Tarde
Luego de la práctica, a la que Viktor llegó con las lentillas verdes puestas, una gran sonrisa, y un Yuri enfurruñado y con sus lentes de contacto de ningún color, el par de prometidos se dirigía de regreso a casa.
No hubo ningún tipo de incidente en el camino, de hecho, apenas y hubo interacción de diálogo.
Makkachin corrió y saltó en cuanto Viktor cerró la puerta, recibiendo a los recién llegados.
Yuri rió, acuclillándose a abrazar al caniche.
- Yuri - llamó el peliplata.
- ¿Si? - indicó el pelinegro.
- ¿Aún estás enojado?
- Te dije que había puesto la leche a calentar.
- Creí que era una frase nueva - se defendió el mayor.
- Traté de explicarte que no era así.
- Pero... - Viktor infló las mejillas, - pero me gritaste que no me detuviera apenas empecé...
- ¡Eso es tu culpa! - chilló Yuri, poniéndose de pie casi de un salto, sobresaltando a Makkachin, que retrocedió, y al dueño del mismo, que, por el contrario, avanzó y capturó el hombro derecho ajeno.
- ¡Suéltame!
El ruso meditó la idea por dos segundos, y avanzó otro paso, rodeando la cintura contraria con su brazo libre.
- No.~
- ¡Viktor!
El mencionado sonrió, y besó el cuello del menor.
Yuri se removió.
- Te amo, Yuri - susurró el mayor contra la piel contraria.
- También te amo - obtuvo como respuesta, casi al instante.
Viktor acomodó su barbilla en el hombro ajeno, y presionó más sus cuerpos, juntos.
Sus labios rozaron la oreja contraria.
- ¿Puedo hacerte el amor? - preguntó, en un susurro.
Yuri se estremeció.
Era todo lo que Viktor necesitaba.
