"Munr."

Por B.B. Asmodeus.


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Fandom: How to Train Your Dragon, 1 & 2, Dragons: Riders/Defenders of Berk, Novelas de Cressida Cowell.

Parejas: Hiccup/Toothless, Tuffnut/Snotlout, Astrid/Camicazi, Ruffnut/Cloudjumper, y Eret/Stormfly.

Rating: Mature.

Categorías: Romance, Humor, Drama, Suspenso, Temas Espirituales, Hurt/Comfort, Semi-Fusión con los Libros, Acción/Aventura. Lemon. Uso de mitología y lenguaje Nórdico.

Sinopsis: Post-HTTYD 2. Descubrir que su alma no le pertenece a Astrid, será tan sólo el primer capítulo en la nueva etapa de vida de Hiccup III. Entre auxiliar a una amiga cazada por Berserkers y Romanos, causando una Rebelión de Dragones en el proceso, Hiccup y Snotlout serán obligados a enfrentar los pecados de sus ancestros.

Nota Especial: No saben que tan difícil es para mí escribir sobre Valka, con el POV de Valka, o con Valka. No tengo simpatía por ella, aunque no la odio. La respeto porque es un personaje que puede ser útil (al ser Jefe en vez de Hiccup, y porque Hiccup merece tener una maldita mamá). Es el personaje con el que menos me conecto, y me ha tomado 24 capítulos de Munr, para finalmente, crear un momento donde la mujer pueda brillar. Un momento que a la mejor a unos les valdrá un "Bah", pero que para mí, es épico. Algo que por fin la hará compleja e interesante a mis ojos. ¡Disfruten!

Soundtrack para este capítulo: "Akkadian Empire (Paul Dinletir Remix)", de Audiomachine. BÚSQUENLA. EN SERIO.

¡Final de Temporada de Munr, Segunda Parte!


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XXIII.

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Los guerreros no muestran sus corazones

hasta que sus hachas los revelen!"

-Floki (Vikings).

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Esperaron en el campo abierto.

La lluvia se aligeró con el transcurso del tiempo.

Astrid no se movió de su posición. Su escudo y su hacha se convirtieron en lo más importante de su existencia. Respiró hondo. Exhaló. Repitió.

Su compañía, a pesar de sus protestas iniciales, no se atrevió a romper filas. Cuando los cuernos del enemigo habían respondido a su canto de guerra, cualquier duda en los guerreros se había desvanecido, en favor de estar preparados para combatir en cualquier momento.

Por un largo rato, nada sucedió.

Los truenos de Thor se despidieron.

Se escuchó a un caballo rebuznar a la distancia.

El corazón de Astrid corrió acelerado.

Un caballo blanco apareció en el horizonte, galopando a un ritmo medianamente tranquilo.

Detrás del jinete, se fue agregando un batallón de figuras armadas. A pie. No hubo delate de dragones siendo utilizados.

"¡Pared de escudos!" Astrid ordenó, tomando un paso al frente, desprendiéndose del resto de su grupo. La hilera horizontal de guerreros obedeció, cubriendo sus pechos con sus escudos. Astrid tomó prestado el monocular de Fishlegs. Apuntó hacia el jinete del caballo blanco.

Cuando bajó el objeto de su ojo, Astrid estaba sonriendo.

"Tiene, fácilmente, el doble de guerreros." Fishlegs susurró. Algo de su usual temor a lo temerario, se escurrió en sus silabas.

"No temas, Fishlegs. Los Dioses ya conocen nuestro destino. Si morimos hoy, u otro día, nos abrirán las puertas del Valhalla de todas maneras." Había sido un consuelo que su padre le había compartido siempre, pero hasta ahora Astrid podría apreciarlo. "¡No rompan fila!"

Cuando el jinete estuvo a una distancia donde sus gritos serian distinguibles, Astrid tomó otro paso al frente. Sola. "¡Como han caído los grandes! ¡Dagur, el Príncipe Berserker, encima de un caballo!"

Dagur frenó justo en la cresta de la pequeña colina que los separaba—y salvaba—de perder su cabeza. Detrás, sus hombres seguían avanzando. No eran Berserkers. Los colores de sus uniformes eran anónimos, así como la falta de insignia en sus escudos. Una característica sí resultó inescapable, sin embargo: todos los soldados eran calvos y vestían un tatuaje de horrendas connotaciones en sus frentes.

Esclavos.

"Eres la rubia equivocaba."

Dagur fue reconocible al remover su túnica. El escudo de Skrill de su armadura dejó claro su identidad. Tenía un parche en su ojo derecho, del que a Astrid nadie le había avisado. El muchacho había crecido desde aquellos días donde habían peleado por el Dragon Eye, y durante este tiempo, por fin había aprendido a crecerse una barba decente. "Hofferson, ¿cierto? Aw, la chica de los sueños de Hiccup. Interesante, que te haya mandado como sacrificio."

"Sabes por qué estamos aquí."

Manos empuñadas, se ajustaron en la cintura masculina. "Eso creo. Lo que no entiendo es el por qué. No tenía idea de que tuvieran tanto amor por Bog-Burglar en tu patética aldea." Considerando el misterio, Dagur torció su rostro de un lado a otro, comenzando a acercarse a ellos. No mostró miedo. Y como siempre, no tenía armas visibles más que su filosa lengua. A sus espaldas, un telón de esclavos—preparados con mejores armas—lo respaldaban, mordiéndole sus talones. "Mmmm. Supongo que sí sigo tu jueguito de gato y ratón, averiguaré qué es lo que traman." Sobó su mentón pensativo. Luego, suspiró. "De acuerdo. ¿Combate cuerpo-a-cuerpo entonces? Siempre un clásico."

Astrid no respondió con palabras. Retrocedió sin despegar su mirada de Dagur, tres pasos exactos. Luego, se incorporó a la muralla de su gente, como si nunca se hubiera ido.

"Oooh. ¡Que emocionante!" Dagur talló sus manos. Tiró su casco al piso en arrebato. Inhaló exageradamente el ambiente. "Hombres, ya escucharon a la Señora Hiccup. ¡Formen filas!"

Cuando los hombres de Dagur se expandieron por el campo en una línea gemela a la de los Hairy Hooligans, fue más marcada la desventaja en números. En lo menos esperado, Astrid y su grupo de ciento ochenta guerreros, no tuvo comparación.

"¡Nos rodearán!" Fishlegs volvió a susurrar.

"No. No lo harán."

Intentaron hacerlo. Cuando los soldados rozaron los límites marcados por la muralla de Hooligans, una oleada de flechas los detuvieron en seco. Una oleada que provino de los arboles todavía vivientes detrás de Astrid, elusiva, y bien escondida.

Dagur se carcajeó. "¡Así que allí estás, Pajarito!"

No hubo réplica. A Dagur no le agradó ser ignorado.

"¡Vamos, entonces! ¿Quieres venganza? ¡Dame la cara! ¿O acaso…" De un recóndito lugar en su pecho, Dagur extrajo un colguije de su armadura. Astrid la reconoció. Era la llave maestra de Camicazi. "…no quieres esto de regreso?"

-No. No caigas. Astrid apretó sus dientes, sabiendo que tanto le afectaría a Camicazi el insulto. -Sigue el plan.

"¡Terminemos con esto, de una vez por todas! ¡Pensé que venías a reclamar tus tierras, no ha esconderte en las faldas de los Hairy Hooligans y el Coro Griego de Hiccup!" Nada. Nada más, que el ruido de la expectación. Dagur escupió al suelo. "¡Bah! Tú y Hiccup son iguales. Se esconden detrás de trucos. ¡No debía sorprenderme! Hiccup es un cobarde, ¡y tú una ladrona! ¿Qué saben de honor? Quiero decir, no que yo sepa mucho del tema, pero por lo menos, lo esperaba de ustedes que son los buenos."

Una flecha aterrizó frente a la bota de Dagur.

Astrid roló sus ojos. Demonios de Hel.

Dagur ronroneó en placer. "Mi Pajarito."

La voz de Camicazi se añadió al campo abierto. "Y no un pajarito cualquiera. Soy un cuervo. Mandado por el mismo Odín para despedazarte." Astrid percibió movimiento en sus filas, y fue obligada a investigar.

Camicazi se aproximaba hacia ellos con una sonrisa. Sin capa, sólo su espada colgando de su cadera izquierda.

Y claro, con una fila propia de guerreros agregándose a la batalla. Detrás de ellos, otra fila le siguió, triplicando el número de su defensa contra Dagur. Astrid reconoció a Ruffnut entre los refuerzos, lista y decidida para la lucha.

La Princesa Tantrum lideró la cuarta fila.

"¿Qué hay del plan?" Astrid gruñó en la dirección de la Bog-Burglar, cuando su fila le hizo espacio a Camicazi.

"Psst. Lo de dicho mil veces ya: no creo en planes." Aire de broma se materializó en el rostro de la Princesa. Pero, un parpadeo, toda inmadurez se escurrió de su semblante, al plantarse con firmeza en el suelo. Astrid miró hielo en el semblante de la pirata, y sintió aprensión. "¡PREPÁRENSE PARA LUCHAR!"

"¡AYE!" Vociferaron las filas detrás de las de Astrid.

"¡NO MUESTREN PIEDAD!"

"¡AYE!"

Dagur regresó a su convoy, posicionándose detrás de la primera fila. "¿Cómo iba esa cancioncita tuya? Ya sabes, ¿aquella melodía con la que te arrullabas en mis celdas?"

-¿Este monstruo nunca se calla? Astrid sintió enojo revivir su sed de batalla.

"¡Oh, sí!" Camicazi le siguió la corriente. "¡Los corazones de Bog-Burglars están hechos de Roble!"

"¡Aye!" Los soldados de Tantrum probaron estar familiarizados con el himno, puesto que el siguiente fragmento, vino de sus gargantas.

"¡Y BOG-BURGLARS PELEAN, PELEAN, PELEAN, HASTA LA ETERNIDAD!"

Dagur sólo tuvo una cosa qué decir al respecto:

"¡ATAQUE DE FRENTE!"

"¡MURALLA!" Camicazi contraatacó.

Astrid cerró sus ojos y se preparó para el impacto.


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Fishlegs se consideraba un vikingo bastante resistente.

Su opinión cambió, al recibir el impacto de más de cien cuerpos chocar con su fila. Sus botas se deslizaron por el piso como si fuera hielo. Flotó en el aire por instantes, llevado por la corriente de sus compatriotas. Su escudo aplastó su cara en el encontronazo inicial, y no tuvo a nadie más para culpar, que a sus propias distracciones.

Astrid gritó, en algún punto de su cercanía. No gritaba de dolor, sin embargo. Gritaba con rabia. Con furia. Rugía con la misma ferocidad que Stormfly.

"¡RESISTAN! ¡PELEEN!"

Fishlegs podía escuchar los gemidos ahogados de vikingos siendo heridos, podía sentir y oler la sangre y el sudor. Sus orejas se inundaron con alaridos, con los dings-dings-dings de metal contra metal.

"¡FISHLEGS, DEFIÉNDETE!"

-No puedo moverme. Las rodillas de Fishlegs estaban concentradas en no ser barridas por la fuerza que los querría arrastrar. Su escudo estaba atascada entre el mosaico de tantos más. El puño sosteniendo su hacha no respondía. Estaba solidificado.

De reojo, miró cuerpos caer. Muertos.

Las valquirias recogerían muchos héroes, el día de hoy.

"¡Fishlegs!" Camicazi se atravesó entre una estocada de espada que se había dirigido a su estómago. Camicazi pateó al vikingo enemigo de regreso a su bando. "Astrid no podrá protegerte a ti y a sí misma, por siempre. Si no te defiendes, morirás. Pelea."

Fishlegs actuó en instinto, al ver un ataque hacia los muslos de su amiga. Lo bloqueó con su escudo, y luego mandó volar al enemigo con un escudazo a su cara. Camicazi le guiñó el ojo.

"¡Pelea con honor, Ingerman!"

Fishlegs despertó de su estado comatoso. Pensó en quienes no volvería a ver, si fallaba. Meatlug. No volvería a ver a Meatlug, ni a sus adorables bebés.

"¡Argh!" Escuchó a Astrid. Al encontrarla con la mirada, notó sangre en su mejilla. Su Comandante estaba girado su espada sin descanso a blancos indefinidos, al mismo tiempo que sostenía su escudo sin quiebre. Cortaba estómagos ágilmente, al mismo tiempo que intentaba bloquear golpes fatales en la dirección de Fishlegs. "¡Mantengan la muralla!"

Fishlegs gritó con todas sus fuerzas. Empujó con su escudo. Empujó, empujó, empujó y empujó.

Viró su hacha, sintiendo una corriente de fortaleza nacer en sus venas. Viró su hacha, y la estrenó en piel y huesos. No le gustaba pelear. Nunca le gustaría pelear de esta forma. Pero odiaba aún más, ver a sus amigos lastimados.

Derribó cuerpos. Sintió roces de espada en su ropa. Sintió sangre brotar de nuevas heridas.

No dejó de menear su hacha.


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Por un momento, Ruffnut deseó tener senos tan enormes como los de la Princesa Tantrum, si poder asfixiar a enemigos con ellos, sería uno de los beneficios.

"¡Tiene que enseñarme a hacer eso!"

Tantrum rio de su entusiasmo. Era la única vikinga que utilizaba botas con tacón en plena batalla. Encajó aquellas armas mortales en numerosas inglés.

"¡Tiene que enseñarme a hacer eso, también!"

Ruffnut había abandonado su escudo para enfocarse en sus dagas. Su fila se encargaba de eliminar a todo soldado que atravesara la muralla de Astrid. Sin embargo, cada vez más, ésta se dispersaba. Camicazi los apoyaba, manteniéndose entre las dos primeras filas, desvainando su espada para tumbar intrusos.

"¡Nunca me hace caso!"

Ruffnut se escurrió entre dos hombres de Dagur, con ambos puños dañando los costados de ambos soldados. "¡¿Huh?!"

Tantrum le tumbó a Ruffnut, los soldados de encima, encajando su escudo en sus cuellos. "¡Le dije que debíamos esperar! ¡Que debíamos verificar si no había invasores en la isla—"

De una forma u otra, Ruffnut no salió del suelo por un buen rato. Robó una pequeña hacha, al notar peligro acercársele a la Princesa. "¡Cuidado!" La lanzó. Dio justo en el estómago del enemigo. Tantrum le dio el golpe de gracia con su espada, atravesándolo por completo.

"—Pero, Camicazi nunca me escucha!" La pelirroja ayudó a Ruffnut a levantarse. Alzó su espada manchada a los cielos. "¡Arqueros!"

De los árboles, una oleada de flechas aterrizó hacia el bando de Dagur.

Tantrum limpió sesos de su mentón. Sus labios aun eran carmines con pintura. Impecables.

Ruffnut suspiró embelesada. Estaba decidido. "¡Quiero ser como , cuando crezca!"

Sonó un cuerno.

De repente, la muralla se debilitó cuando las filas de Dagur retrocedieron. El Berserker tenía un hacha en sus manos. Ruffnut corrió hacia la muralla, recogiendo una lanza en el camino. Lo arrojó por sobre los escudos, impulsándose con los cuerpos de sus propios compatriotas.

Miró cuando Dagur dejó caer el hacha, y en consecuencia, miró cuando una fila reconstruida de vikingos calvos, tomó renovado impulso hacia ellos.

"¡REAGRÚPENSE!"

La advertencia de Astrid llegó muy tarde. El segundo choque fulminó el equilibrio de la muralla. Hairy Hooligans se esparcieron por doquier. Ruffnut fue arrojada al suelo, un puñetazo a su vientre, acompañándolo. Le sacó el aire. La desorientó. Ruffnut sujetó su barriga, gruñendo contra el dolor que la paralizó.

Esto sucedía, por no utilizar armadura, diría su madre.

Su coleta fue jalada. Fue girada en contra de su voluntad. Ruffnut distinguió la punta de una espada cayendo en picada.

Ruffnut cortó su coleta con su propia daga para liberarse. Rodó lejos del golpe final, pero la espada alcanzó parte de su vestido. Otra oleada de flechas, le ayudó a escapar del soldado foráneo. Jadeando por el continuo dolor, Ruffnut se armó de un escudo para protegerse.

Tantrum llamó a avanzar sus filas, ahora que la batalla estaba esparciéndose por el campo. Se apresuraron a formar otra línea de defensa.

"¡Yah!" Camicazi gritó, clavando a un soldado del camino de Ruffnut con su espada. "¿Estás bien, muñeca?"

Resoplando, Ruffnut asintió. Estaba mintiendo, pero un puñetazo no la derrotaría. Podía sentir el material de sus pantalones, húmedo con sangre. Sangre caliente, sangre que pertenecía a lugares que ningún Berserker había tocado en combate. Su vientre estaba bajo la merced de retortijones dolorosos.

Ruffnut los ignoró. Ignoró el dolor y la sangre. Tomó otra daga de su colección. Se lanzó hacia la muralla con un alarido de coraje renovado.


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Se estaban cazando, uno al otro.

Camicazi se dirigía, hacia donde Dagur se dirigiera. Se perseguían con la mirada, y con la sangre que derramaban con sus propias armas. Dagur le sonreía, y Camicazi escupía el suelo en respuesta.

Vuela, pajarito. Vuela. El demonio le comunicaba en mímica, a través de la pared de vikingos matándose unos a otros.

La Bog-Burglar gruñó con el oscuro recuerdo. Soldados sufrieron el doble de agonía, debido a su empeorado humor. Torció un vikingo del brazo hasta tirarlo al piso. Le clavó su espada en el pecho. Escupió sobre el cuero negro del enemigo, odiando su falta de pistas sobre su identidad.

"¡Aaaaagh!" El grito de Astrid la distrajo. De inmediato, la buscó por el campo de batalla. Cuando la encontró, Camicazi corrió por cadáveres y obstáculos vivos, tumbando a quien se le atravesara, con el poder de su escudo.

Astrid estaba siendo acosada, atrapada en el suelo, un hacha pequeña deteniendo la estocada de otra de mayor tamaño. Camicazi chocó con el cuerpo enemigo, viendo rojo en su mirada.

"¡Levántate!" Protegió el área que las rodeaba. Astrid se incorporaba, mientras sus manos buscaban en el suelo por su escudo. Entre vistazos, Camicazi notó que la Hooligan sangraba de su boca. Además, la mitad de su cara se comenzaba a hinchar con moretones. "Aw, tu bello rostro."

"¡Me interesa más vivir!" Astrid frenó al siguiente valiente que se arremetió contra ellas. "¡Aaaagh!" Ahora, los gritos fueron de victoria. Hofferson fue un torbellino de madera maciza. Su hacha no descansó hasta cortar el cuello de oponente.

Sus ojos se conectaron. Camicazi asintió.

Se dio la vuelta, revisando el estado de sus filas. "¡Reagrúpense! ¡Júntense! ¡Reagrúpense!"

Astrid y Tantrum repitieron el comando, jalando a sus hermanos de guerra de las primeras filas, hacia atrás.

"¡Retrocedan! ¡Júntense!"

Camicazi se percató de que Ruffnut todavía luchaba, sorda a las indicaciones. Haló del brazo de Fishlegs, quien iba pasando a su lado. "¡Fishlegs, ve por Thorston! ¡Sácala de allí!"

Ingerman actuó rápido. Vociferando, escudo en lo alto, el muchacho se arrojó al abismo. Formó una línea recta de objetivos derrumbando, no descansando hasta llegar a su amiga. Fue majestuoso presenciar al equipo de jinetes de dragones adaptarse a la tierra, a unirse una tradición para la que los vikingos habían nacido. Camicazi nunca volvería a llamarlos debiluchos, después de hoy. Habían superado sus expectativas.

Camicazi sacudió su cabeza. -Y te lo estás perdiendo, Haddock.

Camicazi fue de las últimas en unirse a la enorme formación circular de escudos. A Dagur, o no le importaba, o no sospechaba, a lo que sus hombres se estaban exponiendo al seguir atacando la fortaleza Bog-Burglar, aun cuando era casi imposible lastimarlos mortalmente. Una vez dentro de la conglomeración de Hairy Hooligans y Uglithugs, Camicazi se asomó entre los escudos, contando los números del enemigo.

Hasta ahora, se había mostrado un empate de fuerzas. Camicazi no podía continuar con cifras tan iguales. "Vengan por nosotros, basura Berserker. Vamos."

"¡Mantengan posición!" Tantrum se escuchó entre el caos, sabiendo muy bien lo que Camicazi quería hacer. "¡Prepárense!"

Dagur, en ningún momento, les ordenó a sus soldados retroceder.

Fue su error.

"¡Abran el círculo!"

Tantrum repitió la orden.

Del medio del grupo, se abrió una grieta para dejar pasar a los soldados de Dagur. En instantes, el círculo fue inundando de enemigos, pero demasiado tarde, se percataron de la trampa en la que habían caído.

Conformes los números entraron, estos fueron asesinados por los brazos de Hooligans y Uglithugs. Los enemigos se introdujeron a la boca del lobo, viéndose rodeados sin escapatoria, una vez dentro del circulo liderado por la Princesa Bog-Burglar.

"¡Arqueros!" Camicazi levantó su espada, apuntó hacia los hombres que todavía le quedaban a Dagur. Dejó caer la espada. "¡Disparen!"

Hombres cayeron como naipes alrededor del Berserker.

Dagur había sido aislado.

Camicazi salió del círculo.

Era hora de saldar deudas.


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Dagur no se molestó en armarse. Miró la figura de la Bog-Burglar caminar hacia él, y bostezó en aburrimiento.

"¿No es ésta la parte donde tratas de huir?" La chiquilla le saludó, al tenerlo cerca.

"No tengo a donde huir. Hiccup quemó mi dulce hogar. De seguro, te lo mencionó." Dagur sonrió. "Espero que esta batalla sea más entretenida que la última vez, pequeño pajarito." Extendió sus brazos. "¡Sólo tú, yo, y nuestros puños! ¡Vamos! Aquí estoy, en bandeja de plata. Soy todo tuyo."

El escudo de la Princesa fue descartado de inmediato. La espada también. La pirata estaba sonriendo con la misma malicia, que Dagur sentía.

Detuvo el puñetazo de la Bog-Burglar con su antebrazo. Era demasiado enana para alcanzar su cara. Dagur respiró la esencia a valquiria con ojos cerrados. Bloqueó la patada a su costado sin problemas. Dagur empujó a la chiquilla.

Y mientras esperó a que la pirata recobrara temple, Dagur lo vio.

La visión fue fugaz. Aunque, cargada con la solución a sus problemas. Fue un camino alternativo que podía tomar, si deseaba seguir con vida.

Su pajarito atinó un impacto a su costado, mientras Dagur analizó lo que sería de su nuevo futuro, si seguía el cambio de planes.

Este era el momento donde tenía que tomar una decisión. Si elegía huir, mientras el resto de estos patéticos soldados cubrían su trasero, Dagur sabía que encontraría asilo en la montaña.

Drago lo encontraría poco después. Lo traicionaría, por razones que todavía no eran claras. Había un beneficio en asesinarlo, pero Dagur todavía no averiguaba cuál.

O podía…

Dagur dejó a la Bog-Burglar pelear. La dejó desquitar su odio. Sonriendo, permitió que los gritos de coraje le cantaran dulces versos. Una patada. Otra ola de puñetazos—Todo fue bloqueado. Dagur dio vueltas sobre el suelo, bailando, ahora que tenían música.

O podía quedarse. A enfrentar a su verdugo.

Cuando la oportunidad se presentó, Dagur aprovechó un descuido para rodear el cuello de la Princesa con su brazo. Apretó lo suficiente para inmovilizarla.

"Si haz terminado con el espectáculo—"

Un cabezazo le interrumpió. Dolió, pero Dagur no la dejó escapar. Acercó su nariz a la oreja más cercana de la enana.

"Como iba diciendo. Espero que hayas terminado, porque ahora que estoy en tan buen humor, creo que te interesaría saber… que has ganado."

Gruñido incomprensible.

Dagur rodó su ojo. Odiaba tan sólo pensarlo… Sería humillante, y probablemente pasaría a la historia como el día que los Berserkers perdieron sus pelotas, pero…

"Ah." Dagur aflojó su brazo con desaire. Observó a la vikinga toser ligeramente, mientras se incorporaba frente a él. "Al Hel con esto: me rindo, Princesa."

"¿Qué dices?" La expresión en la pajarita no tuvo precio. Su nariz de cerdita se torció, causándole nostalgia a Dagur. Oh, que buenos tiempos habían compartido en las celdas con esa naricita.

Dagur se quitó el colguije. Lo arrojó a de vuelta a su dueña. La llave fue capturada en el aire. "Me rindo." Lentamente, Dagur se hincó en el suelo, colocando sus manos en lo bajo de su espalda. "Me rindo ante tu victoria en batalla. Ruego por tu piedad como gobernante, para que me permitas seguir viviendo como tu prisionero."


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Valka había visitado las Islas Bog-Burglar en tres ocasiones—una estando embarazada, para rendirle tributo al monumento de Freyja. Esta sería la cuarta visita, y la primera, sin la compañía de Stoick.

Se acercó a la criatura que abordaba la proa de la nave Uglithug. "Te sientes inquieto." Cloudjumper respondió a sus caricias sobre su mentón en natural cariño, pero aun así, Valka sabía que el dragón tenía su mente en otro lugar. "¿No te agradan las islas?"

"Hay una esencia... Una esencia que me perturba. La conozco. Es una esencia que ha traído Daño."

Valka frunció su ceño. "Debe ser Dagur. Lo conociste en Berserk."

Cloudjumper consideró el paisaje con extremo detenimiento, antes de responder. "No. Es una esencia… que trajo Daño a Ti."

Bertha les interrumpió con su llegada poco discreta. Estaba comportándose tan impaciente como Cloudjumper, pero por diferentes causas. Sus huesos dolían, había dicho previamente. El frío de la tormenta, y el cercano invierno, la debilitaban en maneras extrañas.

"¿No hay reportes nuevos?"

Valka negó con mentón. "Checaré el perímetro, de todas formas. No hay que desconfiarnos." El interés de Valka había sido tentado.

Al verla treparse en Cloudjumper, Bertha produjo un refunfuño, seguramente envidiando su facilidad para escapar, mientras ella y el resto de la tripulación, tenían que esperar.

Valka pausó.

"¿Por qué no viene conmigo, Jefa Bertha?"

Bertha se mostró escéptica. Cruzó sus brazos anchos. "No soy como mi hija. Nunca le he encontrado sabor a trepar a esas criaturas. Además, no hay un dragón que pueda montar, que no lastime mis almorranas."

¿Cómo pelear contra tal argumento? Valka comenzaba a comprender esa frase sobre Demasiada Información.

Valka no tomó asiento en la silla de Ruffnut. Sólo ocupó su bastón para manejar al Stormcutter por la orilla del puerto, saboreando la brisa en la punta de su lengua. "Persigue la esencia, mi amigo."

Aunque la Princesa Tantrum había orquestado un plan bastante elegante, este había involucrado gran porción de paciencia, algo que no muchos vikingos poseían cuando ansiaban venganza. Valka podía admitir, que ser pasiva, había sido algo que había tenido que re-aprender durante los últimos meses. No obstante, sus instintos habían ganado la partida esta vez. La tormenta había despertado en su alma, algo más que su adoración por la aventura.

"La detecto con mayor Fuerza." Cloudjumper gorgoreó. Sus alas papalotearon en la orientación norte de la isla, hacia la montaña bautizada con el nombre de la Diosa Freyja. "…La tierra huele a sangre. Me distrae."

Valka se colocó su casco. "Es de esperarse. Este territorio ha visto mucha muerte."

Cloudjumper gruñó, pero siguió sin identificar el aroma que lo estaba incomodando. En el horizonte lejano, Valka divisó que la tormenta amenazaba con regresar en otro grupo de nubes oscuras. Valka se preocupó por Camicazi, y los jinetes, amigos de Hiccup. Una tormenta complicaría la batalla.

"Será mejor que regresemos—"

No!" Un súbito declive del cuerpo de Cloudjumper para acelerar su vuelo, siguió a la objeción. "¡Está Cerca!"

El dragón tomó control de la odisea, empeñado en lo que sus sentidos estaban dictándole. Valka se sujetó de sus crestas, más no ofreció objeciones. Eran raras las ocasiones que Cloudjumper se equivocaba en su necesidad de investigar, así que confiar en él, fue para Valka como respirar.

Rodearon la montaña, pasando el monumento de Freyja. Justo cuando terminaban la trayectoria, Valka descubrió oro puro.

"Tantrum no se equivocó. Es una chica muy lista." La Princesa había insistido en no exponer el número total de sus naves u hombres, por esta misma razón… Había intentado convencer a Madre e Hija Bog-Burglar, de cómo Dagur podía tener alianzas de las que no estaban informados, y el elemento sorpresa, debía pertenecerles a su bando.

Ciertamente, Dagur tenía alianzas. Y estas incluían una respetable cantidad de naves de cargamento, ancladas en la playa de la segunda isla Bog-Burglar—la Pequeña Uppsala.

"¡Buen trabajo, Cloudjumper!"

Se ganó un ronroneo contento. "¿Me acerco?"

"Con cuidado. Vuela junto con la niebla."

Valka tenía sospechas sobre el origen de las naves. Su estética resultaba conocida. Desafortunadamente, momentos después, su incertidumbre probó tener fundamento, al tener un mejor vistazo de los barcos.

Eran barcos de caza. De comercio negro.

Comercio de esclavos.

La expulsión de redes fue súbita. Aunque, algo esperado.

Cloudjumper las quemó fácilmente, escapando de su enredo. Con su presencia descubierta, Valka lanzó la cautela, y su casco, al viento. "¡Fuego!"

El puente de soga que conectaba a la isla mayor con Uppsala había sido reconstruido y mejorado. Soldados—no, escabrosos piratas, más bien—resonaron sus cuernos, al percatarse del ataque del Stormcutter sobre sus ganancias. Corrieron como hormigas por la longitud del puente, cuando vieron al peligro neto dirigirse hacia ellos.

Cloudjumper utilizó sus garras, para partir el puente a la mitad.

Los piratas arrojaron flechas en su dirección, pero estas fueron astillas indefensas para la gruesa piel del dragón.

Cerca! ¡Es Cerca!" Cloudjumper respingó. Cambió de rumbo, sin esperar a ser indicado. Se adentró al lugar de las naves, rociando torrentes de fuego sobre proas. El bastón de Valka hizo contacto con sin números de cabezas, mientras Cloudjumper se deslizó entre los barcos, y sus tripulaciones.

Había jaulas a bordo, así como aquellas trampas que Bludvist había construido para capturar dragones.

Sin embargo, no era de dragones, de lo que las jaulas estaban ahora, llenas.

Valka no sabía que era peor, esclavos dragones, o esclavos de su propia especie.

"¡ALTO!"

Valka y Cloudjumper reconocieron la voz al instante.

"¡ALTO!"

No se detuvieron. Continuaron volando, directo al origen de aquella esencia que los había atraído. El hombre estaba esperándolos, cínicamente extendiendo su único brazo desde su posición en el barco de mayor tamaño.

Desde la proa de éste, Drago Bludvist rugía.

Cloudjumper arremetió contra el hombre, arrastrándolo hasta que el choque con el enorme mástil de la nave, los frenara. Drago fue sometido por las garras del dragón, atrapado y sin escapatoria. Valka saltó de su amigo, su bastón encontrando asilo justo en medio de la frente de su presa.

"Ya no eres un Alfa, Bludvist. No eres nadie para darnos órdenes."

Los pocos piratas que tuvieron el valor para venir al rescate de su líder, escogieron dardos venenosos como arma de elección. Cloudjumper los mandó en dirección opuesta con una enorme ráfaga de viento creada por sus cuatros alas.

"¡ALTO! ¡NO LA ATAQUEN!"

"¿Cómo puede ser que continúes con vida?" Valka descendió su bastón hasta el cuello de aquel monstruo, apretando en la garganta.

"Ugn… Valka. Esperaba… a… a tu hijo."

"¿Por qué?"

Drago tuvo la indecencia de sonreír. No mostró ni una sola pizca de dolor ante el estrujante abrazo del Stormcutter. "No importa… Tener tu presencia… será igual de efectivo."

"Ten cuidado con tus palabras. Podrías arrepentirte de haberme obtenido, a cambio de Hiccup." Hiccup no era un asesino. Pero, Valka… Valka estaba preparada a todo con tal de proteger a su hijo de decisiones tan difíciles. "¿Estuviste detrás del asedio a las Islas Bog-Burglar? ¿No es suficiente para ti el haber lastimado a dragones, que ahora buscas cazar a tu propia gente?"

"¡No es lo que parece!" Drago gruñó. "¡Rescaté a esa gente! ¡Los encontré escondidos en los túneles subterráneos de Uppsala, después de los ataques mandados por Dagur! ¡Los ayudé!"

Valka parpadeó. "Quieres decir… ¿que la gente en las jaulas son habitantes de esta tribu?"

"¡SÍ!" Lo que pareció ser enorme alivio, iluminó aquel rostro cicatrizado. Valka intercambió una mirada con Cloudjumper, dudosa de lo que escuchaba. "¡Son sobrevivientes!"

"¿Qué planeabas hacer con ellos? ¿Por qué los tienes encerrados?"

Drago peló sus propios dientes, cuando Cloudjumper gruñó en su cara. "Estaba esperando por ustedes. Sabía que vendrían detrás de esa sabandija Berserker, tarde o temprano. Dagur no sabe de mi descubrimiento. Lo he mantenido en la oscuridad, fingiendo estar de su lado. Hasta… ugh… le he prestado a mis hombres… Aunque, en verdad, lo he mandado al matadero… Pensé que la Princesa apreciaría el obsequio."

"No te creo."

"¡Esta era la única forma… en la que obtendría la atención de tu hijo! ¡Como he sido exiliado a los límites del Archipiélago, permanecer en estas Islas fue mi única opción para entablar contacto con ustedes!"

"¿Y qué demonios quieres con nosotros? ¡Déjanos en paz!"

Increíblemente, la mano de Drago logró escurrirse para tomar el bastón de Valka. Haló del objetivo hasta tener el rostro de Valka en sus narices. "Sé lo que ha hecho tu hijo. Sé que nos ha maldecido a todos, con una guerra que todo indica, no podremos ganar."

Valka se alejó del hombre de un salto. Su bastón cayó al piso.

Drago relajó sus facciones a un estado de satisfacción. "El Domador de Dragones necesitará a cada vikingo con vida en este mundo, para enfrentar al Seadragonus y su ejército… Hasta a sus viejos enemigos."

Fue difícil admitir que Drago no estaba tan lejano de la verdad. Así que, Valka no lo admitió. No en voz alta. "No intentes lavar tu mano, y dejar a Dagur como el culpable de todo. Las Islas Bog-Burglar fueron asediadas mucho tiempo antes de que Hiccup liberara al dragón Furious de Berserk."

Atrapado en sus propias distorsiones de la realidad, Drago únicamente alzó sus cejas. "Ah, bueno, verás… Tengo que recibir un pago justo a cambio de mi ardua labor. Dagur quería mi conocimiento sobre dominar dragones, y ofreció vaciar este territorio para mí. No puedes juzgarme por intentar sobrevivir en este cruel mundo." Risas ronronearon de su garganta, tan tenebrosas como los recuerdos de Valka. "No cambia los hechos, de todas formas. Espera a que todas las demás tribus se enteren de lo que Hiccup ha provocado. Los Uglithugs, los Meatheads, los Bashem Oiks—hasta las mismas Bog-Burglars—¿Con quién crees que se aliarán? ¿Con tu niñito amante de la paz, o con un líder que ha probado dominar a un ejército entero de dragones? Podemos luchar todos juntos… o perecer, matándonos unos a los otros."

Cuando Valka retrocedió hacia la borda, Cloudjumper giró su enorme cabeza hacia ella, neutral en sus llamados. El Stormcutter era tan inteligente, que comprendía la magnitud de lo que Drago hablaba. Cloudjumper era el Segundo en Comando de su Alfa, y eso implicaba conocer estrategia.

Valka se detuvo al filo de un costado de la nave. Analizó el horizonte y la tormenta que comenzaba a traer lluvia sobre sus rostros. Contempló los cielos en busca de una señal. No recibió una.

La decisión era sólo de Valka.

La mujer suspiró. "Tienes razón."

El rostro de Drago comenzó a partirse en una gigantesca sonrisa. "Sabía que verías—"

Valka produjo una serie de chillidos, que bajo otras circunstancias, resultarían graciosos. Llamó por un viejo amigo. Regresó al cuerpo postrado de Drago para agacharse a su nivel.

"En muchos aspectos, eres más fuerte que mi hijo. Podrías competir por la lealtad de todas las tribus del Archipiélago y ganarías, porque Hiccup no es un guerrero. Por lo menos, todavía no. Unirnos es lo más lógico. Mi mente admite que es la mejor decisión que podríamos tomar."

La nave se onduló repentinamente, y no fue por oleadas rebeldes. Por el rabo de su ojo, Valka divisó una cola de impresionante longitud invadir la popa del barco. Piratas se aventaron al mar, gritando sobre leviatanes. La cola comenzó a enredarse alrededor como si la nave fuera un juguete. Dragó se percató del rechinamiento de la madera e intentó averiguar lo que sucedía.

Valka lo frenó, tomando su mentón con su mano. "Pero, luego recuerdo que asesinaste a mi esposo."

La cabeza del Submaripper brotó de las profundidades marítimas. Al recibir otro chiflido de Valka, el dragón se deslizó en su dirección, destruyendo la estructura con sus colmillos mortales.

"¿Qué—?¿Qué crees que estás haciendo?"

Valka se puso de pie. "Hay otra solución en la que no pensaste, Drago Bludvist."

"¡NO! ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?" Drago luchó contra las garras de Cloudjumper, y mostró todavía conservar gran vigor. Cloud concentró todas sus fuerzas en mantenerlo en su lugar mientras Submaripper terminaba de rodearlo con su cola, atándolo a su fatal destino. "¡VALKA! ¡NO PERMITAS ESTO! ¡PODEMOS TRABAJAR JUNTOS!"

Valka trepó al Stormcutter. Se impulsaron en el aire, manteniéndose a flote para verificar que el cuerpo fuera atravesado por colmillos. Para asegurarse, de que esta derrota, Drago no tuviera escapatoria milagrosa.

La nave fue hecha trizas, el Submaripper arrastró los restos al corazón del océano.

Drago fue devorado.

Y la competencia fue eliminada.


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Continuará…

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NdA: *delirante* AMO "VIKINGS" POR ENSEÑARME SOBRE BATALLAS VIKINGAS. AMO A DAGUR. AMO A TANTRUM. AMO A RUFFNUT. AMO A ASTRID. AMO A FISHLEGS. LOS AMO. Y LOS AMO A USTEDES TAMBIEN. *se desmaya gaymente por tanto escribir* *revive* EL PORNO SALVAJE ESTÁ MUY CERCA, LO PUEDO OLER. *se vuelve a desmayar*

Nota especial #2: Amo a Camicazi tambien, pero considero poco probable que pudiera ganarle a Dagur en fuerza fisica. Es imposible. Race to the Edge remarcó que tan fuerte Dagur es. Digo, podía con Alvin, ¡y era un chamaco! Sorry. Además, la Camicazi de este fic es menor que Hiccup y de pequeñas proporciones. Hay que ser realistas.