Esta es una traducción de la historia de Sakuri, "The secret's in the telling".
Los personajes originales son de J., por supuesto.
Capítulo 25: Surgen dudas
Algo estaba muy, muy, muy mal, y Draco lo sentía. Sin embargo, no sabía qué era. La sensación le había surgido después de algunos incidentes en los últimos días y se había quedado en su mente. Era algo inusual, irritante, o tal vez algo vergonzoso...Se sentó en su escritorio, pensando, mientras acariciaba ausentemente con sus dedos las curvas oscuras del cuerpo de Vanima, que estaba enroscada cerca de su mano derecha, sobre las tareas que se suponía que debía terminar. La serpiente se estiró y lo miró, con sus ojos inexpresivos, siseando suavemente. Draco se preguntó qué le estaría diciendo. Deseó que Potter estuviera allí, así pud-...
¡Ajá! ¡Ahí estaba! Draco frunció el ceño, perplejo y velozmente retiró la mano de la serpiente. ¿¡Cuándo se había rebajado a pronunciar una frase semejante en ninguna circunstancia?! Nunca. Él no deseaba que Potter estuviera allí. Nunca había deseado eso, y de seguro era un sacrificio cuando el pendejo se quedaba allí. Ciertamente, nunca había iniciado una conversación educada y casual, como para poder preguntarle ¡qué decía su jodida mascota!
Otra de las ocurrencias fundamentalmente equivocadas que Draco comenzaba a notar, y a preguntarse por qué no las había visto antes. ¿Por qué razón se había ofrecido a recibir a esta criatura? Aunque lo intentara, no podía imaginarse algo más extraño a su forma de ser. A él no le agradaba Potter, ni su ridículo sentimentalismo por una sepiente conjurada. Además, él parecía preparado para soltarla en el bosque; no era responsabilidad suya hacerse cargo... entonces, ¡¿por qué se había ofrecido?!
¡Y la otra noche! ¡¿Qué mierda fue eso?! Aún no podía aceptar del todo el recuerdo de que, por sugerencia de Potter, siguió durmiendo enredado en él. ¡Había obedecido! ¡No! ¿Y por qué la maldita presencia en su mente había accedido con tanta fuerza? Eso estaba mal y él lo sabía.
Tampoco acababa la cosa con esos dos ejemplos. Sólo eran los que le venían a la mente. Pero, pensándolo bien, en más de una ocasión se halló consintiendo a la menor sugerencia hecha por el Gryffindor, a pesar de que el año anterior se hubiese rehusado de plano.
No se trataba de amistad. Draco sabía que no lo era, a pesar de que la idea no le producía el horror que podría haberle causado alguna vez. Él no era tan complaciente, ni siquiera con Pansy y Blaise.
Sabía que Potter no le lanzaría un Imperio; el Salvador del Mundo Mágico era demasiado noble como para hacerlo. Además, tenía otros síntomas que estaba seguro que no venían de la maldición imperdonable.
Se estaba tornando...distraído. No, esa no era la palabra correcta. Se estaba tornando…tornando…Obsesionado...hasta adicto.
Al principio no lo había notado. Luego, simplemente se rehusó a reconocer algo así. Pero ahora, ahora era algo imposible de ignorar. Si estaban juntos en la misma habitación, se hallaba constantemente consciente de los movimientos del otro. Podía estar teniendo una conversación perfectamente normal con Blaise, pero aún así, una parte de su cerebro estaba dedicada a notar que Potter acababa de entrar al comedor y caminaba hacia su asiento en la mesa de Gryffindor, y enmantecaba una tostada y hablaba con Granger. Esos hechos pequeños, estúpidos e irrelevantes, lo estaban volviendo loco. Hubo una época -¡y cómo la extrañaba!- cuando se hubiese alegrado muchísmo si hubiese podido olvidarse de la existencia de este pendejo. Ahora, en cambio, le daban punzadas cada vez que el Gryffindor salía de una habitación sin notarlo a él. Y cuando estaban solos era peor, aunque sólo mirándolo en retrospectiva. Los sentidos del lobo surgían y el simple aroma del otro chico lo conmovía. No había nada fuera de lo natural en él: ni colonia, ni gel para el cabello, ni ningún otro producto; siempre estaba limpio y tenía un dejo terroso y tan puramente Harry. Era adicto a ese olor, y lo conmovía, ¡y dulce Merlin! ¡¿hubo jamás algo que estuviese tan equivocado!?
Dejó salir un resoplido frustrado y hundió la cara entre las manos. La frustración se levantaba dentro suyo y se preguntó, distantemente, si se iba a largar a llorar.
¡No, la puta madre, él no era tan débil! Todavía.
Esos pensamientos lo habían estado invadiendo desde la luna llena de ese fin de semana. Ahora, ya era martes. Eventualmente, se contentó con una explicación adecuada, aunque sólo pensarla lo ponía loco de ira. Estaba seguro que esto era el resultado del hechizo del Director. Aunque el hombre lo había hecho parecer razonable en su momento, debió haber un resquicio que lo obligaba a actuar como el jodido esclavo de Potter. Esto no era sólo ayudarlo...esto era... sumisión. Forzada sumisión.
Repentinamente se sintió impotente. Esa idea le puso las mejillas rojas de vergüenza, era la única explicación que le venía a la mente. No iba a ir a buscar a Dumbledore, y a quedar como un tonto, gritando y protestando, cuando no había modo de retirar su juramento de lealtad y servicio. Tampoco podía recurrir a Severus. No podía...Lo que más despreciaba Severus, era la debilidad. Y someterse a esto...
No, su padrino no era una fuente de ayuda en este momento. Con esto no.
¿Y Lupin? Sorprendiéndose a sí mismo, Draco se inclinó hacia esa idea. El hombre reaccionaría contra semejante compulsión, y era lo suficientemente Gryffindor y lo suficientemente culposo como para ayudarlo. Por lo menos, Lupin comprendía la debilidad...
Pero, no. ¿Acaso el hombre lobo no tenía ya poder sobre él? Slytherin hasta la médula, Draco no estaba dispuesto a cederle más.
Aún no, no a menos que la situación se volviera desesperada.
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-¡Legilimens!
Severus oyó el gemido ahogado del hombre, antes de que el mundo físico se disolviera y el otro, mental e individual, se cerrara alrededor suyo. Se estaba acostumbrando a la mente de Lupin...se estremeció al admitirlo. Otra vez, la defensa ridícula que el hombre había creado después de la primera sesión, se levantó, tratando de proteger al menos, los pensamientos asustados que había revelado la última vez.
Lupin pensó en colores: azul, mayormente. Exasperado, Severus luchó para zafarse de la fuente de color que, sorpresivamente, se las arreglaba para esconder esos pensamientos que el legeremántico había encontrado tan entretenidos en la sesión previa. Supuso que podía buscárles la raíz, si realmente lo quería, pero el esfuerzo sólo los dejaría a ambos con un dolor de cabeza.
Disgustado, se sumergió en lo profundo, siguiendo el camino familiar hacia las partes más oscuras de la mente del hombre. Como siempre, la presencia del lobo se mantenía cerca. Le pareció escuchar un gruñido de odio, no muy lejos, y un sonido de mandíbulas al cerrarse, desde las sombras que acababa de pasar.
Se dijo que estaba siendo irracional. Es este mundo, los sentidos, como los conocía, no aplicaban. No había vista, ni sonido, ni olfato, sólo percepción. Él pensaba en el lobo como en una cosa física, por eso, actuaba como una.
Aún así, era fácil que eso lo distrajera. Lupin creyó que él había dejado de rastrear recuerdos y pensamientos durante esas sesiones. La verdad era que Severus sólo era más sutil.
La primera vez había sido un error, había trastornado la mente del lobo. Ahora podía admitirlo, hasta cierto punto. Realmente, sus acciones habían sido burdas y bruscas. De hecho, como lo hubiesen sido las de un Gryffindor, pisoteando furioso por encima de una situación delicada.
Después de eso, Severus retornó, alegremente, a su mentalidad Slytherin, arrepintiéndose de su breve lapsus.
Ahora, mientras se escabullía por la mente de Lupin, delicadamente tomaba las hebras doradas que se entrelazaban y conectaban pensamientos. Su toque era tan leve que ni se movían para alertar al otro. El conocimiento extraño y los recuerdos lo llenaron, y él los fue dejando de lado para investigarlos más tarde. No se arriesgaría a hacer una pausa para observarlos, lo que menos quería era que el lobo se diera cuenta de lo que estaba haciendo y volvieran a discutir o a ...algo que se estaba haciendo cada vez más frecuente, pelear físicamente.
No estaba seguro del por qué estaba tan obsesionado con esa invasión de la privacidad. Tal vez estaba grabado en él como una segunda naturaleza, espiar a alguien, sin importar quién fuera. Y esta situación le daba una oportunidad perfecta. O tal vez, sólo era Lupin, y si era honesto consigo mismo, siempre había cobijado una fascinación detestable por este hombre.
Así que se encaminó a la fortaleza de Oclumancia que estaba construyendo en el centro de esta mente. A medida que se acercaba, trató de llamarlo 'Lupin', como siempre, pero no pudo. Aquí, donde la intimidad era imposible de evitar, sólo podía llamarlo Remus.
Severus siempre pensaba que las hebras doradas eran muy similares a la tela de una araña. Eligió el mismo centro, para poner los fundamentos de su barrera, allí donde las hebras salían formando círculos hacia todas las direcciones posibles; las hacía formar círculos concéntricos, para conectar y proteger los pensamientos originales.
Retornando a su trabajo, como si nunca lo hubiese dejado, extrajo magia de cualquier parte, a veces de su propia mente, para construir parte de la red. Agregó más y más recuerdos falsos, donde entrelazó resentimiento y amargura, dentro del bordado natural de emociones. Por supuesto, nada exagerado, esa era la mayor trampa; tenía que ser sutil, acentuando lo que ya estaba presente, sin importar cuán pequeñísimo. Una corriente subterránea oscura sería mucho más convincente que un odio directo y arrollador por Potter.
Mientras trabajaba, comenzó a examinar los recuerdos robados a Remus, los que ahora formaban parte de su propia mente, para no alertar al hombre lobo. Era como ver recuerdos en un pensadero; las historias se veían en tercera persona en su cabeza, él nunca formaba parte de ellos, sólo era una audiencia atenta.
Repasó rápidamente, por encima, las menos interesantes: el hombre lobo desayunando a solas, calificando trabajos, observando una tormenta sobre el lago, enseñando junto al borde del bosque, hablando con Draco la misma primera noche que el Slytherin había recurrido a él...
Bueno, eso era interesante. Sin debilitar su Oclumancia, comenzó a examinar de más cerca el recuerdo. Asombradísimo, vio cómo su ahijado gritaba y rugía contra la maldición que lo ataba, chillando con una angustia indigna.
¡No puedo, no puedo hacer nada! ¡me está venciendo!¡Cada cinco minutos quiero matar a alguien!
¿Draco había dicho eso, de verdad? Lentamente, una alarma fría lo inundó...y algo más: una sensación desagradable que aún no quería reconocer.
El recuerdo siguió, implacable.
¡Es más fuerte que yo! - Se oyó el susurro aterrado de Draco. Remus trataba de consolarlo, frenéticamente. Y entonces, el chico comenzó a llorar, tan vulnerable que Severus debió esforzarse por no detenerse en su trabajo, tan enorme era su sorpresa ante la escena.
Recordó, involuntariamente, sus propias acusaciones durante la discusión con su ahijado, un par de semanas atrás.
¿Y qué pasó con que ibas a luchar contra esto?
Y la réplica impotente deDraco: ¡Traté de luchar contra esto, y de ignorarlo, pero no funcionó! ¡Ni siquiera ves lo que esto está haciendo conmigo!
¿Le había importado verlo? Estaba tan inmerso en su propio drama, por haber sido descubierto y perseguido, que nunca se había interesado verdaderamente en confrontar la realidad, cuando se trataba de la condición del chico; le había convenido ignorar lo que sucedía a su alrededor. Además… ignorarlo significaba nunca reconocer que Lupin – Remus – en verdad había ayudado a Draco, y en una forma en la que él, Severus, no había sido capaz.
Entonces, vaciló, manipulando porciones de pensamientos y Oclumancia al mismo tiempo, pero se recuperó con rapidez mientras su mente volaba. Sí, era verdad, el bastardo había causado todo el problema, pero al menos no había salido huyendo después. El Maestro de Pociones había conocido hombres, menos hombres, supuso que debería admitirlo, que hubiesen salido disparados en vez de asumir las consecuencias.
Todavía no estaba listo para revisar su opinión sobre el hombre, ni cerca...pero...
Sacó otro de los recuerdos robados con renovado interés, eligiendo los que mostraban a un Remus Lupin adolescente, en sus años de Hogwarts. Él sabía que el hombre debió haber cambiado en algún lugar del camino. Aunque haya ganado, de alguna manera, la fortaleza para asumir la responsibilidad por sus actos, Severus estaba seguro de que por ese entonces, no poseía esa fortaleza, Lu– Remus era un lloroso pequeño cobarde.
Vio cómo el joven hombre lobo pasaba sus días comunes de colegio, escribiendo o leyendo en silencio, mientras sus tres amigos hacían barullo en el trasfondo de su vida. Sí, eso concordaba con los recuerdos de Severus de ese tiempo. Podía imaginarse al chico, sentado bajo un árbol con un libro, apenas existiendo. A Remus siempre le gustó andar afuera, tanto como fuera posible, recordó, como si se aferrara a la luz del sol.
A veces aparecía Lily Evans, ante los ojos de su mente, entre los recuerdos, pero los pasó velozmente, como adelantando un video muggle. Sintió el impulso de hacer lo mismo cada vez que aparecía James Potter, pero él quería ver la dinámica del grupo que rodeaba al hombre lobo por ese entonces, y cómo reaccionaba él.
En su mente, comenzó a escuchar trocitos salteados de conversaciones que escogía en su viaje por la red de recuerdos de Remus.
-Ey,¿cuál es la respuesta de la número dos?- Preguntó Potter, inclinándose sobre el escritorio para espiar el pergamino del hombre lobo.
-No es asunto tuyo-.Fue la rápida réplica, y Remus sacó el pergamino.
-No seas tan miserable, Moony. Uno de estos días vas a terminar siendo tan malo como Snivellus-. Arrogante, como siempre, James Potter levantó su barbilla hacia el frente del salón de clase de Pociones que ocupaban y Severus se vio a sí mismo como un adolescente inclinado sobre su tarea actual, solo, escribiendo apresuradamente.
Una mueca cruzó la cara de Remus, oscureciendo sus ojos ámbar y tornándolos marrones. -Tú dijiste que no ibas a llamarlo más así...
-No lo hice. Ese no es el punto, de todos modos. ¡Vamos, dame tu trabajo!- Hizo un gesto de demanda, pero el pequeño Gryffindor lo escondió detrás de su espalda, fuera de alcance y parecía molesto.
Otra mirada interesante, decidió Severus. Solía creer que los Merodeadores eran una unidad perfectamente aceitada, como el actual Trío Dorado.
Tal vez, estaba deduciendo demasiado de una interacción breve.
-Remus- Siguió Potter, y su voz señaló su cambio de actitud, de despreocupado a irritado. -No empieces otra vez. Últimamente estás de un pésimo humor...
-¡No es cierto!- La exclamación indignada atrajo la mirada de otro miembro del pequeño grupo, el traidor Pettigrew. Black estaba llamativamente ausente, y Pettigrew era demasiado cobarde como para interrumpirlos. Al parecer, los temperamentos de Potter y de Remus iban a soltarse. -No me gustaría verte convertido en...en un matón, James...
-¡Ah, no! ¿Otra vez Snivellus?!
-Yo...
Otra figura entró al cuadro del recuerdo: Black. Se adelantó hasta el par que discutía, probablemente llegó tarde a la clase, e inmediatamente supo cuál era la situación.
Dejó caer una mano, como si nada, sobre el hombro del hombre lobo. -Ey, Moony, cálmate, ¿quieres?
Remus parpadeó, al parecer sorprendido por la súbita llegada.
-Ahora- Continuó Black, sentándose despreocupadamente entre los dos. -Démosle una mirada a esas preguntas, ¿sí?- Sin esperar una respuesta, desafiante, le quitó el pergamino, lo apoyó entre él y James,y comenzaron a copiarse las respuestas.
Posiblemente, debido a que él era el único miembro de la audiencia adecuadamente distanciado del caso, sólo él vio cómo el hombre lobo abrió la boca para protestar, pero luego la cerró sin decir palabra, retrayéndose en una infeliz confusión.
Severus regresó alterado de la escena; no era nada nuevo ver que Remus había sido callado, que sus amigos se aprovechaban de él, pero momentos atrás, pareció que podría haberse opuesto. ¿Qué cambió que lo hizo tan sumiso?
Sin embargo, no tuvo tiempo para rumiar la pregunta. Ahora que no estaba concentrado en los contenidos del recuerdo, se dio cuenta del dolor sordo y tenso que se desparramaba por las hebras doradas como resultado de una prolongada exposición a la Legeremancia.
Suspirando, soltó su sujeción sobre las hebras y se dirigió a la superficie.
Remus sintió que la presencia de Severus dejaba su mente y el peso del dolor de cabeza lo golpeó. Se dejó caer hacia atrás, apoyándose en las patas de la silla que tenía a sus espaldas y se cubrió los ojos, esperando la ácida lluvia de comentarios en cualquier momento.
-Te tomó más tiempo del usual-. Dijo, desganado, cuando el silencio se extendió demasiado. Abrió un ojo y miró al Profesor de Pociones. Tenía que haber una discusión, estaba seguro. Siempre había una discusión, sin importar cuánto hiciera él por evitarla.
Severus seguía quieto, correctamente sentado frente a Remus, con las manos descansando sobre sus rodillas; los ojos oscuros permanecían cerrados y había un frunce entre sus cejas.
-¿Severus…?
Como si recién recordara que había alguien más, el hombre se sobresaltó.
-Re– Lupin...puedes… puedes irte. Regresa el jueves y continuaremos.
Ambos se pusieron de pie, Remus con un poquito menos de gracia y mirando con perplejidad al otro. -¿Eso es todo?- No pudo evitar la pregunta, sonando, aún para sus propios oídos, un tanto incrédulo. ¿No había descubierto algo nuevo con que atormentarlo?
-Sí, eso es todo-. Fue el malhumorado gruñido. -Vete.
Era mucho decir, pensó el hombre lobo, cerrando la puerta, pero esta despedida había sido la más agradable, hasta ahora.
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Harry bajó a los saltos, fácilmente, los peldaños que llevaban de los dormitorios a la sala común de Gryffindor. Ubicó a Hermione con la vista, se acercó a ella y se dejó caer en uno de los mullidos silloncitos cercanos.
-¿Vamos a tener una reunión del ED esta semana?- Preguntó. Se le ocurrió pensar que, tal vez, él debería tener más que decir sobre las fechas de los encuentros, pero era mucho más fácil dejárselas a ella.
Hermione levantó la vista lentamente, con la misma expresión extraña que tenía desde la discusión junto al retrato. -Sí quieres-. Respondió, con cuidado. -Hay sólo unos pocos que fueron a sus casas por las fiestas. ¿Podrán, tú y...y Malfoy?
Harry levantó una ceja. -Sí...¿y por qué no podríamos...?
-Tú parecías cansado, ayer y anteayer.
-No pude dormir-. Mintió él, rápidamente, y con tanta facilidad que Hermione no pudo evitar sentir la inmediata necesidad de regañarlo. ¿Qué más les ocultaba Harry? Si podía mentir tan convincentemente sobre algo tan...tan grande, no se le ocurría qué más les podía estar ocultando...
Pero, ella no podía saltar directamente en una discusión sobre ese tema. No cuando Harry ni siquiera sabía que ella había descubierto el secreto. No había tenido la valentía de confrontarlo, aún no. ¿Qué iba a decirle? 'Lo siento, después de que tú exigiste que respete tu privacidad, la otra noche, yo te seguí y te espié...'
Pero, iba a tener que sacar el tema pronto. Había pasado los días desde el descubrimiento, tratando de darle vueltas a la situación y de encontrar una razón al por qué Harry compartiría semejante secreto con Malfoy. Aparentemente, en verdad, ahora eran amigos, o algo más cercano aún -lo admitieran o no-, porque las escapadas nocturnas y los secretos de proporciones tan masivas no eran cosas que se compartieran con un enemigo. Pero, mierda, Hermione no podía encontrar una razón satisfactoria al por qué eran amigos. Bien podía ser que Malfoy se hubiera unido a su bando, pero eso no cambiaba su personalidad, que seguramente, sería la única razón por la que Harry soportaría siquiera hablar con él.
Otra vez, tenía en la punta de la lengua la demanda de explicaciones sobre qué mierda estaba pasando; sin embargo, se quedó callada, tragándose dolorosamente la pregunta.
Harry la miraba, expectante. -¿Hermione? ¿La reunión?
Ella asintió, bajando la vista al libro que tenía en el regazo.
-La programaré para mañana, si te parece.
Él sonrió brillantemente y algo le dolió a Hermione, por dentro. ¿Cuándo había sido la última vez que lo vio así? ¿Qué hacía Malfoy que repentinamente, Harry podía volver a sonreír de ese modo? ¡No era justo! Ella y Ron habían estado a su lado durante meses interminables. ¿¡Qué había tan especial en ese absoluto bastardo, que podía ayudar a Harry allí donde ellos habían fallado?!
-Gracias, Hermione-. Harry, ciertamente, gorjeó.
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