Saludos, piltrafillas! A sólo semana y media de libertad, todo me llama a gritos para que tire la casa x la ventana! Ainssss, ese verano, que poco queda! XD
CAPÍTULO XXV:
-¡Lo único que hice fue tomar prestados algunos de los planos y manuscritos de Cid sobre la maquinaria interna del Strahl para poder arreglarla! ¡Esos malditos papeles no eran de Draklor!
-¡No puedes hacer eso!
-¿Por qué no?
-¡¿Es que no me escuchas, Balthier? ¡Te acabo de decir que es…!
-Confidencial, si, ya, qué novedad. Como si todo lo que hacía Cid no lo fuese.
-Tienes que dármelos.
-¿Qué?
-¡Maldita sea, Balthier, tienes que devolver eso!
-¿Por qué? ¡Esos planos no tienen uso militar porque da la casualidad de que el único prototipo de la nave es la mía, y desde luego yo no voy a empezar una guerra con ella!
-¡Sigue siendo una información que un civil no puede tener!
-¡Me diste las propiedades de mi familia, no he hecho nada malo!
-¡La investigación de Cid pertenece al estado, no a una condenada herencia familiar!
-¡Pero eso estaba en mí casa! ¿Qué quieres que piense? ¿"Oh, Dios, seguro que esto es ultrasecreto y no debería tocarlo"?.
-¡Maldita sea, Balthier! ¡No bromees con esto! ¡Distingues esas cosas perfectamente, y mejor que yo! Yo… No sé qué debería pensar de ti. Eres egoísta, arrogante, engreído y descarado. No puedo distinguir si eres un mentiroso que dice la verdad o un hombre sincero que miente.
-Bueno, al menos queda claro que de los dos Tú eres el más honesto.
-No estoy de broma, Balthier.
-Yo tampoco.
-Entonces, ¿eres un mentiroso?
-He dicho que no estoy de broma, ¿eso no debería convertirme en un hombre sincero que miente?
-No extrapoles tus problemas a mí – dijo por fin, crispado -. Contigo apenas hay diferencia.
-Pero la hay – afirmó, agarrándole del brazo.
-¡Para ti no! ¡Eres lo uno o lo otro según te conviene! Al menos yo soy consciente de lo que quiero.
-¿Y qué es lo que quieres?
Hubo un silencio brusco entre ellos que les separó mientras los ojos de Basch se desencajaban un segundo antes de que una sombra los oscureciese cuando le miró por última vez antes de separarse.
-Tú deberías saberlo mejor que nadie, Balthier. Parece que fui un iluso al creer que así era.
Balthier abrió los ojos de golpe, con el corazón latiendo frenéticamente contra su pecho. Se quedó inmóvil observando el techo de la tienda mientras calmaba su respiración. Había sido su última discusión. Una de tantas. Hacían una media de dos o tres al día acompañadas de frases tajantes que evitaban cualquier conversación posible, y le desquiciaba los nervios. Era una impotencia repugnante que le corroía, insufrible. ¿Cómo diablos habían llegado a aquello? ¿Y por qué demonios seguían así? Se pasó las manos por el pelo. No sabía si era desconcierto o indignación lo que primaba sobre lo otro, pero por encima de ambos sentía pesar. Basch había vuelto a comer bien después de la última noche en la cabaña, caminaban a buen ritmo y cooperaban para seguir a delante de forma aplicada y eficiente… pero nada más. A Balthier no le hacía falta que le dijeran que era aquello último lo que no soportaba. Ya lo habían hablado. A gritos, pero se había dicho.
Balthier nunca planeó marcharse sin él, simplemente se llevó sus sacos porque tal y como le había dicho a Basch se iría pronto, y dado que pasaba más tiempo en el Strahl que en palacio se las había vuelto a llevar. Era una tontería que sus cosas estuvieran en el cuarto de Basch, cuando él sólo estaba allí por la noche. La habitación era demasiado solitaria e impersonal sin él, y Balthier no iba a quedarse a esperarle. Cuando estaba llegando al aeródromo le interceptan unos soldados imperiales que no respondían a las órdenes de Larsa para arrestarle sin razón aparente. Su inquietud se convirtió en sospecha al iniciarse una persecución. Su último deseo era ocasionar nuevos problemas en aquel momento, y sencillamente se fue sólo pensando en que sería el mal menor. Fue atando cabos mientras volaba a Golmore, donde Fran adivinó de qué se trataba todo aquello en verdad. Si no respondían ante el emperador, lo hacían ante el Senado, un Senado que seguramente no apreciaría con buenos ojos que al alcanzar la mayoría de edad el futuro monarca, fueran degradados de la influyente posición que habían alcanzado en ausencia de soberano.
El papel de Balthier en todo aquello no era por él mismo, claro. Era por Basch. Al ser informados antes que nadie gracias a los espías de rigor de la falta de ficheros en Draklor que custodiaba Gabranth con autoridad de Larsa, se dispusieron a utilizarlo como una acusación de que el monarca concediese información vital del estado a criminales o guerrilleros, pudiendo desencadenarse con su figurada incompetencia una revuelta que propiciase su abdicación o, por qué no, su asesinato. El complot le pilló por sorpresa, pero no le extrañó en absoluto. En Arcadia las cosas siempre habían sido así antes de la instauración de la Casa Sólidor. Aquello simplemente evidenciaba que por mucho que pasase el tiempo, los hombres no cambiaban nunca.
Sobraba decir que Basch no le creyó. Seguramente sonaba demasiado imaginativo y poco creíble dada la forma que tuvo de decírselo. Estaba tan desesperado por que le creyese que no le importó la rabia y la frustración que se gravó inseparable en sus palabras. Nunca le mintió. Nunca quiso utilizarle ni hacerle daño. Nada de lo que había ocurrido era voluntad suya, aunque mentiría si no confesase que había llegado a especular en cómo hacerle marcharse. Sí, pensaba robar ficheros de Dracklor, pero no estaban allí cuando los fue a buscar. En cambio, se llevó prototipos e investigaciones privadas de su padre, de los que sólo existía una única copia a pesar de estar registrados en el fondo de datos físicos duplicados. Uno de tantos vacíos legales. Balthier no podía saberlo, simplemente se los llevo pensando que eran documentos personales de Cid, así que al pasarse revista de los archivos después de la infiltración se denotó su falta y, evidentemente, le tomaron por el responsable. Aquello le convirtió sin saberlo en la codiciada prueba viviente de las "conspiraciones del monarca" con cómplice incluido.
Se giró en el saco sin encontrar una postura cómoda para volver a conciliar el sueño. Aún estaba demasiado sobresaltado. Sin darse cuenta se quedó mirando hacia donde dormía Basch. Estaba de espaldas a él, y lo único que podía ver de su rostro era la línea perfecta de su maxilar, cubierta de aquella barba rubia que adoraba. Sonrió ligeramente con tristeza al recordar la sensación de su roce contra su piel cada vez que le besaba. El aliento cálido de sus labios, aquella suavidad… Le tenía tan cerca que apenas tenía que estirar el brazo para alcanzarle. Rozó con la yema de los dedos su manta asegurándose de que realmente era así. Dormían juntos en la tienda, pero a pesar de su ridículo tamaño prácticamente sus sacos no se tocaban. El guerrero se aseguraba de dormir lo más separado posible de él, aunque más de una vez se giraba entre sueños hacia su lado haciendo desaparecer aquel abismo de medio palmo que se hundía entre ellos, y hasta que se volvía a mover Balthier se quedaba mirándole sin que nunca pudiera cansarse de contemplar la paz de rostro durmiente. Suspiró con tristeza mientras observaba cómo sus hombros subían y bajaban suavemente con cada respiración. Le sentía lejos, él le había hecho alejarse. Aun sabiendo que estaba allí por él, que había cruzado el Imperio sólo para ayudarle después de haberse ido, a pesar de haber sido el único que no se había atrevido a decir nada, porque era más fácil darlo por hecho. Porque sus labios habían seguido sellados para aquellas palabras que el guerrero parecía condenado a no oír jamás pese a no merecérselo.
"A veces echo en falta que me digas algo… diferente". El pensamiento emergió entre el océano de recuerdos de su memoria. Basch se lo había dicho en el Strahl aquel día que fue a buscarle. Aquel día que no podía esperar a la noche para volver a verle. Fue muy desconcertante que el siempre templado guerrero actuase así, aunque nunca había dudado de que era mucho más sentimental de lo que su estoica apariencia hacía esperar. En ese momento pestañeó, pensativo. "¿Me lo estaba… pidiendo?"
-Tú te mereces… mucho más de lo que yo puedo darte, ¿verdad? – murmuró, entristecido.
Siguió mirándole un poco más, observando el engañoso juego de sombras que luchaban sobre su manta por hacer desaparecer la tenue luz que se filtraba a través de la cubierta de la pequeña tienda. Sabía que no se iba a dormir, y no era prudente que se quedase mirando a Basch mientras dormía. No quería hacer nada que le disgustase, ni que se despertase y le descubriese mirándole. Alargó el brazo para coger su abrigo y decidió salir un rato fuera a que le diese el aire y despejarse las ideas. Últimamente lo necesitaba constantemente.
Nada interesante en este cap. Sólo (x fin) algunas aclaraciones de "¡¿Pero que coño ha pasado aquí?" y tal XD
PD: tarde o temprano tenían que llegar!
