Nota: Esta semana habrá un solo capítulo (o sea este) por razones personales, sepan disculpar T.T. Hasta el martes próximo, Mary.


Las Noches

Los pasillos eran exactamente como los recordaba. Estaban igual que en la época de Aizen. Las paredes blancas y el olor dulce, por material con el que estaban hechas. Caminaba lentamente, con las manos en sus bolsillos, intentando sin querer no llamar demasiado la atención.

Al principio había querido entrar con una actitud necia y despreciativa, provocando algún recelo por parte de Ulquiorra. Pero conforme se acercaba al palacio tuvo la ridícula necesidad de recordar lo que se sentía ser superior que sus pares que no vivían allí.

Estaba solo, como al comienzo. Él junto a su soledad devastadora, en una zona total y completamente deshabitada gracias a la masacre que hasta él mismo conoció por parte de alguno de sus compañeros. Nunca había participado de tales cosas, pero sabía a la perfección que los objetivos de Aizen nunca habían sido del todo amables. Los hollows siguieron siendo para él sólo una herramienta más para lograr sus objetivos, que nunca llegó a entender.

La sala principal estaba cerca y se sentía como nunca antes. La ansiedad absurda de verse en esa situación de desobediencia le había hecho olvidar que su propósito no era malo, sino más bien preocupado. ¿Por qué había tanto movimiento? Si hasta ese momento todo había ido bien. El único problema notable del que él estaba al tanto gracias a la mujer humana, era que Ichigo estaba tirado en una cama desde hacía años.

La cueva arenosa era oscura y húmeda. Pero el líquido que embebía el ambiente no era agua. No pudo identificar qué era el olor, pero le revolvía el estómago. Un gemido insistente trepanaba sus tímpanos y hacía que cada uno de los cabellos de su cuerpo se erizara y temblara. Podía detectar una pequeña presencia dentro de la cueva y justamente por eso estaba allí. Exhaló generando vapor y continuó caminando, adentrándose en la penumbra azulada.

El lugar era pequeño y los matices azules celestes que la luz de la luna creaba eran hermosos. El gemido se intensificaba y gracias a eso pudo notar un ser vivo, moviéndose con dificultad sobre el suelo arcilloso. Corrió hasta llegar a su lado y comprobó que conocía a ese ser.

Grimmjow… – dijo entre asustada y confundida. El sujeto estaba cubierto con una mezcla de sangre y ese líquido perturbador, con un aspecto que no era para nada bueno. Sus ropas estaban roídas y desgarradas y la expresión de su cara era de absoluto cansancio y dolor.

Él, al escuchar su nombre, abrió un ojo con dificultad y comprobó que era la mujer humana que hacía poco había conocido en Las Noches por el capricho de Aizen. Vio cuando ella llevó sus manos a sus horquillas y luego una luz anaranjada. El calor lo envolvió y no sintió nada más.

Agitó levemente su cabeza al recordar aquello que aún seguía debiéndole a esa tonta humana, necia y mal agradecida de Orihime. ¿Quién se creía que era? ¿Por qué se había atrevido a salvarlo en aquella oportunidad? Hubiera preferido morir a tener que deberle su vida a esa asquerosa criatura. Hizo una mueca de asco e ingresó a la sala de reuniones, donde no había nadie.

Todo estaba en calma. Se acercó a su antiguo asiento en la mesa y lo rozó con su mano derecha. Un ruido llamó su atención y giró inmediatamente la cabeza.

– Grimmjow – dijo la voz femenina.

– Hallibel – contestó él inmediatamente y retiró la mano, para volverla a su bolsillo.

– Sabes que no puedes estar aquí – dijo serena. Se acercó hasta quedar detrás de la silla de la cabecera, que ahora le correspondía.

– Quiero saber por qué andan tantos shinigamis por aquí

– Veo que notaste la presencia de la Comisión

– ¿Otra vez esa Comisión de mierda? – apretó los dientes.

– Creen que alguno de nosotros atacó al Capitán Hitsugaya – lo miró profundamente.

– ¡¿Qué? – gritó ofuscado.

– ¿No sabes nada de lo que sucedió?

– ¡No! ¡¿Cómo voy a saber algo si estoy afuera todo el maldito tiempo? – se acercó a ella.

– Espera Grimmjow – la voz de Ulquiorra hizo que parara en seco y sus labios lo traicionaron, formando una irónica sonrisa.

– ¿Qué quieres?

– ¿Tú no sabes nada sobre lo que pasó con el Gran Rey Cero? – volvió a preguntar. Grimmjow rió un momento, luego lo miró a los ojos.

– No. Pero pregúntale a tu mujercita… – sonrió locamente. – Ella está demasiado mezclada con la mierda para que no lo sepa – Ulquiorra se alzó sobre él con un odio que jamás creyó sentir y lo tomó por el cuello, arrastrándolo unos pasos.

– ¡Basta! – ordenó Hallibel. Ambos obedecieron al instante. Ulquiorra se apartó y Grimmjow se acomodó la ropa sin dejar de sonreír. – Debemos estar tranquilos y pensar cómo actuaremos. Nada será tan fácil como hasta ahora teniendo shinigamis todo el tiempo aquí – los dos hombres la miraron.


Sociedad de Almas

– Estamos aquí reunidos para que firmemos el acta de nombramiento de los representantes de la Sociedad de Almas en Hueco Mundo que formarán parte de Comité de Investigación que estará a cargo de estudiar cada evidencia sobre lo sucedido recientemente – habló Akira Satô en representación de la Cámara de los 46. – Por este motivo convocamos a todos los Capitanes y Tenientes que no están a cargo de misiones en este momento – hizo una pequeña pausa. – Comandante General Yamamoto, por favor, lea la resolución del trabajo conjunto de la Cámara, la Comisión de Control y usted – se hizo a un lado y dejó que Genryuusai avanzara unos pasos y quedara en medio del escenario imaginado.

– Capitanes y Tenientes a mi cargo, hemos considerado necesario evaluar cada uno de sus perfiles a la perfección e incluso muchos de ustedes han recibido un representante de la Cámara de los 46 que los entrevistó en las últimas dos horas. Esta reunión extraordinaria ha sido convocada con el único propósito de nombrar a los cuatro integrantes del Comité de Investigación del que ya han sido notificados por escrito gracias a la colaboración de la Capitana Soi Fong – tragó saliva y sostuvo con firmeza frente a él un papel escrito con tinta china que aún estaba fresca. Carraspeó. – La Cámara de los 46, representada por el Señor Akira Satô, junto al Comandante General de la Corte de Espíritus Puros, Capitán Yamamoto Genryuusai y la Presidenta de la Comisión de Control sobre Hueco Mundo, Capitana Retsu Unohana, ha decidido dejar establecido mediante la presente el Comité de Investigación, acordado previamente con la junta que gobierna Las Noches en Hueco Mundo, formada por Hallibel Tier, Ulquiorra Ciffer y Orihime Inoue. El mismo intervendrá directamente en el caso Hitsugaya y tendrá libertades extraordinarias en Hueco Mundo y la misma Sociedad de Almas durante el período inextensible de dos meses a partir del día de la fecha. Su misión será desenmarañar lo sucedido en la zona Oeste del desierto de Hueco Mundo y develar el culpable de que el Capitán Comandante en Jefe de las fuerzas de Control sobre la repoblación de Hueco Mundo, Toushiro Hitsugaya, haya sufrido daños materiales, físicos y psíquicos cuando se desempeñaba en su misión. Los elegidos son: a cargo del Comité como Comandante en Jefe, el Capitán Toushiro Hitsugaya, y como investigadores a su cargo, los Tenientes Momo Hinamori y Kira Izuru. El responsable de las comunicaciones y los informes testimoniales será el Capitán Juushiro Ukitake. Los abajo firmantes están de acuerdo y se hacen responsables de esta elección – el murmullo se hizo presente.


Las Noches, laboratorio

– Deberás esperar en mi habitación hasta que Nezumi te atienda. No creo que tarde mucho, pero es preferible que le avise. Ven, entra – habían caminado durante varios minutos a través del desierto que parecía interminable y se habían colado por una pared gruesa y blanca de lo que parecía ser una enorme mansión deshabitada. El olor que sentía era dulce y le recordaba algo que no podía definir. Las paredes eran blancas y sólidas, sin ventanas, y los pasillos largos y sembrados de puertas. – ¿Qué esperas? – Kaien dio un par de pasos hasta ingresar en la habitación de la hollow, que le recordó a cualquier habitación de una chica humana. La cama, al estilo occidental, estaba deshecha. Las sábanas y colchas eran blancas. Había una cómoda pequeña con un espejo, plagado de papeles y una cartuchera con lo que parecían ser cosméticos extraños. Cerca de la única ventana con barrotes había una pequeña mesa redonda con dos sillas, sobre la cual yacían unas cuantas tazas vacías. – No te fijes en el desorden. Ya vengo – Kokoro se retiró, cerrando la puerta con llave. Kaien suspiró.

Estaba tranquilo. Su corazón latía acompasadamente y no se había exaltado ni una sola vez desde que atravesó la garganta. ¿Qué era aquel extraño lugar? Hueco Mundo. Sus pensamientos lo llevaron a recorrer los recuerdos que tenía de su sueño y una vez más sintió que conocía esa arena blanca, esa media luna extraña y ese olor dulce que lo envolvía. Suspiró y se dejó caer en una de las sillas junto a la mesa.

Dejó el álbum con cautela y se recostó en el respaldo. La luz de la luna se colaba y le daba a todo un aspecto espectral. No podía saber exactamente cuánto tiempo había transcurrido desde que entraron en ese mundo, pero podía afirmar que no era demasiado. Los pies le ardían de tanto caminar y la arena se había colado dentro de sus zapatillas. Se aflojó los cordones y se quitó el calzado. Había caminado varios kilómetros, de eso estaba seguro. Pero su percepción del tiempo estaba alterada porque su cabeza le indicaba que sólo estuvo allí por unos cuantos minutos.

Se estiró y bostezó. Estaba cansado y podría dormir unas cuantas horas seguidas. Pero al mismo tiempo sentía cierta curiosidad por saber quién era ese tal Nezumi y qué era lo que tanto anhelaba ver o saber de él. Sus poderes nunca habían estado presentes, incluso el mismo Urahara había comprobado en varias oportunidades que no tenía ningún atisbo de reiatsu shinigami en su alma. ¿Qué podría hacer este sujeto en Hueco Mundo para despertar aquello que durante quince años estuvo supuestamente dormido?

La llave giró y Kaien se apresuró a ponerse las zapatillas. Kokoro entró con cara de pocos amigos. Se notaba molesta y cansada.

– ¿Sucedió algo? – pregutnó Kaien con un tono de preocupación.

– No – dijo mintiendo. – Nezumi quiere verte ahora mismo. Acompáñanme – lo miró directamente a los ojos. Kaien devolvió su mirada. – Pero – dudó un instante – ten cuidado con lo que dices. No es un sujeto de fiar. Primero escúchalo y luego piensa bien lo que le cuentas. Puede que sepa bastante más de lo que tu crees sobre tí, pero no te dejes llevar – bajó la vista y giró hacia afuera. – Vamos – Kaien se levantó y ambos salieron de la habitación.