Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to LyricalKris. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
Do The Right Thing
Autora: LyricalKris
Traductora: luzalejatb
Beta: Melina Aragón
Capítulo 24: Conociendo a los padres, parte 1
El día después de uno de los más largos de su vida, Edward durmió como en mucho tiempo no lo había logrado, estaba agotado física y emocionalmente.
Así que cuando su teléfono sonó poco después del mediodía, lo sacaron de su profundo sueño.
—¿Aló? —respondió, sentándose en su cama y frotándose los ojos.
—¿Te acabas de levantar? —se burló Jasper—. Aprovechando el tiempo de descanso, ¿eh?
—No había dormido así en años, Jasper —gruñó Edward con su voz ronca.
—Lo sé —dijo su compañero y su voz era sincera—. ¿Te fue bien ayer, entonces?
Edward se frotó la parte posterior de su cuello.
—Sí y no. Ella no me odia y eso es lo importante.
—Es un buen comienzo. —Hubo una conmoción en el fondo y Jasper bajó la voz—. Escucha tengo que volver a la sala del tribunal. ¿Puedo pasar después del trabajo?
—Sí. No tengo nada mejor que hacer —afirmó Edward con un suspiro.
~0~
Edward estaba inquieto.
Después de semanas con demasiado peso sobre sus hombros, de repente no tenía suficiente.
Era una bendición y una maldición.
Por un lado, su mente estaba rebotando, repasando una y otra vez el caso contra los hermanos Wolfe, particularmente Paul, como si se lo supiera de memoria. Era enloquecedor que justo en ese momento cuando su mente por fin estaba clara, no tuviera acceso a los archivos que necesitaba.
¿Por qué demonios no había pensado en buscar en la residencia Black, donde Rachel vivía con su padre?
Era frustrante pero, por otro lado, había una razón por la que de repente se sintió lo suficientemente calmado como para quedarse quieto y razonar sobre el caso.
Para bien o para mal, todo lo que había sido revelado era un gran alivio. Ya no se preguntaba cuándo ni cómo le diría a Bella. Ya no le preocupaba que su opinión no fuera tenida en cuenta para tomar decisiones sobre el bebé.
En algún momento de la larga tarde, Edward se dio cuenta de que iba a ser padre.
Tan asombrado como estaba, sabiendo que él y Bella habían creado una vida juntos, no se había dado cuenta de qué tan alto había construido la pared alrededor de su corazón, para no dejar salir su paternidad. Había pasado tanto tiempo en la dolorosa incertidumbre, sin saber cuánto tiempo podría estar con Bella y cómo evolucionaría su relación. ¿Cómo podría soportar pensar que ella le podría hacer fácil o difícil ser un padre para su hijo? Era demasiado como para tratar de sobrellevarlo.
Ahora, aunque su relación con Bella todavía estaba en el aire, tenía esperanza.
Si nada más, el bebé ahora era un punto fijo en su horizonte. La semana próxima, Bella tenía una cita de ultrasonido. El médico le había dicho que podrían saber el sexo ya que tendría alrededor de diecinueve semanas y esta vez, Edward estaría a su lado.
Él iba a ser el papá de alguien.
La idea lo aturdió y lo hizo sentir desesperadamente asustado, todo a la vez. Era sorprendente darse cuenta de que se estaban acercando rápidamente a la mitad del embarazo. Más o menos veinte semanas más parecían muy lejanas, ya que tenía muchas ganas de conocer a su bebé, y tan cercanas.
¿No debería empezar a armar la cuna? ¿Comprar asientos para el automóvil? ¿Averiguar qué tenía que hacer para agregar al bebé a su seguro?
Edward hizo una mueca al darse cuenta de que podría quedarse sin seguro muy pronto.
Pero a pesar de que su carrera pendía de un hilo, cuanto más pensaba en el bebé, su hijo o hija que crecía dentro de la mujer que amaba, todo lo demás dejaba de importar. El espacio en el centro de su pecho, que había estado tan frío durante tantas semanas, de repente era agradablemente cálido, vivo parecía un fuego que se expandía. Su sonrisa, por una vez, no estaba llena de pensamientos demasiado pesados de lo que podría ser o no ser y amenazaba con romperle la cara en dos.
Cuando Jasper tocó su puerta, Edward todavía estaba sonriendo, por lo que su compañero levantó una ceja.
—Estás feliz.
—Voy a tener un bebé —exclamó Edward, dándole una palmada en el hombro y llevándolo adentro.
Jasper resopló.
—¿De verdad? Bueno, esta pequeña historia tuya se sigue volviendo extraña.
Todavía animado, Edward empujó al otro hombre antes de sentarse en su sofá.
Cruzando sus brazos, Jasper lo miró cuidadosamente.
—Si no lo supiera mejor, diría que tuviste sexo.
La sonrisa de Edward vaciló.
Los ojos de Jasper casi se salen de su cabeza.
—¿De verdad?
Moviendo una mano, Edward cambió rápidamente de tema.
—Dime qué sucedió hoy. ¿Cómo estuvo el estado de ánimo en la sala del tribunal?
—Damon no perdió el tiempo —contó Jasper, sentándose en el extremo opuesto del sofá—. Tiene a la señora Uley en el estrado. Ya sabes, sus cicatrices son horribles. Esa fue una imagen poderosa, porque ni siquiera ella niega que fue Uley quien la empujó. —Frunció el ceño levemente—. Sentí un poco de lástima por ella, ¿sabes?, sonaba como un ama de casa maltratada que inventa excusas por su marido.
Después de que discutieron el juicio, Edward expuso sus teorías sobre Rachel.
—Es algo difícil de considerar ahora —se quejó Jasper, pasándose las manos por el pelo reflexionando profundamente—. Tal vez durante el apogeo de la investigación podríamos haber encontrado algo para obtener una orden para registrar su casa.
—Lo sé. —Suspiró Edward—. Fue estúpido dejar pasar esa oportunidad entre nuestros dedos. Mucho más que estúpido.
—Bueno, tendremos que encontrar la forma de solucionarlo —comentó Jasper con un gesto de su mano.
Inclinando la cabeza, Edward se pasó la mano por la parte posterior del cuello.
—Estoy destrozado en este momento —murmuró—, justo cuando se me ocurre algo muy bueno para volver al trabajo, ya no puedo. Pero, por otro lado, me da más tiempo para pasar con Bella.
—Te lo dije desde el principio, era demasiado para lidiar con eso —reprochó Jasper, moviendo un dedo hacia él—. Algo en algún lugar iba a caer y teniendo en cuenta todo lo que ha pasado, pudo ser mucho peor. Damon va a ganar este caso, Banner te volverá a llamar... —Levantó una ceja inquisitiva—. ¿Y parece que las cosas van bien con Bella?
—Sí y no —repitió su respuesta de esa misma tarde—. Quiero decir, nada es seguro, pero ella dijo que cree que el bebé es mío. —Él no pudo evitar sonreír.
—Bueno, eso alivia algunas complicaciones —aseguró Jasper decididamente.
—Definitivamente. —Su mejilla se torció—. Es un alivio, porque todos lo saben, ahora. Por supuesto, eso significa que estoy obligado a ver a Charlie este fin de semana y no estoy del todo seguro si ya decidió si me va a disparar o no.
Su compañero arqueó una ceja inquisitiva.
Edward rodó los ojos.
»Charlie no me dio muchas opciones. Dice que quiere que lo visitemos para que pueda conocerme mejor.
Jasper silbó suavemente.
—Sí. ¿Conocer al padre cuando ya sabe que dejaste a su hijita embarazada y no lo admitiste? Eso podría ser incómodo.
—Sí —acordó—. Pero si logré superar el día de ayer, puedo superar eso. —Una vez más, una sonrisa tiró de sus labios—. De una forma u otra, encontraré la manera de tener una relación decente con él. Es el abuelo de mi bebé.
—Hombre. —Se rio Jasper—. Estás jodido.
Se puso de pie.
»Bueno, te concentras en tu familia. Iba a ver a Alice este fin de semana, pero considerando todo, creo que trataré de descubrir este nuevo ángulo de Rachel.
—No deberías cambiar tus planes —comenzó Edward, pero su compañero lo interrumpió.
—Oye, cómo es que no vamos a investigar lo que hay allí. Es trabajo, lo sabes, Alice lo sabe. En este momento, con vacaciones forzadas o no, tu familia es lo primero. Pero yo puedo renunciar a un pequeño fin de semana de sexo para seguir una posible pista. —Sacudió la cabeza—. Aunque, hazme un favor, si tienes un minuto, saluda a mi chica. Ella pregunta por ti y por Bella todo el tiempo.
Cuando Jasper se fue, Edward se sentó en su tranquilo departamento en silencio. En su cabeza, repetía las palabras del otro hombre una y otra vez, dejándolas acomodarse alrededor de su corazón, encontrando que encajaban perfecto.
Ligera y borrosa como una visión, él tenía una familia.
~0~
Bella despertó y parpadeó velozmente, momentáneamente confundida por el lugar en donde estaba.
Unas semanas atrás, cuando había ido a hablar con Billy sobre las cosas de Jacob, se había despertado en su antigua habitación y pensó por un momento que finalmente se había librado de la pesadilla que había estado viviendo.
Muchas cosas habían cambiado en esas pocas semanas.
Esta vez, cuando abrió los ojos y se encontró mirando la pintura verde de la habitación de su infancia, se llevó las manos al vientre, repentinamente aterrada de que todo hubiera sido un sueño y que tuviera diecisiete años otra vez. Cuando sus palmas descansaron sobre la dura redondez de su protuberante barriga, Bella se sintió muy aliviada.
Cuando despertó del todo encontró sus acciones automáticas esclarecedoras.
Parecía que había llegado a algún tipo de punto medio. Todavía no se sentía completamente cómoda con su vida, como si no hubiera estado prestando atención en clase y de repente todos se movían, haciendo sus tareas mientras ella trataba de averiguar en qué proyecto se suponía que debía trabajar. Pero dada la forma en que su corazón comenzó a latir erráticamente, la idea de estar de vuelta en la vida que había tenido de adolescente tampoco encajaba.
Interesante.
Un suave suspiro junto a ella la sobresaltó y volvió la cabeza, sorprendida al ver a Edward en la mecedora que había ocupado la esquina de su habitación desde que era bebé. Tenía la cabeza apoyada en el hombro y los ojos cerrados por el sueño.
Lo que habían vivido durante el día regresó a Bella. Recordó que habían comido pizza mientras intentaba evitar que su padre le hiciera a Edward mil millones de preguntas embarazosas. Edward le había asegurado en repetidas ocasiones que estaba bien y había respondido a Charlie constantemente. Bella tuvo que admitir que estaba secretamente complacida. Ella tenía curiosidad, pero sintió que sería grosero de su parte preguntarle a Edward sobre los detalles íntimos de una relación que no recordaba.
Por suerte a Charlie lo llamaron de la estación. En el momento en el que la patrulla salió del camino de entrada, Edward se desplomó hacia atrás en el sofá.
—No lo culpo, pero no puedo creer que me haya preguntado cuáles eran mis intenciones —dijo Edward con ironía—. Quiero decir, este no es un universo alternativo, no nací en 1901, ¿verdad? —Él había suspirado mirándola con una pequeña sonrisa—. Estoy realmente sorprendido de que nos haya dejado a solas. Qué escándalo.
—Bueno. —Ella le había devuelto la sonrisa—. Ya estoy embarazada, ¿en qué otra travesura podría meterme?
Su risa en respuesta hizo que todo el cuerpo de Bella se sintiera cálido.
Habían terminado en su habitación, ella en la cama, él en la mecedora, mientras ella le contaba historias sobre las cosas que Charlie nunca había borrado del tablero de anuncios. Ella recordó que había estado bostezando mucho. Obviamente se había quedado dormida.
Bella se sentó cuidadosamente, manteniendo sus ojos en la forma aún dormida de Edward, tratando de decidir qué sentía por él.
También entendió por qué su padre era cauteloso. Era fácil preguntarse las intenciones de Edward, preguntarse por qué mantuvo su amor por ella como un secreto tan celosamente guardado. Bella aún no le había preguntado qué quería y cuáles eran las razones que lo motivaban.
Fue la última observación la que fortaleció la confianza innata de Bella. Un par de días antes, él le había suplicado que creyera que él solo le había mentido con buenas intenciones. ¿Cómo podía ella dudar de sus palabras? ¿No había estado allí para ella día tras día, enamorado de ella todo el tiempo, pero sin tratar nunca de manipularla?
Bella no era estúpida y hasta un idiota habría notado que ella estaba muy vulnerable, especialmente al comienzo de todo este lío. De alguna manera, él se convirtió en la persona en que ella se apoyó, en la persona en quien confiaba lo suficiente como para bajar la guardia, y él fácilmente pudo haberse aprovechado de eso.
Pero él no lo hizo.
Él había sido su roca y su refugio, su constante en un mundo inestable.
Y allí estaba él, sometiéndose a la versión Charlie Swan de la Inquisición Española, probando nuevamente que la quería y que quería estar allí para su bebé.
Él era un buen hombre.
En su sueño, sus labios se fruncieron y esa expresión de alguna forma lo hizo parecer más joven. Él cumpliría veintinueve en unos pocos días, un número que la sorprendió ligeramente a pesar de que sabía que solo tenían cuatro años de diferencia.
Él era realmente un hombre hermoso, en cuerpo y alma.
Sintiéndose tímida y algo curiosa, se levantó y se arrastró más cerca de él.
El deseo de tocar su rostro era particularmente fuerte hoy. Ella se obsesionó un poco durante el almuerzo, mirando la línea afilada de su mandíbula y preguntándose cómo se sentiría su barbilla debajo de sus dedos. La intimidad física era un concepto tan nuevo para ella y estaba ansiosa por tocarlo todo el tiempo.
Se preguntó mucho sobre ellos, sobre la pareja que habían sido, algo que sabía que su padre nunca preguntaría.
¿Cuál de ellos había hecho el primer movimiento y cuándo? ¿Eran el tipo de pareja a la que no le importaban las reglas de la sociedad?
¿Cuán diferente era ella y cómo podría todavía estar enamorado de una persona que ya no existía?
Su mano vaciló justo encima de su mejilla y Bella se preguntó qué pensaba que estaba haciendo. ¿Tenía derecho a tocarlo así, invadiendo su privacidad mientras dormía? Que él la dejara hacer lo que ella deseaba no era algo que ella cuestionara. Había dejado muy claro que haría cualquier cosa que la ayudara a sentirse cómoda: consigo misma, con su vida... con él.
Pero quién se preguntaba por lo que él necesitaba, se preguntó ella.
¿Era posible ser justa con él en cualquier tipo de relación?
Su respiración regular se entrecortó y sus ojos se abrieron lentamente. Ella casi retrocedió, excepto que él era demasiado rápido y sus largos dedos envolvieron su muñeca.
Por un segundo, se miraron el uno al otro, Edward parecía inseguro de si debería soltarla y Bella esperaba que no lo hiciera y se preguntó si debería sentirse mal por eso. Pero el momento se rompió cuando levantó la cabeza e hizo una mueca.
—¡Ay! —exclamó él ligeramente, soltando su muñeca mientras giraba cuidadosamente su cabeza hacia adelante y hacia atrás.
Bella apenas se dio cuenta de lo que estaba haciendo antes de acercarse y comenzar a frotar la parte posterior del cuello de Edward, sabiendo que debía estar dolorido por dormir en esa posición. Ella captó la sorpresa en sus ojos y casi se detuvo, pero siguió en lo suyo, razonando que lo mínimo que podía hacer, después de todo lo que él había hecho por ella, era darle un masaje.
Sin dejar de mirarla, extendió la mano, envolvió un brazo alrededor de su cintura y la atrajo hacia él. Mordiéndose el labio, Bella se sentó cautelosamente en su regazo, todavía moviendo sus dedos a lo largo de su cuello.
—¿Está bien que haga esto? —preguntó él y su voz era un susurro áspero, todavía denso por el sueño.
Ella asintió lentamente, insegura de lo que estaba haciendo, pero segura de que le gustaba lo que estaba pasando entre ellos.
No era desagradable... ¿no era así como él lo había dicho antes, cuando lo besó?
Cuando ambos se relajaron, la sonrisa tensa de Edward se ensanchó y rio por lo bajo.
—¿Qué? —cuestionó ella con curiosidad, dejando que sus dedos trabajaran un poco más en su cabello.
—El día antes del accidente, te dije que quería viajar contigo el fin de semana, adonde quisieras —murmuró Edward y su voz era baja y suave mientras los mecía suavemente—. Te prometí que podíamos ir a cualquier lado, hacer cualquier cosa, el primer fin de semana que nos permitieran estar juntos públicamente. ¿Sabes que querías?
Bella pensó en la carpeta llena de información de viajes y se preguntó si lo había hecho con ese propósito en mente. Había muchos lugares a los que ella quería ir.
—¿Qué dije? —preguntó sin querer adivinar.
Él levantó una mano de su cintura, apoyándola contra su espalda ligeramente. El ligero peso era un calor agradable contra ella.
—Dijiste que querías venir a Forks y escandalizar a tu padre al compartir esta habitación conmigo.
Sus mejillas se calentaron de vergüenza y bajó la mirada a sus regazos.
—Lo siento —dijo él apretándola brevemente—. Tal vez no debería haber dicho eso.
—No, está bien —dijo ella rápidamente—. Es solo que... no puedo imaginarme hablando de mi papá de esa manera. —Ella frunció sus labios en la esquina de su boca—. Creo que era un poco más audaz antes. —Inclinó su cabeza, mirándolo de nuevo—. ¿De qué más hablamos?
—Bueno... —comenzó lentamente—. Dijiste que querías traumatizar a mis padres y a mi hermano después.
—Ah —murmuró, mirando hacia otro lado—. Al parecer, era realmente inmadura.
Él puso dos dedos a un lado de su barbilla, inclinando su rostro hacia él.
—No fue así, Bella. Estabas bromeando —dudó, buscando en sus ojos—. Mis padres quieren conocerte, ¿sabes?
Por alguna razón, ella estaba un poco sorprendida.
—Saben que... —Ella miró hacia abajo entre ellos.
—Lo saben —agregó en voz baja—. Ellos saben todo.
Ella continuó mirando hacia abajo, sin saber cómo sentirse al respecto. Se sentía inexplicablemente nerviosa porque, lo supieran o no, había lastimado a su hijo. Tenían que tener una opinión sobre eso.
Edward le acarició la espalda con dulzura.
—Por favor, no te sientas presionada Bella. Pueden esperar. Solo quieren conocerte.
Parecía un poco nervioso, manteniendo sus ojos en los de ella mientras movía una mano hacia su vientre. Bella se relajó un poco y su corazón tironeó cuando vio su sonrisa de adoración mientras tomaba en sus manos el bultito que cada vez se hacía más grande.
»Eres la madre de su nieto, eso es todo. Quieren permiso para estar emocionados.
Bella guardó silencio, pero apoyó su cabeza en el hombro de Edward, esperando que entendiera su necesidad de pensar por un minuto.
Por un momento, sintió que era demasiado. Ella había aceptado que Edward era parte del embarazo, que podía tocar su vientre y venir con ella a las citas con el médico, pero no sabía cómo se sentía con respecto a los demás.
Aun así, no era razonable no querer tratar con la gente que Edward trajo a su vida. Él tenía razón, ellos eran la familia de su bebé. Iba a tener que aprender a tratar con ellos de una forma u otra.
Además, ¿él no había soportado el interrogatorio no tan gentil de su padre no una vez, sino dos veces?
—Creo que tu padre era el médico en la sala de emergencias cuando me caí el año pasado —dijo pensativa. Ella frunció el ceño, dándose cuenta de su error—. Quiero decir... la última vez que recuerdo, de todos modos. Creo que él fue quien me puso los puntos. Pelo rubio, ¿muy guapo?
Él se rio y a Bella le gustó la forma en que se sintió su pecho al subir y bajar debajo de ella.
—¿Crees que mi padre es guapo?
Ella escondió su cabeza contra su cuello.
—Agh. Como. Sea.
Una vez más, él se rio entre dientes y le apartó el pelo de la cara.
—Sí, probablemente era él. Y sí, gracias por hacerme recordar la escuela secundaria, cuando todas las chicas de mi clase sentían la necesidad de decirme que mi padre era "¡Dios mío, muy caliente!".
Sabiendo que la estaba molestando, Bella levantó la cabeza, dándole una mirada tranquila.
—Supongo que tienes suerte porque los rubios no son mi tipo.
La expresión en su rostro no tenía precio, valía la pena el momento de vergüenza e inseguridad que sentía al decirle algo así a él. Echó la cabeza hacia atrás, riendo y ella se rio con él, disfrutando del momento alegre.
—Bien —afirmó ella con un pequeño suspiro—. ¿Podemos ir ahora?
Él parecía sorprendido.
—Bella, no hay apuro. No tienes que forzarte a...
—No, está bien —agregó ella rápidamente, antes de que cambiara de opinión—. Mi papá tuvo su tiempo y tus padres merecen el suyo.
Ella tomó aire para tranquilizarse, tragándose los nervios.
—Si no están ocupados, ahora es tan buen momento como cualquier otro. Después de todo, ya estamos aquí.
Él la estudió atentamente.
—¿Estás segura?
Ella asintió y luego se retorció.
—¿No están enojados?
—¿Contigo? —Edward parecía genuinamente perplejo—. ¿Por qué demonios estarían enojados contigo? Preguntan por ti todo el tiempo, cada vez que hablamos. —Él sonrió suavemente—. Como te dije antes, la primera vez que hablamos de esto, ellos son personas muy honestas. Es muy probable que no comprendan qué haya visto una mujer como tú en un tipo como yo.
Ella suspiró, sacudiendo la cabeza y frunciendo los labios mientras pensaba en eso.
—Para lo que eso vale —dijo tímidamente—. Creo que la antigua yo tenía muy buen gusto con los hombres.
¡Hola!
¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?
Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior: Pili, Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn, Nadiia16, Lady Grigori, Fallen Dark Angel 07, carolaap, rjnavajas, tulgarita, miop, Adriana Molina, debynoe12, bbluelilas, yese, cavendano13, Maryluna, Tata XOXO, saraipineda44, Klara Anastacia Cullen, Yoliki, May Cullen M, Liz Vidal, kaja0507, torrespera172, Jade HSos, crysty Katy, Karina, alejandra1987, Lizdayanna, Ele, Kriss21, Bookaholic reader, villachica, patymdn, Tecupi, cary, Bianca24fer, caresgar26, Jeniferserena, jupy y los Guest.
¡Hasta el próximo capítulo!
