SOBRELLEVANDO NUESTRA VIDA:
-No se, pero…solo se que, todo estará bien.-Edward solo sonrió, y me besó la frente.
-Todo estará bien amor, mientras estemos juntos, podremos contra todo, lo sé.- sabía que tenía razón, como también sabía que no sería la cosa más fácil del mundo, pero lo sabríamos sobrellevar. Lo sé.
Fuimos a la casa de Edward; llovía fuerte, las grandes gotas caían en el capote del auto. No era extraño que lloviera, era solo que eso no ayudaba al momento en el que estábamos.
Entré en la acogedora morada, y me senté en uno de los sillones de la sala; no sabía que hacer, escapar había sido tan fácil, pero el verdadero desafío venía ahora.
-No sé que hacer.- admití nerviosa y algo avergonzada.- Honestamente no sé.
-Bella tranquila, todo estará bien, he estado en situaciones peores, y he podido salir de ellas.-su seguridad ayudaba bastante; escucharlo hablar de esa forma me hacía fuerte.- Ahora solo queda ir y buscar un nuevo trabajo…-hizo una pausa, como anticipándose a dar una noticia difícil.- tú también tendrás que ir a buscar trabajo. Puedo mantener a las justas a Jennifer, entre pagar el colegio, teléfono, casa, luz, agua, comidas, y gastos adicionales; no me alcanzaría para mantenerte a ti también.- dijo avergonzado, con la cabeza gacha.- siento no ser uno de tus amigos herederos o hijitos de empresarios o banqueros que puedan darte la vida de una reina; no tengo tanto dinero, no podré darte todos los lujos que te mereces, pero te aseguró que mientras vivas aquí, tú serás la reina de esta casa, y la reina de mi corazón.
Me había quedado con la boca abierta, nunca nadie me había dicho algo tan bonito.
-Amor, no me importa que no tengas dinero, yo también trabajare, ya es hora de que sea responsable. No me importa que no tengamos tantos lujos, yo soy feliz contigo y con Jenn. Me basta y me sobra con ser tu reina. No necesito a un tipo que me ponga miles de lujos, ¿De que me sirve todo eso si no lo amo? Soy feliz aquí contigo y con tu adorable hija. No necesito nada más.- su sonrisa, y sus ojitos brillosos por las lágrimas que estaban a punto de salir, me indicaban que seríamos la familia más feliz de todas. Sabía que lo seríamos.
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Un mes después:
Tenía que levantarme temprano, tenía que ir a trabajar, si llegaba tarde el gerente de Starbucks, me botaría del trabajo.
Hace unas semanas conseguí un trabajo como cajera en Starbucks, estaba tan feliz cuando lo conseguí; recuerdo ir a darle la noticia a Edward, y él abrazándome feliz y orgulloso.
Tenía un mes exactamente desde que vivía en casa de Edward; a Jennifer le agrado mucho la idea de que viviera en su casa. A las que no les hizo mucha gracia la noticia fueron las vecinas, pero a mí, la verdad, me importaba muy poco lo que esas chismosas y celosas pensaran.
Mi novio también había conseguido trabajo en un banco, en el centro de la ciudad, estaba de cajero; eso no le hacía mucha gracia, siempre decía que había estudiado para ser contador y el trabajo que había conseguido no era para lo que había estudiado. Lo tranquilizaba diciendo que solo era algo temporal, hasta que consiguiera algo mejor.
Aunque no lo crean también pensaba retomar, o mejor dicho empezar, mis estudios. Mi padre me había inscrito en una universidad para la carrera de Hotelería y turismo. Amaba viajar, conocer nuevos lugares, por eso me apasionaba esa carrera. Pero por tonta no había ido a las clases, para posteriormente retirarme de la universidad. Quería retomarla, quería estudiar y ser alguien en la vida.
Cuando le comente esto a Edward, se mostró muy entusiasta y animoso.
-Me parece una idea magnífica, no vas a poder conseguir los trabajos que quieres hasta que tenga un título en tus manos. Mira, conseguir un buen trabajo con título en tus manos de por sí ya es complicado, imagínate sin un título. Sin estudios no te contratan.- sabía que tenía razón, no quería quedarme toda mi vida trabajando en Starbucks, tenía que ponerme a estudiar.
Pusimos una alcancía en la sala, que tenía pegado un pequeño cartelito, que amablemente Jenni hizo, que decía estudios Bella. Todos echábamos ahí todo el dinero que nos sobrara. Si te sobro un dólar de vuelto, échalo en el tarro. Nuestra rutina era al llegar dejar nuestras llaves en la mesa cerca a la puerta, pasar por la alcancía, y dejar al menos un dólar. Muchas veces había visto a Edward hacer esta rutina, al igual que la dulce Jennifer, que muchas veces pedía ayuda a su papi o a mí para poder dejar una moneda en la alcancía, porque era demasiado pequeña para llegar. Ese acto me llenaba de una ternura, la pequeña sacaba del dinero que su padre le daba los fines de semana, para darme para que estudie.
-Quiero que estudies Bella, serías la alumna más bonita de todas.- decía con una sonrisa. Amaba a esa niña, y amaba más a Edward por darme la oportunidad de tener una familia.
Nuestra rutina seguía tranquila, con idas y venidas al supermercado, a las actuaciones de Jennifer en el colegio, a las que nunca faltábamos. Pese a nuestros trabajos, nunca faltábamos a ninguna. Éramos los más entusiasmados en cada presentación. Cualquiera que nos viera pensaría que éramos una joven pareja de esposos que venía a hacerle barra a su pequeña hija.
Éramos inmensamente felices con la vida que llevamos, no nos importaban los chismes o habladurías. Sabía muy bien que las vecinas hablaban mal de mí, pero yo ni les hablaba, ni les tomaba atención, hasta que la maldita Lauren me detuvo luego de ir a dejar al colegio a la hija de mi novio.
-Hola Bellita, ya no pareces tan diva, y glamorosa, con esa ropa de trabajo.- dijo mirándome de arriba abajo, estaba vestida muy simplemente, un jean suelto, una remera blanca y unas zapatillas.
-Yo, a diferencia de otras ociosas, como tú comprenderás, si trabajo para ganarme el pan para mi casa.- ¿Qué hablaba esta maldita zorra? Ella la tenía fácil porque no trabajaba en nada, solo se dedicaba a estar en el gimnasio y que le hagan la manicure.
-¿Ganarte el pan? ¿Y como haces eso? ¿Yendo a algunas avenidas de noche o como dama de compañía? Porque hasta donde se no has estudiado nada, y no sabes hacer otra cosa que tirarte a los hombres.
-¡¿Qué has dicho maldita puta?!- traté de abalanzarme contra ella, pero sus amigas lo impidieron.- ¿Qué mierda te importa donde trabaje? Yo al menos trabajo, a diferencia de ti, yo no soy una mantenida.
-Si, claro.- dijo sarcásticamente.- solo ten cuidado, yo puedo ser muy mala cuando me lo propongo.- me empujo violentamente, ya se estaba yendo, cuando volteó y me miro con una maldita sonrisa de satisfacción, en esa plástica cara que tenía.- por cierto, buenas las fotos de la revista, ¿no? -me guiñó un ojo, se subió a su camioneta y se fue a toda velocidad.
Así que fue ella, ella le mandó las fotos a la revista, esta maldita hija de puta me las iba a pagar, esto no se iba a quedar así. Cuando te metes con Bella Swan la pagas, y muy caro.
