Snape se apareció a las afueras del pueblo y una punzada de dolor sacudió su pecho. Godric's hollow era pequeño y alegre, unas tiendas, un pub y una pequeña plaza en la que habían empezado a montar un bonito árbol de Navidad. Lily habría sido feliz allí. Cruzó una oscura calle y avanzó con paso rápido hacia el final de una hilera de casas. No había nadie en la calle y la nieve caída amortiguaba sus pasos.
Llegó. El seto crecido prestaba un aspecto de abandono al edificio. Gran parte de la casa seguía en pie, salvo la pared y el tejado dónde impactó la maldición que acabó con el reinado del señor oscuro y con Lily.
Snape apoyó la mano en la verja. Se sentía abrumado, y enfadado. El letrero que conmemoraba la muerte de los Potter y que tantas veces había leído le molestaba, todo le molestaba de ese lugar.
Definitivamente, allí no estaba Potter. Paseó por el pueblo, investigó los alrededores. Nada.
Bien, ya había cumplido.
Te queda una cosa.
Quedaba el cementerio. Ojalá no se hubiera acordado porque no se sentía capaz de visitar la tumba de Lily. Cada vez que había ido hubiera querido hundirse allí en la tierra, junto a ella.
Regresó hacia el pueblo, hacía la iglesia guardiana del pequeño cementerio. Sin necesidad de pensarlo, sus propios pies le dirigieron hacia el camino que se grabó en su memoria desde la primera vez que vino a visitarla. La sencilla lápida de mármol blanco casi brillaba en la oscuridad. Se acercó y trató de examinarla buscando rastros recientes, evitando mirar su nombre en ella. Si Potter hubiera estado allí, habría dejado flores o algo similar pero la tumba estaba desnuda.
Snape posó la mano sobre el nombre de Lily.
Había intentado hablar con ella, con su recuerdo, muchas veces. Explicarle todo lo ocurrido una y otra vez, escogiendo las mejores palabras, suplicando su perdón... pero nunca había sentido la reconfortadora sensación de ser escuchado. Ahí solo había una piedra fría y un cuerpo inerte, descomponiéndose, vencido por la muerte...un faro sin luz, una luz sin sombra.
Una lápida desnuda y enfrente un hombre al que nada le quedaba sino su nombre.
Ni piel, ni labios, sin besos...solo huesos...huesos desnudos destilándole una tristeza infinita como cada vez que había venido. Y ahora, ni siquiera podía decirle que estaba velando por su hijo, protegiéndole...
Se obligó a levantarse, pronto amanecería. Supondría que Dumbledore no se daría por satisfecho con eso , pero era lo que podía hacer por el momento.
Se desapareció y de repente sus pies dejaron de posarse en la nieve para pisar la gravilla del sendero que conducía a la casa de los Malfoy. Cambió la tristeza por la determinación. Tenía que pensar lo que iba a decirle al Lord, le contaría que había ido a explorar Godric's Hollow. Y buscaría una buena excusa, tenía que sacar a la chica de allí y llevarla, al menos , de vuelta a Hogwarts.
Se acercaba a la puerta cuando una figura en el jardín le hizo frenar en seco.
_¿Draco? Draco, ¿qué haces aquí?
El chico rubio enfocó su mirada como si no creyera en lo que veía.
_ ¡Profesor Snape! ¿qué hace usted aquí?
_ Vengo a ver al Lord, relacionado con un asunto importante. Deberías estar en la cama.
Draco agachó de nuevo la cabeza.
_ No puedo dormir. Está...Hay.."gente" encerrada en el sótano.
_ Sí, es difícil cuando la guerra llega a tu casa...¿Lovegood?_ Snape vio al joven mortífago torcer el gesto.
_ Iba en serio, lo de saber cuando actuar y cuando esperar, ¿verdad?
_ Por supuesto, Draco. Esta guerra ya se perdió una vez. _ Snape continuó, confidente. _ Es poco probable que vuelva a ocurrir. Es muy posible que el niño que vivió, muera esta vez. Pero aunque así sea...un buen Slytherin sabe que no es necesario ser el que empuñe la varita. La infantería es siempre la primera en caer.
_¿Quiere decir que no debo luchar?
_Por supuesto que no, Draco, al final habrá que luchar. Pero siempre será preferible incorporarse a la batalla cuando se sepa seguro el bando ganador. Si no, pregúntale a tu padre.
Dracó asintió, mucho más tranquilo.
_ Quien usted sabe no está. Regresó hace un par de horas pero se marchó enseguida.
Antes de que pudiera hablar, la puerta de la mansión se abrió. Bellatrix miró al profesor de pociones relamiéndose satisfecha.
_ Ve adentro, Draco, a la cama._ El chico entró en la casa, parando al pasar junto a su tía que permaneció apoyada en el marco de la puerta._ ¿Se te ha perdido algo, Snape? ¿Una muggle, tal vez?
_ La muggle no está aquí, director Snape_ Contestó Draco_ Quien usted...
_Nuestro Lord, Draco_ Corrigió Bellatrix.
_ El señor tenebroso regresó sin ella._ continuó el chico_ Dijo que le había otorgado la marca y que la había dejado en el Bosque Prohibido.
_Gracias, Draco_ Dijo Snape entre dientes, despidiéndose con un gesto del muchacho que por fin entró en la casa.
_ Lo cual significa,_ añadió la mortífaga_ que a estas horas habrá sido pasto de algún bicho.
Snape no contestó, se giró bruscamente y enfiló de nuevo el sendero para salir de allí.
_ Gallinita ciega ¿Qué se te ha perdido?..._ canturreó Bellatrix mientras reía_ Corre, Snape, corre...
"gallinita ciega, ¿qué se te ha perdido?" La cancioncilla de Bellatrix se le había quedado en la cabeza. "Una aguja y un dedal. Pues da tres vueltas y la encontrarás" Pero llevaba más de tres vueltras, llevaba horas deambulando por el Bosque Prohibido y no había conseguido encontrar ni un rasto de ella. Empezaba a suponer que Bellatrix tenía razón y que la muggle había sucumbido a la marca y había servido, esperaba que después, de alimento a las fieras.
Al fin encontró un par de huellas en un pequeño claro. Había restos de sangre y una ligera hedidura en el barro, como la que dejaría un cuerpo tendido que se hubiera movido mucho.
Había huellas de lo que parecía un lobo de gran tamaño...pero junto a ellas, huellas humanas, de unas botas enormes que solo podían pertenecer a una persona. Hagrid.
