RECOMPOSICIÓN (traducción)
por Ladywolvesbayne
Vale, este capítulo es un poco desordenado y tiene un poco de sangre, así que por favor, cuidado. Nos pasamos a la clasificación "M" gracias a esto. Además, está presentado de una forma un pelín distinta a los otros capítulos, ojalá no se me confundan. ¡A disfrutar de esta entrada extra-larga, y disculpen el delay!
24. DIOSES GUERREROS
8 DE SEPTIEMBRE, 2558
LOCACIÓN: UNSC INFINITY
ESTACIÓN DE COMPUTADORAS DELTA, CUBIERTA DE INGENIERÍA
2:27 AM hora estándar - reloj de misión: 0:02:13
—Tuve que venir hasta aquí para encontrarte, John, porque sigues ignorándome. —dijo la Espiga, furiosa; luego señaló a la Dra. Halsey con un dedo en largo— Quédate ahí, voy a tratar con este bombonazo primero y luego, tú y yo acabaremos con nuestro pequeño negocio.
—Charley —llamó John, en voz alta; la perra ladró en respuesta— Beschützen.
El animal estaba entrenado para reconocer su deber: se le ordenó mantener vivos a los civiles, por lo que mostró sus grandes colmillos y se puso delante de la Dra. Halsey, protegiendo a las dos mujeres con su cuerpo grueso y blindado. Todavía tenía el rabo entre las patas, pero el instinto de obedecer se hizo presente de inmediato.
La Cortana Rampante inclinó la cabeza, molesta; la armadura sobre su cuerpo se movió otra vez y silbó en acuerdo con sus emociones, las líneas cian que brillaban a través de las articulaciones se encendieron más brillante por un segundo o dos.
—¿Piensas que tu reemplazo peludo de mí da miedo? Eres tan ingenuo.
John ni siquiera se molestó en contestar; abrió fuego.
Los primeros rayos de plasma golpearon los escudos de la Cortana Rampante y explotaron en una nube de vapor, convirtiéndose enseguida en una miasma densa dentro de la habitación. Ella ni siquiera trató de evadir los tiros o cubrirse. Cuando los últimos disparos impactaron en ella, la visibilidad había caído al diez por ciento. Sigrid pudo leer niveles venenosos de dióxido de carbono en la niebla. Detrás del Jefe, la Dra. Halsey y Sujeto Dos tosieron, cubriéndose la boca y la nariz con las mangas de la ropa; la nube era altamente tóxico.
La científica escapó de su escondite de manotear un gabinete médico de emergencia, en extrema necesidad de máscaras de oxígeno y un mejor lugar para cubrirse mejor de la balacera que se avecinaba.
John se aprovechó de la niebla densa y embistió hacia adelante, usando la culata del rifle para asestar un solo golpe devastador a la cabeza blindada de la Espiga, con intención de romperle el cuello o por lo menos, desestabilizarla. Ella resistió el golpe, sí, pero su cabeza se fue con violencia hacia atrás y los escudos azulados vibraron a través de todo su cuerpo. Ella no cayó, sólo dio un desconcertado paso atrás.
El Jefe atacó de nuevo, golpeando brutalmente sus cascos juntos.
Ella jadeó y cayó de rodillas.
Cuando John estaba a punto de dejar caer un tercer y devastador puñetazo de martillo sobre ella, la Espiga alzó los brazos y se lanzó contra él, rápida como un rayo, agarrándolo por la cintura en un abrazo constrictor. Sus escudos estallaron juntos, drenándose entre sí: él vio la barra de estado caer dramáticamente rápido. John estampó un pie en las rejillas y se empujó contra la fuerza de su enemiga, pero se dio cuenta de que la armadura HARPY estaba cambiando, reordenándose otra vez... y la Espiga se volvía mucho más fuerte. Ella lo empujó hacia atrás, sin importar la fuerza con que John la golpeó repetidas veces con la culata del rifle en su columna blindada o cuánto se resistió.
Sus botas magnéticas repente resbalaban, chirriando contra las rejas.
Entonces, ella activó los propulsores. Volaron hacia atrás juntos, con violencia, reventando computadoras, armarios, escritorios y paredes falsas a lo largo del camino, hasta que una gruesa pared blindadaç detuvo la espalda de John. La pared se abolló hacia adentro, anidando perfectamente figura hercúlea del SPARTAN. Se golpeó la nuca tan fuerte que algo frío atravesó su cerebro, un rayo de dolor que se apoderó de sus brazos y piernas en una palpitante parálisis durante unos milisegundos. El protocolo de bloqueo de la MJOLNIR falló, por lo que recuperó sus sentidos y movimientos al instante.
La Espiga aterrizó en sus pies, se había soldado de él un segundo antes del impacto. El HUD de John parpadeaba como loco, algo estaba muy dañado en los circuitos internos. Sin escudos, con sensores reventados y la antena de comunicaciones fuera de línea, muy probablemente rota. Había perdido el rifle en algún punto del vuelo, también.
Sigrid proyectó un mensaje, repitiendo la misma línea errática y otra vez:
rOLAND me ESpeRAAA
rOLAND me ESpeRAAA
rOLAND me ESpeRAAA
rOLAND me ESpeRAAA
rOLAND me ESpeRAAA
Sabía lo que ella intentaba decirle, se suponía que debía enchufarla en un terminal seguro y para que ella pudiera ayudar a Roland a acabar con la IA alienígena y recuperar la Infinity. Su mente corría, tratando de encontrar una manera de lograr eso sin perder la vida o quedar destrozado.
La Cortana Rampante inclinó la cabeza hacia un lado, curiosa.
—Pensé que durarías un poco más, pero parece que mis mejoras son demasiado para ti. —suspiró, posando sus manos en sus caderas— Es una pena, John. Supongo que eres demasiado viejo para jugar conmigo.
Él no dijo nada. El Jefe le dio un codazo a la pared tratando de desprenderse de la cavidad, pero ella fue más rápida y antes de que John pudiera poner sus pies en el piso, la Cortana Rampante le echó las manos al cuello, tratando de estrangularlo con una fuerza inconmensurable. Y de verdad empezó a faltarle el aire.
—¿Qué vas a hacer conmigo, John? —dijo ella, siseando entre dientes apretados— ¿¡No me has matado suficientes veces ya!?
Sus instintos perfeccionados en el calor de la batalla respondieron a la velocidad del rayo: el Jefe le asestó una sola poderosa patada en la tripa y ella voló hacia atrás, chocando contra dos mesas de aluminio torpemente retorcidas.
John se desprendió de la pared, dejando caer una rodilla al suelo. Arrancó el chip de Sigrid de la parte trasera del casco y se lo guardó dentro del puño derecho, con cuidado. Cada computadora en ese sector estaba inutilizada o en pedazos. Había otros puertos en el pasillo que podrían ser útiles, él sólo tenía que pasar a través de la Espiga Rampante y alcanzar uno, rápido. Una vez que la IA estuviera dentro del sistema, sería más fácil.
El Jefe escaneó el suelo, en busca de algo que pudiera utilizar como arma.
—Me estoy cansando de esto. Ya no me hace gracia. —gruñó la Espiga, molesta.
La mujer dio un salto para ponerse de pie y tomó una silla torcida, empuñándola como si fuera un palo. Trató de golpear a John, pero él esquivó el objeto rodando por debajo, se levantó y embistió de nuevo, llevándosela puesta en el hombro. El Jefe Maestro fue lo suficientemente rápido para escapar de sus manos y lanzarle un golpe a la cabeza, entonces John procedió a apoderarse de ella y aporrear el torso de la mujer contra la pared metálica hasta que un hueco profundo y su propia respiración pesada fueron todo lo que quedó para pensar. Estaba acostumbrado a mantener la cabeza fría bajo presión, esa era su forma de vida, pero toda esta situación estaba desatando demonios sedientos dentro de él. Era todo o nada.
Ni hombre, ni máquina. Sólo rabia.
Instinto animal, venganza.
Nunca se sintió tan vivo, tan consciente de su propia fuerza...
Ella de alguna manera se las arregló para torcer su cuerpo bajo el agarre del Jefe y darse la vuelta, lanzando un pico negro peligrosamente afilado hacia su cabeza. John se agachó de nuevo, bloqueando con el antebrazo y el brazo doblado hacia abajo, pero mantuvo su dominio sobre ella, y arrojó a la mujer al otro lado de la habitación de nuevo. Corrió detrás de ella y lanzó una patada brutal a su estómago, levantándola del suelo al techo. Luego giró sobre sus talones y la pateó nuevamente en la espalda, estampando el cuerpo inerte contra otra pared. La Cortana Rampante tan ligera como una pluma y tan dura como el diamante, pero loca más allá de cualquier medida.
John no sentía ningún tipo de atadura o remordimiento.
Su mente estaba clara ahora. Oh, tan clara.
El pulso de John corría rápido, podía percibir el latido de la sangre en las sienes, nunca antes se sintió tan a gusto con el peso familiar de la MJOLNIR. Estaba en llamas, y ella se quemaría hasta que no quedase nada.
La Cortana Rampante utilizó los propulsores de su armadura para separarse de la pared y cayó bajando una rodilla, un largo y delgado pico brotó de su mano derecha. Se puso de pie lentamente, disfrutando del momento. Sus escudos habían fallado y desaparecido, al igual que los de él. Era metal contra metal ahora.
—No estamos muy habladores hoy, ¿verdad?
—Ya no tenemos nada de qué hablar. —gruñó John, y caminó hacia ella.
—Oh, ¿qué es esto, ahora? ¿Se me congratulará con una muestra de la renombrada rabia fría del Jefe Maestro? —ella se rió y extendió los brazos, presentando su pecho blindado mientras caminaba hacia atrás a la destrozada sala adyacente, donde todo había comenzado pocos minutos antes— Está bien, podemos irnos al Infierno todos juntos. Muéstrame lo que tienes, perra.
John arremetió contra ella, esperando poder llevar a cabo su plan en los próximos cuarenta segundos.
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Era un desastre. Un lío desagradable. Ella sintió las lágrimas correr por sus mejillas.
Debería haber hecho algo, ¡cualquier cosa!
—¡Cortana! ¡Cortana, respóndeme!
—¡Estoy ocupada, Roland! —espetó ella, con la voz entrecortada. El calor se elevaba dentro de la nave, su HUD leía que calidad del aire había bajado al sesenta por ciento, unos gases tóxicos fluían a través de la ventilación— ¡Vamos, Gabriel! ¡Aguanta ahí!
Metió el último cartucho de bioespuma que le quedaba por la brecha en el exo-traje del SPARTAN Thorne, y llenó la herida.
—¡Háblame! —le exigió— ¡No te duermas!
—¡Duele! —gimió él.
—Eso es bueno. Quédate conmigo, casi he terminado.
El joven sangraba en los brazos de Cortana, el único miembro del equipo Majestic todavía consciente y luchando por sobrevivir. Hoya y Madsen estaban inconscientes, pero estables, sus armaduras se veían muy maltratadas y ellos estaban muy heridos también, pero Thorne soportó la pelea más importante junto con el líder del equipo, DeMarco.
Excepto que DeMarco no lo logró.
Cortana vio todo a través de las ventanas blindadas del laboratorio, y no hubo nada que pudiera hacer para detenerlo porque el propio Thorne había roto el panel de la puerta del lado de afuera y la había atrapado en el interior. La joven tuvo que ver a Siete pasar por todos ellos y derribarlos uno a uno. Las rondas de plasma no parecían tener ningún efecto sobre su armadura o escudos, Siete atacó de inmediato usando la niebla tóxica como una distracción. Su cuerpo más pequeño y el sigilo absoluto de sus movimientos hicieron del estrecho corredor una trampa mortal en todos los sentidos de la palabra. Todo el equipo se involucró en una pelea brutal pero muy corta que terminó cuando nadie pudo levantarse de nuevo. Golpeó a Hoya hasta dejarlo inconsciente, arrastró a Madsen alrededor por cuello hasta que se desmayó, apuñaló a Thorne en el lado después de una corta batalla y luego se volvió hacia DeMarco. Éste luchó con valentía usando su cuchillo y su velocidad. Pero la Espiga era más rápida que él y emboscó al SPARTAN desde abajo, empujando dos puntas afiladas a través de su estómago y hacia arriba, perforándole todos los órganos en el camino directo al corazón.
Incluso lo levantó unos pocos pies del suelo, sin esfuerzo...
Y entonces, así como así, la lucha se detuvo.
Siete se quedó inmóvil sosteniendo al SPARTAN moribundo en el aire mientras el joven se desangraba sobre su armadura negra, pero la atención de la Espiga no estaba exactamente allí.
Entonces, la Espiga dejó caer el pesado cuerpo al suelo y lo agarró por el tobillo. Tiró de DeMarco a través del piso enrejado como si el hombre no fuese más que una muñeca de trapo, dejando un rastro de color rojo detrás.
Ni siquiera le prestó atención a Cortana. Ésta última tuvo que reventar la puerta con su espada de plasma para salir, lo más rápido que pudo.
—¡Tenemos un problema! ¡Sigrid no está por ninguna parte y me estoy quedando sin tiempo! ¡La nave está en muy mal estado, tengo que entrar en el sistema ahora!
El corazón de Cortana dio un vuelco. Por eso fue que la Espiga se marchó sin mirar atrás. Iba por John. El retraso de Sigrid sólo podía significar que esa perra loca le había encontrado.
—¡Jefe! —gritó a través TEAMCOM— Jefe, ¿me oyes?
No recibió nada de nada. Arrancó el cartucho de la herida de Thorne y le agarró la mano, presionándole su propia palma enguantada contra la abertura en el traje. Entonces, ella le arrastró y lo apoyó para que descansase con la espalda contra la pared y sin darse cuenta de que acababa de mover media tonelada de hombre y armadura tan fácil como lo hizo la Espiga.
—¡Jefe, adelante! ¡Por favor, respóndeme! —Cortana seguía llamando.
Nada.
Nada, ni siquiera estática. Nada.
—Roland, creo que está en peligro. —susurró, con voz temblorosa.
Tal vez aún había una oportunidad de nivelar la apuesta, incluso si era muy pequeña. Cortana agarró la espada de plasma y la encendió otra vez junto con el escudo de mano. Cerró los ojos. Su mente se concentró en ambos dispositivos, en el material de sus propios guantes blindados. La HARPY silbó, pequeñas cuentas de aleación oscura comenzaron a arrastrarse contra la piel de sus brazos, los propios guanteletes estaban cambiando de forma de nuevo.
Necesitaba escudos. Necesitaba un arma mucho más poderosa.
Y la HARPY tenía hambre, podía sentir algo bullendo en su interior.
—Cortana, me tengo que ir. Me temo que no puedo esperar más.
—Hazlo, aguanta lo más que puedas. Te conseguiré el apoyo de Sigrid.
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RELOJ DE MISIÓN AGOTADO
Los músculos de la espalda le dolían, pero él siguió adelante porque tenía que ganar.
Vio a la Dra. Halsey, la mujer estaba con Sujeto Dos y ambas se habían ocultado bajo la única mesa todavía de pie con máscaras de oxígeno sobre sus rostros. La científica estaba trabajando en una tableta, muy concentrada. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Por qué Halsey no tomaba a Dos y la sacaba de ahí? John empujó los pensamientos ruidosos a un lado, tenía cosas más importantes a las qué prestarles atención.
Como a la tercera vez que la Espiga trató de hacerle perder pie y caer.
Estaba seguro de que si lograba inmovilizarlo, ese monstruo lo mataría.
Ella seguía bloqueando la puerta de salida, tal vez ya sabía lo que estaba tratando de hacer. John tuvo cuidado de no reventar el chip de Sigrid, lo que significaba que tenía que luchar con una sola mano. Evitó una feroz patada lateral y le agarró el tobillo, entonces inmediatamente estampó a la Cortana Rampante contra la otra pared y se retiró antes de que ella pudiera utilizar uno de esos peligrosos picos como espadas en él. La HARPY parecía haber sufrido daños y le hizo pensar que tal vez el sistema de la armadura estaba empezando a fallar, pero se regeneraba demasiado rápido como para que pudiera mantener la esperanza.
La risa diabólica de la Espiga llenó el aire contaminado.
—¿No te cansas de intentarlo, John? —resopló, orgullosa.
John sonrió apenas en el interior de su casco. La tenía donde quería, de vuelta en el salón principal del laboratorio. Hizo una seña rápida con la mano.
La Espiga quizá lo vio venir, pero no pudo evitarlo: Charley la embistió desde el lado izquierdo y chocó contra su cuerpo, trabando sus enormes mandíbulas alrededor del cuello de la mujer. La Cortana Rampante rodeó el cuello de la perra con los brazos, cayeron juntas, el peso de Charley la aplastó en las rejillas (casi cuatrocientos cincuenta kilos de animal, además del arnés blindado). El perro de batalla mordió furiosamente el material endurecido que protegía el cuello de su víctima hasta que algo se quebró bajo la presión de los enormes colmillos, sin dejar de gruñir.
Charley sacudió la cabeza con violencia en una maniobra de aniquilación.
John esperaba oír huesos romperse. No sucedió.
Tenía que moverse. Ahora. ¡Ahora!
La Espiga Rampante rugió de pura ira. Decenas de afiladas púas brotaron en toda la superficie de su armadura, por lo menos cinco picos apuñalaron a Charley en el cuello y el hocico, obligando al animal a llorar de dolor y liberarla. La perra luchó para salirse del abrazo doloroso, aullando en gemidos agudos.
La mujer empujó el cuerpo de Charley lo más lejos que pudo, descartándola como a un trapo ensangrentado. La cachorra no se levantó otra vez.
—Oh, John. ¿Qué crees que estás haciendo? —siseó entre dientes, con rabia.
El Jefe no estaba por ninguna parte, pero la Espiga lo encontró en un abrir y cerrar de ojos: una silueta roja en su HUD, fuera de los laboratorios.
Él estaba tramando algo, tenía que detenerlo. Ruidos de gemidos humanos llamaron su atención y trastabilló, los colmillos de aquel perro infernal habían logrado atravesar la armadura de alguna manera. Se sentía un poco mareada, temblaba. Sentía gotear la sangre entre su piel y las capas internas de la HARPY. Le dolía mucho el cuello. Pero, ¿cómo era posible? Ese maldito chucho. Se desangraría en el piso como el monstruo asqueroso que era; nada más que un reemplazo triste, imperfecto de ella...
La Espiga se dio vuelta para encontrar a la doctora Catherine Halsey y a Sujeto Dos apuntándole, juntas, con el rifle de plasma perdido de John.
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Roland tanteó el sistema de la Infinity y se copió a sí mismo rápidamente, llenando clúster tras clúster con las sub-rutinas indispensables, despertando tantos subsistemas como pudo. Entró en un campo digital lleno de mensajes parpadeantes en rojo vivo. Empezó a extrañar los buffers de la HARPY de inmediato; con la estación del servidor principal fuera de los límites y la mayoría del espacio ocupado por líneas corruptas de código, no había mucho espacio para moverse y su memoria era limitada. Fue un enorme revés, Roland no esperaba encontrar la red en tan horrible condición.
Lo que significaba que la nave estaba aún peor de lo que había calculado primero.
Había fragmentos IAs tontas en todas partes, flotando en el ciberespacio como barcos varados. Roland realizó una búsqueda cuidadosa y rápida y no pudo hallar ningún tipo de actividad extraña o amenaza cerca de él. Bien. Su etiqueta de identificación modificada estaba funcionando muy bien por ahora, pero eso no significaba que iba a durar para siempre.
La IA apartó las hebras rotas de código y canceló las alertas rojas para liberar espacio de memoria, y golpeó aquí y allá para conectarse a sí mismo con cada cámara disponible a la que podía acceder. Pronto, tuvo bajo vigilancia el puente, la bahía médica, el comedor y parte del hangar principal; pero cuando intentó acceder a las cubiertas de mantenimiento más bajas, no pudo encontrar ninguna fuente. Roland supuso que las cámaras estaban fritas. Echó un vistazo a los datos de sólo lectura desde el firmware de soporte vital, la mayoría de los escáneres y los gráficos indicaban que muchos subsistemas estaban fallando o muy cerca de fallar.
Encontró al Capitán, la Comandante y varios otros oficiales; les envió mensajes rápidos ellos parecían no recibirlos. Roland también encontró una gran cantidad de zonas de guerra, SPARTANS y Marines luchando contra los Elites. Uno en particular, un Elite en armadura con un casco brillante capturó su atención: Jul 'Mdama. El llamado Mano del Didacta se movía solo por los pasillos de la cubierta de la ingeniería.
¿Dónde iba? No había tiempo para averiguarlo, la IA preparó sus principales sub-rutinas para el ataque.
"Veamos si puedo retomar los sistemas de navegación." pensó.
Roland desvió una gran parte de su poder de procesamiento hacia el puente y dividió el resto entre mantenerse oculto y acceder a los controles de la sala de máquinas. Con sus códigos de autorizción, la IA accedió rápidamente a través de los servidores de seguridad y se mantuvo en movimiento. Se acercó al control de navegación pero se retiró al instante en que su código se superpuso con algo extraño, algo pegajoso. ¿Un perro guardián? No, era más grande, más monstruoso.
Se dio cuenta demasiado tarde de que había cometido un error insensato: los códigos de autorización lo delataron y había sobresaltado a la IA alienígena.
Entonces, lo sintió venir.
De repente, su espacio de memoria se volvió más y más limitado.
Estaba detrás de él; no, por delante. A su izquierda, por debajo de él. Estaba en todas partes. Un monstruo digital de muchos tentáculos, capa sobre capa de código vicioso listo para absorber cada pieza de sus deliciosos datos. Nunca olvidaría cómo esa criatura se sentía, lo abrumadora que resultaba su presencia. Unos días atrás, sus rutinas de apagado de emergencia se activaron de forma automática la primera vez que el monstruo se acercó a él, para evitar corrupción de datos.
Si hubiera tenido un cuerpo físico, Roland estaba seguro de que estaría temblando.
—Estoy tan jodido... —murmuró, al espacio digital inerte.
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RELOJ DE MISIÓN AGOTADO
John encontró un terminal de servicio y empujó el chip de Sigrid en el puerto. Una fuerte explosión sonó al otro lado del pasillo y se dio la vuelta para ver a la Dra. Halsey y a Sujeto Dos colapsar contra la pared; la científica no se movía, pero la otra mujer gritó de dolor, agarrándose el brazo derecho.
Se desabrochó la espada de plasma y la encendió, de inmediato.
Blandiendo espadas gemelas, la Espiga Rampante salió al pasillo, débiles rastros de humo la siguieron alrededor, pero su armadura parecía estar intacta. Dejó caer dos grandes piezas del rifle de plasma destruido y volvió la cabeza lentamente para prestar atención al SPARTAN que cargaba hacia ella a toda velocidad. Estaban a unos quince metros de distancia el uno del otro, pero se podía oler la locura. John tuvo una milésima de segundo para pensar en Charley, pero trató de no hacerlo. Ahora no. Sujeto Dos seguía gritando, su brazo derecho estaba torcido en una posición extraña; había sangre en la boca de la Dra. Halsey también, pero ambas estaban vivas. La mujer mayor aún respiraba.
John niveló la espada y se preparó para el impacto, era quizá su última oportunidad de poner fin a ese monstruo y la tomaría con mucho gusto.
Las luces azules en las articulaciones de la HARPY se encendieron de nuevo, mostrando su malestar.
Sin embargo, ella no atacó. Ni siquiera trató de usar a la Doctora o a la otra mujer como escudos humanos.
En cambio, ella esperó y esquivó el primer mandoble, el segundo y el tercero.
Era asombrosa, todavía tenía un control óptimo de su cuerpo y sentidos.
Algo estalló en el fondo de la nave, bajo la cubierta, enviando un temblor violento a través de las paredes internas de la Infinity junto con un concierto de sonidos chirriantes. Esa vez fue como terremoto en el interior de la nave; John lo sintió retumbar a través de su propio cuerpo y luchó por mantenerse en pie. Las luces del pasillo vacilaron, parpadeand, y finalmente se apagaron. El HUD de John cambió a visión nocturna pero lo apagó, sus ojos eran mejores contra un enemigo que sus sensores no podían ver. La energía murió en esa sección entera de la nave, y John maldijo entre dientes.
¿Había logrado Sigrid copiarse a sí misma antes de la desconexión?
El sonido de una risa taimada rozó sus sentidos. La hoja de plasma brillaba tanto como para ver con claridad, pero todo fue muy rápido. La Espiga lo derribó chocándolo con su hombro y el dolor se apoderó de él, tan intenso que John de hecho tuvo que gritar para paliarlo un poco. Unas delgadas láminas le perforaron la carne justo por debajo de las articulaciones de los hombros, cercenando varios de los nervios principales. Con ambos brazos ahora inútiles, el Jefe cayó de espaldas.
La espada de plasma parpadeó y murió cuando se cayó al suelo.
Por instinto, John trató de defenderse pero sólo podía sentir tres dedos en cada mano, tal vez una contracción en el brazo, nada más. Ninguna respuesta.
—¿Lo oyes, John? —se rió la Espiga. Ella retrocedió a una postura sentada, a caballo sobre su estómago. Él habría usado sus piernas para estrangularla si no fuera por la hoja apuntando directamente a su garganta vulnerable— Así es como suena tu fracaso. Las bombas de presión están estallando. Cubierta tras cubierta, la gente se está asfixiando. Tal vez las profundidades desconocidas del desliespacio nos traguen, ¿quién sabe? ¿No es emocionante?
Su HUD estaba tan muerto como podía estar, solamente el último mensaje de Sigrid aún parpadeaba delante de sus ojos:
rOLAND me ESpeRAAA
rOLAND me ESpeRAAA
rOLAND me ESpeRAAA
rOLAND me ESpeRAAA
rOLAND me ESpeRAAA
No podía ser el final. Lo intentó de nuevo, desesperadamente, pero sus manos no se movieron.
La Espiga ladeó la cabeza, divertida.
—Si esta lata se mantiene lo suficiente como para llegar a la Tierra y mis cálculos son correctos, vamos a salir del desliespacio justo sobre el espacio aéreo de FLEETCOM y dada la rapidez con que nos estamos moviendo, yo diría que el choque borrará Australia y todas las pequeñas islas artificiales a su alrededor. Los grandes Estados de la Polinesia serán historia también. Con un poco de suerte, hasta podríamos convertirnos en un evento de escala de extinción masiva.
Su armadura reabsorbió una de las espadas y su mano ahora libre acarició el visor naranja de John, con amor, mientras ignoraba los gritos de dolor de Sujeto Dos. La Espiga se inclinó más cerca, la placa frontal azul brillante sólo a meras pulgadas de distancia de la de él. John estaba sangrando, podía sentir la humedad espesa filtrándose bajo las capas de su exo-traje. Ella no sólo le había cortado los nervios, parecía haber mellado las arterias axilares también... el Jefe pensó que dado lo específico de las heridas, los inyectores de bioespuma internos no servirían de nada.
—Se acabó el juego, mi querido John. —susurró ella, sus dedos sosteniendo la barbilla del casco de él— Siempre supe que tú y yo moriríamos juntos.
—Estoy bastante harta de ti, Siete.
La Espiga se cuadró, pero ni siquiera logró volverse a mirar.
Dos amplias hojas negras perforaron el cuerpo de la mujer desde atrás, cruzadas como tijeras, empujándola hacia adelante. Las puntas de los picos estaban tan calientes que fundieron el titanio de la MJOLNIR en pequeños huequitos, casi perforando la placa de su pecho. Las heridas echaron un humo profuso por la combinación de los bordes de plasma y el metal negro que quemaban juntos a través de la carne; la Cortana Rampante arqueó su cuerpo hacia arriba y atrás, tratando de levantarse, sus manos retorcidas en garras, sus miembros convulsionándose de dolor.
Luego la Espiga dejó de moverse y se desplomó sobre el pecho de John, muerta.
Cortana dio un paso atrás, blandiendo sus espadas azules en llamas de plasma.
—¡Jefe, háblame! ¿Puedes moverte? —le preguntó, un poco asustada.
John suspiró profundamente, tentado de dejar caer su cabeza hacia atrás y descansar por un momento corto, pero otra explosión muy por debajo de ellos le obligó a no perder la cabeza. Necesitaba más bioespuma, también. O un médico.
En ese mismo momento, vio una figura monstruosa alzarse detrás de Cortana, muy alta y con un casco resplandeciente.
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Roland se mantuvo en retirada, abandonando otro pedazo de sub-sistemas y rutinas recientemente recuperadas como una distracción. Ese truco no era muy de su gusto, a decir verdad, pero apreciaba la belleza de una fortaleza bien construida: las gruesas capas de firewalls que creaba tan rápido como la IA alienígena los devoraba le compraban tiempo. Sus posibilidades de atacar se estaban reduciendo cada milésima de segundo y a esa velocidad calculaba que nunca lograría dejar caer la bomba lógica que había pasado tanto tiempo preparando.
No tenía ni idea de si la IA alienígena se comería la bomba o no, tampoco, pero tenía que intentarlo.
Se trataba de una batalla silenciosa, nadie más dentro de la nave era consciente de lo que estaba pasando.
El monstruo seguía tanteando y tocando las paredes de Roland a medida que más y más mensajes de error se apilaban unos sobre otros, saturando la interfaz. La IA desvió otro fragmento de su potencia de procesamiento para ayudar a manejar la situación, pero no había mucho que hacer si estaba bajo ataque simultáneo desde literalmente todo ángulo, dirección y dimensión.
Incluso formas de vida inteligente de base cuántica, de alguna manera, tenían límites.
Roland pisó algo familiar, una etiqueta de identificación conocida flotando en el sistema. No, la etiqueta disparaba hacia él desde los rincones más lejanos del ciberespacio (varias cubiertas debajo de su ubicación actual) y limpiaba cada pieza dañada de código que encontraba en su camino. La etiqueta de identificación le alcanzó, se trataba de un constructo sensible y muy grande:
—¡Sigrid! —Roland suspiró, medio aliviado, medio molesto.
¿ME EXTRAÑASTE?
—¿Dónde has estado? —añadió tres capas más al firewall, de forma rápida.
LO SIENTO
DIFICULTADES TÉCNICAS
¿NECESITAS UNA MANO?
—Claro. Distrae a la bestia mientras hago mi truco de magia.
NO
DAME LA BOMBA
—¿Qué? No, no me gusta lo que estás pensando.
TENGO UN PLAN
DÁMELA
—Si el virus te infecta, tal vez no sea capaz de ayudarte.
NO DEBERÍAS DISCUTIR CON UNA REINA GUERRERA
—Qué tanta reina guerrera si terminas devorada. Bien, toma la bomba.
El código de Sigrid rozó el suyo cuando Roland la dejó pasar a través del firewall a su espacio seguro; ella desplegó sus propias defensas para ayudar a mantener el monstruo fuera. Ambos materializaron sus avatares digitales en frente del otro dentro de esa pequeña habitación cuadrada hecha de luz blanca.
Roland le entregó una cajita brillante, de color rojo intenso. Parecía inocente.
Cuando sus dedos holográficos se fusionaron entre sí al recibir el archivo, Sigrid repente se alejó de él, sacando el brazo en un gesto violento. Sus ojos grises se volvieron sombríos, por alguna razón.
—¿Qué? ¡Vamos, agarra el archivo!
ERES DIFERENTE
No usaba su voz, ella le envió un mensaje de texto.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando?
FUE ESA ARMADURA
NO ME TOQUES
DEJA LA BOMBA Y YO LA RECOGERÉ
—Está bien, ya que tenemos tanto tiempo para perder...
Una mesa hecha de un material brillante que parecía cristal apareció entre ellos, la representación gráfica de una unidad de almacenamiento. Roland puso la caja roja sobre la mesa, y Sigrid rápidamente la agarró en su puño digital, sin dejar de mirar fríamente a su colega.
ABRE EL FIREWALL
Y TEN CUIDADO
—Tú también. Todavía nos necesitan, no hagas nada estúpido.
El holograma de Sigrid se disolvió en una nube de niebla y su código se filtró de nuevo a través del firewall, llevándose consigo la bomba lógica. Ella estudió a su oponente con ojo crítico. Todavía sentía 'dolor' sobre las rutinas insignificantes que tuvo que dejar ir a fin de huir sana y salva de su primer encontronazo en los sistemas. Sin embargo, 'dolor' también significaba que ella estaba 'enojada'. Y podía estar enojada, pero no tener miedo. Nunca miedo.
Detrás de ella, Roland se dedicó a su misión particular. Trabajó muy rápido pero tuvo que abandonar los firewalls para recuperar la capacidad de proceso completo, por lo que Sigrid se puso delante de él, blandiendo sus mejores armas: sus propios firewalls y la bomba lógica. Las paredes se plegaron alrededor de ella, asegurando el código de su núcleo de proceso y la bomba lógica dentro de un capullo apretado a medida que el monstruo se acercaba, tragando todo a su paso.
Los 'tentáculos' de la IA alienígena probaron sus límites al principio, pero luego arrojó todo su poder sobre ella. Era ahora o nunca, ella podría terminar muy dañada, pero tenía que cumplir con su deber.
El código de Sigrid se agitó en una sonrisa dura.
Roland continuó con su tarea, buceando en lo profundo de la red y en muy pocos segundos se las arregló para tomar el control de todos los subsistemas necesarios para navegar la nave. Cuando pudo infiltrarse en el sistema de soporte vital, casi que soltó un suspiro de alivio. Sin embargo, un pequeño fragmento de él, una sub-rutina de vigilancia, lo vio todo.
Sigrid dejó que el monstruo atrapase, y desapareció detrás de las líneas enemigas.
Ese no era el plan. ¿Por qué estaba haciendo eso?
—Le dije que no hiciera nada estúpido! —siseó Roland.
Tras unos segundos (una eternidad según los estándares de las IA) el monstruo empezó a fallar, retorciéndose, y sus tentáculos se abrieron para escupir algo: una pequeña caja rojo brillante, con una tapita abierta. La rutina de vigilancia de Roland frunció el ceño, su trabajo no se detuvo. Estaba ocupado volviendo la presión y la atmósfera a los valores normales en las zonas más comprometidas de la Infinity, pero se quedó paralizado por completo cuando vio a Sigrid, literalmente, cortar y desgarrar su camino a través de la IA alienígena y alejarse de su alcance.
¡PREPÁRATE!
—Espera, ¿qué?
¡NO TE PREOCUPES, TE TENGO!
El código de Sigrid se superpuso con el suyo y lo cubrió como una manta áspera, luego se retiró un poco, como si acabara de recordar que no debería ser 'tocada' por él. Los firewalls los escudaron a los dos juntos contra el ataque de la IA alienígena. El monstruo los acorraló desde todos los ángulos y se cerró en torno a ellos como una almeja, tan rápido que Roland cortó de inmediato todos sus vínculos con el resto de la nave.
—Pero, ¿¡qué demonios, Sigrid!? ¡Se supone que debíamos sobrevivir a esto!
TE TENGO
TE PROTEGERÉ
—¡Nos has envuelto como a un pequeño regalo! ¡Nos destruirá!
NO, MIRA
ESTÁ JODIDO
Los firewalls parpadearon durante una milésima de segundo, pero ella tenía razón. La IA alienígena comenzó a parpadear fuera de control y se alejó, abandonándolos. Roland vio su pedazo de código trabajando dentro de la bestia, volviendo las rutinas de ataque contra sí mismas. El monstruo en realidad empezó a comerse su propio código, líneas de programación que se borraban cada vez más rápido. El virus explotó como un fuego artificial, era un proceso infeccioso que destruiría cualquier cosa lo suficientemente cerca para quedar atrapada hasta que no quedase nada, ni siquiera el propio virus. El espectáculo duró menos de diez segundos de la explosión inicial hasta que la última capa del enemigo se disolvió dejando nada más que pequeñas piezas de código inútil detrás.
Sigrid corrió un programa de limpieza a través del ciberespacio y destruyó los posibles restos, ni rastro del virus tampoco.
Estaba hecho para autodestruirse.
Roland y Sigrid flotaron en silencio unos segundos, esperando que algo ocurriera. Se separaron el uno del otro y reanudaron sus tareas mientras continuaban su búsqueda de amenazas, ambos todavía un poco reacios. Se reunieron una vez más en la habitación resplandeciente, presentando sus formas digitales. Él estaba brillando de pura felicidad y ella, por otro lado...
—¿Estás bien? Tu avatar está parpadeando un poco.
ESTOY BIEN
ESTOY CORRIENDO UNA RUTINA DE COMPROBACIÓN, SERVIRÁ.
—Si usted necesitas ayuda...
NO
ESO NO ERA UN VIRUS
ERA UNA RUTINA DE AUTODESTRUCCIÓN
—Muy modificada para sobreescribir una IA alienígena, pero sí. Era mi rutina de autodestrucción, en realidad.
ESO FUE MUY INTELIGENTE
—Tú tampoco lo hiciste mal, señorita. Si tuviera un cuerpo en este momento, te besaría.
El rostro de Sigrid se contorsionó en una mueca de desagrado sobreactuada.
NO ERES PARA NADA MI TIPO
—No hay necesidad de subrayar eso, ¿sabes? Sólo estaba siendo amable.
POR QUÉ NO RETOMAMOS CONTROL DE NUESTRA NAVE?
Roland saludó con una sonrisa de alivio:
—¡Señora, sí señora!
ESTACIÓN DE COMPUTADORAS DELTA, CUBIERTA DE INGENIERÍA
RELOJ DE MISIÓN AGOTADO
—¡JUL, NO! ¡TENEMOS UN ACUERDO!
Cortana se giró, su cuello sólo a una pulgada del borde de la espada de plasma de Jul 'Mdama. A juzgar por lo cerca que sus propias espadas llameantes estaban del grueso cuello reptiliano del Sangheili, se habrían matado entre sí si no fuera por la Dra. Halsey. Los ojos grises del alienígena iban desde Cortana al famoso Demonio caído de espaldas, a la mujer gritando de dolor acurrucada contra la pared, al cuerpo muerto en descomposición sobre el pecho del Demonio y la mujer de pelo gris que tiraba de su muñeca con énfasis desesperado.
Todas tenían la misma cara, pero no eran la misma.
—No es el mismo monstruo profano. —dijo el alienígena, gruñendo, ahora mirando a Cortana— No huelen igual.
—¡Debemos irnos! ¡Ahora! —insistió Halsey, su rostro estremecido de dolor.
—El Demonio. —'Mdama hizo un gesto con la cabeza.
Cortana reafirmó su posición, alzando sus espadas negras con bordes de plasma.
—¡Tendrás que matarme primero! —le amenazó.
—¡Nadie va a matar a nadie! —Halsey los detuvo, con los dientes apretados. 'Mdama le dirigió una mirada de desaprobación, pero ella continuó—: Si lo matas, Jul, puedes despedirte de tu ejército. Tenemos un acuerdo: John vive.
—Esta nave va a quemarse de todos modos.
—Tal vez. Nosotros deberíamos salir de aquí cuanto antes, siendo el caso.
El Sangheili rugió y sin más palabras recogió a Halsey, lanzándola por encima de su hombro un gesto poco amable. Cortana dio unos pasos hacia atrás, aún en pie en su posición defensiva para proteger al Jefe Maestro, y vio a la científica tomar un dispositivo redondo, plateado, del bolsillo de su abrigo y después de tocar en algunos botones, lo dejó caer en el piso. La nave tronó de nuevo, chillando y estremeciéndose.
Un puerto desliespacial se abrió desde el dispositivo. Lo suficientemente grande para que un Sangheili pudiera cruzar.
—¡No te olvides de ella! —la Dra. Halsey gritó, su cara retorciéndose de dolor— ¡La necesito!
Cortana no estaba segura de qué quería decir la Doctora con eso hasta que 'Mdama caminó hacia Sujeto Dos y la agarró por el cuello con la misma amabilidad que mostraba a todos los seres humanos. La otra mujer gritó más fuerte, su brazo roto se desenredó y cayó inerte al lado de su cuerpo. El Elite llevó a ambas mujeres al portal, enseguida.
—¿Hey, qué estás haciendo? —Cortana gritó con enojo.
Halsey la miró, sus ojos azules fríos y cansados:
—Ella volverá en unos diez o quince días, necesita hacerse un cuerpo nuevo ahora que este está muerto, me di cuenta. Deben llegar a la Fortaleza entretanto y borrarla desde el dominio, de forma permanente. Sólo entonces, podrás matar a la Espiga Rampante para siempre.
'Mdama puso un pie en el borde del portal, con impaciencia.
Cortana los persiguió.
—¡Espera! No, no te la lleves!
—¡Destruye este dispositivo de translocación! ¡Ella lo usa para espiarlos!
Esa última frase heló la sangre de Cortana.
El Sangheili se zambulló en la nube azulada y desapareció. El portal se cerró de pronto, la joven se detuvo en seco y dio unos pasos hacia atrás, todavía aturdida. Todo su cuerpo temblaba, no podía creer lo que acaba de pasar. La doctora Catherine Halsey tomó a su hermana. ¿Para qué quería a Dos? ¿Qué estaba haciendo en realidad con Jul 'Mdama, probablemente, el mayor enemigo que seguía siendo una amenaza para la UNSC?
Soltó un suspiro tembloroso y cerró los ojos.
Cada músculo en su cuerpo le dolía, ya sea por miedo, rabia o fatiga.
¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Seguirlos? ¿Por qué?
La naveestaba de nuevo bajo control humano ahora, ¿no? La Espiga estaba muerta.
La Espiga estaba muerta otra vez.
"Eso debería ser suficiente por ahora." pensó, pero la información que Halsey acaba de dejar caer era sólo un nuevo problema en su regazo, un caleidoscopio de opciones. "De diez a quince días... y entonces, ¿qué? Esto, ¿de nuevo? Es una locura."
Cortana cayó lentamente al suelo, con la mente en ebullición llena de preguntas sin respuesta. Su armadura absorbió las espadas con borde de plasma y dejó que sus manos descansaran sobre sus muslos. Estaba tan cansada, tan cansada...
—Jefe. —llamó, en voz baja.
Él no contestó.
—Jefe, vamos...
Ella se dio vuelta, y sus ojos se abrieron mucho al encontrarse con otro espectáculo de luces ámbar flotantes, partículas de código a la deriva alejándose despacio del cadáver de la Espiga Rampante mientras la purga de datos la descomponía. Observó en silencio hasta que toda su hermana maldita desaparecía en la nada, dejando sólo su armadura atrás. La HARPY mantuvo la forma unos segundos y luego se disolvió en una pila aburrida de diminutas gotas negras, derramándose sobre la MJOLNIR del Jefe y el piso con un sonido sibilante.
El silencio de él, sin embargo, era preocupante.
—John, ¿estás bien?
No hubo respuesta tampoco. Ella entró en pánico.
Entonces, Cortana vio la sangre bajo el cuerpo de John, un charco rojo y espeso.
Y los diminutos granos de arena negra moviéndose con rapidez hacia dos brechas en su exo-traje, muy cerca de las axilas.
CONTINUARÁ
Wow, el capítulo más largo de todos, 6.500 palabras! *muere*
Este capítulo es tan largo que no debería actualizar de nuevo como en 2 semanas... naaa, mentira, no soy tan mala. Sí me disculpo por el delay, pero nada más. No hay que olvidar que la Infinity sigue atascada en vaya uno a saber dónde del desliespacio, cayéndose a pedazos y un montón de gente se está muriendo, nuestro adorado SPARTAN incluido. ¿Puedo pedir un respetuoso saludo para Sigrid y Roland? Son unos genios.
Y el Jefe tiene que sobrevivir, ¿verdad? Pobre Jefe.
Muchas gracias por su compañía cada semana -abrazotes- ¡No puedo esperar a ver lo que opinan de esta sobredosis de drama! xD ¡Nos vemos!
