Hello, mi gente linda. ¡SORPRESA! ¡PHOTOGRAPH HA VUELTO! decidí ser buena y regalarles un capítulo extra. Como dice mi beta 'Photograph nunca morirá' y vaya que tuvo razón.
Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo extra.
Para Sarada, los pocos años que han pasado desde que volvió a ver a su madre, le han parecido como si ella realmente nunca hubiera estado ausente.
A sus diecisiete años, luce muy hermosa. Cualquiera que la ve se atrevería a afirmar que es igual de hermosa que su madre a esa edad, pero con el cabello y ojos como los de su padre. Su cabello negro que antes solía mantener a la altura de los hombros, ahora lo lleva casi a la altura de su trasero. Su esbelta figura suele atraer la atención del sexo opuesto, para desgracia de su amado padre. Sus pechos no son exuberantes, pero agradece haber heredado eso de su madre, pues unos pechos demasiado grandes hubieran sido un estorbo para ella como bailarina.
— ¡Nee-san, Nee-san!— gritaron los gemelos, quienes ya contaba con cinco años, próximos a cumplir seis. Ambos acaban de llegar de pasar la tarde con sus abuelos.
— ¿Qué tal su día?— preguntó sacudiéndole el cabello a ambos.
Los ojos verdes, heredados de la pelirrosa, brillaron con emoción y ambos comenzaron a contarle su día. Para Sasaki y Sanada, que Sarada pasara un rato con ellos era motivo de celebración, pues con la preparatoria, el baile, sus amigos y su trabajo ocasional en el estudio de su padre, su hermana raramente podía compartir un poco de su tiempo con ellos.
Compartieron una tarde divertida, ella realmente quisiera tener más tiempo para sus dos tesoros. Ella amaba mucho a sus hermanitos y aunque a veces suelen sacarla de sus casillas, daría la vida por ese par de ser necesario. Incluso su perra Aki estuvo con ellos.
— Iré a hacer la cena, enanos ¿Me ayudan?— sonrió altiva.
— Sí— respondió Sanada— ¿Qué comeremos?
— Hoy me siento de humor para hacerles lo que ustedes quieran— ofreció.
Los gemelos se miraron mutuamente por casi un minuto entero, ella sonrió para sus adentros. En ese momento, verlos con esa expresión seria y su ceño fruncido, le hizo recordar a su padre, excepto por el precioso verde de sus ojos. Hasta el peinado que Sasuke tenía a esa edad lo tenían y lo sabe por las viejas fotografías que su abuela tiene en casa.
— ¡Panqueques!— exclamó Sasaki con alegría.
— Panqueques serán— le pellizcó una mejilla a cada uno y se dirigió a la cocina para preparar lo que ellos pidieron.
Colocó la lista de reproducción en su celular y lo puso a sonar fuerte en un sitio un poco alejado para evitar accidentes con su preciado aparato. Su cuerpo danzaba de un lado a otro en su extensa cocina mientras mezclaba los ingredientes y preparaba el sartén para cocinar los panqueques. Los gemelos estaban con ella, sentados en los bancos de la isla de cocina, mientras cantaban con ella las canciones. Ambos, al igual que ella, habían heredado el talento musical de su progenitor.
— Estoy en casa— escucharon la voz cansada de su padre en el recibidor.
Los niños corrieron contentos a recibirlo, ella prefirió esperar que él llegara para darle un beso en la mejilla como ha hecho toda su vida. Sasuke llegó a la estancia, cargando a cada niño en un brazo.
— Bienvenido— esbozó una cálida sonrisa.
El Uchiha devolvió a los niños al suelo y se acercó a su bella hija. Ella se puso de puntillas para darle un beso en la mejilla.
— ¿Qué tal tu día? Parece que hoy sólo tuviste escuela, pensé que lo aprovecharlas para salir en una cita— comentó él con desagrado.
— No vayas a comenzar— puso los ojos en blanco— Hoy no había baile, Mitsuki-kun tenía que ir a la universidad y no es mi novio, papá. Ya hemos hablado de eso, sólo salimos como amigos.
— ¿Sabes? Cuando eran niños dejaba que te visitará constantemente porque creí que sólo lo veías como un amigo leal, pero ahora sé que hay algo más— la pelinegra se pasó los dedos por el puente de la nariz, clamando paciencia— Lo último que esperaba era que él fuera quien pretendiera quitarme a mi niñita.
— ¡Que no tenemos nada!— replicó harta— Sólo somos amigos, siempre seremos amigos.
— Yo también fui adolescente por si se te olvida, yo también fui amigo de tu madre— le recordó— y luego estábamos tirando en donde nos pusiéramos calientes— pensó en decirle, pero sabía lo que Sarada pensaba al respecto— Recuerda que la virginidad es un tesoro, Sarada, no lo olvides— decretó con severidad.
— ¡Ya basta, papá!— gritó avergonzada— Si mamá estuviera aquí...
La expresión divertida de su padre se endureció y salió de la cocina hecho una fiera. Entró a su habitación y la cerró de un portazo que sacudió los portarretratos en las paredes. Se tiró a la cama donde dormiría solo otra vez esa noche, después de todo...
Sakura se había ido...
Sarada suspiró con pesadez, lamentaba haberle tocado ese tema a su padre. Desde que ella no está, él parece enojado y la sola mención de su nombre es el detonante para que su ira incremente en menos de un segundo.
— ¿Por cuánto tiempo más papá seguirá enojado?— preguntaron los gemelos al unísono.
— Ya se le pasará— aseguró con una sonrisa falsa que los infantes no supieron identificar— Mejor sigamos con la cena— trató de distraerlos.
La cena estuvo rodeada de una tensión entre ella y su padre que los gemelos no pudieron percibir. Al terminar la cena, Sasuke se levantó y se marchó a su habitación, alegando cansancio. Ella levantó la mesa con la ayuda de los niños y metió los platos sucios en el lavavajillas. Los llevó al baño, cerciorándose que se lavaran los dientes y se pusieran correctamente sus pijamas. Los metió en la cama y les inventó un cuento para que se fueran a dormir. Finalmente llegó a su habitación y se lanzó en la cama, soltando un largo suspiro. Esa situación ya la tenía un poco de malas y lidiar con las preguntas de sus hermanitos no le ayuda mucho.
La mejor manera de drenar toda esa tensión que la mantiene agobiada, es el baile. Se levantó de un salto, se despojó de su ropa, se vistió un leotardo, un short de licra y sacó sus zapatillas del armario. Tomó su celular de encima de la cama y salió de su habitación, evitando hacer el mayor ruido posible, no deseaba despertar a los demonios.
Entró al pequeño estudio de baile que su padre le obsequió cuando se mudaron hace unos años, él le dijo que haber dejado el apartamento, no implicaba dejar atrás su salón de baile. Se instaló en el suelo a ponerse las zapatillas de ballet, en eso, su teléfono recibió una llamada. Era de su madre, Sakura había tomado la costumbre de llamarla a esa hora.
Tomó la llamada y lo puso en altavoz para no dejar de atarse las zapatillas.
— Hola, cariño— escuchó el saludo alegre de su madre— ¿Cómo estás?, ¿Cómo están todos, los gemelos, tu padre?, ¿No me echan de menos? Yo los extraño mucho...
— Sanada, Sasaki y yo también te extrañamos. Pero papá... Él sigue enojado contigo— comentó.
— Supongo que voy a tener que arreglar esto cuando vuelva— suspiró.
— Me avisan para irme de la casa y llevarme a los gemelos— dijo divertida.
— ¡Sarada!— regañó la pelirrosa.
— Ay, por favor, mamá. Sé lo que hacen, siempre han procurado ser discretos y les agradezco que nunca he visto nada extraño. Pero vamos, los gemelos y yo no estamos aquí por obra y gracia— argumentó la joven.
— De verdad los quiero ver— gimoteó— quiero llenarlos de besos a todos, hasta extraño a Aki.
— ¿Cuándo volverás?— preguntó— ¿Cómo sigue Ino-san?
— Me preocupa un poco lo que pueda pasar con ella cuando dé a luz— admitió— el embarazo ha sido muy delicado, Sai-san y yo estamos preocupados de lo que pueda pasar. El médico les habló de podría existir la posibilidad de que tuvieran que elegir entre la vida de Ino o la del bebé.
— ¿Tan mal está?— quiso saber preocupa.
— Sí, pero Ino está determinada a poner la vida de su bebé sobre la suya— respondió— le pidió a Sai-san que si debía escoger, salvará a su bebé.
— Pobre Ino-san— masculló con tristeza— espero que ambos puedan salir bien de esto.
— Yo espero lo mismo— ambas se quedaron en silencio.
— Deberías llamar a papá y arreglar las cosas con él— pidió la Uchiha, no le gustaba ver a su padre tan enojado.
— ¡No me contesta el teléfono!— chilló indignada.
— Sí es malcriado— bufó enojada— Quisiera seguir hablando contigo, pero voy a ensayar un rato para liberar todo el estrés que esto me ha generado. Soy yo quien tiene que lidiar con las preguntas de los niños.
— Lo siento, hija— se disculpó— Te lo compensaré de alguna manera. Hablamos mañana, te amo.
— Y yo a ti— contestó.
La llamada finalizó y ella dejó escapar una sonrisa, estaba segura que cuando ella volviera todo volvería a ser como antes. Todo había sido un feo malentendido, pues su madre se había ido a cuidar a su amiga Ino sin avisarle a nadie. Cuando llegaron a casa esa tarde hace poco más de dos semanas, Sakura ya no estaba. Sarada tuvo que llevarse a los gemelos de la casa para que no fueran testigos del arranque de furia que tuvo su padre cuando dio cuenta. Mientras iban en su auto a un parque de diversiones, ella llamó a su mamá para preguntar la razón de su ida y lo puso en altavoz para que los niños también pudieran hablar con ella. Sakura les explicó la situación de Ino y se disculpó por haberse ido sin avisar, también les aseguró que ella nunca pensaría en abandonarlos de nuevo, sólo lo hizo porque su amiga necesita de ella. La pelinegra y sus hermanos entendieron razones, pero su padre no. Sasuke estaba furioso porque no le consultó nada antes de irse, además de que la rubia no es de su agrado y poco le importa lo que le está pasando.
Encendió el estéreo, la música clásica sonó en bajo volumen en la habitación y comenzó a bailar. Olvidándose por un momento de todos sus problemas, sintiéndose en el paraíso. Eso mismo que sentía la pelirrosa cuando patinaba en su juventud.
La semana pasó volando, la Uchiha hablaba cada noche con su madre. Sakura les aseguró que estaría en casa para el fin de semana si todo salía bien con Ino. Pero no quería que le dijeran a su padre, ella quiere darle una sorpresa. El viernes por la noche, su madre llamó para avisarle que Ino ya había dado a luz y que tanto ella como la bebé estaban fuera de peligro. Pero los doctores decidieron mantenerlas en el hospital por si acaso y Sai le pidió que volviera a casa, que él se haría cargo del resto, se disculpó con ella por el problema que eso le había traído con su marido y le dio las gracias por todo. Organizaron todo para que Sarada pasara por ella en la estación de trenes el sábado cerca de las nueve de la mañana.
La Uchiha se precipitó a darle la buena noticia a sus hermanos, los convenció de acompañarla a buscarla en la estación y los manipuló para que dejaran a Sakura con Sasuke solos en la casa para que puedan hablar. Les prometió a ambos que los llevaría a donde quisieran, pero que tenían que ocultarle a su padre al decirle a donde iban con ella en la mañana, que alegarán acompañarla a sus ensayos y luego ella los llevaría a jugar con su prima.
Se levantó temprano, se dio una ducha, levantó a los niños, los mandó a hacer lo mismo y comenzó a preparar el desayuno.
— Buenos días— saludó su padre entrando a la cocina— ¿Hiciste café?
— Buenos días— saludó de regreso— Sí, toma— le sirvió una taza y se la entregó.
— ¿A dónde irás hoy?— interrogó al verla vestida para salir.
— Iré a ayudar a Kurenai-san con unas niñas nuevas, luego iré al cine y de compras con las chicas— mintió con tranquilidad— Llevaré a los demonios conmigo, quisieron acompañarme, pero luego debo llevarlos a jugar con Hikari-chan.
Hikari es la segunda hija de Itachi, ella es contemporánea con los gemelos y los tres suelen pasar mucho tiempo juntos. Quizás iría a visitarlos después de todo, extraña ver a Ichirou. Siempre hablan por chat, pero no es lo mismo. Su primo siempre estuvo allí para ella, apenas tiene trece años, pero de vez en cuando ella lo lleva al cine como en los viejos tiempos.
— ¿Y tú qué harás?— preguntó ella como quién no quiere la cosa.
— Me quedaré aquí viendo televisión— se encogió de hombros— Tengo trabajo está noche, quiero aprovechar toda la mañana para descansar.
Sarada pensó que él lo que menos haría sería descansar, sólo que aún no lo sabía y quiso reír por ello.
— ¡Ya estamos listos!— gritaron los pelinegros al bajar las escaleras.
— Vamos a comer, que nos vamos— ordenó.
— Tú sabes cuándo volverá o si al menos piensa regresar— pronunció Sasuke después de un rato. La Uchiha se lo quedó mirando atentamente en silencio.
— No sé nada— respondió ocultando lo mucho que el comentario de su padre la había hecho enfadar. Él asintió en silencio y no dijo nada más.
Mientras conducía hasta la estación de trenes, Sakura le envió un mensaje avisándole que ya había llegado. Ella le respondió diciendo que ya iban en camino para allá. Estacionó el vehículo, tomó de la mano a los dos niños y caminaron por la estación en busca de su madre.
— ¡Sarada, Sanada, Sasaki!— gritó Sakura desde lejos, emocionada de ver a sus tres hermosos hijos después de casi un mes.
— ¡Mamá!— ambos se soltaron del agarre de su hermana y corrieron a abrazar a su mami.
Ella se puso de rodillas para recibir a sus dos bebés, estaba tan feliz como ellos, de verse de nuevo. Los rodeó con sus brazos cuando llegaron a ella y comenzó a llenarlos de besos como podía.
— Mamá los extrañó tanto— creía que en cualquier momento lloraría.
— Hola, mamá— saludó la pelinegra con cariño, llegando tranquilamente hacia donde estaban.
— Me alegra mucho verte— se levantó y abrazó a su hija con fuerza, ella le devolvió el gesto con la misma intensidad— Tengo hambre, vamos a desayunar— ofreció.
— Nosotros desayunamos en casa— Sarada sonrió apenada— Pero podremos acompañarte a un café y degustar algunos dulces mientras tú comes.
— ¿Y tu padre?— preguntó en voz baja mientras iban de camino al auto.
— Se quedó en casa— respondió en el mismo tono— Tiene trabajo está noche y pretender descansar.
— Vaya, espero que al menos quiera escucharme— musitó con tristeza.
— Hmp— emitió en respuesta.
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Su parada para desayunar no duró demasiado, Sakura quería llegar a casa muy pronto para ver a su esposo. Sarada la dejó frente a casa, alzó los pulgares deseándole suerte y arrancó de nuevo, llevando a los gemelos con ella.
— Muy bien, Sakura. Tú puedes hacerlo, no es la primera vez que tienes dificultades con tu esposo y siempre salen de esas— trató de darse ánimos.
Se palmeó las mejillas unas cuantas veces para infundirse valor, tomó su maleta, su cartera y emprendió el camino hasta la entrada de su casa. Buscó sus llaves en su bolso y entró a la casa, evitando hacer el mayor ruido posible. Dejó su bolso y la maleta en el recibidor, se quitó los zapatos y caminó insegura al interior de la casa.
— ¿Ya llegaron? Creí que estarían todo el día fuera— habló él desde el sofá, sin despegar la mirada del televisor.
— Y lo estarán— pronunció con voz firme.
Él volteó la cabeza hacia ella, su expresión se volvió dura, sin demostrar ninguna emoción al verla de regreso. Ni siquiera se movió de su lugar, sólo la seguía con sus pupilas mientras ella se acercaba a él.
Sakura se arrodilló frente a él, se metió entre sus piernas y lo abrazó, escondiendo su rostro en su vientre.
— Odio que estés enojado conmigo, amor— sollozó. Sasuke seguía sin inmutarse, sólo la miraba con frialdad— lo lamento mucho, lamento que creyeras que volví a dejarte...
Su corazón vaciló al verla llorar, pero no hizo nada por tratar de consolarla o perdonarla para que ella dejará de hacerlo.
Sakura se apartó levemente, sin dejar de abrazarlo. Sus ojos llorosos se cruzaron con los duros de él. No podía soportar que él se estuviera comportando así con ella, pero era consciente de que él tenía razones para enfadarse.
— Cariño— su voz sonó aterciopelada, todo su cuerpo se estremeció involuntariamente. La mirada de su mujer lo decía todo, ella buscaría su perdón de cualquier forma...
Acarició lentamente las piernas de su marido, ascendió hasta casi rozar su entrepierna. Él contuvo el aliento, esperando con cierto anhelo lo que ella pretende hacerle. Tomó la elástica de su pantalón de pijama, acarició la piel de su abdomen con sus uñas. Sus ojos contemplaron como él, a pesar de lucir inexpresivo, esperaba pacientemente que ella siguiera con su cometido.
Levantó un poco su camiseta negra, dejó cortos besos alrededor de su ombligo y descendió hasta toparse con el borde de su pantalón. De nuevo deslizó sus dedos por la elástica y lo bajó sin prisa, junto a su ropa interior. Dejando a la vista el miembro aún flácido de él.
Delineó su labio inferior con su lengua, como deseaba darle la atención debida a ese delicioso pedazo de carne y que luego estuviera dentro de ella hasta dejarla sin aliento. Hacía casi un mes que habían estado separados, un mes donde le hizo falta el calor del cuerpo de su pelinegro favorito y sus atenciones en la cama.
— Cariño— pronunció de nuevo, tomando su pene y acariciándolo de arriba a abajo. Lo acercó a su boca y comenzó a lo besó desde la base hasta la punta— Perdóname— repetía entre cada beso.
Sasuke dejó descansar su cabeza y sus brazos en el respaldo del sofá, los gemidos se escapaban de sus labios sin que quisiera. Su esposa era malvada, planeaba llevarlo a la locura con esa vil lengua y hacerlo doblegar a su santa voluntad.
Gruñó como animal herido cuando ella finalmente lo metió en su boca, sus caderas se movían buscando más profundidad en su dulce boca, sus manos se enredaron en su cabello. Sus ojos se conectaron con los de ellas, oscurecidos por la lujuria. Se veía tan hermosa con las mejillas sonrojadas mientras intenta meterlo todo en su boca, aunque sea imposible.
Ella se deleitó la vista con la expresión de su marido al llegar al orgasmo, no abandonó su labor hasta limpiar la última gota de semen y al final le dejó un pequeño beso en la punta.
— Un día de estos...— gruñó con dificultad— vas a matarme...— ella sonrió con impudor y trató de alejarse de él.
Sasuke fue más rápido y la jaló hasta dejarla horcajadas sobre él y besarla con esa rudeza que ella tanto la volvía loca. Sus manos ansiosas tocaron todo lo que estaba a su alcance. Apretaron esos deliciosos pechos por encima de su blusa roja. Iba a comenzar a desabotonarla, pensó que perdería valioso tiempo en ello, así que la abrió de golpe, los botones de la blusa quedaron regados en el suelo y el sofá, pero poco les importó. Le sacó la blusa y casi al instante, su sostén le hizo compañía en el suelo.
— ¿Estoy perdonada?— preguntó en cuanto rompieron el beso.
— Cállate, no hables— ordenó bruscamente, bajando su rostro hacia sus senos. Esos rosados pezones estaban duros, esperando que vaya a jugar con ellos.
Aunque no quiso admitirlo, ya estaba perdonada. Pero aún tenía que cobrarse lo que hizo, por muy preocupada que estuviera por su amiga, ella no tenía porque haberse ido de casa como lo hizo.
Sakura no se molestaba en contener sus fuertes gemidos, mientras él muerde y chupa sus pezones como niño codicioso. Estaba demasiado mojada, pero sabía que él iba a torturarla como castigo.
— Te necesito ya— suplicó desesperada.
— Te dije que no hablaras— dijo con voz ronca, volviendo a unir sus labios en un hambriento beso.
Se levantó del sofá y la llevó con él, la puso contra la pared, dándole la espalda, le bajó el pantalón y las bragas al mismo tiempo, sostuvo sus brazos por encima de su cabeza.
— Dime lo que quieres, Sa-ku-ra— le susurró al oído.
— Quiero que...— un sonoro gemido salió de su garganta cuando él metió un par de dedos en su interior— q-quiero...— sus pensamientos estaban hechos un lío, presa del placer que su esposo le brindaba.
— Sigo esperando tu respuesta— demandó usando un dedo más.
— ¡Métemela ya!— logró decir, casi sollozando.
Él sonrió de lado, la conocía demasiado bien como para saber que era lo que quería. Pero esa mañana se sentía un maldito y no pretendía complacerla.
Decidió torturarla aún más, comenzó a mover sus caderas, su pene erecto chocando sobre ese trasero que tanto le fascina y sus dedos aumentaron el ritmo en su interior, mientras comenzó a acariciarle el clítoris con el pulgar. Mordió la parte de atrás de su cuello, sin molestarse en ser gentil con ella y no dejarle marcas.
Ella sentía que en cualquier momento explotaría, él definitivamente quería matarla. Sus pezones sensibles rozaban la pared, ansiaba que él los tocará o que dejará a ella hacerlo. El primer orgasmo la dejó con un ardor en la garganta, seguramente los vecinos creerán que su esposo la está golpeando y ella está desesperada. Y lo está, pero porque el bastardo deje de hacerla rogar por él.
— ¡Oh, Sí!— gritó complacida cuando él se adentró en ella.
Sasuke liberó sus muñecas y la sujetó con fuerza de las caderas, comenzando a marcar el ritmo que los llevaría al paraíso. Sakura giró la cabeza buscando el contacto con sus labios, cosa que él le otorgó sin replicar. Puso ambas manos en la pared para evitar golpearse por la brusquedad con la que él arremetía contra ella...
Ambos yacían acostados en el sofá después de haberse trasladado allí de nuevo y hacerlo continuamente por unas cuantas horas más. Ella estaba recostada en su pecho, él acariciaba su espalda distraídamente, sus piernas enredadas, ni siquiera se sabía dónde terminaba él y comenzaba ella.
— Vas a seguir evitando hablar conmigo— ella decidió romper el silencio.
— No hay nada de que hablar— argumentó.
— Si lo hay— debatió— ¿Crees que no me duele que pensarás que no tenía intenciones de volver? Eso me hace pensar que nunca has confiado en mí y crees que en cualquier momento volveré a perder la cabeza y te dejaré a ti y a nuestros hijos...
— Estaba enojado, dije cosas estúpidas— se defendió— Pero tú tampoco ayudaste mucho. Una tarde llego a casa con ganas de tener una cena tranquila con mi familia y consentir un poco a mi esposa en nuestra habitación. Y me encuentro con la desagradable sorpresa de que no está, cuando fui a nuestra habitación, se notaba que habías sacado algo de tu ropa como si tuvieras prisa por irte y ni siquiera dejaste una nota.
— Fue mi error, cariño. Lo lamento— se disculpó de nuevo— Sé que no debí hacer así las cosas, pero cuando ella me llamó llorando que podría perder a su bebé, salí corriendo a ayudarla en lo que pudiera y no pensé en lo que eso pudiera causar. Yo quise aclararlo todo, pero tú te negabas a responder las llamadas. Al menos Sarada y los gemelos me llamaron antes de sacar conclusiones, ellos se comportaron mejor que tú— reprochó.
— Fui un completo idiota, lo sé— admitió— Ya no quiero seguir discutiendo el tema ¿Sí? Quiero disfrutar mi día contigo hasta que tenga que irme a trabajar.
— Te amo, tonto— se levantó levemente para alcanzar sus labios.
— Yo también— ambos sonrieron entre besos y siguieron dándose cariños hasta que tuvieran la necesidad de comer algo y Sasuke debía comenzar a prepararse para irse.
...
Sarada decidió que ya era hora de volver a casa cerca de las seis de la tarde, esperaba no encontrarse con una desagradable escena de sus padres desnudos. Sin embargo, para cerciorarse, al llegar a casa le pidió a los gemelos que esperarán un momento afuera.
— ¿Están presentables?— preguntó cubriéndose el rostro, los había escuchado en la cocina.
— Déjate de tonterías— regañó su padre.
— Con ustedes nunca se sabe— hizo un gesto de resignación, ambos la miraron ofendidos. Aunque sabían que ella tenía razón— Pueden entrar, demonios.
— No les digas así— ordenó su madre.
— ¿Por qué tuvimos que quedarnos afuera?— preguntó Sasaki inocentemente, a su lado, su hermano esperaba la misma respuesta.
— Porque sí— respondió Sarada sin darles más remedio que quedarse con la duda.
— Sé responsable y ve a darle de comer a tu mascota— dictó Sasuke.
— Sí, sí— se encaminó al patio trasero para servirle de comer a su perra.
Los miró de reojo, obviamente se habían reconciliado. Los ojos de su madre brillaban y Sasuke se mostraba más relajado. De vez en cuando se lanzaban miradas furtivas y sonrisas discretas, como un par de enamorados que guardan un dulce secreto y se sintió feliz por ellos. No importan los años que transcurran, ese par siempre se amaría con la misma intensidad hasta su último aliento.
Fin.
Hasta aquí el capítulo de hoy.
Espero que el capítulo les haya gustado, ¿Creyeron que Sakura se fue de nuevo? Pues esa era mi intención desde el principio, aún su reconciliación fue bastante zukulenta. Amo la confianza que tiene Sarada con sus padres y los gemelos son un amor ¡Quisiera comerlos a besos con Sakura!
Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.
Nos leemos luego, besos.
EAUchiha.
