No mentalices
Víctor estaba orgulloso, nadie en la sala de conferencias había notado algo diferente en ella el siguiente día. Sólo pasó por afuera casualmente, para ver si todo estaba bien, pero captó a Gordon sentado en la misma silla que estaba Dean anoche, y de igual forma, miraba aquel tablón, casi sin parpadear.
Víctor sentía mucha curiosidad por el caso, así que hizo un anuncio de su presencia tocando el vidrio como si tocara una puerta. Gordon volteó a verlo, y después volvió su mirada a la pizarra de nuevo.
— Ey — dijo Víctor, no sabía cómo comenzar una charla con Gordon.
— Ey — replicó Gordon automáticamente, sin dejar de mirar la pizarra.
— Así que… ¿Dean te ha dicho su teoría ya? — se acercó a Gordon, tanteando el terreno.
El otro detective soltó un bufido.
— El bastardo de Dean no ha vuelto aquí desde que su novia lo llamó anoche — dijo sonriente, mientras hacía comillas en el aire ante la palabra novia.
— Oh… bueno, sólo para que estés enterado, Dean compartió una de sus teorías — decidió ignorar a Gordon y todo acerca de la vida personal del Winchester. Era su amigo, pero bueno, había un caso frente a ellos —. Piensa que todo el asunto de calcinar ojos tiene una especie de significado para el asesino, quizá sea algo religioso, desde que las víctimas a las que no torturó, sus ojos fueron calcinados o extirpados, según sus primeros asesinatos.
Gordon esta vez sí le miró y escuchó lo que Víctor decía, incluso asintió con la cabeza varias veces.
— También tengo algo — se levantó de la silla e hizo ademán a Víctor para que se acercase al tabloide — Dean se ha enfocado demasiado en el cómo las víctimas murieron, que a veces se olvida de que alguna vez fueron personas común y corrientes. Lo que me lleva a esto — Gordon señaló cada una de las fotos de las víctimas, todas de cuando estaban vivas, con ojos, y alguna que otra sonriendo —. Ahora bien, hasta ahora el único motivo por el cual escoge a sus víctimas es porque yo creo que, sí, es un asunto religioso, la mayoría de la gente que fue asesinada es considerada escoria de la sociedad. Excepto Christie, quizá el asesino sólo la usó para acercarse a su verdadero objetivo, Zach. Ahora, hermano, observa los ojos de las víctimas.
Víctor observó el tablón, cada foto de la víctima viva al lado de otra ya estando muerta. Nora tenía ojos café, John ojos miel, Lila ojos marrones. Christie tenía unos ojos verdes hermosos, había que admitirlo; Zach los tenía avellana, Brad Wallace color miel. El detective se quedó boquiabierto.
— Si lo de Christie fue un accidente…
— Esa no es la pregunta correcta — negó Gordon.
— Entonces, ¿cuál es? — Víctor vio brevemente hacia afuera de la sala y observó al teniente Singer aproximándose a ellos.
— ¿Por qué no hay ninguna víctima de ojos azules? No hay ninguna que conozcamos al menos. ¿Qué? ¿El asesino es un neonazi ahora? Tengo a Ash buscando por más víctimas con heridas en los ojos similares.
— Detectives — se anunció Bobby en la sala y sin más rodeos soltó — Tenemos un nuevo cuerpo.
Gordon y Víctor se miraron entre sí.
— Sin ojos — elaboró. Escuchar de un nuevo asesinato no era raro. Era la división de homicidios, por Dios. Pero aquel detalle hacía una historia diferente.
— Iré a la escena del crimen, señor — salió Gordon de la sala. Víctor estaba por salir de ahí y meterse en sus propios asuntos, pero el teniente lo detuvo. Víctor se petrificó en su sitio, Robert Singer lo sabía, sabía lo que había pasado anoche, fue lo que pensó. No se atrevió a girarse para verle a la cara.
— Primero, dile a Dean que me debe un cesto de basura nuevo — el detective se encogió de hombros y cerró los ojos, no se atrevía a darle la cara al teniente —. Segundo, ustedes imbéciles se olvidaron de que había cámaras; y tercero, ve a ver si no está muerto en su departamento. He llamado a su celular pero no me responde.
— Sí, teniente — fue todo lo que Víctor dijo, antes de huir de Bobby.
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Rachel salió del cuarto de baño con bata puesta y toalla enrollada en su cabellera, se dirigió a la sala sólo para ver si Castiel seguía dormido, y efectivamente; así seguía. Lo movió ligeramente, diciéndole que ya era hora de levantarse, Castiel le gruñó pero abrió los ojos, pestañeando repetidamente. Rachel simplemente sonrió y se dirigió a su cuarto a vestirse.
Un par de minutos después, la psicóloga escuchó toda clase de ruidos provenientes de la cocina. El refrigerador abriéndose y cerrándose, el cascarón de huevos romperse y la licuadora siendo torturada, un sartén en el fuego, y después pudo oler algo que en su vida había olido a esa hora de la mañana, y ciertamente no en su apartamento.
Allí estaba, Castiel en la cocina, mirando taciturnamente cómo a la mezcla de harina con leche y huevo y mantequilla le salían diminutas burbujas.
— No sabía que cocinaras — comentó Rachel mientras se cepillaba el cabello.
Castiel sonrió.
— La harina está a punto de caducar, así que sólo seguí las instrucciones y mezclé todo — se encogió de hombros.
— Siempre digo que haré hotcakes para el desayuno, pero nunca me da tiempo — suspiró mientras se acercaba a un espejo de cuerpo entero y continuó arreglándose el cabello.
— Puedo ver el porqué — bufó y tomó una espátula de madera, para darle la vuelta al hotcake.
— Oh, lo mismo puedo decir de ti. ¿Piensas ir con esa ropa apestando hoy?
Castiel apretó los dientes, mientras escuchaba a la masa hacer ruiditos parecidos a gritos mientras se cocinaba. Sí, su camisa apestaba a alcohol, a pesar de no haber tomado nada al final de la noche. Eso, y eran las mismas prendas que había usado el día anterior entero.
Cerró los ojos y se apartó de la estufa.
— Tengo que ir al departamento de Dean por mis cosas — se pasó una mano por la nuca, tratando de olvidar el suceso de la noche anterior, antes de ir al bar.
Rachel detuvo su mano por encima de su cabeza, como si alguien le hubiera apuntado con un arma. Con el cepillo enredado en el cabello se giró hacia Castiel, lo cual era una imagen graciosa hasta cierto punto, pero la mueca en el rostro de Rachel no era graciosa.
— Oh, ¿tan mala es la situación? — Preguntó mientras se acercaba al profesor, al no obtener una respuesta, excepto labios apretados y una mirada esquiva, abrazó a Castiel — ¿Quieres hablar de ello?
— No lo sé… — susurró Castiel, deshaciéndose del abrazo, para volver a la estufa.
— Por supuesto, no tienes que decirme si no quieres — se giró y tomó el cepillo atascado en su cabello y volvió a su ritual.
— No, no es eso — dijo en un tono lo suficientemente alto para que Rachel lo escuchara —. Me refiero a que, no sé exactamente qué sucedió, ni por qué… es confuso — arrugó el ceño y tomó un plato donde colocó el hotcake para Rachel.
— ¿Te importaría dar más detalles? — volvió Rachel y tomó el plato.
Se sentaron en una mesa pequeñita, apenas para dos personas. Era circular, y en el medio tenía un florero con rosas rojas. Rachel lo tomó y lo colocó en el suelo, en intento de ver el rostro del profesor.
La profesora voló alrededor de la cocina, sacando dos vasos de vidrio y sirviendo jugo de naranja de cartón en los dos. Los colocó en la mesa y se sentó. Castiel colocaba mermelada a sus hotcakes, con un codo apoyándolo en la mesa y sosteniendo su cabeza.
— Dean… él… me besó — Rachel abrió grande los ojos, impresionada, hubiera podido jurar que quien haría el primer movimiento en aquella relación-no-relación iba a ser Castiel —. Cuando le pregunté la razón de por qué lo había hecho, todo lo tornó en una burla — apuñaló el hotcake por en medio y comenzó a cortar con el tenedor hacia la orilla — Dean convierte todo en chistes baratos, y casi nunca habla en serio, así que sólo quería evadir el tema. No intenté que hablara del tema más, así que quería irme, pero él me detuvo, diciendo toda una sarta de excusas, que realmente no tenían sentido, pero, no quería que yo me fuera, eso creo — se llevó un gran pedazo a la boca y masticó, casi furioso. Rachel miraba pensativa —. Después, dice que no significa nada, así que lo besé — la profesora frunció el ceño esta vez, pensando que aquello no tenía mucho sentido — después de eso, las cosas se pusieron un poco… acaloradas… — tomó el jugo y dio un trago para pasarse el bocado. La psicóloga esta vez tenía una cara de pura sorpresa.
— ¿Qué tan acaloradas? — preguntó aún, con las cejas arriba.
— No tan acalorado — respondió enseguida, bajándola de su nube.
— Así que, ¿qué pasó? Hasta ahora todo parece bien, o, no veo nada isheparable — dijo mientras masticaba.
Castiel suspiró y continúo:
— Cuando parecía que las cosas iban a ir más… lejos… me detuvo. Dijo que… "no podía hacerlo". Y después, eh, básicamente, huyó del apartamento.
Rachel casi se atraganta en el acto de querer reírse. Soltó un bufido y tomó un gran sorbo de jugo. Castiel la miraba extrañado. Aunque, si lo contaba de esa forma, es como si Dean…
— Así que, Dean básicamente se asustó — tosió y dio otro sorbo al jugo — porque estaba punto de tener sexo. Sexo gay — aclaró Rachel. Sabía que el detective no era ningún santo.
— Sí, se podría decir… pero, no lo sé. Como dije, es confuso.
— ¿Qué hay de confuso en ello? Para mí es obvio lo que pasó, no creo que sea algo tan… malo.
— Al principio, es casi como si fuéramos amigos — comenzó Castiel — bien, yo fui el primero en hablarle, pero no tenía ninguna intención de… nada — soltó, recordando la iglesia vacía y Dean con la cabeza gacha sollozando; esa había sido la primera y la última vez que lo había visto de esa forma — después, él siguió apareciendo en todos lados, en la escuela por el caso de Christie Williams, después me recomienda lugares donde comer, luego acude a mi habitación de motel SIN que yo le dijera nada, me invita a cenar, me invita a vivir a su apartamento, nos abandona en la fiesta de Balthazar por una mujer que en mi vida había visto, me besa, actúa como si jamás hubiera pasado, sigue saliendo por las noches y regresando en las mañanas como siempre, le pregunto por ello, se hace el imbécil, pero no quiere que… me vaya — concluye Castiel, asombrado de la revelación que acababa de tener.
— Suena como a alguien que necesita a alguien pero no admite que lo necesita — dijo Rachel en modo psicóloga —. Dean te invitó a vivir a su apartamento, aun no cuando no tenía ninguna necesidad financiera… Dean se viste como persona decente sólo para conocer a tu hermano… Y aun así, te rechaza — se quedó pensativa por un momento — Eso es… sí, un comportamiento extraño y confuso.
— Oh, no empieces — comentó Castiel llevándose la mano a la frente.
— Bien — el profesor ve como Rachel hace un puchero claramente — dejemos que las cosas se enfríen un momento… — se río ante el chiste que acababa de hacer —, no necesitas ir a su apartamento. Mi novio tiene mucha ropa aquí y es más o menos de tu altura, no le importará que tomes un par.
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Dean se acercó a la escena del crimen, rodeada ya por cintas amarillas. Enseñó su placa a un policía de uniforme y se acercó. Garth estaba inspeccionando a la víctima, y otros forenses tomaban fotografías. Dean aspiró hondo por la boca.
El cuerpo era casi irreconocible, estaba boca arriba, las heridas que había en el cuerpo eran incontables. Dean escuchó cómo Garth le decía a la distancia que había sido encontrado esta mañana, mientras un ama de casa salía a trabajar, y llamó a la policía. Era una zona caracterizada por la pobreza en la que vivían los habitantes, y también por el alto índice de vandalismo, entre otros crímenes. No era de extrañarse la falta de curiosos.
— Así que, ¿cuánto tiene esta chica de muerta? — preguntó por inercia.
— Chico — dijo Garth, sin dejar de examinar.
— ¿Disculpa?
Gordon apoyó su brazo en el hombro de Dean mientras lo saludaba.
— Creí que nunca aparecerías… ¿por qué mierda tienes lentes oscuros si es de día? — se rio Gordon mientras se acercaba al cuerpo.
Dean soltó un bufido y se quitó los lentes. Mierda, el sol era tan brillante. Y la resaca era divina.
— Ey, Gordie — giró los ojos Dean, mientras se tapaba el sol con una mano, después se dirigió a Garth — ¿Qué quieres decir con qué es un chico? — preguntó de nuevo. El cabello, el rostro, las ropas, todo indicaba que se trataba de una mujer joven.
Garth le dedicó una mirada confusa.
— Quiero decir, que tiene todas las características de un hombre. Cromosomas XY-
— Sí, Garth, sé lo que ser un hombre significa — hasta ahora, con ningún asesinato se habían encontrado con que el asesino hiciera esa clase de cosas, todas las víctimas habían sido encontradas con la ropa en que habían desaparecido.
— ¿Crees que es el mismo asesino? — preguntó Gordon.
— La tortura fue más violenta esta vez, los ojos calcinados, no tendré un examen completo sin revisarlo en el departamento forense… pero sí, yo diría que es el mismo asesino de Brad Wallace.
— Bien, asumo que no hay ningún testi-
— ¡DÉJAME PASAR! — gritó alguien, y a Dean casi le explota la cabeza.
Un uniformado estaba tratando de contener a una adolescente que quería ver. Dean se acercó tapándose los oídos para ver qué pasaba, nadie en una escena del crimen dice tal cosa a menos que conozca a la víctima.
— Yo me encargo — le dijo al uniformado, y este se hizo un lado.
La chica trató de ver pero Dean se interpuso. De cualquier forma, lo que ella vio había sido suficiente para saber que se trataba de Mike.
— ¿Lo… la conocías? — la detuvo por los hombros, y la chica comenzó a derramar lágrimas. La chica se derrumbó y quedó hincada en el suelo, soltando horribles llantos. Dean tomó eso como una confirmación, y su cabeza seguía matándolo ahora que la chica lloraba y lloraba.
— ¿Cuál es tu nombre? — trató Dean, intentando que su posible testigo se tranquilizara.
— July — sollozó.
Gordon se acercó.
— No lo sé, hombre. Suena más a un caso de homofobia, y yo no hago esas mierdas.
Dean apretó los dientes, tratando muy, muy fuerte de no golpear a Gordon. Un segundo tenía a July consolándola, y al segundo sólo tenía aire a su vista. La chica se acercó a Gordon llena de furia y trató de patearlo, para suerte de Gordon y mala suerte de Dean, el detective la detuvo antes de que pudiera hacerle daño alguno y pasó a esposarla.
— Tratar de herir a un oficial de la ley no es legal — rio Gordon mientras escuchaba el clic de las esposas y July trataba de zafarse.
— Gordon, yo me encargo — espetó al ver a su posible testigo esposada.
— No te preocupes, ya la tengo — July seguía moviendo sus brazos desesperadamente y llorando al mismo tiempo.
— Yo me encargo — volvió a repetir Dean en un tono amenazador. Gordon soltó a July y alzó los brazos en señal de rendición, mientras sonreía. Dean tomó a July por un brazo y le decía que todo estaba bien; ella le escupió a Dean en la cara, lo pateó y trató de huir.
Dean corrió tras ella, con resaca o no, era más rápido que la chica que corría con los brazos a su espalda. La tomó por el antebrazo, gritándole que huir no iba a hacer algo mejor a su caso, y la jaló hacia el Impala y la metió en el asiento trasero. No quería que Gordon estuviera cerca de la pobre chica.
— Tienes buena puntería, por cierto — rio Dean mientras se limpiaba la saliva con su playera.
— Vete a la mierda — gruñó July en el asiento, temblando de miedo o de rabia, Dean no sabía cuál.
Encendió el Impala, dio vuelta en U y se despidió de Gordon con el gesto universal de la mano mientras sonreía.
Continuará...
Me dolió en el alma inventar a Mike sólo para asesinarlo ;_; *se va a su rincón*
Por otro lado, capítulo semanal =D
Dee, corto.
