Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen. Son propiedad de Hajime Isayama.
— Capítulo 25 —
Adiós (parte II)
Luego de sufrir una significativa baja en las tropas que defendían el territorio próximo al Muro María, Rivaille y los que quedaban de su grupo regresaron al campamento para abastecerse de gas y reponer los cartuchos donde se apilaban las cuchillas del equipo de maniobras. La guerra parecía una lucha eterna en la que el enemigo atacaba con una fuerza más allá de la natural. Su deseo por derribar las murallas y derrocar la corona hacía flaquear la entereza de quienes defendían el territorio, pero Rivaille no se rendía por muy cansado que se encontrara; era su deber, aunque su pensamiento estaba lejos del rey y sus leyes injustas, por lo que muchas veces se preguntaba hasta cuándo acataría y seguiría a un rey cuyo principio era querer ser adorado como a un Dios, enriquecerse a costa de los más pobres y mantener las murallas como fortalezas impenetrables hacia la libertad.
Rivaille sabía que esta sería una de sus últimas batallas; lo presentía. Pero lejos de especular en su futuro como soldado, su mente se concentraba en la única meta que realmente le interesaba: volver con Eren. El paso de los días se le volvía cada vez más insoportable, y no quería dejar pasar uno más sin tener la certeza de que volvería con él.
"Ya debe haber nacido", se dijo luego de repasar el tiempo lejos de la hacienda, y sus deseos de regresar crecieron.
Tras retornar al campamento y revisar las bajas tras la reciente batalla, uno de los soldados a cargo de las comunicaciones se le acercó y le entregó una carta. En ese momento vino a su mente la idea de que Hanji le había escrito con noticias de Eren y el bebé, pero grande fue su sorpresa cuando leyó en el remitente el nombre de Irvin.
De inmediato pensó lo peor al creer que la carta tenía que ver con Eren, y es que no había otra razón que ameritara escribirle de manera personal.
Se alejó del grupo de soldados que se alimentaba con las pocas provisiones que quedaban en el campamento y rompió el sello del sobre. Lo hizo con tanta prisa que no se preocupó en cuidarlo y lo arrojó al suelo sin detener sus pisadas hasta que desdobló la carta y leyó el encabezado. A medida que se enteraba del motivo por el cual Irvin le había escrito, sus manos fueron apretando el papel hasta romperlo en los extremos. Sus ojos repasaron dos veces el mensaje y asimiló a la perfección la situación y lo que debía hacer a partir de ahora.
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Eren intentaba entender cómo había terminado en lo que parecía un pasadizo subterráneo con Irvin, Hanji y Armin. Necesitaba explicaciones, porque hasta donde sabía, mañana sería ejecutado en el cadalso. Pero ahora se encontraba ante quienes le querían ayudar a escapar, brindándole una luz de esperanza que hasta hacía solo unos minutos le parecía imposible y lejana.
—No entiendo —se atrevió a decir luego que Irvin le dijese que iba a escapar—. ¿Dónde estamos? ¿Cómo es que voy a escapar?
Hanji se le acercó y tomó a Ellery en brazos.
—No tenemos mucho tiempo antes de que nos descubran —dijo Irvin. Vio a Armin y él asintió mientras tomaba el equipo de maniobras de Eren que tenía en el suelo y comenzó a montarlo en su cuerpo—. Nos encontramos en los subterráneos del distrito Stohess. Es un túnel que conduce fuera de la muralla Sina. Cruzarás a través de él y seguirás tu camino para encontrarte con Rivaille.
—P-Pero... yo no... —Eren intentaba ordenar sus ideas, pero su mente hallaba revuelta y asediada de pensamientos que lo obnubilaban. Todo estaba sucediendo demasiado rápido que poco podía hacer para procesar la información. Armin le equipaba con rapidez, y no podía evitar sentirse azorado.
—Rivaille ya está al tanto de todo y regresará para encontrarse contigo en la ciudad subterránea de María.
Muy pocas personas sabían de la existencia de esa ciudad subterránea. Todos los estados contaban con una, pero su ubicación era incierta para los ciudadanos comunes, llegando a creer que la existencia de ellas era solo un mito.
—Deberás hacerlo lo más rápido que puedas para burlar a la policía militar.
Eren volvió el rostro hacia los dos funcionarios de la policía que aguardaban un par de metros. Ellos parecían estar al tanto de todo, pero Eren no les tenía confianza pues sus uniformes eran la prueba de su lealtad para con el reino.
Irvin notó su incomodidad.
—Marlo, Boris, muchas gracias por su ayuda —dijo, dirigiéndose a ellos.
Ambos soldados hicieron un saludo oficial en señal de respeto hacia Irvin. Eren no entendía nada.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué ellos...?
—No creas que porque somos de la policía estamos de acuerdo en todo —dijo Marlo. Entonces Eren lo recordó. Él era uno de los policías que yacía a los costados del estrado donde Dalliz presidía los juicios. Lo que no entendía era el porqué lo estaba ayudando.
—Tenemos nuestros motivos por los cuales estamos aquí —añadió Boris, quien aguardaba discreto y distante al costado de Marlo.
—Ellos nos están ayudando porque no comparten la visión de la corona —dijo Irvin.
—¿La visión? —repitió Eren, empezando a comprender la situación—. ¿Quiere decir que...?
—Ellos me han jurado lealtad —respondió Irvin—. Se unirán a nuestra causa para derrocar al rey.
—¡¿Qué?! ¡¿De qué está hablando?! —exclamó Eren. Cada vez entendía menos.
—Dentro de los tres estados existen personas que no están de acuerdo con el tipo de gobierno que se está rigiendo, por eso han estado buscando la oportunidad para hacer un golpe de estado y destruir las murallas.
—Pero qué tiene que ver con usted. Se supone que la milicia debe defender el ataque de los rebeldes.
—Ya no más, Eren —dijo Irvin. Eren vio a Hanji y a Armin.
—Significa que usted y los rebeldes...
—Supongo que escuchaste la explosión de hace un momento. —Eren asintió. —Ese fue un ataque de los rebeldes para liberar a sus camaradas y unirse en la lucha para derrocar a la corona.
—¿Significa entonces que habrá una guerra? Se supone que el ejército está para impedirlo. Comandante, por favor, tiene que explicarme —pidió Eren.
—Ya no hay tiempo para entrar en esa clase de detalles. Eso es algo que no tienes que saber por el momento.
Armin terminó de ajustar el equipo de maniobras en el cuerpo de Eren y se apartó dos pasos para observarle. Eren aún permanecía con interrogantes que reflejaba muy bien en su rostro.
—Escucha con atención —dijo Irvin—, una vez que cruces este túnel, llegarás a las afueras de Sina. Allí te estarán esperando Auruo, Erd y Gunter para que huyas en tu caballo.
—¡¿Flink?! —exclamó Eren sin poder evitar disimular su sorpresa y emoción.
—Él te permitirá ganar tiempo y adelantarte a la policía militar. Pero deberás hacerlo por el bosque. Por ningún motivo uses el camino principal, porque es allí donde la policía intentará seguir tu rastro. Una vez que llegues a la muralla Rose cruzarás Trost. El comandante Pixis está al tanto de todo y te dejará pasar para llegar a la ciudad subterránea en María.
—Pero si escapo sabrán que ustedes me liberaron. Los culparán.
Irvin negó.
—No te preocupes por eso. Tenemos coartadas que nos librarán de toda sospecha. Ahora tienes que mentalizarte en lo que deberás que hacer una vez que salgas de aquí. —Le entregó un papel que Eren reconoció como un mapa apenas lo desdobló. —Ahí está marcada la ubicación de la entrada a la ciudad subterránea. No será sencillo encontrarla, así que procura no perderte.
Eren asintió, intentando grabar en su cabeza toda la información.
Irvin continuó dándole las respectivas instrucciones y, una vez que finalizó, Hanji se le acercó.
—Debes tener especial cuidado con Ellery.
—No sé si pueda escapar sin arriesgar su seguridad —confesó Eren. Lo cierto era que tenía miedo de lastimar a Ellery o exponerlo alguna clase de peligro. No era lo mismo escapar solo que con un bebé recién nacido.
—No te preocupes. —Hanji le entregó el cuidado de Ellery a Armin y tomó del bolso que descansaba contra la pared del subterráneo un objeto que Eren no supo reconocer. Era una banda de tela azul en forma de bolsa con solo dos correas en los costados—. Con esto podrás transportarlo sin problemas.
—¿Qué es eso? —se atrevió a preguntar.
—Oh, esto es algo que diseñé especialmente para que puedas llevar a Ellery con la seguridad absoluta.
Eren no pudo objetar cuando Hanji se lo puso y lo sentó en su hombro izquierdo, atando las dos correas a las del equipo de maniobras. Luego tomó a Ellery y lo acomodó dentro, sorprendiendo a Eren ante la comodidad y seguridad que le brindaba la pieza de tela.
—¿Lo ves? —exclamó Hanji—. Lo llamo "portabebés", y con él podrás sujetar las riendas de Flink sin preocuparte de Ellery. Incluso podrás usar el equipo de maniobras.
—¿En verdad podré hacerlo? ¿Es seguro?
—¡Pero claro! —dijo Hanji—. No dudes de mi diseño. Además, este tipo de portabebés lo he visto en otras culturas. Que no te sorprenda. Y mis estudios han comprobado que un bebé estando en continuo contacto con la piel de su progenitor, sentir su respiración y olor le produce seguridad. Esta herramienta permitirá que Ellery se sienta más seguro durante el viaje y no te dé problemas.
Eren asintió. Observó y a Ellery y le agradó verlo tan cómodo dentro del invento de Hanji. Dormía plácidamente, acunado contra su pecho y calor.
Vio a Irvin, quien le observaba en silencio. Su rostro no había cambiado desde que se vieron hacía tres días luego del juicio. En ese entonces su expresión denotaba dolor y resignación, pero en esta ocasión había algo más. Eren podía entender que, a pesar de todo, Irvin seguía amándolo, y eso le dolía.
—¿Por qué? —se atrevió a preguntarle—. ¿Por qué está haciendo todo esto?
Irvin dio un paso hacia él y terminó con la distancia que los separaba. No podía evitarlo; sus sentimientos por Eren seguían más vivos que nunca. Y aunque lo dejaba ir voluntariamente, eso no disuadía el dolor de su corazón ni que su cuerpo necesitara estar cerca de él un poco más antes de decirle adiós.
—Suelo pensar mucho las cosas antes de tomar una decisión. Sobreanalizo todo, y es debido a eso que creía una habilidad que terminé lastimándote. Cometí un terrible error al no dejarte ir la primera vez. —Eren abrió los ojos con sorpresa. —En aquella ocasión, cuando te sorprendí escapando, debía haberte dejado hacerlo, pero fui egoísta, y por mi egoísmo fuiste condenado a muerte.
—Comandante, no...
Irvin le tomó del rostro y dijo:
—Cuando te desposé prometí hacerte feliz. Y es ahora cuando tengo que demostrártelo.
Eren no pudo evitar que sus lágrimas brotaran y se derramaran por sus mejillas. Después de todo lo que había pasado, Irvin seguía demostrándole cuánto lo amaba.
—Lo siento —dijo bajando la cabeza. Sus ojos se posaron en Ellery y repitió un "lo siento" con la voz completamente quebrada—. Nunca quise que esto pasara. Estaba dispuesto a seguir el resto de mi vida con usted, pero...
—Entiendo cómo te sientes —dijo Irvin de manera condescendiente. En su corazón ya no había odio ni resentimiento alguno, solo resignación y tranquilidad al saber que había hecho algo bueno por Eren luego de tanto dolor causado por su egoísmo y orgullo.
Hanji interrumpió.
—Hay que apresurarse.
Irvin asintió y Armin terminó de equipar a Eren con el bolso que yacía tirado contra la pared del túnel. Le ayudó a colocárselo y finalmente lo cubrió con una capa de color verde. Era perfecta para camuflarse entre la vegetación.
—En el bolso hay provisiones para ti y Ellery —dijo Irvin—. Te tomará alrededor de dos días llegar a la ciudad subterránea donde te estará esperando Rivaille.
Eren asintió. A pesar de sentirse aún abrumado, intentó procesar y retener cada una de las instrucciones que se le dio para llegar sano y salvo a María. Y tras las últimas indicaciones de Irvin fue el turno de Hanji, quien tuvo especial interés en recordarle los cuidados de Ellery ahora que viajarían en precarias condiciones, aunque Eren estaba perfectamente capacitado para hacerse cargo de él sin problemas pues en las últimas semanas había demostrado lo que su instinto paterno podía hacer, además de todo lo que Hanji le había instruido cuando estuvo en la hacienda. Sin embargo los temores estaban presentes debido a la conmoción del momento y lo repentino que había sido todo, pues una fuga era lo último que se había imaginado Eren desde su sentencia en la corte.
—No sé si sea capaz de hacer esto solo —se atrevió a decir luego que estuvo listo para partir.
—Lo harás bien —dijo Hanji—. Has pasado por cosas aún más difíciles.
—Pero ahora tengo que velar por Ellery.
—Y sabrás hacer lo correcto y lo mejor para él —señaló Armin.
—No te preocupes —añadió Hanji.
Eren asintió y los vio a ambos.
—Gracias por todo. Han hecho tanto por mí y Ellery. A pesar de lo que ha sucedido me han apoyado incondicionalmente.
—¡¿Pero cómo no hacerlo?! —exclamó Hanji viendo a Ellery durmiendo profundamente dentro del portabebés—. Lo que más lamento —añadió— es que ya no podré atenderlo. ¡Los echaré de menos a ambos!
Eren intentó sonreír en medio de la pesadumbre y abatimiento que invadía su rostro. No podía evitar sentir tristeza al saber que no volvería a ver a Hanji ni a Armin. La vida que había estado dispuesto a seguir en la hacienda ya no podía recuperarla. Debía dejarla e iniciar otra, la cual aún le resultaba incierta y extrañamente precipitada.
Irvin aprovechó el alboroto de Hanji para acercarse a Eren una última vez y terminar con algo que aún los unía. Tomó su mano izquierda y retiró la argolla de matrimonio de su dedo anular.
—Sé feliz, Eren —le dijo. Y tras asir su rostro con ambas manos besó su frente, terminando así la historia que había querido comenzar con él.
Eren logró contener el llanto, no así las lágrimas que humedecieron sus mejillas pálidas. Pero las secó rápidamente con el puño de su camisa para no dejar en la memoria de Irvin el recuerdo de su rostro acongojado.
Ya listo, Marlo y Boris lo escoltaron para guiarlo por el túnel hasta las afueras de la muralla Sina. Se alejó lentamente, dejando atrás con cada paso aquella vida que, aun cuando no fue su elección, estuvo dispuesto a aceptar. Y mientras avanzaba hacia una nueva vida, dispuesto a todo por obtenerla, repasó fugazmente las últimas palabras de Irvin. Muy en su interior se rehusaba a dejarlo; le debía demasiado como para hacerlo. Quizás era la culpa la que hablaba en aquel instante, o tal vez el cariño que había cultivado desde que llegó a su vida. Lo cierto era que no quería olvidar su rostro ni tampoco lo que compartieron juntos durante casi un año, porque Irvin siempre sería una parte importante de su vida.
En medio de la penumbra, llegando al primer recodo del túnel, Eren se atrevió a volver el rostro para ver una última vez a Irvin, a Hanji y Armin.
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Tras el mensaje de Irvin, Rivaille no tardó en dejar su tropa en manos de un soldado ampliamente calificado y retornó al interior de las murallas. Poco le importaba tener una sanción por desertar en plena guerra, pero le era más importante regresar con Eren, escapar juntos y protegerlo de la iglesia.
Aún no podía creer lo que las palabras de Irvin le habían revelado. Eren estaba a punto de morir a manos de la iglesia. Y Eren, lejos de cooperar para salvarse, había admitido todo. Rivaille no lo entendía, y le molestaba la idea de ver su sacrificio como algo positivo, porque Eren una vez más estaba actuando con imprudencia sin tomar en consideración los sentimientos de los demás, mucho menos los suyos, pues él debía estar en su lugar, asumiendo la responsabilidad de todo y morir por él.
Pero ahora tenía la oportunidad de reencontrarse y protegerlo, como debía haberlo hecho desde el principio. No obstante, no podía evitar pensar en lo que habría pasado si se hubiera quedado. Tal vez las cosas serían diferentes; tal vez estaría muerto y Eren quizá no habría tenido que pasar tantos meses en prisión. Y se culpó al dejarlo solo aun cuando Irvin estuvo a su lado y trató de ayudarlo, porque aunque sus intenciones fueron buenas, no estaba en sus manos salvarlo y no podía haber tomado su lugar.
"Eren fue sentenciado a la horca."
"Eren dio a luz en la cárcel."
"Eren no quiso decir tu nombre."
Esas palabras hicieron que el suelo bajo los pies de Rivaille desapareciese, dejándolo expuesto sentimientos y emociones que no había tenido la oportunidad de experimentar hasta ahora. Porque Eren sufrió por su causa, estuvo dispuesto a morir en su lugar, soportó meses de encierro y dio a luz en un calabozo, demostrándole cuánto amor existía en su corazón. Y no pudo evitar pensar en lo que debió haber sentido Irvin en estos meses al ver a la personaba que amaba dispuesta a morir por alguien más.
Entonces pensó en lo que posiblemente gatilló el impulso de Irvin para dejar ir a Eren. Porque los motivos para retenerlo y separarlos eran evidentes, y sin embargo ahora lo ayudaba a escapar. Su acto de nobleza no lo dejaba indiferente, resultándole admirable su fuerza de voluntad para hacerlo y arriesgarlo todo, porque incluso su propia vida estaba en juego, más allá del hecho que dejaba en evidencia su traición a la corona al aliarse con rebeldes para la fuga de Eren, manchando con ello el apellido de la familia y su título de comandante.
Rivaille obligó a su mente a dejar atrás todo lo relacionado con la guerra y aceleró el galope de Troy para llegar cuanto antes a María y aguardar por Eren en la ciudad subterránea.
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Eren y los dos miembros de la policía llevaban caminando por el lóbrego y silencioso túnel cerca de veinte minutos. El pasaje subterráneo parecía no tener fin. Eran cientos los recodos y escalinatas que llevaban directamente al otro lado de la muralla Sina. Y mientras los vadeaban uno por uno, Eren pensaba en lo que sucedería a partir de ahora. Las ansias por ver a Rivaille crecían conforme se alejaba de Irvin. Le emocionaba saber que tenía una oportunidad para ser libre con él y Ellery aun cuando eso significara escapar como un delincuente y vivir en la clandestinidad. Pero incluso frente a ese panorama estaba dispuesto a afrontarlo, porque no importaba el tipo de vida que fuera a llevar de ahora en adelante; solo le bastaba estar con Rivaille y continuar juntos el resto de sus días.
Tras avanzar otros cinco minutos en silencio llegaron a una serie de peldaños de piedra en ascenso que marcaban el término del recorrido. Subieron y se toparon con una trampilla de madera.
—Aguarden aquí —dijo Marlo, entregándole a Boris la lámpara de aceite que usaron para cruzar el túnel. Empujó la trampilla con cuidado y salió por ella.
—¿Qué sucede? —se atrevió a preguntar Eren.
—Está vigilando que no haya nadie en la entrada del distrito —dijo Boris—. A esta hora se efectúa el cambio de guardia y es propicio para salir sin que nos noten.
Eren asintió y vio a Ellery, que dormía profunda y cómodamente dentro del portabebés. Agradecía tanto el invento de Hanji, porque gracias a ello el viaje le sería más cómodo al tener las manos libres para maniobrar a Flink.
Marlo volvió luego de dos minutos, notificando que todo se encontraba despejado, y ayudó a Eren a salir. La trampilla se hallaba al interior de una bodega al costado de la entrada del distrito Stohess. Y gracias al cambio de guardia pudieron abandonar el lugar sin ser detectados.
Cuando cruzaron las puertas de Stohess y pisaron los terrenos de Rose, se adentraron en las calles de la villa colindante al distrito. Era un poblado pequeño, con un puñado de casas distribuidas sistemáticamente entre calles de adoquines y tierra trabajada para la agricultura. Rose se concentraba en el cultivo de hortalizas y algunas frutas que solo se daban en ciertas zonas, colocándolo como el estado más importante y comercialmente influyente en el área agrícola.
Eren se detuvo al reparar que, después de cuatro meses confinado a un calabozo, finalmente podía respirar aire fresco y contemplar más que paredes de piedra a su alrededor. Alzó el rostro y vio el manto nocturno cargado de estrellas. Una luna creciente pendía entre nubes grises cargadas de lluvia; las últimas del invierno.
—No te detengas —dijo Marlo al percatarse de Eren y su postura distraída.
Continuaron por los callejones sombríos de la villa y salieron a campo abierto, procurando no llamar la atención aun cuando, a esa hora, todos se encontraban durmiendo.
Tomaron un pequeño camino hacia el bosque y, tras diez minutos de caminata silenciosa, junto a un Arce semidesnudo, Eren reconoció a Auruo, Gunter, Erd y Flink.
—Hasta que por fin llegas —se quejó Auruo, apartándose del árbol.
—Nuestro trabajo termina aquí —dijo Marlo.
Eren lo observó.
—Muchas gracias por todo. Sé que está en juego sus puestos en la policía.
—No te preocupes, esto lo hicimos por el comandante Irvin. Le debemos mucho —dijo Boris.
—Por él es que tenemos un puesto importante en la policía. Debíamos retribuirle todo lo que ha hecho por nosotros —añadió Marlo—. Además, nunca nos pareció justo que te mantuvieran encerrado.
—Se los agradezco —dijo Eren con sinceridad.
Marlo y Boris se despidieron casuales y dieron media vuelta, alejándose y perdiéndose entre la densidad lóbrega del bosque.
Auruo desató a Flink, que pastaba junto al Arce y le entregó las riendas a Eren.
—Más te vale que hayas captado todas las instrucciones del comandante —le dijo mientras Eren veía a Flink y lo acariciaba, esperando que éste lo recordase. Después de tanto tiempo sin verlo, la emoción del reencuentro parecía más importante que escuchar a Auruo.
—No olvides que los caminos principales serán vigilados por la policía apenas inicien tu búsqueda —señaló Gunter.
—Y ten cuidado cuando ingreses a Trost. Asegúrate de que el comandante Pixis esté vigilando y te permita pasar —añadió Erd.
Eren los observó y asintió.
—No se preocupen. —Volvió la vista a Flink y lo acarició—. ¿Me recuerdas?
Flink movió la cabeza casualmente, dando a entender que le había sido imposible olvidarlo. Eren lo montó con cuidado de no despertar a Ellery y observó a los tres hombres.
—Muchas gracias por todo.
—Buena suerte, Eren —dijo Erd.
—Espero nos volvamos a ver —dijo Gunter.
—No hagas algo estúpido como enfrentarte a la policía. Suficientes problemas nos has causado como para que mueras —soltó Auruo.
Eren asintió.
—Adiós —dijo. Golpeó los costados de Flink y agitó las riendas para iniciar un trote suave por el sendero y adentrarse en el bosque.
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Con el correr de las horas, Eren había logrado adentrarse a territorios que le recordaban aquella ocasión en la que había sido secuestrado y posteriormente rescatado por Rivaille. Le era imposible no pensar en ello si ahora se hallaba en una situación muy similar a la de aquel entonces: escapando por el bosque, ocultándose entre las sombras con la esperanza de salir con vida; pero ahora con un bebé en brazos y las ansias de reencontrarse con Rivaille.
Era poco lo que se podía distinguir dada la espesura de los árboles, pero Flink sabía qué ruta tomar y a qué ritmo seguir sin exponer a Eren ni a Ellery. El silencio del entorno era denso y en algunas ocasiones abrumador, solo las pisadas de Flink sobre tierra y ramas secas rompían el mutismo y los pensamientos de Eren, quien cabeceaba de vez en cuando por el agotamiento mental y los días previos a su escape en los que había permanecido en vela a prontas de ser ejecutado. Ellery en cambio dormía profundamente, arrullado contra el pecho de Eren y el portabebés que Hanji le fabricó.
Continuaron hasta el alba, camuflándose entre la tenue niebla generada por la humedad natural del bosque, cuando Ellery comenzó a llorar de hambre. Eren estaba cansado y con algo de frío, no quería detenerse, pero el llanto de Ellery se había vuelto más fuerte, y eso podía alertar a quienes le estuvieran siguiendo.
—Está bien, está bien —le dijo a Ellery luego de detener a Flink. Decidió parar a descansar hacerlo junto a un pequeño arrollo para que Flink bebiera algo de agua y se alimentara mientras lo hacía Ellery.
Eren se recostó contra un árbol y se abrió la camisa para alimentar a Ellery, quien de inmediato comenzó a succionar su tan preciada leche.
—Eres muy impaciente —dijo Eren con un dejo de burla mientras cepillaba el cabello de Ellery—. Pero sé que no tienes la culpa de esta situación. Ni siquiera sabes lo que está sucediendo. Te envidio un poco.
Ellery no prestaba atención más que a su alimento, pero Eren creía que le entendía y que charlarle le hacía bien y reforzaba la relación.
En ese momento observó a su alrededor y pudo asimilar finalmente que estaba en libertad, después de cuatro meses encerrado en un calabozo sin sentir la brisa fresca de la mañana o el aroma de la naturaleza. Y no podía negar que lo había extrañado. Él no había nacido para estar encerrado. Incluso viviendo rodeado de muros se sentía prisionero. Eren quería conocer el mundo, recorrer territorios y conocer paisajes nunca antes vistos sin barreras que se lo impidieran. Y si bien muchas personas se sentían conformes viviendo como ganado entre murallas, Eren quería más.
Tras unos minutos, Ellery finalmente se durmió. Flink estaba listo y Eren, más repuesto y descansado, lo montó y retomaron el viaje.
Avanzaban firme pero sin prisa porque Eren sabía que, para cuando supieran que no se encontraba en su celda, ya estaría a varios kilómetros lejos de Sina y de la policía. Siguieron así gran parte del día. Deteniéndose en breves intervalos para alimentar a Ellery y permitir que Flink bebiera un poco de agua. Eren comió en el camino, sentado en Flink. Armin había llenado su bolso con piezas de pan y frutas para soportar el viaje hasta la ciudad subterránea en María. Y aunque no tenía mucho apetito debido a la ansiedad y la presión por llegar si ser capturado, debía mantenerse fuerte, con energías para enfrentarse a cualquier peligro y proteger a Ellery.
Cerca del atardecer, Eren decidió detenerse a un costado del río; había caminado junto a él la mayor parte del día. Bajó de Flink y acomodó las cosas bajo la sombra de un abeto. Necesitaba cambiarle el pañal a Ellery y darle de comer. Ellery llevaba despierto parte de la tarde pero, para suerte de Eren, estaba tranquilo; parecía disfrutar del viaje y del movimiento que Flink hacía al desplazarse.
Luego de alimentarlo, Eren aprovechó de darle un pequeño baño. Lo recostó bajo la sombra del abeto, sobre su capa para evitar que tuviera contacto directo con la tierra y, con un trozo de tela húmedo, lo limpió con cuidado. Ellery no parecía molesto, por el contrario, estaba tranquilo y se dejaba asear mientras Eren le hablaba y le sonreía para hacer del cambio de pañal un momento ameno.
—¿Te gusta estar limpio? —le preguntó Eren una vez que lo vistió. Tenía momentos muy especiales con Ellery. Incluso escapando de la policía aprovechaba de brindarle toda la atención y el cariño que merecía y necesitaba. Le sonreía, le hacía morisquetas y le besaba intentado hacerle cosquillas. Ellery se lo retribuía con pequeños sonidos y movimientos con sus extremidades que lograban darle completa felicidad y satisfacción a Eren—. No puedo creer que ya cumpliste un mes de vida —dijo, tomándolo en brazos—. Un mes desde que estamos juntos, y pronto lo estaremos con tu padre. —Lo acunó con cariño y besó su frente.
Parecía que tan solo hacía un par de días Ellery había nacido, pero un mes significaba mucho para Eren. Eran las cuatro semanas más importantes de su vida; donde había tenido que aprender a ser padre y volcar su atención en un ser indefenso y dependiente de sus cuidados y amor.
Terminó de arropar a Ellery y vio al cielo, notando las nubes cargadas de lluvia. Confiaba en llegar a Trost antes de que arreciara una tormenta.
—Espero no nos pille a mitad de camino —dijo acunando a Ellery, cuando vio en el cielo una bengala de color roja: los habían encontrado—. No puede ser —murmuró perplejo, pero no tardó en reaccionar. Recogió todo rápidamente, acomodó a Ellery en el portabebés y montó a Flink.
Se había confiado. Su gran error fue creer que la ventaja obtenida al escapar anoche había sido suficiente. Ahora la policía lo tenía en la mira, porque a medida que Eren avanzaba, intentando perderles, las señales rojas en el cielo marcaban su posición en un perímetro inferior a tres kilómetros, lo suficientemente cerca como para visualizarle a campo abierto.
Flink corría a toda prisa, demostrando su habilidad aun cuando el terreno fuese irregular y desconocido. Y gracias a los árboles apiñados y de gran tamaño podía sacar un poco de ventaja. Pero incluso en la desesperación del momento, Eren temía por Ellery y procuraba protegerlo. Lo sujetaba sólidamente contra su pecho para que no se zamarreara, y conforme avanzaba sobre Flink, su preocupación aumentaba, porque aunque lograba burlar a la policía, esta le pisaba los talones. Las señales de color rojo no le alentaban; marcaban con una gran precisión su posición.
"No nos alcanzarán", pensó con determinación. Estaba anocheciendo, y confiaba que la oscuridad del bosque lograría camuflarlo. Sin embargo, las primeras gotas de lluvia que habían estado amenazando desde anoche finalmente comenzaban a caer sobre el bosque.
—¡Vamos, Flink! ¡No te detengas! ¡Corre! ¡Corre más de prisa! —gritó Eren, logrando que Flink zigzaguease entre los árboles con el propósito confundir a sus persecutores con una pericia que difícilmente los otros caballos podían igualar. Y es que Flink había sido entrenado para desplazarse en sitios tan irregulares e impredecibles como lo era un bosque o un terreno pedregoso y empinado. Parecía que Irvin había pensado todo premeditadamente, ya que él había dado las instrucciones del entrenamiento especializado para Flink antes de obsequiárselo a Eren.
La persecución se extendió otros quince minutos. Para ese entonces, la llovizna se había vuelto una lluvia torrencial que empantanaba la tierra y entorpecía la visibilidad a más de dos metros de distancia. Eren intentaba no perder el control de la situación. Se encontraban próximos a Trost, aunque debido a los constantes desvíos parecía haber perdido la ruta. Y cuando creía que detenerse y buscar un refugio por el bien de Ellery y el propio era lo más conveniente, un disparo resonó en el aire. Eren liberó un alarido al sentir el impacto de la detonación en su brazo izquierdo. Una bala lo había atravesado, rasgándole la carne. Sin embargo eso no fue suficiente para obligarle a reducir la marcha ni soltar a Ellery para protegerlo del zamarreo precipitado y vertiginoso sobre Flink. Y aceleró todavía más en el instante que un grupo de policías quedaron a su alcance visual.
—¡Detente! —le gritaron, pero Eren no obedeció; golpeó con fuerza los costados de Flink, acelerando la carrera entre los árboles. No iban a atraparlo tan fácil, ni aunque volvieran a dispararle abandonaría su lucha por escapar.
En ese momento una idea cruzó por su cabeza: parecía ser que la única forma de burlarlos definitivamente era usando el equipo de maniobras. Vio a Ellery y pensó en lo arriesgado que resultaría, pero el portabebés que Hanji le obsequió fue diseñado para soportar un traslado de esa envergadura.
Entonces lo decidió.
—¡Flink! ¡Busca un lugar seguro! —gritó. Soltó las riendas y sacó debajo de la capa los pistones del equipo de maniobras.
La policía le seguía a diez metros de distancia. Eren disparó los ganchos del equipo y se impulsó en el aire. Se elevó de inmediato seis metros, y comenzó a desplazarse entre los árboles. El brazo izquierdo le punzaba y perdía sangre, pero la adrenalina le impedía sentir dolor y debilidad. Debía escapar de la policía y proteger a Ellery, quien permanecía tranquilo contra su pecho, durmiendo guarecido del frío y la lluvia que empapaba todo a su paso.
La carrera se extendió por varios minutos, hasta que Eren logró perderlos de vista. Se ocultó entre unos arbustos al pie de una pequeña quebrada y dejó que la policía siguiera en su búsqueda. Aguardó por unos minutos hasta que los perdió de vista y salió de su refugio. Vio hacia su alrededor y continuó avanzando a pie, procurando desplazarse entre las sombras. No podía llamar a Flink; tampoco apostaba poder encontrarlo luego de alejarse tanto de su posición inicial. Solo esperaba que estuviera sano y salvo para buscarlo con calma durante la mañana.
Tras detenerse a revisar el mapa que Irvin le había entregado, resolvió seguir por un pequeño sendero que serpenteaba junto a una cadena de colinas. Sabía que si seguía por ese camino lograría llegar a Trost, porque mientras estuvo en la hacienda estudió mucho, y una de sus especialidades era la lectura de mapas y cartas náuticas, aun cuando estas últimas no fueran necesarias y solo quedaran unas cuantas de ellas en todo el reino. Siempre le había llamado la atención el estudio de la superficie terrestre, descifrar los símbolos en los planos y realizar escalas gráficas de los suelos.
La caminata se extendió alrededor de veinte minutos. Para ese entonces, Eren sentía el brazo herido algo entumecido. Su cuerpo no paraba de temblar producto del cansancio y el frío. Y la pérdida de sangre y la adrenalina, que ya se había diluido tras la frenética persecución, comenzaban a mermar sus fuerzas.
El pequeño sendero que había seguido le guió fuera del bosque. Había llegado a campo abierto, en lo que era los límites de un pueblo en las cercanías de Trost. Observó a Ellery bajo su capa y notó que dormía plácidamente. Le sorprendía ver lo cómodo que parecía sentirse aun cuando estuviera en medio de una persecución. Eren lo agradecía, porque no sabría qué hacer si además tuviera que lidiar con su llanto en plena persecución.
Suspiró resignado y continuó caminando en busca de un sitio para resguardarse de la lluvia y ocultarse de la policía hasta que amaneciera. Y tras un par de minutos divisó una cabaña en las afueras del pueblo cercano a Trost. La lluvia caía con más fuerza y Eren no lo pensó dos veces para tocar la puerta y pedir asilo en lo que quedaba de noche. Necesitaba descansar, atender su herida y alimentar a Ellery, además de protegerlo del frío que parecía haber aumentado en las últimas horas.
Se arriesgó y cruzó la pequeña entrada hacia la cabaña. Respiró hondo y golpeó la puerta con los nudillos. Tras unos segundos de espera una mujer alta, pecosa y mirada apática le recibió apuntándole con un rifle.
—Qué quieres.
—Por favor, necesito ayuda —dijo Eren, obviando el hecho de que era encañonado directamente con un arma de fuego—. Perdí mi caballo y...
—Lárgate, no queremos problemas.
—¡Pero necesito ayuda!
—¿Qué sucede? —preguntó de pronto una chiquilla de cabello rubio y mirada gentil que apareció tras la mujer con el rifle. Al ver a Eren se sorprendió. Notó la sangre que empapaba su capa y su apariencia enlodada y desgreñada—. ¡Está herido! —exclamó, poniéndose ante la mujer del rifle y Eren—. Ymir, debemos ayudarle.
—Nos vamos a ayudar a nadie, Historia. No puedes ser tan noble con todos los extraños que toquen a la puerta.
—Por favor —insistió Eren—, necesito proteger a mi hijo.
Historia se sorprendió aún más cuando Eren retiró la capa de su pecho y mostró a Ellery durmiendo.
—¡Un bebé! —dijo ella con sorpresa, y no dudó en hacer pasar a Eren al interior de la cabaña.
Una bocanada de aire caliente le recibió junto al aroma de lo que parecía ser estofado. Con un primer vistazo recorrió el lugar, resultándole agradable y acogedor.
—Pasa, pasa —dijo Historia, invitándole a acomodarse cerca de la chimenea.
Ymir no parecía contenta con la visita. No soltaba el rifle, aunque ya no apuntaba a Eren, quien se dejó caer en una silla mientras Historia le ayudaba a quitarse la capa empapada.
—¿Qué sucedió? —preguntó ella.
—Perdí mi caballo y no tenía dónde pasar la noche.
—¿Y qué hacías en el bosque? —preguntó Ymir, acercándose a Eren—. Esa herida es de un disparo, ¿verdad? ¿Por qué te dispararon? ¿Acaso escapabas de algo, o de alguien?
—Ymir, no hagas tantas preguntas —pidió Historia.
—Necesito saber qué clase de sujeto dejaste entrar. Puede que sea un ladrón o un asesino.
—No soy nada de eso —aclaró Eren.
—Entonces algo debiste hacer para recibir ese disparo. ¿Acaso te robaste a ese bebé?
—¡Claro que no! ¡Es mío!
—¿Y quién es la madre? ¿Dónde está ella?
Eren bajó el rostro y ocultó el rubor de sus mejillas. Ymir no tardó en entender y sonrió burlona.
—No me digas que tú eres la mamá.
—¡Soy su padre! —exclamó Eren, casi ofendido.
—Pero tú lo engendraste, así que eres la mamá.
—Ymir, por favor, ¿podrías traerme vendajes y desinfectante?
Ymir dejó las burlas y fue a regañadientes por lo que Historia le pidió.
A solas, Eren fue ayudado a quitarse el equipo de maniobras y el bolso que portaba en su espalda.
—¿Te perseguían para quitarte a tu bebé? —se atrevió a preguntar Historia luego que Eren tomara a Ellery en brazos.
—Más o menos —dijo Eren—. Necesito llegar a la ciudad subterránea de María para encontrarme con el padre de mi hijo.
—¿Piensas ir a ese sitio? —dijo Ymir una vez que regresó—. Allí solo hay ladrones y estafadores.
—No me importa lo que haya en ese lugar —rebatió Eren—. Solo quiero encontrarme con el padre de mi hijo.
Ymir ignoró la respuesta de Eren y se acercó a la ventana que daba hacia el antejardín de la cabaña. La lluvia se había vuelto una verdadera tormenta. Los truenos hacían vibrar las ventanas y los relámpagos iluminaban la noche.
—Fue bueno que llegaras con nosotras —dijo Historia tras percatarse del aguacero que caía afuera—. Tú y tu bebé no hubieran logrado sobrevivir a la intemperie.
—Les agradezco que me dejen pasar la noche aquí —dijo Eren.
Historia sonrió y le ayudó a acomodar a Ellery en el sillón junto a la chimenea para tratar la herida de su brazo. La bala le había atravesado, por lo que solo era cuestión de suturar y vendar para proteger la lesión. Eren recordó cuando recibió el disparo del rebelde que casi le costó la vida; recordó también que después de eso Rivaille lo había abandonado. Fueron seis meses de angustia, resentimiento y espera por una explicación. Seis meses intentado desechar aquel sentimiento que los había unido y que ahora vibraba en cada célula de su cuerpo.
Historia terminó de atender la herida y finalmente Eren estuvo en condiciones de alimentar a Ellery. Agradecía su tranquilidad a pesar de todo, y de cómo soportaba la presión del viaje.
—¿Cuán lejos está Trost? —preguntó luego de ponerlo contra su pecho para que se alimentase.
—Está a cuarenta y cinco minutos —respondió Ymir.
—Podré partir en la mañana —dijo Eren de manera reflexiva, calculando el tiempo que le iba tomar llegar hasta la ciudad subterránea.
—Puedes quedarte todo lo que quieras —comentó Historia con una sonrisa. Parecía fascinada con Ellery.
El estómago de Eren rugió en ese momento, rompiendo el silencio de la habitación.
—Oh, no te he ofrecido nada —dijo Historia, saltando de la silla en la que se encontraba—. Debes tener hambre.
Eren intentó negarlo pero su estómago le había delatado. Se sentía cansado, hambriento, y el aroma del estofado lo tenía impregnado en la nariz desde que había llegado.
—Puedo cargarlo mientras comes —dijo Historia luego que Eren terminó de alimentar a Ellery. Un plato humeante de estofado yacía sobre la mesa del comedor.
Eren asintió, aunque no estaba seguro si Ellery se dejaría cargar por brazos ajenos a los suyos. Normalmente lloraba cuando eso sucedía, pero en esta ocasión, al encontrarse ya alimentado y dormido, no hizo protesta alguna cuando fue acunado en los brazos de Historia, quien le meció con cariño para que Eren pudiera comer algo y reponer el calor del cuerpo y las fuerzas perdidas tras la persecución.
Durante la cena se atrevió a contarles su historia, su matrimonio arreglado, su romance furtivo, su embarazo y su paso por la cárcel, hasta ahora, que arrancaba de la policía militar. Y mientras fue relatando, las emociones de los recuerdos pasaron por sus ojos. No podía evitarlo. Todo lo vivido y resistido le había guiado hasta este momento. Había tomado el camino más difícil pero no se arrepentía, porque sabía que de una forma u otra todo lo que había sufrido sería recompensado con su mayor anhelo.
—Qué injusto —dijo Historia luego que Eren terminó su relato—. Pero fuiste muy valiente al no decir el nombre de tu pareja. Yo tampoco hubiera podido —añadió viendo a Ymir que yacía sentada al otro extremo de la mesa.
—El padre de tu hijo es un cobarde por haberte dejado solo —dijo Ymir.
—¡¿De qué estás hablando?! —exclamó Eren.
—Si fuera él, habría regresado y tomado tu lugar.
—¡Yo decidí protegerlo! —aclaró Eren—. ¡Él no es ningún cobarde!
—Solo di mi punto de vista y lo que haría en su situación —dijo Ymir, restándole importancia a la prepotencia de Eren.
—¡Aun así no tienes derecho a llamarlo cobarde! ¡No tienes idea de quién es!
—Sí, y la verdad no me interesa. Tú eres el que está arrancando de la policía con un niño a cuestas. Has decidido enfrentar todo esto porque así lo quisiste. Si alguien te dice lo que piensa no tienes porqué alterarte.
Eren empuñó las manos sobre la mesa.
—Es cierto que yo fui quien tomó todas las decisiones. De eso se trata la vida, de seguir un camino a base de decisiones. Elegí este y no me arrepiento. Y si tengo que morir por el padre de mi hijo, lo haré un millón de veces si fuese necesario.
Ymir creía entender las palabras de Eren, pero no compartía su necedad por enfrentar las cosas solo. Aun así podía admirar su determinación y su fortaleza, porque aun cuando estuviera solo y a merced de la justicia, él no dejaba de luchar y aferrarse al amor que lo unía a Rivaille.
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Solo una hora después de platicar y recuperar el calor del cuerpo, Eren concilió el sueño en el sofá de la sala. La hospitalidad de Ymir e Historia le había permitido relajarse lo suficiente como para acomodarse en el sofá con Ellery y dormir un par de horas antes de reanudar el viaje a Trost.
La lluvia continuó cayendo con toda su fuerza durante el resto de la noche, y cuando pareció que finalmente iba a dar una tregua, poco antes del alba, la puerta de la cabaña fue golpeada dos veces, y el llamado de la policía militar se hizo sentir del otro lado, alertando a Eren.
Ymir e Historia, que dormían en el único dormitorio de la cabaña, llegaron a la sala; ambas en pijama.
—Son ellos —dijo Eren con preocupación.
—Debes salir por la parte de atrás y esconderte en el granero —dijo Historia, pero Ymir le atajó.
—Es lo primero que tienen vigilado; así operan ellos —dijo.
—¡Abran! ¡Policía! —se escuchó desde afuera, seguido del golpeteo incesante de la puerta.
Ymir resopló con un dejo de molestia y vio el tapete hecho de piel de oso junto a la mesa del comedor. La descorrió y tiró de una pequeña argolla, abriendo una trampilla en el suelo de madera.
—Ocúltate ahí.
Historia ayudó a Eren a bajar sus pertenencias y, una vez a salvo, Ymir cerró la trampilla y colocó el tapete de oso en su lugar.
—Abre y actúa con naturalidad —le ordenó a Historia, quien obedeció en el acto.
La policía irrumpió sin permiso, revisando la habitación.
—¿Qué se les ofrece? —preguntó Historia con naturalidad.
Ymir yacía a un costado de la chimenea.
—Seguimos el rastro de un prófugo peligroso. Creemos que se ocultó por esta zona. ¿No han visto nada sospechoso? —preguntó uno de los tres hombres que ingresaron a la cabaña.
—No, nada. De hecho estábamos durmiendo —dijo Historia.
—Si gustan pueden revisar —soltó Ymir.
La policía no rechazó el ofrecimiento e ingresaron a las demás habitaciones.
—¿Viven ustedes solas? —preguntó el líder del grupo mientras inspeccionaba la habitación con la mirada.
—Sí, ¿hay algo de malo en eso? —dijo Ymir.
El policía no respondió pero siguió registrando la habitación.
En el sótano, Eren aguardaba en un rincón, viendo por entre las rendijas de las maderas del suelo las pisadas de la policía que se paseaban por el lugar. Estaba asustado; no podía evitarlo. Si lo encontraban lo regresarían a Sina, o quizá lo matarían sin siquiera preocuparse de entregarlo a las autoridades. Desconocía su situación luego de su fuga, y era posible que la iglesia misma haya dado la autorización para capturarlo muerto. Prueba de ello era la herida que tenía en el brazo.
Ellery, aún dormido, se removió contra el pecho de Eren y liberó un pequeño suspiro. Incluso en medio de la tensión, él se mostraba tranquilo y ajeno a ella.
La policía, al ver que Eren no se encontraba en el lugar, resolvió marcharse. No obstante, el líder del grupo se detuvo de pronto a pasos de la salida y dio media vuelta, viendo a Ymir y luego la piel de oso que descansaba en el suelo.
—¿Es el único piso de esta cabaña? —preguntó, viendo la reacción de Ymir, quien yacía muy tranquila en su misma posición junto a la chimenea.
—Ustedes acaban de registrar el lugar; no hay más pisos.
—¿No tienen sótano?
—¿Qué le hace pensar que tenemos?
El policía, no conforme con la respuesta, caminó hacia Ymir y notó el eco que producían sus pisadas en el suelo.
—¿Qué hay debajo de esa piel? —preguntó, señalándola.
—Lo mismo que en toda la cabaña, madera —respondió Ymir.
—Retira el tapete —ordenó.
—Señor, no hay ningún... —Historia quiso hablar, pero Ymir le atajó.
—Adelante, hágalo usted —dijo Ymir.
Eren retrocedió asustado; sabía que Ymir no parecía una mujer confiable, pero no esperaba que fuera a entregarlo a la policía. Buscó con desesperación a su alrededor, intentando hallar un escondite mientras la piel de oso era retirada del suelo, porque sabía que si era encontrado le quitarían a Ellery y no volvería a ver a Rivaille nunca más.
…Continuará…
