Canciones que me han inspirado en este capítulo: My Medicine - The Pretty Reckless ( http: / www .youtube. com/ watch? v=uUD3 DUVgAMA ) The Cave - Mumford&Sons ( http:/ ww . com /watch? v=sJcvLyoAAnk&ob =av3n ) Little Lion Man - Mumford&Sons ( http: /ww .co m/wa tch?v=lL Jf9qJHR3E )

24. Lo complicado

- A ver, déjame a mí

- Claro, ahora ve de listo, cuando eres el responsable de que llevemos aquí cuatro horas

- Simonds, me estás estresando – exclamó el chico cogiéndola de los brazos - ¿Por qué no te sientas un poquito y te quedas tranquilita, eh? Calladita y esas cosas…

- Es que eres más inútil de lo que pensaba…

La chica siguió divagando mientras el moreno resoplaba y miraba por onceaba vez cada libro de la estantería. Todos los demás eran normales, excepto cuando gruñían, sangraban o dejaban escapar un humo blanquecino al abrirlos. El caso es que ninguno tuvo el efecto deseado por los chicos: que la puerta apareciese de nuevo. Y Sirius estaba empezando a sospechar que la Gryffindor se estaba poniendo algo así como… histérica.

- Y encima me dice que le deje a él… Al mongolo con tupé amorfo

Sirius apretó la mandíbula y contó hasta diez. En otra situación aquello habría sido realmente divertido, pero la verdad era que no sabía cómo salir de allí, y eso, en cierto modo, le preocupaba.

- Ya verás como no podamos salir de aquí nunca jamás – susurró echándose el pelo hacia atrás y apoyando la cabeza en el respaldo del sofá – Me quedaré aquí encerrada con él y moriré de hambre y desesperación

- Nunca creí que fueses tan condenadamente exagerada

- ¿Exagerada? – repitió ella con incredulidad – Eres insoportable

- Claro, ni que para mí fuese un regalo caído del cielo estar en esta sala oscura, tirando a tenebrosa, encerrado con una loca que no es capaz de controlar su diarrea verbal

Ari cogió aire y le miró con disgusto.

- Creo que tienes un esguince cerebral, deberías mirártelo… - masculló arrebujándose en su sitio.

Sirius emitió una carcajada de incredulidad y observó a la chica tumbarse sobre el sofá, acurrucándose con la cabeza hacia la chimenea.

- Eso, duérmete un rato… deja descansar a la humanidad – masculló agachándose para mirar bajo el escritorio, intentando encontrar algún tipo de palanca o pestaña que les pudiese ayudar.

- Te estoy oyendo

- Oh, lo siento, no lo sabía – se burló con voz aguda.

Ari miraba el fuego intentando tranquilizarse e imbuirse en el calor que este transmitía. Nunca había soportado sentirse encerrada, sin ninguna vía de escape. Y mucho menos allí, que ni si quiera había ventanas por las que tomar el aire…

- Oh, Merlín… ¿Y si se nos acaba el oxígeno? – exclamó incorporándose

- Teniendo en cuenta lo que hablas, no me extrañaría…

- Black, enserio, esta habitación no tiene ningún tipo de ventana, respiradero o algo parecido – argumentó mirando a su alrededor – Y el oxígeno se acabará en algún momento…

La chica empezó a sentir cómo su pecho, de pronto, no conseguía llenarse y comenzó a darse cuenta de que no podía respirar. Se llevó una mano al corazón, asustada, y apartó el cuello del jersey, que parecía estar estrangulándola. Y si encima, pensó con terror, alguien más conociese la sala y les encontrasen allí sin poder escapar… Su corazón latía cada vez más rápido y podía notar cómo una terrible presión se instalaba en sus sienes. Iban a morir.

Sirius la observó levantarse y quitarse el jersey, quedando únicamente con una camiseta fina. Lo cierto era que aunque la chimenea estaba encendida, hacía frío allí dentro. Ari caminó trastabillando hacia el fuego y lo apagó.

- ¿Qué coño haces?

- El fuego quema el oxígeno

- Simonds, es fuego mágico…

- ¿Estás seguro de que no quema oxígeno? – inquirió la chica comenzando a hiperventilar

- Bueno, no…

- Entonces tenemos que curarnos en salud

Sirius frunció el ceño divertido. La morena estaba comenzando a ponerse realmente nerviosa, con las manos abanicándose e intentando respirar pausadamente. Además era evidente que estaba siendo muy pesimista, por la enorme apertura que experimentaban sus ojos cada vez que algo extraño pasaba por su cabeza.

Sirius suspiró y se arremangó la camisa, acercándose a ella y sentándose a su lado.

- A ver, tranquilízate, que no creo que el tío este se fabricase una tumba de la que no poder salir ¿no?

- Pero ¿y si es una contraseña en parsel? O... ¡y si se trata de un hechizo que no conocemos!

- ¿Quieres dejar de ser tan jodidamente negativa? – exclamó agarrándole las manos y pegándoselas a las pantorrillas – Mírame – le ordenó. La chica le miró asustada – Respira con tranquilidad – Ella intentaba rehuir su mirada, intuyendo que era en gran parte una de las razones de su nerviosismo – Simonds, por una jodida vez, haz lo que te digo

Ari entrecerró los ojos y le miró con odio. Cuando terminó de cerrarlos del todo respiró hondo. Podía sentir sus manos, calientes, en sus brazos, rodeándolos con fuerza e intentando serenarla. Era algo extraño para Ari, no podía entender por qué pero fue como un calmante para ella el sentirle allí, aunque su cabeza le decía que toda la culpa de esa situación era de él. Poco a poco su piel se fue calentando, su corazón acompasándose con su respiración, y entonces volvió a abrir los ojos. Sirius la observaba con una sonrisa de medio lado que casi arruina toda su tranquilidad recién conseguida. Ari carraspeó.

- Black…

- ¿Si?

- Aparta tus zarpas de mí

El chico suspiró y se recostó sobre el sofá, pasándose la mano por el pelo

- Eres una desagradecida, Simonds, si llego a saberlo, dejo que explotes con tus paranoias

Ella bufó y miró hacia la chimenea. Ahora podía empezar a darse cuenta del frío que hacía allí dentro, sin el confortante calor del fuego y con esa luz tan mortecina.

- ¿Qué vamos a hacer? – masculló para sí misma

- Lo mejor será seguir buscando o esperar a que… venga alguien

Le miró mordiéndose un labio. Esperaba que eso no sucediera… porque lo más seguro sería que ese alguien fuese Regulus y, si ese fuese el caso, sí que sería imposible arreglar las cosas con el pequeño de los Black.

Sirius se fijó en el gesto de la chica y alzó una ceja con molestia.

- Mira, dejemos una cosa clara. Ni tú quieres que mi hermano nos pille aquí a los dos, ni yo tampoco. Así que más nos vale buscar una solución

- ¿Por qué tú no quieres que tu hermano nos vea juntos?

El chico la miró sorprendido y soltó una carcajada al aire

- ¿No es evidente?

- ¿El qué?

Ari le miraba con el ceño fruncido y una pose defensiva.

- Tú quieres que mi hermano se… enamore de ti o algo así – masculló apoyando un brazo en el respaldo del sofá con tranquilidad – Y yo no quiero entrometerme en tus planes de conquistadora

- Tienes más cara que espalda, Black – exclamó ella dando un salto y sentándose frente a él con enfado – Se supone que estoy haciendo esto porque a ti se te ocurrió esta maravillosa idea, así que no te excluyas de eso de "que se enamore de ti", porque tú fuiste el primero en pensarlo.

- Nunca creí que mis ideas te calasen tan hondo… – paladeó con mofa

Ella bufó y miró al techo sonriendo con incredulidad.

- Eres un estúpido – le increpó – los dos sabemos por qué hago esto

- ¿Por qué lo haces? – inquirió interesado, en un susurró suave y aterciopelado que activó todas las alarmas de la chica.

- Por tu hermano, para que pueda salir de toda esta mierda – respondió con tranquilidad

- Pero no le quieres…

- Sí le quiero – le interrumpió. Sirius enarcó una ceja y torció la cabeza – No estoy enamorada de él pero quiero mucho a tu hermano y haría lo que fuese para ayudarle

- Jugando con sus sentimientos – afirmó el moreno adoptando una media sonrisa perturbadora

- No… - barboteó – No juego con él

- ¿Ah, no? – se burló el chico mirando a la chimenea – Mira, nena, yo soy un maestro en jugar con los sentimientos de la gente, así que no me vengas con cuentos

Ari tomó aire con fuerza y apretó los puños

- No me compares contigo – gruñó

- Eres tú sola la que lo hace

Sirius se fijó en el rictus de enfado, orgullo y rabia que la chica estaba adoptando. Aunque le encantaría hacer eso por mero gusto, lo cierto era que todo este lío era una locura. Y sí, la idea fue suya, pero nunca pensó que pudiese suceder así. Jamás creyó que, aún en el caso de decírselo a ella misma, la chica haría lo que él había pensado, porque hasta él mismo sabía que era una locura que traía más riesgo para ella que para él.

- Vamos, Simonds, piénsalo – exclamó con despreocupación, aflojándose el cuello de la camisa - ¿qué ganas tú con esto? – la morena le miró entrecerrando los ojos. No entendía a dónde quería ir a parar el chico – Aun cuando mi hermano realmente se enamorase de ti – silabeó con guasa - ¿quién te asegura que dejaría esa manada de estúpidos sólo por eso? – Ari fue a responder, pero Sirius se le adelantó – Y peor aún, si realmente dejase esa cosa, ¿qué te quedaría a ti?

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Realmente crees que os dejarían marcharos como si nada? - Ella le miró sin cambiar el gesto de ninguna manera, intentando dar sentido a las palabras del chico y a su razonamiento - ¿Crees que podríais vivir a gusto y tranquilos como una pareja feliz?

- Yo no…

- Empezando por el hecho de que tú ni si quiera sientes algo por él, ¿arriesgarías toda tu vida estando al lado de alguien a quien no quieres? – Ari se pasó la lengua por los labios, intentando coger aire y darse un segundo para pensar en todo aquello – Y yendo más allá… ¿no has pensado que os seguirían hasta acabar con vosotros? ¿Qué tendríais que estar toda la vida huyendo?

- Cállate… - susurró mirando al suelo

- La vida se convertiría en un infierno en el que un grupo de asesinos os perseguirían porque Regulus sabría demasiado como para dejarle con vida – Ari le miró de nuevo, boqueando sin saber qué decir – Pensé que tras la muerte de los padres de Evans, habrías pensado que esta gente no deja un cabo suelto. No van a daros la mano y dejaros ir, Simonds, os darán caza.

- ¡Basta! – gritó dando un golpe con las manos en el sofá. Sirius la miró con tranquilidad y una máscara de seriedad en la cara - ¿Qué más te da a ti, eh? Tú ni si quiera te preocupaste por él cuando te fuiste

- Es mi hermano pequeño, Simonds, y aunque él me repudiase por irme de allí, yo aún…

- ¿Y yo? – insistió interrumpiéndole – A mí me odias ¿Qué te importa lo que yo haga con mi vida o deje de hacer?

La pregunta se expandió por la habitación creando un eco incómodo en sus oídos. Ari respiraba entrecortadamente por los gritos que acababa de proferir y los nervios que se estaban removiendo en su interior ante el silencio del chico. E, increíblemente para la morena, los ojos grises del muchacho cayeron lentamente hacia el suelo, apartando la mirada de ella y poniendo una barrera ante esa pregunta. No sabía qué pensar de aquello. De esa conversación, de ese gesto que decía más que cualquier palabra, de esa mirada con un deje de preocupación que claramente le había dicho que dejase todo eso por su bien, para no desperdiciar su vida. Ari no entendía qué era lo que él pretendía decirle, lo que pretendía que intuyese de todo aquello. Lo único que sabía era que estaba frente a ella, callado por primera vez en su vida.

- ¿Black? – insistió con esperanza de que le dijese cualquier burrada o se riese de ella por la pregunta. Pero nada de eso pasó. Sirius cogió aire y se levantó, acercándose al cuadro y mirándolo detenidamente.

- ¿Qué quieres que te diga? – preguntó, girándose para mirarla. Apoyó la espalda en el lienzo y se cruzó de brazos - ¿Qué me da igual lo que te pase?

Ari bajó los ojos con el ceño fruncido. Él notaba su corazón latir con fuerza, impulsando la sangre a cada célula para darle fuerzas a continuar. Total, ya era hora de serse sincero a sí mismo y reconocer que, por mucho que quisiese, ella había tocado algo dentro de él, porque le era imposible dejar de pensarla, aunque fuese para ver cómo hacerle la vida imposible. No, no la odiaba. Simplemente prefería decirse que lo hacía, pero no era para nada así.

- ¿Quieres que te diga que por mí puedes morirte? – Ella le miró – ¿Sabes? Es fácil decir esas cosas porque es divertido verte enfadada, dando gritos con esa voz insoportable e inventando insultos absurdos, pero no es cierto, yo no soy un monstruo, Simonds, y jamás querría que te pasase nada malo... ni a ti ni a nadie.

- Black…

- Esto no quiere decir que de pronto seamos amigos – aclaró él echándose el pelo hacia atrás – Tú y yo no somos amigos. Simplemente nos llevamos mejor fingiendo que nos odiamos que fingiendo que nos llevamos bien y, la verdad, prefiero que las cosas sigan como siempre.

Ella le miraba con seriedad, sentada en ese sofá frío con brillo de nieve, sin poder acomodarse porque la rigidez de su cuerpo se lo impedía. ¿Qué estaba pasando? Hacía un momento estaban insultándose y odiándose y ahora… ahora él la estaba diciendo que no quería que nada le pasase.

- Y si esto no quiere decir que somos amigos – repitió ella - ¿Qué quiere decir?

Sirius sonrió de lado y la observó con mirada felina. Casi podía jurar que esos ojos grises estaban mirándola por dentro, observando sus miedos, sus dudas y su nerviosismo con respecto a la otra noche. El chico se impulsó para separarse del cuadro y caminó con chulería hacia el sofá que había frente a ella. Sin apartar la vista de sus ojos, se sentó, y apoyado en las rodillas, lo más cerca posible de ella, susurró:

-Yo jamás seré tu amigo, Simonds

Ari tragó saliva y la notó deslizarse garganta abajo. Su mirada estaba fija en los ojos grises del chico, que la observaban con picardía, picardía que poco a poco se convertía en seriedad.

Era más consciente que nunca de todo lo que había a su alrededor, en contacto suya. El suave susurro de su pelo al moverse, el delicado roce de la ropa sobre su piel. Podría jurar que si se paraba a contarlo, sería capaz de decir cuántos latidos de su corazón se sucedían por cada respiración del chico. Incluso, era capaz de sentir el roce del sujetador contra sus pechos y una intensa sensación de nerviosismo acumulada en el bajo vientre. Y lo único que no era capaz de percibir eran las manos fuertes del moreno sobre sus muslos, acariciándolos hacia arriba y subiéndola el vestido como la otra noche; sus labios expertos saboreando la piel de su cuello y aplicando el vao de su caliente respiración sobre las zonas más sensibles de su cuerpo.

Sirius vio cómo ella se pasaba la lengua por los labios, nerviosa. Había una tensión palpable entre ambos, casi como una cuerda que los ataba y que parecía ir acortándose poco a poco. El moreno se levantó y esquivó una pequeña mesa que había entre ambos sofás, sin apartar los ojos de los labios de la chica, del verdor de sus iris, que parecía expandirse y envolverlo todo a su alrededor ayudado por las antorchas verdosas. Observaba acercándose lentamente a ella cómo sus manos retorcían con nerviosismo el jersey que se había quitado no hacía mucho, cómo a cada pequeño paso que daba para acercarse, la chica elevaba la cabeza para seguir mirándole, como si no quisiese perderle de vista ni un solo segundo. La tensión era ahora tan evidente, que Sirius podría jurar que había pasado a convertirse en otra cosa, algo que impulsaba su sangre en fuertes corrientes de calor por todo su cuerpo, que le hacía ansiarla como si fuese una manzana en medio de un día sin comer. Y no entendía por qué. No entendía en qué momento esas ganas de molestarla y esas nauseas que le daban cada vez que la veía coquetear, habían dado un giro de ciento ochenta grados para de pronto, convertirse en una lujuria que no podía controlar.

Finalmente se quedó parado de pie frente a ella, mirando hacia abajo, con las manos en los bolsillos. Ari le observaba con la boca entreabierta, lo que le dejaba entrever un brillo de humedad sobre sus labios que provocó que cogiese aire con fuerza. Tragó saliva para intentar calmar los impulsos que vibraban en cada célula de su cuerpo, y alargó la mano, haciéndose con un mechón de pelo moreno que le caía al lado de la cara.

- No te soporto ¿sabías?

Y Ari ya no pudo más. Se puso en pie con rapidez y le agarró de la pechera, haciéndose con sus labios y saboreándole con fervor. Sirius respondió de inmediato, sujetándole la cabeza con una mano, enredando los dedos en su pelo y pegándola a él. La chica no entendía nada, no sabía qué estaba pasando, solo era capaz de sentir sus labios, sus manos, su pecho. Tenía que ponerse de puntillas para besarle, intentando mantener la cabeza a la misma altura que la de él. No soportaba sentirse inferior. El moreno bajó la mano y la agarró de la cintura, haciéndola girar sobre sí misma, apoyándose en el sofá y provocando que ella se apoyase sobre él. Las manos viajaban con rapidez, como si de una furiosa batalla se tratase, y los labios besaban todo pedazo de piel al descubierto. Sirius comenzó poco a poco a recostarse sobre el sofá, atrayéndola hacia él y logrando que quedase sobre su cuerpo. Entonces ella le miró. Sus ojos verdes le observaban con astucia, como retándole a seguir. Sirius sonrió de lado, torció la cabeza y volvió a recoger con dos dedos el mechón de pelo que ahora rozaba su pecho. La chica le apartó la mano con un gesto brusco y se la presionó contra el brazo del sofá, sobre su cabeza.

- Yo tampoco te soporto

Sirius apretó las mandíbulas cuando sintió como un tirón en su entrepierna lograba que su pantalón se tensase. Esa maldita sabía cómo ponerle duro. Con rabia, la agarró del pelo de nuevo y la obligó a besarle con brutalidad. Ari comenzó a desabrocharle la camisa, terminando por romperle algunos botones. En un rápido gesto colocó las piernas a ambos lados de su cintura, quedando sentada sobre él. Su respiración era entrecortada. Podía sentir un mordisco que el chico le había propinado como escarmiento en el labio y de reojo vio cómo su camiseta enseñaba más de lo que escondía.

- Esto no va a volver a pasar, Black, nunca

Él sonrió, burlándose de ella. Ari se apoyó sobre su pecho y le apretó.

- Júramelo – le pidió con los dientes apretados – Júrame que a partir de mañana no volverá a pasar

Sirius agarró sus brazos, en los cuales se apoyaba, y los subió hacia arriba, dejando su boca a escasos centímetros de la de él.

- Típico de las mujeres, pensando siempre en el futuro

Con un movimiento brusco la besó de nuevo, logrando que respondiese restregándose contra él. Sirius agarró su trasero y lo pegó contra su entrepierna, pero Ari se apartó, respirando con dificultad, y dejándole claro que no iba a suceder eso que él estaba pensando. Sirius sonrió de lado, en cierto modo divertido por ese extraño reparo de la chica. Sin embargo, eso hizo que se pusiese aún más duro, algo que había creído imposible.

- Nunca pensé que pudiese odiarte aún más – comentó burlón subiéndole la camiseta

Ari le dejaba hacer. Dejaba que sus manos acariciasen su estómago, que vibraba bajo su toque. Le dejó que bajase los tirantes de la camiseta y que finalmente se incorporase y le mordiese un hombro, obligándola a recostarse sobre él para poder besarle el cuello. Era como estar en un lugar prohibido y a la vez delicioso. Cada caricia del moreno en su piel se sentía como si mil hormigas caminasen sobre ella, como si su estómago estuviese presenciando una orquesta de fuegos artificiales. No podía evitar respirar con fuerza, casi jadeando. Jamás había sentido algo así, y eso que había saboreado muchas bocas. Sirius le hacía querer más, olvidarse del mundo y de sus normas para disfrutar de todo lo que el chico prometía.

Al cabo de no mucho rato, la ropa colgaba con descuido de sus hombros y brazos, descubriendo más de lo que tapaba, y los labios, las manos y el roce de un cuerpo contra otro dominaban sus mentes hasta el punto de hacerles olvidar quienes eran. Y la noche aún era larga, mucho, cuando ella se encontró debajo de él, observando las gotas de sudor que le corrían por el pecho, una extraña marca amoratada en su cuello y esos labios que la llevaban a la perdición, rojos por los besos que le habían dado. Con una mano puesta en su pecho le paró, logrando que la mirase directamente a los ojos.

-No, no quiero hacerlo – le pidió con la voz ronca.

Sirius tragó saliva y asintió, los ojos fijos en ella. Con cuidado, se movió tumbándose a su lado en el sofá. Ari le observaba esperando alguna burla por su parte, pero eso no sucedió. El chico cogió aire y, mirándola, agarró un par de mechones de su pelo y se los apartó de la cara. Ambos respiraban con dificultad, sintiéndose el uno al otro.

-Como su majestad desee – susurró el chico mirándola a los ojos, con intención de inferir algo de sarcasmo en la voz, pero sin poder evitar una mirada de respeto.

Ari dejó escapar una pequeña sonrisa de incredulidad y agradecimiento que rápidamente se coló en los labios del chico. La morena se giró abrumada, sin saber bien cómo tomarse todo aquello. Quedó dándole la espalda, logrando que un escalofrío subiese por su columna cuando notó el enorme bulto en los pantalones del muchacho. Cerró los ojos, intentando tranquilizarse y no dejarse llevar, como casi ocurrió la otra noche.

Ahora que de pronto toda esa fogosidad había desaparecido, sin llevarse con ella la tensión y las ganas del uno por el otro, se dio cuenta del ambiente tan frío que había en la habitación. Se arrebuñó sobre sí misma, rodeándose para darse calor. Entonces un brazo fuerte la abrazó, apretándola contra él y agarrándole las manos, que ella desplazó hacia su pecho. Ari se acercó aún más al cuerpo de Sirius, quedando completamente pegada a él y después de un par de minutos en los que ambos esperaron a que esa tensión desapareciese, fueron quedándose dormidos.

Pegados el uno al otro, medio desnudos, en un abrazo que, a partir de ese momento, inició una cuenta atrás imparable.

-O-

No la encontraba. No había manera. Había mirado en la sala común, había preguntado a las chicas si había alguien en la habitación de séptimo, había ido al Gran Comedor, a la enfermería, hasta a la biblioteca. Y nada, no estaba por ninguna parte. Por eso al final, pensó que quizás había salido a dar una vuelta por los terrenos, aunque ya había pasado el toque de queda y hacía un frío horrible que se te colaba en los huesos.

En eso estaba, caminando hacia el lago, cuando pudo ver una luz titilante en los invernaderos. Era raro, ya que el profesor de herbología había pedido un permiso para irse del colegio por Navidades y llevaba casi dos semanas fuera. Si no se equivocaba, hasta el comienzo de las clases no le verían. Diciéndose a sí mismo que por probar no perdía nada, caminó hasta allí con esfuerzo, dejando unas huellas profundas en la nieve. A su lado, otras, quizás un poco más pequeñas, caminaban en la misma dirección. Frank frunció el ceño. Era extraño que hubiese alguien allí a esas horas, pero lo era más aún que fuese Alise. Y si era ella… ¿qué? La última vez había salido corriendo de su lado. Pero ahora era por fuerzas mayores. Remus parecía muy serio cuando le había pedido varias veces que la buscase y la llevase a la sala común. Sabía que había algo que escondían, pero eso era tan común entre sus compañeros de cuarto, que no llegó a preocuparse. Hasta ahora. Porque, por primera vez, su amiga también estaba involucrada, y por lo que había entendido, Simonds y Brown también.

Finalmente llegó a la puerta del invernadero, y con sumo cuidado, giró el pomo rojizo y se asomó al interior.

Alise tenía la boca entreabierta, dejando escapar un vaho blanquecino que, junto a los cristales empañados, lograban que pareciese reluciente en esa semioscuridad. En la mano sujetaba su pequeño Omen Corfloris. Este había recuperado el color y aspecto más o menos saludable que tenía cuando se lo encontró en el bolsillo de su pantalón unos meses atrás. Y no era tonta. Había observado el proceso de la planta desde que empezó a salir con George, Frank le confesó que la quería y entonces dejó a su, por aquel entonces, novio. Esta había sufrido un gran cambio desde entonces. Había pasado de estar medio mustia, como a punto de morir, a estar exuberante y, ahora, de nuevo como al principio. Y no entendía por qué. Era incomprensible para ella que Frank tuviese algo que ver en todo eso. Quizás Lily tenía razón cuando decía que era imposible que una planta predijese tu futuro emocional, pensó, por eso se decidió a ir al invernadero y observar los bulbos de sus amigas. Y allí estaba, parada y medio en shock justo frente a los tres especímenes.

El de Corinne había sido verde-azulado, con la apariencia misma de un corazón humano. Alise recordaba que cuando lo encontraron tenía un pequeño tallo del que partían algunas hojillas verdosas. Ahora eso no era así. De la planta de su amiga crecía una rama enorme, fuerte, con muchas hojas y tallitos a su alrededor. Estaba plagada de capullos de los que parecía iban a salir unos frutos azules como el cielo en verano. En la base, el bulbo con aspecto de corazón latía con fuerza, pareciendo que a cada segundo impulsaba hacia arriba esa gigantesca rama. Sin embargo, Alise podía notar cómo algunas hojas habían muerto antes de nacer, y permanecían colgando con un color amoratado. Pero todo esto no era nada comparado con el cambio de la de Ari.

Su amiga no le había permitido verlo demasiado porque Alise se había reído del aspecto que este tenía. Era el más grande de los cuatro. La morena lo había estado sujetando con las dos manos y parecía que pesaba mucho. Lo poco que recordaba era que era gris. De un gris como el humo de los puros que algunos magos fumaban en el Caldero Chorreante. No tenía un aspecto nada sano, casi más parecía predecir una muerte prematura. Pero ahora… el bulbo mantenía su tamaño, y esos latidos de corazón que parecían una rana croando, pero su color era negro. Absolutamente negro. De una oscuridad tal, que a la chica le parecía una joya enorme. A ambos lados, parecían querer crecer un par de ramitas tímidas, que no se atrevían a salir. A cada rato que le miraba, este parecía aumentar su negrura de un modo que le parecía imposible.

De pronto, un ruido le llamó la atención. La chica se giró con rapidez, escondiendo su pequeño ejemplar tras la espalda. Frank estaba dado la vuelta, cerrando la puerta. Alise notó como su corazón latía con fuerza en el pecho. Nunca había sentido algo así al verle. Siempre se había alegrado mucho y una sonrisa impostora se le había colado en la boca. Pero ahora… ahora empezaba a pensar que quizás aquello no era solo por la amistad que habían compartido.

- Te estaba buscando

Alise abrió los ojos. Pero no por sus palabras, sino por algo que a su espalda estaba latiendo con fuerza. Lentamente, echó las manos hacia delante y observó ensimismada lo que había allí.

Su pequeño bulbo latía acelerado, volviendo los colores cada vez más vivos, hasta tornarlos a un naranja dorado precioso. Y de pronto no era tan pequeño, parecía crecer alocadamente con cada latido descontrolado. Levantó la mirada y se fijó en su amigo, que también observaba la planta, con el ceño fruncido y un brillo de incomprensión en los ojos. La chica sonrió, dejando escapar una pequeña carcajada.

- ¿Qué pasa? – Frank la miró con seriedad, casi con recelo, pensando que se reía de él. Alise volvió a reírse, esta vez más alto, logrando que su planta casi sufriese una taquicardia y que de pronto pesase demasiado como para tenerla en la mano. Con cuidado, la dejó en una maceta transparente como las que contenían las plantas de sus amigas y se giró hacia el chico de nuevo. - ¿Por qué te ríes? – inquirió esta vez divertido, cuando vio que la chica le miraba con alegría.

- De nada, Frankie, de nada…

Se acercó a él sonriendo, con el susurro aun bailándole en la boca, y, tras una caricia en la cara de su amigo, se puso de puntillas y le besó. Suavemente, casi como si de un roce casual se tratase. Pero ambos sabían que eso tenía de todo menos casualidad, por eso el chico le agarró de la cara antes de dejarla separarse, por si acaso de pronto se arrepentía, y la besó con toda la pasión y el amor que su corazón guardaba desde hacía años. Un par de lágrimas cayeron por las mejillas de Alise. ¿Cómo había podido estar tan equivocada? Nunca, al besar a alguien, había sentido que su pecho explotaría. Que un nudo enorme, mezcla de carcajadas contenidas y llanto de felicidad, se creaba en su garganta. Se separó mínimamente de él, fijándose en sus ojos, que la observaban con miedo. De reojo, miró la maceta donde su Omen Corfloris descansaba. Había adquirido un tono rosáceo precioso, y de la base, una pequeña raíz dorada estaba creciendo con rapidez. Alise sonrió y miró de nuevo al chico.

- Lo siento – susurró con una sonrisa de disculpa, aupándose de nuevo y volviendo a besarle con suavidad, pero esta vez dejando bien claro que lo hacía con algo diferente a la amistad. Frank sonrió plenamente, y la agarró de la cintura, acercándola a él y dándole un abrazo enorme.

- No sabes lo feliz que me haces, Alise – murmuró contra su cuello. – Vamos, aquí hace frío, y, aunque no me gustaría nada interrumpir este momento, Remus me ha dicho que era urgente que fueses a la Sala Común.

Alise frunció el ceño con preocupación y asintió.

- Vale. Pero no te vas a librar de mí tan fácilmente, Longbotton – ronroneó con burla.

- Jamás me libraría de ti de ningún modo, Charming…

Ambos emprendieron el camino hacia el castillo, dejando allí el bulbo de la chica, que parecía tranquilo en su nuevo bienestar. Y ninguno de ellos se dio cuenta de que, a su lado, uno más pequeño y rojizo de pronto adquiría el color llamativo de la sangre, y, con una ternura y pasividad increíbles, mostraba un pequeño brote que, poco a poco, nacía de su interior como si siempre hubiese tenido que ser así.

-O-

Remus se deshizo de su camisa y sus zapatos y se tumbó en la cama, mirando el techo. Peter acababa de terminar de contarle lo que había escuchado, y la verdad es que le daba miedo. Mucho.

Una reunión en la que Lily debía estar presente. Un relato morboso sobre la muerte de sus padres. Una mención desgastada y tosca de la cantidad de preguntas que les obligaron a responder antes de matarles. Según el chico, cuando tuviesen que asistir a esa reunión, los medallones de Slytherin brillarían. Eso, de algún modo, les daba ventaja, aunque… no sabía qué ocurriría allí esa noche, ni si serían capaces de hacer algo contra ellos.

-O-

Hacía un par de horas que había amanecido, y aunque hacía rato que estaban despiertas, ninguna de las tres chicas se había levantado aún. No olvidaban que tan sólo en tres días las clases volverían a empezar y todo volvería a ser como antes… o casi.

Corinne miró de nuevo la cama de Ari, que estaba vacía y perfectamente estirada. La chica no había ido a dormir aquella noche, y por lo que sabía, Sirius tampoco había aparecido cuando todos subieron a sus habitaciones después de no encontrarles en el mapa. Sabía que debería estar preocupada, que ellos habían ido a hacer algo que Remus consideraba peligroso por la voz que había puesto Sirius al decirle que se marchaba, pero por algún motivo no conseguía estarlo más de lo normal. Quizás se debiese a ese retortijón de ilusión que bailaba de vez en cuando en su estómago y que le impulsaba a querer proferir un pequeño gritito de alegría. Y eso que su conversación con el prefecto de la tarde anterior no había sido muy satisfactoria. Hubiese preferido que el chico se arrodillase y le declarase su amor, pero el reconocer que la quería y que nada tenían que ver con ella los problemas que él tuviese… le habían relajado un poco. Aunque en realidad todo aquello le asustaba mucho si lo pensaba detenidamente. Pero ¿y qué si disfrutaba un poco de la aparente buena noticia antes de hundir hasta la cabeza en una depresión ante la que ella no podía hacer nada?

- ¿Cori?

- ¿Qué?

- ¿Qué hora es?

- Las nueve

- ¿Ari aún no ha vuelto?

La chica guardó silencio y miró al techo con el brazo bajo la cabeza.

- No

Alise suspiró y se giró hacia ella, tapada con la manta hasta los hombros.

- ¿Crees que estará bien? – susurró mirándola.

- No lo sé, pero estaba con Black, y es el mejor en defensa, así que…

- ¿Y si no aparece antes de la comida?

- Tenemos que ir a buscarla aparezca o no, Alise, no es un juego.

- Creo que sé quién puede saber dónde está…

- ¿De qué habláis? – gruñó Lily asomando la cabeza de debajo de las mantas, con unos cuantos mechones pelirrojos sobre su roja nariz. Un estornudo terminó de restar la poca seriedad que sus palabras podrían haber tenido, si es que la tenían…

- ¿Dónde estuviste ayer? – inquirió Corinne – Mírate, tienes un gripazo de caballo

- Y… ¿Ari? – masculló la chica sentándose en la cama y esquivando el tema

- Debe… estar por ahí con alguno, ya la conoces

La chica se desperezó con el ceño fruncido

- Qué raro… normalmente avisa

- Le pillaría de improviso – comentó Alise restándole importancia y caminando hacia el baño.

Corinne miró a su amiga con una sonrisa en la cara

- ¿Qué tal con Potter?

Lily cogió aire y se levantó, calzándose y caminando hacia su baúl, con los ojos brillantes de alegría.

- Supongo que… mejor de lo que pensé jamás

-O-

- ¡Black!

Regulus miró por el rabillo del ojo sin terminar de girarse. Había ido precisamente allí para estar solo, y nunca creyó que alguien como ella pudiese encontrarle. Alise caminaba y trotaba a ratos acercándose a él rápidamente. Suspiró y se arrebuñó en la bufanda verde, mientras volvía la vista de nuevo hacia el paisaje dibujado frente a él a través de la ventana.

- Black… - repitió la chica cuando estaba a un par de pasos de él – necesito tu ayuda

El chico chasqueó la lengua y la miró con una ceja enarcada

- Tú dirás, Charsing

- Ari no aparece

Regulus frunció el entrecejo y se giró hacia ella.

- Ayer se fue a eso de la una de la tarde y no ha vuelto

- ¿A dónde se fue? – su voz sonaba extrañamente grave, tanto que Alise sintió un escalofrió y se retorció con las manos en los bolsillos. Aquella mañana hacía un frío horroroso.

- No lo sé… - balbuceó – Lo último que sé es que estaba dándose un baño y…

- ¿Fue sola?

Alise boqueó y le miró con indecisión.

- ¿Fue sola? – repitió acercándose con insistencia

- Creo que fue con tu hermano

Regulus apretó los dientes y miró por la ventana de nuevo

- Sa…sabían que habían vuelto allí, a la sala del segundo piso – el moreno la miró con incredulidad – Oye, es una larga historia, y yo no soy la más indicada para contártela, ¿me vas a ayudar o no?

Los ojos azules del muchacho se perdieron en la nada. Parecía sopesar con mucho cuidado su respuesta, como si pudiese perder mucho diciendo que sí. Pero ella lo entendía. Entendía que no quisiese arriesgarse a nada que fuese a herirle, y le admiraba por ello, pero en otro momento. Ahora tenían que encontrar a su amiga.

- ¿Qué quieres que haga?

-O-

Ari se desperezó y al instante volvió a su posición anterior, temblando de frío. No recordaba haber estado tan congelada en su vida. Tiritando, se levantó y se puso la camiseta y el jersey. Qué estupidez dormir casi desnuda allí, ya vería al día siguiente, cuando no pudiese ni hablar por el catarro. De reojo miró al sofá. Sirius aún dormía, con la camisa desabrochada. Ari se mordió un labio y cerró los ojos. Jamás se perdonaría aquello.

Descalza, y aún sin pantalones, caminó de puntillas hacia la chimenea y la encendió. Se entretuvo un par de minutos calentándose las manos y entonces terminó de vestirse.

Volvió a mirarle. Era algo extraño. No le caía bien. Sentía como un odio ancestral por él y a la vez… cogió la capa invisible del otro sofá y se la echó por encima. Ni frío para él ni vistas tentadoras para ella.

Se restregó las manos y volvió junto a la chimenea. ¿Qué se supone que había significado lo de la noche anterior? Ella no tenía pensado cambiar nada de lo que había planeado en su cabeza. Era cierto que esa mezcla de repugnancia y diversión del mayor de los Black la confundía y podía obligarla a hacer cosas absurdas como esta, pero jamás podría hacerla cambiar de opinión con un calentón fugaz y un dormir juntos abrazados. No. Regulus Black seguía siendo el único Black amigo suyo y por el que haría lo que fuese. Y eso seguiría siendo así siempre.

Con las manos dentro de las mangas del jersey miró a su alrededor. El lienzo en blanco seguía allí, inconcluso desde su insipidez. La chica cogió aire y volvió a acercarse a él. Tanto por ver ese cuadro y no habían conseguido nada.

- ¿Necesitas ayuda?

Ari se giró con rapidez. Delante del hueco de la puerta nuevamente abierto estaba Regulus, con su acostumbrada postura tranquila, ambas manos en los bolsillos, y mirada atenta y calculadora. La chica sonrió con alivio y se acercó a él para darle un abrazo, aprovechando para mirar de reojo el sofá. Nada a la vista.

- Lo siento, lo siento, lo siento… - susurró a su oído – en serio, lo siento, Regulus, yo… estaba asustada y confundida por lo de los padres de Lily y…

- Me comparaste con mi herm…

- Sh… - siseó la chica poniéndole un dedo en la boca – Me equivoqué. Fui cruel y egoísta y… me arrepiento. Mucho - masculló mirándole a los ojos.

El moreno la observaba impasible, pero un brillo nacarado en sus ojos le dio la suficiente esperanza a la chica como para sonreír aliviada.

- ¿Qué haces aquí? – inquirió intentado ignorar esa deliciosa mueca que le derretía, levantando la mirada y mirando a su alrededor. Según Charsing le había dicho, Ari se había ido con su hermano y ninguno de los dos había vuelto…

- Regulus… verás…

- ¿Dónde está?

Ari frunció el ceño y se separó mínimamente de él, para verle mejor.

- ¿El qué?

- Sirius

La chica entreabrió la boca para coger aire y negó con confusión.

- Tu amiga Charsing me ha dicho que os fuisteis juntos y que ninguno de los dos volvió

Ella volvió a sonreír intentando tranquilizarse, pero con una apariencia y postura que no hizo dudar al moreno de su veracidad.

- ¿Acaso crees que le iba a enseñar este sitio? – inquirió en un hilo de voz – Es nuestro secreto – remarcó – No sé dónde fue, discutimos y nos separamos en el hall…

Regulus cogió aire y elevó la barbilla, volviendo a mirar a su alrededor.

- ¿Qué buscabas aquí?

- Vi que en la sala… del segundo piso había un retrato igual a este – explicó, girándose hacia el lienzo – También vacío. Por eso vine aquí a ver si quizás averiguaba algo.

- Averiguar…

- No te estoy espiando, Regulus – le tranquilizó mirándole de nuevo – Estoy intentando salvar a mi amiga

El chico cogió aire y asintió.

- Yo te lo diré todo, no hace falta que intentes nada más haciendo locuras… podrían haberte matado si te hubiesen encontrado allí…

- ¿Y qué habrías hecho tú? – inquirió la morena con voz juguetona, contenta porque se preocupase por ella.

- Supongo… que nos habrían matado a los dos – Ari abrió los ojos con sorpresa, viendo como el chico se pasaba la mano por el pelo, nervioso.

- Regulus… - La chica no sabía qué pensar. Sirius estaba allí, bajo la capa invisible, seguramente escuchándolo todo, y su hermano acababa de decirle que ella era tan importante para él como para morir por su causa. Era el momento. Tenía que decidir si seguir con su plan de estar con el pequeño de los Black como doble espía y novia sincera a la vez, intentar quererle de verdad y darle una razón para que escapase de ese mundo… De reojo observó el sofá. Seguramente sería una locura y una hipocresía hacer lo que iba a hacer, pero era necesario, y es más, era lo que quería.

Se acercó al moreno, sin apartar la mirada de sus ojos azules, y, cuando estaba a un par de centímetros suya, susurró:

- Perdóname

Y en un lento y sencillo movimiento, se aupó y le besó. Con tranquilidad y sin prisa. Sin fogosidad ni pasión, sino como una caricia con la que trataba de hacerle comprender que de verdad le quería, que le apreciaba mucho, y que no podría soportar que nada malo le pasase... El chico reaccionó agarrándole de la cintura y acercándola a él, como si llevase esperando aquello demasiado tiempo.

Desde el sofá, Sirius tenía los ojos cerrados y la mandíbula apretada. Había escuchado ese susurro, esa disculpa que sin ninguna duda iba para él, pero aun así no podía perdonarla por lo que estaba haciendo ¿qué narices se creía al jugar así con ellos, liándose con él una noche y con su hermano a la mañana siguiente? Se supone que por lo menos a él le apreciaba, que le quería lo suficiente como para no traicionarle. Pero no. Era una maldita cerda, sin principios ni valores, que pretendía favorecerse a Regulus y a él a la vez a costa de una magnífica excusa. Pues no lo iba a tolerar. Ah, no. Iba a vigilarla de cerca con su hermano, muy de cerca, asegurándose de que no lo empeoraba todo decepcionándole o haciéndole daño, pero eso sí, sin volver a tocarla, porque, aunque la noche anterior le había pedido que aquello no se volviese a repetir, Sirius había dado por supuesto que eso se repetiría, muchas veces, para desatar esa tensión que ambos generaban al estar juntos en la misma habitación. Pero ahora ella había decidido, aún a pesar de las advertencias que le había hecho la noche anterior. Había tomado la decisión de amargarse la vida para siempre, y eso… era una completa y jodida estupidez. A pesar de que la idea inicial fuese suya.

-O-

Alise entró en la sala común con Remus y Ari, que acababa de unírseles en el hall. Dentro estaba Peter con Frank, que aún seguía impactado por todo lo que sus compañeros de cuarto le habían contado aquella noche. Por una parte se sentía enfadado ante su total ignorancia del mundo que le rodeaba, pero por otro entendía que hubiesen querido mantenerlo en secreto. Habían quedado allí para subir a la habitación de los chicos y ponerse todos al día de lo que había pasado la noche anterior. Alise se acercó con una sonrisa tímida al lugar en el que Frank estaba sentado y se apoyó sobre el reposabrazos de la butaca. El chico la miró y le tomó la mano. Alise se fijó en su amiga, que la observaba con incredulidad y diversión.

- ¿Y James y… Corinne? – Ari volvió a mirar a su amiga ante el rubor que nació en las mejillas del hombre lobo cuando dijo el nombre de la delegada, y Alise emitió una suave carcajada.

- Ha dicho que ahora venía. – Respondió Peter con una rana de chocolate en la boca – Ha ido con Corinne a dejar a Lily en el despacho de Slughorn, que daba una comida o algo así…

En ese momento el retrato de la Dama Gorda se abrió y por él apareció Sirius, con una mueca de seriedad y la chaqueta mal colocada. En su cuello destacaba un gran chupetón

- Vaya, Padfoot, no tienes buena cara - se burló Remus. El moreno le miró de reojo con agresividad y se apoyó en la pared, frente al lugar en el que Ari se había sentado. Su amigo sonrió aún más y miró el reloj de la sala.

- ¿Hay alguien en la torre? – inquirió Alise

- Se supone que no, pero mejor no arriesgarnos. Además, en nuestra habitación no hay cuadros

- ¿Os creeis tan importantes como para pensar que vamos a emplear nuestro tiempo en escuchar vuestras niñadas? – una mujer rolliza que estaba sirviendo a una mesa de hombres empelucados les miró con hastío desde el cuadro sobre la chimenea.

Frank abrió la boca y miró a Remus, que enarcó las cejas con diversión. La puerta de la sala común volvió a abrirse, y James entró con cara de malas pulgas, seguido por una Corinne risueña.

- ¿Qué ha pasado?

- Ese maldito Slughorn es un viejo verde – Corinne se carcajeó adelantándole y poniéndose al lado de Ari

- Bueno, ya estamos todos, así que vamos – dijo Remus mirando a la morena. Esta sonrió y emprendió la marcha hacia la habitación de los chicos. El prefecto carraspeó y la siguió.

Ari se levantó detrás de Alise y Frank, que iban dados de la mano, y miró de reojo al mayor de los Blacks, que la observaba con los brazos cruzados y un rictus de rabia y asco en la boca. La chica cogió aire y desapareció por las escaleras, con Peter detrás de ella.

- ¿A qué ha venido eso, Padfoot? – inquirió James con una ceja enarcada

- Por un momento se me olvidó lo mucho que la odio…

Ya en la habitación, todos tomaron asiento en las camas, Ari lo más lejos posible de Sirius, para evitar otra de sus miradas asesinas. Lo cierto es que, de algún modo, le daba pena. Le daba pena volver a estar a disgusto con el chico, sobre todo después de haber visto que la noche anterior se había preocupado por ella y la había respetado. Pero la vida era así, y si no podía tolerar sus decisiones - de las que, por cierto, él era en cierta parte responsable – entonces era mejor volver a esa relación de enemigos íntimos.

- Empieza, Peter – le pidió James

Y el chico comenzó a hablar, con pausas y tartamudeos, con interrupciones, en gran parte de Alise, aterrada por lo que escuchaba. Les contó todo lo que había escuchado. Que era momento de seguir con el plan, de acabar lo habían empezado, de hacerse definitivamente con Lily y de llevar a cabo… el sacrificio.

- ¿Qué coño significa eso de "sacrificio"? – inquirió Ari alterada

- Ahora ya sabemos para que la quieren, Simonds – respondió James con tranquilidad mirándola, como si durante toda la noche hubiese estado rumiando aquella noticia y tragándosela a duras penas.

- Pero… ¿por qué?

- De eso no dijeron nada – intervino Peter encogiéndose de hombros.

- Pero sí hablaron de una fecha, ¿no, Wormtail? – dijo Remus

- Sí, dijeron que tendría lugar el 30 de abril por la noche

- Faltan casi cuatro meses… - susurró Alise sin comprender

- ¿Por qué ese día? – inquirió Ari

- No lo sabemos, pero eso es algo que tenemos que averiguar – respondió James incorporándose y restregándose la frente con cansancio – Además, ahora sí que tenemos que entrenarnos para lo que sea que pueda pasar

- ¿Qué? ¿Habláis de una batalla? – preguntó Frank

- Si queremos impedir lo que sea que vayan a hacer esa noche, tenemos que estar preparados – le explicó Alise a su ahora novio con dulzura – Dumbledore nos pidió que nos entrenásemos para ello

- ¿Y dónde se supone que será ese…sacrificio? – escupió Sirius mirando al suelo. Ari se mordió un labio y dirigió la vista hacia afuera, observando las copas de los árboles del bosque prohibido.

- Hablaron de un claro o algo así… - masculló Peter restregándose las manos

- Entonces tiene que ser en un bosque

- Sí, ¿pero en cuál?

Ari entrecerró los ojos y miró a Remus con sorpresa

- El bosque prohibido – susurró. Sus compañeros la miraron extrañados – Sí, si van a ir los de Slytherin no puede ser muy lejos, tiene que ser en un lugar al que puedan escapar y volver sin problema. Además, es un territorio de nadie, ¿no? Es cierto que el castillo tiene pactada una tregua por la cual ningún animal puede entrar en los terrenos de Hogwarts ni nosotros en el bosque, pero supongo que a ese tal "señor" le dará igual todo eso. Al fin y al cabo… es el mayor asesino desde Grindenwald.

Todos se quedaron callados, en silencio.

- Bueno, pero si así fuese… el bosque es grande ¿cómo sabremos a dónde ir? – inquirió Corinne con la voz temblorosa

- Dijeron que avisarían a través de los medallones

- ¿Cómo es posible? – exclamó Frank con incomprensión – Si el medallón se le perdió a Snape, entonces deberían saber ya que seguramente alguien lo tenga, ¿no? Sería una estupidez avisar por ahí.

Sirius miró a James, que sopesaba lo que el chico acababa de decir.

- Tiene razón, Prongs…

- Entonces tendremos que buscar otra forma de saberlo… quizás sea una trampa o… algo. No podemos arriesgarnos a perder la oportunidad.

- Vale, pongámonos en marcha – dijo Remus dando una palmada – Hay que entrenarse, buscar información acerca de la noche del 30 de abril para ver si sucede algo importante e intentar enterarnos de dónde ocurre eso.

- Supongo que no hace falta que nos esforcemos demasiado, Simonds está de noviecita con Regulus, le será sencillo sonsacarle información – Todos miraron a Sirius sorprendidos, y luego pasaron a observar a la chica, que le miraba fijamente.

- ¿Tu hermano es…? – inquirió Frank. Alise le agarró de la mano y asintió.

- ¿Es eso verdad, Ari? – preguntó Corinne sorprendida - ¿Puedes preguntárselo a él?

La chica cogió aire profundamente y asintió

- Pero no puedo asegurar que le pueda preguntar todo. – masculló mirando a sus amigos - No quiero… que desconfíe de mí

- Como si de verdad te importase – silabeó Sirius con rabia. James se acercó a su amigo y le agarró del brazo, ante lo que Sirius dio un manotazo, deshaciéndose de su agarre. – Decidid lo que queráis, a mí me da igual… - gruñó saliendo por la puerta.

Ari tomó aire y miró a James

- Sé un lugar donde podemos entrenar. Es un aula vieja de la torre de astronomía

- Allí ya no damos clase… - murmuró Remus sopesando la idea

- Nadie sube a esa torre desde hace mucho, quitando alguna parejita acaramelada – argumentó la chica – Creo que es el sitio más seguro que podemos encontrar

- Además, con un par de hechizos será fácil ocultarlo

- Vale, entonces iremos allí… ¿todas las tardes?

- Es mejor por las noches – dijo Alise – Por Lily

- Pero si se despierta y no nos ve será peor

- Podemos hacerlo por turnos – arguyó Frank – De cuatro en cuatro, así nunca estará sola

- Buena idea – James tomó aire – Peter, Corinne, Remus y yo por la noche, a partir de las… once. El resto por la tarde, sobre las cuatro

- ¿Cómo vamos a salir por la noche sin que nos pillen?

- Tranquila por eso, no hay problema. - le sonrió el prefecto. Corinne le devolvió la sonrisa, logrando que todos apartasen las miradas.

- Ari, tú encárgate de preguntarle a Regulus, por favor – le pidió James

- Vale… pero no aseguro nada

Corinne se levantó y miró a Remus con una sonrisa paciente

- Entonces, mientras, buscaremos información en la biblioteca.

-O-

A partir de ese momento, el tiempo pasó a una velocidad que a los chicos les parecía apabullante. Entre los entrenamientos, tan duros que ninguno de ellos pasó una sola noche más con insomnio, las tardes en la biblioteca y el mantener bajo control a Lily, los días iban transcurriendo uno tras otro casi sin diferencia. Entre ellos las cosas se hicieron más llevaderas. Ya todos sospechaban que James y Lily mantenían una relación que no se atrevían a hacer pública y Alise y Frank llevaron su amistad a un noviazgo divertido y alegre, que a todos les sonsacaba una sonrisa de vez en cuando. Corinne y Remus se mantenían algo distantes, sobre todo por la determinación de la chica de darle tiempo, pero las cosas no eran tan sencillas entre Sirius y Ari. Eran la cuerda que tensaba cualquier situación en la que ambos estuviesen en la misma habitación. Al principio la chica intentaba ignorar sus comentarios, sintiéndose de algún modo culpable, hasta que se cansó y comenzó a contraatacarle. Entonces todo se fue al carajo, tanto que Peter tuvo que cambiarle el turno de entrenamiento a su amigo después de que la chica le lanzase un hechizo con demasiada fuerza.

Entretanto, Lily se mantenía al margen, pero no tanto como a ellos les gustaría. Había comenzado a indagar, a hacer preguntas y a sospechar. Ari se había preguntado varias veces si no sería mejor decírselo, de ese modo sería más sencillo mantenerla a salvo y además podría entrenarse a su vez. Pero James renegaba de ello. No quería preocuparla ni hacerla sentir mal. Pero las ausencias de sus amigas por las tardes, la insistencia de Remus de acompañarla en cada ronda, aunque no le tocase, e incluso de James de ir a cualquier sitio con ella la agobiaban. Ya había discutido varias veces con el Capitán por ello, ya que no entendía ese afán del chico de estar pegado a ella a toda hora.

Y entre toda esa marabunta de cosas por hacer ya estaban a principios de Abril. Ari había quedado con Regulus ese domingo para pasar el día. Su relación había avanzado a paso lento, con pequeñas trabas de desconfianza que iban superando poco a poco, con caricias lentas y besos profundos, pero sin nada más. Al principio a Ari le había costado mucho ese tipo de acercamiento con el que hasta hace poco era su mejor amigo, pero luego, de algún modo, comenzó a gustarle. Sus besos tímidos y serios, sus sonrisas oscuras y tan difíciles de ganarse. Llevaban un par de semanas sin problemas, con sonrisas, arrumacos y mucha complicidad, por eso la chica se animó preguntarle sobre el lugar del sacrificio de un modo sencillo, sin rodeos, esperando que no se lo tomase a mal.

- ¿Cómo sabes tú eso? – inquirió el chico con los ojos entrecerrados, acariciándole el pelo. Ari tenía la cabeza apoyada en sus piernas, mirándole hacia arriba.

- Es algo que Peter escuchó la noche que me quedé encerrada aquí

- ¿El amigo estúpido de mi hermano? – inquirió divertido

Ari le golpeó en el hombro con una sonrisa de incredulidad

- No sabía que fueses tan cruel

- ¿Y por qué están ellos metidos en esto? – le preguntó sin comprender

- James está medio saliendo con Lily… supongo que el amor es así

- ¿No se supone que Evans le odiaba?

La chica se carcajeó, incorporándose para sentarse frente a él

- ¡Estás hecho un cotilla!

Regulus levantó las manos sonriendo.

- Bueno, dime… ¿dónde se supone que va a ser esa… reunión clandestina? – insistió juguetonamente, dándole un beso en la mejilla.

- ¿Para qué quieres saberlo? – Regulus le cogió la mano y jugueteó con sus dedos - Tú sólo encárgate de vigilar a tu amiga y todo irá bien

- Bueno pero si por algún casual la cogiesen, ¿dónde la llevarían?

- ¿No estarás pensando en ir allí? – le preguntó alejándose de ella y mirándola con seriedad

- Reg… si la cogen...

- Prométeme que no irás bajo ningún concepto – Ari torció la cabeza con el ceño fruncido – Prométemelo, Ariadna

- No puedo prometerte eso – respondió cruzándose de brazos

El chico bufó y se levantó del sofá

- ¿Cómo se supone que voy a prometerte algo así? – exclamó la chica – Lily es mi mejor amiga, casi como una hermana, no… podría quedarme al margen

- Es demasiado peligroso – masculló el chico con molestia – No sabes de lo que son capaces, te matarían antes de que fueses consciente de ello

Ari se levantó y se situó a su espalda, abrazándole

- Si a mí me pasase algo, ¿irías a por mí?

El chico se giró y la miró, chascando la lengua, sabiendo a donde quería ir a parar

- Es mi decisión, yo necesito ayudarla, sino… me moriría de la impotencia si algo le pasase

- Ya hemos hablado de esto, Ariadna, ya sabes que estoy intentando buscar un modo de dejar todo esto atrás, de huir de ellos, pero tengo que hacerlo sin que se den cuenta, si… tú entras en escena, me vas a obligar a actuar y eso sería muy peligroso para los dos

- No lo hagas entonces – dijo ella encogiéndose de hombros – No hagas nada

- ¿Cómo se supone que voy a poder mantenerme al margen?

- ¿Cómo se supone que me voy a poder mantener al margen yo?

El chico suspiró y se dio la vuelta

- Lo siento, Ariadna, pero no voy a decirte nada

La chica abrió los ojos y sonrió con incredulidad

- ¡Pero me dijiste que me lo dirías todo!

- Excepto lo que pueda ponerte en peligro

Ari caminó por la sala con la ira plasmada en los ojos

- ¡Yo soy la que decide lo que hacer con mi vida! – exclamó mirándole. Regulus la observó y apartó la mirada hacia la chimenea – Así solo vas a conseguir que intente averiguarlo por mí misma – silabeó, girándose y caminando hacia la salida

El chico la observó marcharse y se sentó, llevándose una mano a la frente. ¿Cómo mantenerla a salvo si todas sus decisiones contenían un peligro mortal... hasta la de estar con él?

Ariadna salió del pasillo del pasadizo de las mazmorras, y caminó furibunda por estas, de camino hacia el hall, dispuesta a subir a su habitación a descargar la ira que la recorría. Pensaba que conseguiría sonsacárselo, que lograría que se lo dijese, al fin y al cabo habían hablado mucho del tema, de lo infeliz que él se sentía con todo aquello, de sus planes si consiguiese dejarlo atrás. Pero no, si él no estaba de acuerdo no había nada que hacer. Subió las escaleras de dos en dos y se encontró con las puertas del castillo de frente. Casi sin mirarlas, se giró y emprendió la subida hacia la torre de Gryffindor. Sólo había subido un par de escalones cuando se chocó con alguien. Una chica la miraba con el ceño fruncido. Susurró que lo sentía y continuó subiendo. Entonces, cuando había llegado a la cima de la escalera y giraba a la izquierda para seguir hacia la torre, algo le llamó la atención en la entrada del gran comedor. Sirius estaba con una chica, sonriéndola y agarrándola de la cintura. Ella, una muchacha rubia de Ravenclaw, tenía sus manos alrededor de su cuello. De pronto se aupó y le dio un beso rápido, con total espontaneidad y confianza. Ari tomó aire y apartó la mirada, girando la cabeza hacia un lado. Pero la curiosidad y algo así como rabia trepando por su pecho le obligaron a volver a mirar. Sirius estaba acariciándole el pelo mientras le susurraba algo y, con una sonrisa, la besó. La chica sonrió y se giró, caminando hacia el gran comedor. En un movimiento rápido, el moreno alargó la mano y le dio un pequeño azote en el trasero, ante lo que la rubia se giró con descaro y le guiñó un ojo. Ari apretaba las mandíbulas con la vista fija en esa sinvergüenza y cuando desvió los ojos hacia el moreno, se sorprendió con sus ojos grises sobre ella, entrecerrados y una media sonrisa de suficiencia en la boca. Con un bufido se giró y continuó subiendo hacia su habitación. Por ella, como si se ponían a follar allí en medio.

-O-

- Corinne, yo sólo encuentro fechas que hablan de muertes de magos importantes, de descubrimientos de pociones y hechizos y de un montón de cosas aburridas más… nada interesante – masculló Alise con pucheros, apoyando la mejilla en una mano.

La ignoró, tal y como había hecho las últimas veinte veces que su amiga se había quejado. Porque la verdad era que tenía razón. Habían leído casi toda la biblioteca, todo lo relacionado con fechas importantes, y nada. Nada de nada. Ya se había planteado varias veces la posibilidad de que hubiesen escogido esa noche por pura casualidad, por nada en particular, pero James insistía en que tenía que ser por algo, que no podía ser tan sencillo. Y por eso allí estaban, mirando y remirando libros, sin conseguir nada.

- Vaya, en adivinación deben poneros muchos deberes – Corinne levantó la vista hacia Lily, que las sonreía abrazando un libro. James estaba detrás de ella, como un guardaespaldas, ojeando una estantería – Creo que es la tercera vez que os encuentro aquí esta semana, y sólo estamos a jueves.

- Sí… y eso que el profesor ni si quiera es vidente… - se burló Alise, pasando una página del libro que tenía delante.

- ¿Y qué buscáis?

- Una fecha – Corinne y James miraron a la chica con los ojos abiertos como platos

- ¿Qué fecha?

- Eh… - Corinne se mordió el labio y James se giró, negando con la cabeza y mirando al techo – El día 30 de abril

- Mmmm… ¿30 de abril? – masculló la chica con los ojos entrecerrados mirando hacia la nada - ¿Por la noche?

Corinne se estiró en la silla y miró a James.

- Sí… - comentó Alise como si se aburriese del tema – Se supone que es importante

- Claro que lo es – comentó Lily encogiéndose de hombros – Es la noche de Walpurgis – dijo como si fuese evidente – Aquí no es muy conocida, porque solemos celebrar Halloween, pero en los países del norte de Europa (Noruega, Alemania, Rusia…) es muy famosa – Explicó. Ante las caras de desconcierto de sus amigas, Lily se carcajeó - ¿Nunca lo habíais escuchado? – preguntó – Creo que hasta los asesinos estos que ahora se llaman mortífagos antes eran llamados Caballeros de Walpurgis – Alise abrió la boca y miró a Corinne, que tragó saliva y miró a Lily con una sonrisa

- Eres increíble, Lily, como una biblioteca andante

- No es para tanto, en realidad lo conozco por una película que vi hace años…

- ¿En las peculicas esas también hablan de magia? – preguntó James como una excusa para ponerse a su lado y mirar a Corinne con los ojos demasiado abiertos.

Lily se rió

- Películas, James – le corrigió – Y sí, son como cuentos de ficción para los muggles.

- ¿Y qué pasa en la noche de Walpurgis? – preguntó Corinne cogiendo un pergamino, como si fuese a tomar apuntes para un trabajo.

- Bueno, es la noche que está contraria en el año a Halloween. En esos países se pensaba que esa noche el poder de los vivos se acentuaba al máximo, al contrario que en Halloween, que ocurre con los muertos. Por eso, los brujos se juntaban en bosques y hacían sacrificios porque pensaban que así tendrían la fuerza necesaria para hacer hechizos poderosos… en realidad no sé mucho más. ¿Por qué se supone que necesitáis esto para adivinación?

Alise cogió aire y la miró, con una sonrisa falsa en la boca.

-Ni idea – masculló poniéndose en pie – Pero creo que es suficiente…


Bueeeeno, capítulo aburrido. No me ha gustado nada, por eso he tardado tanto, aparte de estar a tope con la uni... el próximo espero que no tarde tanto.

Muchísimas gracias a los anónimos y no anónimos que me dejaron reviews, en serio, ¡qué alegría! supongo que sólo aquellos que escriben saben a lo que me refiero. Venga, animaros, casi 300 personas leyeron el último capítulo, no tardáis nada en decirme lo que pensais! (soy pesada, lo se, pero me queda nada para los 100 reviews!)

Bueno, sin mas, y esperando que la canción os haya gustado, sobre todo en la escena de Sirius y Ari, jusjus, me despido, besos enormes!