Í QUE PASEN VEINTE AÑOS
Al pasar los años, las semanas siguientes a la batalla de Hogwarts se han convertido en mi mente en un inmenso pozo de oscuridad, dolor y desesperación durante los cuales actué como una austera transmisora de malas noticias, eficaz organizadora del funeral colectivo que tuvo lugar en el colegio, leal colaboradora de McGonagall y Shacklebolt en la reorganización del mundo mágico, y esforzada nuevo miembro de la menguada Orden del Fénix en la puesta a buen recaudo de los mortífagos capturados (incluyendo, provisionalmente, a los Malfoy), y principalmente, en el paño de lágrimas de Christine Burbage.
Esa última fue la única tarea en la que puse algo de interés, y por ello me resultó la más devastadora. Yo no sabía que el corazón podía doler así. Y había derramado muchas lágrimas por Charity cuando comprendí que nunca querría de mí otra cosa que amistad. Pero me sobrepuse, consolándome con la idea de que su amistad sería suficiente, porque incluso solo eso, era lo más grande que había tenido en la vida.
Ahora, no tendría ni eso. Este nuevo dolor no tenía paliativos. Y a mi propio dolor se sumaba el de ver a la señora Burbage envuelta en el suyo, buscando mi apoyo a pesar de que me mantenía en pie como un espectro. Era solo un cadáver con mejor aspecto que los del catafalco, un cascarón vacío de alma.
Al no haber cuerpo que enterrar, mucha gente no se enteró de lo que le había ocurrido a Charity. Perdí la cuenta de las veces que su madre, su hermana Zoe que apareció junto con su madre y no se aportó un momento de ella, Séptima, Aurora y yo tuvimos que explicar una y otra vez las circunstancias de su muerte. Y cada vez, la desolación me cubría como una marea negra.
Para rematar la faena, tuvimos que asistir a la vista donde se establecería legalmente las circunstancias de la muerte de Charity. En esta ocasión, todos los Malfoy declararon ante el tribunal en una sesión que a duras penas soporté, para acabar concluyendo lo que yo ya sabía. Escuché con indiferencia como un tribunal, esquilmado por la ausencia de los miembros fallecidos y los que habían sido desposeídos de la dignidad judicial por su dudosa participación en la época de gobierno de Thicknesse-Voldemort, declaraba la no culpabilidad de Draco y Narcissa Malfoy, y dictaba pena de reclusión en Azkaban para Lucius. ¿Sentí alguna satisfacción por ello? No sabría qué decir. Tal vez, cuando pasara más tiempo, apreciaría que se hubiera hecho justicia. Un día, casualmente, me crucé en el tribunal con Andromeda Tonks. No era más que la sombra de lo que había sido. Sí, tal vez en el futuro agradeceríamos que se hubiera hecho justicia, pero en aquel momento, creo que a ninguna de las dos nos importaba un carajo donde acababan los asesinos de nuestros seres queridos. Los queríamos de vuelta a ellos.
Así fue pasando el verano, el verano más largo de mi vida, un verano de días uniformemente dolorosos. Hasta que uno de esos días, densos, lentos, recibí una carta.
…
No probé bocado durante mi segundo banquete de inauguración de curso en Hogwarts. El intenso trabajo de restauración del castillo tras los destrozos que había sufrido no había concluido, y si una quería mirar, era fácil detectar huellas de maldiciones en los muros o la falta de estatuas en los corredores. Pero yo solo echaba en falta a una persona. Lo demás me era indiferente. Tampoco presté atención cuando Pomona Sprout, como nueva subdirectora, trajo el Sombrero Seleccionador. Pocos alumnos nuevos iniciarían el curso: algunos candidatos a una plaza habían muerto, a otros sus familias los habían retenido en sus hogares, temerosos de que aun quedaran mortífagos sueltos. Sin embargo, las mesas de las casas estaban a rebosar, ya que muchos alumnos iban a repetir lo cursado el año anterior.
Yo esperaba no tener que repetir nunca lo vivido el año anterior, el año que pasé buscando a Charity. Un año lleno de dolor. Y sin embargo, allí estaba, de nuevo en Hogwarts, sabiendo que el colegio ya nunca sería igual para mí, pero incapaz de alejarme de los lugares por donde había paseado con ella, incapaz de alejarme de los lugares donde fuimos felices. ¿Hubiera preferido no haberla conocido, no haber regresado a Hogwarts aquel año como sustituta de Hagrid? A través del dolor que inundaba todo mi ser, una certeza se abrió paso: enseñar en Hogwarts y conocer a Charity era lo mejor que me había pasado nunca, incluso con todo el dolor que vino después. Conocerla y amarla me había cambiado, y a mejor, y por supuesto que ahora había un gran vacío en el colegio, y que la tarea de llenar ese vacío era enorme, pero alguien tenía que acometer ese trabajo. Alguien tenía que hacerlo.
La directora McGonagall estaba terminando su discurso. No había prestado ninguna atención a sus emocionadas palabras. Ya eran demasiados discursos dolidos, cargados de homenajes y esperanzas de un futuro mejor.
-… y ahora presentaré a los profesores que se incorporan este año a Hogwarts. La profesora Jones… el profesor Goshawk…. La profesora Grubbly-Plank, que impartirá Estudios Muggles.
Séptima y Aurora, sentadas cada una a un lado de mí, me apretaron afectuosamente las manos. Yo miré al cielo del comedor, que tomaba el color de una clara noche estrellada, y musité:
-Gracias, Charity. Va por ti.
Dedicado a la Charity particular de cada quién.
Y se acabó. Si alguien ha conseguido llegar hasta aquí, muchas gracias. Para mí fue muy difícil, pero lo hice, y me alegro de haber sacado todo esto de mí.
