Hola de nuevo :3
Os traigo un capi nuevo. Antes de que lean, quiero agradecer a Bonibelle por su review, y espero a todos les guste este capi. Regalenme un review si les gustó. Al final del capi, daré algunas explicaciones que no daré ahora para no hacer spoiler.
Nos vemos abajo
Capítulo 23.
Alcanzando el destino.
*Ryan POV*
Casi una semana después de nuestro paso por aquella vieja Planta de Depuración, finalmente veíamos pistas claras de nuestra llegada a Salt Lake City. Apenas salimos de las instalaciones industriales, tuvimos que caminar cerca de un día y medio para llegar a la autopista. Un camino directo y despejado hubiera hecho de dicha travesía de una caminata de poco menos de medio día, pero entre los bosques y laderas, el tiempo de viaje se dilató varias horas.
Habíamos tenido que correr cuando salimos de la bodega de equipos, siendo perseguidos por infectados hambrientos. Para nuestra suerte pudimos mantener la distancia con la mayoría de ellos, y eliminamos a aquellos que lograron acercarse demasiado. Y además, cuando alcanzamos el otro extremo de la planta, descubrimos que era un paso cerrado, al igual que había sido la entrada derrumbada que habíamos utilizado para ingresar. Fue cuestión de trepar la reja gruesa, no sin esfuerzo y velocidad, y correr como los mil demonios para alejarnos del montón creciente de infectados que amenazaban con derribar la vieja barrera de acero.
Nos internamos en el bosque y, tras algunos kilómetros de trote y caminata acelerada, nos permitimos detenernos a descansar cerca de un riachuelo que utilizamos para llenar nuestras botellas de agua.
Luego de montar un improvisado campamento para pasar la noche que se aproximaba, Joel nos mostró la enorme sorpresa de que había pasado por un gran contenedor que hacía las de bodega de provisiones, donde había podido rescatar varias latas de comida. Si bien aquella época era más proclive a permitir cacerías exitosas, la creciente falta de luz nos condujo a verificar el estado de los alimentos dentro de las latas. Descubrimos que se había mantenido perfectamente a pesar de los años.
Sobre una pequeña fogata, Joel cocinó un estofado con verduras y carne deshidratada. Sabía a gloria.
Tras una noche tranquila en la intemperie, nos pusimos en marcha apenas asomaron los primeros rayos de luz de sol.
Día y medio después alcanzamos la autopista y la seguimos, pasando las noches dentro de autos abandonados, hasta donde nos encontrábamos en ese momento; la salida hacia Salt Lake. Había sido un muy largo camino que ya casi acababa.
- Ya era hora. - comenté, mirando junto a Joel el gran letrero verte que aún se mantenía sobre el camino.
Si. Pronto terminaremos con esto y podremos regresar a lo de Tommy. - dijo Joel. - Allá podremos vivir bien, creo que será un buen cambio luego de Boston y todo este viaje. ¿No lo creen?
- Sin duda. - afirmé, con una leve sonrisa.
- Ésta es nuestra salida, Ellie.
La muchacha no respondió. Joel y yo miramos hacia atrás, donde vimos a Ellie observando detenidamente la imagen tallada de un ciervo en el concreto. Ahí estaba de nuevo. Conforme habíamos comenzado a acercarnos más y más a nuestro punto de encuentro con las Luciérnagas, Ellie había comenzado a encerrarse en si misma. Había dejado de hablar tanto, y ya no bromeaba seguido con nosotros. Diablos. Hasta había dejado de hacer cosas en el camino que solían irritarnos a Joel y a mí, como practicar su silbido. Aquella conducta había estado particularmente marcada los últimos dos días.
Suponía que eran los nervios por finalmente saber si una cura podría o no hacerse gracias a ella.
- Ellie. - llamó Joel, un poco más fuerte.
Ella pareció salir de su trance y se volteó a mirarnos.
- ¿Dijeron algo? - preguntó, distraída.
- Que ésta es nuestra salida. - repitió Joel.
- Oh, genial. - respondió Ellie, acercándose a nosotros.
Nos encaminamos hacia abajo de la autopista, descendiendo por la salida hacia la ciudad, esquivando los destrozados autos abandonados y las malezas que poco a poco habían ido recuperando terreno a través de lo construido por la mano de la humanidad. El día estaba cálido, despejado en nuestro entorno, pero a la distancia podían verse gruesas nubes oscuras que surcaban el cielo sin ningún apuro. Era un día completamente primaveral.
- Antes, en un día así, me sentaba en mi porche a tocar la guitarra. - comentó Joel, con añoranza. - Creo que cuando todo esto termine les enseñaré a tocar. Creo que les gustará. ¿Qué dicen?
- Claro, genial. - dijo Ellie, aún sin mucho ánimo.
- La verdad, yo paso. - dije, sincero. - La música no es lo mío. Intentaron enseñarme a tocar la guitarra una vez, hace tiempo. No fue bien.
- Con un poco más de práctica podrías…
- Joel, en serio. La guitarra no es uno de mis talentos. Da igual. - lo interrumpí. - Lo que sí me gustaría es que me enseñaras a jugar football y soccer. Y baseball. Será agradable usar un bate para algo más que reventarle la cabeza a infectados.
Joel me miró, pensante, y sonrió levemente.
- Me gusta esa idea. - asintió. - No he jugado nada de eso hace años. Estoy seguro que en lo de Tommy habrá muchos que juegan o quieren jugar.
- Es un trato. - sonreí.
Seguimos varios metros en silencio. A medida que la ciudad se hacía más cercana, el acecho de infectados o humanos enemigos era más probable, lo que nos obligaba a mantenernos más alertas a nuestros alrededores.
- Tuve un sueño muy extraño anoche. - comentó Ellie, de pronto. Seguimos caminando.
- ¿Qué soñaste? - pregunté.
- Resulta que estoy en este avión lleno de gente y todos están alarmados y gritando porque el avión se está cayendo. Así que voy a la cabina, abro la puerta y no hay piloto - contó Ellie - Intento usar los controles pero… obviamente, no tengo idea de cómo se pilotea un avión. Y justo antes de estrellarnos, me despierto.
- ¿Y has estado en un avión alguna vez? - preguntó Joel.
- No. Por eso es un sueño muy extraño.
- Bueno. Los sueños son así. - Dijo Joel.
Cuando llegamos a la calle de entrada a la ciudad, observamos la puerta reforzada que había sido parte de la zona de cuarentena, ahora desprovista de cualquier indicio de seguridad y vigilancia.
- Miren eso, otra zona de seguridad abandonada. - indicó Joel, mientras nos acercábamos.
La ausencia de infectados en aquella parte de la ciudad podría verse explicada debido a que el único acceso a la zona de cuarentena caída estaba bloqueada por un autobús estrellado contra la puerta reforzada entreabierta. Trepamos al autobús y miramos los alrededores que, aunque destrozados, estaban despejados.
- Ahí está el hospital que la Luciérnaga mencionó en la grabación. - dijo Joel. Miré hacia el edificio, más bajo que los rascacielos que lo rodeaban.
- Deben ser… un poco menos de dos kilómetros. - calculé. - De trayecto directo, al menos.
Ir bordeando los derrumbes y otros obstáculos podría alargar la trayectoria varios cientos de metros más.
- Sí. Más o menos. - asintió Joel. - Vamos, andando.
Descendimos del autobús y rodeamos aquella primera zona de registro del sector de cuarentena. Estaba completamente bloqueado el paso por más rejas reforzadas; para poder seguir tendríamos que atravesar uno de los edificios. Convenientemente, el acceso hacia la antigua central de autobuses estaba despejada. Ingresamos hacia la antigua recepción; los árboles y la hierba habían logrado acceder a la antigua edificación ya, atravesando las paredes y el piso. Pero la fachada general de lo que había sido ese lugar seguía siendo la misma.
Registramos los destartalados casilleros públicos en busca de algo que llevar con nosotros, pero ese sitio parecía haber sido saqueado ya. Lo mismo pasó con las maletas y bolsos abandonados. Más que algunos trapos, no pudimos encontrar nada de utilidad. El paso hacia los andenes y estacionamientos estaba bloqueado por gruesas cortinas de metal, fuertemente cerradas, de la época en que la pandemia estaba en expansión. Tendríamos que subir al segundo nivel, pero las escaleras estaban derrumbadas. En la orilla oeste del segundo piso, que era sólo un pasillo que rodeaba el primer nivel desde las alturas, ofreciendo acceso a locales comerciales, había una sección que no contaba con baranda de protección y a la que podríamos trepar con facilidad.
- Vamos. Tú primero, Ryan. - dijo Joel.
Me impulsó hacia arriba, donde pude sujetarme de la orilla y trepar hacia la parte frontal de un viejo café, según el descolorido letrero. Tras un vistazo rápido para verificar que no hubiera peligros cerca, me volví para ayudar a los siguientes.
- Ellie. - llamó Joel.
La chica se encontraba sentada, silenciosa, en una de las bancas centrales de la recepción, frente a las antiguas boleterías. Joel se acercó a ella, mientras yo me quedaba esperando, arrodillado, en la orilla.
- ¿Todo está bien? - preguntó Joel.
- Si. Estoy bien. - dijo Ellie, si mucho ánimo.
- Da la impresión de que estás muy callada hoy. - dijo Joel. Ellie lo miró.
- Oh… lo siento. - murmuró, cabizbaja.
- No. No es… - dijo Joel. - Está bien.
Volvió a encaminarse hacia debajo de donde me encontraba para ayudar a Ellie a trepar, pero ella permaneció sentada donde se encontraba.
- Ellie. - la llamé yo, ésta vez. Ella alzó la cabeza y me miró, con algo de sorpresa al notar donde me encontraba. Estiré mi mano hacia abajo en una clara señal de que debía trepar.
Se acercó a Joel y apoyó uno de sus pies sobre sus manos, mientras sujetaba la mano que le ofrecía con una de las suyas. Subirla no fue nada difícil. Me hice hacia atrás un paso, llevándola conmigo hastas que hubo trepado por completo, quedando de pie frente a mí. Aún con nuestras manos sujetadas, la miré fijamente a los ojos, de cerca y con preocupación. Ella me miró, sosteniendo mi mirada.
- Estoy bien. - susurró. - De verdad. La miré otros pocos segundos antes de asentir una vez.
- Si tú lo dices. - dije, soltando su mano. Aunque no le creía mucho, la verdad. Volví a arrodillarme frente a la orilla y le ofrecí la mano a Joel. - Listo, Joel.
Apenas Joel dio un brinco y se agarró de mi mano, sentí que Ellie comenzaba a alejarse rápidamente.
- Oh, Dios mío. - exclamó Ellie mientras se alejaba. Miré por sobre mi hombro hacia donde ella se iba, perdiéndola de vista tras una pared.
- ¡Ellie! - la llamé.
- ¿Qué pasa? - preguntó Joel, aún sujeto a mi mano y brazo, apoyando sus pies sobre la pared. Jalé con fuerza y Joel empujó con sus pies, y entre ambos logramos subirlo en pocos segundos.
Seguimos a Ellie hacia el interior del café, donde la encontramos mirando por una ventana. Cuando notó que nos acercabamos, se volteó y nos miró a ambos con una radiante sonrisa.
- Tienen que ver esto. - dijo, comenzando a correr hacia un corredor hacia su izquierda.
Joel y yo nos acercamos a la carrera hacia la ventana por la que ella estaba mirando. Afuera, donde otrora se estacionaban los autobuses a esperar el abordaje de los pasajeros, ahora había muchas tiendas de campaña abandonadas de la zona de cuarentena.
- No veo nada… - comenté, extrañado con el comportamiento de Ellie.
- ¿Qué mierda…? - murmuró Joel, mientras comenzábamos a seguir a nuestra compañera.
Al final de un pasillo, estaba ella mirando a través de otra ventana. Cuando nos acercamos, volvió a salir corriendo a toda velocidad, ingresando a una sala de descanso que tenía una pared derrumbada. La vimos mirando hacia el exterior.
- ¿Estás bromeando? - dijo Ellie, sonando algo cabreada, volviendo a correr más allá. Tanto Joel como yo miramos hacia afuera a través de la gran grieta, pero no vimos nada.
La seguimos a través de unas viejas oficinas, hacia un puente de acero y vidrio que unía aquel edificio con uno de los vecinos. Ellie nos apresuró a seguirla, volviendo a correr. Entramos en el siguiente edificio. Tras una vuelta, de pie bajo el marco de una puerta derribada, estaba Ellie, mirando hacia el interior de una sala amplia y destrozada; observando algo. Cuando nos acercamos pudimos ver por fin la razón de su entusiasmo.
Al fondo de la sala, tras el derrumbado muro, había un animal alimentándose de las hojas de la vegetación que colgaba de las paredes. Una jirafa envolvía montones de hojas con su larga lengua, mirándonos con tranquilidad con uno de sus grandes ojos. Jamás había visto algo así antes. No pude evitar esbozar una sonrisa.
- ¿Ven eso? - preguntó Ellie, sonriéndonos.
Joel avanzó lentamente, mientras Ellie y yo esperábamos en la entrada.
- Shhh. No la asustes. - pidió Ellie, cuando Joel casi llegaba junto a la cabeza del animal, que se alimentaba sin alarmarse.
- No. No lo haré. - aseguró Joel. Llegó junto a la jirafa y, sin una pizca de miedo, estiró una mano para acariciarla debajo de la oreja.
- ¿Qué haces? - pregunté, en susurros suaves.
- Está bien. - dijo Joel, acariciando al animal. Luego nos hizo señas para que nos acercáramos. - Vengan aquí.
Ellie y yo nos encaminamos con cuidado, sin hacer movimientos bruscos, hacia la jirafa, que nos observaba ahora con curiosidad. Cuando llegamos a su alcance, Joel nos animó a acariciarla. Ellie acarició su mandíbula, debajo de su oreja, mientras que yo estiré mi mano hasta alcanzar su largo cuello. Tenía un pelaje, duro, pero muy cálido.
- Hola. - la saludó Ellie, sonriente. Yo mismo sonreía.
De pronto, la jirafa pareció satisfecha de su curiosidad con nosotros y se apartó, volteándose para alejarse pacíficamente.
- Eso fue genial. - comentó Ellie. Miré la jirafa caminar para reunirse con otras dos, a lo lejos.
- ¿Qué piensas, Ryan? - quiso saber Joel, también mirando a los animales.
- Pensaba en cómo es el sabor de la carne de jirafa. - dije.
- Oye. - dijo Ellie, aunque sabía que bromeaba. La miré de reojo, con una sonrisa ladina. Me gané un suave golpe en el brazo. - Veamos a dónde van. Vamos. Vamos.
Y se lanzó a correr por dentro del edificio de nuevo.
- Tranquilízate, Ellie. - le pidió Joel, mientras salíamos detrás de ella.
Recorrimos algunos pasillos más, y subimos hasta alcanzar la salida a la azotea, desde donde pudimos ver a la familia de jirafas que recorría el área en completa calma, probando las hojas verdes de los árboles cercanos, sin temor alguno. Y allí nos quedamos lo que fue cerca de una hora, admirando a los animales, hasta que comenzaron a alejarse para internarse en la ciudad.
Joel fue el primero en indicar que ya era hora de seguir nuestro camino también. Pero Ellie se quedó quieta en su sitio, admirando a las jirafas, pero perdida en sus pensamientos. Me aparté para acercarme a Joel.
- Dale unos minutos más. - le pedí. - Tiene mucho encima de ella.
Joel me miró unos segundos y asintió, suspirando.
- Hacía mucho que no la veía sonreír así. - admitió Joel. - La posible cura… la oportunidad de regresar el mundo a como era antes. Si que es una carga enorme para una niña de su edad.
- Si. - convine. - Pero pienso… que tal vez lo que le pesa más es que existe la posibilidad de que, después de todo, una cura no sea posible. Imagina… llegar y descubrir que sin importar qué, sin importar lo que le dijeron respecto a su condición… no sirva para nada.
Joel se quedó serio, mirando a Ellie, que tenía los antebrazos apoyados sobre la baranda de la azotea, mirando hacia abajo. Tras unos minutos, me acerqué a Ellie y le toqué un hombro, haciendo que se volteara a verme. Las jirafas ya no se veían a la distancia.
- Ya es hora de seguir. - le dije con suavidad, y ella asintió.
Cuando nos disponíamos a ingresar al edificio de nuevo, Joel se quedó con la mano puesta en el pomo de la puerta, como pensando, hasta que llegamos a su lado.
- ¿Joel? - le pregunté. Él se volteó hacia nosotros.
- No tenemos que hacer esto. Lo saben, ¿cierto? - dijo Joel, y se enfocó en mí. - Ryan… mira, sé que se lo prometimos a Tess pero…
Alcé las cejas, sorprendido. Era verdad. Había pasado tanto tiempo que… Apreté la mandíbula y miré a Ellie, luego a Joel. Suspiré.
- Llevarla con las Luciérnagas era… es decisión de Ellie. - dije, mirándola a ella ahora. Ella me miró, sorprendida por un instante, y lo pensó unos segundos antes de mirar a Joel.
- ¿Cuál es la otra opción? - preguntó.
- Volver a lo de Tommy. - dijo Joel, sin pensarlo siquiera. - Solo… terminar con todo este asunto.
Me sorprendió que parecía estar pidiéndole a Ellie que eligiera aquella opción. Ellie, sin embargo, negó con la cabeza.
- Después de todo lo que hemos pasado. - dijo ella, sin dejar de negar. - Todo lo que he hecho…
Suspiró, repasando las opciones. Y asintió con una sonrisa resignada.
- No puede ser en vano. - decidió. - Tenemos que terminar esto llegando con las Luciérnagas. Cuando terminen de… usarme para sintetizar una cura, volveremos. O iremos a donde quieran.
Nos miró a los dos y sonrió.
- Ustedes son… mi familia. - se sinceró, sonriendo. - Y no saben lo que les agradezco que me acompañaran en este viaje. Ya casi acaba. Después podremos vivir en paz, los tres. Eso es lo que quiero.
Reprimí una risa y negué con la cabeza.
- Bueno, está decidido. - dije, abriendo la puerta de la azotea. - No sé qué tan pacífica puede ser vivir con ustedes dos, pero ya qué. No hay de otra, ¿no?
- Oye, ¿qué se supone que significa eso? - preguntó Ellie, amenazante, pero jugando.
Bajamos por las escaleras, bromeando entre nosotros por unos pocos minutos. Joel iba tras nosotros, en silencio. Estaba muy pensativo, ahora. Y se notaba.
- Mira, Joel. Te agradezco tus intenciones, pero no podemos detenernos a medio camino. De verdad, cuando hayamos terminado iremos a donde quieras. - dijo Ellie, mientras recorríamos los pasillos del edificio.
- Bueno, no me iré sin ustedes dos. - dijo Joel. - Así que terminemos con esto.
- Ése es el espíritu. - dije, decidido.
El edificio estaba lleno de lugares implementados para la protección civil, lo que nos obligaba a rodear varios obstáculos. Así lo hicimos hasta que llegamos a una salida hacia el área de las tiendas militares de la zona de cuarentena. A la mitad del lugar, Ellie se detuvo de pronto y miró a Joel.
- Joel… mira, aquí. - dijo Ellie, luciendo contrariada. - María me la mostró y yo… eh, la robé. Espero que no te moleste.
De uno de sus bolsillos sacó una vieja fotografía que no alcancé a ver completamente, pero si noté que se trataba de Joel abrazando a una niña. Joel tomó la foto y se quedó mirándola. Contemplándola, más bien. Y pude ver la profunda tristeza en sus ojos. Luego de unos segundos, guardó la fotografía en su mochila y suspiró profundamente.
- Bueno, creo que no importa cuánto lo intentes. - comentó Joel. - No se puede escapar del pasado. Gracias.
Ellie asintió y seguimos adelante, esquivando escombros y derrumbes y autos destruidos, ingresando a algunas tiendas abandonadas donde pudimos hacernos de alcohol y trapos. Seguir hacia el hospital desde ese punto nos sería imposible debido al bloqueo de las calles. No teníamos otra vía más que ir por los túneles de las autopistas urbanas. A unos metros más, junto a la barrera de acero de los militares, se encontraba la bajada hacia los túneles.
*Ellie POV*
El camino a través de los túneles estaba lejos de ser sencillo. De primeras, el paso estaba completamente bloqueado por vehículos de distintos tamaños apilados para evitar el paso de infectados, lo que nos obligó a saltar sobre varios de ellos para pasar. Más adentro, comenzaron a aparecer varios infectados en distintas etapas, lo que no significó demasiado esfuerzo en un principio; no mucho más que los autos y los derrumbes. Pero, rodeando un par de camiones abandonados, nos topamos con un par de Gordinflones. Tuvimos la suerte de escuchar uno de sus potentes rugidos antes de verlos, lo que nos ayudó a proceder con mucha precaución y preparar algunos cócteles molotov y bombas de clavos para hacerles frente.
La experiencia que habíamos adquirido en todo ese tiempo jugaba en nuestro lado. Aún así, no quitó que necesitáramos valernos de buena parte de nuestras municiones para derribar a los siguientes infectados que nos bloqueaban el paso. A cada disparo, el eco rebotaba por todas las paredes, retumbando en mis oídos casi dolorosamente.
- Maldito criadero de cabezas de hongo. - gruñó Ryan, enojado y cansado, tras darle un certero golpe en la cabeza con su llave a un corredor, matándolo. Lo que llevaba de la travesía por ese lugar nos estaba cansando rápido.
Joel le disparó a un chasqueador con su escopeta y el lugar quedó en silencio, al menos de momento. Pero aunque el camino no estuviera ya plagado de infectados, no podíamos seguir debido a un derrumbe que bloqueaba irremediablemente el paso.
- ¿Y ahora qué? - pregunté, respirando pesadamente. Los encuentros habían sido intensos.
Joel miró en todas direcciones, posando su vista en una puerta abierta en uno de los costados, junto a un letrero que concedía acceso solo al personal autorizado.
- Por aquí. - dijo Joel, dirigiéndonos hacia la puerta abierta.
Dentro había una sala que se extendía a un pasillo oscuro y largo, cuyas paredes estaban cubiertas de tubos metálicos. Seguimos el pasillo hasta otra sala idéntica a la anterior, con una salida al túnel al otro lado del derrumbe. Para mi gusto, aquel lado había comenzado a inundarse. Tendríamos que trepar sobre los vehículos para pasar por las partes más profundas.
Joel ayudó a subir a Ryan al contenedor trasero de un camión, quien nos ayudó luego a Joel y a mí a hacerlo. Tras ese camión, el nivel del agua aumentaba enormemente. Ya no había sitio por el cual caminar a nivel de piso, pero sobre unas salientes a un costado del camino nos brindaron paso por el cual transitar. Joel fue primero para probar la estabilidad de aquel sendero improvisado.
- Cuidado al pisar. - dijo Joel. - El agua es bastante profunda.
Ryan fue detrás de él, ayudándome a bajar al camino desde el contenedor del camión. Sostuve su mano con fuerza; el agua profunda me ponía nerviosa. Muy nerviosa.
- Hey, eso es algo que tenemos para después. - comenté mientras caminábamos hacia un camión de bomberos que apenas sobresalía sobre el agua.
- ¿Que cosa? - preguntaron Joel y Ryan al unísono.
- Pueden enseñarme a nadar. - ofrecí.
Debido a un derrumbe, no podíamos subir al camión para proceder, lo que hizo que Joel tuviera que nadar por debajo de la máquina para poder conseguir una escalera que me permitiera subir y seguir avanzando. Ya sobre el camión, pude ver que aquella parte estaba igual de inundada y, además, más allá había un bloqueo completo.
- Ven. - me dijo Ryan, señalando hacia un costado del camino. Había agua, pero parecía que se podía caminar por ahí debido a los escombros sumergidos. - Es menos profundo por aquí.
Dejé que me guiara, agradecida de que me indicara donde pisar para no caer a la parte profunda. Sabía que si caía, él y Joel me ayudarían de inmediato, pero era algo que deseaba evitar. Mucho más porque tras meter el primer pie bajo el agua, el golpe de frío hizo que me dolieran hasta los huesos.
- ¡Dios! ¡Está helada! - exclamé, mientras atravesábamos hacia una extensión interna, bloqueada por una reja cerrada.
Joel hizo el esfuerzo de abrirla, pero fue imposible. Analizamos la situación y notamos que la reja no se alzaba completamente hacia el techo en toda su extensión.
- Ryan, ve si puedes romper la cerradura desde el otro lado con tu llave. - dijo Joel, indicándole a Ryan que trepara con su ayuda a través del hueco arriba de nosotros.
Ryan pasó hacia el otro lado sin dificultad y se dispuso a encaminarse hacia la puerta, sujetando su llave. Un movimiento detrás de él llamó mi atención. Alarmada, vi como un infectado se alzaba desde atrás de unas cajas, casi en completo silencio y, de una zancada, se abalanzaba sobre Ryan. Me quedé sin voz.
- ¡Ryan! - gritó Joel.
El muchacho consiguió darse vuelta a tiempo para recibir el ataque del chasqueador, pero perdió su llave producto del impacto de la embestida. Con terror absoluto, vi como Ryan forcejeaba, de pie, contra el infectado, con su espalda hacia nosotros.
- ¡Hay que ayudarlo! - grité, sacando mi pistola.
- ¡No puedo apuntar bien si no se hace a un lado! - gritó Joel.
Pero cuando Ryan logró recuperar el balance, poniendo sus pies firmes en el cemento, mantuvo terreno antes de comenzar a empujar al infectado, que se revolvía rabioso intentando morderlo. Le dio un empujón con toda su fuerza y, aprovechando la separación entre ellos que logró conseguir, sacó su cuchillo rápidamente de su funda y lo blandió, provocando un gran corte en el rostro del infectado. Por la lesión, el chasqueador retrocedió unos pasos que le permitieron a Ryan darle una fuerte patada en el abdomen, enviándolo al piso sobre su espalda.
- ¡A un lado! - gritó Joel, y Ryan saltó hacia un costado, despejando el camino para que pudiéramos disparar.
Le reventamos la cabeza al chasqueador a balazos; dos cada uno. Y le salió barato considerando lo cerca que había estado de lastimar a nuestro amigo. Jadeante, Ryan abría y cerraba su mano libre, mientras mantenía el agarre en su cuchillo con toda su fuerza. Sus nudillos estaban blancos por la fuerza.
- ¿Estás bien? - pregunté, preocupada.
- Si. - dijo Ryan, grave. - Me sorprendió, eso es todo.
- Estuvo cerca. - dijo Joel. - Buena patada, Ryan.
Sonreí levemente ante el tono orgulloso de la voz de Joel. Ryan recogió su llave y fue a abrir la puerta. Con dos poderosos golpes, la cerradura quedó destruída y la puerta se abrió. Me acerqué a Ryan y lo examiné; no tenía ninguna mordida, sólo una expresión de irritación que se iba suavizando con el paso de los segundos. Suspiré, aliviada de verlo ileso. Seguimos a través de un pasillo derrumbado, donde a un lado encontramos una puerta que tuvimos que forzar para abrir. Adentro, nos encontramos con un par de cadáveres. O esqueletos, corrigiendo. Uno de ellos en medio de la sala y el otro esposado a unos gruesos tubos, con flechas atravesando su pecho. Eran flechas cortas, mucho más que las de mi arco.
- ¿Crees poder usarlas en tu ballesta? - preguntó Joel, removiendo las flechas. - Sería bueno que pudieras darle utilidad a esa cosa.
Ryan tomó una de las flechas y la examinó, concentrado. Con la mandíbula apretada, sacó la ballesta de su lugar colgando en su mochila y la cargó, con éxito, en la ballesta. Luego tomó otra y también la cargó.
- Se dejan colocar, al menos. - dijo, y apuntó hacia un mueble de madera y disparó. La flecha surcó el aire, silbando, y se clavó en la madera. Lamentablemente, el impacto provocó que la flecha se astillara. - Están algo viejas. Esperemos que contra la carne no tengan problemas.
Había más flechas tiradas en el piso, junto al otro cadáver. Las recogí y se las entregué. Tenía siete flechas que le permitirían regresar a la vida a su arma. Aquello mejoró mucho su humor para cuando volvimos a salir al pasillo para continuar, alcanzando una enorme estancia provista de viejos y arruinados ventiladores gigantes. Seguramente era lo que confería ventilación a aquellos túneles subterráneos. Todo el muro opuesto a la puerta por la que entramos se había venido abajo, permitiendo ver la superficie. Además, el centro del lugar estaba completamente inundado. No se podía ver el fondo.
- Ahí está. - señaló Ryan, hacia el exterior. Podía verse la fachada del hospital.
No podíamos salir por ahí, pero al menos sabíamos que estábamos cerca. Aunque tampoco veía la forma en la que seguiríamos avanzando. Revisamos el lugar; la única manera aparente en la que podríamos proceder sin que yo me metiera al agua era lograr bajar una escalera doble asegurada en la altura de una elevación a la que se podía acceder subiendo una escalera que se extendía desde una plataforma al otro lado del agua, a la que no se podía subir si había que nadar, porque estaba muy alta.
- Allá arriba hay una paleta. - señaló Ryan. Efectivamente había una sobre un segundo nivel, al que no se podía subir desde allí.
- ¿Cómo llegaremos hasta allí? - pregunté, nerviosa por la perspectiva de tener que meterme al agua.
- Quizás se pueda llegar hasta allí desde otro sector. - dijo Joel, mirando el agua. - Bien. Iré a ver si puedo atravesar nadando. Ustedes, esperen aquí.
Y sin más, Joel saltó al agua y se sumergió, dejándome sola con Ryan, quien suspiró y se quedó de pie frente al agua, mirando hacia el hospital. Me uní a él, pero para mirar al cielo despejado y claro. Permanecimos así durante algunos minutos, hasta que me volví para mirarlo.
- Estuvo cerca. - dije, haciendo que me mirara. - Allá atrás, digo.
- Si. - murmuró él. - Si no hubiera sido por el grito de Joel, nunca hubiera notado al chasqueador.
Fruncí los labios, afligida. Yo me había quedado paralizada de la impresión.
- Lo siento, Ryan. Cuando vi al infectado tan cerca de tí… - dije, avergonzada. - Me bloqueé.
- Da igual ya. - aseguró él, tranquilo. - No pasó nada. Nada más que un susto.
Pero no daba igual. Me froté un brazo y negué con la cabeza.
- No, Ryan. Yo… - dije, sin saber qué decir. - Tú me has estado protegiendo todo este tiempo. Demonios, me has salvado la vida más veces de las que recuerdo. En Pittsburgh… y recorriste todo el país para regresar con nosotros… y si no fuera por tí, David…
- Oye, oye… - me dijo él, calmado, sujetando mis hombros. Lo miré y él me asintió. - Eso ya pasó. Recuerda que me importas mucho, Ellie.
- Pero te arriesgas todo el tiempo por…
- Y lo seguiré haciendo si debo hacerlo para que estés a salvo. - me interrumpió, serio. - Y tú me has salvado también. Somos un equipo, Ellie. Nos cuidamos entre todos.
Lo miré a los ojos y me pudo más la angustia y la tristeza. Negué con la cabeza nuevamente.
- Pero has pasado… tú y Joel, han pasado por tantos peligros por mi culpa. - dije. Había estado llevando aquello en la mente por mucho tiempo. - Sé que les pagarán por esto pero… ¿y si la cura no fuera posible? ¿Y si hicimos todo esto por nada?
Él se quedó mirándome detenidamente, sin decir una sola palabra. Sus ojos azules eran del color del cielo.
- Entonces nos devolvemos a lo de Tommy y nos tomamos un merecido descanso. - dijo, y sonrió de lado, completamente sincero. - Siempre hemos sabido que lo de la cura era sólo una posibilidad. Si no se puede hacer… bueno, seguimos con nuestras vidas, Ellie. Y si necesitas más para estar tranquila… yo dejé de hacer esto por la recompensa hace mucho. No hubiera pasado meses de trayecto bajo la nieve, y en casi completa soledad, por unas putas armas. Lo hago por ti y…
Y sin permitirle decir más, simplemente me hice hacia delante y me puse de puntitas, juntando mis labios con los de él. Sentí cómo se tensaba por la impresión, pero no se apartó como temí que podría hacerlo. Yo permanecí con los ojos cerrados y en esa posición, sin atreverme a mover mis labios, por algunos segundos más antes de retirarme, volviendo a mirarlo.
- Yo… lo siento. - dije, avergonzada. Bajé la mirada un segundo antes de mirarlo a los ojos de nuevo. Seguía sorprendido y… no sabría decir qué más.
- ¿Por qué? - preguntó, ladeando la cabeza y sonriendo levemente.
Ahora era yo la sorprendida, pero antes de poder decir algo más, escuchamos como Joel aparecía arriba de la plataforma, donde se encontraba la paleta de madera.
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Y allí estuvo! Les gustó?
Bueno, algo de explicaciones. Si tomé prestada la escena del beso del DLC, algo. Y por qué lo hice? Pues en el universo de éste fic, el beso entre Riley y Ellie nunca sucedió. Todo lo demás del DLC si pasó y la relación entre las dos chicas no era más que de mejores amigas.
Es por eso que parte de la trama final cambia también. Ya lo verán en los capis que quedan.
Sól capis más, como máximo.
Nos vemos en otro cap!
