Capítulo 25
Ryan y Espo tuvieron que irse nada más darle un abrazo y decirle adiós. Había surgido un nuevo caso. La forense tenía el día libre y se quedó hasta que el vuelo en el que viajaba Kate fue nombrado por megafonía para avisarles que tenían que embarcar.
Beckett puso a Lanie al corriente de todo lo que había pasado en las últimas horas con Castle. Al principio, se enfadó con Kate por no haber dejado que Rick la acompañase pero cuando le contó que ni siquiera se había despedido de ella y que había vuelta a desconfiar, su enfado pasó de ser por Kate a ser por el escritor.
-¡Será imbécil! Si en vez de intentar convencerte de buenas maneras, hace que te alejes más de él, pero ¡me va a escuchar el mono-escritor!
Kate terminaba de poner la pequeña mochila rosa a su hija. Hoy era su primer día de colegio y no sabía quién estaba más emocionado, si ella o sus hijos. Alex esperaba en la puerta mientras decía "Venga, venga que quiero irme ya". Kate le respondía con un "Ya vamos, cariño, dame un minuto". Beckett fue a por su bolso en el mismo momento en el que Rick apareció por detrás y la abrazó.
-Me parece mentira que hoy sea su primer día de clases –le susurró en el oído.
Kate se dio la vuelta en el abrazo y tras darle un dulce beso le contestó: -Ya ves, a mí también me lo parece pero, ahí están, metiéndonos prisa para llegar ya. –Los dos adultos miraron a sus hijos que lo miraban con el entrecejo fruncido.
-Papi, mami, ¡vamos! –exclamaron los dos a la vez.
Kate y Rick se separaron tras un corto beso para ir hacia donde se encontraban los niños. Aún era temprano pero no querían hacerlos esperar más.
Cuando llegaron al colegio, Maddie y Alex se bajaron del coche de la detective ayudado por sus padres. Tuvieron que agarrarlos rápidamente de la mano para que no saliesen corriendo.
-Esperad, vamos todos. –Le dijo su madre tranquilamente. Los niños asintieron mientras estiraban del brazo de sus padres.
-Ya verás como dentro de nada tenemos que sacarlos por la fuerza del coche –dijo Rick. –Esto es solo la novedad.
Kate sacudió la cabeza aunque sabía que Rick tenía razón. Solo era la novedad y que más de una vez no querrían levantarse de la cama o salir del coche.
Cuando llegaron a la puerta los niños quisieron salir corriendo para entrar pero, otra vez, se vieron frenados por sus padres.
-¿No os vais a despedir de nosotros?
-Sí, mami –respondió Maddie rápidamente. Los dos adultos se agacharon para estar a la altura de sus hijos. La niña planto dos sonoros besos en la mejilla de sus padres. Alex repitió su acción. Después los dos hermanos se dieron la mano para entrar al colegio agarraditos.
Castle atrajo hacia a él a Beckett por la cintura –Míralos, con su uniformes, agarraditos de la mano, con sus mochilitas,.. ay –suspiró el escritor.
-¿Estás llorando? –le preguntó Kate que veía como sus hijos subían los pequeños escalones para entrar en el edificio.
-Sí, es el primer día de clases de mis pequeños.
Kate sonrió y tras ponerse en frente de él y abrazarlo por la cintura, lo besó. –Desde luego que eres todo un sentimental.
Y veo que no soy el único –sentenció al ver los ojos brillantes por las lágrimas de Beckett.
-Beckett, ya vamos a aterrizar –la despertó Sonreson. Kate abrió los ojos desorientada, todo había sido un sueño. Se tapó la cara con las manos frustrada. El sueño había sido tan real.
Cuando Kate llegó a su casa eran casi las 4 de la madrugada. Acostó con mucho cuidado a sus hijos en sus respectivas cunitas y antes de meterse en la cama para intentar dormir, al menos hasta que se despertasen sus hijos, le mandó un SMS a Lanie para avisarla de que habían llegado bien.
Cuando la forense se hubo despedido de su amiga salió directamente para el lotf del escritor, Necesitaba tener una será conversación con él.
-Martha, ¿está Richard? –le preguntó la forense nada más la puerta se abrió. –Necesito hablar con él.
-Sí, pasa. Está en su habitación desde que Katherine se ha ido no ha querido salir ni hablar con nadie. Iré a avisarlo. Espera un momento –le pidió mientras caminaba dirección al cuarto del escritor.
Después de varios minutos de espera. El escritor apareció por el umbral de la puerta. Se veía cansado, ojeroso y con los ojos hinchados y rojos por culpa de no haber parado de llorar.
Lanie sintió pena por él. Rick también lo estaba pasando mal, no solo por no estar con Kate sino también por no estar con sus hijos.
-Castle, necesito hablar contigo. –Le dijo mientras lo miraba directamente a los ojos. Intentó no sonar demasiado dura pero no lo consiguió.
El escritor solo asintió. No sabía muy bien qué decir.
-Castle, yo sé que tú lo estás pasando mal, se te nota, pero Kate es mi amiga y no se merece esa desconfianza por tu parte. –Fue directa al grano. No iba a perder tiempo en andarse por las ramas. Eso no era típico de ella. -No después de haberte demostrado que ella siempre te fue fiel, que te quiso y que te quiere. Después de haber venido corriendo cuando tú la has necesitado sin importarle nada. Y si sigues así, la vas a perder para siempre.
-Lo sé, Lanie. –Consiguió decir el escritor entre sollozos. –Yo me quería ir con ella pero no me lo ha permitido.
-Me lo ha contado. Y también me ha dicho que cuando llegó Will para recogerla volviste a desconfiar de ella después de haberle asegurado el día anterior que no volverías a hacerlo. ¿Así es cómo quieres que vuelva a fiarse ella de ti? Porque si es así vas muy mal. –Castle no contestó. Se quedó callado y con la cabeza gacha. –Contéstame, Castle, ¿así es cómo quieres que ella se vuelva a abrir a ti como antes?
-No puedo evitarlo pero no es porque no confíe en ella sino porque no confío en mí mismo. Después de todo no me creo que tenga derecho a poder volver a estar a su lado. No me la merezco y cada vez que veo a alguien a su alrededor, como su amigo o Will, pienso que ellos se merecen tener una oportunidad, no yo. Y eso hace que actúe de esa manera. Y no sé qué hacer, Lanie, yo la quiero y quiero a su lado y al lado de mis hijos. Verlos crecer.
La forense quedó pensativa, no se esperaba esa respuesta por parte del escritor.
-Richard, hijo, yo sé que piensas eso pero es Kate quien tiene que decidir si te mereces esa oportunidad o no. No tú. Y Lanie tiene razón no puedes actuar así, porque solo haces alejarla más. Ella te quiere y tú la quieres, eso es lo más importante. Solo tienes que demostrárselo y demostrarle que vas a estar ahí, que vas a luchar por ella y por tus hijos. Da igual lo que te cueste o cuánto tiempo te lleve conseguirlo. Ella tiene que ver que estás ahí y que siempre vas a estar ahí.
-Castle, tú madre tiene razón. Solo tienes que hacérselo ver. Yo sé que es muy cabezota pero ella te quiere, tú lo sabes, ella solo necesitaba algo de tiempo. Pero tu actitud la volvió a alejar. Está en ti que vuelva a darte otra oportunidad y que confíe en ti.
-Pero si ni siquiera sé dónde está ni sé cuándo va a volver. –Musitó entre sollozos.
-Castle, yo sé que le has hecho mucho daño a Kate, estaba destrozada cuando se ha ido. Y no debería decirte que luches por ella, debería usar unas de mis herramientas del laboratorio y matarte por lo que le has hecho a mi amiga, pero sé que ella nunca me perdonaría. Yo solo quiero verla feliz y sé que es a tu lado por eso te digo todo esto. Lucha por ella y dejaos de tantos sufrimientos. Merecéis ser felices después de todo lo que habéis pasado.
-Dime dónde está, tú lo sabes. Y cojo el primer avión.
-Si te lo digo no me perdonaría. Has estado mucho tiempo siguiéndola en la comisaría, estoy segura de que sabes cómo encontrarla. Ayúdate de todo lo que aprendiste en esos años.
Martha apoyó una de sus manos en el hombro derecho de su hijo para transmitirle apoyo. El escritor se quedó pensativo.
-Así que, chico escritor, deja de llorar y de lamentarte. Levántate y búscala, no hay tiempo que perder.
Richard se levantó como un resorte.
-Tienes razón, Lanie. Voy a empezar a utilizar mis conocimientos y mis influencias. Tengo que encontrarla lo más pronto posible. Gracias.
La forense se puso también en pie y Rick la abrazó como muestra de agradecimiento. –Yo solo quiero que seáis felices. Quiero volver a ver a Kate con esa sonrisa permanente que tenía cuando estabais juntos.
Después de haberle dado el desayuno a sus hijos y ella haberse tomado un café. Decidió ponerse en marcha, tenía que dejar todo listo ese día para volver al siguiente al trabajo.
Llamó a Nora, la niñera que cuidaba de sus hijos antes de tener que volver a Nueva York. Ordenó todas las cosas que traía desde el otro lado del charco.
Cuando vio los regalos de Rick le fue inevitable no llorar. Los cuentos para sus hijos el libro de Nikki Heat, las rosas y las notas. Cuando las cosas que eran de ella en el primer cajón de su mesita de noche. Esa misma noche empezaría a leer el libro.
El día de Kate fue bastante cansado. Los niños por culpa del cambio horario estaban alterados y no dejaban de llorar. Encima ahora no tenía ayuda.
Castle, después de ducharse y tomarse una tila. Comenzó con su objetivo de dar con el paradero de Kate y sus hijos. Necesitaba encontrarlos lo más pronto posible.
Decidió mandarle un SMS a Kate para saber qué tal habían llegado, aunque no estaba muy seguro de que le contestase, la detective sí lo hizo, con un simple "Llegamos bien".
El sonido del mensaje avisándolo de la respuesta le hizo caer que podía rastrear al móvil de Beckett, ése era el camino más fácil. Sabía que Espo y Ryan no lo ayudarían con eso, pues éstos ya sabían dónde vivían y no se lo habían querido decir. Hacerle el favor de rastreárselo era lo mismo. Necesitaba alguien que se lo hiciese. Y para eso tendría que tirar de sus contactos, pero de quién.
Rick pasó horas pensado en algún nombre que lo pudiese ayudar sin dar con él. Hasta que su madre se entró a su despacho para saber qué tal le iba y le contase el porqué de la charla con Lanie. Ella todavía no sabía qué había pasado después de que saliese de viaje con el grupo de teatro entre su hijo y la inspectora.
Richard le contó todo y aunque Martha tenía ganas de darle más de un tirón de orejas se contuvo. La charla con la forense ya le había servido de escarmiento más todo lo que estaba sufriendo. Ahora solo tenía que alentarlo para que no desistiera en su búsqueda.
-¿Has hablado con Katherine? –preguntó.
-Le mandé un SMS para saber cómo habían llegado, no me atreví a llamarla –La actriz lo miró con desaprobación.
-Richard, por favor, deja de no atreverte a hacer cosas porque eso mismo es lo que ha hecho a estar así. Deja de decidir por ella y rechazarte tú mismo.
-Es difícil, madre.
-Las mejores cosas son las más difíciles, así que... –Martha le tendió su móvil. –Llámala y habla con ella. Empieza a demostrarle que estás ahí.
El escritor cogió el móvil dubitativo. La actriz se encaminó a la salida.
-Gracias, madre.
-No me agradezcas y hazlo. –El escritor asintió y marcó el número de Beckett. Había llegado la hora de ser valiente y empezar a luchar en contra de sus miedos y los de Kate.
