Los personajes y escenarios principales pertenecen a J. K. Rowling a excepción de Evelyn Morgan y algún que otro personaje más que son originales.
Esta historia contiene escenas de violencia y sexo, además de lenguaje fuerte.
Algunos detalles, diálogos, o escenas pueden estar inspirados o tomados de las películas/ libros u otras fuentes.
Para cualquier duda y/o sugerencia estoy a disposición de quien quiera
Capitulo 25
Los días pasaban lentos y angustiosos para Evelyn, quien vivía pegada a la cama del pequeño niño en el despacho de Dumbledore, sin hacer otra cosa que contemplarlo seria y taciturna.
La mujer apenas comía y dormía, no sentía nada a parte de un grandísimo dolor en su interior causado por la espera de que a su hijo le llegara la hora. Una hora injusta, que no merecía en absoluto.
Habían pasado varias semanas desde el fatídico día en el cual descubrieron la noticia, y Christopher se encontraba sumamente débil. El niño ya no se desmayaba, pero sin embargo, tenía que lidiar con unos fuertes dolores que ya las pociones no eran capaces de aliviar. Lógicamente, esto rompía el corazón de la mujer, que no podía evitar derramar lágrimas al contemplar a su hijo en ese estado. Ni siquiera había sido capaz de reunir fuerzas y contarle a su hijo la verdad sobre su futuro.
La noche había llegado hacía ya un par de horas, y el castillo se encontraba en absoluto silencio y oscuridad. Sólo una tenue luz salía del despacho del director, como cada noche desde hacia semanas.
Evelyn se encontraba sola ante la cama del niño, observándolo con rostro triste y ojos vidriosos, pensando que aquella podría ser su última noche y aún no había juntado valor para despedirse de él, y contarle la verdad, sintiéndose horrible por ello.
La puerta de la estancia circular se abrió y Albus entró cerrando con suavidad, para no molestar al niño. Se acercó hasta el camastro y de pie, contempló la escena durante unos minutos sintiendo gran pesar por los dos.
-Evelyn, llevas tres semanas aquí metida sin apenas salir. Deberías descansar un poco o te pondrás enferma. –Habló con voz dulce el hombre mientras la observaba en la misma posición.
-Mi hijo se muere. No pienso moverme de aquí dejarlo solo. –Contestó con voz apagada, sin girarse para mirar al anciano.
-Es totalmente comprensible, pero debes preocuparte por tu salud también. –Después de una pausa, tras la cual la mujer no le hizo caso, volvió a hablar resignado. –¿El chico sabe la verdad?
-No. No sé como decírselo, Albus.
Su voz se quebró al final de la frase y rompió a llorar con ganas de nuevo mientras cubría su rostro con sus manos y el mago se acercaba, sentándose junto a ella en una silla que hizo aparecer, abrazándola por los hombros.
-Puedo ayudarte a hacerlo si lo deseas.
-Muchas gracias, Albus. Pero creo que es algo que debo hacer yo misma.
El niño abrió los ojos lentamente y Evelyn se acercó más a él mientras se secaba rápidamente las lágrimas.
-Christopher ¿Cómo te encuentras, hijo?
-Igual. Qué me está pasando, mamá... –Susurró levemente entre quejidos de dolor mientras la mujer miraba a Albus fugazmente, y este le hacia una seña para que le contará lo que ocurría.
Evelyn tragó saliva sintiendo un inmenso nudo en la garganta, y tras un breve silencio, habló serena mirando a su hijo a los ojos sin poder evitar un fuerte pinchazo en su interior.
-La noche en que Voldemort fue a la casa de la orden te maldijo. Desde entonces estás así y... –Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin remedio y tuvo que guardar silencio para no desmoronarse.
-Voy a morir ¿verdad? No se puede revertir una maldición como esta.
-Así es, Christopher. Las pociones que te estamos dando sólo retrasan lo inminente –Respondió Dumbledore mientras avanzaba unos pasos hacia el lecho, y miraba al niño con tristeza.
-No quiero seguir tomándolas, el dolor es insoportable. Por favor. –Murmuró mientras pequeñas lágrimas surcaban sus mejillas.
-Claro, la decisión es tuya, Christopher.
-Mamá, no tienes la culpa. No llores.
-Te quiero muchísimo hijo, siento que hayas tenido que pasar por todo esto y que apenas hayamos podido estar juntos.
-Entiendo por qué lo hiciste. Eres la mejor madre del mundo. Sé acabarás con Voldemort.
-No lo dudes, lo haré por ti, cariño, y por todos los que se ha llevado.
La puerta de la estancia se abrió para dar paso a Severus, quien llevaba en una mano la ya famosa copa en la cual el chico bebía la horrible poción. El moreno se adelantó unos pasos hacia el resto y miró a Dumbledore, quien movió negativamente la cabeza, en señal de que ya no hacía falta.
Christopher comenzó a toser de forma violenta mientras la morena se asustaba observándolo rogando a dios que aquello no fuera el final, pero el chico empezó a respirar de forma rápida e irregular, ahogándose mientras la mujer se ponía en pie talmente colapsada y comenzaba a murmurar no, acercándose al lecho sin saber qué hacer.
-¡No por favor! ¡Albus, hay qué hacer algo! –Gritó desesperada mientras observaba a su hijo y sacaba la varita, probando hechizos que no lograban hacer nada por detener la agonía del muchacho, el cual empezaba casi a convulsionar.
La morena, al ver el fracaso de la magia, intentó hacerle la reanimación al niño pero tampoco pasaba nada, con lo que Dumbledore separó a la mujer del cuerpo del castaño mientras no dejaba de llorar con desconsuelo y gritar.
-¡Evelyn no se puede hacer nada! –Dijo el anciano mientras agarraba a la mujer intentando que esta le mirara, pero comenzó a agitarse en brazos del mago y corrió de nuevo hacia su hijo, quien ya yacía muerto.
-¡Severus, llévatela de aquí, hay que hacer que se tranquilice! –Habló mientras intentaba separar a la mujer, destrozada, a la vez que agarraba el cuerpo sin vida del pequeño.
Snape dejó la copa con velocidad en el escritorio de Albus y corrió hacia Evelyn, agarrándola con firmeza y sacándola del lugar con esfuerzo, ya que esta no dejaba de moverse, tratando de escapar del hombre.
Ambos salieron a la estancia contigua al despacho circular y Severus sacó de uno de sus bolsillos un pequeño frasco transparente que contenía un líquido plateado.
-¡Evelyn, cálmate! Bebe esto. –Dijo intentado que le mirara a los ojos.
-¡Mi hijo acaba de morir, no me digas qué me calme! –Gritó desesperada mirando los ojos negros del hombre tratando de deshacerse de su agarre con violencia.
-Debes tranquilizarte ¡Así no conseguirás que vuelva!
El moreno, con esfuerzo, agarró a la mujer más fuerte, pero está vez, soltó sus brazos para sujetarla de la cintura y espalda, aferrándola contra su cuerpo.
-¡Suéltame, Severus! Suéltame por favor... –La voz de la mujer se fue apagando junto con sus fuerzas para acabar abrazándose al hombre, sin dejar de llorar amargamente.
Snape desistió del agarre y, tras unos instantes sin saber qué hacer, respondió su abrazo sintiendo tristeza y una parte del dolor de Evelyn, recordándose a sí mismo en el pasado.
La mujer lloró varios minutos con intensidad sobre el pecho de Severus mientras este, en silencio, la aferraba contra él sintiendo el aroma de su cabello y el calor de su cuerpo contra el suyo, hasta que ella se separó levemente.
-Toma esto, te ayudará a tranquilizarte. No querrás acabar en la enfermería. –Habló serio mientras le ofrecía el pequeño frasco y esta lo cogía observándolo con algo de intriga. – Es un filtro de paz. –Respondió al hallar sus dudas.
Evelyn miró la poción unos segundos y después, volvió a llorar, está vez de forma silenciosa, abrazándose de nuevo y con más fuerza a Severus.
El moreno se mantuvo rígido hasta que volvió a corresponderla, sin poder mantener su fachada de frialdad. Le rompía el corazón aquella estampa de total abatimiento.
Ninguno se dio cuenta de que, pocos segundos después, Dumbledore entró en la sala y los contempló con una sonrisa antes de volver a adentrarse en su despacho.
