Como prometí, ha pasado una semana y vuelvo a la carga. Advierto, ahora las actualizaciones intentaré hacerlas diarias (sólo me quedan dos vicios por escribir…), y por eso no podré contestar a todos los comentarios (hoy no puedo, qué mal). En fin, vicio.
Fandom: Bleach
Pareja: Ichigo/Rukia
Tema: #19 - Porno
Número de palabras: 1327
Resumen: "Toda borrachera tiene sus consecuencias."
Género: Romance/Humor.
"Porno"
Una fuerte jaqueca se extendió por sus sienes, y poco después invadió hasta el más mínimo rincón de su cabeza, la cual le latía frenéticamente. Además, Ichigo tenía ganas de vomitar y de no ser por el tremendo dolor de espalda que padecía por haber dormido en el suelo, no se hubiera despertado aunque una bomba nuclear estallara delante de sus propias narices.
Mareado a más no poder, despegó su desnuda espalda de la moqueta de su habitación, dispuesto a despejarse un poco sentándose en la silla de escritorio.
Un pequeño televisor que tenía pegada una etiqueta en la que se podía leer "¡¡Feliz decimoctavo cumpleaños, Ichigo!!" le hizo recordar vagamente una parte de lo ocurrido horas atrás.
Nada más rememorar a Matsumoto entrando en su cuarto acompañada de Renji, Ikkaku, Yumichika e Hitsugaya, el chico se arrepintió de no haberles dado una buena patada en el trasero antes de que osaran poner un pie en el dormitorio, aprovechando que el resto de la familia Kurosaki estaba ocupada en la clínica.
El muchacho se palmeó las mejillas cuando supuso que ese malestar que sentía no debía de estar producido por haber bebido demasiado zumo de naranja precisamente.
La maldita resaca con la que cargaba era culpa de la rubia teniente, que ya ebria casi le había obligado a ingerir un mejunje del cual temía conocer su composición. ¡Y eso que él rehuía todo tipo de fiesta…!
El joven frunció el ceño y se alborotó el pelo. ¡Malditos Shinigamis juerguistas! Gracias a ellos había comenzado su mayoría de edad borracho como una cuba, y por si fuera poco, en contra de su voluntad.
Rápidamente pensó lo vergonzoso que sería cruzarse con Toushiro a partir de ahora, que seguro fue el único que se mantuvo sobrio y probablemente conocería los detalles de la fiesta que se formó en su habitación.
Pero el deseo de continuar arrepintiéndose fue truncado por la visión de un disco colocado encima de la mesa, que le hizo olvidarse de todo.
Con gesto agrio y los ojos entrecerrados a causa de la fuerte jaqueca y el intenso sueño con el que cargaba, se acercó al objeto para leer con mayor facilidad los deformes caracteres que figuraban en el DVD.
Por mucho que arrugó la nariz o aguzó la vista no consiguió comprender el sentido de dichas letras, puesto que estaban colocadas de mala manera, sin orden ni concierto, y escritas con una caligrafía temblorosa e inteligible. Sin duda, la propia de alguien con varias copas de más.
La curiosidad por el contenido del dis,co no tardó demasiado en aparecer, provocando que Ichigo encendiera el DVD que traía incorporado su nuevo televisor. Mirándolo por el lado bueno, al menos esa fiesta le había dado un buen regalo de cumpleaños.
Tras cerrar el compartimento adecuado, el pequeño monitor mostró una espalda perteneciente a un hombre que le daba la espalda a la cámara, y que se movía arriba y abajo, aún manteniéndose sentado en la cama.
– ¿Qué pasa aquí? – murmuró un Ichigo con la voz quebrada y ronca, achicando los ojos para poder adivinar qué estaba haciendo aquel joven.
De repente, vio que unas diminutas manos se paseaban por el atlético torso que aparecía en pantalla, acariciándole y a la vez clavándole las uñas.
El chico, aún algo distraído y aturdido por el sueño, le dio algo de volumen a lo que parecía ser una película. Unos sonoros gemidos invadieron la habitación, y le despertaron por completo.
– ¡¿Pero qué coño…?! – exclamó, atónito al descubrir que el hombre que salía en el DVD no podía ser otro que él. Pocos tenían el pelo tan naranja, y ya era mucha coincidencia que la cama que estaba siendo grabada fuese exactamente igual a la suya…
Ichigo dedujo que sólo una panda de almas algo más "alegres" de lo normal podían haber sido los artífices de tal… locura.
Pero ahí había algo que no encajaba del todo… ¿quién era la chica que estaba sentada a horcajadas sobre su vientre?
Que el joven recordara aquella noche sólo habían estado presentes dos mujeres, y Rukia no podía haberse acostado con él, era algo demasiado loco incluso estando borrachos… Aunque Matsumoto era demasiado alta como para que su larga cabellera rubia o su cabeza no asomasen por uno de sus hombros…
Y si resultaba imposible que Rangiku se hubiese puesto más cariñosa que de costumbre, ya no quedaba otra opción… ¿¡Acaso eso significaba que había intimado con Rukia y para colmo de males lo había grabado!?
El bulto de su cama, que en principio Ichigo creyó que sólo era un relío de sábanas y mantas, contestó con rotundidad a su pregunta. ¡Ella estaba durmiendo en su cama!
Alarmado y completamente sonrojado, empezó a trastear con el mando a distancia para que la grabación parase de inmediato, porque comenzaba a mostrar que la intensidad de las respiraciones y las pasionales exclamaciones aumentaban su volumen, tanto que hicieron que una Rukia somnolienta y aletargada se despertara, a pesar de que el joven no se enterase de esto último.
Ichigo ya no sabía ni lo que hacía. Los dedos le temblaban tanto de la vergüenza que no llegaban a controlar el simple funcionamiento del mando, y sólo logró bajar el volumen.
Algo más calmado, miró a su derecha inconscientemente, y se dio cuenta de que una cámara de vídeo se encontraba colocada de forma estratégica en una rendija del armario de Rukia para que apuntase directamente a la cama.
"¡Malditos cabrones!" se dijo a sí mismo al asegurarse de que la película "para adultos" que habían grabado era culpa sin duda de unos cuantos Shinigamis borrachos con ganas de reírse de él.
Hastiado, cogió la cámara y la apagó. Cuando se giró para hacer lo mismo de una vez por todas con el televisor, su sangre se heló.
Rukia estaba sentada justo delante de su escritorio, observando sorprendida los hechos. Su rostro era el vivo retrato de la contradicción, puesto que sus ojos refulgían de rabia, pero sus mejillas lucían un ligero color rojo, que aún no se podía compara con el de Ichigo.
El Shinigami en funciones, por su parte, tragó saliva y se quedó en blanco, esperando sus palabras, que por fortuna, o más bien desgracia, no se hicieron mucho de esperar.
– ¿… qué es esto? – preguntó muy despacio, con aparente calma, aunque sus cejas fruncidas y temblorosas de furia no dijesen lo mismo.
La expresión de la menuda mujer prácticamente hizo amedrentarse a Ichigo. Sin embargo, éste respiró hondo un par de veces, preparado para dar una réplica más o menos decente.
– La idea no fue mía, sino de Matsumoto y los demás, que quede bien claro – contestó, cabeza gacha y ojos fijos en el suelo, evitando a toda costa la colérica mirada que su compañera le dedicaba.
– ¡Estúpido niñato pervertido! – exclamó con fuerza, a la par que se tiraba encima suya para tirarle del pelo y darle una buena patada en la cabeza.
– ¡Espera, que te estoy diciendo la verdad, joder! – otro de sus típicos puntapiés, esta vez un poco más suave, le negó el derecho de continuar hablando.
– Piénsatelo dos veces antes de emborracharte, idiota – cogió el disco y lo partió en dos, deshaciéndose de cualquier prueba de lo que había hecho.
– ¡Tú también estabas borracha! – acusó desde el suelo, provocando que Rukia se avergonzase y quedase en silencio por primera vez –. ¿Ahora que me dice la señorita Shinigami con ciento cincuenta años de experiencia? – preguntó con sorna, orgulloso de ganarle por primera vez en una de sus peleas.
– Si estuviera en tu lugar, tirada en el suelo, no diría esas cosas, Kurosaki-kun.
La voz de Rukia se volvió melosa e irritante, pero su expresión se tornó sombría y casi maquiavélica, y sus cejas se fruncieron de forma casi inhumana, dando lugar a que la piel de Ichigo se pusiese de gallina, y que se arrepintiese de beber, de acostarse con ella y, sobre todas las cosas, de plantarle cara.
