CAPÍTULO 025

Rick no estaba seguro de seguir adelante. El miedo a que la herida se volviese a abrir pesaba sobre su deseo. Aunque era incapaz de moverse de su posición. Su mano en el sexo de ella. Su boca, en su espalda. Su dedo, en pequeños círculos constantes, encima de su bultito. Kate, completamente deshecha en caricias.

- Más rápido... Rick... - movió su cadera, buscando mayor fricción.

- Ey... - le dijo con suavidad, rozando sus labios, en su cuello - no te muevas tan rápido... recuerda que hay que ir lento.

- No... Puedo... - seguía moviéndose. Alargó su mano para agarrar la que Richard tenía escondida en su sexo e intentó forzarle a acariciarle de forma más fuerte pero el escritor se detuvo de golpe. - Rick...

- Déjame a mí Kate, por favor... - besó su espalda, lento, con pequeños roces de su lengua. Bajó hasta la curva de sus nalgas y, entonces, con la ayuda de sus manos, le quitó tanto el pantalón con sus braguitas. Y volvió a subir, besando su pierna, dejando el roce de sus dientes en su nalga, acariciando con la yema de sus dedos su espalda. En un abrir y cerrar de ojos, desabrochó el sujetador y Kate se lo quitó.

La inspectora intentó colocarse boca arriba pero Richard se lo impidió. - Por favor, Rick... déjame verte. - le dijo suplicante.

- Oh, no, inspectora... Hoy nos vamos a divertir mucho. - la abrazó desde su espalda, escondiendo su rostro en el hueco de su cuello, soplándole, besándola.

- Hablas mucho escritor... - lo tentó.

Richard sonrió. Kate era incapaz de perder el control nunca. Incluso en aquellos instantes debía ejercer algo de poder. Y a él, le encantaba. Sin más preámbulos, el brazo que rodeaba a Kate, fue bajando, con tiernas caricias, hasta esconderse de nuevo en sus labios vaginales, mientras su otra mano, quedó por debajo de su cuerpo, para acariciar sus pechos. Aquellas primeras sensaciones invadieron a Kate de forma extraordinaria y veloz, haciendo que su cuerpo se revolviese sin poder evitarlo. - Al final... - rozó sus dientes en su cuello - ...voy a tener que atarte Kate.

- Hmmm... - fue incapaz de hablar. Se sentía completamente invadida. Una mano en su sexo, acariciando de arriba, abajo. Otra mano, manipulando sus pezones, endureciéndolos. - Me encanta tocarte... - paró el dedo corazón en su clítoris, rodeándolo, pulsándolo - ...acariciarte - bajó su dedo corazón hasta su entrada, la rodeó, metiendo parte de su dedo y lo sacó, para volver al bultito que se erguía deseando más caricias - ...como tiemblas a cada toque. - besó su lóbulo, apretó uno de sus pezones y pulsó su clítoris a la vez.

- Rick... - sintió como sus paredes temblaban y se contraían, como su humedad aumentaba. - Rick... me... - Richard volvió a realizar el mismo movimiento y Kate se fue, perdida en mil sensaciones, mordiéndose su labio inferior para gemir de forma controlada.

- A mí, me gusta oírte, Kate... - acarició su cuello con la punta de su nariz, dejando un pequeño mordisco en su mandíbula. Y volvió al ataque. Su dedo, siguió en círculos sobre su clítoris. Una vez más. Una vuelta. Dos. Tres. Un pequeño toque en el medio. Un paseo por su humedad. Una pequeña incursión en su entrada. La repetición del mismo camino. Una y otra vez. Mientras su otra mano, de forma sistemática se repartía entre uno y otro pecho. Acariciando. Pellizcando.

- Agh... por favor... más... más... sigue, sigue, sigue. - pedía incansablemente, moviendo su cuerpo, buscando más fricción.

Richard intentó frenar sus movimientos pero fue peor, porque al pegarse más a él, su cuerpo combustionó. Y Kate lo notó. Notó su erección rozando sus nalgas. Y lo tentó. Golpeando contra él.

- Kate... - le pidió - ...no te muevas tanto, por favor.

- Escritor... - se mordió el labio ante un toque preciso de Richard - ...te necesito a ti... te necesito en mí.

- Solo un poco más Kate. - siguió torturándola, aumentando el ritmo, acariciándola con cada uno de sus dedos, devorándola con sus cinco sentidos.

Kate, volvió a sentir que el éxtasis llegaba a ella, sus temblores fueron en aumento. - Otra vez... Rick... - dijo sorprendida.

- Sí, cariño, otra vez... pero esta vez... mejor... - mordió su lóbulo al mismo tiempo que dos de sus dedos entraban en ella sin previo aviso, de golpe, fuerte, con precisión, curvándose de tal forma que tocaron el punto exacto.

- Por favor, por favor, por favor... - suplicó la detective al sentir el maravilloso orgasmo que se avecinaba. Solo un toque más y estaría en él. Así fue. Richard salió de ella y a la misma velocidad entró. Esta vez, Kate, no pudo controlar sus jadeos y lo hizo abiertamente.

De pronto, sin saber cómo ni por qué, Kate, se dio la vuelta, empujó a Richard que chocó su espalda contra el colchó y se puso encima de él - Kate... ¿qué haces?

- O jugamos los dos... o no seguimos. - se cruzó de brazos, desnuda, sobre él. A Richard le encantó esa visión y se quedó con la boca abierta, mirando. Sin pronunciar palabra. - ¿Piensas mirarme durante mucho tiempo? Estoy esperando una respuesta.

- ¿Te he dicho alguna vez que me vuelves loco? - y rompió en una carcajada ante una Kate sorprendida que no tardó mucho en seguirle. En ese descuido, Rick, cambio de posiciones, aunque con la suavidad suficiente para controlar la cicatriz de su musa. -

Ahora estamos, como debemos estar.

- ¿Siempre te gusta dominar?

- No, siempre, no... Cuando estés recuperada... - la besó - ...seré todo tuyo, lo prometo. - alzó su mano para remarcar la frase.

- Te tomo la palabra.

- Estoy deseando dejarte hacer lo que quieras conmigo. - le susurró cerca de sus labios.

- ¿Todo lo que quiera? ¿Cómo yo quiera? ¿Sin quejarte?

- Todo lo que quieras. Como quieras. Sin quejarme. - Richard colocado entre sus piernas, rozó su erección contra ella, de forma calculada y cortando la respiración de la inspectora.

- Entonces, me cobraré toda y cada una de las que me has hecho. - sonrió socarrona.

- Así lo espero, inspectora. - volvió a rozarse con ella.

- Rick... - alargó sus manos hacia su pantalón para bajarlo - ...vamos...ya no quiero esperar más. - sonó con ternura y Richard no pudo evitar besarla con todo su amor. Lento. Profundizando. Rasgando sus gemidos y los propios. - Me torturas tanto... y me gusta tanto... - reconoció al sentir un nuevo toque entre sus sexos.

Richard se desprendió de su ropa, quedándose completamente desnudo y se volvió a colocar entre las piernas de ella. Kate, instintivamente, enrolló con sus piernas la cintura de él.

- No vayas tan rápido, cariño. - Richard posó su mano encima de su gasa.

- Estoy bien Rick... en serio. - lo miró con ternura - Me cuidas mucho. Nunca nadie me había cuidado tanto. Si me duele, te lo diré. Lo prometo. - alzó su cabeza para besarlo. Notó que Richard, mientras le correspondía, iba despegando su gasa, con suma cautela. - Rick...

- Déjame Kate... - le dijo bajito, quitando su gasa y dejándola en la mesilla. La miró y miró su herida. Iba cicatrizando bien. Cada día mejor. Apenas quedaría una marca, redonda, que solo él y ella sabrían de dónde provenía. Bajó sus labios. Rozó ese pequeño espacio arrugado. Kate cerró sus ojos. - Vamos a tener cuidado. - miró a Kate justo cuando ésta abría sus ojos. Kate asintió. Richard se movió hasta posicionar su sexo en su entrada, besó a Kate, y fue entrando, poco a poco, notando como sus paredes se contraían y le apretaban. Exquisita estrechez. Bajó con sus besos por su cuello, hasta volver a su herida y besarla justo cuando entró del todo en ella.

El escritor alzó ambas manos y agarró el rostro de Kate mientras sus codos servían de apoyo para no dejar todo su peso sobre ella. - Necesito que me sientas Kate. Necesito que sientas como te pertenezco. Completamente. - le dijo bajito, rozando sus labios contra los de Kate. Dentro de ella. Sin moverse. Sintiendo su piel, contra su piel. Su humedad, contra su erección.

- Rick... te quiero. - lo besó. Alzó sus caderas para invitarle a terminar con esa perfecta tortura.

- Con suavidad Kate. - susurró mientras comenzaba con el perfecto baile de su amor. Entró. Salió. Con tiempo. Con pausa. Centímetro a centímetro. Cuidadoso. Pendiente de ella. Pendiente de su herida. Sintiendo. Sintiendo como ella lo recibía con ansía. Como su propia excitación iba aumentando.

Durante los siguientes minutos Kate comprendió a Richard. Su obsesión por ir lento. Despacio. Poco a poco. Cerró sus ojos. Sintió. Cada milímetro de su piel. Cada nervio. Cada electrizante roce. Se apretó contra él. Buscando la fricción. Aquel punto definitivo que los llevase a ambos al mismo cielo.

- Rick... - pronunció al recuperar el ritmo.

- Hmmm... - aun en su interior, mirándola.

- Creo que me vas a hacer adicta a ti. - sonriendo.

- De eso se trata. - le guiñó un ojo.


Tras varios minutos, mirándose, acariciándose, acompasando su respiración, fueron al baño. Una ducha, entre más besos y más caricias, fue seguida de una deliciosa suavidad, por parte de Richard, a la hora de realizarle una nueva cura.

- Te voy a contratar de enfermero. - besó su frente.

- Me gusta. - terminó por tapar la herida con una nueva gasa - Aunque no sé si prefiero ser gasa en estos momentos. Así, pegada a ti.

- Tú ya estás pegado a mí. - acarició su rostro - Quiero que vivamos aquí Rick.

- ¿No quieres que miremos otra cosa?

- No. Bueno... el vecino de al lado vende su piso desde hace unos meses... y... si te parece bien...

- ¡Hecho! Lo compramos y lo unimos. - sonrió.

- ¿Desde cuando lees mis pensamientos?

- Desde que tú me dejas. - besó su nariz.

- ¿Crees que a Alexis le gustará?

- Mientras tú estés, le dará igual el loft, este piso, o cualquier otra casa.

- Sobre Alexis...

- Dime.

- Bueno, yo...

- ¿Sin palabras?

- No seas tonto... - le golpeó con cariño en el hombro - A mí me gustaría, no sé... bueno, tú tienes que estar de acuerdo... y también habría que preguntarle a ella, pero... yo quisiera...

- Kate... sea lo que sea, te voy a decir que sí. - susurró.

- Quiero adoptarla legalmente. Quiero ser su madre en el papel. Quiero que un papel lo diga. Lo quiero Rick. - dijo del tirón, mirándole a los ojos.

Richard no dijo nada. La observó. Un minuto. Dos. Serio. Sin pestañear.

- Lo siento Rick... no debí decirlo. - se soltó de sus brazos y salió del baño.

- Aún no he contestado, inspectora. - Richard la sujetó de uno de sus brazos.

- Pero... te has quedado en silencio...

- ¿Estás segura Kate? ¿De verdad lo quieres? - sorprendido.

- Sí, Rick. Te quiero a ti. La quiero a ella. Incluso adoro los ronquidos de Max. - sonrió.

- ¿Para siempre?

- ¿Qué quieres decir? - confusa.

- Kate... para mí sería un sueño tenerte siempre en mi vida... - agachó su mirada - ...pero todo lo bueno se escapa de mi mano. Todas las personas terminan desapareciendo. Y, bueno, soy yo... quiero decir que, estoy acostumbrado. Pero Alexis... No quiero que viva eso. Ya se encargó su madre de enseñarle que la vida no es un cuento de Disney.

- Rick... - sujetó su rostro - Esta herida... - tocando su gasa - ...no es comparable con la herida que tienes ahí dentro. - tocó su pecho - La mía cicatriza. - lo besó - Tienes tanto tacto conmigo, tanto cuidado, cuando tengo que ser yo quien te cure por dentro. Porque lo que tienes ahí guardado, es tan desgarrador que vamos a necesitar tiempo y mucha paciencia. Tiempo para que confíes y paciencia para que me des ese tiempo en el que te demuestre que estoy aquí... pero no de paso. Me quedo. - besó su torso. Repitió sus caricias durante varios segundos. - Quiero firmar esos papeles. Quiero estar en la vida de Alexis para siempre. Porque quiero acompañarle en su primer día de colegio. En su primer día de instituto. Quiero estar ahí cuando se gradúe, cuando le entren las dudas de qué estudios realizar. Cuando se enamore. Cuando tenga su primera cita. Quiero estar sin dormir toda una noche, hasta oírla entrar después de disfrutar con sus amigos en una fiesta. Quiero todo eso y mucho más. - Richard la alzó por sus caderas y dio varias vueltas.

- Te quiero. - la besó.

- ¿Eso es un sí?

- Sí, sí, sí.

- ¿Se lo preguntamos? - nerviosa.

- Creo que no le importará que la despertemos un poquito. - sonrió.


Como dos niños pequeños, entraron en la habitación de Alexis, sigilosos. Se pusieron en cada uno de sus laterales. La acariciaron hasta que despertó. - Papi... Mami... - sonriente e intentando que sus ojitos no se cerrasen - ¿Es de día?

- No, calabaza.

- Queremos preguntarte una cosita, cariño.

- Sí, mami. - se abrazó a ella, apoyando su cabecita en su pecho.

- Tú mami y yo queremos saber si quieres que Kate sea tu mami...

- Es mi mami, papi. - dijo convencida.

- Si, calabaza, pero eso hay que hacerlo legal... Firmar unos papeles para que todo el mundo sepa que es tu mami. ¿Quieres?

- Es mi mami.

- Sí, cariño, soy tu mami. Tu papi no se explica bien. - sonrió, mirando a Richard que se encogió de hombros. - Cuando naciste... - comenzó Kate con cautela - tenías una mamá y un papá...

- Hmmm... - Alexis la miró preocupada.

- Ellos pusieron tu nombre en un papel, diciendo que eran tus papás.

- Hmmm... - Alexis sintió miedo y se agarró a la camiseta de Kate, pensando que lo que le iban a decir no le iba a gustar.

- Luego tu mami, se fue... y tu papi, se quedó solo en ese papel. - besó su cabecita - Mírame cariño... - alzó la mirada de Alexis desde su barbilla - Yo quiero estar en ese papel, con tu papi... como tú mamá. ¿Tú quieres?

- ¡Sí, mami! Si. ¡Si quiero! - se abrazó a su cuello, apretando con sus bracitos. - Tú, mi mamá.

- Eso es calabaza. Ella será tu mamá. - Richard las abrazó a ambas.

- ¿Para siempre mami? ¿No te vas, verdad? - preguntó preocupada.

- No, cariño. ¿Sabes por qué?

- No... - dijo bajito.

- Porque ya no puedo vivir sin ti. Sin tus abracitos. Sin tus besitos. Porque me encanta cuando me dices 'Te quiero'. - besó su cabecita.

- Yo también mami. Todo eso. - se aferró a ella - Ella se fue. - dijo bajito - No quiero que vuelva. Solo te quiero a ti. A ti y a papi. A los dos.

- Ella no volverá, calabaza. - Richard, acariciando la espalda de su hija.

- Hmmm... - sonó relajada, durmiéndose.

- ¿Quieres dormir con nosotros cariño? - Kate.

- Sí mami.


Los tres, junto a Max, entraron en la habitación principal. Colocaron a Alexis en el medio y la rodearon entre sus brazos. Se besaron y juntaron sus frentes mientras aferraban con suavidad a la pequeña que se apoyó en el cuerpo de Kate. - Mami... - sonó adormecida.

- Dime mi vida... - susurró Kate.

- Te quiero mami...

- Yo también te quiero.

- A ti también papi. - Y respiró profundamente, dormida.

- Lo sé calabaza. - besó su cabecita y miró a Kate - Mañana hablaré con mi abogado. - sonrió, acariciando su brazo.

- Gracias. - besó su frente.

- ¿Por qué?

- Porque, a pesar de todo el dolor que tenéis, me habéis abierto vuestro corazón. Y aunque no lo queráis reconocer, confiáis en mí. - le guiñó un ojo.

- Te quiero, loquita. - la besó.

- Yo también.


A la mañana siguiente, tanto Richard como Kate se sobresaltaron al oír varios golpes fuertes en la puerta. Richard se incorporó y salió corriendo de la habitación.

- ¿Qué pasa? - preguntó preocupado cuando ante él, Espósito y Ryan, le miraban como si se estuviese acabando el mundo.

- ¿Kate? - los dos detectives a la vez.

- En la cama.

- Bien. - dijo Espósito entrando. Ryan le siguió. Richard cerró la puerta.

- ¿Qué ha pasado? - volvió a preguntarles.

- Hemos seguido investigando... - Ryan mirándole preocupado - No tenemos buenas noticias.

- Tenéis que iros durante una temporada. - siguió Espósito.

- ¿Cómo? - Kate desde el pasillo.

- Kate, tienes que...

- No Rick... repítelo Espósito.

- Tenéis que salir del país ya. - Espósito.

- Tu tirador... Ha rondado por aquí. Tiene la orden de matarte Kate. Ahora mismo no podemos certificar tu seguridad. - Ryan.

- No puede ser... Tiene que haber otra solución. Puedo irme a otra parte del país.

- Te seguirá. - Espósito.

- No lo sabes seguro. - Kate.

- Sí, lo sé y lo sabes. Sabes que esto no es un juego Kate. - Espósito enfrentándose a ella.

- No puedo irme de aquí... - se sentó en el sofá, tocándose la cicatriz.

- Kate... - se acercó Richard a ella preocupado.

- No Rick... - le puso el brazo para que no se acercase.

- Por favor... tu herida... - le dijo el escritor.

- No. Ahora no. Es mi problema. No el tuyo. No me puedes ayudar. - Richard se sintió rechazado, retrocedió y se mantuvo alejado, al otro lado de la isla. A los pocos minutos se fue en busca de Alexis, mientras allí, Kate, intentaba convencer a Espósito y Ryan de que era una locura lo que le estaban proponiendo. - Busquemos otra solución.

- No la hay. - Espósito.

- Kate, no seas tan cabezota. - Ryan miró hacia el pasillo por donde Richard había desaparecido.

- Joder... me estáis pidiendo que me vaya a otro país... ¡sin fecha de vuelta! - nerviosa.

- Mira Kate... o te vas... o te matan. - Espósito - Decide. Decide si merece la pena vivir o prefieres morir. Y nos avisas. - Ambos se levantaron y se fueron.


Kate entró en su habitación y se encontró a Richard echado, junto a su hija, abrazados. Sabía que estaba haciéndose el dormido. Y no se extrañaba, había estado 'lúcida' en el salón. Lo había alejado de golpe, por sus nervios. Pero lo había alejado. A pesar de saber de todas sus dudas. Cerró la puerta y se acercó hasta él. Se sentó en el lateral de la cama. Acarició su brazo. - Rick... sé que estás despierto. Y si no me quieres hablar, lo entenderé. Es que no me puedo ir. No puedo darles ese gusto. Sería como darles la razón.

- Entonces... ¿te quedas? - preguntó mirándola.

- No puedo hacer otra cosa. - afirmó.

- ¿Aun sabiendo que te matarán?

- Eso nadie lo sabe...

- Es lo que han dicho Kate... y no lo han dicho de broma. - preocupado.

- Rick...

- No Kate... No, no, no, no. - se levantó de la cama esquivándola y saliendo de allí. Kate fue tras él.

- Rick, escúchame, por favor.

- ¿Qué te escuche? ¿Qué me vas a explicar? ¿Tus razones para quedarte aquí y esperar a que te maten?

- No vayas por ahí... porque no es tu...

- Mi problema... - dijo bajito, terminando su frase.

- Rick, no he...

- Es la segunda vez que me lo dices hoy... que no eres mi problema... que no me tengo que preocupar por tí. - sonrió con rabia y dolor - Tengo una casa en España. En el norte de Navarra. Es un paraje un tanto recóndito. Para llegar hasta allí, tienes que ir por un motivo o porque lo conozcas... No es camino de paso para nadie ni para ningún lugar. - le explicó mientras evitaba mirarle a la cara - Si cambias de opinión, estará abierta para ti, Kate. - miró por la ventana.

- Rick...

- Es un paisaje increíble. Te gustaría. - sin hacerle caso.

- Te quiero. - le susurró.

- Hay poca gente. Unas cien personas. Pero viven a lo suyo. Pasarías desapercibida en un par de semanas. Sin problemas. - seguía su explicación.

- Te quiero. - mientras daba un paso más hacia él.

- La casa, está arriba del todo del pueblo. Un poco apartada. Con un bonito jardín. Bueno, imagino que habría que arreglarlo. Hay una increíble chimenea... en invierno es increíble.

- Te quiero, Rick. Te quiero. Te quiero. Perdóname. Llevo todos estos años acostumbrada a pelear en esto sola, sin que nadie me entienda. Necesito atrapar a quien mató a mi madre. Necesito hacerlo. Puede que no lo entendáis, pero necesito hacerlo. Ya la he perdido a ella... - Richard seguía sin moverse - Si te pierdo a ti... - frenó a un paso de él.

- Si nosotros te perdemos a ti, Kate... - susurró.

- Te quiero. - repitió.

Richard se volvió hacia ella. Su rabia se había esfumado. Solo había amor. - Déjame ayudarte, por favor. No me apartes de ti como lo hago yo. Alguien tiene que ser el adulto en esta relación. - bromeó.

- Oh, Rick... - lo abrazó - Lo siento. Lo siento. Lo siento.

Richard agarró su rostro y la besó. Tierno. Dulce. Posesivo. - Te ayudaré a resolver el asesinato de tu madre. Te lo prometo. Haré lo que sea, pero...

- ¿Sabes cortar leña?

- Sí... - sonrió.

- ¿Me ayudarás desde allí?

- Sí.- le dijo serio y convencido.

- No tenemos mucho tiempo para hacer las maletas. - sintió un nuevo tirón en su cicatriz y no pudo ocultar el dolor.

- Te duele. - Richard apretó su cicatriz.

- Hay que hablar con el médico. - lo besó.

- Lo haré. Llamo ahora. Hago las maletas, compro los billetes, tú avisas a Espósito y nos vamos. - le dijo mientras iba a por el teléfono.

- Rick... - le agarró de la mano.

- ¿Qué pasa?

- Tengo miedo Rick.

- Todo va a salir bien. - la abrazó.

- Si me he negado antes a irme... no os puedo arrastrar conmigo. - escondió su rostro en su pecho.

- Mira Kate, te quiero - le obligó a mirarlo - Y Alexis y yo, nos vamos a contigo, al mismísimo infierno si es necesario. - le afirmó con rotundidad - Así que, vamos a secarnos esas lágrimas, a esconder nuestro miedo y nos vamos. - la abrazó.


A las cuatro horas de esa última conversación, Alexis, Kate y Richard estaban subidos en un avión, junto a una cesta, donde Max se asomaba asustado, sin entender qué había hecho mal para estar allí encerrado, con todas las cosas que podría investigar en ese gran espacio nuevo.

Alexis, sentada entre los brazos de Kate, dormía. - ¿No será un cambio muy brusco para ella? - preguntó preocupada.

- Kate... me estoy dando cuenta que ella es más fuerte que nosotros. - la besó.

- ¿Te dio tiempo a hablar con el abogado?

- Sí, me enviará los papeles a España en cuanto estén listos. - sonrió - ¿Lista para ser mamá de forma oficial?

- Mientras tú estés a mi lado, cerca de mí, estoy preparada para todo. - acerco sus labios a los de él, tentándolo - Estoy deseando llegar y que me enseñes todos esos lugares que me has explicado. - lo besó.

- Te aseguró que será un viaje inolvidable Kate. - apoyó su frente en la de ella y sonrieron.


Sí, habían salido huyendo de casa, por una amenaza mortal, pero presentían que el futuro les tenía preparado toda una aventura, que atesorarían siempre en su corazón.