Acostumbrada que estoy a esto de las palabras, el título contiene el nombre del reto. Gui, utilicé la palabra que me dijiste o que me diste a entender no te preocupes :). Siento despedirme de este reto tan fantabuloso que nos autoimpusimos las dos y que tantas puertas me ha abierto a mi imaginación. Amo desde este momento a Severus Snape, pero no de manera obsesiva, simplemente le admiro por sus sentimientos y por muchas cosas que hizo.
Agradezco a Veela, melstrange y todo aquel que se haya dignado a leer esta serie de drabbles. Da igual que no hayan dejado review, pero lo agradezco.
Niesugui, Gui. No me acuerdo quien de las dos dijo de hacer esto, pero nos merecemos un buen plato de galletas. Te felicito por tu Draco/Astoria. Muchísimas gracias por todo de verdad. Estaré esperando a nuestro próximo trabajo juntas, si tu quieres aceptar mi invitación^^
Disclaimer: Hasta en la despedida, todo es de Jotaká. no se puede evitar :)
Sintió que el corazón le daba una voltereta en el pecho en un microsegundo. Apenas había subido tres escalones cuando vio el cuerpo inerte de James Potter tirado en el suelo. Ese hombre que había sido su enemigo durante tantos años, yacía con los castaños ojos abiertos de par en par en el suelo, pálido como la leche. Por dentro, se intentó preparar para lo peor. Rezó a todo Dios habido y por haber para que Lily estuviera sana y salva. Siguió su camino hacia una puerta blanca que rezaba "Harry" con un cartelito azulado. Posó su mano en el pomo y cerrando los ojos, entró en el cuarto.
Impensable.
Apenas fue un segundo. Severus cayó de rodillas al suelo, sintiendo como se desmoronaba por dentro. Se sintió desolado, apaleado. Olvidó por un momento quien era. Tomó con delicadeza el cuerpo, abrazándole y derramando lágrimas encima. Acarició su lacia melena, de ese pelirrojo oscuro que brillaba con el sol.
-¿Por qué lo hiciste Lily? ¿Por qué no te salvaste?
Una pregunta muerta en la garganta de Severus Snape. Los recuerdos le azotaron violentamente, como látigos llenos de pichos. Un punzada en su pecho que rompió su corazón. Las lágrimas escocían, como si fueran ácido. Ya le daba igual todo, le daba igual que estuviera bien o mal. Apenas pensó en que James estaba a escasos metros de la destrozada habitación.
Besó con cuidado los labios que le habían tocado por primera vez. Ese beso salvaje, anhelado y desesperado bajo la lluvia. Lo recordaba como si hubiera sido ayer el día en que tenían 15 años. Ahora ella estaba muerta. Fría, pálida e inerte en sus brazos.
Escuchó un lloro lastimero. Alzó la cabeza y se encontró con las dos esmeraldas que acababa de perder por su estupidez. Un niño de 1 año, de revuelto pelo negro. Levantó con dificultad su cuerpo, para acercarse al bebé que lloraba. Acarició su cabeza para que se calmara, observando la cicatriz en su frente. Tocó su pecho por encima del pijama azulado que llevaba puesto, rozando la parte donde había una cicatriz imposible de curar.
Esa cicatriz que ambos tenían. La que ninguno de los dos olvidaría.
Desapareció en una marea de emociones, dejando al niño solo. Sabía que Black aparecería de un momento a otro. Pensó en Lily. En la Lily que él amaba.
La que había hecho desaparecer el veneno de su corazón.
