Siento la tardanza chicas, pero no pude publicar antes. Espero que hayan pasado una muy feliz Navidad y hayan recibido el año felizmente.
Espero que tengan un 2013 brutal y voy a tomar prestadas un momento las palabras de un sabio para desearte a ti, lector/a, que "No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, no abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo." Y siempre recuerda que "La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: TÚ puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre. No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes. Huye."
Espero que este año profieran sus alaridos barbáricos sobre los tejados del mundo.
Y, como siempre, gracias por todos y cada uno de sus reviews.
#30 Beso
«Nessum dorma»
La Navidad de 1975 fue helada y ventosa, caminar por los terrenos se volvió toda una proeza, los valientes que se atrevían a intentarlo terminaban hasta las rodillas de nieve. Hizo tanto frío que el Lago Negro se cubrió de una fina capa de hielo y el Sauce Boxeador se cubrió de escarcha.
Remus Lupin iba de aquí para allá cubierto perpetuamente de capa tras capa de tela y la nariz roja. Esa fue la primera Navidad que Sirius pasó fuera de la Noble y Ancestral Casa de los Black, se paso el mes de Diciembre bramando pesadeces sobre fiestas, parientes dementes come-mierda y primos con los ojos demasiado juntos; pero Remus sabe que el día de la Cena de Navidad, cuando creía que nadie miraba, Sirius Black alzó su copa y brindó por su hermano perdido.
Esa Navidad también fue la primera que la lechuza de Lily dejó caer el Profeta con sus titulares de extrañas muertes y desapariciones. Se quedó todo el desayuno ahí, el elefante blanco en la habitación que todos temían mirar demasiado de frente.
La Navidad del 75 también fue la última de los Merodeadores como estudiantes, la última tras las murallas de piedra impenetrable del castillo que podía protegerlos contra los rumores que corrían afuera.
Pero también fue la primera, la única y la última en la que se quedaron los cinco, Lily incluida; Hogwarts fue su refugio contra el frío, el miedo y la guerra por última vez.
—
En vísperas de Navidad, después de la Cena de Nochevieja los Merodeadores convencen a Lily y bajan al pueblo. A penas y caben los cuatro en la capa, con ella es imposible pero se las arreglan para deslizarse en silencio de pasadizo en pasadizo.
—Ustedes son unas sombras —murmura Lily, asombrada.
—Y nos gusta hacer cosas en las sombras, Evans —sonríe Sirius, ladino.
Remus solo le mira con exasperación y James le da un manotazo en la nuca.
—Tienes prohibido flirtear con la madre de mis hijos, menso —lo que le consigue un manotazo en la nuca de parte de Lily.
Sirius y Peter se ríen demasiado fuerte y cuando escuchan maullar a la estúpida Sra. Norris salvan corriendo la distancia que los separa de la estatua de la Bruja Tuerta y entran en el sótano de Honeydukes.
—Merlín santísimo, ¿cuántas cosas ilegales hacen en una noche?
Remus intercepta a Sirius antes de que haga otro comentario soez y simplemente se encoje de hombros.
—Es mejor si no lo sabes.
—Todo va a estar bien —James le susurra al oído y le pone la piel de gallina.
Se deslizan dentro de la tienda uno por uno, con presteza y falsa inocencia practicadas. Lily observa todo con una sonrisa asombrada y el corazón le late a mil por hora. Por un momento tiene que aceptar, por lo menos ante sí misma, que por fin, después de siete años, entiende un poco a esos cuatro gamberros, movidos por la adrenalina de las travesuras.
Hay pocos clientes esa noche y cuando los ancianos dueños de la tienda les desean Feliz Nochebuena y le ponen en las manos una caja de bombones "cortesía de la casa" Lily se siente un poco culpable pero qué demonios, es Navidad. James se pasa todo el camino a Zonko insistiendo que Lily es tan hermosa que hasta los viejitos quieren con ella, al final Lily se harta y le dice que no le va a dar un solo bombón.
—Nos los vamos a comer Remus y yo.
—Cuidado con lo que se van a comer Remus y tú, Evans —tiene que decir Sirius. Logrando que James le pase un brazo por los hombros y la bese ahí, en plena calle helada en medio de Hogsmeade, reclamando que Lily es suya y de ningún viejito u hombre lobo o mal amigo, y a ti ni se te ocurra mirar Pete.
Y Lily tiene la firme creencia de que nadie pertenece a nadie y todo eso, pero James la mantiene pegada contra su cuerpo, y le cierra el abrigo y le acomoda las orejeras y Lily no puede evitar plantarle un beso en la punta de la nariz helada.
—Aaah, mira eso Lunático, ¿no te parece precioso? —se mofa Sirius, en voz demasiado alta para la tranquilidad de la noche.
—Tú solo estás celoso porque nadie te quiere, chucho.
—Tú me amas, Jimmy, ¿verdad que sí? —de una zancada se atraviesa entre Lily y James e intentar besar a su mejor amigo, con los labios fruncidos y los ojos cerrados—. Dame un besito, James, ¡por Navidad!
Lily cree que son unos idiotas inmaduros, en cualquier otro momento se los haría saber pero por algún motivo no puede dejar de sonreír. Peter se ha unido a la pelea y Lily simplemente gira los ojos y toma de la mano a Remus.
—Son unos niños —y tira de él hacia la tienda de artículos de broma. Escuchando tras de sí a James gritar "Canuto tu chico lleva de la mano a mi chica, haz algo" como el idiota que es.
Remus sonríe suave, una curva casi oculta tras la descosida bufanda Gryffindor que casi arrastra.
—¿No lo somos todos?
—Sí, pero ellos son como Peter Pan. No van a crecer nunca.
—Yo creo —ríe, abriendo la puerta para ella— que todos somos un poco Niños Perdidos.
—¿Qué está perdido? —Sirius escoge ese momento para entrar a la tienda, respirando pesado, con las mejillas rojas y el cabello negro hecho un desastre. A Remus le estremecen las ganas de besarle, Sirius debe notarle algo en la mirada porque cambia la sonrisa, es más larga, más perversa y con menos dientes.
—Ya van a empezar otra vez —gime Peter, entrando tras Sirius y quitándose nieve del cabello.
—No te preocupes, Colagusano, yo te protejo de sus actos malévolos —interviene James.
—No mientas, Cornamenta, vas a estar muy ocupado cuidándote a ti mismo de mis actos malévolos —James le aparta de un empujón y un momento después los tres están discutiendo que marca de bombas fétidas es mejor y cuantas cajas de bengalas mágicas necesitan para fin de año.
—No creo que eso funcione —le murmura Remus a Lily contra el oído, viendo sobre su hombro el Polvo Para Dormir Como Los Muertos que sostiene entre sus manos.
—Yo creo que los mantendría sedados por unas pocas horas, Remus, podríamos escapar y todo —un cliente al final del pasillo levanta la vista y les lanza una mirada sospechosa. Lily suelta unas risitas y Remus sonríe.
—No creo que haya polvo para dormir lo suficientemente fuerte para tumbar a esos dos.
—Tenía que intentarlo —se encoje de hombros, dejando el frasco en la estantería y yendo a asegurarse de que James no compre la mitad de la tienda.
Veinte minutos después cuando logran arrastrarlos fuera de la tienda el mismo cliente de la mirada sospechosa les pasa por al lado y Lily le da un sutil codazo a Remus en las costillas.
—Pero sabes Remus —dice, en voz más alta de la necesaria—, creo que dos frascos de Poción Paralizante son una exageración, quiero decir, solo se necesitan unas gotas. Si nos pasamos…
Remus le lanza una mirada al tipo, que camina más lento, intentando disimular que los está escuchando y sonríe, es una sonrisa escalofriantemente parecida a la de Sirius y Lily se da cuenta en ese instante de que está delante de nada más y nada menos que Lunático.
—No sé Lily —le dice, con parsimonia—, ¿crees que sea una tragedia si… ya sabes? ¿Nos pasamos de la dosis?
—Yo creo que no, Remus —y Lily agradece por fin que el tipo les lance una última mirada horrorizada y acusadora y desaparezca por un callejón porque ya no puede contener la risa, se ríe tanto que tiene que apoyarse en el cuerpo de Remus y los otros tres Merodeadores que caminan más adelante se detienen.
—¿Qué les parece tan gracioso al Prefecto y la Prefecta Perfectos? —gruñe Sirius, mirándolos con sospecha.
—Nada —sonríe Lily, con una sonrisa de perfecta inocencia, digna de cualquier merodeador. Si no fuera una chica, claro piensa Sirius.
—Los estoy observando —gruñe de nuevo—, pasándole un brazo por los hombros a Remus y arrastrándolo por el camino empedrado hacia las Tres Escobas porque, en sus palabras "hace un frío de los putos cojones y se te está poniendo roja la nariz, Lunático".
Beben cervezas de mantequilla en el interior caliente del bar y Sirius hace reír a Lily con historias embarazosas de James durante mucho rato.
—¡Ahora ya estás exagerando, Canuto!
—Yo creo que está bastante bien —interviene Peter. James intenta protestar pero Lily le tapa la boca y le insta continuar con un gesto.
—¿Dónde me quede? —sonríe Sirius.
—En la parte en la que James terminó en calzoncillos en el pasillo a las dos de la mañana.
—Ah sí —se ríe, a carcajadas—, veras, preciosa…
James gime y se golpea repetidamente la cabeza contra la mesa, pero Lily se ríe a carcajadas y parece tan feliz y relajada que eventualmente él mismo le cuenta cosas tontas para que siga riendo.
A las doce Remus propone un brindis y ninguno les convence "porqué vamos a brindar por ti, eres un perro pulgoso", "entonces brindemos por el culo de James", "vamos a brindar por Lily". Hasta que Lily se harta y los manda a callar, levantando su cerveza de mantequilla.
—Vamos a brindar por la amistad.
Y cuatro voces la acompañan diciendo salud.
…
Vuelven al castillo muy tarde, sigilosos como gatos, Lily siente la adrenalina acelerarle el corazón y apretarle la garganta. Siente que en una sola noche colocó más piezas del rompecabezas que son esos cuatro chicos que en los anteriores años.
El rostro le duele de tanto sonreír y se siente caliente y suave por dentro. Se pone de puntillas y le da un beso suave y etéreo de buenas noches a James, que la mira como si pudiera caer muerto en ese preciso momento como el hombre más feliz del mundo.
Cuando sube las escaleras escucha a Sirius burlarse pero no tiene caso, porque él y Remus vienen entrando rezagados y Remus tiene esa sonrisa calmada y satisfecha en el rostro.
—No engañas a nadie, Black —le dice por encima del hombro, en el último escalón.
—
La noche anterior se acostaron bastante tarde y Sirius tiene diecisiete años pero nada le impide salir de la cama el veinticinco de Diciembre a una hora impía y despertarlos a todos -y al Calamar Gigante- con sus alaridos.
—¡Regalos! —va tan lejos como para golpear la puerta de la habitación de las chicas que Lily tiene para ella sola hasta que le abre, con el cabello despeinado y cara de querer matarlo.
—¿Cómo, por Merlín Santísimo, subiste hasta aquí?
Sirius sonríe con todos los dientes.
—Te sorprenderían los trucos que conozco Evans —alzando las cejas en lo que se supone que es un gesto sugestivo pero solo consigue hacerla reír.
Hace frío, es muy temprano y a todos les faltan horas de sueño pero esa Navidad del 75 encienden la chimenea, se sientan en el suelo y abren regalos como si tuvieran cuatro años.
—Niños Perdidos, Remus —le susurra Lily, observando cómo Sirius rompe salvajemente el papel para sacar los regalos.
—¿Cornamenta? —inquiere, con curiosidad—. ¿Por qué parece que me regalaste un libro?
—Porque te regale un libro —le contesta, despeinado, sonriente y con las gafas ligeramente torcidas.
—¿Crees que los Slytherin le hicieron algo, Lunático? Sujétalo y yo lo reviso, Pete.
—No seas imbécil y termina de abrirlo, idiota —exclama, exasperado, Remus se inclina hacia adelante, curioso por ver qué libro le compró James -por amor de Dios- a Sirius. Salta como un kilometro en el aire de la sorpresa cuando Sirius rasga el papel de regalo y ladra de la risa, demasiado canino para esas horas de la mañana.
James sonríe satisfecho y Sirius se revuelca en el suelo de la risa. Hace amago de tomar el libro pero Lily se le adelanta y lo suelta enseguida con un "Merlín bendito". Remus inclina la cabeza con curiosidad y cuando lee el título no puede evitar que le de la risa, porque James Potter le regaló a Sirius Black una versión mágica del Kamasutra, está bastante seguro de que los personajes en movimiento en la portada son dos hombres y no puede parar de reír durante varios minutos.
—Es un regalo doble, porque también es para Remus —sonríe.
—¡James! —exclama Lily, roja como un tomate. James le besa la frente y sonríe.
Cuando Sirius puede parar de reír declara que nadie nunca va a superar ese regalo y James luce extremadamente orgulloso de sí mismo. Sin embargo, Remus disfruta enormemente su cara de curiosidad al abrir su pequeño regalo y observarlo darle vueltas en la palma de la mano.
—¿Se supone que estos son espejos?
Remus gira los ojos, divertido.
—Algo así, dame —Sirius deposita uno de los espejos en la mano de Remus, que lo pone frente a su cara y murmura "Sirius" con claridad.
—¡La puta de mi madre! —exclama Sirius.
—Quéquéqué —saltan James y Peter.
—¿Esto es… que esto Lunático? —incluso Lily se acerca, curiosa.
—Es un espejo de dos caras —sonríe Remus, disfrutando de sobremanera la reacción de Sirius—, lo sostienes frente a tu rostro y dices el nombre de la persona que tiene el otro espejo y se pueden comunicar.
Remus es testigo de la mirada gamberra que intercambian James y Sirius, casi puede ver en sus rostros como comienzan a escribirse planes y travesuras.
—Creo que creaste un monstruo, Remus —le dice Lily, pero hasta ella suena impresionada.
—Yo creo que eres el mejor amigo más cojonudo en la historia de los amigos cojonudos y hoy te proclamo el rey cojonudo de los regalos cojonudos. Y te voy a besar.
James y Peter secundan lo primero y hacen sonidos de vomito a lo segundo y Remus ríe a carcajadas.
Los tres memos se pasan el día probando los espejos por todo el castillo, cómo activarlos, a qué distancia funcionan, si solo muestran sus rostros o también el entorno y todo lo que se les ocurre.
Remus se pasa el día acurrucado en el sofá de la Sala Común, bebiendo chocolate caliente, envuelto en la bufanda de lana tejida a mano que Lily le regaló y leyendo la versión sinceramente hermosa de Las Mil y Una Noches que le regaló Sirius.
—
Al mediodía durante el almuerzo Sirius no para de hablar de lo cojonudo, Lunático que son los espejos; James se queja porque Lily está enfrascada leyendo el libro que le regalo Remus -una tradición entre ellos dos- y no le presta atención "¿cómo un libro puede ser más interesante que yo?", "es la Historia Interminable, James" como si eso lo explicará todo. Y al final Peter propone una guerra de bolas de nieve y Lily suelta su libro e incluso Sirius se olvida por un rato de los espejos.
—Chicos contra chicas —brama Sirius— o sea James y yo contra Lily y Remus, Peter no estoy seguro.
—Hey —se queja.
—Peter viene con nosotros —declara Lily.
—Te vas a arrepentir, Evans —sonríe Sirius.
La guerra es épica, antes de empezar recogen dos varas de madera de aproximadamente el mismo tamaño, Sirius se quita el gorro negro y lo coloca encima, declarando que es su bandera; Lily rueda los ojos y Peter se quita la bufanda, que enrollan alrededor de la otra vara. Deciden que tienen diez minutos para establecer sus bases secretas y plantar la bandera, y el primer equipo que se haga con el pabellón enemigo gana.
—Diez minutos, chicas.
Sirius y James se atrincheran a orillas del Lago, o lo intentan. Terminan con algo que parece un muro derrumbado de un lado y un montón de bolas de nieve que tienen forma de todo menos de bolas.
Lily, sorprendentemente -o no- resulta ser una excelente capitana, pone a Remus y a Peter a levantar un macizo muro y hace perfectas bolas de nieve con una facilidad asombrosa. Antes de los diez minutos tienen la bandera protegida y una cantidad considerable de municiones.
Nadie se sorprende cuando James y Sirius comienzan el ataque con una especie de grito de guerra lanzando bolas de nieve como si se fuera a acabar el mundo. Sin un propósito aparente. Aparentemente Remus y Peter hicieron bien su trabajo porque el muro resiste y James y Sirius parecen quedarse sin municiones porque comienzan a improvisar.
—¡Por la bandera! —grita Lily, y los tres se lanzan a la base de James y Sirius.
Remus esquiva una bola de nieve que iba dirigida a su cabeza y un momento después se encuentra de espaldas en el suelo, con Sirius encima.
—Te tengo, Lunático —e intenta aplastarle una bola de nieve en el rostro pero Remus es más fuerte e invierte las posiciones, presionando a Sirius contra el helado suelo.
—¿Quién es la chica ahora, Canuto? —sonríe.
—Aaaah cariño —con la voz bañada de falsa falsa dulzura—, sabes que tú eres mi chica.
Forcejean un rato, intentando meterse nieve bajo la ropa pero en el caso de Remus es una tarea titánica porque tiene tantos abrigos que cada vez que Sirius atraviesa uno aparecen otros dos. Están mojados y despeinados de tanto rodar por el suelo cuando un grito de Peter los saca de su riña tonta.
—¡Remuuuus! —el aludido levanta la mirada justo a tiempo para ver a James corriendo hacia su base a por la bandera, con Lily pisándole los talones. Intenta levantarse pero Sirius le sujeta con fuerza.
—A dónde crees que vas —Remus intenta zafarse pero Sirius se aferra con brazos y piernas y no puede moverse. Cuando le gruñe— quieto Lupin —y le besa contra la nieve, con la lengua helada, deja de preocuparse por banderas y guerras de bolas de nieve de inmediato.
Es un beso frío y sin pretensiones, que le roba el aliento. Remus no sabe cuánto tiempo pasan así, solo besándose, pero se separan cuando un montón de nieve helada les cae encima.
—¿Qué te pasa menso? —chilla Sirius, luchando por sacarse la nieve del pelo.
James los mira desde arriba, cruzado de brazos y con el ceño fruncido, más atrás, en el suelo, Lilly Evans, Prefecta y Premio Anual, se revuelca de risa en la nieve.
—¡Eso pasa! —grita, aparentemente indignado, señalando con el dedo el punto exacto en el que Peter celebra, saltando de arriba abajo con la bandera de James y Sirius—. Colagusano, por amor a Merlín, Canuto. ¡Nos ganó Colagusano!
Las sonoras risas de Remus ascienden como el viento frío sobre las protestas de James y Sirius.
—A nadie le gustan los malos perdedores chicos —se burla Remus.
—Lo importante no es ganar, sino competir —Lily intenta ponerse seria.
—Si lo importante fuera competir —interviene Peter, sonriendo radiante—, no le darían premios a los ganadores —sonríe, sosteniendo el alto el gorro de Sirius, como un trofeo. Vuelven al castillo corriendo, con Sirius tras ellos gritando las creativas formas que se les ocurre para asesinarlos mientras duermen.
La bandera con la bufanda de Peter permanece enterrada alrededor del muro de nieve, como un monumento a la victoria. Como un obelisco, un recordatorio de una pequeña guerra ganada.
—
La semana antes de fin de año la pasan tonteando, comparten el castillo con una minúscula cantidad de estudiantes así que están a sus anchas. Bajan a Hogsmeade un par de veces. Cuando Sirius y James se aburren bajan a las cocinas a atormentar a los elfos hasta que Lily se entera y les riñe.
Remus se pasa tardes enteras con los pies bajo las mantas, leyendo en la Sala Común. A veces Sirius lo arrastra fuera de la habitación y a veces se tumba con él en el sofá.
—Léeme algo, cara de topo —y Remus le lee las historias maravillosas de Scheherezade.
Pero Sirius Black es un insoportable.
—Mil y una noches, ¿eh? —y un par de veces Remus se deja arrastrar a la habitación y deja que Sirius cierre la puerta con un hechizo.
—Mil y una noches y después mil mas, Lunático —susurrado contra el oído, afuera hace tanto frío que las ventanas se cristalizan pero ahí, en esa cama, con Sirius tan adentro pero no lo suficiente -nunca lo suficiente- hace un calor que amenaza con devorarlo y dejarlo convertido en ceniza.
…
Es una semana casi perfecta, y casi porque ninguno puede quitarse de la garganta el sabor amargo de la desesperación, porque todos saben que cuando esa semana acabe, y acabe el año, solo serán unos meses más y se acabó. No más Navidades escapándose a Hogsmeade y pasando la noche los cinco en la Sala Común, solo el mundo real y la guerra que se está volviendo imposible de ignorar.
Tres días antes de fin de año Albus Dumbledore los llama a su despacho y les cuenta una historia sobre un señor Oscuro, diferencias de sangre y un ejército de seguidores.
—¿Aquí mismo, verdad? Aquí en el colegio.
El director luce sumamente triste tras los lentes de media luna cuando Sirius brama:
—¿Qué vamos a hacer?
—Temía que preguntaran eso.
Les habla un poco de otro ejercito, uno que se alzará contras las fuerzas oscuras y que, con algo de suerte, saldrá victorioso. No les da detalles, son tan niños, tan valientes y audaces, y ansiosos de luchar por una causa pero son niños.
Les da instrucciones.
—Cuando termine Hogwarts —es casi como una sentencia—, si están interesados, vengan a buscarme —y sabe que lo harán, y eso es lo que más terror le da.
…
Después de la reunión con el Director es como si alguien les hubiese lanzado encima una manta invisible de languidez y pesimismo, se van a dormir sin intercambiar palabras, y a la mañana siguiente Sirius hace lo que siempre hace y lo convierte en una broma. El ambiente se aligera pero ninguno olvida las palabras de Dumbledore.
La guerra es inminente, quedan dos días para que termine el año y ninguno ha dicho nada, pero saben que todos y cada unos de ellos planea estar en la primera línea de batalla cuando se prenda la mecha y explote la guerra.
—
[¡Disípate, oh noche!
¡Ocúltense, estrellas!
¡Al alba venceré!
¡venceré! ¡venceré!]
El fin de año llega, inflexible, inexorable.
Durante la semana habían discutido la posibilidad de pasarlo en Londres, pero Lily dijo en voz alta lo que ninguno se atrevía: "es la última vez, ¿no creen que deberíamos pasarlo en el castillo?" nadie tenía nada que objetar, así que decidieron pasarlo en el colegio.
En el desayuno el director hace un aparéntenme inocente comentario de cómo los profesores van a recibir el año en el pueblo, y James y Sirius sonríen como maniacos y se levantan al terminar de comer. Diciendo que tienen cosas que preparar para esta noche. Remus le mira con suspicacia pero no pregunta.
Se pasa el resto de la mañana observando a Peter y Lily jugar al ajedrez mágico, viendo piezas volar por los aires y leyendo de vez en cuando. James y Sirius aparecen a la hora del almuerzo, sonriendo satisfechos.
—¿Qué estaban haciendo?
—Preparativos, por supuesto.
Se niegan a decirme más nada y Remus se resigna, se va a enterar cuando se tenga que enterar, el resto del día se va demasiado rápido y cuando mira a través de la ventana ya está oscureciendo.
—Ya nos vamos, niños —exclama Sirius, inusualmente contento. Las sospechas de Remus aumentan cuando los manda a ponerse ropa abrigada.
—¿Pero no íbamos a recibir el año en el castillo? —protesta, Peter.
—Y eso, mi amigo —contesta James— es exactamente lo que vamos a hacer.
Remus se resigna y se dedica a ponerse todas las capas de ropa humanamente posibles, ni siquiera levanta una ceja cuando Sirius le dice que traiga la radio mágica, ni cuando anuncia que tienen que hacer una parada técnica en las cocinas. Cuando bajan a los terrenos cubiertos de nieve comienza a sentirse suspicaz de nuevo pero no le da tiempo de decir nada en voz alta.
—¿Qué —porque Lily se le adelanta— es eso?
Eso es una buena forma de decirlo. Eso está en lo alto de una suavísima colina, sobre la que ve salir el sol cuando abandonan la Casa de los Gritos, de donde Remus sabe que se puede divisar ligeramente la silueta de Hogsmeade. Eso es una especie de… de tienda de campaña. Solo que tiene un aspecto de los más peculiar, a Remus le recuerda a las cúpulas de los edificios de la India, aguda en la cumbre y abombada en la base, pero de tela. Como… como…
—Como la portada de tu libro, Remus —y no puede contener la risa.
Lily, a su lado, está sin palabras.
—Lo más aterrador es que si usaran ese ingenio para algo productivo podrían dominar el mundo —y lo peor es que Remus sabe que tiene razón.
Dentro de la tienda está inusualmente caliente.
—Un hechizo de calefacción, a que soy un genio —tanto como genio no, pero es suficiente para ganarse un beso de Lily y qué más necesita para ser feliz.
—Esto es increíble —exclama Peter.
Y por una vez todos están de acuerdo.
Encienden la radio mágica y, después de una ardua batalla, deciden que cada quien va a tener un turno para elegir lo que quiere escuchar y empieza Sirius, porque nadie pensaba aguantarse sus quejas. Así que comienzan la última noche del año escuchando, sorprendentemente, la suave voz de Sting cantando sobre un hombre inglés en Nueva York.
Cenan lo que se llevaron de las cocinas y Sirius saca una botella de alcohol y "ah ah ah Evans es la última noche del año".
—No iba a decir nada —protesta Lily, y es cierto.
Beben un rato directo de la botella y comiendo chucherías de Honeydukes, Sirius y James haciendo el tonto como siempre. Remus se ríe tanto que le duelen los costados, está mareado de felicidad y a lo mejor es por eso que no protesta cuando Sirius enciende uno de esos cigarros con el zippo adornado con la lengua de los Stones que le regaló Lily y se lo ofrece.
Remus acepta y comparte el cigarro con Sirius y los otros tres merodeadores. Lily se niega pero sigue bebiendo y James le cuenta la historia de la vez que Sirius se drogó y se hizo un tatuaje.
—No importa lo que Sirius te diga —le dice, aparentando una seriedad mortal—, me cortaría una mano a que era una flor, no estoy seguro de cual, pero era una flor. Se tatuó una flor, Lily, una flor. Y cree que sorprendió a alguien cuando se declaró maricon.
Lily ríe hasta que le saltan las lagrimas y le lanza una sonrisa traviesa a Sirius.
—¿Dónde te lo hiciste, Sirius? —sabe que es mala idea antes de terminar de pronunciar l frase.
—En el culo, por supuesto, ¿quieres ver?
Remus le golpea el hombro con un "Sirius" pero Lily solo gira los ojos y le contesta.
—No gracias, no estoy interesada precisamente en tu culo, no sé si me entiendes.
Y Sirius tiene tal ataque de tos y de risa juntos que Remus tiene que darle golpecitos en la espalda.
—Cásate con esta chica, Jimmy.
—Algún día, Canuto —y hay algo en la forma en que lo dice y en la forma en que la mira que Lily se sonroja y baja la mirada.
Un rato después, cuando le toca a Remus elegir la música y comienza a sonar una canción lenta y suave que habla de una tal feria de Scarborugh decide que es momento de sacar la artillería pesada, lo que en su idioma quiere decir una botella de Whiskey de Fuego.
Cuando la llevan por la mitad Peter recuerda un juego muggle del que escuchó hablar una vez y que se llama algo como "yo no". Lily dice que se llama "Yo Nunca" y después de explicarles las reglas, rellena la botella de Whiskey con un hechizo.
—James —está vez es Remus—, cásate con Lily.
—En cualquier momento.
El juego es bastante simple, todos tienen un vaso delante de ellos con Whiskey de Fuego, una persona va a decir algo que nunca haya hecho y todo aquel que sí lo haya hecho tiene que beber. Para hacerlo más interesante Sirius usa un hechizo para hacer que los vasos se calienten cuando a alguien que le toque beber no lo haga, Lily cree que roza la magia oscura pero no dice nada.
Se divierten un rato con preguntas estúpidas, hacen preguntas para fastidiar como "yo nunca he besado a un chico", el único que no bebe es Peter y todas las miradas se dirigen a James.
—Es culpa de él, lo juro —señalando a Sirius, por supuesto.
Luego preguntas como "yo nunca he besado a una pelirroja" o "yo nunca me he convertido en un animal", hasta que se aburren y comienzan a preguntar cosas diferentes.
—Yo nunca he tenido miedo de terminar el colegio.
Y se vacían los cinco vasos, hasta que comienza a ponerse muy pesimista y James aligera el ambiente con un "yo nunca he fingido que no me gusta alguien cuando en realidad me moría por ser la madre de sus hijos", Lily resopla, pero bebe su vaso y cae un silencio tan profundo que casi se puede contar cuando el vaso de Sirius comienza a echar humo, pidiendo ser bebido.
—¡Pero nunca he querido ser la madre de tus hijos, idiota! —y se baja el vaso de un trago molesto.
A James le parece tan gracioso que tiene que seguir molestando.
—Yo nunca me he negado a mí mismo que me gusta uno de mis mejores amigos —para sorpresa de todos, Remus también bebe.
El juego termina cuando Peter murmura.
—Yo nunca he estado enamorado —y las otras cuatro personas se beben el vaso completo.
Cuando falta poco para las doce Lily sintoniza los Cuarenta Magistrales y Sirius saca una botella de Champaña. Le suben el volumen a la radio y salen de la tienda, hacen la cuenta regresiva y el Año Nuevo los recibe en los terrenos nevados del castillo, bajo el cielo de Escocia, Sirius le besa después del brindis y no se le ocurre una mejor forma de empezar el año.
Sirius y James alientan a su niño pirómano interior y encienden fuegos artificiales hasta que bañan el cielo negro de colores.
Hacen su misión personal "aplastar" -con esa palabra- a los pobres idiotas que lanzan fuegos artificiales en Hogsmeade. Hasta le parce que ganan, se quedan ahí parados por largo rato, quizás una hora, quizá más, quizás menos, viendo los fuegos cruzar el cielo. Al final Remus tiene que admitirles la victoria cuando encienden una última bengala que escribe cinco iniciales en el cielo, en letras rojas y doradas.
Se pasan la primera madrugada del año siendo ellos, "Niños Perdidos, Remus" haciendo bromas y bebiendo y teniendo conversaciones estúpidas y no tan estúpidas, riendo como si no hubiera un mañana.
Cuando llega el amanecer los encuentra esparcidos por el suelo de la tienda, salen tambaleándose a recibir el sol que asoma primero tras esa colina que reclamaron como suya esa noche, y no importa lo que pase después, siempre tendrán el recuerdo de esa noche y esa pequeña, pequeña victoria.
