WOW. Este es el capitulo mas largo hasta ahora O_O
(¿Ven como si pude? XD)
-.-.-.-.-
Ludwig había sido cambiado a su cuarto por órdenes de Gilbert. Ahí, Roderich le daría atención especial hasta que llegaran los doctores de Alemania, o al menos eso había escuchado.
Caminó por los pasillos, con unas flores que habían crecido en el bosque en sus manos.
Entró a la habitación de Ludwig, donde éste dormía desde ayer. Le preocupaba que no se hubiese despertado aún, pero respiraba y su corazón palpitaba. Así que lo más probable era que estuviese muy cansado.
Depositó las flores en un florero vacío que estaba al lado de la cama. Había sido puesto ahí por decoración, pero ¿quién pone flores en la habitación de un soldado Nazi? Sólo Feli, su amante.
Lo miró por unos momentos. El alemán aún tenía heridas en el rostro y probablemente había peores en su cuerpo, pero éste estaba cubierto por la sábana.
Se acercó a él y le dio un suave beso en los labios.
-Despierta pronto, ¿si?- le susurró, ignorando la verdad de la situación.
-Pobre capitán… está en coma, ¿no es cierto?- escuchó antes de dar la vuelta en un pasillo.
Ya había salido de la habitación de Ludwig y tenía trabajo que hacer. Mucho, mucho trabajo, después del ataque de los ingleses. Pero escuchó a los soldados hablar de Ludwig, y, sabiendo que había todavía muchas cosas que no le habían dicho, decidió quedarse a escuchar.
-Sí. Digo, nosotros estamos heridos, pero él fue al que le fue peor, ¿no?- comentó otro, llevaba una venda en la cabeza.
-… yo… escuché que el Capitán ya no volvería a caminar…- dijo otro, tristemente
Su corazón se paró.
No.
No era verdad.
Dejó caer los artículos de limpieza que cargaba y corrió de regreso a la habitación de Ludwig. Se acercó hasta la cama y lo destapó.
Y entonces lo vio con sus propios ojos.
… Sus piernas estaban destrozadas…
.
Gilbert estaba en su estudio, sentado en la silla, sin nada que hacer. No tenía ganas de leer y firmar documentos. No tenía ganas de escribir. No tenía ganas de hacer absolutamente nada.
Levantó su brazo derecho y lo admiró.
Aquél brazo que había sido alcanzado por una granada ayer, hoy se encontraba en perfectas condiciones.
Los recuerdos del día anterior lo atormentaron.
Recordó cómo se protegía de las armas de los ingleses, junto con su hermano. De pronto, vio aquella cosa redonda y verde caer del cielo, justo en medio de los dos. Y, por puro reflejo, empujó a Ludwig. No trató de protegerse él, no intento huir, sólo quiso que su hermano se encontrara a salvo.
Y lo había logrado.
Si él no lo hubiese empujado en ese entonces, Ludwig habría muerto… pero no había logrado salvarlo por completo…
"No importa…" pensó "…Pronto podrá sobrevivir a cuántas granadas le caigan"
Miró al techo y sintió nostalgia.
Recordó sus momentos de vivir en aquella enorme casa. Recordó cuándo llegó ahí, siguiendo a su hermano, y cómo había conocido a Elizabetha y se había peleado enseguida y como conoció a Roderich y se habían odiado desde el primer momento…
Odiaba esa casa…
Pero había aceptado la decisión de su hermano, y había querido ir con él…
-Louis…- susurró. Recordándolo con nostalgia…
Y luego, a su mente regresaron los recuerdos de cierta noche…
Él había salido a beber con Francis y Antonio y había regresado tarde a la casa.
Recordó como había entrado a hurtadillas, no quería que Louis lo viera, lo regañaría, aún si era su hermano menor…
Y, entonces, se encontró accidentalmente con Roderich.
Pelearon.
Se gritaron.
Y, después, lo siguiente que sabía era que los dos estaban en la cama.
Se podría decir que sólo había sido un error cualquiera debido al alcohol. Pero no fue la única vez. Pasó lo mismo muchas veces más, incluso cuando estaba sobrio. Se había acostumbrado al cuerpo de Roderich. Lo odiaba. Lo odiaba a él… pero sus cuerpos eran compatibles… E, inconscientemente, había comenzado a desearlo con el paso del tiempo.
"Paremos esto…" recordó que le dijo al austríaco, cuando los dos ya estaban en la cama, semidesnudos
"¿Eh?"
"Yo te odio. Y tú me odias. ¿Porqué estamos haciendo esto?"
Y se había detenido, separado, vestido y se habían alejado.
Pero, cuando se dio cuenta de que su cuerpo seguía deseando a Roderich, fue cuando se dio cuenta de que debía alejarse, antes de volver a caer en la tentación.
Y se fue de la casa, y abandonó a su hermano y su hogar…
Suspiró al recordar.
Esa casa estaba llena de recuerdos dolorosos.
El sonido de alguien tocando la puerta lo sacó de sus pensamientos.
-Pasa- dijo, y Roderich entró, cerrando la puerta tras de sí.
Hablando del rey de Roma…
-¿Cómo está Ludwig?- preguntó el albino
-Durmiendo-
-…Se recupera muy lentamente…-
-Se recupera a velocidad humana-
-… ¿Qué haces aquí?-
Roderich se acercó hasta la silla donde el otro estaba sentado.
-¿Recuerdas lo que prometiste porque yo atendiera a Ludwig?-
-…-
-Dijiste que harías 'lo que fuera', ¿no es verdad?-
Gilbert rió.
-Lo recuerdo. Entonces, ¿qué es lo que Su Majestad desea? ¿Dinero? ¿Poder?- preguntó, tranquilamente.
-Quiero tener sexo contigo- respondió el otro, serio
-… ¿sexo…?- Gilbert lo miró, extraño -¿Te das cuenta de que podrías desear que mis soldados se fueran? ¿Qué dejáramos a Austria en paz? Podría incluso detener esta guerra… ¿pero tú lo que quieres es que te folle?-
-… Debo estar realmente desesperado, ¿huh?-
Gilbert se levantó de la silla y tomó a Roderich de las caderas.
-Cómo tú quieras-
Lo besó con fuerza y lo recostó en el escritorio, sin importarle los papeles, documentos o libros que había ahí. Los tiró todos con el antebrazo y prosiguió tocando el cuerpo de Roderich.
Le desabotonó la camiseta, mientras iba dejando marcas de besos a su paso.
-E-espera, Gilbert, ¿a-aquí?- preguntó Roderich, nervioso
-¿Cuál es el problema? Estás desesperado, ¿no?- dijo el albino, con una sonrisa sádica, y le quitó los lentes, dejándolos en alguna esquina.
Roderich tragó saliva y se dejó seguir tocando por ése hombre.
No le importaba si alguien entraba y los veía en aquella situación. No le importaba nada, ni siquiera su honor o su posición. Sólo deseaba ser tocado… por él, por Gilbert…
Lo dejó completamente desnudo sobre el escritorio, mientras sus manos acariciaban sus piernas, subiendo hasta sus muslos, caderas y cinturas, rodeando su parte más sensible, ya despierta, pero nunca tocándola.
Gilbert llevó sus labios a los pezones del austríaco y comenzó a jugar con ellos. Roderich se retorció en la mesa de madera. Hacía tanto que no era tocado de esa manera. Definitivamente, Gilbert era el único que lo hacía sentir de esa forma.
Finalmente, una mano del albino llegó a su entrepierna y comenzó a estimularlo, con la otra pellizcó sus pezones y con su lengua marcó su cuello, dejando pequeñas marcas conforme avanzaba. Ése era su sello, para decirle al mundo entero que él había tomado a Roderich.
Comenzó a bajar lentamente por su cuerpo, dejando un rastro de saliva por donde pasaba, hasta que llegó a su miembro, lo tomó con ambas manos y lamió la punta. Roderich calló su gemido mordiéndose el labio inferior. Se reincorporó un poco, quedando casi sentado en la mesa, para tener una mejor vista de lo que Gilbert le hacía.
El soldado lo lamió por completo y después se lo metió todo a la boca. Sintió la lengua de Gilbert jugar con su hombría dentro de su boca, mientras sus manos hacían lo mismo.
-G-Gilbert… ngh…- Roderich hundió sus dedos en el cabello de Roderich, no soportaba más tanto placer. Había pasado tanto tiempo desde su última vez que sentía que ya no iba a aguantar más.
Gilbert continuaba acelerando el ritmo, ésta vez, sus manos habían cambiado de lugar y las había llevado a sus pezones, pellizcándolos, acariciándolos.
Ése hombre era el único que conocía todas sus partes sensibles. Gilbert era el único que sabía exactamente dónde y cómo tocarlo. Le encantaba. Cerró los ojos, mientras se retorcía de placer. Dejó salir sus gemidos libremente, el estudio había sido diseñado a prueba de ruido, recordó, aunque, por lo mismo, el eco era realmente sonoro y se avergonzaba una vez que sus propios ruidos llegaban a sus oídos.
Una última embestida a la boca del otro fue suficiente para que se corriera. Al abrir los ojos, se encontró con la escena más excitante que hubiese visto en toda su vida. Gilbert tenía semen en todo el rostro. Roderich se bajó del escritorio y se hincó hasta la altura del otro. Tomó su rostro en sus manos, lamió todo rastro de aquella semilla de forma erótica y después besó apasionadamente a Gilbert.
Éste otro, se dejó besar por un largo rato, mientras sus lenguas jugaban y volvían a acostumbrarse a aquella húmeda cavidad. Sintió algo dentro de él que comenzaba a desbordarse… Comenzó a desvestirse, con ayuda de Roderich, hasta que quedó completamente desnudo. Repentinamente, tomó a Roderich del cabello con agresividad y lo llevó contra la pared, metió su pierna entre las de Roderich, mientras continuaban besándose.
Ya no tenían nada que protegiera sus cuerpos del otro. Sin una sola gota de pudor, ambos se tocaron y juntaron sus cuerpos, Gilbert era un hombre salvaje y apasionado, pero Roderich le seguía muy bien el juego también.
-…Mierda…- susurró Gilbert, y volteó a Roderich, recargándolo en la pared, dándole la espalda.
Roderich entendió enseguida lo que Gilbert deseaba y se acomodó en una posición más cómoda, levantando el trasero para su amante. Las manos desesperadas de Gilbert tocaron sus nalgas, las acariciaron, las golpearon, mientras sus labios se divertían con su nuca y espalda.
Recargó la cabeza contra la pared, respirando con dificultad. Las manos de Gilbert lo re exploraban por completo, sus labios volvían a probar el sabor de su piel.
Sintió en ese momento como Gilbert separaba sus nalgas, dejando su entrada a su merced, y después lo sintió abriéndose paso en su interior.
-Ahh… ngh… ¡Ah!- las lágrimas no tardaron en comenzar a caer. Gilbert definitivamente era muy cruel, ni siquiera lo había preparado y ya lo había comenzado a penetrar sin piedad.
Las manos ásperas del albino se sostenían de sus hombros, mientras Roderich trataba de recuperar la respiración. Ya había olvidado lo que se sentía ser tomado por otro hombre. Había olvidado aquél sentimiento. El dolor, la incomodidad, el placer. Había olvidado aquél calor tuyo y del otro. Ser penetrado hasta lo más profundo de tu ser por alguien, por algo caliente. Sentir la respiración de tu amante en tu nuca, sentir sus manos tocándote. Sentirte poseído. Sentir como otro hombre te convertía en una mujer…
Gilbert llegó hasta el fondo y se quedó ahí unos momentos. Rió sarcásticamente.
-No parece que hayan sido tantos años desde la última vez que te lo hicieron, ¿eh? Así que, dime, ¿quién te lo hizo?-
-… ¿Eh?... ¿Q-qué…?- lo miró, sobre su hombro
-Tu cuerpo está sorprendentemente acostumbrado. ¿Fue alguien mejor que yo? Dime, ¿quién te gusta más?-
Roderich no respondió. Se sonrojó y desvió la mirada hacia la pared de nuevo. Gilbert frunció el seño y chisteó los dientes, irritado.
Lo embistió sin misericordia, con fuerza, con agresividad. Una y otra vez, entró y salió de su interior, sosteniéndose de sus caderas. Roderich gemía y lloraba. Sintió como su interior se abría para darle paso a Gilbert.
-¿Quién fue…?- volvió a preguntar Gilbert, pero Roderich no respondió nada.
Gruñó y salió de él por completo. Roderich lo miró, sin comprender, deseando más. Lo tomó del cabello de nuevo y lo llevó hasta el escritorio, lo aventó contra él y le separó las piernas, volvió a penetrarlo, más rápido, más fuerte y más profundo.
Roderich arqueaba su espalda y enterraba las uñas en la mesa.
-¡¿Quién te lo hizo?!- volvió a preguntar
Roderich cerró los ojos y se mordió el labio.
Gilbert llegó al límite. Aún estando dentro suyo, lo tomó del cuello, ahorcándolo. Roderich se asustó y trató de quitarle las manos desesperadamente.
-G-Gil… bert… no puedo… res… pirar…- jadeaba con fuerza y dolor.
Pero Gilbert lo miraba con rabia, con dolor en sus ojos, pero su sonrisa se mantenía en su rostro.
-Dicen que se siente realmente bien si te corres mientras estas siendo asfixiado. ¿Quieres intentarlo?- le susurró seductoramente
Roderich lo miraba con lágrimas en los ojos. Se sentía mareado, en verdad no podía respirar, comenzó a toser en un intento desesperado de recuperar el aliento, le arañaba los brazos y las manos para que lo dejara.
-…nadie… yo…- dijo, con voz ronca y con dificultad de articular palabras –Yo… me lo… hacía…-
Gilbert lo soltó y Roderich comenzó a toser con más intensidad y a respirar con fuerza, su cuerpo entero temblaba de miedo, su mano estaba en su garganta, tratando de protegerla.
-… ¿qué…?- preguntó Gilbert
-… ¿En verdad… crees que yo… soy la clase de… persona que… dormiría con cualquiera…?- preguntó con dificultad
-E-entonces, ¿porqué…?-
-Heh…- Roderich rió, sorprendido de la estupidez de Gilbert -… un maldito… consolador…- le dijo –Eso es… mi única compañía… en las noches solitarias…-
Gilbert se quedó mudo. Tomó su rostro y lo besó. No eran esos besos salvajes que solía dar, era otro tipo de beso que Roderich nunca antes había sentido. Era extraño. Un beso suave y dulce, pero apasionado.
-¿Nadie?- preguntó Gilbert
-… Tú fuiste el primero… y el único…- respondió avergonzado Roderich
-¿Quién es mejor? ¿Yo o tu juguete?- le preguntó al oído
-… Obviamente tu…- respondió el otro, sonrojado y Gilbert sonrió
-Déjame verte haciéndotelo algún día… ¿si?-
-…- Roderich se sorprendió por la extraña petición del otro, pero sonrió felizmente –Sí- respondió. Gilbert había dicho "algún día" eso significaba que iba a haber una segunda vez, ¿no?
El simple hecho de pensarlo, lo hacía feliz.
Gilbert lo abrazó y volvió a embestirlo. Roderich se amarró sus brazos y sus piernas al cuerpo del otro, profundizando el contacto.
Conforme las embestidas aumentaban de ritmo, la mesa de movía y ellos respiraban cada vez más entrecortadamente, gemían más fuerte.
Sus cuerpos en verdad eran compatibles. Como dos piezas de rompecabezas que se juntaban, hecho el uno para el otro. Y se sentía increíble. Ambos se besaban apasionadamente de vez en cuando, hasta que, después de unos minutos, alcanzaron el clímax.
Roderich se corrió en el pecho de ambos y Gilbert dentro de él. También había olvidado ese sentimiento. Había olvidado lo que se sentía que tu amante depositara su semilla dentro de ti. Aquella calidez e incomodidad que lo hacían feliz.
Se besaron por última vez, antes de que Roderich cerrara los ojos. Estaba cansado, realmente agotado.
Gilbert lo tomó en brazos y lo llevó hasta el sillón que estaba en el estudio. Lo depositó con suavidad y comenzó a recolectar sus ropas del suelo.
Se limpió con unos pañuelos que habían terminado en el suelo y después se vistió. Tomó las ropas de Roderich y sus lentes y se fue a su lado. Le limpió el pecho con otro pañuelo y un poco de la semilla que chorreaba de su interior. Lo miró de nuevo. Completamente desnudo. Su blanca piel que contrastaba con su oscuro cabello, le tocó las piernas, sintiendo su suave piel.
Recordó esos años en los que había estado ausente. Como, cuando estaba con mujeres, había llegado a imaginarse con Roderich. Por eso escogía a las mas voluptuosas, porque quería hacer lo que fuera por no recordar a Roderich, no quería pensar en aquél hombre que lo sacaba de quicio y al cual odiaba… pero al final todo era en vano.
Y, ahí estaba de nuevo, con él frente a sus ojos, desnudo, indefenso. Y no pudo evitar querer tocarlo de nuevo…
No.
No debía. Esto sólo era sexo, no era nada más. Nunca significó nada, ¿cierto?
Se detuvo antes de tocarlo, se sentó en el suelo y tomó la ropa de Roderich. Todo fue a una velocidad reflejo, se había forzado a detenerse y alejarse de Roderich. Si, mejor mantenía su mente concentrada en otra cosa. Así, había comenzado a doblar su ropa.
El aroma que emanaba de las ropas del austríaco era como un afrodisiaco para él. Le encantaba, lo volvía loco. Recargó la cabeza en el sillón, donde el otro dormía. Y después lo miró.
Se acercó hasta su rostro y besó sus labios suavemente, con miedo a despertarlo.
Sólo era sexo, ¿no?
Para él, jamás significó nada más que la satisfacción de una necesidad fisiológica… ¿verdad?
Puso la ropa ya doblada, con los lentes arriba de ella a un lado del sofá, para que, cuando se despertara, pudiera verla. Una vez que lo hizo, se dio cuenta del frío que hacía. Bueno, ya era invierno, y estaban en Europa. Se quitó su abrigo negro, térmico y tapó a Roderich con él. Era más fácil que vestirlo mientras estaba dormido.
Se le quedo viendo durante un rato más. Y deseó poder volver a tocarlo. Quería hacérselo a Roderich tantas veces que ya no pudiera caminar. Quería romperlo y poseerlo por completo.
¿Qué clase de sentimiento era ese? Uno verdaderamente extraño, era lo único que sabía.
Empezaría a trabajar ahora. Ya se había distraído mucho con Roderich.
Fue hasta el escritorio, pero abrió accidentalmente un cajón que no era. Era su cajón prohibido. Vio todo en desorden. Recordó que Ludwig había abierto el cajón y leído todo.
Suspiró.
Tomó el listón blanco en sus manos y lo miró.
-… Louis…- susurró con tristeza. Pero después sonrió.
Amarró el listón en su muñeca, para traerlo consigo y después tomó una hoja de papel y una pluma y comenzó a escribir. Una vez que terminó, la dobló y fue hasta Roderich y la depositó a su lado, sobre la ropa, debajo de los lentes.
-Lo siento…- le susurró, aunque sabía que el otro no podía escucharlo –Se que vas a odiarme por lo que voy a hacer… pero ya lo decidí… tú no vas a hacerme cambiar de opinión, Rod…- tomó su pistola del suelo y la puso en su lugar correspondiente en su cinturón.
Volvió a mirar a Roderich. Se acercó hasta él y besó su frente.
-Tengo que hacer esto. No hay otra forma- susurró de nuevo y fue hasta la puerta. La abrió y le puso seguro, para que nadie entrara mientras Roderich dormía. Lo miró por última vez, dedicándole una triste mirada…
… Y salió, dispuesto a terminar lo que había empezado…
