El día sábado había llegado.

Día en el que habitualmente Marinette iba al supermercado junto a su madre.

Ella estaría más feliz de no ser porque sus patines aún no funcionaban. Durante toda la semana estuvieron cotizando precios, pero no habían llegado a nada. Todo era realmente costoso. Incluso Marinette le pidió ayuda a Alix, pero Alix la envió a un lugar aún más lejos.

—No te preocupes, encontraremos alguna solución —le aseguraba su madre.

De todas formas Marinette ya había perdido toda esperanza en arreglar sus patines, sabía que no tenían solución, sabía que el dinero no era algo que tuvieran en abundancia. Tendría que conformarse con los recuerdos que guardaba.

Lindos recuerdos.

Como cuando molestaba a cierto chico para que se fuera. Solo era cosa de patinar y listo, el ruido le parecía bastante molesto.

Sinceramente esa situación era divertida, eran recuerdos muy gratos.

O saber que esos patines se los probó su madre primero siendo ayudada por Adrien. Él la tomó de la mano y la ayudó a andar por el Lider. ¿Eso no es tierno? Es algo que ella jamás podría olvidar.

Aunque también guardaban recuerdos malos, como las tres caídas que había tenido. Una vez se había caído por culpa de arena gatuna y estuvo cojeando por tres días. Aunque en definitiva, su peor caída había sido la de su mayo, porque terminó con la mano quebrada y enyesada.

A eso de las siete de la tarde Sabine había encontrado patines viejos de Marinette, de cuando tenía quizás seis o siete años.

—¡Quizás podemos intercambiar las ruedas! —pensó Sabine con felicidad.

Marinette no parecía estar muy convencida.

—¿Crees que eso sea posible? —preguntó algo escéptica.

—¡Claro! —celebró Sabine. Parecía estar realmente alegre por haber encontrado una solución al problema —. Aunque es obvio que yo no sé. Quizás podría pedirle ayuda a...

Marinette ya sabía que se refería a Adrien. No había que ser un genio para darse cuenta. Su madre cada vez que tenía un problema le pedía ayuda a ese joven rubio. Era algo incómodo, pero bueno, para eso estaban los amigos.

Sabine le escribió un mensaje a las ocho de la noche preguntándole si se encontraba en el local. Pero Adrien no respondió absolutamente nada.

—¿Cuándo es el evento de Pokémon? —le preguntó repentinamente Sabine.

—Es mañana.

—Entonces debe estar en el local.

Ambas salieron en sus bicicletas y se fueron al supermercado. Amarraron sus bicicletas e ingresaron al local.

Como era de suponer: Adrien sí se encontraba ahí.

Marinette se apoyó en el carro y vio como ambos adultos se saludaban con su típico abrazo, era algo tierno. Luego ella se mantuvo en esa posición, ninguno de los dos se saludó.

Supongo que eso fue lo mejor: alejarse por su propia cuenta, eso era lo que correspondía.

Además la azabache se encontraba un poco asustada porque la noche anterior Lila (la madre del hijo de Adrien) le envió una solicitud de amistad a Facebook. Eso fue algo tan inesperado y tan incómodo. Ellas no eran amigas, simplemente eran conocidas. ¿Por qué la había agregado?

Realmente eso la asustó.

—Te envíe un mensaje para preguntarte si estabas aquí hoy —le dijo Sabine.

—¿En serio? Perdón me quedé sin batería desde hace horas —respondió Adrien y acto seguido sacó su celular de su bolsillo y agregó: —. Está apagado —y lo enseñó.

—Encontré un patín al que probablemente le podamos intercambiar las ruedas —dijo Sabine.

—Habría que ver.

—¿Y si lo voy a buscar ahora?

¿Ir a buscar el patín? Rayos. Recién habían salido y ya tendrían que volver a casa, qué aburrido.

—¿Alcanzan a ir y a volver? —preguntó Adrien.

—Mi mamá es muy rápida —respondió Marinette.

—Pero iría sola.

¿Ir sola?

Eso dejó estática a Marinette. ¿Qué se supone que haría ella mientras tanto?

—¿Te quedarías aquí sola? —le preguntó a su hija. Ella inmediatamente negó con la cabeza en repetidas ocasiones. ¿Cómo le preguntaba eso?

—¡Qué eres mala! —exclamó Adrien —. Si sabes que no puede.

—Pero te quedarías con Adrien —Marinette negó en repetidas ocasiones con su cabeza y seguramente sus ojos demostraban su nerviosismo.

¿Ellos dos solos? ¡todo menos eso! Sería bastante incómodo, ¿de qué hablarían? No tenían tema en común. Bueno, sí, Pokémon.

—No sea mala —la retó Adrien.

—Marinette, te puedes quedar sentada, no pasará nada —continuaba su madre —. Así tendrás tus patines.

—Bueno... —respondió no del todo segura.

—¿Te quedarías? —asintió no muy convencida.

—Yo te hago un asiento.

Adrien movió una silla y la dejó lista para que Marinette se sentara en ella.

—Ven, Manita —golpeó la silla invitándola a tomar asiento.

—Gracias —ella se sentó.

Entonces Sabine se fue y Marinette se quedó sola con Adrien.

Sabía que era probable que él le hablara aunque sea un poco, entonces tenía que estar concentrada en no sentir nervios, en poder hablar.

—¿No estás muy aburrida? —le preguntó Adrien después de unos pocos minutos.

—No te preocupes —respondió ella.

A medida que pasaban los minutos, Marinette se dio cuenta de que estaba equivocada. Adrien no hablaría con ella, simplemente se dedicaría a trabajar y listo. Estaba colgando cosas de Halloween junto a su compañera.

En ocasiones se iba (momentos en los que Marinette sentía pánico porque era como estar sola en un supermercado ¡enorme!, eso la aterró) y en ocasiones regresaba, pero volvía a irse. ¡Era muy feo!

Y era peor considerando la crisis de pánico presente en la chica.

En un momento apareció Luka. Él la vio, le sonrió y se saludaron, ella estaba nerviosa.

Él empezó a hablar con Adrien.

—Es que no tengo batería —dijo Adrien.

Luka lo estaba ayudando a guardar decoraciones de Halloween. Adrien de pronto tomó un gatito, el cual le entregó a Luka.

—Mira, Mari. A ti te gustan los gatos —dijo Adrien.

Marinette observó al gato.

Eso no era un gato, era el esqueleto de un gato.

—¿Te gusta el gatito? —le preguntó Luka.

Ella simplemente observó al gato, no era lindo.

Luka hizo que la cabeza del gato girará, algo así como la película del exorcista. ¡Eso fue horrible!

—¿Te lo presto? —le preguntó Luka.

Luka seguía hablando sobre ese esqueleto feo.

—¿Te gusta? —continuó. Sintió las miradas de ambos hombres fijas en ella.

—Es... bonito —respondió de modo nervioso.

Luka le volvió a sonreír. Pero Adrien parecía estar enojado.

—Ya déjalo así —Adrien arrebató el esqueleto de las manos de su amigo y lo guardó con algo de brusquedad.

Entonces... más personas llegaron. Había como cinco trabajadores junto a Adrien. Todos frente a la azabache. Eso se sintió como estar en medio de un montón de personas. El corazón de la chica se aceleró, su vista se nubló, sus extremidades dolían. Tuvo que hacer ejercicios de respiración. Sintió que se iba a desmayar.

—Quiero a mamá... —pensó asustada. Quería llorar.

Los trabajadores hablaban sobre las festividades. Adrien decía que la Navidad era terrible, que no le gustaba. Y también estaba hablando de que cuando trabajaba en la Carnicería le daban un bono especial en una fecha especial, pero ahora ese bono no se lo daban.

Sí que tenía quejas.

Después de un rato todas esas personas se retiraron. Adrien también se fue, tenía muchas cajas. Pero una trabajadora se acercó a ella.

—Hola —la saludó con una sonrisa.

—Hola —respondió con un susurro, su voz no estaba saliendo normal, era carrasposa.

Otro síntoma de la crisis de pánico.

—¿Y tú mami?

—Es... es... tá... en... casa —ahora estaba tartamudeando, su voz había muerto.

La trabajadora la miraba de modo extraño, preocupado.

—¿Estás bien? —realmente parecía estar preocupada por ella.

No se sentía bien, se sentía abandonada.

Adrien en ningún momento se había preocupado por ella, no la había mirado y tampoco le había hablado. Simplemente se iba y se demoraba en aparecer. Después se llenaba de personas y ni siquiera la miraba.

Ella estaba sola en un supermercado enorme y en el anochecer.

Esto era muy similar a sus pesadillas. Como cuando el payaso de la película It aparecía frente a ella, o como cuando muchas drogas invadían el lugar.

—Sí... —respondió susurrando —. Es... so... lo que... ten... go... cri... —y entre tartamudeos explicó que tenía crisis de pánico.

Era incómodo estar tartamudeando. Hace tiempo que no tenía uno de esos feos ataques, normalmente le pasaba cuando estaba en el metro o en lugares desconocidos, más que nada cuando había muchas personas.

Ahora al estar sola en el supermercado se sentía mal, se sentía triste.

—¿Quieres que te acompañé?

Ella sí que era dulce.

—No... te... —le dijo que no se preocupará y que siguiera con su trabajo, que muchas gracias. Aunque gracias al tartamudeo tardó bastante.

—Pero ya terminé. Tranquila, yo te acompañó —y le hizo cariño en el cabello.

Después de largos minutos Adrien volvió y comenzó a hablar con esa trabajadora.

Hablaron de cocina.

—En casa yo cocino, Lila nunca lo hace.

—¿Cocinas de todo?

—Sí. Incluso cuando mis amigos hacen asados, me llaman a mí para prepararlos —rió él.

En un momento Adrien se iba a retirar porque tenía que transportar un montón de cajas vacías. Marinette se quedaría sola quizás por cuanto rato, eso la espantó por completo. Es que esa trabajadora también tenía que irse, tenía que pagar sus compras.

Pero por suerte su mamá apareció.

—No te demoraste nada —dijo Adrien.

¿Nada? Para Marinette se sintió como una eternidad, fue bastante. No le gustó la situación.

Aunque... en ocasiones ancianas le sonreían y trabajadores viejitos la saludaron. Pero... ¡no fue lindo estar sola!

Ella perfectamente bien pudo haberse ido de esa silla y Adrien no se hubiera dado cuenta en ningún momento.

—Lo hice lo más rápido que pude —respondió Sabine.

—Vayan a comprar corriendo.

—¿Pero y los patines? —preguntó Sabine.

—Terminó con las cajas y después me voy a fumar —respondió Adrien —. Marinette estaba petrificada, hasta parecía parte de la decoración de Halloween —bromeó Adrien.

¡Eso no es lindo!

—Gracias por cuidarla —Sabine besó la mejilla de Adrien.

Prácticamente él no hizo nada —pensó Marinette.

Esa trabajadora y Luka se fijaron más en ella que el mismísimo Adrien.

Las mujeres empezaron a realizar sus compras. Solo que Marinette sufrió los efectos que vienen después de la crisis de pánico. Porque cuando enfrentas la crisis, tienes bastantes síntomas. Pero cuando la crisis se acaba, también tienes síntomas.

Sentía que se iba a desmayar, sus manos temblaban y aparte de eso, quería vomitar. No podía dejar de bostezar.

El lado bueno fue que se encontraron con Priscilla, una amiga de su madre y ella la ayudó, la abrazaba y la sostenía por la espalda. Aunque aún así los síntomas no desaparecían.

Cuando salieron Adrien se acercó a ellas.

—No, está rueda no va a funcionar —dijo Adrien —. No es lo mismo.

¡Quedarse sola con Adrien no había servido para nada! ¡esto es increíble!

—De todas formas déjeme ver qué hago.

Adrien le puso un spray a los patines y después de eso hizo otra cosa y finalmente lo devolvió. Sabine le agradeció. Adrien abrazó a su madre, después se acercó a ella y se despidió, ella le dio un beso en la mejilla.

Sentía que vomitaría, pero de todas formas, alcanzó a escuchar la conversación entre su madre y Priscilla.

—¿Él era quien te gustaba?

¿A su madre le había gustado Adrien?

Marinette se sorprendió mucho. ¿Era en serio?

—Sí. Pero luego conoció a Lila y todo cambió —respondió Sabine.

—Pero es bastante guapo.

—Me ganaron simplemente.

Cuando las mujeres se acercaron a ella, simplemente se callaron.

¡A Sabine le había gustado Adrien tiempo atrás!

Una vez en casa Marinette intentó dormir, pero no pudo hacerlo. Tenía demasiados pensamientos en su cerebro: ¿cómo era posible eso? ¿Sabine y Adrien?

Ambos tenían diecisiete años de diferencia, ¿eso no era mucho? Bueno... entre ella y Adrien existían seis años de diferencia, no era tanto, pero también era diferencia.

Se colocó de espalda en su cama y se puso a pensar en Adrien y su madre.

Eran lindos juntos. Adrien siempre la abrazaba, le decía "Sabinita" y la trataba de un modo especial, era bueno con ella. Además... la miraba de un modo especial.

—Tengo que hablar de esto con ella.

Marinette fue a la cocina, bebió un poco de agua y entonces se sentó en la mesa frente a su madre.

—¿Es verdad que a ti te gustaba Adrien? —preguntó —. Escuché tú conversación con Priscilla —aclaró.

Sabine suspiró antes de responder.

—Sí.

Eso fue tan directo.

—Me gustaba, yo también le gustaba.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque me buscaba. Cuando yo llegaba él me sonreía, me abrazaba, me hablaba y además, siempre quería estar conmigo —sonrió Sabine —. Incluso me seguía a la salida del Lider.

El corazón de Marinette se sintió adolorido. Es que... su madre acababa de traicionar su confianza.

—¿Cuándo fue eso? —preguntó dolida.

—En el dos mil once.

—¿Ustedes iban a ser novios?

Dolía mucho.

—Pudimos haberlo sido. Nos gustábamos mucho. Pero luego apareció Lila.

¿Apareció Lila?

¿Cómo es eso?

—¿Cómo es eso? ¿si se gustaban por qué no estuvieron juntos?

—Lila apareció, aunque irónicamente él nunca la abrazaba, nunca le hablaba con cariño y nunca se comportó del mismo modo que conmigo —respondió Sabine.

¿Qué quería decir todo eso?

—Simplemente se embarazó, creo que de ese modo ganó a Adrien.

Pero...

Ese niño tenía tres años, no había nacido en el dos mil once. Algo no encajaba.

—¿Y pudieron haber sido novios? —volvió al punto que dolía.

—Sí. Nos estábamos conociendo, pero nos gustábamos.

¡Eso era lo que dolía! ¡por Dios!

—¿Y por qué nunca me dijiste nada?

Imaginen descubrir que tu madre podría haber tenido un novio y que jamás te diga nada. Eso es como traicionar la confianza...

Duele, duele mucho.

Se supone que ambas se quieren y confían en la otra.

—No lo vi necesario...

Después de toda esa conversación Marinette se fue a su cama, se acostó en ella y solo era capaz de observar el techo.

Jamás pensó en la idea de su madre con un hombre, mucho menos con alguien como Adrien. Después de todo... a ella le había gustado durante bastante, pero con todo esto...

—¡Ellos iban a salir en secreto! —pensó con todo el dolor y la rabia del mundo —. ¿Cómo es que mamá no confía en mí? —y se permitió llorar.

No lloraba solo por eso.

También lloraba porque se dio cuenta de algo: Adrien solo hablaba con ella y le daba esos tiernos abrazos para quedar bien con su madre. ¿Por qué? Porque a él aún le gustaba Sabine, eso es obvio.

"Sabinita", arreglar su bicicleta, hacerle todo tipo de favores, darle esos bellos abrazos.

Estaba claro.

Ambos se gustaban.

¡Él solo le hablaba por educación! Quizás para "sumar puntos".

Por un momento se sintió una tonta. ¿Cómo es que nunca se dio cuenta de todo eso? ¡qué imbécil!

—Mi vida es como una novela... —pensó.

Entonces...

Pensó en otra cosa.

Si ellos hubiesen tenido una relación en el tiempo en que ambos se gustaban, probablemente Adrien se hubiese convertido en su padre. ¡Oh, por Dios! ¿imaginan eso? ¡qué situación más extraña! Todo era muy raro.

Y si ellos formalizaban, incluso pudo haber llegado a tener un hermano.

De pronto se sintió muy enferma. Todo esto era bastante feo.

Qué final más horrible.

La verdad es que me quedé completamente sorprendida con todo lo que descubrí hoy, jamás llegué a imaginar todo eso ._.