SER TUYO
LIBRO 2º: INVASION.

Capítulo 39,
Rescatando a la princesa Killariann.

Era un día hermoso y templado en la por el momento tranquila Metrocity. Pero, en ese mismo instante, en la sección femenina de la prisión, la tensión subía al máximo entre las internas femeninas.

-"¡PELEA, PELEA, PELEA!"

Enardecidas, las delincuentes habituales y las primerizas, se encontraban en el patio descubierto, donde no cabía un alfiler en el literal sentido de la palabra. La excitación reinaba a la par que los codazos, pisotones y empujones por conseguir una buena ubicación para contemplar el espectáculo.

En el medio del círculo, una robusta y morena mujerona, no demasiado alta ni atlética, con un llamativo mechón de pelo rosa, lucía un improvisado maquillaje compuesto principalmente de macarrones con queso.

En la otra esquina en cambio, moviéndose en círculos con agilidad felina, y al mismo tiempo, gesticulando y tratando de hacerse entender, una conocida socialité de los últimos tiempos de Metrocity, intentaba hacer entrar en la cabezota empecinada de la otra que ella no era responsable del accidente sufrido con su almuerzo.

-¡Paparruchas! ¡Voy a hacerte tragar esas explicaciones por un tubo, Megamente con pechugas!

La mujer mayor se arrojó con fuerza contra la otra, que dio un salto impresionante, para caer con gracia sobre sus pies en el lado contrario.

-¡TRAMPA! Gritó la multitud sintiéndose estafada.

-¡Pelea como mujer, gata resbalosa!
¡No necesito mis poderes para sacudirte y dejarte como un fósforo azul partido por la mitad!
La mujer del mechón rosa llevaba un grueso collar, que no era precisamente de bisutería, sino un inhibidor de poderes, joya de la tecnología y diseño del adalid de la ciencia, el profesor Von Manchester, hasta la llegada de Megamente.

La Princesa esquivaba cuanto golpe le intentaba asestar su adversaria, fintando, saltando y rebotando como una bailarina de ballet. Empero, la resistencia e insistencia de su adversaria comenzaban a cansarla, y algunas gotas de sudor que resbalaban de su frente lisa como un jabón, comenzaban a dificultar su visión.

Aún esquivó con facilidad a su pesada rival un par de veces más. Al parecer, ninguna explicación convencería a la mujer que ella no tenía la culpa del desastre que había ocurrido a su almuerzo, pero a pesar de ello, se negaba a responder físicamente a los ataques.

Cambió de lado con una "rueda" ágil e impecable, pero una amiga de la otra mujer, vio la oportunidad y cogió por dos segundos su tobillo en el aire…
Fue la señal. Las delincuentes, poco amigas en realidad del juego limpio, agarraron sus extremidades, inmovilizándola, para que la molesta y encolerizada amiga de lo ajeno la usara como saco de boxeo.

Un hilito de sangre manaba del costado de la boca de Killariann, cuando las luces se le apagaron en el preciso momento que alguien incrustaba un certero puño en uno de sus ojos…

Un par de costillas rotas, un tobillo luxado, el labio partido y un ojo a la funerala. Edile estaba seriamente sorprendido de cómo se habían ensañado con la extraterrestre. Obviamente, su oportuna presencia en la cárcel no era casual. Así como no había sido casual que alguien empujara a la Princesa en contra de "Hotflash", una supervillana de cuidado, suponía que era una forma de vengarse de Megamente por enviarlas a la prisión.

-Creo que esto dificultará un poco más de lo planeado el transporte de la tarta de moras, la fruta está algo machacada y habrá que hacerlo con mucho cuidado, le dijo a su celular, mientras un guardia lo miraba con aire de aburrimiento.

Cuando Bernard acudió a su visita habitual (No quería que sospecharan nada raro, obviamente), por primera vez en su vida, estuvo al borde de perder los estribos.

-¡Dios mío! ¿Que le han hecho, Princesa? 1 6… intentó recobrar su calma habitual, no debía llamar la atención excesivamente.

En medio de las vendas y tablillas, la chica espacial esbozó una leve sonrisa.

-¿Ah, esto? Ah, no te preocupes Bernard, voy a sanar rápido. Además, si te pones furioso te harán lo mismo que a Derivann y te meterán en aislamiento en un tanque lleno de agua dulce, agregó, casi feliz.

-Señorita Killariann… Bernard enrojeció. Estaba sumamente confundido. ¿Ella lo tuteaba y bromeaba con él? Retorció la manga de su chaqueta… No, no era un sueño.

-Y deja de llamarme "Señorita Killariann" y "Princesa", y sólo llámame Killariann, o me enojaré, ¿Acaso no somos amigos? Su sonrisa era capaz de conmover a un Moai.

-Pero Seño… Prin… Kill-killariann… Se sentía muy tonto balbuceando ahí, frente al vidrio sintiendo ese calor en sus orejas. Sus ojos estaban húmedos. Miró para otro lado, intentando disimular su turbación. Después, reaccionó. Debía ceñirse al plan.

Sacó una solitaria y aún húmeda de rocío, rosa azul, envuelta en papel de estraza, ya la habían revisado en la puerta y habían aprobado que se la entregara.

-¿Para mí? La chica de piel celeste sonrió con dulzura. Al cogerla, sus dedos se rozaron involuntariamente. Bernard se estremeció y sintió que su cabeza daba vueltas.

-Es un regalo de Megamente y mío, trabajamos mucho en la envoltura, quisiera que notara el detalle, acotó. Sus ojos apuntaban al envoltorio con insistencia.

Kill, finalmente desvió su atención al papel. Lo que había tomado por decoración… ¡Era una rudimentaria escritura en blunariano! Sus ojos se encontraron, habría pegado un chillido de alegría, asombro y formulado muchas preguntas, pero la expresión de su visita no dejaba lugar a dudas de que debía callar y actuar como si nada.

Lo miró. Expresó su más grande agradecimiento sólo con su ojo sano.

-Muchas gracias, Bernard.

-De nada, Killariann, espero que nos veamos pronto, dijo, atreviéndose a tomar la mano de la princesa por el pequeño agujero que para ese efecto tenía el vidrio, siempre vigilado de cerca por cámaras y un guardia armado.

-Hasta pronto, dijo ella, y estampó un beso en su lado de la barrera, con sus gruesos labios, de la misma manera que había visto hacer a las otras interdictas.

El catedrático no se dio cuenta de donde se encontraba hasta que hubo caminado varias cuadras, con pajarillos en la cabeza y mariposas en el estómago…

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Roxanne se mordió el labio. ¡No podía creer lo que le estaba diciendo su jefe!

-Lo siento, Roxie, ya sabes, no podemos hacer más por ti, tómalo o déjalo.

-¿Y si me niego a hacer las pruebas?

El Editor la miró. No era la misma Roxanne de siempre. ¿Sería el embarazo? No podía despedirla en ese estado, pero sí por rebelarse a sus instrucciones. ¿Qué le pasaba a la muchacha?
-Despierta, Ritchie.¡No eres una primadonna! ¡Eres la mejor, lo admito, pero no eres la única, chica! El ranking de los 50 mejores reporteros estaba sobre su escritorio. Había sido su biblia en los últimos días, y se lo había llevado hasta el baño y a la cama, aún pese a los gruñidos de su esposa.

-Tienes razón jefe. Vamos a conocer a ese rostro "revelación" de una vez por todas, dijo queriendo bromear, pero con voz acerada y metálica, mientras un gusto acre y un sudor frío le resbalaba por la columna.

Lance Lafontaine la estudió con ojos fríos y burlones. Sí, era la misma Roxie que había tenido en su cama, la misma que había desflorado con deleite, la misma que había traicionado sistemáticamente con igual placer. Estiró el brazo con estudiada indiferencia.

-Lafontaine, a sus órdenes, es un gusto conocerla.

-Ritchie, lamento no poder lo mismo, aunque su fama le precede, dijo ella, mirando para otro lado e ignorando la mano que se tendía hacia ella.

-Cinco años como Agregado Cultural en París, un perfeccionamiento en la Sorbone y un Pulitzer, supongo que no pasan del todo inadvertidos.
¡Maldito cerdo asqueroso! ¡Como tiene la cara de refregármelo en las narices! Oh,

Dios misericordioso, si es una pesadilla, espero termine pronto y pueda despertar en los brazos de Megamente, aún cuando los Cerebots tengan invadido el techo de la pieza…
Y recordó… aún a pesar suyo.

"A varios kilómetros del corazón urbano de Metrocity, Metrouniversity era una pequeña ciudad del todo independiente. Contaba con dos bancos, tres supermercados, varios bloques de departamentos, un par de centros comerciales donde los estudiantes podían gastar sus escuálidos fondos o encalillarse hasta la vejez…

Roxanne se encontraba muy excitada. Por cinco años iba a estar lejos de su casa, salvo para las fiestas, e iba a dejar en standby su no resuelta relación con los dos famosos alienígenas de cuya confrontación estaban los pasquines saturados. Sabía que Wayne cursaba un Master en Negocios en Hardvard por estos días, y de alguna manera, le odiaba, por gastar así tan frívolamente y como si nada su capacidad de volar de un continente a otro. También sabía que sus padres, especialmente su padre, la deseaban lejos, porque tenían en mira alguna heredera europea que le trajera algo de rancia nobleza al escudo familiar… suspiró.

Se sentó en un agradable prado verde a consumir su frugal almuerzo. Sentía algo de vergüenza por sus sándwiches caseros de pan amasado y quesillo artesanal que eran obra de las manos de Madeline, a partir del día siguiente, sería una universitaria cualquiera y comería en la cafetería, como todo ente civilizado… o tal vez no, se dijo, ya que el entorno vegetal la hacía casi feliz y le recordaba tantos picnics de tres, y luego tan sólo de dos…

-No te pongas sentimental ahora, muñeca… la voz dulce y musical la sobresaltó. Miró hacia arriba. Un guapo y espigado muchacho de pelo largo le tendía un pañuelo de papel. Su sonrisa era hipnótica.

-Sólo soy un poco alérgica, se excusó, pero gracias, señor…

-No es necesaria la formalidad, nena, soy Lance, Lance Lafontaine, pero para ti, sólo Lance…¿Señorita? Sus ojos eran intensos y brillantes. Estoy empezando el Segundo año de Periodismo, agregó.

-Roxanne…Roxanne Ritchie, soy una novata de Primer Curso, puedes decirlo. Debo parecerte algo fuera de lugar, aquí, tratando de adaptarme…

-Para nada, Roxie, en un par de semanas te moverás como un pez en el agua en este campus, ya verás. ¿Tienes miedo de "la novatada"?

-Un poco, al decir verdad, no me gusta aquello de pasearme por todos lados como un periódico con piernas pidiendo monedas, de verdad me asusta un poco el ridículo.

-Me has caído bien. Pareció meditar unos segundos, y agregó, como si recién le hubiera venido la idea a la mente.: ¿Sabes?Yo podría hacer que zafaras…

-¿En serio? Su mirada estaba cargada de sincero agradecimiento.

No podía haber caído en un truco más viejo y más obvio. Los chicos de cursos superiores, solían "salvar" chicas de la humillación de la "novatada" sólo para que éstas les vieran como "héroes" y poder conseguir lo que quisieran de ellas después…

Claro, si hubiera conocido bien a Lance en ese entonces, le habría cuadrado perfectamente…

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Edile, en su pequeño auto eléctrico, tarareaba la canción que se escuchaba en la radio. ¿Qué podía haber más agradable que volver a casa y hacerle el amor a su pequeña gata?
Pero al menos, por esa tarde, no habría mucha acción en el departamento de la psicóloga.

Cuando por fin logró que esta le abriera la puerta, sus ojos estaban algo hinchados y enrojecidos.

-¿Qué ha pasado? Inquirió preocupado.

-Me duele mucho la cabeza, se quejó la amante experimentada, lo siento mi amor, creo que no seré de gran utilidad esta noche…

-¿Te sientes mal?

-Sabes que no suelo traer trabajo a casa, pero aún me siento muy culpable por lo de esa chica Payne…

-¿Melissa? Era insólito que su dama de hierro aún le diera vueltas al asunto, y menos por alguien como la oportunista reportera.

-¿Puedo confiar en ti, cierto, cariño?

-Sabes que sí, dijo el científico atrayendo la morena cabeza y apoyándola sobre su pecho, donde comenzó a masajearla con gran delicadeza. Se sentaron en el sofá, ambos estaban especialmente cansados ese día.

-Pedí unos expedientes a mis colegas que la atendieron desde niña y descubrí cosas horribles… ¿De qué forma podía esa chica no convertirse en algún tipo de monstruo perturbado?

-No comprendo… Él se rascó la cabeza, desconcertado.

-Tal vez te cuadre si te cuento que su verdadero nombre es María Puente hija de Dolores Puente, alias Madame Lux.

-¿La ladrona internacional? Charlie asintió.

Esa mujer crió a su hija como un cebo inocente para realizar sus atracos. Sin cariño, sin amor, sin valores… y todo el fruto de sus hurtos iba a parar a su cuenta en Suiza o a darse una vida de joyas, restaurantes finos, langosta, caviar, peluquería, spa…, y nada para mejorar la calidad de vida de la chica.

Cuando Wayne la atrapó, intentando robar un diamante de una joyería con un sofisticado sistema de alarmas, la policía encontró a la pequeña María en un cuarto oscuro e insalubre, sin alimentos, de donde la sacaba de vez en cuando, sólo cuando requería de su ayuda para dar algún golpe. Al parecer, solía golpearla si las cosas no salían de su grado… y la ropa y los zapatos le quedaban apretadísimos y estaba algo desaseada, lo bastante para producir lástima sin repulsión.

-¡Qué maravilla de madre! Se espantó Edile. Una buena pareja para su papá… pensó.

-Y aguarda, que se pone mejor… El Estado la puso en un hogar de acogida, donde al parecer, oh, es horrible, lo siento, el director encargado… abusó de la pequeña.

Claro, sólo se supo un par de años después, cuando luego de una serie de irregularidades fue obligado a dimitir. Para proteger a María le cambiaron el nombre, y la trasladaron a una nueva Casa de Infancia, donde a causa de su cabeza despierta y su corazón frío pudo sobresalir del resto y ganar la Beca para Estudios Superiores… la misma Beca que entrega cada año la Fundación Scott para la Infancia.

-Es cierto, siempre me he cuestionado la filantropía de Sir Reginal Scott, a pesar de también haber sido beneficiado con la Beca. Me parece más que se alegra de la deducción de impuestos para sus Empresas que de los jóvenes de bajos recursos a los que ha ayuda la Fundación…

Char sintió un escalofrío con sólo escuchar el nombre de Sir Reginald. Ella misma le había oído gritar a su hijo que si no dejaba de acostarse con esa "Perra de Psicóloga" iba a desheredarlo… Estaban, hace mucho tiempo, en el cuarto Universitario de Wayne, haciendo el amor sobre la alfombra, cuando se había presentado el padre en persona. Ella se había ocultado, pero el viejo zorro había advertido el olor de su perfume en el aire y le había soltado un buen rapapolvo a su presunto heredero. Después de eso sus encuentros se habían ido distanciando, sobre todo porque ella no deseaba dañar el prometedor futuro de su paciente favorito…

-No te preocupes, Charlie, vas a ayudarla con la terapia, y todo va a salir bien, dijo Edile con una sonrisa.

-La duda que me corroe, es si es efectivamente un beneficio para ella recuperar semejante pasado…

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Esa noche, varias cabezas se afanaban sobre un plano.

-¡Bien!, dijo el héroe azul sobándose malignamente las delgadas manos, aquí tenemos al viejo amigo Petersen en la cafetería, ¿Qué hará Petersen si sus rosquillas están secas?

-Ir a remojarlas en la crema o pedirle café a Harris el cocinero, agregó Servil con una sonrisa.

-Entonces, moi, que habré reemplazado a Bridgets, le pasaré la bandeja a Killariann, donde olvidaré el bolígrafo con los planos.

-¡Oh! Aquí está la pared que reemplazamos con un holograma, creo que aún no lo notan, ¿Y si la usáramos?

-Demasiado arriesgado Servil, recuerda que ese corredor desemboca en las casetas de los perros…

-Es cierto, qué susto pasamos esa vez… el pececillo se estremeció.

-Pero podríamos usarlo para acceder al conducto del aire.

-¡Excelente estrategia, Señor!

-¿Podrá Killariann reptar en su estado?

-No lo recomiendo, respondió Edile, pero es posible.

-¡Qué bien! Mañana será un gran día. El chico azul comenzó a bailotear.

Roxanne, que se cansó de escuchar escondida tras la pared de su propia sala de estar, se asomó.
-¿Y yo, que voy a hacer?

-Permanecer sana y salva, mon cheriè, dijo Megamente apasionadamente mientras frotaba el vientre de su amada con suavidad. Los ojos de ésta echaron chispas de indignación.
El alienígena se asustó.
Oh, no, tú deberás encargarte de mantener alejada a la prensa, por ningún motivo deben acercarse a la cárcel hasta que la operación "Tarta de moras" haya finalizado.

De mala gana, Roxanne aceptó.

Trabajo doble, pensó la reportera. Mantener alejada a la prensa de la cárcel y mantener alejado de mí a esa víbora de Lance. Si se acerca demasiado, creo que olvidaré que soy una dama. ¡Con qué ganas le retorcería ese espigado pescuezo de ganso!