Por desgracia mi tiempo se ha reducido en un 90% por lo que publicar tan seguido se me esta haciendo difícil. Tenedme un poco de paciencia si me retraso en las publicaciones. Gracias por los comentarios.
Disfrutad!
Regina llegó media hora después al hospital y preguntó por la habitación de la rubia aunque nadie quería decirle donde estaba.
Soy Regina Mills, y soy su psicóloga. Tengo que verla.
Lo siento señora Mills, pero no tengo autorización para dejarla pasar, además que la horas de visitas ya se han terminado. La enfermera estaba bastante nerviosa.
Esto es importante es mi paciente. Dijo Regina muy seria intimidando a la enfermera.
Esta bien. Habitación 356. Respondió una enfermera bastante resignada ante la fiera mirada de la morena.
Regina le dio las gracias con la mirada y se marchó a la habitación, su impulso no le hizo pensar que tendría tantos problemas para poder ver a la rubia. Una vez en la puerta se puso un poco nerviosa al pensar que podría estar acompañada, pero ya se había dado el viaje y no se quería ir sin saber cómo se encontraba Emma.
Adelante. Dijo Emma al escuchar cómo tocaban la puerta.
Hola. Dijo Regina algo intimidada por la situación. ¿Cómo estas? Preguntó al pasar a la habitación y cerrar la puerta.
Ahora mucho mejor. Dijo la rubia estirando su mano para que la morena que la cogió encantada.
Me has asustado. ¿Qué te ha dicho el médico? Preguntó acercándose a ella y dejando un tierno beso en sus labios.
Estoy bien, sólo un pequeño golpe. Mañana me darán el alta. Dijo la rubia mirando fijamente a la morena.
Esa es una buena noticia... ¿Quieres que me quede un rato? Preguntó bastante inquieta.
Claro, de todas maneras mi padre pasará un rato.
Entonces si quieres te dejo tranquila. Dijo la psicóloga intentando marcharse.
De eso nada, tú no te vas de aquí. Dame otro beso. Dijo con una sonrisa pícara la detective.
Regina sonrió ante la idea de la rubia y se acercó un poco a sus labios para besarla, Regina sólo poso sus labios sobre los de Emma pero esta entrelazó sus dedos en el pelo de la morena y la incitó a que fuese más apasionado, Regina no se hizo de rogar e introdujo su lengua mordiendo el labio inferior de la rubia, la psicóloga cada vez estaba más inclinada sobre la cama y Emma empezó a pasar su mano por toda la espalda de la morena pero una tos las hizo separarse.
¡Papa! Se sobresalto Emma al ver a su padre tosiendo desde la puerta.
Hola cariño. Respondió el hombre bastante avergonzado.
Hola Dijo Regina sonrojado.
Bueno... ya basta ya han pasado los minutos de incomodidad y de sonrojo y de miedo reglamentarios, era sólo un beso así que ahora por favor relajaros. Papa, esta es Regina, Regina este es mi padre. Dijo Emma sonriendo ante la incomodidad de todos.
Ya nos conocíamos. Hola, señor. Dijo Regina separándose de la camilla y acercándose.
Hola, puede llamarme David, señora Mills. El hombre cogió la mano firme de la morena y le sonrió ligeramente.
Regina, por favor. Ahora os dejo para que podáis hablar. Dijo Regina mirando a Emma.
No te vayas, creó que Emma agradece más su compañía que la mía. Dijo David guiñándole un ojo a su hija que enrojeció ante las palabras de su padre que parecía divertirse bastante con la situación.
¡Papa! Grito Emma y vio una gran sonrisa naciendo en la cara de su padre.
Tranquila cariño, sólo bromeaba. No se preocupe Regina, quédese un rato yo voy a por un café y vengo a quedarme a dormirme con Emma. Dijo David bastante alegre.
Como quieras papa. Contestó Emma que quería quedarse a solas con Regina un rato.
Esta bien, gracias David. Dijo Regina educadamente.
Siento la actitud de mi padre. Es un bromista, aunque hacía tiempo que no lo veía tan contento. Emma se incorporó un poco en la cama e invitó a la morena a sentarse en la silla de al lado.
Es muy gracioso, la verdad es que envidio mucho vuestra relación. Dijo Regina sentándose y en su mirada se vio cierto anhelo.
No siempre fue así, pero bueno... no quiero verte triste.
Tranquila, lo tengo superado. Dijo Regina relajándose un poco. Por cierto, Emma, ¿Sabes algo de Danielle? Preguntó la morena provocando una muesca de enfado en la rubia.
¿Por qué quieres saberlo? La psicóloga no supo que contestar. Regina... Contéstame. Por un momento las inseguridades hicieron su aparición y Emma nunca había sentido eso.
Emma, es sólo que quiero saberlo.
¿Aún la quieres? Emma no podía evitar que una punzada de dolor naciera en su pecho. Regina... necesito una respuesta.
No siento nada por ella. Dijo Regina muy convencida levantándose de la silla y poniéndose a la altura de la rubia.
¿Entonces...? Respondió Emma bastante dolida.
Entonces quiero que me firme el divorcio y se vaya de mi vida. Regina notó que la rubia no estaba convencida de lo que estaba diciendo y se acercó a sus labios y la beso suavemente. Emma, no siento nada por ella. Simplemente no quiero que use todo esto en mi contra o en la tuya, la quiero lejos de mi vida.
¿Segura? Sólo quiero la verdad. Dijo Emma mirando fijamente a los ojos de la morena.
Segura, Emma no estoy jugando, quiero todo contigo. Regina volvió a besar a la rubia que había quedado con la boca abierta por lo que había dicho. Cierra la boca, Swan. Mantengo que quiero que vayamos despacio y analizando donde nos lleva esta relación.
Esta bien, siento la escena de antes. No se que me ha pasado. Soltó Emma cogiendo la mano de Regina y acercándola un poco. Yo también quiero todo contigo, preciosa. Y nunca había dicho estas palabras a nadie. Regina sonrió.
Bueno... me encanta estar aquí, pero va a venir tu padre y no quiero que nos vea como antes, así que me marchó... La morena volvió a besar a la rubia pero esta vez al separarse limpió los labios de la detective que se habían llenado de carmín.
Vale, pero te quiero invitar a una cena. Dijo Emma.
¿Una cena? Repitió la morena algo sorprendida.
Una cita, Regina. Una cita, quiero cortejarte. Emma le guiñó un ojo a la morena que sonrió ante la ocurrencia.
Vale, acepto. Pero que sea el fin de semana, que esta semana tengo mucho trabajo. Dijo Regina.
Perfecto, reserva el próximo fin de semana para mi.
Regina se despidió de la rubia y ser marchó, estaba muy feliz tanto que no pudo ocultarlo y al salir de la planta vio a David que sonrió al verla.
¿Ya se va? Preguntó el hombre.
Si, mañana pasaré a verla si no le dan el alta, no quiero molestarle más.
Créame Regina, usted no molesta. Ha conseguido algo que creía imposible. David miró la sonrisa que tenía la morena.
¿Por qué dice eso? Preguntó bastante curiosa.
Regina, eres la primera mujer que Emma me presenta. Dijo David sorprendiendo un poco a Regina, algo había oído pero no pensaba que fuese verdad. Además Emma te mira diferente, la conozco y se que esta distinta. David se despidió de la morena y ser marchó para quedarse con su hija.
Regina llegó a su apartamento bastante ilusionada, Emma estaba haciéndola sentir como nunca y en parte le daba miedo. Tras cambiarse y cenar algo cogió su móvil manándole un mensaje a la rubia;
Buenas noches, recuperate rápido que quiero esa cita, aunque no te creas que lo tienes todo hecho, te lo vas a tener que trabajar mucho. Un beso.
Será la mejor cita de tu vida, de eso me encargo yo. Sueña conmigo, preciosa.
A Regina le salió una sonrisa tonta pero segundos después el peso de la realidad la agobio, sabía que la rubia era una gran mujer y estaba demostrando mucho pero su miedo a sufrir volvió a aparecer. Después de todos los desplantes de Danielle, la falta de respeto hacía ella y hacía su matrimonio Regina había quedado muy dolida y justo cuando creía que no volvería a vivir a sentir cosas así aparece esa rubia que la volvía loca, que era todo lo contrario a ella y que hacia de su lógica y planificada vida un caos constante. Regina aceptó esa noche que Emma se había colado en su corazón y que sabía que de allí sería casi imposible de sacarla, pero esto no evitó que el miedo a sufrir hiciese acto de presencia por lo que llamo a su amiga para charlar un rato, Ruby era la persona perfecta para desahogarse.
Rubs, ¿Qué tal? Preguntó la morena acomodándose en la cama.
Hola, morena. Muy bien, descansado. ¿Qué te cuentas? Preguntó su amiga,
La verdad... estoy algo regular. Contestó Regina siendo muy sincera.
Cuéntale a Rubs... consejera y psicóloga en funciones 24 horas al día. Dijo para hacer reír a su amiga y que se relajase.
Rubs dejaste la carrera casi antes de empezarla... Rio la morena al escuchar a su amiga.
Da igual, soy buena porque me sigues llamando. Dijo Ruby orgullosa.
Vale, tienes razón. Aceptó Regina.
Gracias... ahora cuéntame que te preocupa.
Rubs, sabes que no soporto la incertidumbre y que me gusta tenerlo todo bajo control, pero desde que Emma entró en mi vida nada es así. Y me estoy asustando. Soltó sin respirar para no arrepentirse de decirlo en voz alta.
Morena, eso se llama amor. Dijo sin pensarlo demasiado.
No digas tonterías... Respondió sin querer contarle a su amiga que ella también había llegado a esa conclusión.
Regina... Te has pasado el fin de semana metida entre las sábanas, no puedes ocultar la risa tonta, estas en modo depresivo porque te da miedo aceptar la realidad. Cariño, tienes todos los síntomas de estar enamorándote de esa rubia. Y déjame decirte una cosa, creó que es lo mejor que te podía pasar en la vida. Ruby estaba muy seria y todo lo que decía era de corazón.
Serias una psicóloga genial. Regina prefirió no engañarse ni engañar a su amiga. ¿Acaso te gusta Emma? Preguntó después de unos segundos de silencio.
Me gusta para ti. Respondió Ruby.
Es una novedad, nunca te han gustado ninguna de mis parejas. Dijo Regina buscando una respuesta.
Ella si. Ya era hora que encontrases a una mujer que me gustase. Dijo riéndose de la situación.
Eres incorregible. Ahora te dejo que descanses que es tarde y mañana tendrás que salir de fiesta. Regina se rió al escuchar a su amiga resoplar al otro lado de la linea.
Esta vida es muy dura, morena. Aunque creó recordar que tenemos una fiesta pendiente. Dejo caer sin ninguna sutileza.
No se si podré, Emma me quiere invitar a cenar, dice que quiere tener una cita formal conmigo.
¿Cómo lo haces? Preguntó Ruby.
¿Qué hago? Regina se encontraba confusa.
Tenerlas a todas locas por ti.
¿Me lo dices tú? Que te pasar la vida ligando de bar en bar... Ruby, por favor. Dijo en tono sarcástico.
Yo sólo tengo líos de una noche, pero tú consigues mucho más. Pero bueno... ambas somos felices así. Pero Regina, no le des muchas largas, es una buena mujer y esta buenísima si no te interesa o te aburres avísame que yo estaría encantada de echarle el guante. Dijo Ruby sabiendo la cara que estaría poniendo la morena.
Buenas noches, Ruby, y ni sueñes con eso, esa rubia es mía. Respondió la morena sonriendo y siguiéndole el juego a su amiga.
Así me gusta.
Tras despedirse, Regina se fue a dormir aunque con una sensación extraña, había tenido a la rubia durmiendo con ella y sentía un vacío en la cama que aún tenía su olor. Se abrazó a la almohada y se dejo acunar por el sueño.
Voy cumpliendo deseos... tendremos una cita pronto.
