Discaimer:Todos los personajes son de mi amada fuente de inspiración: Stephenie Meyer. Yo solo juego con sus personajes, sobre todo con Edward: D

Summary:Edward, un conductor de radio coqueto y divertido con tres hijos hermosos. Enamorado de… Isabella, su ex esposa comprometida. ¿Sera tiempo de recuperar la familia que jamás debió perder? ¿Llegara a tiempo?


...: Enamorado de mi Ex:…
Los polos opuestos, se tienen que atraer.


«En realidad el insomnio es como un sueño, pero sin sueño. En el insomnio comparecen ansiedades que durante el día estuvieron arrinconadas; proyectos todavía inmaduros que necesitan cálculos, previsiones, ajustes; culpas recién instaladas en la conciencia.»

Capitulo 25: Insomnio.

BellaPOV

Estaba leyéndole a Elizabeth, era la tercera vez que lo hacía, aunque no entendía ni una sola palabra de la égloga de amor que leía. Solo repasaba las hebras de su cabello una y otra vez, con delicadeza absoluta: era la necesidad de aferrarse a algo, tal vez la de no sentir que se perdería en el enorme espacio de sus pensamientos. Estaba siendo preso de ese tipo de tristeza ausente que estaba convirtiéndolo en un ser mecánico de proporciones.

Solo habían pasado tres días desde que se había ido de casa, y solo se había dignado a llamar esa misma noche limitándose a decir que no había que preocuparse, que quería estar sola y estaba en casa de una amiga. A Edward no parecía importarle en lo absoluto, aunque yo sabía que esa era una máscara barata para ocultar una preocupación incipiente.

Cada noche, cuando ya todos estaban dormidos solía ir a su habitación – encontrándolo evidentemente despierto – e intentaba mantener una conversación acerca de cómo lo había descubierto y tener al menos la idea de hace cuanto tiempo había estado oyendo, pero solo sonreía a medias y soltaba una que otra risilla burlona hacia mí.

-Estoy seguro de que si intentaras ser una policía, serías muy mala, Isabella -

Y luego de notar mi perplejidad solo se acercaba y besaba mis labios obligándome a olvidar lo que estaba pensando, y en el momento en que sus manos hacían contacto con mi piel, era cuando sabía que su cometido estaba completo. Y claro, cualquiera en mi posición pensaría que era totalmente estúpido preocuparse por algo que me hacía estremecer de placer ¿Cómo quejarse por una noche de sexo con alguien a quien deseas? Pero ese era el problema principal, que era Edward de quien estábamos hablando, de ese tipo de personas que podrían estar destruyéndose sin que nadie lo notara.

Y precisamente cuando había tenido la oportunidad para hallarlo sereno y tocar el tema, había aparecido Elizabeth como una coincidencia casi sospechosa pidiéndole que le leyera un cuento.

Me mantuve en la planta baja, aprovechando que era un día en que la casa estaba casi desvanecida y me puse a cambiar los canales de la televisión sin hacerlo guiada por un criterio coherente hasta que caí inundada en un letargo complejo. Era inevitable que las palabras no se me fueran a la cabeza y el presentimiento inútil de que su escapada no era tan solo porque quería estar sola, algo muy dentro – no se que tan profundo – me decía que había algo más complejo y peligroso.

Pero antes de poder seguir preocupándome, sonó el timbre.

Al abrir con pereza la puerta me encontré con una chica de mi estatura, con el cabello ondulado y negro obscuro, la piel cobriza y unos grandes ojos ámbar mirándome con una singular impaciencia, tal vez con esa preocupación disfrazada que ocultaba. Algo me resultaba conocido en sus facciones, pero no logré encontrar patrones de alguien que haya siquiera visto en mi vida. Me restregué un ojo algo cansada y logré hablar con una voz cargada de somnolencia – Alice no llegará hasta la tarde – sonrió como si irradiara alguna ternura extraña y me miró directamente a los ojos.

-No buscaba a Alice, más bien estaba buscándote a ti. Tu eres Isabella ¿Cierto? Mi nombre es Rebecca, Rebecca Black – En el momento en que mencionó su nombre, los engranajes comenzaron a girar a una velocidad abismante. Me quedé quieta, algo perpleja mirándola y analizando que sus facciones y sus ojos ámbar, su piel cobriza y el cabello negro eran la evidencia irrefutable de que era pariente de Jacob, aunque fuera en una apariencia algo confusa.

-No es posible – reí, con esa risa estúpida de sueño e incredulidad y apreté los bordes de la blusa con nerviosismo – No es posible…-

-Yo sé que es complejo, tardé un tiempo considerable en comprenderlo – sacó de su cartera una tarjeta – Necesito hablar contigo sobre cosas importantes, llámame cuando puedas. Tiene que ser privado – tomé el papel entre mis manos y la vi alejarse tan rápido que por un momento tuve que cerrar con fuerza los ojos.

-Espera… - se volteó y me miró alzando una ceja, como esperando a que preguntara - ¿Ella está bien?-

Me sonrió asintiendo levemente con la cabeza y se fue tan rápido que no pude seguirle el rastro. Guardé el papel entre mis manos y me quedé un momento reflexionando como una idiota, con una perspicacia aguda. Volví a sentarme en el sofá y me quedé viendo la tarjeta color crema una y otra vez, con un estremecimiento extraño y unas ansias que me corroían los huesos.

Vi a Edward acercarse a mí y sentarse a mi lado, mirándome sin quitarme la concentración, esperando a que le mirara y que descubriera lo que estaba ocurriendo - ¿Que pasa? Estás temblando – tomó mi mano desocupada y la dejó sobre su palma dejándome ver el contraste de ánimos entre ambos.

-No lo sé – metí el papel discretamente al bolsillo del pantalón. Sentí su respiración suave y sus pestañas acariciando la piel de mi hombro una manera tan dulce como estremecedora, en un buen sentido – Tu y yo tenemos una conversación pendiente -

-Eso no es cierto – su voz sonó como un ronroneo, tal vez con ápices de niño con ganas de jugar. Solo dejó un pequeño mordisco en mi cuello y se acomodó a mi lado.

Decidí no batallar contra su cansancio y le dejé quedarse recostado con la cabeza en mi regazo, con la precisa intención de tener un sueño profundo y reparador. Mis dedos recorrieron su cuello y el inicio de la espalda mientras le veía cerrar los ojos, aunque estaba claro de que no podría conciliar el sueño decentemente, al menos no con las horas que un cuerpo corriente necesita.

Me miró una última vez antes de que su respiración se serenara, y sus dedos se soltaran levemente de los míos por el sueño.

.

.

Hacía dos horas que le había dicho que nos juntaríamos en un café en la calle Madison Avenue, y Edward no había puesto resistencia alguna a que fuera, ni siquiera a preguntar la razón por la que iría.

-Diviértete – se abrazó a la almohada cerrando los ojos sobre sus ojeras – Estaremos bien -

Logré besar sus labios una última vez antes de irme y comprobar que estaba lista. Al llegar, la vi sentada en una de las mesas cercanas a la pared, con una expresión algo más nerviosa y torpe que la vez anterior. Nos saludamos como si ella fuera la paciente y yo la doctora, aunque realmente no tuve el temple como para tratarla de ese modo. Era un lio grande en el que, inconscientemente, ambas estábamos metidas.

-Ella está con Jacob – murmuró – Se ha ido ayer y realmente no he podido convencerla. Dice que tiene un plan y no sé de que se tratará. Escúchame Bella, Emily es una buena chica pero los recuerdos pueden sacarla de su foco, pueden hacerla olvidar que es lo que ella es – en su frente se formaron arrugas de preocupación y me miró con seriedad – Necesito que hables con ella, porfavor…-

-¿Te dijo algo?-

-Que quiere que todo acabe. Tengo desconfianza de lo que pueda estar haciendo, Jacob es mi hermano pero… ha perdido los valores – lo dijo casi con sufrimiento – Yo se que tu eres su amiga, su ex… tú posiblemente los conozcas a ambos más de lo que yo lo haría, porque cometí el error de escaparme y no controlar la situación. Tienes que detenerla, en lo que sea que esté haciendo… no quiero que se arrepienta de hacer algo toda la vida como yo o él -

Fue inevitable el impulso de pararme y tomar el auto otra vez, con el estómago tan revuelto y susceptible que temía por los olores y la relación con las náuseas. Empecé a confundirme con mis propios pensamientos con la clara repetición en voz alta de que no haría nada.

Yo sabía que ella conocía sus límites y que no se arriesgaría a cosas estúpidas, del calibre que fueran ¿Pero acaso la rabia y el dolor no hacen perder el equilibrio entre la cordura y los pensamientos erráticos?

Conducí hasta la casa que Jacob había ocupado antes de que fuéramos novios, una casa en los suburbios de la ciudad casi sin saber porque, mientras respiraba tan profundo como me era posible para evitar el nerviosismo incisivo que atacaba cada una de mis terminaciones. Era una casa demasiado distinguida como para un lugar con ese, con los vidrios relucientes y el barniz como recién aplicado. Estaban las luces prendidas y juraba que podía oír sus voces en la oscuridad llamándose unas a otras aunque sin atisbos de rabia.

Me acerqué a la ventana sigilosamente, donde la cortina estaba entreabierta y pude ver los vasos de whisky y vino repartidos por la mesita que dividía los sofás. Al ver su cara, pude notar que era totalmente una muy buena actuación.

-Perdóname... – le costaba hablar sin arrastrar la lengua evidentemente como el alcohol – Perdóname, Lilly…-

-No hace falta – le sirvió un trago mientras se lo extendía riéndose. Cualquiera notaría que en aquella risa habían notorias muestras de rabia, y de una picardía totalmente fingida – Considéralo una despedida, Jake. Cuando triunfes en Francia no podré felicitarte, no podré verte casado con esa chica -

-Oh…- rió con fuerza al igual que ella – Kate solo es un anzuelo, ella está dis…dispuesta a casarse con más facilidad que la tonta de Isabella… Fui un inútil en esperar tanto tiempo, la policía pudo enterarse de algo -

-Si que lo eres – lo dijo con una risilla que no le daba oportunidad de hacerle algo, aunque Jacob con botellas de vino en el cuerpo se volvía más torpe y débil, casi sin competencia ante cualquiera – Salud por Kate -

Pude verlo unos minutos más tarde poniendo su maleta dentro de un taxi directo al aeropuerto, y a ella sosteniéndose temblorosa de la puerta. Me acerqué y la miré con una cara de desconcierto, y solo se lanzó a llorar a mis brazos.

EdwardPOV

-¡Edward! Tienes que bajar – apreté fuertemente los dientes al oír la voz chillona de Alice casi en mi oído.

-Gracias por acabar la única tarde de sueño en estos días, enana. Ahora vete – me tapé con la sábana hasta la coronilla y cerré los ojos, aunque pude sentir sus deditos abriendo mis párpados.

-Es hora de cenar… - canturreó extrañamente mientras me abrazaba – ¿Cuándo fue la última vez que te dije que te quería?-

-Supongo que cuando tenías cuatro años -

-Te quiero mucho Edward, muchísimo – abrí los ojos a penas solo para que notara mi cara de extrañeza absoluta. Se levantó y sonrió - ¡Te quiero abajo en cinco minutos!-

Tuve que mojarme la cara con agua completamente fría para despertar del todo, aunque tenía aquella sensación extraña de seguir en un sueño muy profundo. Cuando bajé las escaleras, me encontré con ella al pie de la escalera mirándome con los ojos llorosos y una expresión de preocupación en la frente, como cuando se arquean las cejas para producir ternura o algo parecido. Estuve un momento mirándola evitando totalmente el sentimiento de nerviosismo que sentía al mirarla.

-¿Vas a hacerlo cada vez que tengamos un problema? Porque si es así, deberías avisarme para no preocuparme por ti ¿No has pensado en alguien más que no sean tu y tus arranques? – olvide completamente que estaban mirándome y me centré en ella, hablando desde la rabia.

-Perdóname - La miré a los ojos tan profundamente que creí reconocer lo que estaba pensando, como ese tipo de paranoias de lector de mentes que suelen ocurrir en momentos extraños. Se acercó hasta mí, tomó mi cara entre sus manos casi con desesperación, pero ternura – Edward no me odies…yo no quería hacerte daño -

Se abrazó a mi cuello y la sostuve alzándole levemente en el aire – No puedo hacerlo, tonta – murmuré mientras sentía su cabello entre mis mejillas. Solo abrí los ojos y pude ver a Bella mirándome con una sonrisa que no había visto muchas veces en mi vida, junto a todos en casa mirándonos casi con un sentimiento rebosante en comprensión y dulzura.

Cuando la dejé en el suelo se secó las lágrimas solas y suspiró – Es hora de cenar, Eddie -