Videos e imagenes en mi perfil =D

Si quieres ser parte del grupo del fic en facebook solo busca "Exótica fanfic" y pide unirte =D


Incondicional

— ¿Estas nerviosa?... bebé, ya hablamos de esto cariño, deja de azotar esa hermosa pierna —Edward me miró con una suave sonrisa mientras yo trata de recomponer toda mi actitud.

—No puedes culparme, es nuestra primera aparición pública, juntos… déjame estar un poco nerviosa —apoyé mi cabeza en su hombro mientras la limosina que nos había ido a buscar al hotel avanzaba por las calles de Tokio llevándonos al salón donde se llevaría a cavo la cena.

— ¿No confías en mi cariño? —Edward se removió sobre su asiento de tal manera que estaba frente a mi mirándome con esos preciosos ojos verdes despreocupados ¿cómo podía estar tan tranquilo? ¿y si algo salía mal? —Bella, yo no pondría un pie allí adentro si no estuviera seguro que todo estará bien, te amo mi amor… y créeme cuando te digo que solo busco tu comodidad, de lo contrario ni yo mismo pondría un pie en ese lugar.

—Lo sé, no es por mi comodidad por lo que estoy nerviosa, es que… — me mordí el labio preguntándome si valía la pena explicarme, él estaba tan acostumbrado a esto que temía que no pudiera ser capaz de ponerse en mis zapatos por un momento para al menos entender una pizca de cómo me sentía yo —es que… quiero… quiero que te sientas orgulloso de haberme llevado contigo al final de la noche, pero no sé cómo lograr eso si no sé nada sobre estas personas ni el proyecto que los une esta noche, además… no se hablar japonés.

—Yo tampoco —sonrió él alzando un hombro— estaré tan perdido como tú, solo que me entretendré hablando sobre cosas triviales solo para eso… entretenerlos… es así como suelo manejarme en estas ocasiones. Solo darles lo que ellos esperan.

— ¿Qué es lo que esperan ellos de mí? —dije mirándolo con el ceño fruncido —mm… por lo poco que pude conocer en esta ciudad y sobre sus tradiciones, ellos están acostumbrado a que las mujeres siempre estén un paso detrás de los hombres, ¿eso esperan ellos de mí? ¿Debo comportarme así?

—Mi amor —Edward hizo una mueca con la boca y tomó mi rostro entre sus fuertes manos —nunca fuiste un paso detrás de mí, lo sabes, yo lo sé… todos los que nos conocen lo saben… nunca dejaría que te comportaras como algo que no eres y sé que esta situación te pone incomoda, lo entiendo ahora, pero piensa que a más tardar en tres días más nos iremos de aquí.

—No quiero avergonzarte —lacé de una sola vez, miré mi regazo por miedo a mirar sus ojos y que no me gustase lo que viera allí. Él acercó sus labios a los míos y me besó, suave, lento y dulcemente.

—Te amo, nunca me avergonzarías… me enamoré de la mujer fuerte que se lleva al mundo por delante, ¿dónde está?

Hice una mueca —Por algún lado… deja que la encuentre y me recomponga —sonreí tratando de no parecer tan frustrada.

—Bien, porque esta noche pienso bailar con esa mujer —besó mis labios nuevamente y cuando pensé que me soltaría para volver a sus propios pensamientos y preocupaciones, él me tomó de la cintura y me subió a su regazo.

Reí ante el movimiento inesperado y pegué mi frente a la suya.

— ¿Sabes que no puedo dejar de decirlo? —susurró sobre mis labios.

— ¿Qué cosa? —acaricié el cabello de su nuca y sonreí.

—Te amo —rio picoteando mis labios— pareceré loco pero, no puedo dejar de decirlo…

—No dejes de decirlo entonces —cerré los ojos y suspiré un poco más calmada.

—Nunca… tengo que cubrir todas las veces que no lo dije y mordí mi lengua —picoteó de nuevo mis labios.

— ¿Desde cuándo? —pregunté abriendo mis ojos cargados de cierta curiosidad ¿desde cuándo me amaba?

Él suspiró y frunció el ceño, —Tal vez desde el primer momento, no lo sé… pero sin duda alguna desde mi viaje a Suiza… fue un calvario sentirte tan lejos y experimentar por primera vez que nunca sería capaz de viajar sin ti, dejándote, casi sufrí un puto ataque de pánico en el avión pensando en cuanto te extrañaba.

—Mi amor —susurré con tristeza— ¿por qué nunca me lo dijiste? ¿Por qué callaste tanto? —acaricié su mejilla rasposa por la ligera barba de dos días que se había dejado crecer, no lo había visto afeitarse desde que habíamos llegado a Tokio y mierda… Edward con barba era increíble.

—Miedo… no lo sé —rio sin humor negando con la cabeza —en realidad estaba cagado de miedo que me dijeras no, lo siento, pero no siento lo mismo… soy un idiota ¿verdad? —me miró con el ceño fruncido y una sonrisa divertida en la cara.

—Uno importante… ¿pensar que no te correspondía? Mi amor… creo que mordí mi lengua desde hace mucho también.

— ¿Desde cuándo?

Estaba por responderle cuando sentí que la limosina se detenía, miré por la ventana y me fijé en el hermoso restaurant en el que nos habíamos detenido. Quise bajarme del regazo de Edward pero una mano en mi cintura me retuvo con la otra anclada en mi cadera.

—Estamos aquí —dije acariciando su mano para apartarla sutilmente.

Él negó con la cabeza —Respóndeme, ¿desde cuándo?

Miré mi regazo pensativamente y sentí nuestra puerta abriéndose, Edward estiró una mano tomando la manija y mirando hacia el chofer que nos estaba abriendo la puerta.

—Un minuto más por favor —dijo cerrando la puerta ante la mirada sorprendida del chofer.

—Edward, nos esperan —dije fijándome en su mirada expectante.

—Primero dime ¿desde cuándo sabes que me amas?

Cielos…

Fruncí el entrecejo pensando. ¿Desde cuándo? ¿Desde siempre? Ciertamente él me había tenido desde el principio a pesar de nuestro juego de seducción y a pesar de mis estúpidas mil maneras de alejarlo, pero aquí estaba, mi perseverante dibujante de sueños nunca se había rendido conmigo, sonreí recordando entonces el día que lo supe.

—Creo que caí por ti la noche que fuiste al aeropuerto a buscarme cuando mi mamá se fue —dije acariciando su mejilla— ese día supe que estaba perdida —suspiré— muy, muy perdida… ¿conforme?

Él sonrió y negó con la cabeza —Nunca conforme contigo, siempre seré un hambriento muerto de hambre cuando tiene que ver contigo, pero lo tolero… lo hago, por ti…

Dios… casi muero, me acerqué a él y besé sus labios lentamente acariciando la piel de sus mejillas con mis manos, delineé sus labios con la punta de mi lengua y la hundí en su boca sintiéndome de repente tan audaz, equivocado momento. Me aparté golpeándome mentalmente sin tomar en cuenta que Edward era como esos leños impregnados de combustible, una chispa, solo una y se encendía.

Apretó mi cintura con una mano y con la otra acercó mi cabeza a la suya presionando mi nuca, —Bésame o te juro que no seré capaz de soportar ni un minuto allí adentro sin hacerlo —hundió su lengua en mi boca antes de que me dejara tiempo a responder. Él estaba necesitado de mí y lo sentía, Dios… sí, lo sentía. Sin duda su pene erecto presionando contra mi culo me lo gritaba a voces, él embistió hacia arriba presionando su miembro mientras su beso se tornaba desesperado.

—Edward —logré decir entre sus labios. Sus dientes mordieron mi labio y gemí en su boca mientras sus manos me abrazaban con fuerza. Gruñó separándose de mi escondiendo su rostro en el hueco de mi cuello.

—Mierda bonita —gruñó respirando jadeantemente, ambos en el mismo estado. Abracé su cuello y suspiré con los ojos cerrados imaginando lo mucho que podríamos hacer en esta limosina, pero no… no era momento, nos estaban esperando y definitivamente uno de los dos debía tener la cabeza sobre los hombros o al menos pensar con ella.

—Vamos mi amor, mientras más pronto vayamos más pronto podremos irnos esta noche y hacer todo lo que deseas hacerme.

—Mmm… muchas cosas bebé —aflojó un poco el agarre de su mano en mi cintura y besó mis labios con ímpetu por última vez antes de soltarme —vamos, quiero hacer esto rápidamente y llevarte al hotel.

Sonreí bajándome de su regazo hacia el asiento, acomodé mi peinado y mi vestido y me esperó mientras me maquillaba una vez más los labios con mi gloss rojo. Cuando estuve lista él sonrió y besó mi mejilla y abrió la puerta que enseguida fue tomada por el chofer, Edward tendió su mano para ayudarme a bajar y juntos, entrelazando nuestros dedos caminamos hacia la entrada del restaurante, su sola apariencia externa me fascinó.

Era moderno y sofisticado al mismo tiempo, en colores blanco y negro por fuera con amplios ventanales que dejaban ver a los comensales a través de ellos. Edward me llevó de la mano hasta la entrada del restaurante, subimos las escaleras hasta llegar donde nos recibió el anfitrión con inclinaciones de cabeza, sonrisas amables y simpatía. Nos hizo pasar al interior y nos llevó a través del restaurant hacia el fondo del mismo donde un par de puertas dobles nos esperaban abiertas de par en par con mozos vestidos impecablemente quienes nos abrían las puertas con sonrisas de bienvenida. Al entrar emití un jadeo. Ingenuamente pensé que una cena era solo eso para los japoneses, pero no podía esperar menos del grupo de japoneses que había enviado una limosina a buscarnos.

—Woow —dije respirando de nuevo luego de contener el aire en mis pulmones. Edward me miró apretando mi mano y sonrió.

—No esperes menos de ellos, los japoneses se distinguen por tirar todo por la borda cuando de buen trato estamos hablando.

—Ya veo —dije admirando la sala privada a la que habíamos llegado. Era como un pequeño salón de fiestas apartado del salón del restaurant para los demás comensales. Estaba decorado con líneas modernas como el exterior del lugar, pero no solo en blanco y negro, predominaba ahora el rojo y el verde, contenía una cantidad de mesas redondas y grandes que se dispersaban a través de toda la sala y había un bar clásico japonés a lo largo de la pared del fondo, un espacio en el medio del salón, como si se tratara de una pista de baile y un escenario donde el telón rojo resaltaba y estaba cerrado, en una de las paredes laterales se asentaba lo que más me llamó la atención, un gran y largo acuario que abarcaba lo largo de la pared hasta una altura de un metro o dos, una variedad de peces de colores y otras especies pululaban allí.

—Señor y Señora Cullen, ¡bienvenidos! —un japonés joven de traje impecable nos saludó con una inclinación de cabeza, Edward y yo hicimos lo mismo. Pasé por alto el hecho de que me haya nombrado como la Señora Cullen y al parecer Edward también, por que en lugar de aclarar nuestra situación, pasó una mano posesiva por mi cintura y me acercó a él mientras seguía conversando con el hombre.

Un par de minutos después, nos invitó a pasar a sentarnos a una de las mesas del salón, Edward caminó junto a mi sin soltarme de la cintura y al llegar a la mesa apartó mi silla y me senté. Entonces caí en la cuenta de las esposas de los demás invitados, eran al menos un grupo de veinte y se mantenían calladas al lado de sus esposos o sostenían conversaciones entre ellas. Estaban vestidas con el atuendo típico de las japonesas, de telas brillantes y elegantes, algunas de ellas me miraban con curiosidad sonriéndome o solo mirándome, yo me limitaba a sonreírles cuando ellas lo hacían.

La cena se nos sirvió luego de que Edward hiciera una pequeña presentación del Cocoon Tower en el escenario, con imágenes digitales pasando sobre una gran pantalla, en ese momento me permití sonreír con ganas, orgullosa de mi novio, de mi amor, él hablaba tan entusiasmado de sus proyectos que no hacía más que contagiarme su amor por ellos. No solo de los que ya había hecho, como el Millenium Park, sino también con los que estaban en proceso, El Spire, su bebé más preciado, el Estadio de Wembley y ahora este, el Cocoon. Cuando finalizó su presentación fui la única mujer además de los hombres, que se había levantado de la silla a aplaudirlo.

Cuando él vino a la mesa, lo primero que hizo fue tomar mi cara entre sus manos y plantar un beso en mis labios, sus ojos brillaban ante el reconocimiento de los demás que aun aplaudían mientras me besaba, su sonrisa exultante sobre mis labios me hacía sonreír más. Por Dios… él me hacía feliz al estar cumpliendo sus sueños, proyecto por proyecto salido de sus manos. De repente me imaginaba un niño de diez años soñando con esos grandes e inmensos sueños de estructuras de acero y concreto, no pude dejar de aplaudir hasta que él me tomó las manos y me hizo abrazarlo por la cintura.

Luego habló Emmett sobre detalles menores de la futura construcción y luego Jasper acerca de su utilidad para la comunidad. Me sorprendí al saber que ese lugar albergaría miles de estudiantes de diseño, arquitectura e ingeniería. Estaba pensado y realizado por arquitectos, para futuras generaciones de arquitectos. Increíble.

Un mozo puso delante de mí un plato de extrema sofisticación, de esos que da miedo tocarlos para no arruinar su perfección.

—Es atún fresco fileteado y cocido al limón —Edward levantó uno de los filetes de atún —superpuesto a filetes de salmón rosado y con esta ligera ensalada de brotes y legumbres, prueba mi amor —me sonrió alzando un hombro— si no te agrada, siempre podemos pedir otra cosa.

Se suponía que esa era la entrada, por lo que disfruté de unas cuantos filetes de salmón y atún tomándolos delicadamente con mis palillos, imitando a las demás mujeres, que tomaban todo con tanta facilidad entre esos palillos, los brotes de legumbres estaban sabrosos, la salsa de soja era mi favorita y la de Leydi cuando ordenamos comida china.

El plato principal consistió en chuletitas de jabalí doradas al estragón y aromatizadas con lavanda montadas sobre un timbal de arroz. A pesar de lo extravagante del plato, todo estaba delicioso y no pude evitar gemir cuando saboreé llamando la atención de mi novio, que me miró con una ceja alzada y su mirada suspicaz. El postre llegó más tarde, era helado al tempura, que se derritió en mi lengua luego de romper la capa fina de masa frita que lo rodeaba, venía bañado de una ligera salsa de caramelo por encima e hilos de chocolate blanco, delicioso.

—Vamos a ir a conocer a otras personas cariño, han invitado a otros arquitectos renombrado de Japón y algunos empresarios que quieren conocerme ¿me acompañas?

—Claro —dije tomando su mano para levantarme de la mesa, dejé la servilleta sobre esta y enganchando mi mano en su brazo lo seguí.

Al principio sonreí amablemente a quienes él me presentaba, seguía haciéndolo como su mujer Isabella. Conocí a algunas de las esposas de los hombres que allí estaban y pude ver a algunas mujeres jóvenes como parte del grupo Wonghlan para el que Edward estaba llevando a cabo el proyecto, mujeres que le hablaban en ingles con amabilidad y cierta admiración y me miraban a mí con algo que reconocí como envidia o recelo.

De repente me sentí la típica mujer florero, que mi madre se negó a ser de cualquier hombre. Sosteniendo el brazo del agasajado y siendo pasada por alto, siendo vista como el joven capricho de un hombre que me pasaba en años. Enojada conmigo misma por mis propias limitaciones, mis defectos para sociabilizar con estas personas, mi falta de saber sobre el tema, mi nula capacidad para comprender el japonés, habían pocas interpretes en la sala y una de ellas estaba firme al lado de mi novio, joven y hermosa susurrándole al oído lo que quienes no hablaban en fluido ingles decían.

Mi mirada se dirigía de Edward a quienes frente a él derrochaban encanto, mujeres, hombres y hasta una geisha que nos sirvió el té. Sonreí por lo bajo al recordar mi versión sobre esta típica mujer oriental. Edward soltó mi cintura solo las veces que alguien nuevo se aproximaba y tenía que saludarlo con el típico apriete de manos americano junto a la inclinación japonesa de ellos, en esas ocasiones aunque pareciera tonto y estúpido de mi parte, me sentía sola, perdida hasta que él volvía a posar de nuevo su mano en mi cadera.

Cielos…

La noche se hizo larga por momentos, miraba a mi alrededor para ver si podía ver a Jasper o a Emmett cerca, pero ellos estaban en igual condiciones que Edward, entonces comprendí porqué ni Alice ni Rose mostraron su entusiasmo por venir. Me negué a sentir el repentino deseo de estar en casa en este momento cobijada mirando una película, extrañándolo. No, yo había venido para esto, apoyarlo y estar a su lado aunque me sintiera sapo de otro pozo.

Por momentos me sentía ambivalente, tan perteneciente a su lado, pero tan fuera de lugar en su mundo. Él hablaba con los japoneses mientras la intérprete se dedicaba a su lado a traducir palabra por palabra, reía, asentía, exponía sus opiniones, tan cómodo en ese mundo que por años había estado sumergido. Yo mientras tanto me mantenía tomada de su brazo, simplemente sonriendo cuando algún que otro japonés se molestaba en mirarme o sonriéndole a él cuando me miraba unos segundos para saber cómo iba todo. Un simple "Bien" hacía que él asintiera con una sonrisa, besara mi frente y volteara para continuar en su elemento, un mundo lleno de banalidades, lleno de palabras que no entendería a menos que fuera una gran y exitosa ingeniera, un mundo lleno de conceptos que yo no registraba en mi vida. Una vida tan simple y hasta ahora tan vacía sin él.

Miré mi vestido, era hermoso, un regalo que él insistió en darme, se ajustaba perfectamente a mi cuerpo y hacía que mi piel destellara, el suave encaje y bordados de piedras hacía que la mejor vestida de la noche fuera yo, que hasta las esposas de los inversionistas voltearan a mirarme.

¿Por qué no me sentía cómoda? ¿Tendría que acostumbrarme? Claro que si… era la primera vez que Edward me sacaba en público, la nueva novia del famoso arquitecto. Así era como sentía que me veían los demás en ese salón, nada más ni nada menos.

Alcé la mirada para verlo, si… él pertenecía a este lugar. Él se destacaba, no solo por su apariencia, el hombre más guapo que mis ojos habían visto en toda mi vida, sino por su porte, su inteligencia, su éxito y su seguridad. Edward Cullen era de los altos mundos y ahora yo era la que notaba cuán bien pertenecía a los bajos mundos. Una simple estudiante de periodismo que seguramente no iba a trabajar más que en un periódico o de guionista en un canal de televisión. Mierda… ¿por qué esta cena, con lo hermosa que me veía, no servía para alimentar mi ego y satisfacer mis ansias de encajar en su mundo, sino todo lo contrario?… estaba haciendo mi seguridad decaer, estaba viendo como me veían los demás, como seguramente los de su círculo observaban. Estaba segura que si Heidi estuviera cerca, oiría su risa a kilómetros de distancia, como esas malvadas brujas en las películas. Ella seguramente sabría como interactuar, como igualar ese porte y seguridad que Edward destilaba.

— ¿Aburrida? —miré a mi lado, Gio estaba observándome con una ceja alzada y una copa en la mano, se había vestido con un traje oscuro y corbata y su cabello bien peinado, tan diferente al chico con gorra y zapatillas. Suspiró mirando a Edward y la gente con la que hablaba —Te entiendo, estas cosas aburren mucho… personalmente prefiero quedarme en casa.

Sonreí rezagadamente, — ¿Por qué entonces no te quedaste en la habitación?

Él se alzó de hombros —Porque pensé que podía divertirme encontrando gente tan aburrida como yo… —se alzó de hombros.

—No estoy aburrida —murmuré despacio haciendo una mueca, no quería que Edward escuchara —no sé muy bien cómo actuar frente a esta gente —Gio alzó una ceja y rió entre dientes.

— ¿En serio?... haz como yo, ríe por todo lo que te digan, asiente a todo y tararea alguna canción estúpida en la cabeza hasta que todo pase, ni lo notarán —reí por primera vez en la noche— exacto… así, pero con ellos —señaló a los japoneses que estaban al pendiente de Edward.

¿Cómo hacerlo? Si ni siquiera mi propio novio se molestaba en mirarme.

—Uff Bella… creo que lo que en verdad necesitas es un trago ¿vamos? — alzó su brazo esperando a que yo lo tomara, miré a Edward, él estaba inserto en una charla bastante concentrado —recuerda, no lo notaran.

Edward miraba unas imágenes digitales que le mostraban en una Tablet y hablaba con respecto a ellas con los que lo rodeaban. Suspiré y desistí el avisarle, algo importante estaba acaparando su atención y no quería entrometerme, por lo que di un paso hacia atrás y volteé hacia Gio que me miraba con media sonrisa, tomé su brazo y comencé a caminar hacia donde él me guiaba.

—Así que, dime ¿quieres tomar algo en especial o lo dejas a mi criterio? —él me encaminó hacia la barra de bebidas, un mozo estaba allí sirviendo lo que parecían ser Martinis a los invitados, desvió su atención a nosotros y con un asentimiento de cabeza y una sonrisa espero que le diéramos nuestra orden.

—Algo suave… ya tomé dos copas de sake.

Gio miró al mozo y alzó dos dedos —Asahi —el mozo asintió en reconocimiento y sacó dos botellas de cerveza japonesa de un cuenco donde habían varias sumergidas en hielo picado. Miré a Gio y alcé una ceja —Son suaves… ricas y tradicionales, en realidad, no es nada del otro mundo, son solo cervezas prueba una —tomé la que él me tendía y llevé la botella a mis labios bebiendo un sorbo. Sabía a algo que ya había probado, pero no podía identificar bien, Gio dio un par de sorbos y asintió satisfecho cuando dejó de beber —cerveza de trigo… mezclado con té verde.

—Oh… —era ese el sabor que ya había probado antes —es… rica —tomé otro sorbo.

Miré a través del salón hacia el lugar donde había estado a un lado de Edward, él seguía inmerso en su charla con los accionistas y lo habían rodeado en un círculo, miré a Gio y él me devolvió la mirada calculadora.

—Es la primera vez, te acostumbraras… —murmuró llevando la boca de la botella a sus labios, aparté la mirada cuando mis ojos involuntariamente observaron su nuez de Adán subir y bajar con cada trago.

— ¿De qué hablas? —tomé un sorbo de mi cerveza.

—De eso —el señaló con su botella a Edward riendo por algo que una de las mujeres había dicho—. Él suele ser apasionado con su trabajo, sus sueños y proyectos son primero que todo lo demás y es en estas ocasiones donde todos nos damos cuenta de que "The Four" sin él no sería nada —él frunció el ceño— su trabajo es su vida.

Bajé la mirada a la botella en mis manos sintiéndome ambivalente nuevamente, Edward había dicho una vez que yo era su todo, que nada le importaba más y no sabía cómo sentirme respecto a eso. No quería ser una distracción pero tampoco quería que el trabajo lo acaparase, aunque no debía sentirme enojada si eso sucediese, porque por supuesto, su trabajo era importante. ¿No existía un término medio en esta situación? Porque realmente lo necesitábamos.

—Puedo lidiar con eso, sé que su trabajo significa todo para él, sus sueños, sus metas como profesional, todo sé que es importante para él. Y me alegra verlo tan… inmerso en eso, está en su elemento, es como observar al tiburón, haciendo lo que el tiburón hace. Estoy muy orgullosa de él… —sonreí volteando a mirar a Gio. Él me observaba especulativamente.

—Eso es bueno, la mayoría de las mujeres no soportarían tanto viaje, tanta ausencia, reuniones hasta altas horas de la noche, trabajo en casa… —hizo una mueca.

—Sé a lo que me enfrento y lo respeto, él sabe cómo recompensarme—me arrepentí de decir eso al mismo momento que lo dije. Gio sonrió asintiendo y levantó la botella en forma de brindis.

—Brindo por eso… Edward es afortunado —bajé mi mirada— creí que ya era afortunado cuando lo veía con Heidi Vulturis, parecía feliz con ella o al menos conforme, ella parecía la perfecta muñequita Barbie contorneándose a su alrededor cautivando a quienes se acercaban a él, pero… bueno, las cosas cambian y ahora es cuando veo lo afortunado que es en realidad —lo miré de nuevo.

—No soy una muñeca Barbie —dije en mi defensa— no me compares con ella.

Rio entre dientes —Créeme que no lo estoy haciendo, nunca lo haría. Eres a leguas, muy diferente a ella, en todos los sentidos. Conociéndote me doy cuenta de cuan devaluado esta el sentido de la perfección, nadie es perfecto, es un término muy oscilante… pero si tuviera que darle una valorización justa, tú lo serías.

—Bien —reí— gracias… en realidad, la perfección es diferente para cada uno, es según el cristal con que lo mires.

—Exacto, pero a lo que me refiero es que, cuando crees que estaban bien y que no podría haber nada mejor para ti, ¡zas!... aparece algo que tira por la borda todas tus convicciones —y parecía tan seguro de ello.

Reí negando con la cabeza — ¿Y eso se supone que te pasó a ti? Porque hablas como si tuvieras experiencia con ello.

—Creo que nos pasa a muchos, entre ellos a Edward, no puedo culparlo de mirarte como te mira —me mordí el labio.

— ¿Cómo se supone que me mira? —Sonrió rezagadamente pensando por un momento.

—Como si fueras el sol, enceguesidamente, así te mira —sus ojos grises era intensos y tuve que apartar mi mirada, no sabía muy bien por qué me era incomodo retenerla.

— ¿Y eso se supone que es bueno o malo? —comencé a sacarle la etiqueta a la botella muy distraídamente mientras pensaba en las palabras de Gio.

—Según —dijo cerca de mí— es malo cuando estas tan enceguecido que te encandilas con lo que tienes en frente y es bueno porque no eres capaz de ver nada más —no supe por qué, pero parecía estar hablando de sí mismo y no de Edward. Él pareció palpar en el aire mi incomodidad y respiró profundo alejándose —ahora, amiga mía… ¿tienes ganas de conocer más sobre Tokio mañana? Hoy no te vi en el desayuno, tuve que ir solo por la ciudad como cachorro abandonado.

Oh mierda…

—Mmm… sí, pedí el desayuno a la habitación —me alcé de hombros— ¿qué tienes en mente?

—No lo sé, desayunemos juntos mañana y veremos.

Hice una mueca, tenía que hablar con Edward y preguntarle si nuevamente iba a estar ocupado para mañana, si lo estaba quizá sería buena idea salir con Gio otra vez, la anterior ocasión fue un buen momento y no veía nada de malo salir otra vez con él si Edward estaba ocupado. Además, él no había hecho un escándalo por el hecho de haber visitado parte de la ciudad con Gio el día anterior, sabía que Edward era celoso y posesivo, pero por algún motivo no pareció molestarle mi salida cuando le conté sobre mi aventura en la ciudad junto a su estudiante en pasantía… ¿Me preguntaba por qué?

Suspiré mirando nuevamente en dirección a Edward, esta vez me topé con su mirada. Sus hermosos y llamativos ojos verdes estaban mirando directamente hacia mí y me estremecí, mi cuerpo reaccionó en la forma en que lo hace cada vez que siente su mirada barriendo por mi piel, caliente, estremecedora y vibrante, como una invisible energía que atraviesa la habitación para estrellarse en mi piel. No supe descifrar su mirada, solo vi que no apartaba la vista de nosotros, de mi específicamente a pesar de que su compañía alrededor le hablaban como si él los estuviera escuchando. Levantó la copa que tenía en su mano hacia sus labios y bebió lentamente sin dejar de mirarme, pensé que iba a venir por mí, en un momento él se apartó inconscientemente de los demás pero pareció pensarlo mejor y no lo hizo, en lugar de eso, volteó hacia lo que le estaba diciendo la interprete y continuó tomando atención de los demás que lo rodeaban, aunque podía decir que no con tanto esmero como lo estaba haciendo antes.

—Te invito a ver el acuario Bella ¿lo has visto ya? —preguntó Gio sacándome de mi abstracción, separé mi mirada de la nuca de Edward y lo miré.

—No… no tuve la oportunidad.

Él tomó mi codo y me guio a través del salón hacia la pared donde el inmenso e impresionante acuario llamaba la atención de muchos de los invitados. Sentí los dedos de Gio rastrillando mi baja espalda y me tensé, di un paso hacia adelante aproximándome hacia el cristal del acuario y pretendí estar interesada en las especies de peces que nadaban en sus aguas. Había de todas clases y eran tan llamativos, de diferentes colores y con distintas características, por el fondo del acuario pude ver pequeñas tortugas marinas deslizándose con sus aletas por el suelo de guijarros. Alcé la mirada a uno de los carteles informativos que había sobre la pared por encima del acuario, pez escorpión, pez león, pez payaso, pez loro, cientos de especies exóticas que fueron traídas de los mares de Australia y el golfo de México, al parecer el acuario que estaba frente a mis ojos era otra muestra más de lo mucho que a los japoneses les gustan las cosas exóticas.

Suspiré disimulando una sonrisa, sin poder evitar pensar en la degustación de pitahayas que Edward y yo compartimos el día de nuestra llegada a Japón y todo lo que vino después.

Sentí nuevamente una mano acariciándome la espalda baja esta vez con más énfasis, quise apartarme pero no tenía lugar para moverme, habían personas a mi alrededor y por delante tenía el acuario. Luego de unos segundos no fui capaz de moverme, reconocía esa caricia como fuego líquido corriendo por mi cuerpo, sabía a quién pertenecía. Alcé la mirada para fijarla en el cristal frente a mí y vi su reflejo, él estaba detrás de mí mirándome a través del cristal, sus ojos intensos me buscaban y me anhelaban, reconocía esa mirada. Alcé una mano y coloqué mi palma sobre el vidrio, justo cuando un hermoso pez azul con aletas como los bolados de un vestido, pasaba frente a mis ojos.

Lo sentí acercarse más a mí, rodeó mi cintura con uno de sus brazos posesivos y su otra mano cubrió la mía sobre el cristal, entrelazando sus dedos con los míos, sus labios besaron el lóbulo de mi oreja y su mano presionó sobre mi vientre empujándome hacia él. Jadeé luchando para no cerrar mis ojos y abandonarme en el deseo, no era ni el lugar ni el momento, simplemente me quedé allí mirando sin ver los peces del acuario mientras él besaba la piel sensible de mi cuello y su mano acariciaba casi reverencialmente mi bajo vientre.

—Te extrañé —dijo separando levemente sus labios de mi piel —por Dios Bella, te sentí lejos desde el mismo momento que entramos aquí y supe que te habías separado de mí desde el primer segundo que te fuiste con Gio —su voz parecía tranquila y monótona, pero pude vislumbrar una pequeña pizca de ansiedad. — ¿Estas aburrida mi amor?

Negué con la cabeza y traté de sonreír, —No, no bebé, no lo estoy —tomé una respiración profunda y volteé hacia él para verlo a los ojos, sonreí de nuevo —Estoy bien, todo es tan hermoso… solo, estoy un poco abrumada. Esto es tan hermoso —di una mirada sobre mi hombro hacia el acuario.

— ¿Por qué te alejaste de mí? —preguntó abarcando mi cintura con ambos brazos, dejó caer su frente contra la mía. Cerré los ojos sonriendo suavemente y subí mis manos por sus brazos hasta sus hombros, —sé que esto es una mierda nena, pero tengo que hacer lo que tengo que hacer…

—Hey, hey… lo sé —mierda… de repente me sentí culpable por ser tan egoísta, él estaba aquí para cumplir con su trabajo, esto no era por placer. Se supone que yo lo había acompañado para ser su apoyo, su pilar y su compañía esta noche, pero a la primera vez que me sentía insegura me alejé. Me golpeé mentalmente—. No me estoy quejando, no te reprocho nada, Edward solo fui al bar por un trago y luego vine a admirar esto, nada más, no me aburrí, no quise alejarme de ti, perdóname si te hice sentir como si lo había querido. Solo… estabas concentrado y entretenido hablando con tus colegas, yo… tenía sed y no quería interrumpirte.

— ¿Por qué no me dijiste? —frunció el ceño.

—Porque, como dije, estabas ocupado, no quería interrumpir.

—Prefiero que interrumpas y me digas lo que tengas para decirme sin reprimirte nada a que acudas a otro hombre para lo que desees.

Lo miré con los ojos bien abiertos, parecía frustrado, enojado y con una repentina posesividad —Gio apareció solo para hacerme notar lo muy entretenido que estabas —mierda… cerré los ojos conteniéndome de hablarle como le había hablado, no era el puto momento, tomé una respiración profunda y abrí los ojos tratando de suavizar mi mirada —estabas ocupado, me invitó un trago y acepté, ¿hay algo de malo en eso? Pensé que te caía bien Gio.

—Me caía bien hasta el momento en que viene a sacar de mi lado a la mujer que amo —dijo entre dientes, su mirada destellaba enojo mal disimulado. Dios… me ablandé un poco con su declaración, alcé mi mano y acaricié su mejilla suavemente tratando de apaciguarlo, mi papi celoso estaba a flor de piel.

—Te amo, nadie puede sacarme de tu lado aunque quisiera, fui por un trago y como estabas inmerso entre conversaciones decidí caminar un poco por el salón.

Sus ojos me miraron por unos largos segundo, como buscando en mi mirada si estaba siendo sincera, bueno… no, no lo estaba siendo totalmente, pero no quería molestarlo. Punto.

Él me miró determinado y tomó mi mano, —Nos vamos… pueden seguir con la cena sin mi —dijo tirando de mí.

— ¿Qué? —él se detuvo para evitar armar una escena, yo tiré de mi mano y lo miré con el ceño fruncido —amor, estamos bien, eres el agasajado, no puedes irte así como así.

—Puedo hacer lo que quiera, eres mi mujer y te sientes incomoda, lo siento Bella —dijo acercándose a mí— siento cada onda que tu cuerpo emite de incomodidad, no quiero que te sientas así… vamos.

—Edward —dije sintiéndome de lo peor, el me miró con el ceño fruncido, apretando sus dientes y con su rostro tenso, estaba enojado y lo que menos quería es que estuviera enojado conmigo por ser una tremenda estúpida egoísta —puedo manejarlo, perdóname por haberme alejado de ti, por no haberte dicho nada, pero… vaya amor, no puedo ir por la vida avisándote de cada una de mis necesidades, puedo arreglármelas yo solita, tú estabas ocupado, no pensé que te enojarías si me separaba unos minutos de ti para beber algo y conocer el lugar, lo siento, por favor no te enojes, esta es tu noche.

Él suavizó su entrecejo —No… no estoy enojado contigo, nunca… solo… —cerró momentáneamente sus ojos, cuando los abrió apretó la mandíbula por última vez antes de mirar sobre su hombro, Gio estaba en la barra de bebidas hablando con una mujer bonita, la reconocí como la interprete que había estado toda la noche a un lado de Edward. Cuando Edward me miró de vuelta, Gio desvió su mirada hacia mí y me guiñó un ojo levantando su copa ligeramente. Miré a Edward rápidamente.

—Ven —sonreí tomando de su mano —relájate un poco —dije llevándolo al centro del salón donde unas cuantas parejas estaban bailando al son de una suave música. Lo acerqué a mi aliviada de ver la tranquilidad en sus ojos y abracé su cuello con ambos brazos acercando mis labios a los suyos, —te amo —susurré cerrando los ojos.

Él no dudó en apretar mi cintura con sus brazos y profundizar el beso, gruñó en lo profundo de su garganta cuando me apretó contra él, como si estuviera extasiado, necesitado de mí, hambriento de mi boca. Me besó con fuerza, hundiendo su lengua en mi boca, chocando sus dientes con los míos… a los pocos segundos éramos un lio completo de saliva y jadeos. Gemí despacio sintiendo su pesada erección en mi bajo vientre. Dios…

—Mierda bonita, seguimos así y si nos iremos de aquí… —él mordió mi labio inferior y yo lamí en suyo —soy tuyo el resto de la noche, dime qué hacer y lo haremos.

Lo miré con una sonrisa vacilante en mis labios, — ¿quieres decir que… podemos hacer lo que queramos?

Él besó mi frente y sonrió —Exacto… dime, pide y se te concederá —rio entre dientes, —déjame ser tu puto genio de la lámpara —reímos juntos y cerré los ojos apoyando mi frente en la suya, sentí sus relajantes manos acariciando mi espalda baja mientras nos movíamos en la pista, las luces del salón se habían suavizado tornando el lugar más oscuro, como todo en Japón los colores destellaron por todo el lugar con las luces láser de colores. Entonces se me ocurrió algo.

—Vi en el itinerario algo que solo se da de noche, las luces del puente de Tokio… no sé cuán lejos esta de aquí, pero podemos ir a verlo ¿no?

—Bien, vamos… la limusina nos está esperando —él besó una vez más mi frente y tomó mi mano llevándome a través de las mesas hacia la nuestra, los socios de Wonghlan conversaban y reían hablando con Jasper y Emmett. No podía imaginarme qué ocurrencias estaba teniendo Emmett para tener así de descostillados de la risa a los japoneses, pero hubo algo en su expresión que me decía que se trataba del típico humor americano. Edward le dijo algo al oído a Jasper y a la intérprete que cerraba el círculo, ella lo repitió en japonés a los socios y estos se levantaron de sus sillas rápidamente sonriendo a mi dirección y a Edward. Pronto fui aturdida por saludos agradecidos, inclinaciones de cabeza y un ramo de flores enorme que uno de los hombres parte del grupo, puso en mis manos.

—Fue un placer tener su presencia aquí esta noche —dijo la interprete a mi oído mientras el hombre de ojos rasgados me miraba con una sonrisa amable y continuaba hablando —el Señor Kawagishi dice que el Señor Cullen es muy afortunado en tenerla como compañera, todo gran arquitecto necesita a una gran mujer para mantener sus pies en la tierra y no en los cielos —tanto la interprete como el señor Kawagishi rieron y no pude evitar contagiarme. Hice una inclinación de cabeza y él siguió hablando acercándose a mí, Edward estaba atento a lo que otra intérprete decía mientras miraba a otros de los socios del grupo japonés —asegúrese de decirle que si, contamos con un hombre feliz para realizar el proyecto y por lo que vi esta noche y por cómo escuché al Señor Cullen hablar de usted, con tanta adoración y tanto amor… no será raro que pronto escuchemos noticias de boda. No hay nada más productivo que un arquitecto feliz.

Oh por Dios…

Con mi aturdimiento y todo fui capaz de inclinarme y sonreír todo el tiempo… ¿Edward había hablado de mi? ¿boda?... mierda…

Pasaron un par de minutos en los que me dediqué a saludar con una inclinación a las mujeres que nos despedían y tendiendo mi mano a los japoneses que besaban el dorso como saludo. Edward me tomó de la mano y luego de obtener nuestros abrigos, una chalina de terciopelo blanco para mí y Edward un sobretodo negro, salimos a la noche hacia la limosina que nos estaba esperando. Entramos en el interior entre risas, con nuestros cuerpos relajados gracias a los pocillos de sake que habíamos tomado, el vino y la cerveza.

Edward le dio indicaciones al chofer sobre dónde debía dirigirse, luego subió la ventana opaca que nos separaba de la cabina del chofer y atacó mis labios metiendo su mano por debajo de mi vestido.

—Dios, cómo te extrañé —dijo entre besos apurados, su mano subió por mi pierna hacia el interior del muslo y tanteó mis piernas separándolas, tomé su rostro con ambas manos enredando mis dedos en su cabello y lo besé con intensidad. Sus labios se desviaron hacia mi cuello y gemí cuando su dedo mayor apartó a un lado mis bragas y se metió profundamente entre mi vulva hinchada y mojada, —cielos nena, te quiero coger, aquí, no puedo aguantar.

Aparté su rostro con mis manos y lo besé de nuevo ahogando mis gemidos en su boca mientras su dedo entraba y salía de mi interior, el aire se tornó embriagador por el aroma a mi excitación y los sonidos eran variados, desde jadeos, gemidos y la succión de sus dedos por mi vagina.

—Edward —gemí escondiendo mi cara en su cuello y oliendo el aroma de su perfume, oh por dios… podía morir ya mismo y morir feliz. Él sacó su mano de mi entrepierna y rápidamente me tomó de la cintura para colocarme sentada sobre el asiento, él se arrodilló en el suelo frente a mí, enganchó sus dedos en las tiras de mis braguitas y las sacó por mis piernas—. ¿Amor?... amor, vamos a llegar —dije apretando los dientes cuando él subió la fanda de mi vestido hasta la cintura, abrió mis piernas con ambas manos ampliamente y tragó saliva mientras su mirada ardiente y desesperada estaba fija en mis labios vaginales hinchados y mojados,

—No… no vamos a bajar hasta saciarme —dijo antes de enterrar su cabeza entre mis piernas.

Oh si…

Él recogió con su boca todo el producto de mi excitación, me penetró con fuerza tanto con sus dedos como con su lengua, chupó mi clítoris y tomó de él mientras me corría fuerte sobre el asiento, tirando del cabello de su cabeza, tuve uno de los orgasmos más intensos de mi vida, tal vez por el sentir que podía ser oída, por hacerlo en un auto que viajaba en la carretera mientras el resto del mundo, que lo veía pasar no tenía ni idea de lo que sucedía dentro.

Para cuando llegamos al Puente Arco Iris, como lo había llamado Gio, cuando leímos el itinerario juntos el primer día, estaba jadeante, sudorosa y mi garganta ardía por los gemidos reprimidos. Edward recostó un momento su cabeza sobre el asiento tarareando una tonta canción de navidad mientras yo me acomodaba el cabello, sonreí al descubrir por qué lo hacía, trataba de bajar su pene hinchado tan evidente debajo de su pantalón. Cuando terminé de arreglar mi cabello, el chofer abrió la puerta y Edward bajó de un salto estirando su mano, la tomé y bajé sonriendo ante su entusiasmo. Pero pronto mi boca quedó abierta no gracias a mi felicidad, sino por lo que tenía frente a mí.

El puente era imponente y si… las luces que lo iluminaban en su totalidad eran de diversos colores, siguiendo la paleta de colores del arco iris y cambiando sutilmente de un color a otro. Cielos… era una vista hermosa. Edward me llevó por una rampla de madera iluminada por pequeñas lámparas japonesas hasta que descubrí que era una especie de muelle. Cuando llegamos al final caí en la cuenta del yate enorme que estaba reposando en la orilla.

— ¿Qué es esto? —dije tomando la falda de mi vestido con una mano para que no se estropeara con las maderas mojadas, mis tacones resonaron en el suelo pero Edward no me respondió, él continuó caminando hasta llegar a la casilla iluminada. Un hombre de mediana edad salió acompañado de dos hombres más a recibirnos haciendo una inclinación ante Edward. Intercambiaron algunas palabras entre el español y el japonés y cuando el hombre sonrió satisfecho al igual que Edward, supe lo siguiente que haríamos.

—Mi amor, él es Kioto, nos llevará a dar un paseo por el río para ver más de cerca el puente y los alrededores —miré al hombre que a pesar de la hora mantenía una sonrisa amable en su rostro. Incliné mi cabeza emitiendo un "Arigatô" por su amabilidad. Edward se aferró fuertemente de mi mano y me llevó a la orilla del muelle donde una especie de rampla nos separaba del yate—. No lo puedo creer, ¿cómo lograste esto?

—Querías ver el puente ¿no?... pues lo veremos de cerca, ya verás —me guiñó un ojo y me dejé llevar aturdida hacia el interior del yate, con ambas manos me aferré a los pasamanos y caminé tratando de no desesperarme con el suave movimiento que hacía el yate sobre las aguas ondulantes. Edward iba llevándome de la cintura hacia la parte delantera de la embarcación, cuando llegamos me aferré con ambas manos a los pasamanos y él rodeó mi cintura con sus brazos tomándose de pasamanos al igual que yo, hizo una especie de jaula con su cuerpo y me sentía un poco mejor, sumamente protegida por él.

—Es muy tarde… ¿cómo lograste que hicieran esto? Seguramente estos hombres estaban descansando —dije escuchando los traqueteos que el capitán del yate hacía para zarpar en cualquier minuto.

—El Señor Kawagishi me dijo que podía hacer algunos arreglos cuando le conté que te traería aquí —murmuró para luego besar la piel debajo de mi oreja—. No lo dudé, quiero lo mejor para mi nena, aquí lo tienes amor… ¿trajiste tu celular?

—Sí —rebusqué mi celular en mi pequeño bolso de mano y lo puse en modo de cámara. Sacamos fotos al puente, al paisaje nocturno y a nosotros mismos en diferentes poses, besándonos, abrazados, con la frente juntas y mirándonos a los ojos, esa fue mi favorita, mirando al horizonte donde una gran luna se asomaba.

—Mira la manera en que las luces cambian, las miles de pequeñas lámparas que emiten las luces de colores, están dispuestas sobre el cableado—Edward señaló con su dedo los tirantes de acero que bajaban de los dos grandes pilares hacia los laterales del puente. Sonreí ligeramente, amaba cuando el arquitecto en él salía a la superficie, hablaba tan apasionadamente de todo lo referido —…funcionan con la ayuda de la energía solar que adquieren durante el día, es increíble… si tenemos tiempo alquilaré un auto para que mañana lo veamos mejor. Es una de las maravillas arquitectónicas más impresionantes de Tokio, tiene 918 metros de largo y su sistema es de suspensión, ¿ves como las cuerdas de acero lo sostienen de cada lado? Es muy parecido al Golden gate, cuando la distancia es mayor es el sistema más usado en puentes, es decir… es más fácil de esta manera que hacer pilares bajo el agua— se detuvo cuando vió mi sonrisa maravillada, él sabía tanto, él era un erúdito en el tema. Rio escondiendo su rostro en mi cuello —no puedo detenerme una vez que empiezo… tú detenme con un beso ¿si? — y por supuesto lo besé.

El paseo por debajo del puente fue asombroso, reí cuando los flashes de luz multicolores iluminaron el barco y todo se vistió de colores, pero me sorprendí aun más cuando noté que en realidad el barco tenía sus propias lámparas por todo el lado del barco, que hacía que luciera los mismos colores del puente… incluso mi vestido se vistió de colores, el rostro hermoso y sonriente de Edward y la pupila verde en sus ojos, fue asombroso, ese momento nunca lo olvidaría en mi vida.

El yate viró para volver al muelle, Edward me llevó a un par de cómodas reposeras de cuero blanco que había cerca de nosotros y me hizo sentarme en su regazo, envolvió mi cuerpo con sus brazos y escondí mi rostro en su cuello. Quedó pensativo mirando el horizonte y me pregunté que sería lo que estaba cruzando por su cabeza. Luego de un par de minutos lo supe.

—Quiero que seas sincera conmigo Bella, quiero… que seamos sinceros el uno con el otro, lo prometimos —levanté mi mirada a la suya y fruncí el ceño ¿de qué hablaba? Sus ojos intensos casi veían en mi interior, sabía que podía hacerlo cuando hizo su pregunta —quiero que me digas realmente ¿por qué saliste de mi lado en la cena? ¿por qué no me dijiste nada? ¿Por qué te fuiste con Gio? —oh Dios… bajé mi mirada a mi regazo algo molesta, ¿iba a continuar con eso?. Sentí un dedo en mi barbilla y tuve que mirarlo.

Dios… suspiré casi frustrada, ¿no podía dejarlo así? Negué con la cabeza y tragué saliva para decirle la verdad.

—Estaba frustrada… desorientada y confundida —murmuré casi avergonzada sintiendo como un déjá vu, habíamos transitado este camino ya, cuando fuimos a casa de sus padres yo le había salido con la misma inquietud, pero… bueno, no terminaba de acostumbrarme, no sabía si algún día lo haría totalmente —Tú estabas en tu elemento, manejándote tan bien ante tantas personas extrañas para mí, tenías una intérprete a tu lado, tenías tu seguridad y tu porte, todos estaban como encandilados contigo, incluso las esposas de los socios… yo… —suspiré mirando su corbata, no podía mirar a sus ojos, no quería ver en ellos el enojo —yo me sentí totalmente fuera de lugar.

—Oh Dios… —respiró tensándose debajo de mí.

—Sentí que no estaba a tu altura, me sentí tonta y tan poca cosa, nunca… nunca… me sentí así, nunca, lo juro, pero esta noche… Dios… no tengo derecho Edward, tú haces tanto por mí y yo solo tenía que devolvértelo siendo paciente y estando allí para ti aunque solo fuera para sostener tu brazo, yo… lo siento —a esas alturas mis lagrimas estúpidas a causa de la frustración rodaban por mi cara —lo siento… llegaste a mí con todo tu mundo, no puedo terminar de acostumbrarme, sé que fue nuestra primera salida juntos y ya fue lo suficientemente malo que haya sido en un país extranjero donde no puedo entender ni jota de lo que dicen —reí tontamente entre lágrimas y tapé mi rostro con ambas manos —simplemente lo siento… si decides sacarme a cualquier evento nuevamente, sé que será más fácil —gemí de frustración ¿por qué mierda lloraba? No podía contener mis lágrimas, simplemente salían.

Sentí sus suaves dedos rastrillando las lagrimas de mi cara y bajé mis manos a mi regazo, cuando lo hice él tomó mi rostro y me hizo mirarlo, se veía tan enojado… mierda.

—No lo haré de nuevo —dije abriendo mis ojos— lo prometo, sé que te avergoncé, por Dios… ¿qué habrán pensado cuando no me vieron a tu lado sino tomando un trago con otro hombre? —cerré los ojos enojada conmigo misma por no haber sido más cuidadosa.

—Escúchame y deja de hablar —murmuró con voz firme. Contuve mi respiración sin abrir los ojos, Dios… no sé qué me esperaba, pero lo que fuera no podía llegar a ser lindo, sonaba tan enojado—. Abre esos ojos y mírame —oh cielos… lo hice lentamente y parpadeé mirándolo, su gesto se había apaciguado un poco, pero aun parecía molesto — ¿por qué… por qué no me dijiste que te sentías así? —susurró con voz rota.

Parpadeé al ver como sus ojos brillaban ante la luz de la luna, negué con la cabeza y miré sus labios —Estabas tan entretenido con lo que fuera que estaban hablando, no quería… no quería parecer tonta al decirte algo así, es tan estúpido.

—No… Bella, mírame por favor —alcé mi mirada a sus ojos— debiste decírmelo, debiste llamar mi atención y decirme cada palabras que me dijiste ahora, si supieras… si supieras lo pendiente que estaba de ti. Pensé que estabas a gusto… en serio lo pensé hasta que deslizaste tu mano de la mía y te fuiste de mi lado, en ese momento me di cuenta que algo andaba mal. Dios bebe… todo era caótico, no podía salir de ahí para ir a buscarte, pero tenía la necesidad urgente de hacerlo… fue por cuando te vi junto a Gio, cuando tendría que haber estado yo contigo—cerró los ojos fuertemente y cuando los abrió vi tristeza en ellos —ese es mi mundo y así de egoísta como soy, lo siento, pero te quiero en él… no concibo mi vida sin ti en mi mundo —negó con la cabeza— no importa cuánto lleve acostumbrarte a él, lo harás… lo harás mi amor porque muy pronto deslizaré un anillo en tu dedo que te dará la seguridad que necesitas, no soy nadie sin ti… nadie —acercó su rostro al mío y parpadeé aturdida, oh por Dios… —te necesito a mi lado, pero no serás solo alguien que cuelgue de mi brazo, no… no te mereces ser tan poca cosa, procuraré siempre, siempre prestar atención a tus incomodidades y lidiaremos con ellas mi amor, te ayudaré, nunca más te sentirás sola como hoy… por Dios —jadeó negando con la cabeza —eres el centro de mi universo y te lo demostraré, esta noche fue abrumadora para mi también… y cariño, no me avergonzaste, no… nunca lo harías, estoy enojado conmigo mismo por no saber interpretar tus silencios, quiero hacerlo, quiero conocer cada uno de ellos, cuando lo haga, nunca más tendrás que lidiar con algo así por ti misma. Lo siento tanto mi amor —jadeó— lo siento tanto.

Cerré los ojos totalmente aturdida y hundí mi rostro en su cuello sintiendo sus brazos apretarme contra él, su boca estaba a centímetros de mi oído y lo sentía susurrar cosas, "nunca más", "eres mi todo", "mi nena", "perdóname"…

Para cuando llegamos al muelle, él tomó mi rostro y plantó un beso prometedor en mis labios, tomó mi mano y me ayudó a bajarme de su regazo. Estaba aturdida aun cuando subimos a la limosina, estaba aturdida cuando llegamos al hotel y definitivamente estaba aturdida cuando envolvió sus brazos debajo de las sábanas en mi cintura y susurró en mi oído un "pronto".

Cielos…


aaauuuuu... (suspiro) sip, muy lindo, muy lindo, pero... ya vamos a ir de vuelta a Chicago, solo un capi mas y para el otro, volvemos...

Gracias por la espera a todas, las amo por siempre estar ahi, a todas las nenas que envian sus reviews y a las locas del grupo en facebook, las amo. Pero sobre todo quiero darle un enrome GRACIAS a mi beta; Ginette Bri Drb. Gracias preciosa!

Ahora si... en el próximo cap hay mucho color, mucha musica y mucha felicidad también, aunque también muchos celos, mucho Gio y mucho más papi, no puedo esperar para escribirlo!

Besos a todas...

Lu