Advertencias: Ninguna

Viaje

Visitar a Mu le había hecho bien. Se sentía más ligero, menos preocupado, mucho menos irritado. Quizá porque Mu no había estado realmente en el santuario, ni había jugado papel alguno en su vida, en realidad nunca antes habían hablado de manera personal: era un inicio limpio, una tierra nueva donde sembrar sólo cosas buenas.

Con muchos de los otros tenía cuentas pendientes en uno u otro sentido, eran pocos los que no había conocido ya, generalmente en malas circunstancias. Pero quedaba otro, se dijo, con el que no había tenido contacto.

Así que dejó su armadura – ésta vez a propósito– y se encaminó a verle. Disfrutó bastante el viaje, moviéndose a la velocidad de la luz sólo a ratos, quería caminar como una persona normal, mirando los cielos y a la gente. Se detenía a comer y a dormir cuando se le apetecía. Y no se dio nada de prisa.

Le tomó tres meses llegar hasta los 5 picos y fue una auténtica sorpresa que cuando finalmente llegó, Dohko lo estuviera esperando.

–Sabía que vendrías– le sonrió – he sentido tu cosmos acercarse desde que saliste del santuario.

Afrodita no se había dado cuenta que lo había tenido encendido, era una sensación tan dulce y agradable, que le parecía natural. Se llevó los brazos al pecho y comprendió que esa dulzura venía de estar en paz consigo mismo. Se sintió purificado y devolvió la sonrisa.

Pasaron la tarde en la cascada, nadando y hablando de cosas triviales. Fue increíble y novedoso para él sentirse tan aceptado y tan normal.

Una semana después se despidió de Dohko y comenzó a caminar; se sentía mucho mejor, pero no solo por la visita, sino por el viaje, por todos esos días y por sí mismo. Estaba listo para volver a casa.