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Título: Te Desafío
Resumen: Kagome y sus amigos (incluyendo a su peor enemigo Inuyasha) están jugando a "Te desafío". Si Kagome rechaza el desafío de Inuyasha, tendrá que dormir con él. Pero cuando Inuyasha desafía a Kagome a casarse con él... el infierno entra en erupción. InuKag.
Género: Romance/Humour
Edades: Kagome: 24, Inuyasha: 25
Dedicatoria: Esta historia está dedicada a mi hermanita Kiari-chan…
NOTA: Los personajes NO tienen sus yos demoníacos y miko en este fic. Todos son estrictamente humanos. Sin embargo, tienen sus apariencias habituales. Inuyasha tiene el pelo plateado y los ojos dorados, etc…
Nota de la traductora: los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Capítulo 25: Por el Amor
-Oh oh…
Todos comieron lo que quisieron. Sin embargo Rin comió algo extraterrestre. Se tomó un perrito caliente con salsa agridulce, mostaza, kétchup, un poco del helado de Kagome por encima, con una cereza, virutas de chocolate y un poco de salsa caliente.
-¿No la vas a detener? –Inuyasha codeó a su hermano. Sesshomaru se encogió de hombros.
-Nah, mientras el niño salga con diez dedos en las manos y diez en los pies, está bien.
Inuyasha meneó la cabeza mientras tomaba una cucharada de su helado de fruta y nueces y saboreó el chocolate en su boca. Tío, cómo ama este hombre el chocolate. Muteki y Riku estaban jugando con las espadas que les habían comprados sus padres y Kagome y Rin tenían los disfraces de Halloween a su lado a buen recaudo.
-Chicos, ¿qué queréis hacer después? –preguntó Miroku mientras se estiraba, bostezando y posando su mano en el hombro de Sango. Ella le lanzó una mirada asesina pero le dejó descansar la mano ahí.
-Hacer más compras, luego ir a casa, todos trabajamos por la mañana –dijo Ayumi, era la más lista. Ayame y Yuka asintieron. Eri puso los ojos en blanco y Hayabusa siguió zampándose su hamburguesa KFC.
-Ohh mierda, olvidé que hoy era domingo –gimió Sango. Miroku suspiró mientras se bebía la Pepsi.
-Sí… yo también. ¿Volvemos a nuestras casas o seguimos relajándonos en casa de Yasha?
-Volved a vuestras malditas casas –Inuyasha frunció el ceño-. Volved después de Halloween…
-¿Por qué tan tarde, querido y amado Yashi? –bromeó Ayame. Inuyasha frunció el ceño.
-Porque no quiero que vosotros ejerzáis influencia sobre Muteki y Riku antes de Halloween. Los dos van a llamar a los timbres y a decir truco o trato –Inuyasha hizo una pequeña pausa antes de mirar a Miroku de manera asesina-. ¡NO quítate tus malditos calzoncillos!
Miroku estalló en carcajadas y Kagome soltó una risita al recordarlo. Cuando eran más jóvenes, Miroku siempre solía decir: "¡QUÍTATE LOS CALZONCILLOS!" en vez de decir el habitual, Truco o Trato. Los adultos pensaron que era divertido hasta que llegó a la pubertad. Entonces sólo le cerraban la puerta en las narices.
-Bien, no influenciaré a vuestros niños –dijo Miroku levantando su mano derecha-, ¡palabra de scout!
-No –ladró Inuyasha.
-¿POR FAVOR? –gimió Miroku. Los adultos empezaron a reírse fuertemente y Muteki y Riku también se rieron, intentando ser parte del grupo.
-No –Inuyasha frunció el ceño una vez más.
-¡OI! ¡Tú me quieres!
-¡NO! –dijo Inuyasha directamente, su voz se estaba volviendo muy peligrosa. Miroku hizo un puchero.
-Vale, nos iremos todos pero volveremos el 1 de noviembre para empezar a planear el cumpleaños de Muteki y tu boda –dijo Miroku.
-Bien –Inuyasha asintió. Kagome y Rin pusieron los ojos en blanco mientras todos se levantaban-. ¿Preparados para marcharnos? –preguntó Inuyasha. Todos murmuraron y asintieron. Asintió cuando cogió en brazos a su hijo y empezó a salir de allí.
-¿Está con su periodo? –le susurró Miroku a Kagome que, en respuesta, se puso roja de la risa. Inuyasha se estremeció.
-Lo he oído…
Esa declaración provocó un nuevo ataque de risa.
Cuando llegaron a casa, Inuyasha se aseguró de que todos se fueran rápidamente. Llevó algo de tiempo y algunos empujones pero eventualmente, a las 10 de la noche… SÍ todo un día después, Inuyasha los tuvo a todos fuera. Sesshomaru puso los ojos en blanco pero pensó que era una buena idea que todos se fueran antes de Halloween porque no quería a su hijo pidiendo a las señoras que se quitasen sus bragas.
-Por fin estoy de acuerdo con mi hermano pequeño –dijo Sesshomaru cuando fue a llevar a su hijo a la cama. Más bien a dejarlo en la cama. Riku ya estaba dormido en su regazo.
Kagome le sonrió a Rin, que siguió a su marido escaleras arriba.
-¿Vamos? –preguntó Inuyasha sonriendo.
-Vamos –Kagome soltó una risita mientras subían las escaleras.
Los dos se acomodaron en la cama de Inuyasha y se abrazaron durante unos cuantos minutos.
-¿Cansada? –le preguntó Inuyasha mientras le acariciaba el pelo. Kagome asintió.
-Hmm… sí, muy cansada.
-Mentirosa –Inuyasha sonrió-, sólo querías irte.
Kagome le sonrió descaradamente.
-¿Y? –sonrió mientras salía de la cama de Inuyasha-. Gracias a Dios que Muteki está durmiendo, ha estado muy hiperactivo los últimos días.
Inuyasha se rió entre dientes.
-Va tener un padre.
Kagome puso los ojos en blanco.
-Nuestra historia de verdad que es como para contarla.
-Haz un libro.
-No soy buena con las palabras –dijo Kagome sonrojándose un poco.
Inuyasha fingió un jadeo.
-¡Y tú te llamas a ti misma profesora de historia!
Kagome frunció el ceño mientras le daba un pequeño puñetazo a su prometido.
-¡Cállate! ¿Qué tiene que ver la historia con escribir un libro?
Inuyasha se rió entre dientes. Kagome suspiró mientras le lanzaba una mirada al reloj digital. Daba las 11:27. ¿Unos cuantos minutos de abrazos son hora y media? Vaya…
-Tengo que trabajar mañana, hora de dormir –dijo cuando se puso de puntillas para darle un beso de buenas noches a Inuyasha. Él cerró los ojos cuando su brazo rodeó su cintura. Empezó a poner besos de mariposa en su cuello.
-¿Por qué a tu cama? –preguntó con voz ronca-. Después de todo, estamos comprometidos, ¿ne?
Kagome jadeó cuando los labios de Inuyasha chocaron contra los suyos…
Lemon
Corrió sus manos por su camisa y se la sacó sin ningún problema. Inuyasha no perdió tiempo en cogerla y tirarla en la cama, abalanzándose sobre ella inmediatamente después. Él era el tigre y ella era la presa. El beso volvió a empezar, gentil y apasionado al mismo tiempo. Cuando se separaron, su respiración era pesada mientras se miraban fijamente el uno al otro, ambos sabían a dónde iba esto.
De repente, ella se apartó de su mirada ligeramente sonrojada.
-N-no me mires así –respiró-. Me da vergüenza…
Inuyasha arqueó una ceja. Era tan adorable.
-¿Vergüenza? ¿Por qué?
Kagome meneó la cabeza. ¿Por qué ESTABA tan nerviosa? No era como si fuera la primera vez.
-No es que mi lencería no sea bonita o algo… Pero me sigues mirando como…
-No es a tu lencería a lo que estoy mirando –susurró mientras desabrochaba su sujetador por detrás-, es a ti.
Los escalofríos le recorrieron la espina dorsal cuando le quitó sus últimas prendas. Una vez que la tuvo completamente desnuda, puso las sábanas por encima de ellos. Acarició su cara y selló sus labios.
Ella lo atrajo hacia sí y dejó que sus ojos se cerraran. Se sentía tan bien estar otra vez en sus brazos.
Pasó sus manos sobre las preciosas curvas de su cuerpo, disfrutando de cada centímetro.
-Eres tan… hermosa –susurró después de apartarse, besando su frente. Inuyasha empujó su cuerpo contra el suyo y la miró fijamente con seriedad en sus ojos-. Kagome… ¿has… umm…
-No –le interrumpió, sabiendo lo que estaba tratando de preguntarle-, tú fuiste el único.
Algo al decir ella eso hizo que se sintiera muchísimo mejor mientras se preparaba. Ahora era ÉL el que estaba nervioso.
-Si en algún momento, cruzo el límite de tu zona de placer, todo lo que tienes que hacer es…
-Inuyasha –le interrumpió otra vez-, cállate.
Le levantó la camisa pasándosela por la cabeza y lo empujó a otro acalorado y apasionado beso. Estaba tratando de que entraran en ambiente. Sus labios se abrieron ligeramente, permitiendo que se adentrara su paciente lengua, explorando amorosa y gentilmente el interior de su boca.
Inuyasha sintió que ella bajaba hacia sus pantalones y con gran rapidez, estuvo desnudo. Ya no había vuelta atrás y no había necesidad de palabras. Se posicionó y la miró fijamente a los ojos, besándola completamente una vez más. No la cagues esta vez, Inuyasha.
Kagome arrugó los ojos cuando se adentró en ella. No dolió tanto como su primera vez, pero como HABÍA sido hacía bastante, aún dolía. Pero sólo un poco.
-¿Estás bien? –preguntó, decidido a ser lo más gentil que pudiera con ella. Esta era su forma de disculparse por cómo había salido la primera vez. Como sexo de maquillaje. Sí, eso era lo que era.
-Estoy bien. Sólo ha sido un momento –replicó, sonriéndole-. Quiero esto… así que sigue.
Inuyasha asintió y meció su cuerpo ligeramente de delante hacia atrás. Soltó un gruñido de frustración y agarró las sábanas entre sus manos. Para él era duro mantener el control. Por fin estaba de nuevo con Kagome y todo lo que quería era divertirse y dejar que ella disfrutase del acto. Pero, esta vez no era por diversión. Era por amor. Y tenía que demostrarlo.
Kagome deslizó sus manos por sus bien formados brazos y entrelazó sus dedos con su sedoso pelo plateado. No pudo hacer más que sonreír ya que sabía que estaba esforzándose al máximo por ser el Inuyasha más gentil posible. Pero si seguía al paso al que iba, ninguno de los dos estaría satisfecho.
-Inuyasha –lo apartó de ella e intercambió sus posiciones rápidamente. Se sentó a horcajadas sobre sus caderas y entrelazó sus brazos alrededor de su cuello, mirando fijamente a sus encantadores ojos dorados.
-Tú… me amas, ¿verdad?
Tragó saliva silenciosamente mientras trataba de reducir sus rápidos latidos. ¿Cómo lo había hecho? ¿Cómo había conseguido hacerle sentir de esa manera?
-Sí.
-Entonces, si tus palabras significan algo, eso es todo lo que necesito saber –susurró, sus labios estaban peligrosamente cerca. Su cuerpo se inclinó hacia el de él y antes de que incluso pudiera emitir un sonido, cubrió sus labios con los suyos. No había NINGUNA posibilidad de que fuera a dejar que Muteki, o cualquiera de la casa se enterara de sus actividades por ese motivo.
Gruñó en su boca y rodeó su cintura con sus brazos mientras movían juntos sus cuerpos. Ella se apartó de sus labios y reposó la cabeza en su hombro, sus respiraciones salían agitadas y en voz baja. Fue mejor de lo que había sido nunca.
Inuyasha la atrajo hacia sí y se movió más rápido. A lo mejor estaba yendo un poco rápido… pero ella no parecía estar protestando. Es más, lo estaba disfrutando tanto –puede que aún más– que él.
Kagome cerró los ojos y le arañó la espalda, esforzándose al máximo por mantenerse callada. Ya sentía la presión creciendo dentro de ella.
-Inuyasha, por favor –susurró en voz baja con un tono de voz casi suplicante.
Escuchó su suave plegaria y la sacó de encima de él, de modo que volvieron a cambiar de posición. Con una sonrisa arrogante, colocó besos de mariposa por todo su cuello y hombros, empujándose de nuevo dentro de ella. Lo pegó a ella y lo abrazó por los hombros, amando lo completa que la hacía sentir.
Inuyasha deslizó sus manos bajo sus muslos y gimió en su cuello, sabiendo lo cerca que estaba. Movió su cuerpo un poco más rápido, disfrutando de los gritos de su amante que sonaban en sus oídos. Estaba callada, pero no lo suficientemente callada como para que no la oyera. Eso lo hacía mejor.
-Mierda, Kagome… -ni siquiera pudo terminar su frase. La tensión que él había construido entre ellos estaba preparada para ser liberada.
En su cabeza se arremolinaban sentimientos de placer. Cada movimiento que hacía sólo la acercaba a la cumbre. Sabía que era lo mismo para él. Volvió a gemir suavemente en su cuello, ambos cuerpos estaban listos para terminar.
-Inuyasha… -de repente, llamaron a la puerta y se detuvieron inmediatamente-… mierda.
End Lemon
-¿Quién… quién es? –llamó Kagome, su voz temblaba ligeramente.
-¿Mami? –sorbió los mocos. Los ojos de Inuyasha y de Kagome se abrieron desmesuradamente.
-¿Muteki? –dijeron ambos mientras se apartaban el uno del otro. Kagome encontró su camisa, se la puso y luego encontró sus pantalones para después ponérselos también de un tirón. Inuyasha intentó ponerse su camisa pero falló miserablemente, así que Kagome le ayudó rápidamente. Mientras iba a ponerse sus pantalones, Kagome fue a abrir la puerta del dormitorio.
Vio a su pequeño de pie enfrente de la puerta. Sus ojos se suavizaron mientras se inclinaba para cogerlo en brazos. Su pelo estaba esparcido por toda su cara y estaba cubierta con una capa de sudor, pero su hijo no parecía notarlo.
-¿Qué pasa? –preguntó en voz baja.
-Mis malos sueños volvieron –gimió Muteki. Kagome abrió los ojos desmesuradamente mientras caminaba hacia la cama y acunaba a Muteki entre sus brazos. En cuestión de segundos, Muteki volvía a dormir. Inuyasha se acercó y se sentó al lado de Kagome.
-¿Sueños? –preguntó.
-Solía tener muy malos sueños sobre un hombre enmascarado que me apuñalaba… dice que todo lo que ve es un cielo oscuro, y a una figura encapuchada caminando hacia mí. Siempre hay un hombre a mi lado, y Muteki siempre está en los brazos de ese hombre. Muteki dice que ese hombre parece bueno –Kagome miró a Inuyasha-, así que asumamos que eres tú. Tú, yo y Muteki estamos siempre enfrente del templo cuando un hombre enmascarado viene y me apuñala. Entonces tú intentas salvarme y bajas a Muteki para atrapar al hombre enmascarado. El hombre echa su cuchillo hacia atrás y te apuñala. Mamá, Jii-chan y Souta vienen corriendo desde el templo y él los mata a todos. Muteki siempre se levanta y huye mientras el hombre lo persigue.
Los ojos de Inuyasha se ampliaron.
-¿Qué?
Kagome asintió, su corazón se rompía con cada palabra.
-Deseaba que pararan sus sueños y lo hicieron por un tiempo. No sé por qué tiene este tipo de sueños… no tiene ninguna razón para tener sueños así.
-¿Crees…? –preguntó Inuyasha.
Kagome le lanzó una mirada asesina.
-Mi hijo no tiene nada mal en la cabeza y definitivamente no se está volviendo loco.
Inuyasha puso los ojos en blanco.
-Muteki está perfectamente bien, iba a preguntarte si pensabas que su sueño pueda ser una señal.
Kagome se apoyó contra el pecho de Inuyasha.
-No lo sé. Quiero que pare. Muteki siempre llora.
Inuyasha le frotó el brazo mientras miraba fijamente a su dormido hijo.
¿Qué pasa con su sueño? Pensó, eventos de su pasión con Kagome pasaron por su cabeza. La apasionaría otra vez, ahora mismo, su hijo era lo que ocupaba su mente.
Nota de la traductora: ¡Hola! ¿Cómo estáis? Os traigo un nuevo capítulo, aunque todavía no es viernes, no me he podido resistir a publicarlo hoy. Ya sólo faltan 5 capítulos para el final, ¿no estáis impacientes por saber lo que pasará?
Muchas gracias por los reviews, espero que me mandéis muchos esta vez.
Besos, y hasta la próxima.
