Capítulo veintiuno.

Sakura entró en la biblioteca detrás de Shaoran. Este le indicó que se sentara en el sillón que había junto a la chimenea mientras servía una copa de coñac.

A Sakura le encantaba esa biblioteca. Grandes estantes llenos de libros hasta el techo, el hogar, sobre el cual descansaba un hermoso reloj dorado con un mecanismo que dejaba ver el movimiento de su interior. La gran alfombra de Aubusson sobre la que descansaba sus pies y el sillón con un estampado de flores en malva pastel y tierra siena. Colores que la hacían sentir cálida y confortable.

—Toma —le dijo Shaoran acercándole la copa a las manos.

—¿Quieres emborracharme? —le preguntó cuando comprendió que el coñac no era para él.

A los ojos de Shaoran asomó una mirada picara a la vez que la comisura de su boca se curvaba hacia arriba en lo que parecía un intento por no sonreír.

—Solo pretendo que te relajes un poco y dejes de tiritar, y... bueno, ahora que lo mencionas puede que también intente emborracharte.

Shaoran rió abiertamente.

—Eres un verdadero diablo, Shaoran Li de Clare.

—Eso decía mi padre.

Por unos segundos le pareció ver un destello de dolor en sus ojos.

—¿Cómo era él?

Shaoran sabía por quién le preguntaba. Hacía años que no hablaba con nadie de su padre. Con su hermano había zanjado el tema, luego de que él muriera. Entonces regresó a la casa y ni siquiera a Eriol le había contado todo lo que había sucedido entre ellos dos mientras Shaoran estuvo ausente. Eso pertenecía al pasado y allí debía quedarse.

—Era un hombre con mucho carácter. Bastante firme en sus convicciones, a veces llegaba a ser inflexible.

Sakura sabía que no debía preguntar más. Había sentido en su tono de voz que le incomodaba hablar de ello. Había algo de resentimiento en sus palabras. Algo con lo que sin duda llevaba muchos años cargando a sus espaldas. Desde que lo conocía, jamás le había visto esa expresión.

Shaoran se acercó más a ella desde el sillón que había enfrente. Sus rodillas casi se tocaban.

—A veces es mejor dejar las cosas atrás.

Sakura lo miró a los ojos, lo entendía demasiado bien.

—Sí, pero eso no significa que podamos olvidarlas... —le dijo mientras apoyaba su mano encima de la de Shaoran.

—Eres demasiado intuitiva.

—A veces meto la pata y otras me meto donde no me llaman.

Shaoran sonrió.

—De eso ya me había dado cuenta.

Sakura hizo una mueca que provocó en Shaoran una carcajada. Había dejado de temblar y un agradable calor se había extendido por su cuerpo hasta dejarla relajada y tranquila.

—¿Me vas a tener aquí toda la noche hasta que te cuente exactamente qué es lo que ha ocurrido con Fairbank, verdad?

—Parece que soy previsible...

—Tu expresión de "no te creas que te vas a escapar" no deja lugar a dudas.

Sakura soltó un suspiro indicando que se rendía.

—No hay mucho que contar. Quería que fuera más amable con él de lo que yo estaba dispuesta a ser. Al parecer tiene problemas para aceptar una negativa.

—¿En el concierto que ofreció su madre fue la primera vez que te molestó?

—Sí.

Shaoran la miró sin decir nada, pero la puso nerviosa.

—Ahora dime la verdad.

—¿Qué te hace pensar que no te la he dicho?

—Tus ojos. Son una ventana abierta a tus emociones.

Sakura se quedó con la boca abierta. Nunca le había gustado mentir, pero reconocía que cuando hacía falta no lo hacía nada mal. Sin embargo, Shaoran, con solo mirarla a los ojos, podía saber si era sincera. Eso era increíble y aterrador.

—No quiero que hablemos más del tema. Estoy bien.

—Responde a mi pregunta.

—No fue la primera vez —le dijo Sakura.

Shaoran maldijo en voz baja mientras apretaba con fuerza el brazo del sillón con su mano.

—¿Cuándo?

Sakura sabía que le estaba preguntando cuál había sido la primera vez.

—Cuando vino a invitarnos a ese concierto. Lo acompañe a la puerta y me hizo una insinuación. Al parecer, se llevó una impresión equivocada de mí.

—¿Cuan equivocada?

—Nada fuera de lo corriente. En esta profesión te das cuenta de que muchos suponen cosas sobre ti por el mero hecho de no tener el dinero suficiente, ni la posición adecuada.

—¿Insinuó que eras la amante de alguno de nosotros?

Sakura miró hacia otro lado. Dada la recién descubierta habilidad de Shaoran de leer en ella como en un libro abierto, no quería que viera la respuesta en sus ojos. Intentó calmarlo.

—No creo que Fairbank vuelva a molestar a nadie más. No después de lo que le dijiste. Y al final no ha sucedido nada que haya que lamentar.

—¿Te resulta difícil dejar que alguien cuide de ti, verdad?

La pregunta la tomó por sorpresa. Shaoran lo supo al ver pasar por sus ojos un sinfín de emociones.

—Siempre me ha gustado ser yo la que cuide de los demás. Es mi forma de ser.

—Lo sé. Desde que llegaste, has estado intentando cuidar de todos. De los niños, de Amaya, sentándote con ella por las tardes mientras toma el té y hablando de sus viejas amistades. De Tomoyo, haciendo de celestina...

—¿Quién, yo? —dijo Sakura con cara de asombro. Shaoran enarcó una ceja, y Sakura debió dejar de fingir inocencia. —Puede que lo haya hecho un poco. Pero es que Tomoyo es una mujer extraordinaria y él parece que no se da cuenta...

—A mí no tienes que convencerme. Yo estoy de acuerdo contigo.

—¿Sí?

—Sí. Pero has de entender que mi hermano es muy testarudo.

—Debe de ser un rasgo de familia —susurró Sakura.

—Te he oído —le dijo Shaoran mientras se acercaba más a ella. Tanto que su boca solo estaba a unos centímetros. Sakura sonrió al ver su expresión.

—Quería que me escucharas —le dijo Sakura mientras sentía que su respiración era cada vez más rápida.

—Mentirosa —le dijo él sin apartar la mirada de sus labios.

—Engreído sabelotodo.

Antes de que pudiera terminar, Shaoran la estaba besando. Se sentó junto a ella sin dejar que sus labios dejaran de rozarse. La estrechó entre sus brazos manteniéndola pegada a su cuerpo. Sakura sintió que le faltaba el aire. Cuando separó sus labios, Shaoran introdujo la lengua entre ellos rozándolos de manera exquisita para después saquear lentamente cada rincón de su boca. Sakura soltó un gemido de placer mientras se aferraba a él con sus brazos. Enredó sus dedos en el cabello de Shaoran, que gruñó con evidente satisfacción. El beso cada vez se volvía más salvaje, más apasionado. Sakura ya no sabía dónde acababa su boca y empezaba la de él, solo sabía que deseaba que aquello no terminara.

Shaoran le cubrió el pecho con la mano, y sintió como su pezón se endurecía al instante; apretó la tela del vestido en un intento de salvar el escudo que lo separaba de sus tiernas caricias. Sakura se arqueó contra esa mano, incapaz de controlar las sacudidas de deseo que recorrían su cuerpo , porque eso debía de ser el deseo. La necesidad acuciante de alcanzar algo que ni siquiera sabía que era, la necesidad de tocar a Shaoran con sus manos, de sentir su piel contra la de él. Un calor abrasador que la consumía empezó a extenderse por su vientre. Sin percibir lo que había hecho él, sintió el aire en los pechos, que estaban descubiertos. No experimentó ni un atisbo de timidez al ver la mirada de Shaoran al posarse en ellos. La hizo sentir hermosa, y se estremeció ante el destello de deseo que vio en sus ojos. Shaoran los acarició suavemente deleitándose en su textura, en su perfección, tomando entre los dedos las cimas, que se irguieron al contacto de sus manos. Acercó su boca al pezón para chuparlo, lamerlo, sin que se saciara de ello. Lo tomó entre los dientes y Sakura soltó un gemido de placer a la vez que se arqueaba contra él en un intento desesperado de que terminara por fin con su sufrimiento. Shaoran adoró su otro pecho con la misma devoción hasta hacerla suplicar.

—Sakura —le dijo con la respiración agitada—, debemos parar ahora o después no seré capaz de detenerme. Te deseo demasiado para llevar este juego más allá.

Sakura sabía qué era lo que debía decirle, pero eso era algo muy distinto de lo quería hacer. Sabía qué era lo que sentía, lo sabía desde hacía tiempo. Estaba enamorada de Shaoran. Lo amaba como jamás había amado a nadie. No volver a verlo, perderlo, iba a ser una tortura a la que tendría que hacer frente llegado el momento, y cuando eso ocurriese quería poder mirar atrás y recordar esa noche. Jamás se había imaginado estar con nadie de ese modo hasta que conoció a Shaoran. Deseaba estar con él. Lo deseaba con toda su alma.

—No quiero que te detengas —le dijo Sakura mientras retiraba con los dedos un mechón que cubría la frente de Shaoran.

Ese gesto lleno de ternura hizo que Shaoran retuviera el aire por unos instantes. Sakura hacía que todo su autocontrol se esfumara. Siempre había dominado su deseo, sus impulsos, sin dejar que en ningún momento ellos se apoderaran de él. Lo hacía desde que era solo un muchacho. Y así estaba ahora, sintiéndose otra vez como un jovencito que deseaba tanto a Sakura que ni siquiera podía dominar sus emociones.

—Te deseo más de lo que puedas imaginar..., pero eres inocente Sakura, y no creo que..., maldición —masculló por lo bajo.

—Siempre te dije que eras un caballero, pero... Yo también te deseo, y jamás imaginé estar así con nadie hasta ahora. No es un capricho ni estoy bajo los efectos de la pasión. Bueno eso sí...

Shaoran sonrió, y Sakura sintió que su corazón se detenía.

—Yo... —intentó continuar Sakura.

—Shh —le dijo Shaoran mientras se acercaba a ella—, si dices una palabra más, no saldrás de esta habitación durante décadas.

Sakura soltó una risa antes de que Shaoran volviera a besarla con pasión, con ternura, tomándose todo el tiempo del mundo. Volvió a sus pechos y la hizo sollozar nuevamente de deseo. Sakura le desabrochó la camisa para meter sus manos debajo de ella y pasarlas por su espalda, tocando su piel cálida y musculosa que se endurecía al paso de sus dedos. Shaoran la besó en el cuello, mientras su cadera se movía contra la de ella y la hacía desear más. Sakura sentía su creciente excitación sobre su vientre y el impulso de tocarlo era cada vez más intenso. Shaoran fue bajando poco a poco entre sus pechos hasta el ombligo, besando cada centímetro de su piel. Fue levantando lentamente la falda de su vestido hasta que sus muslos estuvieron descubiertos. Pasó la mano por la cara interior de su pierna, con lo que Sakura se mordió el labio inferior, hasta llegar al centro de su feminidad. Sakura se sobresaltes al sentir los dedos de él tocándola en ese lugar oculto. Jamás pensó que eso le causara tanto placer, pero la verdad es que sentía que le faltaba el aire y que sus extremidades se tensaban por algo que cada vez deseaba más y que ni siquiera sabía identificar. Se apretó contra su mano sin poder contener un gemido de placer que hizo que Shaoran sonriera abiertamente. Tocó el montículo de piel que coronaba su sexo mientras Sakura repetía su nombre sin cesar. Quería darle todo el placer del mundo, aunque eso acabara matándolo, porque su deseo por ella lo estaba abrasando, hacía que todas sus terminaciones nerviosas estuvieran sensibles a cualquier reacción de la hermosa mujer que tenía entre sus brazos. La sintió húmeda y dispuesta, pero quería más. Quería que temblara de placer bajo sus manos. Introdujo uno de sus dedos en el estrecho pasadizo, a lo que Sakura se aferró a él como si quisiera fundirse. Al sentir sus senos sobre su pecho y sus pezones que le quemaban la piel, Shaoran tuvo que apretar los dientes para no penetrarla en ese mismo instante. Lo estaba volviendo loco. La besó desesperadamente mientras introducía un segundo dedo en su interior. Sakura exclamó en su boca clavándole las uñas en la espalda. Shaoran gruñó de placer, incapaz de soportar por más tiempo ese tormento. Cuando Sakura empezó a sentir los primeros espasmos, creyó que moriría. Shaoran la apretó más entre sus brazos mientras ella sentía que se fragmentaba en miles de pedazos. Oleadas de placer se expandieron por cada rincón de su cuerpo. Ni siquiera fue consciente de cuándo Shaoran se desabrochó los pantalones hasta que sintió su dureza en el mismo lugar donde antes había estado la magia de sus dedos. Shaoran se acomodó lentamente en ella hasta que se topó con la barrera de su virginidad. Aunque sabía que probablemente fuera inocente, lo sorprendió. La miró a los ojos, unos ojos llenos de pasión que lo miraban con intensidad.

—Sakura, intentaré que sea lo menos doloroso posible pero...

—Shh... —le dijo Sakura poniéndole un dedo en los labios. Después se abrazó por completo a él. Sabía que la primera vez le dolería. Su tía Sonomi le había hablado de ello. Eso era lo bueno de su tía, con ella había hablado abiertamente de temas que muchas jóvenes jamás imaginarían hablar.

Shaoran embistió de manera rápida para atravesar la barrera en un instante y quedar completamente en su interior. Sakura se mordió el labio para no soltar el grito que se había formado en su garganta. Shaoran se apoyó en los antebrazos para poder mirarla. Sabía que le había hecho daño, pero eso era inevitable. Ahora lo único que deseaba era que Sakura volviera a sollozar de placer entre sus brazos. Verla alcanzar el clímax una vez más. Sakura empezó a sentir que el dolor cedía y que una extraña sensación se instalaba en su lugar. Lo miró a los ojos cuando él se separó un poco para mirarla. Su cara reflejaba cierta preocupación, y sus facciones estaban tensas. Su frente estaba perlada de sudor y su mirada..., eso fue lo que hizo que Sakura sintiera nacer de nuevo esa dulce sensación en su vientre. La pasión, el deseo que vio en ellos la abrasó por completo hasta hacerla sentir la mujer más hermosa y amada que había sobre la tierra. Shaoran bajó lentamente sobre ella, mientras Sakura retenía la respiración al sentir como sus pezones se endurecían por el calor de la piel de él. Shaoran salió lentamente de ella para volver a entrar hasta el fondo. Sakura sintió una punzada de placer que la hizo soltar un gemido. A Shaoran aquello lo estaba matando, y cuando Sakura se arqueó contra él moviendo sus caderas, perdió el poco control que le quedaba. Empezó a embestirla cada vez más rápido mientras Sakura lo rodeaba con las piernas. Sakura copió cada uno de sus movimientos hasta llevarlo al borde del abismo. Cuando sintió que Sakura gritaba su nombre, se rindió al exquisito placer que desbordó cada uno de sus sentidos.

Sakura jamás imaginó poder volver a sentir lo que había experimentado momentos antes entre sus brazos, pero había sido incluso mejor. Sentirlo dentro de ella, estar tan unida a alguien, saborear el placer y la felicidad que le había hecho experimentar era más de lo que había creído posible. Lo oyó dar un gruñido de satisfacción a la vez, que ella gritaba su nombre para después quedar abrazados en un profundo silencio. Solo la respiración agitada de ambos se oía en la noche.

—¿Estás bien? —le preguntó Shaoran.

—Ha sido increíble —le dijo Sakura percibiendo cómo se ponía roja.

—Sí —dijo Shaoran con una expresión extraña en los ojos.

—¿He... he estado...? —Sakura se moría de vergüenza, pero Shaoran le había dado un placer inmenso y no sabía si él había disfrutado igual. No sabía por qué, pero eso era algo importante para ella en ese momento.

Shaoran sonrió mientras se acercaba a ella para darle un dulce beso en los labios.

—Has estado a punto de matarme, Sakura.

Sakura soltó una risa que calentó el interior de Shaoran nuevamente.

—Jamás imaginé que esta noche terminaría de esta manera —le dijo Sakura mientras con los dedos le arreglaba el mechón de pelo que le caía por la frente.

Shaoran se quejó de repente.

—¿Qué ocurre?

—No he cerrado la puerta.

Sakura pegó un salto que la hizo caer del sillón.

Eriol, Tomoyo y Amaya podían llegar en cualquier momento.

Sin poder contenerse, empezó a reír cuando se dio cuenta de que los dos corrían como locos intentando recomponer su aspecto. Shaoran dejó de abrocharle el vestido cuando la escuchó reír, y sin poder evitarlo se unió a ella. Les provocaba risa el aspecto que tenían y la cara que habían puesto. No podían detener las carcajadas. Después de un rato, Shaoran la rodeó con sus brazos rozando suavemente sus labios.

—Eres una mujer extraordinaria, Sakura Greyson.

—Jamás osaría desafiarte en eso, lord Li de Clare.

Shaoran sonrió, sintiendo que parte del cinismo que lo había acompañado durante los últimos años se había desvanecido. Eso era algo peligroso y esperanzador. Quizá todavía no estuviera todo perdido para él, quizá todavía podía volver a creer en el amor

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—¿Cómo es París, señorita Greyson?

—¿Quién quiere ver París? —dijo Yukito con el entrecejo fruncido mientras miraba a su hermana Shiori como si hubiera dicho la mayor estupidez del mundo—. A mí me gustaría ver el Caribe, ver algún barco pirata, o ir a Egipto a contemplar las Pirámides.

—Todos los sitios que habéis nombrado son muy hermosos.

—¿En cuántos países ha estado? —le preguntó Yukito con curiosidad.

—Veréis, hace tiempo viajé como dama de compañía de una tía mía, y tuve la suerte de ver muchos lugares —les dijo Sakura odiándose por no decirles toda la verdad. —He visto casi toda Europa, he estado en Egipto, en la India, y también he navegado por el Caribe.

—Entonces es muy vieja —dijo Rika, arrugando su naricita.

Sakura soltó una risa que hizo que la niña riera también.

—Bueno, supongo que comparada contigo, soy toda una anciana —le dijo mientras se acercaba a ella y le daba un beso en la mejilla.

—En cuanto tenga edad suficiente me iré a ver esos lugares —dijo Yukito con determinación.

—No te apresures, esos sitios te estarán esperando todo el tiempo que haga falta.

—A mí me gustaría ver París. Me acuerdo una vez cuando papá y mamá fueron de viaje allí. Al volver, mamá estaba radiante y decía que aquello era precioso.

Sakura vio como Shiori sonreía al recordar a su madre. Hasta hacía poco eso no había sido posible. Le alegraba comprobar que los niños hablaban de ella cada vez con más frecuencia. Se iluminaban sus rostros con los recuerdos que ya no parecían enturbiados por la culpa que los había estado atenazando durante largo tiempo.

—Yo he estado en París dos veces. La primera vez tenía quince años y me enamoré de esa ciudad. Me fascinaron sus pequeñas calles, las Tullerías, Versalles, la Opera.

—¿Fuiste a la Opera? —le preguntó Shiori entusiasmada.

—Sí, fui al estreno de Los puritanos. Me acuerdo que era enero, porque hacía mucho frío.

—Debe de haber sido toda una experiencia.

—Sí, lo fue —dijo Sakura recordando cómo antes del tercer acto su tía había repelido al prestigioso banquero Villon por intentar seducirla.

—Bueno, creo que por hoy es suficiente —les dijo Sakura mientras se acercaba a la ventana para comprobar el magnífico día que hacía. Brillaba el sol, desnudando al cielo con su luz. "Esa no es la mejor comparación posible", pensó Sakura estremeciéndose al recordar la noche anterior.

—¿Está bien, señorita Greyson? Se ha puesto como un tomate... —le dijo Yukito mientras la miraba con preocupación—. Creo que todavía no se ha recuperado de la caída que sufrió ayer.

Sakura les había dicho a los niños que el moretón había sido producto de una caída. Los demás sabían lo que en verdad había ocurrido. Esa misma mañana, nada más bajar a desayunar, se había encontrado con todo el clan reunido en el comedor aguardando su llegada. Habían querido conocer toda la historia detalle por detalle. Shaoran había estado allí para ayudarla, porque en más de una ocasión Eriol había estado a punto de ir en busca de Fairbank para estrangularlo. Tomoyo había palidecido y Amaya, soltado varios improperios nada aconsejables para los oídos de una dama. En resumen, no había ido mal del todo, además ella no había podido prestar mucha atención a sus demandas, porque en cuanto entró en la habitación y lo vio, fue como sentir un golpe en el estómago. Las piernas le flaquearon y le faltó el aliento. Los ojos de Shaoran brillaron cuando la miraron y el deseo volvió a asomarse. Todo el ardor que corría en sus venas se hizo presente como el recuerdo sin palabras de todo lo que había sucedido entre los dos la noche anterior. Sakura hubiese deseado salir de allí con él y encerrarse en una habitación durante horas. Quizá ese no era un pensamiento muy decente, pero le daba igual porque estar entre sus brazos era lo que más deseaba en el mundo. Sakura los había tranquilizado asegurándoles que estaba bien, aunque nadie pareció hacerle mucho caso, ya que estaban todos muy ocupados pensando en cómo darle a Fairbank su merecido. Shaoran solucionó el problema diciéndoles que después de la noche anterior estaba seguro de que Fairbank no volvería a hacer nada parecido. Su cara lo dijo todo ya que Eriol asintió como si entre los dos hubiera habido una conversación que nadie más había presenciado.

Después de eso, Sakura había subido a dar la clase a los niños no sin que en toda la mañana desde que vio a Shaoran hubiese podido borrar de su estómago la sensación de un montón de mariposas que revoloteaban sin control. Cuando lo veía, su corazón se descontrolaba y sus piernas temblaban. Desde la noche anterior su mente solo volvía una y otra vez a él, y eso la hacía sentir más viva que nunca.

No fue hasta después de comer cuando Sakura pudo hablar tranquilamente con Tomoyo. Desde que la noche anterior se fuera precipitadamente de la fiesta, no había vuelto a estar a solas con ella para poder hablar con tranquilidad y preguntarle cómo estaban las cosas con Eriol. Había podido, pese a todo, escabullir el abanico entre sus ropas y le había pedido a Shaoran que se lo diera.

La encontró en el invernadero sentada sobre el banco de piedra que había detrás de las orquídeas. Parecía estar muy interesada leyendo un libro.

—¿Tomy?

—Hola, Sakura. Gracias por haber recuperado mi abanico, lastima que fuera en circunstancias tan penosas. ¿Cómo estás?

—Eso mismo venía a preguntarte yo. Anoche no pude terminar de hablar contigo y me preguntaba si Eriol y tú habíais aclarado la conversación que mantuvisteis durante el baile.

—No, Sakura, no hablamos. Después de recibir la nota de Shaoran, nos buscó. Amaya le dijo que yo estaba indispuesta y que la señora Trent me había acompañado a una de las habitaciones para que descansara un rato. Cuando me encontré mejor, bajé. Él me miró con el ceño fruncido, me preguntó si estaba bien y después vinimos de vuelta a casa. Y no nos dijimos nada más. Ya te dije que no me perdonaría.

—Pues si no lo hace es que es un perfecto imbécil.

—¡Sakura!

—No, Tomoyo, es la verdad. Entiendo que se enfade. No fuiste muy diplomática a la hora de decirle lo que pensabas, pero tenías razón, y si es inteligente, cuando lo piense con calma se dará cuenta da que no pretendías herirlo, solo ayudarlo. Si te culpa por preocuparle por él, entonces es que no te merece.

—Sakura, eso no es justo. Él es un hombre maravilloso. Tenías que haberlo visto cuando Nakuru vivía. Es normal que no pueda volver a amar a nadie más. He sido una estúpida.

—No, Tomoyo, las cosas no son así. Sobre el corazón no se manda, Él decide de quién nos enamoramos, aunque no sea la persona adecuada o el momento preciso. Solo podemos intentar ignorarlo y créeme que eso no sirve de mucho. En cuanto a Eriol, es un hombre joven con toda una vida por delante. No creo que no pueda haber espacio para nadie más en su vida. Nunca olvidará a Nakuru, pero no por ello ya no podrá volver a amar. Solo necesita tiempo y alguien como tú que le demuestre que puede ser feliz.

—¿Lo dices en serio?

—Totalmente en serio.

Tomoyo sonrió levemente con los ojos húmedos por las lágrimas.

—Bueno, ¿y tú que me dices?

—¿De qué me hablas?

—Lo sabes perfectamente. Sé que crees que soy una mojigata que no me entero de nada, pero he visto como os miráis Shaoran y tú.

—Debes de tener un problema en la vista, Tomoyo.

—¿No confías en mí? Yo te he contado todo lo que siento por Eriol. Creía que éramos amigas.

Sakura sabía que tenía razón y una parte de ella había estado deseosa de decirle lo que sentía por Shaoran desde hacía tiempo, aunque siempre que había pensado hacerlo, algo la detenía. Sabía qué era lo que la había frenado hasta entonces: el miedo a que si decía en alto las palabras, si admitía ante alguien los sentimientos que albergaba hacia Shaoran, estos se hicieran realidad, convirtiéndose en algo tangible imposible de negar. Pero ya no podía refugiarse detrás de eso, no desde lo ocurrido la noche anterior. La noche anterior había hecho lo que deseaba, a pesar de saber que tendría que pagar por ello. Esos momentos juntos la acompañarían durante toda su vida. Ese recuerdo sería su tesoro más preciado.

—Claro que confío en ti, Tomoyo. No puedo negar que siento algo por Shaoran, pero no puedo alimentar algo que es tan solo una ilusión.

—Sakura, no es una ilusión. Yo he visto cómo te mira y te aseguro que jamás lo había visto contemplar a una mujer de esa manera.

—Y si eso fuera cierto, ¿qué más da? ¿Una institutriz y un conde? Sabes mejor que yo que eso no tiene futuro.

—Shaoran no es un hombre corriente, Sakura.

—No, pero tampoco es un loco.

—¡Maldición! —dijo Tomoyo mientras se mordía el labio inferior.

—¿Qué has dicho? —le preguntó Sakura sin poder contener una sonrisa.

—He dicho "maldición" —volvió a decir Tomoyo con cara de pocos amigos.

Las dos se echaron a reír al mismo tiempo.

—¿Interrumpo algo divertido?

Sakura y Tomoyo dieron un salto cuando escucharon la voz de Shaoran.

—No, no, yo ya me iba —dijo Tomoyo en un intento poco disimulado de dejarlos a solas.

Tomoyo la miró guiñándole un ojo mientras una sonrisa traviesa asomaba a sus labios. Antes de poder detenerla ya había salido del invernadero.

—Jamás vi a Tomoyo tan deseosa de salir de una habitación —le dijo Shaoran arqueando una ceja.

—Sospecha que hay algo entre nosotros.

—Has dicho "nosotros", eso es un paso —le dijo Shaoran mientras la miraba con tal intensidad que Sakura pensó que iba a derretirse allí mismo.

—¿Por qué dices eso?

—Porque temí que después de lo de anoche volvieras a esconderte.

Sakura se ruborizó al escucharlo mencionar la noche anterior. Shaoran pensó que estaba más hermosa que nunca. Jamás imaginó que le sucedería algo parecido a lo que sentía en ese momento. Se había negado a admitir lo que Sakura significaba para él. Su cinismo se volvía contra él ahora que tenía que reconocer que Sakura no era solo una aventura de una noche, ni una mujer más en su vida. Había maldecido en voz baja cada día y cada noche para reírse de sí mismo cuando se sorprendía buscándola con la mirada, sintiendo celos de todo aquel que la miraba. También había intentando detener esa necesidad acuciante de protegerla y de cuidarla que en cada momento se adueñaba de él, sin embargo, había sido en vano. Sakura lo miró a los ojos haciendo que la deseara con desesperación.

—No voy a esconderme. Si lo hiciera no podría estar contigo —le dijo mientras una sonrisa picara asomaba a sus labios.

Shaoran sintió una cálida sensación en el pecho.

—¿Eso que he escuchado es un cumplido? Estoy soñando...

Sakura puso cara de fastidio, aunque por dentro estaba haciendo todo lo posible por no sonreír.

—Creo que por un momento he sufrido de enajenación pasajera. No sabía lo que decía —le dijo Sakura con una expresión de sabionda, lo que hizo que los ojos de Shaoran relucieran.

—Es una pena —le dijo para después callarse de modo misterioso.

Sakura aguantó solo treinta segundos antes de que su curiosidad pudiese con ella.

—¿Por qué es una pena?

Shaoran soltó una carcajada que hizo que Sakura frunciera el entrecejo.

—Amor, estás preciosa cuando te enfadas.

Sakura sintió que su corazón le daba un vuelco al escucharlo llamarla amor. ¿Se habría dado cuenta de lo que le había dicho? Antes de que pudiera reaccionar, Shaoran la estaba besando con una pasión abrasadora que la hizo gemir. Sakura le devolvió el beso con igual ardor mientras devoraba sus labios en una danza que carecía de pudor. Después de la noche anterior, todo su cuerpo estaba extremadamente sensible a su cercanía, a sus caricias, y la hacía temblar de deseo.

—He querido hacer esto desde que te vi esta mañana —le dijo Shaoran cuando ambos se separaron con esfuerzo y con la respiración agitada.

—¿Entonces por qué has tardado tanto?

Shaoran volvió a reír sin poder evitarlo. La sinceridad de Sakura era como un soplo de aire fresco que lo embrujaba con absoluta fascinación.

—Mi pequeña hechicera de ojos verdes, ¿qué me has hecho?

Sakura no supo qué contestar. La forma en que la miraba Shaoran, la calidez de sus ojos, la ternura que veía en ellos la dejaba sin palabras, así que posó sus dedos sobre los labios de él rozando su boca con las puntas. Esa maravillosa boca que le había hecho descubrir más placer que el que creía permitido.

—Jamás pensé que diría esto, pero te amo.

Sakura se dio cuenta demasiado tarde de que había pronunciado esas palabras en alto. La mirada de Shaoran se hizo más intensa, y sus ojos brillaron de un modo peligroso.

—Lo siento —le dijo Sakura—. No debería haberlo dicho.

—No se te ocurra retirar esas palabras —dijo Shaoran con vehemencia.

Sakura quedó asombrada. Era la primera vez que lo veía vulnerable.

—No pienso negar algo que es verdad, solo que quizá no debería habértelo dicho.

—¿Por qué?

—Porque todos los que te conocen saben qué piensas acerca del amor.

—¿Y crees que tienen razón?

Shaoran la miraba como un maestro que espera que el alumno diga la respuesta acertada, aunque Sakura temía que ese no iba a ser el caso.

—Sí —dijo con pesar.

Para su sorpresa, Shaoran sonrió tomándole la cara con ambas manos.

—Entonces hazme cambiar de opinión —le dijo antes de que sus labios rozaran los de ella con ternura.

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Mientras intentaba leer un libro para dormir, no podía dejar de volver una y otra vez a esa tarde. Le había dicho que lo quería. Sentía una gran satisfacción por haberle dicho esas palabras en alto. Siempre había sido demasiado impulsiva, según su tía Sonomi, y esta vez no había sido menos. Shaoran la había besado con ardor y la había mirado con una intensidad que había enviado varios escalofríos por su cuerpo. Sin embargo, lo que no dejaba de resonar en su cabeza eran las palabras de Lucien cuando le dijo: "Entonces hazme cambiar de opinión". ¿Eso significaba que estaba dispuesto a tener algo más con ella, algo más que una aventura? Lamentablemente eso no lo sabría nunca, y era lo que la angustiaba. Se habían despedido esa misma tarde en el invernadero, ya que Shaoran no tenía más remedio que partir al día siguiente hacia Londres. Lo había besado con todo el amor que sentía, controlando unas lágrimas que amenazaban con brotarle sin control. Shaoran se rió de su cara de tristeza porque creía que se debía al tiempo que estarían separados. Le dijo que si ella pensaba que lo pasaría mal, no tenía ni idea del infierno que esos días serían para él, y algo más sobre un montón de baños con agua fría que no logró entender porque estaba demasiado ocupada intentando memorizar cada uno de sus rasgos. ¿Quién le hubiera dicho que se iba a enamorar por primera vez en esas circunstancias? Sakura movió la cabeza hacia ambos lados intentando centrarse en su propio plan. Se iría de allí a la noche siguiente. Ya lo tenía todo preparado. Iría a caballo hasta el camino principal, donde varios coches pasaban con dirección a Londres. Antes de subirse se disfrazaría, ya que estaba segura de que la buscarían. Odiaba tener que marcharse de aquella manera, sobre todo porque había llegado a querer a aquella familia y a todos los que vivían en la casa como si fueran su propia gente. Había pensado en dejar una nota, aunque estaba segura de que eso no los detendría a la hora de intentar encontrarla. Cuando pasó la noche junto a Lucien, pensó que eso le bastaría para soportar una vida sin él, aunque ahora sabía con absoluta certeza que eso ni siquiera conseguiría consolar su corazón.

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—Bueno, ¿a qué hora te vas mañana? —le preguntó su hermano mientras se sentaba en el sillón con una copa de coñac en la mano.

—Al amanecer. Quiero llegar pronto a Londres.

—¿Cuándo vas a decirme qué ocurre?

—¿De qué hablas? —le preguntó Shaoran. Sabía que a su hermano nunca se le escapaba nada.

—Sé que Touya vino a verte cuando estuve enfermo, y las últimas veces que recibiste correspondencia de él, tu rostro te hacía ver preocupado. Te encerrabas en el estudio, para después salir con otra carta que mandabas con urgencia. Shaoran, sé que es tu socio, pero no soy tan inocente.

—A veces eres un verdadero fastidio, ¿te lo he dicho alguna vez?

—Sí, desde que eras un mocoso que me perseguía a todas partes.

Shaoran hizo una mueca de disgusto que hizo que Eriol sonriera.

—No es nada por lo que haya que preocuparse.

—¿Y no puedes contármelo para que yo lo juzgue?

Shaoran lo miró con seriedad. Sabía que su hermano era un hombre duro, capaz de enfrentarse a cualquier cosa. Cuando estuvo fuera durante tantos años, había veces que las cosas que dejaba entrever en sus cartas le hacían preocuparse en demasía, pero no podía evitarlo. Era su hermano y lo quería a pesar de ser un testarudo autosuficiente.

—Sabes que tarde o temprano me enteraré.

—Eres un fastidio.

—Eso es lo que todo hermano espera escuchar.

Shaoran sonrió a su pesar.

—Está bien, estos últimos meses hemos sufrido varios sabotajes en los barcos. Nada muy importante, pero ha puesto nerviosos a nuestros clientes.

—¿Y habéis descubierto algo?

—Touya está investigando con el detective que contraté antes de que llegara.

—Si hubiera sabido que tenías problemas no te hubiera retenido durante tanto tiempo aquí. No habrías tenido que contratar a nadie y quizá ahora sabríais quién ha sido.

—Deja de hacerte la víctima. Tú no me has retenido. Hacía más falta aquí. Y en cuanto al culpable, solo ha tenido un poco más de tiempo, pero eso se le va a acabar pronto.

—Ten cuidado.

—Siempre lo tengo, gruñón. Quiero que me hagas un favor mientras esté fuera.

—¿Qué cosa?

—Quiero que cuides de Sakura. Sé que Fairbank no volverá a acercarse a ella, pero...

—No te preocupes. Estará bien. Yo me ocupo de ello. ¿Eso significa lo que yo creo?

—Eso significa que ya me has sacado suficiente información por una noche.

—¿Quién ha dicho que yo era un fastidio?

Shaoran soltó una carcajada.

—Buenas noches, hermano.

—Hasta dentro de unos días.

Después de que Shaoran saliera de la biblioteca, Eriol se quedó mirando las llamas del hogar mientras pensaba en cómo sé enredaban las cosas. Sin ir más lejos, él estaba de un humor de perros. Sabía por qué. Por las palabras de Tomoyo que aún le hacían eco en la cabeza.Te escondes detrás de un fantasma" . Esas palabras lo habían hecho enfurecerse como no le ocurría hacía tiempo. Y lo que era peor aún, se había enfurecido porque quizá fueran verdad.

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Londres, una semana después.

—¿Cómo que ha desaparecido? —preguntó Shaoran mientras intentaba mantener la calma.

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Ujujuju... Me encantó cm quedó, no me maten.. quién habrá desapatecido? Habrá pasado algo malo?...

Bueno.. espero hayan quedado satsfechos/chas... jeje.. me re cope. A falta de días les subí 3 seguiditos.. nos leemos luego!! y gracias por hacerme el aguante... _ nos leemos en el que viene para descubrir qué ha pasado...