hola chic s ¿cómo están? Yo aquí trayendo al fin una nueva actualización. Les pido mil disculpas por la demora, tenia todo listo para subir este capitulo el martes pero se rompió mi netbook y no pude hacerlo. Ahora estoy usurpando la computadora de mi hermano hasta que pueda arreglar la mía.

Si todo sale bien la semana que viene podrán tener actualización de Casi Perfecto y la semana siguiente de Mas Allá del horizonte. Tenia bastante avanzado el capitulo de Un nuevo amanecer, pero esta en la compu dañada por lo que no sé cuando pueda repararlo.

Bueno, no las entretengo más. Miles de besos y gracias infinitas por su paciencia y seguir leyendo mis historias.

Espero muchos comentarios.

Carito

Capitulo BETEADO por Flor Carrizo, beta de Élite Fanfiction: www. facebookgroups /

Entre el deber y el querer

Mi soledad y yo

¿Cómo estás, qué tal te va?
¿Allí es de día o es de noche?
¿Es bonita esa ciudad
para ir de vacaciones?

¿Y el hotel era verdad,
que es tan romántico y lujoso?
Como en la publicidad
con esas playas de las fotos.

En Madrid está lloviendo
y todo sigue como siempre,
solamente que no estás
y el tiempo pasa lentamente.

Estoy loco por que vuelvas
hace tanto que te fuiste,
no te irás a enamorar allí,
lo prometiste.

Por favor, cuando puedas llámame,
que mi soledad y yo
sin ti no nos llevamos bien.

Me paso el día planeando
nuestro encuentro imaginario.

Te besaré, como nadie en este mundo te besó,
te amaré con el cuerpo, con la mente,
con la piel y el corazón,
vuelve pronto te esperamos, mi soledad y yo.
Te besaré, como nadie en este mundo te besó,
te amaré con el cuerpo, con la mente,
con la piel y el corazón,
vuelve pronto te esperamos, mi soledad y yo.

Ya no te entretengo más,
sé que te está esperando alguien,
dile que debe hablar más bajo
al que ha dicho que no tardes.

Solo un último favor te pido antes de colgar,
dile que te cuide mucho,
me prometes que lo harás.

Y ahora cálmate,
que no note que has llorado,
disimula que estás bien como yo lo hago.

Y mientras seguiré pensando
en nuestro encuentro imaginario.

Te besaré, como nadie en este mundo te besó,
te amaré con el cuerpo, con la mente,
con la piel y el corazón,
vuelve pronto te esperamos, mi soledad y yo.
Como nadie en este mundo te besó,
te amaré con la piel y el corazón,
mi soledad y yo.

Te besaré, como nadie en este mundo te besó,
te amaré con el cuerpo, con la mente,
con la piel y el corazón,
vuelve pronto te esperamos, mi soledad y yo.

Los días eran eternos para todos, Emmett estaba profundamente arrepentido de todo lo que había pasado con Rosalie, se recriminaba una y otra vez la poca comunicación que mantuvo con Bella. Se machacaba insistentemente por el hecho de haberse dejado llevar por los celos sin razón. Si tan solo hubiese confiado en el amor hacia Isabella y en la confianza que tenían en su particular pareja todo hubiese sido diferente. Lo peor de todo era que además de perder a la mujer que amaba, tenía miedo de perder también a su mejor amigo. Ellos que desde pequeños se habían acompañado en cada momento de la vida, ahora realmente tenían un motivo de peso para dar por zanjada su amistad.

Edward, por su parte, sentía que la vida se le iba de las manos con la ausencia de Bella, tener a sus hijos lejos le pesaba una barbaridad y, para peor, que la culpa de todo fuera de Emmett, quien era como un hermano para él, lo hacía sentir peor. Sentía que había perdido todo. Lo mejor que le había pasado en la vida estaba escurriéndose entre sus manos.

Isabella, era solo la sombra de lo que alguna vez fue. Había perdido por completo el apetito y su rostro lucía cansado y ceniciento. No podía conciliar el sueño, ya que cada vez que lo intentaba se imaginaba a Emmett siéndole infiel. Y cuando finalmente lograba vencerla el cansancio, las pesadillas de imaginar como Félix golpeaba a su hija, la atormentaban.

Kate, por suerte, mejoraba poco a poco. Cada díala pequeña estaba más tranquila de encontrarse nuevamente rodeada del amor de su madre y sus pequeños hermanitos a quienes amaba con locura. Podía darse cuenta que su mami estaba muy triste y aún no comprendía porque no podía volver a estar en la linda casa donde vivía junto a Edward y Emmett. A la niña le encantaba esa particular familia que su mami había formado. Le encantaba tener dos papás, le gustaba sentirse tan amada y cuidada. Pero no le iba a decir nada a su mamá porque no quería verla más triste, no quería que su mami llorara más.

Los mellizos no comprendían nada. Querían a sus papás con ellos constantemente. Querían la playa, la arena y andar desnudos todo el tiempo. La ropa les molestaba, no se acostumbraran a no tener a sus progenitores exclusivamente para ellos, la comida era muy diferente a lo que comían normalmente y caminar era sumamente difícil en esos pisos brillantes y resbalosos por los que ahora lo hacían. La forma que tenían de decirle a su mami todo lo que pasaba era llorando y pidiendo por sus papás. Pero todo era en vano, porque nada volvía a la normalidad.

Finalmente, dos días después de que Isabella dejara la casa con sus hijos, se puso en contacto con Edward para acordar un horario en el que pudiesen visitar a los niños. Ella era consciente, de que por más que estuviese enojada con Emmett, sus niños no tenían por qué mantenerse alejados de él, pero aún no estaba preparada para enfrentarlo por lo que tendrían que hacerlo de otra forma.

—Hola —respondió el cobrizo tras atender el teléfono.

—Hola, Edward, soy yo, Bella—explicó la castaña.

—¿Cómo estás, Bella?—preguntó él, tras la sorpresiva llamada.

—Si te digo que bien te mentiría, ¿tú que tal estás?

—Mal, los extraño mucho, Bella. No sé por qué me dejas afuera de todo esto, yo no hice nada malo, sin embargo lo perdí todo—expresó él derrotado.

—Perdón—dijo entre sollozos—. Es solo que necesito tiempo, estoy perdida, Edward. Nuestra vida perfecta de destruyó y ahora no sé qué hacer. Te pido perdón por fallarte, pero necesito pensar en cómo acomodar esta nueva vida que nos espera.

—Te daré todo el tiempo del mundo, pero por favor no me abandones—dijo con voz rota.

Un silencio de hielo se instaló en la línea. Isabella suspiró y tomó fuerzas para hablar de sus mellizos.

—Edward, llamaba para hablar de los niños. Ellos los extrañan mucho y quieren a sus papás. ¿Podrías buscarlos y llevarlos para que pasen la tarde con Emmett y contigo?

—Sí, amor, claro que haré eso. Dime dónde quieres que los busque y a qué hora.

—En una hora está bien, estamos en el Seattle Inn.

—¿Cómo está Kate?

—Ella está mejor, sus heridas están sanando. También los extraña mucho—agregó.

—Entiendo que no quieres que pase tiempo con nosotros, pero ¿al menos me dejarás verla un momento?

—Sí, Edward, podrás verla cuando vengas. Nos vemos en un rato entonces.

—Ahí voy a estar, Bella. Te amo, los amo—dijo el cobrizo antes de cortar la comunicación.

Tras colgar el teléfono, Edward fue hasta la habitación donde Emmett descansaba.

—Emmett, ¿puedo pasar?—preguntó tras golpear la puerta.

—Sí, Edward, pasa —contestó Emmett.

El doctor se sorprendió cuando entró a la habitación. Observó a su mejor amigo tirado en la habitación, lucía sucio y desaliñado. Una barba de varios días crecía en su rostro y sus ojos estaban rojos e hinchados.

—Tienes una hora para bañarte, afeitarte y adecentarte un poco. Bella me llamó, quiere que busque a los niños así los vemos. —Pasó su mano por su cabello—. Nos extrañan.

—Estaré listo —dijo sin muchas ganas.

Edward acortó la distancia que lo separaba de su amigo y lo tomó bruscamente de su remera.

—Escúchame muy bien, cagaste la familia que habíamos formado. Me alejaste de la mujer que amo y de mis hijos, no permitiré que la vuelvas a cagar. Esos niños son mi vida y por tu inmadurez están sufriendo. Es hora que muevas tu culo de la cama y dejes de autocompadecerte y hagas algo por la mujer que dices amar.

Soltó de pronto a su amigo y fue directo al cuarto de invitados que ahora ocupaba. Debía bañarse y vestirse para poder volver a ver a sus hijos y necesitaba reconquistar a su mujer.

Una hora más tarde, una recepcionista anunciaba a la habitación donde se alojaba Isabella junto a los niños que el doctor Edward Cullen la buscaba y ella le pidió que lo dejara pasar.

Bella estaba muy ansiosa y los niños también. Cuando el cobrizo golpeó suavemente la puerta, ella abrió rápidamente la puerta y lo hizo pasar.

—Hola, cariño—saludó él tomándole el rostro y depositando un pequeño beso en sus labios.

—Hola, Edward—dijo ella con lágrimas en sus ojos. Sin aguantar ni un segundo más lo abrazó fuertemente y se derrumbó.

—Tranquila, mi amor, todo va a estar bien. —Depositó miles de besos en su cabello, mientras la sujetaba conteniéndola.

—¿Por qué tuvo que pasar esto?

—No lo sé, Bella. Pero nos dejó a todos destruidos. Nadie es feliz con esto.

—Perdóname. Sé que tú no tenías que pasar por esto, pero necesito que comprendas cómo me siento.

—Shh… Tranquila, tómate el tiempo que necesites para estar bien, pero sé que pronto todo se solucionará.

—¡Papi!—exclamó el pequeño Seth y corrió a sus brazos.

—¡Hola, campeón!—Lo tomó en sus brazos y lo llenó de besos. El pequeño también lo abrazó y llenó de besos babosos mientras reía. Fueron esas risas las que llamaron la atención de Charlotte y Katherine que de inmediato corrieron hacia la entrada de la habitación.

—¡Papi, yo tañé muuto! —exclamó la pequeñita mientras lo abrazaba.

Kate, decidió esperar a un costado, aunque moría de ganas de abrazarse a ese hombre que le daba tanta confianza.

—Princesita, yo también te extrañé muchísimo—dijo el médico con lágrimas en los ojos—.Los extrañé tanto a ambos.

Tras llenar de besos y abrazos a los mellizos, buscó con la mirada a Kate, quien abrazaba a su madre.

—Hola, Kate, ¿cómo estás, princesa?

—Hola, pa… digo Edward—se corrigió de inmediato.

—¿No hay un abrazo para mí?—consultó él abriendo sus brazos.

La pequeña se abalanzó a él y lo llenó de besos y abrazos.

—Te extrañe mucho, papi—susurró bajito en su oído.

—Yo también, Kate, te extrañé mucho, pequeñita.

—¿Por qué ya no podemos estar todos juntos? —preguntó la niña dejando anonadados a los adultos.

—A veces los grandes nos lastimamos entre nosotros sin querer. Es por eso, que necesitamos tiempo para solucionar los problemas que tenemos y entonces podremos volver a estar todos juntos—trató de explicar el médico—. Mientras tanto, tenemos que ser fuertes y seguir amándonos. En cuanto a nosotros, los adultos, dejemos de sentir dolor podremos empezar a resolver todo.

—Así es, mi amor, en unos días podremos hablar todos e intentar solucionar nuestros problemas—expuso Bella.

—Mami, ¿puedo ir con Edward y Emmett?—preguntó Kate, sorprendiendo a su mamá.

Edward miró a Bella, indicándole que no tendría problema en llevarse a la pequeña con ellos.

—Si tú quieres, hija, ve. Si sientes en algún momento que quieres volver conmigo, solo tienes que llamarme.

—Gracias, mami.

—Bueno, pequeños, es hora de ir a ver a papá Emmett. ¡Vamos!—dijo el cobrizo, intentando quitarle dramatismo al momento.

Al cerrar la puerta de esa habitación, Isabella, por primera vez en mucho tiempo, se quedó sola.

Aprovechó el momento para preparar un baño de espuma y tomar una copa de vino. Después de muchos años, colocó música fuerte y dedicó unos momentos para ella misma. Durante esos minutos, en los que el dolor la invadía, logró entender que necesitaba una explicación de Emmett. Necesitaba saber por qué uno de los hombres a los que amaba la engañó. Necesitaba una explicación. No podía quedarse a esperar simplemente que el tiempo pasara. Necesitaba poder encontrar respuestas a la situación que le tocaba vivir. Y esa explicación solo se la podía dar él.

Tenía que ser fuerte, tenía que poder enfrentarse a cualquier respuesta por más dolorosa que esta resultara. Ella se merecía ser feliz, sus hijos también necesitaban ser felices, necesitaban una respuesta para entender qué había sucedido, necesitaban entender por qué sus papás ahora no vivían con ellos.

Tras tomar un té, luego de vestirse, tomó el teléfono y llamó a la casa donde estaban sus hijos.

—Hola—respondió la voz de la madre de Edward.

—Hola, Esme, soy yo, Bella.

—Cariño, ¿cómo estás?

—Estoy como puedo, Esme, esto está siendo muy difícil para mí.

—Sí, hija, lo entiendo, para los muchachos también está siendo muy difícil. Ambos están desbastados. —Un silencio incómodo se apoderó de la llamada—. Gracias por enviarnos a los niños hoy, realmente los extrañábamos mucho.

—Ellos también los extrañaban. Discúlpame por alejarlos así de ustedes. Prometo que pase lo que pase con Emmett y Edward seguirán viendo regularmente a los niños.

—Gracias, Bella. ¿Quieres hablar con los niños? —preguntó.

—¿Está Emmett por ahí?—consultó nerviosa.

—Sí, cariño, ya te comunico con él.

Los segundos que pasaron hasta que el soldado respondió el teléfono parecieron eternos.

—Hola, Bella, ¿cómo estás, cariño?—pronunció el teniente con voz apresurada.

—Hola, Emmett, estoy como puedo—respondió ella.

—Por favor, cariño, necesito que hablemos. Déjame explicarte lo que sucedió.

—Precisamente eso es lo que quiero. Necesito que hablemos. ¿Podrías venir en una hora? Preferiría hacerlo lo antes posible y además es lo mejor hacerlo ahora que los niños están con Edward.

—En una hora estoy allí, Bells. Te amo, preciosa —dijo antes de cortar la comunicación.