escena del crimen. En el suelo estaba la espada aún ensangrentada con la que Ruby había sido herida y un poco más allá, cerca del armario, estaba un lienzo de tela que Granny pudo reconocer de inmediato, entonces supo la razón por la cual, Snow había atacado a la joven lobo.
Se agachó para tomar la espada y salió de la habitación dispuesta a vengar a su nieta.
Snow caminaba desesperada por los pasillos del Castillo hasta que por fin llegó a la entrada de los calabozos subterráneos. Se detuvo de pronto y sintió una opresión en el pecho al darse cuenta que los guardias que aparentemente custodiaban el lugar, no eran los que recordaba eran sus cómplices.
Recobró la compostura y pasó entre ellos para entrar a los túneles. Tomó una de las antorchas y comenzó a caminar apresurada hacia la celda donde se suponía David estaba cautivo.
Era tanta su desesperación que terminó corriendo hasta que llegó al lugar indicado y sintió como si un balde de agua fría le cayera encima.
Dentro de la celda, en lugar de David estaban los guardias que sabían del secreto
- No - dijo con la voz temblorosa al comprobar que el ex príncipe no estaba, había logrado huir y seguramente era quien había despertado a la maldita de Regina con un beso de amor ver… No, no podía ser - No, no, no, no - comenzó a repetir en total negación, desesperada mientras las lágrimas comenzaban a correr por su rostro.
No era posible, Regina era una villana y no podía tener un amor verdadero, mucho menos podía ser el mismo hombre que había sido de ella
- Majestad - habló unos de los caballeros dentro de la celda - Déjenos salir, por favor - pidió con desespero
- Usaron polvo de hadas para dormirnos - argumentó el otro, tratando de justificar el hecho de haber fallado en la misión que les había sido encomendada.
Sin embargo la ex princesa no les escuchaba. Se sentía perdida en esos momentos porque no sabía qué hacer, necesitaba a Azul para que le ayudara a acabar con la maldita Reina Malvada de una vez por todas.
Empezó a caminar de vuelta hasta la salida de los calabozos, pensando en la forma para llamar al hada para que viniera en su auxilio lo más pronto posible.
Salió del lugar y tuvo que parar en seco porque afuera, le estaba esperando una furica Granny con su ballesta en una mano y en la otra, la espada con la que había atacado a Ruby y que aún tenía rastros de sangre
- Maldita infeliz - le dijo apretando los dientes con rabia. Arrojó la espada a un lado y le apuntó firmemente con su ballesta
- ¿Qué crees que estás haciendo? - dijo Snow cuando pudo salir de su asombro y en ese momento varias hadas y aliados llegaron al lugar
- Mataste a mi Ruby - respondió la vieja lobo con la voz un poco quebrada y con lágrimas en sus ojos, las cuales trató de frenar porque las mismas nublaban su vista y la necesitaba para lanzar una de las flechas que Graham le había dado. Su objetivo era el corazón de la ex princesa.
La exclamación de sorpresa de todos los presentes no se hizo esperar, inclusive de las hadas que sabían Snow había lanzado la maldición de dormir. Una cosa era que atacara a Regina por ser su peor enemiga y otra a la joven lobo, que había sido casi como una hermana para ella
- Baja esa arma - le ordenó tratando de sonar autoritaria. Aunque el intento fue inútil, estaba en muy mal estado por lo que estaba pasando. Además, muy en el fondo reconocía que era un fracaso para eso de ser una reina y el reparar en ello solo hacía que su ira y rabia, contra esa otra reina que ella seguía considerando malvada, creciera más y más.
La quería muerta, muerta junto con la cosa que llevaba en su vientre. ¿En qué momento se le había escapado todo de las manos?
- ¿Mataste a Ruby? - preguntó uno de los enanos con extrañeza y algo de horror ante el pensamiento
- Me traicionó - respondió Snow apretando sus manos en puños y los dientes. Le dolía pensar que su amiga se atrevió a traicionarla de esa forma tan baja - Ella fue quien le llevó a la Reina Malvada el vestido y el agua a la celda ese día - dijo tratando de justificarse
- Te equivocas. Fui yo - dijo Granny apuntándole con más precisión. La cara de sorpresa de la ex princesa, no tuvo precio
- T-tú… - dijo titubeando, comenzaba a sentirse aturdida por la verdad que todo ese tiempo estuvo ante sus ojos y fue incapaz de ver - ¿Por qué? - le preguntó con reproche
- Porque ese día que le perdonaste la vida a Regina solo para ponerla a prueba con el afán de humillarla y condenarla a una vida de olvido, me di cuenta que eras una verdadera hipócrita - explicó - Siempre hablando de lo correcto, del bien sobre el mal, la luz sobre la oscuridad, navegando con una bandera de buena y bondadosa, cuando lo que haces realmente es apuñalar por la espada a la primera oportunidad. Eres egoísta, te mueves a tu propia conveniencia sin importar a quién te lleves en el camino - le acusó con desprecio
- Regina es una maldita arpía desgraciada que se merecía eso y más - reviró con furia la ex princesa
- Sabes que no - dijo la vieja lobo - Tú contribuiste a condenar a Regina a una vida de miseria desde que la conociste. Sí, tenías doce años y eras una niña, pero no eras estúpida. Sabías perfectamente lo que hacías - continuó acusándola - Por eso cuando David logró acercarse a ella, de una forma que nadie lo había logrado, estaba segura que él sería esa oportunidad que Regina necesitaba para salir de la oscuridad, la oportunidad que tanto se merecía - dijo con convicción - Y ese beso de amor verdadero es la prueba - aclaró volteando a ver de reojo a las hadas que se veían más que sorprendidas de saber que el beso de amor verdadero había sido entre Regina y David
- De seguro fue Henry quien lo hizo - dijo Snow, más que nada buscando convencerse a sí misma que su ahora Rey no tenía nada que ver con eso
- Sé que no - dijo Granny con calma - Yo misma le avisé al príncipe Henry que se ocultara porque le mandarías matar y también fui yo quien liberó a David - y era tan satisfactorio ver la cara de horror de la ex princesa
- Y yo le ayudé - habló Gruñón acercándose un poco a la vieja lobo para demostrar su apoyo. Pudo ver de reojo que Nova le veía asombrada.
La nueva reina no daba crédito a lo que escuchaba. Todos la estaban traicionando
- Snow dejó a Regina sin magia con la ayuda del cazador y obligó a David a casarse con ella para humillarla y lastimarla. No conforme con ello, puso a Regina bajo una maldición de dormir sin importarle que está embarazada. Encerró a David en los calabozos subterráneos, mintió diciendo que le había dejado ir y que Graham había secuestrado a Regina, cuando en realidad le mandó matarla, a ella y al bebé - contó Granny con la intención de que todos supieran la clase de persona en la que la ex princesa se había convertido
Todos comenzaron a murmurar entre sí preocupados
- Es una nueva reina malvada - se alcanzó a escuchar en el lugar y la cara de Snow se desfiguró al oír eso, pero no se supo con precisión quién lo dijo
- Te abrí las puertas de mi casa y te acogí como si fueras una hija cuando más lo necesitaste - siguió diciendo Granny con reproche - Y tú… Mataste a mi niña. ¡Asesina! - le gritó y disparó contra la ex princesa no dando tiempo a nadie de reaccionar.
La flecha se incrustó justo en el pecho de la nueva reina quien bajó su mirada hacia el lugar donde le habían herido con los ojos desorbitados y perpleja, como no pudiendo creer lo que sucedía.
Se tambaleó un poco y de inmediato, algunas hadas cómplices de Azul, corrieron a su auxilio. Snow era la protegida del hada suprema y no podía pasarle nada bajo el cuidado de ellas. Recostaron a la ex princesa en el suelo y contra una columna, quitaron la flecha y sanaron la herida.
Snow comenzaba a sentirse un poco mareada a causa del extracto que la flecha contenía y que las hadas no pudieron detectar
- Pasaré por sobre todas ustedes de ser necesario hasta llegar a ella. No me importa - dijo Granny llamando la atención de las hadas que protegían a Snow. Disparó de nuevo, pero esta vez, detuvieron la flecha con magia
- Granny. Debemos irnos - dijo el enanito que estornudaba cada cierto periodo de tiempo. No había nada qué hacer ahí, jamás podrían ganarle a las hadas porque ellos no tenían magia y si la ex princesa ahora se estaba volviendo malvada, ellos no podían seguir siendo sus aliados
- No me voy a ir sin Ruby - respondió la vieja lobo con los ojos nuevamente llenos de lágrimas que se negaba dejar caer
- La llevaremos con nosotros, hermana - dijo Gruñón acercándose a Granny y colocando una mano sobre la ballesta para que la bajara.
La vieja lobo se resistió mientras miraba con ira a una adormilada Snow, hasta que por fin desistió. Sabía que eso no era lo que Ruby hubiese querido.
Los aliados dieron media vuelta comenzando a retirarse y fue ese momento en el que Nova decidió hacer aquello que por tanto tiempo estuvo temiendo hacer
- ¡Esperen! - les dijo comenzando a avanzar tras ellos
- Nova - le llamó una de las hadas buscando detenerla - ¿Qué crees que haces? - le preguntó
- Me voy con ellos - dijo sonriente y caminó hasta el enano que había robado su corazón tiempo atrás - Con él… si él quiere - se mordió el labio inferior nerviosa mientras miraba al enano a los ojos
- Desde luego que sí - respondió Gruñón emocionado y sin poderlo creer
- Nova, estás equivocada - dijo un hada amarilla acercándose a ella - Nosotras no amamos, no nacimos para ello - le recordó las absurdas reglas que tenían en el reino de las hadas
- Si la mujer que alguna vez fue la Reina Malvada pudo encontrar el amor verdadero, entonces yo puedo amar - respondió tomando las manos de Gruñón y dando pequeños saltitos emocionados
- ¿Quieres renunciar a tus alas? - preguntó con intriga una de las hadas aliadas de Azul
- Solo quiero amarlo a él. No me importa el precio, su amor lo vale - respondió totalmente convencida y los ojos del enano enojón se llenaron de lágrimas al escucharla
- ¿Estás segura? - le preguntó al hada rosa
- ¡Sí! - respondió ella con emoción.
Entonces el hada levantó su varita para despojarla de sus alas, pero otra hada intervino
- No tienes derecho a hacer eso - le dijo deteniéndola - Sólo el hada suprema puede decidir - le recordó. Aunque estaba comenzando a dudar del hada azul
- Azul me dejó a cargo - respondió ella
- Nova - le llamó al hada rosa mientras alzaba su varita contra la otra hada - ¡Váyanse! - les gritó.
Y en ese momento, se desató un enfrentamiento entre las hadas presentes en el Castillo del Reino Blanco mientras Snow yacía inconsciente en el suelo.
Los aliados se movieron veloces y con la ayuda de Nova, pudieron trasladar el cuerpo de Ruby con facilidad. No pasó desapercibido para el hada que la herida de la joven lobo había desaparecido y no sabía exactamente lo que eso significaba, pero estaba segura que la magia que el amor verdadero entre David y Regina era la respuesta.
Salieron del Castillo abandonando a la que ellos consideraban la nueva reina malvada.
David y Regina aparecieron en otra habitación, una que la reina conocía perfectamente, y frente a ellos se encontraba Maléfica.
El Rey empuñó su espada rápidamente y trató de colocar a una perpleja reina tras él. La hechicera rio un poco burlesca por la reacción del ex príncipe
- Tus amigos están en otra habitación. Descansen, pequeña reina - dijo el dragón mientras les daba la espalda y caminaba a la salida del lugar - Mañana hablaremos - salió y la puerta se cerró tras ella.
Regina corrió tras su amiga, pero no pudo alcanzarla. Trató de abrir la puerta pero estaba sellada
- ¡Ay, Maléfica! - renegó cual niña pequeña al tiempo que estampaba su pie derecho contra el suelo en clara señal de frustración.
David no pudo evitar reír al verla, pero trato de disimular para no molestarla. Entonces se dio cuenta, que en cuanto la hechicera salió de la habitación había aparecido comida en la pequeña mesa del lugar y ropa de dormir para ambos sobre la cama
- ¿Confiamos en ella? - preguntó el ex príncipe un poco incrédulo por lo que acababa de suceder mientras se acercaba a la mesa. Recordaba perfectamente su pequeño encuentro con el dragón y lo más seguro era que no estuviera en un plan muy amigable con él
- Sí. Estamos en su Castillo - respondió Regina caminando hacia donde estaba David. Se sentó en la silla que él le ofrecía y suspiró cansina cerrando un momento sus ojos - Debe estar molesta conmigo, pero no creo que quiera hacernos daño - le sonrió tiernamente
- Le dio una maldición de dormir a Snow para que la usara contra ti - le recordó el Rey como no pudiendo creer que la reina estuviera favoreciendo a la hechicera. La verdad era que no estaba seguro de lo que decía pero era lo más lógico, que de esa forma la ex princesa consiguiera esa maldición
- Estoy segura que lo hizo para impedir que yo lanzara la Maldición Oscura - dijo Regina empezando a comer. Moría de hambre y de seguro su pedacito de amor también.
El ex príncipe asintió resignado porque no quería discutir con su reina y prefirió dedicarse a verla comer. Regina comía con un apetito voraz y no era para menos, no quería siquiera saber con precisión cuánto tiempo llevaba sin comer.
No podía evitar que la angustia le invadiera al pensar en lo mucho que debió estar asustada cuando la atraparon y la dejaron sin magia, cuando la llevaron con la desquiciada de Snow.
Y todo porque él de idiota la dejó sola.
Llevó sus manos a su rostro restregándolo frustrado, recordando con amargura que, ahora sí, estaba casado legítimamente con esa horrible mujer
- ¿Estás bien? - preguntó Regina haciendo una pausa en su comida. David se veía un poco triste e inquieto
- No pasa nada, mi amor - le dijo tomando una de sus delicadas manos y le sonrió amorosamente - Sigue comiendo - le alentó y ella se mordió el labio inferior agachando un poquito su cabeza y mirándole desde abajo por entre sus largas pestañas. Y oh Dios, se veía entre adorable y sensual, era una mezcla exótica que le fascinaba y le seducía
- Si sigo comiendo así, me pondré enorme - dijo recargándose en la silla por completo y echando su cabeza hacia atrás mientras colocaba ambas manos sobre su abultado vientre
- Tonterías - exclamó David divertido de escucharla decir algo así - Llevas muchos días sin comer y tanto tú, como nuestro pedacito de amor, lo necesitan - suspiró tranquilo y Regina le sonrió agradecida por sus palabras.
Cuando acabaron, se dispusieron a tomar un baño. Todo estaba listo en el lugar y la reina no podía evitar extrañar su magia. Miró el brazalete con nostalgia mientras David le ayudaba a desvestirse
- Tu herida - dijo el ex príncipe tocando el punto donde la muy estúpida de Snow le había lastimado con una espada - No está - Regina volteó a verse el hombro y efectivamente, no había rastro alguno de la herida
- Maléfica debió sanarla - dijo sin prestar atención. Su vestido cayó al suelo junto con su ropa interior dejándola completamente desnuda
- Tenía heridas en mis muñecas - relató el ex príncipe y Regina volteó a verle preocupada - Pero ya no están - le enseñó sus manos y la reina tocó con sus dedos el lugar haciendo suspirar al Rey con su delicado toque
- ¿Por qué tenías heridas? - preguntó la reina clavando su mirada aun preocupada en la azul de él.
David la rodeó con sus brazos por su, ya para nada, estrecha cintura y Regina puso sus delicadas manos sobre sus brazos
- Snow y Azul me encerraron y encadenaron en los calabozos subterráneos - relató tragando pesado
- David… - dijo Regina con angustia. Le dolía saber que su príncipe estuvo encerrado en la completa oscuridad. Ella mejor que nadie sabía lo horrible que era estar así
- Me lastime en intentos inútiles por escapar - se relamió los labios - Lo único que quería era llegar hasta ti a como diera lugar - cerró sus ojos que se humedecieron contra su voluntad y besó la frente de su reina
- ¿Y cómo lo lograste? - preguntó curiosa disfrutando de ese beso protector
- Granny, Gruñón y un par de enanos más me ayudaron - le contó sonando agradecido y pudo ver la sorpresa en el bello rostro de su amada - Por cierto, fue Granny quien te llevó el vestido y el agua a la celda después de nuestro… - se aclaró la garganta y sonrió divertido al ver la expresión de incredulidad en ella - ...maravilloso y fogoso primer encuentro - alzó una ceja sugestivo, mientras bajaba sus manos para acariciar las nalgas de la reina
- Pastor pervertido - sonrió Regina de lado y después torció sus ojos. Ese hombre no iba a cambiar jamás y lo agradecía en el alma. Alzó sus brazos y le abrazó por el cuello para después jalarle un poco hacia abajo - Les voy a estar eternamente agradecida - susurró contra los labios del ex príncipe. Después le besó con amor y pasión, haciendo que él apretara el agarre en sus nalgas
- Oh, Dios - gruñó desde lo más profundo de su garganta respirando entrecortado sobre los tersos y rojizos labios de Regina quien esbozaba una bellísima sonrisa - El punto es, que mis heridas desaparecieron después de que despertaste - le dijo tratando de hacer gala de su autocontrol, aunque su miembro comenzaba a endurecerse haciendo que todo fuera más ajustado dentro de sus pantalones.
Y es que quién lo iba a culpar, con ese divino pecado de mujer entre sus brazos, desnuda y besándole de esa forma tan apasionada
- De nuestro beso de amor verdadero - dijo Regina sonriendo emocionada. Era indescriptible la sensación que decir eso le traía, estaba segura que era la más pura y verdadera felicidad
- No solo eres mi amor verdadero - le dijo David con seriedad - Eres todo lo que quiero y necesito en la vida para ser feliz - la besó de nuevo subiendo su mano izquierda por su espalda acariciándola
- Te prometo que mañana hablaré con Maléfica - le dijo para después besarlo de nuevo - Quiero hacer el amor - dijo Regina con ardor en la voz, ya comenzaba a sentirse muy excitada. Tal parecía que sus ganas elevadas de sexo seguían ahí - Necesito que me hagas tuya - gimió bajito buscando provocarle
- Estoy todo sucio - dijo David entre divertido, excitado y desesperado, sintiéndose en un pequeño conflicto - Tomemos un baño y después hagamos el amor - ofreció, pero la reina se negó
- Lo quiero ya - le dijo demandante besando la mandíbula del Rey mientras que con sus manos le desabrochaba los pantalones
- Mi amada reinita, ¿estás caliente y deseosa? - le preguntó juguetonamente, pero después cerró sus ojos de golpe gimiendo alto cuando una de sus pequeñas y delicadas manos acarició su endurecido miembro
- Estoy ardiendo de deseo por ti - respondió sugestivamente, no dejándose intimidar por su juego
- Vas a ser mi muerte, Regina - siseó entre dientes disfrutando de las atenciones de la reina en su erección, mandando al carajo su intención de primero bañarse y después tomarla.
La tomó del rostro y la besó fogosamente. La volteó hacia la pared y ella se recargó con sus manos sobre la misma abriendo sus piernas ansiosa. Tanteó con los dedos de su mano derecha, su pequeña entrada y la encontró muy húmeda
- Dios, estás empapada - gimió de deseo y acarició su intimidad un par de veces mientras acariciaba su espalda con su otra mano.
Introdujo uno de sus dedos con suavidad y la reina soltó una pequeña exclamación de placer ante la sensación. Metió y sacó su dedo al tiempo que besaba su espalda hasta que consideró que podía meter otro.
Subió hasta su cuello y ahí le besó repetidas veces en el mismo punto mientras la penetraba ahora con dos dedos
- Ohh - gimió Regina deseosa abriendo sus piernas un poco más y haciendo sonreír al ex príncipe socarrón. Apretó la nalga izquierda de la reina - Mnnah - se ganó otro sensual gemido de su preciosa boca.
Curvó sus dedos estratégicamente para estimular con precisión ese punto especial dentro de ella y la escuchó soltar un gemido ahogado esta vez
- ¿Es ahí? - le preguntó. Ya lo sabía, pero le encantaba hacerla hablar cuando estaban así, le provocaba una sensación de dominio y posesión sobre Regina que le encendía por completo
- S-sí - respondió la reina con la voz estrangulada. Sus piernas temblaban ligeramente y cuando el ex príncipe empezó a penetrarla con rapidez golpeando ese punto especial una y otra vez, tuvo que apoyarse con sus antebrazos en la pared y de pronto tenía los dedos de la otra mano de David estimulando su necesitado clítoris.
Era exquisito, simplemente exquisito
- Vente, vente para mí - le empezó a decir cuando sintió sus suaves y ardientes paredes internas comenzar a apretarse sobre sus dedos anunciando el orgasmo de la reina - Quiero que te vengas para poderte tomar - siseó con ardor en la voz y en ese instante Regina llegó a la cúspide de su placer, lanzando gemidos y jadeos altos.
Dios, se excitaba tanto cuando la veía y la escuchaba llegar al orgasmo. Y bueno, no podía evitar que una parte de él deseara que el imbécil de Graham no estuviera muy lejos y pudiera escucharlos.
La ayudó a bajar de su orgasmo sin sacar sus dedos de su apretado interior mientras acariciaba su cuerpo con su otra mano. Masajeó sus senos haciéndola gemir quedito, después hizo lo mismo con su espalda, sus caderas y sus preciosas nalgas
- Vamos a la bañera - besó su hombro derecho, le dio una pequeña nalgada haciéndola dar un saltito involuntario por la sorpresa y por reflejó se apretó sobre sus dedos.
Después los sacó para chuparlos y poderla probar, le encantaba su sabor.
Ya recuperada del delicioso orgasmo que había tenido, Regina miró sugestivamente al Rey mientras caminaba hacia la tina de baño y él se quitaba la ropa. Se sumergió en el agua que tenía una temperatura exquisita. No pudo evitar cerrar sus ojos y soltar un gemido largo y gustoso por la sensación. Era tan reconfortante y agradable.
Abrió sus hermosos ojos chocolate mientras veía al ahora Rey del Bosque Encantado, entrar, ya desnudo, a la bañera sentándose al otro extremo frente a ella. Era increíblemente apuesto y desde luego que no pudo evitar mirar con atención su endurecida erección, se mordió el labio inferior por reflejo admirándolo
- Ven aquí - dijo David sonriendo divertido al ver que la mirada de Regina estaba fija en su cuerpo, pero más específicamente sobre su miembro. La reina volvió su vista hacia él y pudo ver un brillo casi inocente en esos bellos ojos, como si fuese una niña que había sido atrapada haciendo alguna travesura. Extendió sus brazos y ella comenzó a acercarse - De espaldas a mí - solicitó.
Regina se subió sobre el regazo de David y pudo escucharlo gemir suavemente cuando entre sus nalgas se acomodó el hinchado y endurecido miembro. Volteó su rostro hacia él y se besaron con pasión, la reina abrió su boca para permitirle el paso al ex príncipe y que la invadiera con su lengua, al tiempo que ella comenzaba a mover sus caderas ligeramente haciéndole gemir a él dentro de su boca y de inmediato las grandes manos de él se posaron sobre su abultado vientre y comenzó a acariciarle mientras seguían compartiendo besos.
El Rey subió sus manos acariciando todo a su paso, su pancita, su torso hasta llegar a sus preciosos senos y los envolvió apretando firme pero delicadamente. Sabía que, dado el embarazo, sus pechos estaban sensibles y no quería incomodarla.
Los sensuales movimientos de la reina se intensificaron y de pronto la erección de David quedó por debajo de la intimidad de ella. Empujó su cadera contra su divino trasero buscando estimularlos a ambos.
Regina no aguantó más, llevó sus manos a cada orilla de la bañera y se levantó un poco del regazo del hombre que tanto amaba
-Te quiero dentro - soltó en un gemidito que enardecido a el ex príncipe quien de inmediato tomó su necesitada erección con su mano derecha y la colocó contra su pequeña entrada.
Se alzó un poco para pegar su pecho contra la espalda de su reina y alcanzar su oído y mientras que con su mano derecha seguía sostenido su miembro listo para penetrarla, colocó su mano izquierda en la cadera de ella y empezó a jalarla hacia él, guiándola para que bajara.
Ambos gimieron bajito cuando la cabeza entró y Regina jadeó mientras bajaba su cadera penetrándose sola en ese ardiente e hinchado miembro que pulsaba de anticipación.
Gozaba como nada en el mundo sentirle dentro, deslizándose en su interior y adoraba escucharlo gemir en su oído
- Te amo - le dijo con emoción besando detrás de su oreja cuando estuvo por completo dentro. La escuchó gemir y la sintió estremecerse por completo.
Tenía sus ojos fuertemente cerrados con lágrimas agolpadas y es que la emoción era demasiada, después de todo lo que pasó estaba de nuevo entre los protectores brazos de su príncipe, estaba donde pertenecía, en el único lugar donde se sentía plena, segura y feliz
- Oh - soltó una pequeña exclamación cuando él empezó a mover sus caderas ligeramente, se empujaba todo lo que podía dentro de ella y hacía movimientos de rotación aumentando las sensaciones. No pasó mucho tiempo para que Regina empezara a moverse junto con él y el agua empezaba a agitarse con intensidad amenazando con salirse de la bañera.
La reina se impulsaba hacia arriba y bajaba de nueva cuenta mientras David la sostenía por el torso para ayudarla a mantener el equilibrio, pero estaba dejando que fuera ella quien llevara el ritmo
- Te extrañé tanto, belleza - besó su hombro izquierdo con amor - Tanto… - repitió y no pudo evitar soltar un sollozo. Después, enterró su rostro en el cuello de la reina.
Regina detuvo sus movimientos al escucharlo sollozar, trató de levantarse, pero el Rey la abrazó jalándola hacia él y empujando su cadera para enterrarse en ella
- David - le llamó tratando de que soltara el agarre al que la sometía. Necesita asegurarse de que estaba bien, quería ver su rostro
- Estoy bien - el ex príncipe se aclaró la garganta. No quería que ella desistiera de hacer el amor, la necesitaba mucho en esos momentos
- Quiero verte - dijo la reina girando su torso. El Rey salió de su escondite al sentirla moverse de esa forma, alzó su mirada y se topó con ese par de ojos chocolate que le robaban el aliento, en los que amaba perderse por un largo rato.
Asintió soltando un suspiro y ayudó a Regina a colocarse sobre él pero ahora de frente. Fue ella quien tomó su sensible miembro y lo colocó justo sobre su entrada esta vez.
Empezó a bajar con calma, a un ritmo lento pero constante
- Mmhh, reinita - gimió David saboreando del momento y la sensación. Se dejó caer recargándose por completo en la orilla de la bañera y la reina se sostuvo de la misma a cada lado de la cabeza de él.
Se inclinó para besarlo con arrebato y pasión cuidando de no presionar su pancita contra el estómago de David. Las manos del ex príncipe acariciaron su espalda y sus nalgas.
Ambos gimieron en medio del beso cuando estuvieron unidos por completo
- Te amo - fue ella quien le dijo a él ahora. Le sonrió y después le besó empezando a moverse de nuevo sobre su ardiente erección provocando que el agua se agitara una vez más.
No pasó mucho tiempo para que aumentara el ritmo, sobretodo porque David apretaba sus nalgas deliciosamente
- ¡Mnnah! - soltó un gemido agudo cuando el Rey se prendió de su pezón derecho, succionando y mordisqueando
- Ohhhh, sí… así - jadeó David cuando ella se empezó a mover con más ímpetu. El agua se salía de la bañera pero por Dios que no se iba a detener por eso ni por nada del mundo - Me encantas, hermosa - siseó con ardor en la voz - Adoro cuando me montas y te clavas tu sola en mi miembro - se mordió el labio inferior con gusto comenzando a sentirla cerca
- ¡Ah, ah, ah.. Oh, oh… ¡Nngh! - gemía más y más alto la hermosa reina confirme él le hablaba, no se podía controlar cuando lo hacía, era sumamente excitante.
Acarició con su mano izquierda desde su abultado vientre, su torso, su seno derecho hasta sostenerle por ese lado de su cabeza, su otra mano se posó sobre su cadera izquierda y se alzó besando la mandíbula de la reina quien hizo su cabeza hacia un lado sin dejar de moverse sobre él
- V-vente junto con... ¡Ah! - gritó porque David se empezó a empujar contra ella - ...migo - terminó con la voz aguda. Se agarró con fuerza de los hombros del Rey mientras apretaba sus ojos sintiéndose en la puerta del orgasmo - ¡Por favor! - le pidió lloriqueando y en ese momento, llegó.
Su pequeño y perfecto cuerpo se agitó con fuerza. El ex príncipe rodeó a la reina con su brazo derecho para sostenerla mientras la sentía apretarse con fuerza sobre su miembro y eso provocó que él se viniera también.
Gruñó de placer, derramándose dentro de la mujer que tanto amaba sintiéndola convulsionar aún sobre su erección. Se recostó de nuevo con ella exhausta sobre su pecho y besó su cabeza mientras acariciaba sus muslos, sus caderas, nalgas y espalda.
Estuvieron así por un rato, hasta que el miembro de David salió de la intimidad de la reina seguido de la evidencia del orgasmo de ambos
- Tuve mucho miedo cuando me dejaron sin magia y me encerraron en un vagón oscuro para llevarme con ella - sollozó Regina rompiendo el silencio e inmediatamente se vio envuelta por los brazos del Rey - Tenía miedo de lo que pudiera pasarle a nuestro bebé - sintió un beso en su cabeza - Lo único que quería era que estuvieras conmigo y me abrazaras muy fuerte - confesó con un nudo en la garganta
- Shhh - dijo David acariciando su espalda buscando brindarle confort - Ya estás aquí - la apretó un poquito entre sus brazos - Estás a salvo. Te tengo y te prometo que no te voy a soltar de nuevo - besó su cabeza un par de veces.
Regina asintió al escucharlo y después se irguió para luego inclinarse para besarlo, pero él le ganó el movimiento, se alzó capturando sus labios en un beso entregado.
Terminaron de bañarse y después, David ayudó a Regina a secar su largo cabello. La reina frunció su ceño un poquito molesta porque con su magia no batallaba para nada con ese tipo de situaciones, tenía mucho que no se secaba su largo cabello por su propia cuenta y era sumamente tardado.
Cuando acabaron, se acostaron sin ponerse la ropa para dormir. Ambos deseaban sentirse por completo. El Rey abrazó a Regina por la espalda besando cariñosamente su mejilla, mientras con su mano derecha acariciaba su pancita.
Soltó un suspiró relajándose, porque por fin, volvía a tener a Regina y a su pedacito de amor, seguros y tranquilos entre sus brazos. La sintió relajarse hasta que su respiración se volvió apacible y supo que la reina se había quedado dormida.
Y antes de caer en un sueño profundo, David se juró a sí mismo, que no permitiría jamás que los separaran de él de nuevo.
