La batalla de las diosas
capítulo 25: ¡Ellas están de regreso!
Martes 25 de abril, por la madrugada.
La ciudad de Saltadilla estaba hecha un caos. Hacía varios días que había sido invadida por unas criaturas llamadas Furias, que eran unos monstruos alados, las diosas las habían enviado para intimidar a la población, incluso para herir y matar si a la gente se le ocurría defenderse. Habían invadido todas partes del mundo, una vez llegaron a Saltadilla, la mayoría de los ciudadanos huyó, los que no, se esconden.
Hacía ya varias horas desde que Hermes se había ido al Inframundo con Bellota, Brick y Boomer. El Dios Mensajero le había dicho al Profesor y a Mojo que debían refugiarse en el bosque ya que las Furias atacaban más en las ciudades, así que habían decidido dejar la casa de Robin para irse, aunque no estaban seguros a dónde. ¡Y vaya que fue difícil alejarse de la ciudad! ¡fueron atacados varias veces! Pero Mojo había creado armas de rayos láser que pulverizaba a las criaturas, o al menos las ahuyentaba.
Así que iban los cinco en el bosque, caminando en las tinieblas de la noche, con aterradores ruidos de animales nocturnos. Obviamente el que iba liderando era Mojo, que permanecía con expresión amargada mientras los dirigía a un lugar que ni él mismo sabía; seguido de él iba el Profesor, que si bien había entrado al bosque anteriormente, ahora estaba lleno de pánico, asustándose con cualquier mínimo ruido; después iban Mitch y Robin, que no estaban para nada acostumbrados a estar en lugares como esos, así que es entendible que ambos no quisieran separarse mutuamente. Y luego estaba Jimmy, que a veces iba hasta enfrente o hasta atrás, mientras corría y saltaba de un lado a otro.
—¡Con la mochila que me regaló Hermes, parezco el protagonista de mi caricatura favorita!— decía a gritos—. ¡Sólo me falta el gorro blanco!
—También te falta la espada.— dijo Robin, que se esforzó en sonreír a pesar de que estaba cansada de caminar—. Y un perro compañero.
—Ya tengo un perro.— alegó con malicia—. Es Mitch.
—¡¿Qué me acabas de decir, mocoso de mierda?!— le gritó el castaño.
—Mitch, basta, sólo es un niño.— le dijo Robin, recargando su mano en el hombro del chico enojado.
—Qué poco lo conoces.— dijo, después se dirigió al niño—. Desde que era un bebé se ha burlado de mí.
—¿Qué podría hacerte un bebé?— cuestionó la chica, soltando unas pequeñas risas.
—¡Aún tengo la marca en el brazo de la mordida que me dio! ¡Y aún no le salían todos los dientes, Robin! ¡me mordió con sus dientes de leche y encías!
—Aún tengo el sabor a sangre en mi boca.— dijo Jimmy, con voz tenebrosa, aunque en realidad no se acordaba, pero estaba orgulloso de haberlo hecho.
—¡Desde entonces jamás traté de darle su biberón de nuevo, él sólo quería a Bellota!
—¡Cállense allá atrás!— se quejó Mojo, que iba hasta enfrente—. ¡¿Acaso quieres que las Furias nos encuentren?! ¡Mantente callado o te dejamos atrás!
—¡Y que se lo coman!— sugirió Jimmy.
—Muy bien.— la relación entre Mitch y Jimmy era delirante, pero Robin trató de verlo como algo normal. Se acercó más a Mitch para hablarle —. Es obvio que sólo quiera a Bellota, ella prácticamente lo crió.
—Sí, ¿y adivina quién estuvo junto a ella mientras lo criaba?
—Mi padre.— dijo Jimmy, cruzando los brazos, comenzándose a molestar.
—¡Aparte de tu padre!— soltó un grito, pero bajó la voz cuando Mojo le mandó una mirada amenazante—. Yo estuve con Bellota cuando se quejaba de tu irresponsable padre.
—¡Sólo lo dijo porque estaba enojada! ¡a ella le gusta cuidarme! ¡Tú sabes bien por qué no puedo estar siempre con mi padre! ¡si no lo entiendes, cállate!
—Oigan, chicos, cálmense.— Robin trató de tranquilizarlos, pero era algo completamente inútil.
—¡Si no fuera por tu estúpido padre, Bellota no tendría que actuar como tu madre cuando en realidad no lo es!
—¡Y si no se hubiera enamorado de ti, ella hubiera podido ser mi madre! ¡Siempre supe que me la ibas a quitar! ¡Te odio, te odio, te odio!— gritó una y otra vez, para después irse corriendo hasta enfrente, donde estaba Mojo, para molestarlo a él y dejar de estar tan enojado.
Mitch hizo una mueca, Robin no se atrevió a decir nada hasta unos segundos después. Y aún así no estaba segura de preguntarle.
—Jamás me dijeron quién era el padre de Jimmy.— admitió la castaña, avergonzada—. Nunca me lo quisieron decir, aunque supuse que era uno de esos secretos grandes. Ese tipo de secretos como que Boomer es el padre del bebé de Burbuja, aunque ése todo el mundo lo sabe ya. A estas alturas los secretos no importan tanto, ¿podrías decirme de dónde vino Jimmy? ¿por qué Bellota lo cuida siempre?
—No hay demasiado qué contar, Bellota nunca pudo darme una verdadera respuesta de por qué quiere tanto a Jimmy, de por qué lo cuida aunque no le corresponde hacerlo. Pero sé cuánto lo quiere, Jimmy a sido su hermanito y casi su hijo para ella. Burbuja dice que cuando Bellota lo vio de bebé por primera vez, fue como amor a primera vista; siempre me pareció algo tonto, pero podría ser posible.
—¿Por qué lo dices?— preguntó, intrigada.
—Si te lo digo tal vez te rías.— Robin negó con la cabeza, sonriéndole para animarlo a continuar. Mitch hizo una mueca, no muy seguro de lo que iba a decir—. Yo creo que Bellota vio en Jimmy algo de... bondad.
—¿Bondad?
—Desde niña, Bellota siempre buscó algo de bondad en el padre de Jimmy, algo mediamente bueno, pero nunca fue así, incluso cuando él se volvió un completo maldito con el paso de los años, hasta que Jimmy llegó. Jimmy despertó la bondad en alguien tan cruel, algo que Bellota había tratado pero no había podido.
—¿Quién es el padre de Jimmy?— preguntó, mucho más perpleja que antes.
—El padre de Jimmy es...
—¡Eh! ¡niños, vengan acá!- los llamó Mojo, interrumpiendo lo que Mitch iba a decir.
Ambos castaños caminaron más a prisa para alcanzar a los otros tres. Tanto Mojo como el Profesor y Jimmy se habían detenido, estaban escondidos tras unos arbustos, y cuando los dos chicos se acercaron, les hicieron señas para que se escondieran también.
—¿Dónde estamos?- habló Robin, viendo la cabaña que tenían enfrente.
—Maldita sea, terminamos en la casa de Peludito.— dijo Mojo, irritado por caminar tanto sólo para llegar hasta ahí.
Peludito era un sujeto, o para ser más exactos, un especie de monstruo extraño, que estaba lleno de pelo color rosado, de ahí su nombre. Él siempre ha sido muy territorial y a veces suele enfadarse con facilidad, en especial si se trata de su propiedad, a nadie le convenía topárselo enojado.
—Parece un buen lugar para esconderse.— dijo Jimmy.
—Sí, ahí está bien.— acordó Mitch.
—No, no. No saben cómo es Peludito, él puede ser muy agresivo.— advirtió el Profesor, pero cuando se dio cuenta, Jimmy ya estaba avanzando hacia la puerta de la cabaña—. ¡Jimmy!
—¡Ya me harté de caminar! ¡yo quiero quedarme aquí!— gritó el niño, acercándose más a la cabaña.
—¡Alguien deténgalo!— se desesperó Robin.
—¡Ya escuchaste, Mitch! ¡ve por el niño antes de que le vuelen la cabeza!— exigió Mojo. Mitch sólo resopló ante esta orden.
—Nunca podría detenerlo. A ese niño le gusta jugar con su suerte.— dijo simplemente, no preocupándose del todo.
Jimmy llegó hasta la puerta de la cabaña, golpeó la puerta un par de veces y al segundo siguiente apareció Peludito, con escopeta en mano, apuntándole al niño, sin consideración.
—¡Fuera de mi propiedad!— gritó el furioso sujeto.
—¡No!— gritó el niño, como retándolo.
—¡Dije que te fueras!— estuvo por darle un escopetazo en la cara, por lo cual los otros que aún se escondían dieron un grito ahogado. Pero Jimmy no se inmutó.
—¡¿Tienes la menor idea de con quién estás tratando?!— advirtió el niño, apartando la punta de la escopeta de su cara, haciéndola a un lado con sus manitas—. ¡Si llegas a lastimar un solo pelo de mi cabeza, mi padre se asegurará de desaparecerte a ti, a tu casa, a tu escopeta, a tu banjo y al resto de tu familia! ¡Mi padre no es alguien al cual deben hacer enojar, jamás!— sus gritos seguros y crueles asustaron un poco a Peludito, que retrocedió unos pasos, pero Jimmy lo siguió—. ¡Mi padre ha destruido la vida de gente que ha hecho mucho menos que no permitirme el paso! ¡Mi padre es prácticamente dueño de Saltadilla, no pasa nada sin que él se entere! ¡¿Tienes idea de quién es mi padre?!
—¡Ay, no!— se asustó Peludito al reconocerlo, soltando su arma y retrocediendo aún más.
Pero claro, todos los villanos de Saltadilla, por muy mediocres o incluso imponentes que sean, saben perfectamente que ese niño es alguien que no conviene molestar. Por eso Jimmy podía salir solo a las calles sin temer al peligro, ya que todos, especialmente los criminales, le tienen un miedo terrible a su padre. Por supuesto que el padre de Jimmy no es tan excesivamente cruel como el niño lo hace ver, pero el pequeño estaba tan orgulloso de ser hijo de un villano respetado.
—Yo soy el hijo de un criminal.— dijo Jimmy con soberbia—. Y no un criminal mediocre común y corriente. Mi padre es un mafioso, y no un mafioso cualquiera. Mi padre es el jefe de la mafia.
—¡¿Pero qué dice?!— exclamó Robin, dando un salto involuntario—. ¡¿Éso es verdad?!
—¿En serio no lo sabías?— recriminó Mojo, sin saber cómo alguien no se había percatado de tal obviedad.
—Creí que se había dado cuenta por sí misma.— dijo el Profesor—. Digo, había muchas pistas.
—¿Por qué Bellota se ha hecho cargo de el hijo de un sujeto así?— aún estaba consternada. Robin sólo era una chica común, estar con villanos aún le incomodaba un poco; se había tardado en acostumbrarse a los Rowdyruff Boys y a Mojo... Esto ya era demasiado—. ¡Ese tipo es un corrupto, manipulador, un cruel y sádico!
—Por opiniones como ésa, es por lo cual Bellota lo mantenía en secreto.— comentó Mitch, con algo de fastidio por la chica—. Nadie lo entiende, ni yo, pero es sorprendente, ¿no es así?
Peludito había escuchado lo que el niño le había dicho, y no había opción, no quería problemas con el padre de Jimmy. Era un hombre al cual todos en la ciudad temían. Incluso Mojo y los Rowdyruff Boys le tenía algo de respeto.
—¡Tú eres hijo de Ace!— exclamó Peludito, como tratando de afirmárselo a su mente.
—¿Nos dejas entrar a tu casa?— preguntó el niño entre dientes, con mirada severa. Peludito no tuvo más opción que hacerse a un lado.
Los demás salieron de su escondite, aunque Mojo alegaba que pudo haber conseguido el "permiso" para entrar por sí mismo. El Profesor no estaba para nada convencido en quedarse ahí, más que nada porque odiaba a Peludito. Se cruzó de brazos y se acercó a Jimmy, no para tratar de convencerlo de que se fueran a otro sitio, ya que sería imposible convencer al niño de lo contrario, sino que iba a preguntarle al niño otra cosa.
—Jimmy ¿ya revisaste qué hay en la mochila que Hermes te dio?— preguntó poniéndose a la altura del niño. Jimmy asintió, con una sonrisa, ya que se encontraba muy feliz.
—¡Es un casco!— exclamó el niño, abriendo la mochila verde mientras los demás se acercaban. Jimmy sacó el objeto de la mochila—. Hermes me contó sobre esto, dijo que me lo prestaría pero no le creí. ¿Pueden creer que guardaba algo así en su mochila todo el tiempo? ¡Es el casco de invisibilidad de Hades!
—¡¿El qué?!— exclamaron todos.
.
..
...
Allá en el Inframundo, en uno de los múltiples pasillos del palacio de Hades, Bombón había aparecido y había colapsado. La pobre chica estaba cubierta de heridas en todo su cuerpo visible, exceptuando el rostro. Ya llevaba algunos minutos de desmayo, provocando la preocupación de los demás. Brick no la había soltado en ningún momento, la mantenía en sus brazos, demasiado temeroso como para perderla de vista.
—¿Qué creen que le haya pasado?— preguntó Bellota, arrodillada al lado de su hermana, con preocupación.
—Nada bueno.— aseguró Hermes, que la veía con deducción.
—Bombón.— la llamó Brick con suavidad, acariciando su rostro con delicadeza, esperando que esta vez reaccionara.
Para su sorpresa, Bombón comenzó a abrir los ojos, como alguien que no quiere despertar de un sueño. Lo primero que hizo fue mirar a Brick, parpadear un par de veces, como si no se lo creyera, y después lo abrazó.
—Vinieron por mí.— susurró, con la voz quebrada.
—¿Por qué no vendríamos? Eres mi hermana.— le dijo Bellota, con un tono dulce.
—Después de cómo me comporté los últimos días... yo creí que...
—No es tu culpa, has pasado por mucho.— Brick le acarició el cabello, mientras ella lo abrazaba con fuerza.
—Debes decirnos ¿qué te hicieron?— preguntó Hermes.
—No, no.— Bombón se abrazó más a Brick, escondiendo su rostro al cabo que comenzaban a escucharse sus sollozos—. No quiero pensarlo... ya no más.
—No pasa nada, estás a salvo ahora.— Brick le dio un beso tierno en la cabeza, permitiéndole llorar en su pecho, queriendo darle seguridad. Y más que nada, quería protegerla.
Bellota observó lo afectuoso que era el pelirrojo con su hermana, y lo muy afectada que estaba ella; no pudo evitar preocuparse. No quería que su hermana saliera más dañada, y no sabía las intenciones de Brick. No es que Bellota desconfiara de Brick ahora, es sólo que no sabía qué sentía él por Bombón, no quería que Bombón se hiciera falsas ilusiones. Pero en ese momento, Bellota también pensó que lo mejor sería que Bombón finalmente encontrara el amor en Brick, realmente lo necesitaba.
—¡Espera!— la pelirroja dejó de llorar y se apartó de Brick, girándose para ver a su hermana—. ¿Dónde está Burbuja?
—Aún no la encontramos.— mencionó Hermes.
—¡¿Qué?!— se molestó por un instante, pero volvió a relajar su expresión—. ¿Y la han buscado?
—Claro que la buscamos, pero parece haber desaparecido del mapa.— alegó Bellota.
—Lo más importante era encontrarte a ti, ahora debemos seguir buscando a Burbuja.— dijo Brick.
—Ey, esperen.— interrumpió Hermes, revoloteando hasta estar al lado de Brick—. Pirítoo me dio un mensaje de Hades para Tánatos, el Dios de la Muerte. No sé qué diga, pero debo ir a entregárselo ahora...— hizo una pausa mientras ponía expresión pensativa—. Ahora que lo pienso, yo siempre soy el que termina enviando los mensajes. ¡Ja! Tenía que ser el Dios Mensajero.— habló con molestia, después se dio cuenta de que había perdido el objetivo de la conversación y volvió a poner la cara seria—. Debo hacerlo, no les pido que me acompañen, puedo llevarlos a la salida.
Bellota frunció el ceño mientras hacía una mueca en los labios. Le lanzó una mirada a Boomer, que se había mantenido un poco alejado. Boomer le devolvió la mirada, al principio con algo de inseguridad, pero después hizo la misma expresión que la chica, es decir, la cara de alguien que estaba siendo dejado de lado.
—Estoy seguro de que Burbuja está bien.— dijo el rubio. Y era que, pues en el fondo, por un motivo inentendible, de alguna forma sentía que Burbuja estaba en buenas manos—. Hermes, tú nos ayudaste, déjanos ayudarte también.
—No es como si necesitara ayuda en realidad, y ya saben que no me gusta la idea de que estén aquí.— lo pensó, sin saber qué elegir—. Pero después de lo que pasó con Bombón, temo perderlos de vista. ¡Pero Tánatos es muy estricto con eso de que ningún vivo debe entrar al Inframundo! ¡el tipo es un amargado! ¡siempre reniega de mi color del pelo! ¡un dios también se lo puede teñir!
—Ah, Hermes.— Bellota lo miró con los brazos cruzados y alzando la ceja.
Hermes lanzó una mirada a Bombón, la chica le sonrió, asegurándole que estaba bien y que podía continuar con éso. Hermes inhaló profundamente.
—Está bien, pero no se separen de mí.
—Bien, ¿y dónde está ese tal Tánatos?— preguntó Bellota.
—Está donde ha estado casi siempre por las ultimas semanas.— la voz del dios fue un poco apagada, con una expresión algo melancólica, como si se hubiera preocupado por algo de repente. Cuando notó la mirada de los demás, frunció los labios, sin querer decirles el porqué de su preocupación—. Está en la habitación donde las Moiras siempre se reúnen, pasa ahí casi todo el día.
—¿Por qué?— cuestionó Boomer. Hermes resopló al escuchar la pregunta.
—Tánatos a veces es complicado. No ha sido el mismo desde...— no continuó con la oración, decidió cambiar el tema—. El lugar donde se encuentra está del otro lado del palacio, hay que darnos prisa.
—¿Segura que estás bien?— preguntó Brick a Bombón, que ya se había puesto de pie, pero no se alejó del contacto del pelirrojo.
—Sí, no te preocupes.— volvió a sonreír, a pesar de que tenía muchas heridas, quería continuar.
De alguna forma, Brick terminó dándole la mano a Bombón, ella lo sujetó, tímidamente. La chica pudo recordar que hace algún tiempo, al principio del mes, de hecho, pero se veía tan lejano, ella y Brick habían tenido algo parecido a una "cita" Al igual que ahora, se habían tomado de la mano. En ese tiempo no sabía que Brick estaba enamorado de Princesa, no tenía forma de saberlo; así que aquella vez lo besó... y Brick se había puesto furioso. Todo terminó en golpes violentos e insultos hirientes.
Pero ahora era distinto, Brick podía tomar la mano de Bombón esta vez. Esta vez, minutos atrás, lo había besado y Brick la besó de igual forma. Esta vez la había abrazado y se negó a apartarse. Bombón se sentía muy feliz, se había dado cuenta de que, después de lo... amarga que había sido, aún la querían. Brick la quería. Tenía el amor de Brick para ella, esto casi la hacía llorar de felicidad.
Pues estaba feliz, y los demás no habían visto a la pelirroja con una sonrisa tan radiante en años. Incluso después de haber pasado un infierno, ahora sonreía. Ahora todo en su vida no sólo estaría bien, sino perfecto... Todo gracias a que Princesa jamás volvería.
Todos se fueron siguiendo a Hermes hasta el otro extremo del palacio, incluso pasaron por el jardín, porque ese lúgubre lugar también tenía jardín; cruzaron por un extenso pasillo con paredes de piedra y tenebrosas figuras que parecían cráneos, donde había murciélagos (y otras criaturas) colgados. Llegaron hasta unas enormes puertas de piedra. Hermes miró a los chicos.
—Esperen aquí.— les pidió, después abrió la enorme puerta.
Entró a una habitación enorme, el suelo era de tierra, las paredes eran de piedra, parecía más una cueva que una parte del castillo. En la pared de enfrente estaban tres agujeros enormes que opacaban casi todo el muro y servían como ventanas, dejando ver el cielo rojizo y alguna que otra llama infernal y alma en pena flotando por ahí. Lo primero que Hermes logró ubicar fueron las Moiras, a Cloto, Láquesis y Átropo, que habían estado haciendo su trabajo de hilar, medir y cortar hasta que irrumpió el heraldo de los dioses.
—Hola, chicas.— saludó el dios, como si sólo fuera de paso. Entró a la habitación y cerró rápidamente la puerta a sus espaldas.
—¡Tras de la puerta!— exclamó Láquesis de repente, alzando los brazos al cielo, asustando a Hermes en el proceso que, si fuera posible, quizá le hubiera provocado un paro cardíaco tal semejante grito de bruja.
—¡Tras de la puerta no hay nada!— dijo el dios, torpemente, pero era inútil, ya se habían dado cuenta.
—¡Ser del infierno!— gritó Cloto, con voz excéntrica—. ¡Está cerca!— se arrodilló al suelo, al igual que Láquesis—. ¡¿Qué hacemos, Átropo?! ¡¿qué hacemos?!
—Vámonos de aquí.— dijo Átropo, que a diferencia de las otras dos, estaba de pie y calmada.
Las tres Moiras se lanzaron por una de las ventanas, llevándose consigo sus instrumentos de trabajo. Hermes se apresuró a asomarse, pero ellas habían desaparecido y fuera de la ventana sólo se veía un enorme río de sangre.
—¿Pero qué...?— Hermes estaba confundido, lo pensó unos instantes hasta que se giró para ver la puerta, estuvo a punto de dar un paso a ella pero alguien llamó su atención.
—Déjalas en paz, Hermes.— ¡ésa era la voz de Tánatos!—. Han estado comportándose así desde hace días.
Tánatos estaba recargado en un muro, sentado en el suelo, con una pierna extendida y la otra doblada, recargando así su rostro en su rodilla. Parecía algo aburrido.
—¿En serio?— no estaba tan seguro de éso, entrecerró los ojos, observando la puerta y la ventana consecutivamente. Se volvió a ver a Tánatos—. ¿Qué hay, Tánatos, amigo? ¿Qué cuentan aquí en el Inframundo?
—¿Por qué estás aquí?— se puso de pie y caminó hasta Hermes, a paso firme.
—¿Que acaso un dios no puede venir a visitar a sus compadres?— dijo con toda la simpatía del mundo, pero Tánatos sólo lo fulminó con la mirada—. Bien, mira, tengo un mensaje para ti.
—O quizá las Moiras sí veían algo tras la puerta ¿ocultas algo?— Tánatos estaba más precavido de lo normal, pero Hermes no iba a dejar que siguiera así.
—Claro que no, Tánatos. Estar aquí encerrado te ha vuelto un paranoico.— habló con una voz demasiado creíble, digna de un maestro en las mentiras como es Hermes.
Claro que los teatritos no duran demasiado, en especial si los compañeros están idiotas. Un fuerte ruido se escuchó, cuando los dioses voltearon a ver, la enorme puerta estaba derribada y los chicos entraron como si estuvieran en su casa.
—¡Bellota!— exclamó el Dios Mensajero, dándose una palmada en la cara.
—Fue idea de Boomer.— dijo la chica, despreocupada.
—¡Sólo fue una sugerencia!— alegó el rubio, apenándose en su lugar.
—¡Hermes, ¿qué rayos?!— se alarmó Tánatos, pero antes de que hiciera algo, Hermes se acercó a él y le cubrió la boca.
—Tengo un mensaje para ti de Hades. ¡Y por Gea! espero que sea algo que te convenza de no delatarnos.— habló deprisa. Tánatos apartó las manos de él de su cara.
—¡Trajiste a los niños falsos al Inframundo! ¡Hermes, éso es traición!— trató de hacer al otro dios a un lado, pero Hermes insistió, lo tomó de los brazos y lo obligó a mirarlo.
—Mensaje de Hades.— canturreó, dando una sonrisa nerviosa. Tánatos se lo apartó de encima, mirándolo con rencor.
—¡Más vale que valga la pena!— Hermes le entregó a Tánatos la esfera brillante que Pirítoo le había dado.
—Pero antes, tienes que saber.— dijo Hermes—. El Hades que ha aparecido estos últimos meses es falso, el real murió. O al menos éso es lo que dijo Pirítoo.
—¿Pirítoo?
—Larga y traumante historia. Sólo mira el mensaje, también tengo curiosidad.
Tánatos sostenía la pequeña esfera en sus manos, dio un par de golpesitos y una imagen se proyectó frente a todos. Los chicos quedaron asombrados, la imagen era de Hades, que se veía como un hombre imponente y fuerte, de barba y cabello oscuro.
—Ése es...— Boomer quiso acercarse más, pero Hermes lo detuvo, no quería que se acercaran demasiado al Dios de la Muerte.
La imagen de Hades comenzó a hablar.
"Tánatos, este mensaje es sólo para ti"
Dicho este mensaje, Tánatos miró a los demás, pero sabía que aún así se iban a quedar a oír. No le importó demasiado, sólo giró los ojos y siguió escuchando.
"Afrodita planea algo terrible en contra de todos los dioses. Ha reclutado a dos diosas más, entre ellas mi esposa. Afrodita afirma que Zeus renunció al poder y pasó el cargo a Hera, pero no es verdad, Afrodita ha engañado a Zeus"
—¡Sabía que algo malo le había pasado a Zeus!— exclamó Hermes.
—¿Algo terrible contra los dioses?— murmuró Tánatos, sin asimilarlo.
"Desde la supuesta renuncia de Zeus, Afrodita habla sobre destruir la vida en el Universo y volverla a crear desde cero, convenció a Hera de esto, y ya ha comenzado. Pero Afrodita miente, ella planea dejar la vida en la Tierra. Lo que quiere realmente Afrodita es asesinar a los demás dioses"
—¡¿Qué?!— gritó Hermes, con los ojos muy abiertos. Tánatos, a su lado, permanecía con una expresión afligida.
"El poder de los dioses proviene especialmente de la fe de los mortales, mientras más adorados, o temidos en mi caso, seamos, más poder es el que ganamos. Ella quiere que los humanos pierdan la esperanza en los dioses, quiere que los mortales dejen de creer. Cuando los dioses se debiliten, ella los traicionará a todos y los matará."
—¡¿Por qué?! ¡¿por qué Afrodita haría tal cosa?!— Tánatos se veía afectado, casi aterrado.
"Afrodita quiere ser el único dios. Después de arrebatarles a los humanos la esperanza, después de hacerlos sufrir, ella les ofrecerá la salvación... con tal de adorarla. Pero la luz necesita oscuridad para engrandecerse. Para que Afrodita sea adorada como su único dios, necesita un enemigo. Es una actuación que tienen planeado escenificar. Afrodita será el Dios que los salvará, Perséfone será el Diablo que le enfrentará. Al cumplir su objetivo, se dividirán el poder, Afrodita gobernará a los vivos, y Perséfone a los muertos"
—Pero claro.— dijo Hermes— Por éso han enviado a las Furias a la Tierra, para que los humanos crean que son demonios enviados por el diablo; por éso han enviado tantos desastres naturales, para que piensen que es el apocalipsis.
—Realmente es el apocalipsis.— aseguró Tánatos—. He tenido mucho trabajo últimamente... Afrodita quiere ser su salvadora... están imitando el apocalipsis bíblico para que los humanos lo crean.
—Pero... el apocalipsis cristiano tiene un anticristo, las diosas no tienen un niño que sea...— abrió mucho los ojos al darse cuenta, cubrió su boca de la impresión—. Espera un segundo...
—Sí lo tienen.— dijo Tánatos, pasmado al recordar—. La niña... ¡la nefilim!
—¡Que Caos nos ampare!
—¿La niña?— preguntó Brick, Hermes no le respondió.
Los chicos mortales entendían poco menos que los dioses, pero ya se intuían algo terrible. Boomer tembló un poco y bajó la mirada de sólo pensarlo. Brick se apegó a Bombón, y esta se recargó en él mientras daba un suspiro. Sólo siguieron viendo el mensaje.
"Tánatos, seguramente al momento de ver este mensaje yo ya estaré muerto, al igual que mi hermano Poseidón. Si no te enteraste de nuestra muerte, es porque Afrodita ha creado una forma de eliminar las almas de seres vivos, no sé cómo lo hace. Descubrimos los planes de las diosas, por éso mismo nos matarán, no tengo tiempo. Sólo me queda explicarte. Hay una profecía, dice que homúnculos con poderes pueden ayudar a detener a Afrodita... o que pueden causar nuestra perdición. Yo prefiero creer la primera opción. Encuentra a esos homúnculos, Tánatos, que te ayuden a salvar a los dioses y a la Tierra. Debes saber que Zeus está con vida, está en su habitación atrapado en un sueño eterno, sólo tú puedes despertarlo. Confío en ti"
—¿Por qué yo?
"No confíes en nada de lo que digan las diosas. Tánatos, mi leal compañero, ahora que estoy muerto debes ser tú el próximo Rey del Inframundo. "
El mensaje terminó, la esfera se destruyó. Tánatos quedó con la boca abierta. Los chicos sintieron un escalofrío con todo esto.
—¡El Rey del Inframundo! ¡¿Tú?!— exclamó Hermes, quizá con exageración—. ¡El Señor de los Muertos! ¡el Gobernante del Hades! ¡un dios principal y no uno de relleno! ¡¿Te han dado un ascenso?!
—Espera.— intervino Bellota—. ¿Hay una profecía con nosotros?
—Éso no lo sabía, ya entiendo por qué las diosas estaban interesadas en ustedes.— dijo Hermes, haciendo ademán de confusión.
—Hades... está realmente muerto.— decía Tánatos, afectado por la noticia—. Perséfone me ha estado manipulando... sabía que yo debía gobernar y no ella... Por éso me ha hecho esto...
—¿Qué quieres decir?— dijo Hermes, pero después de analizar la cara del otro dios, se dio cuenta—. Oh, te refieres a... éso.
—Me dijo que si yo la obedecía... la iba a curar, pero seguramente también era mentira.— apretó los dientes y los puños, parecía que quisiera llorar, pero este dios nunca llora— ¡Se atrevieron a mentirme!
—Oye, amigo, también me duele lo de Hades, y siento que Perséfone te haya mentido sobre ayudar a esa chica, pero ahora tienes algo importante qué hacer, y es ir a despertar a Zeus.
—¡No me apartaré de ella! ¡¿comprendes?!— explotó con enojo.
—Tánatos, te entiendo, pero no vas a poder...
—¡Púdrete, Hermes!— dijo con descaro, después miró a los chicos, que se mantenían alejados—. Niños falsos, ayúdenme y sólo así los ayudaré a detener a las diosas.
—¿Quién te crees?— dijo Bellota.
—Es el Dios de la Muerte y el legitimo Rey del Inframundo.— respondió Bombón a la pregunta de su hermana. Bellota le dirigió a la pelirroja una mirada de fastidio.
—Vengan conmigo.— dijo el Dios de la Muerte.
Tánatos dio un saltó y aterrizó en una esquina de la misma habitación. Los chicos dudaron un poco, pero se acercaron, flotaron hasta alcanzarlo. Hermes no estaba muy seguro; sabía cuál era el problema de Tánatos, lo que lo había hecho comportarse de forma inusual viniendo de él, la razón por la que se mantenía encerrado en esa habitación casi todo el día.
Tánatos entró a un pasaje secreto que se mantenía oculto tras una roca, los demás lo siguieron por un reducido pasillo hasta llegar a la puerta de una habitación. Hermes no recordaba que hubiera un pasillo ahí antes, ya que anteriormente ya había estado en ese lugar; se preguntó si solamente lo había mandado a hacer recientemente. Quizá había subestimado lo que Tánatos sentía. Aún así...
—Tánatos, ¿es necesario?— el mensajero se interpuso entre Tánatos y la puerta, ya que bien sabía lo que había detrás.
—Si quiero que la ayuden, necesito que la vean por sí mismos. Muévete.— hizo al otro dios a un lado, abrió la puerta y así pudieron entrar. Los chicos entraron primero, Hermes entró al ultimo, pero aún no estaba convencido.
—No quiero que la vean, sólo que se acerquen.— Tánatos asintió, obedeciendo la petición de Hermes. Parecía como si Hermes estuviera sobre protegiéndolos un poco, pero era porque creía que Boomer y quizá Bellota podrían llevarse una fuerte impresión, y claramente Bombón no estaba como para ver esas cosas en ese momento.
La habitación era reducida, el único mueble era una cama, y sobre ella yacía la figura de una mujer, indistinguible al estar completamente cubierta por las sabanas. Tánatos se sentó en la orilla de la cama, buscó la mano de la mujer acostada y la sostuvo, pero no la descubrió. Los chicos y Hermes se acercaron. Los jóvenes estaban confusos, pero no eran tontos, se sentía en el aire, lo que estaba sobre la cama era un cadáver.
—¿Quién es?— se apresuró a preguntar Bombón, no acercándose demasiado, pero sí analizando la figura con sumo detenimiento.
—La primera esclava.— respondió el dios, con voz seca.
—¿Femme Fatale?— se impresionó la pelinegra—. ¿Ese es su cuerpo?
—En realidad está con vida, o algo parecido. Su alma está atrapada en su cadáver muerto, así como Pirítoo.— dijo Hermes con desanimo—. Yo lo sabía pero no se los dije, no lo creí necesario. Pero que conste que creo que es una barbaridad.
—¿Cómo fue que sucedió?— preguntó Boomer, afligido.
—Cuando pelearon con la primera esclava, la hirieron de muerte, pero Perséfone no le permitió morir.— contó Tánatos—. Su cuerpo se pudre, y puede sentirlo, no puede encontrar el descanso en la muerte. Yo... sólo no soporto que la gente sufra de agonía, mucho menos una eterna.
—¿Cómo te ayudamos?— dijo Brick, con voz firme, queriendo ayudar en serio.
—Si Perséfone no planea curarla, lo haré yo, pero necesito su ayuda. No dejaré a Femme sola, mucho menos ahora, y sé que sólo ustedes pueden traerme lo que requiero. Necesito que me traigan a la Gorgona, su sangre tiene poderes sanadores.
—Ja, ja, ja.— se rió Hermes, pensando que era una broma—. Pero Medusa está muerta... A menos que te refieras a...— se sorprendió realmente. Tánatos no se refería específicamente a Medusa—. ¡Pero la mataron! ¡La hicieron polvo!
—No, no. Hera también la pidió viva. Transporté su alma aquí antes de que la destruyeran. La protegí de la muerte.
—¡Éso significa que...!
—¡¿De qué rayos hablan?!— se molestó Bellota.
—¡La segunda esclava también está viva!— exclamó el Dios Mensajero, que ni él mismo terminaba de creerlo.
—¡¿Sedusa?!— gritaron los cuatro chicos.
Bellota apretó los puños, ¡¿realmente esa mujer está con vida?! ¡éso no podía ser posible! ¡No debía ser verdad! No, realmente estaba viva. Cuando creía que ya se había deshecho de ese problema. Esa mujer sólo podía traerle odio.
—No es nuestro deber ayudar a Femme.— intervino Bombón, con voz calmada—. Se supone que buscaríamos a Burbuja después de esto.
—Bombón...— Brick, que aún la sostenía de la mano, le lanzó una mirada preocupada.
—Si Sedusa está viva, yo quiero verla.— dijo Bellota con firmeza, a lo que los demás voltearon a mirarla. La chica parecía muy malhumorada, así que no le preguntaron nada.
—Pero...— Bombón quiso objetar, pero antes de éso, fue interrumpida.
—¿Qué hay de la tercera esclava?— se atrevió a preguntar Boomer. Tánatos lo miró unos segundos, haciendo que Boomer dudara de su pregunta—. Si Femme y Sedusa están vivas... sólo pensé que...
—Afrodita dijo que se había ganado el derecho de seguir viva. La traje aquí, la curaron, ella está bien.
En realidad Brick no se dio cuenta, lo hizo inconscientemente. Al escuchar éso, Brick soltó de inmediato la mano de Bombón. Y Bombón sí se percató de ello, se dio cuenta de que su momento de felicidad se le estaba escapando. Princesa estaba con vida en algún lugar, y junto a ella vendría de nuevo el rechazo de Brick.
Brick se estaba alejando de ella... y esto a Bombón no le gustó nada. Dolía. Se suponía que habían ido al Inframundo a rescatarla a ella, no a alguien más. Se mordió el labio para contener sus reclamos y unas lágrimas que amenazaban con aparecer.
—¡¿Dónde se encuentra?!— se apresuró a preguntar Brick, casi desesperándose al instante, ignorando el estado de ánimo de la chica a su lado.
—La segunda y tercera esclava están en el Tártaro. Sólo necesito a Sedusa, pero pueden traer también a la otra si quieren.
—¡¿En el Tártaro?! ¡Pero ahí hay titanes!— se alarmó Hermes, tragando saliva—. ¡¿Están seguros de que quieren hacer esto?!
—No pienso ayudarlos si no curan a Femme.— aseguró Tánatos, frunciendo el ceño.
—No me iré de aquí sin Princesa.— advirtió Brick, con seriedad.
Bellota sí notó el estado de Bombón, esto es lo que le había preocupado, ahora el corazón de su hermana se había roto. Es un problema tras otro, pero no quedaba nada, más que seguir adelante.
—Con titanes o no, vamos a ir por esas dos.— ordenó la pelinegra—. Hermes, llévanos allá cuanto antes.— se giró para ver a su hermana, hablándole con suavidad—. Bombón, puedes esperar aquí si quieres, ya has pasado por demasiado.
—Estoy bien, quiero ir.— dijo, con voz ansiosa.
—Hermes, llévalos al Tártaro.— ordenó Tánatos, que de una de sus alas blancas, arrancó una pluma y se la entregó al Dios Mensajero—. Dale esto a los Hecatónquiros, sabrán que los he enviado yo, ellos saben dónde están encerradas las esclavas. Pero tengan cuidado con Sedusa, dicen que su prisión es muy inusual, Perséfone lo hechizó para que ningún dios entre, para que yo no la liberara; así que el que la saque de ahí no puede ser Hermes, sino uno de ustedes.
—¿Qué hay de Princesa?— cuestionó Brick.
—Ella no está encerrada, escuché que se esconde en una zona apartada del resto en el Tártaro, pero no bajen la guardia, puede ser peligrosa. Un Hecatónquiro los guiará a cada una.
—Bien, ya está.— dijo Bellota—. Sacamos a Sedusa y Princesa del Tártaro, curamos a Femme y después Tánatos nos ayudará a rescatar a Zeus.
—Sin mencionar que Zeus está en el Olimpo.— dijo Hermes—. No sabemos siquiera qué pasará después, y tenemos que buscar a Burbuja.
—Por éso hay que apresurarnos. Una vez entremos al Tártaro hay que separarnos; Hermes, tú lleva a Brick y a Boomer con Princesa, yo y Bombón iremos con Sedusa. Nos reuniremos todos aquí, más vale que no se pierda nadie.
Bombón parpadeó al escuchar a su hermana, ¿desde cuándo Bellota era la líder? Además, los demás la obedecieron sin protestar.
Hermes los llevó rápidamente al Tártaro, que se encontraba en lo más profundo del Inframundo, mucho más abajo de la tierra, y ahí parecía un mundo completamente diferente. Al llegar, se encontraron con los Hecátonquiros, que eran gigantes monstruosos de 100 brazos y 50 cabezas; daba cosa acercarse a ellos, pero eran inofensivos una vez Hermes les mostró la pluma de Tánatos. Ya dentro del Tártaro, se escucharon gritos de pánico y dolor, gritos mucho peores que los que se escuchaban en la orilla del río Aqueronte; estos no eran lamentos, eran gritos de agonía. Pues el Tártaro era el infierno, si de por sí el resto del Inframundo es bastante malo, este es peor.
Tomaron caminos separados, un Hecátonquiro acompañaba a cada grupo, ya que sólo ellos sabían dónde estaban las respectivas esclavas que buscaban. Hermes fue con Boomer y Brick; cuando el dios se distrajo, Boomer se acercó a su hermano, para hablarle en voz tan baja para que sólo los dos escucharan.
—No debiste dejar que te besara.— dijo, refiriéndose a Bombón y lo que había sucedido antes de que se desmayara.
—Cállate. No sabía que Princesa estaba viva, yo sólo...
—Es suficiente, Brick. No puedes seguir ocultando lo que le hiciste a Bombón.
—Ella está bien, no le hicieron, ni le dijeron nada. ¿Crees que ella quisiera mi amor después de saber lo que le hice?
—Pero tú no quieres el amor de Bombón.— dijo el rubio, con voz muy molesta—. Quieres redimir tu error. Bombón necesita saberlo.
—Tú no sabes nada de lo que necesita.— se molestó—. ¿Crees que no me he dado cuenta? Desde que la encontramos, tú has estado evitándola, como si fuera un monstruo. Sí hay un monstruo aquí, soy yo.
—Tú sabes quién es el verdadero monstruo.— habló en tono sombrío, con mucha seriedad, alejándose de su hermano.
Mientras, Bombón y Bellota se dirigían hacia Sedusa, dirigidas por un Hecátonquiro. El Tártaro realmente era un lugar terrible, no sólo eran los gritos, sino sus habitantes, que eran torturados a cada momento, y muchos de ellos eran criaturas horribles. El cielo era rojo y salía humo y fuego por todas partes.
—¿Estás de acuerdo con que rescaten a Princesa?— preguntó Bombón a su hermana de repente.
—No estés celosa. A mí tampoco me agrada ella, pero Brick la quiere.
—Sabes que no me refiero a éso. Tú sabes lo que Princesa hizo, se merece estar aquí.
—¿Qué es éso?— habló Bellota, viendo que se acercaban a algo muy inusual.
—Es aquí.— habló el enorme Hecátonquiro—. Ya conocen la salida, me voy.
—Gracias señor gigante, si un día visita Saltadilla, no lo golpearé tan fuerte.— dijo la pelinegra, despidiéndose agitando la mano.
—No es momento de chistes.— dijo Bombón—. ¿Cómo la sacamos?
Frente a ellas había un enorme cubo de cristal, como un bloque de hielo, pero de vidrio, no se podía ver dentro. Según Tánatos, la prisión estaba protegida para que ningún dios entrara, mas ellas sí podían hacerlo. No pudieron romper las paredes, pero encontraron la puerta con facilidad, no tenía seguro alguno, así que entraron, descubriendo que sólo se podía abrir por fuera. Lo que se encontraron fue sorprendente.
El suelo, el techo y las cuatro paredes eran espejos por completo; a donde sea que voltearan, se veían sus reflejos. Y en medio de esa habitación, ahí estaba Sedusa, dándoles la espalda. La mujer ya no poseía las serpientes en el cabello, se veía igual que antes.
—¡¿Quién es?!— preguntó de forma tosca, sin voltear.
—Somos nosotras, Bombón y Bellota.— dijo la pelinegra, cruzando sus brazos.
—¡¿Qué diablos hacen aquí?! ¡¿Acaso Princesa logró matarlas?! ¡Se suponía que los niños falsos no venían al Inframundo!
—De hecho venimos por Princesa también. Vamos a sacarlas de aquí, Sedusa.
—¿Por qué harían tal cosa?— no relajó su voz, giró pero no las vio, mantenía sus ojos completamente cerrados.
—El Dios de la Muerte necesita tu sangre para curar a Femme Fatale.— explicó.
—¿Así que necesitan la sangre curativa de Medusa? ¡Pues quítenmela! ¡yo no puedo salir de aquí!
—¿Por qué no abres los ojos?— preguntó Bombón.
—¡Estoy ciega, niña tonta!— gruñó, enfurecida—. ¡Si llego a abrir los ojos, petrificaré todo! ¡no puedo salir si no veo! ¡si abro los ojos aquí dentro, miraré mi reflejo! ¡Me petrificaré a mí misma y esta vez sí moriré!
Una vez terminó de hablar, Bellota fue contra ella y la derrumbó de una patada. Bombón quedó sorprendida, pero no la detuvo, decidió apartarse y observar. Sedusa se levantó, aún sin abrir los ojos.
—¡¿Estás desquiciada?!— rugió, sin saber en qué dirección estaba la chica.
—¿Has tan siquiera abierto los ojos desde que llegaste aquí?— preguntó con brusquedad. Sedusa no le respondió—. ¡A Tánatos lo engañaron! ¡¿Cómo sabes que no te engañaron a ti también?!
—¡¿Quieres morir petrificada?! ¡porque yo no! ¡no correría ese riesgo!
—¡Venimos aquí para llevarte, no por tonterías! ¡Si por mí fuera, que te mueras aquí!
—¡Entonces déjame sola! ¡no necesito de tu falsa misericordia!
—¡Eres una completa estúpida!— insultó, desconcertando a su hermana y haciendo rabiar a Sedusa—. ¡Quiero que abras tus malditos ojos y te des cuenta que te han engañado!— se acercó a la mujer, la tomó del cuello, agitándola como un muñeco de trapo—. ¡Estoy frente a ti, no te pasará nada si los abres!
—¡Bellota!— se alarmó Bombón, pero Bellota le lanzó una mirada seria, no quería que se entrometiera.
—¡¿Por qué quieres correr ese riesgo?!— preguntó, asustada en el fondo—. ¡Tú me odias!
—¡Tú no tienes la menor idea de cuánto te odio!— apretó más su cuello, casi asfixiándola.
—¿Por qué no... me lo dices entonces?— retó, casi sin poder respirar.
—¡Te odio! ¡te aborrezco! ¡Yo me he hecho cargo de tu maldito hijo por más de tres años!— arrojó a la mujer al suelo, pero su ira aún persistía—. Porque por si no lo recuerdas ¡tú tienes un hijo!
—¿A ti qué demonios te importa ese niño?— dijo, apenas levantándose del suelo—. Yo no te pedí cuidarlo. Si tú quisiste hacerte cargo de él, es tu problema.
—¡Abre tus malditos ojos!
—¡¿Por qué carajo insistes?!
—¡Quiero que me mires a los ojos cuando escuches lo que te voy a decir!— bramó, pateándola, haciendo que se estrellara contra una pared de cristal.
—Bellota, no puedes obligarla, no sabes lo que puede pasar.— advirtió Bombón, parada en la entrada de la prisión.
—¡No te metas en esto, hermana!— volteó a verla un instante y después volvió a ver a la mujer frente a ella—. Dime, ¿acaso no te repugna una mujer que no cuida a sus hijos?— dijo en tono despectivo. Bombón sólo lo pensó un instante, después, con expresión neutral, contestó.
—Debería morirse.— dijo, en un tono que parecía casi un canto. Bellota volvió a mirarla, sorprendiéndose por haberla escuchado decir esas palabras.
—Sí, se lo merece. Esta mujer es una zorra sucia, una mujer despreciable, una escoria. Pero no importa, porque Jimmy no la necesita en lo absoluto, es más, la desprecia.
—¡Ja!— gritó Sedusa, en burla—. Al parecer el pequeño se parece más a mí... muy a tu pesar ¿no es así, Bellota? ¡Admítelo! ¡no estás enojada por tener que cuidar a ese mocoso! El verdadero motivo de tu odio es que siempre has estado celosa de mí.
—¡No es verdad!— gruñó, apretando sus puños.
—Nunca fuera a hacerte caso cuando tenía a una mujer como yo. Sin mí, Ace no sería lo que es ahora. Tú eres una mocosa insignificante. ¿Qué esperabas? Eres diez años menor que él.
—¡Y tú eres diez años mayor que él! ¡Puta degenerada!— se enfureció tanto que se acercó sólo para darle múltiples puñetazos en el rostro y en el estomago, una y otra vez.
—Qué guardado te lo tenías, Bellota.— comentó Bombón, observando a distancia este acto de rudeza.
—¡Cállate! ¡ya lo superé!— contestó, dando una patada a Sedusa, arrojándola a una esquina, sólo para seguir con los golpes. Bombón alargó un suspiro.
—Lo dijiste hace trece años, lo volviste a decir hace cinco, y lo dices ahora. El primer amor jamás se olvida.
—¿Lo dices por experiencia?— preguntó, casual, mientras seguía golpeando a la mujer.
—Tch. No tentes a tu suerte.
Cuando Bellota terminó de desquitarse con aquella mujer, se cruzó de brazos, viéndola con seriedad. Sedusa se puso de pie, casi sin problema, lo cual resultaba muy extraño, porque realmente había recibido una paliza. Aunque se haya levantado, los golpes sí que habían dolido.
—Bien, me hiciste sangrar. Tomen la sangre y déjenme tranquila.— dijo con voz venenosa.
—No has abierto tus ojos.— replicó, con desprecio.
—Ya me dijiste todo lo que tenías que decir y no los abrí. ¡Sólo déjame!
—¡¿Acaso quieres quedarte sola toda la vida?! Algún día tendrás que abrir los ojos, para al menos morirte.
Sedusa hizo una pequeña mueca de dolor, más bien de sufrimiento. Las palabras que Bellota le había dicho le hirieron, aún cuando ni siquiera eran palabras fuertes. Lo peor es que Bellota ni siquiera había entendido el peso de lo que acababa de decir. Sedusa soltó unas lágrimas que en realidad no compadecieron a las dos hermanas, ya que eran una lágrimas de berrinche.
—¡¿Éso te dijeron?!— dijo, llorosa, pero con soberbia—. ¡¿Que estaba viva?!... Aunque salga de aquí, yo... Realmente no importa, ¿cierto?
Se hincó en el suelo, comenzando a abrir los ojos lentamente, con miedo. Y pudo verse, realmente no pasó nada, realmente le habían mentido. Se llevó una fuerte impresión al verse a sí misma; sus ojos verdes, su pálida piel, su cabello que ya no poseía serpientes.
—Oh, dioses, miren mi cabello.— estaba lacio, demasiado—. ¡¿Pero qué le han hecho?!
—Esta mujer está podrida.— comentó Bellota. Se acercó a la mujer, llevando la mano a su hombro—. ¿Nos podemos largar ya?
—¿Realmente sentiste compasión por mí?— miró a la joven, entristecida—. Pero me odias, me tienes celos.
—Eres una molestia. Pero eres la madre de Jimmy, te lo debo. ¡Y no estoy celosa!
En el otro extremo del Tártaro, el Hecátonquiro conducía a Hermes, Brick y Boomer a donde se suponía estaba Princesa. Era evidente el nerviosismo de Hermes, en esa zona era muy probable encontrarse con un titán, aunque muchos estaban encerrados, otros tantos merodeaban por ahí.
Se pudo ver a lo lejos un paisaje con múltiples montañas rocosas, de ahí provenían gritos, rugidos y fuertes ruidos de explosiones. El Hecátonquiro que los acompañaba detuvo su andar.
—Hasta aquí llego yo. Arréglenselas ustedes.— dijo el monstruo enorme, dando media vuelta y yéndose rápidamente.
—Ésa no es buena señal.— dedujo Hermes, con expresión preocupada.
De detrás de una montaña, fue lanzado algo que estuvo a punto de chocar contra Hermes, pero lo esquivó. Se acercó para ver lo que había caído, llevándose una gran sorpresa.
—¡¿Esa es una cabeza de Hecátonquiro?!— gritó Boomer, aterrado. Ahora entendía por qué el Hecátonquiro de antes había salido huyendo.
—Al menos tiene otras 49.— dijo Hermes, y después comenzaron a llover más cabezas junto a brazos mutilados—. ¡Algo está mal!— Hermes vio a lo lejos un grupo de Hecátonquiros acercándose a las montañas; al instante se acercó a ellos, los chicos también lo siguieron. Les habló con fuerza—. ¡¿Qué está sucediendo allá atrás?!
—¡Dios Mensajero!— se sorprendió un Hecátonquiro, que iba armado completamente.
—La esclava se salió de control.— dijo otro gigante—. ¡Hemos tratado de atraparla desde hace días, ha destruido a cientos de nosotros!
—¡Pero Ceo se volvió loco!— gritó otro—. ¡Llegó y comenzó a atacarla sin razón! ¡tratamos de detener a ambos pero es inútil!
—¡¿Qué dices?! ¡¿Ceo?!— se alarmó Hermes—. No, no. Esto está mal, esto está muy mal.
—¡¿Quién es Ceo?!— preguntó Brick.
De detrás de las montañas, se escuchó un grito terrible, y se lograba distinguir la cabeza enorme de una criatura, que era más alta que las mismas montañas. ¡Era de un tamaño bestial! ¡ese era un titán! ¡Un verdadero titán!
—¡Ese es Ceo!— respondió Hermes, con cara de espanto. Brick salió disparado hacia la escena, causando el desconcierto de Hermes—. ¡Brick, espera! ¡ése no es un gigante cualquiera! ¡Brick!— fue previamente ignorado, lo cual lo hizo rabiar—. ¡Boomer, hay que ver que tu hermano no se mate! ¡vamos!
Era un titán, de cuanto menos unos 60 metros, frente a él estaba la chica de poco más de metro y medio. Era un insecto a comparación, pero bien que le estaba dando pelea. Y una pelea brutal.
—¡No eres más que una pulga! ¡Deja de causar destrozos al Tártaro!— gritó Ceo, con una sonora voz, como si fuera inconsciente que su pelea actual estaba causando daños peores.
Princesa golpeó una montaña, la destrozó, tomó una roca gigantesca y la arrojó a la cara del titán, haciendo que este se cegara momentáneamente; le dio una patada en el estomago, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera, causando un temblor en gran parte del Tártaro. La chica descendió al suelo, tomó un enorme Hecátonquiro, que era débil comparado con ella, y lo arrojó hacia el titán, que era cerca de cuatro veces más grande. Después tomó a más gigantes y los usó como proyectiles para atacar al titán.
—¡Déjenme!— gritó la chica, mientras media docena de Hecátonquiros trataban de frenarla, mientras ella los apartaba, arrancándoles varios brazos y cabezas—. ¡Que me suelten!— gritó, causando una onda expansiva con su propia energía, haciendo que las criaturas salieran lanzadas y quedaran echas pedazos—. ¡Ahhhh!— rugió, formando una esfera de energía en sus manos, que lanzó directo al titán, repitiendo esta acción varias veces—. ¡Desaparece!
—¡Princesa!— la llamó Brick, estando a muchos metros alejado de ella. Princesa se distrajo al voltear a verlo, ella tenía una expresión confundida, fue entonces que el titán le dio un manotazo, arrojándola hasta estrellarla contra una montaña.
—¡Eres un tonto, Brick!— regañó Hermes, que se había acercado junto con Boomer—. ¡Eres realmente un completo idiota!
—Ya me di cuenta.
Hermes fue rápidamente hacia el titán Ceo, flotó frente a su rostro, queriendo calmarlo.
—Ceo, tranquilo, deja de atacarla.— pidió—. ¡Su pelea está destruyendo el Tártaro!
—¡Ella no deja de causar caos, Hermes!— habló el poderoso titán—. ¡Ella misma provocó esta pelea!
—Yo me encargo. Por favor, vete.
—¡Ya ha destruido demasiadas criaturas aquí, debe pagar!
—No tengo tiempo para esto. Espero nadie lo note.— Hermes tomó impulso y atinó un golpe al rostro del titán, haciendo que el gigantesco cayera, tropezara y quedara inconsciente. Tal vez no hubiera pasado si Ceo no tuviera la guardia baja, nadie se espera nunca el golpe de un heraldo—. ¡Je! Me encanta ser un dios.
Princesa no había recibido demasiado daño del golpe del titán, ya estaba levantada y rodeada de un grupo de Hecátonquiros que querían atraparla. Ella alzaba las manos hacia enfrente, queriendo mantenerlos apartados; y los gigantes por supuesto que estaban a su debida distancia. Brick se acercó, Boomer iba a acercarse también, pero fue detenido por Hermes.
—No te muevas de aquí.— le dijo el dios, mientras indicaba a los Hecátonquiros que se retiraran.
—¿Por qué?— preguntó el rubio.
—Como temía, ella en verdad es peligrosa.— explicó. Boomer frunció el ceño pero antes de que dijera algo, Hermes continuó—. Sabemos que pasó mucho tiempo en el Inframundo antes de luchar con ustedes. Las torturas aquí son insoportables, ningún humano puede imaginar un horror así. Ella está demasiado afectada, tal vez no vuelva a ser la misma, no sabemos cómo reaccionará.
—Princesa...— le habló Brick, acercándose a ella con lentitud.
—¡Aléjate!— gritó, con las manos extendidas hacia él, en señal de amenaza, de poder atacarlo si se acercaba.
—Soy yo, Brick.— dio un paso más a ella, pero la chica sólo se alteró.
—¡Aléjate!
—Vine por ti, Princesa. No me iré sin ti.
—¡Dije que te alejaras!— arrojó un rayo hacia él, Brick sólo se hizo a un lado.
—¡Princesa! ¡basta ya! ¡¿que no ves que me duele?!
Y claro que dolía. Había creído a la chica muerta, su mundo se había quebrado. Había pensado que tendría la carga de vivir con el hecho de haber matado a la niña que le había dado sentido a su existencia. Porque antes de que ocurriera, la ultima vez que la había visto sólo tenía 16 años, y era una chica demasiado irritante y odiosa, pero con un dolor que nadie estaba dispuesto a escuchar, ni ella a compartir.
—¡No! ¡no, no, no, no, no! ¡Yo maté a tu hermano! ¡lo maté! ¡maté a Butch!— dijo, paranoica, llorando de terror—. ¡No quiero hacerles daño también!
—¡Lo sé!... Ya lo sé.— soltó unas lágrimas, ya que dolía demasiado. Era lo peor de todo, nadie era inocente, era una relación demasiado retorcida y lo sabía—. Sabes que he hecho cosas peores. Por mí, tú y Bombón han sufrido, no se lo merecían, especialmente tú, que no tenías nada que ver. El único culpable soy yo, lo he arruinado todo. Pero sólo quería estar contigo, fue egoísta, pero fue por ti... No soporto estar sin ti.
—Brick... estoy vacía por dentro.— dijo, sin mostrar emoción alguna—. Ya no soy nadie.
—No, Princesa, tú no crees éso.— se acercó a ella, la tomó de los brazos, la chica no opuso resistencia, sólo bajó la mirada—. Pasaste toda tu vida escuchando lo que los demás creían de ti, que sólo eras una odiosa, pero siempre fuiste más que éso. Si ahora quieren que seas un monstruo, no debes creerlo, no debes serlo si no quieres. Ellos creían haber arrancado tu corazón, pero éso es imposible... aunque tú lo quisieras así, ¿sabes por qué?
—No.— susurró, llorosa, dejando ser abrazada por Brick, rindiéndose a sus emociones reprimidas.
—Porque tu corazón me pertenece.— sonrió un poco, recargándose en ella, como si se tratase de un preciado tesoro—. No me importa lo que los demás piensen, no me importa si a nadie le gusta. Yo te amo más que a cualquier otra cosa.
Hermes quedó sorprendido, realmente la había calmado, algo que no habían logrado hacer cientos de criaturas desde que ella había llegado. Boomer estaba cautivado, casi se ponía a llorar también; en realidad nunca había entendido la relación de esos dos, aún ahora, pero él más que nadie sabía que este tipo de cosas no necesitaban tener sentido, sólo ocurrían. Y ellos sólo se abrazaron, era lo único que habían querido, no necesitaban nada más.
Era hora de irse...
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Cuando volvieron con Tánatos, Bombón y Bellota ya estaban ahí con Sedusa. Bombón se le quedó viendo a Princesa, que parecía encerrada en su propio mundo, distraída de todo, con ojos cansados y ocultándose tras de Brick. Esa chica no era para nada la niña que antes había conocido, ¡esta era una versión deprimente de Princesa! El disgusto de Bombón era evidente, incluso para Brick, pero trataba de ignorar este hecho. Aunque la presión era mucha.
—¿Seguro que mi sangre funcionará? Digo, ya no tengo los poderes de Medusa.— dijo Sedusa, mientras Tánatos le quitaba con cuidado algo de sangre del lado derecho de su cuello.
—Que no tengas serpientes y no petrifiques no significa que hayas perdido tus poderes. Tal vez sólo estén ocultos, reprimidos, o de alguna forma logres controlarlos pronto.— dijo el dios con voz fría, y en realidad ni él mismo sabía qué le estaba diciendo.
Tánatos se acercó a la cama donde yacía Femme, descubriéndola del rostro. Los demás hicieron un gesto, ya que realmente era un cadáver putrefacto; es increíble pensar que aún esté viva dentro de éso. Hermes no había querido que la vieran, pero ya está, un trauma más a la lista no cambiará mucho las cosas. El Dios de la Muerte vertió la sangre en la boca de la mujer.
Pasaron unos segundos inquietantes para Sedusa, ya que después de todo era su sangre. Si funcionaba significaría que aún tenía los poderes de la Gorgona, si no era así significaba que los había perdido; no le importaba demasiado, exceptuando el hecho de que si los perdió implicaría que posiblemente, en parte, sí estaba muerta. Aunque dijeran que está viva, sabía que su cuerpo había sido destruido en la pelea, Tánatos sólo había salvado su alma. Por otro lado, si la sangre funcionaba, no confirmaba ni negaba nada. Un alma puede tener un cuerpo físico en el Inframundo si es que los dioses lo quieren así, al igual sus poderes permanecerían intactos. Tampoco es que tuviera valor de preguntarle a Tánatos los detalles de su situación actual.
Tánatos apretó la mano de la primera esclava, ya comenzándose a preocupar; y cuando ya empezaba a asumir que no había resultado, la piel de Femme recobró color, después dio un largo suspiro. Los demás no pudieron ni respirar de la incertidumbre ¿Cómo reaccionaría un alma que ha estado atrapada tanto tiempo? ¿cómo se movería un cuerpo que pasó tanto tiempo muerto?
Apenas Femme abrió sus ojos azules, dio un salto brusco, incorporándose completamente. Todos a excepción del Dios de la Muerte, quedaron con la boca abierta del impacto de verla, porque tanto tiempo había pasado, algunos ni siquiera la habían visto, el caso es que se habían olvidado que la primera esclava tenía unas enormes alas tan blancas y suaves como la nieve; y allí estaba ella, de pie y estirando sus plumas, como un ángel recién levantado de un sueño.
—Ohh, mucho mejor.— dijo con voz suave mientras hacía estiramiento con sus brazos—. ¡Puaj! ¡Necesito un cambio de ropa urgente!
—¡Estás bien!— Tánatos se lanzó sobre ella, derribándola de vuelta sobre la cama, abrazándola con fuerza mientras ella forcejeaba para quitarse al dios de encima.
—¡Ja, ja, ja!— se rió Sedusa—. ¡Esto es hilarante! ¡Ja, ja, ja!
—¡Oh! ¡Ojalá Eros estuviera aquí para verte así!— gritó Hermes, con voz emocionada y un ligero sonrojo—. ¡Incluso el Dios de la Muerte puede ser tierno!
—¡Cierra la boca Hermes!— gruñó el dios al otro dios. Después de esto, Femme le dio un puñetazo en la cara y finalmente se lo apartó.
—¡No tienes decencia, Tánatos! ¡No puedes tomarme así! ¡hombre estúpido!— gritó Femme.
—¡Yo te cuidé por semanas! ¡tengo el derecho a tomarte como me plazca!
—¡¿Tienes idea de cómo suena éso?! ¡pervertido!
—¡No, no me quise decir..! ¡Agh!— cubrió su rostro con ambas manos, por vergüenza, se había dejado llevar.
—Bien, Tánatos, ahora debes cumplir con nuestro acuerdo.— habló Hermes—. Debes ayudarnos a detener a las diosas e ir a buscar a Zeus y despertarlo. Ahora que lo pienso, Hades dijo que sólo tú puedes despertarlo ¿Por qué?
—No lo sé, yo soy un Dios de la Muerte no un Dios del Sue... ¡Ay, no!— volvió a cubrirse el rostro, con aún más vergüenza—. El Dios del Sueño.
—¿Tu hermano?— Hermes arqueó la ceja.
—Ese tonto de Hipnos me las va a pagar.
Fuera de esta conversación, Bombón seguía mirando a Brick. Harta de verlo tan pegado a Princesa, se acercó a él.
—Brick ¿podemos hablar a solas?— preguntó, como alguien insegura, con la mirada baja.
—Bien.— titubeó, pero tuvo que aceptar.
Ambos salieron de la habitación, estando solos en el pasillo que conectaba ese pequeño cuarto con el enorme en el cual las Moiras se reunían. Brick mantenía la vista fija en la pelirroja, en espera de lo que fuera a decirle.
—Olvídala.— dijo la chica, con voz seca—. No sé qué tipo de relación hayas tenido con Princesa en el pasado, pero lo mejor es que lo olvides.
—¿Por qué me estás diciendo esto?— preguntó, manteniendo la serenidad, pero no sintiéndose tan cómodo.
—Es lo mejor para ti. Mírala solamente, está muy inestable, en cualquier momento puede salirse de control.
—Fue torturada en el infierno, al igual que tú. ¿Por qué tú no actúas como alguien que ha sido torturada?— se puso a la defensiva, sabiendo que estaba tratando mal a la chica, pero no le importó.
—Porque yo soy fuerte, Brick, yo lo soporto. Pero no soporto pensar que tú sufras por ella. Yo te amo, Brick, yo sé que en el fondo me amas también.— quiso acercarse a él para besarlo, pero Brick la apartó, la sostuvo por los hombros y la miró severamente.
—¿Qué está pasando contigo?— preguntó con seriedad, con una real preocupación, pero sin sutileza.
—Me pasa que tú dices estar enamorado de Princesa, pero la chica que era ya no existe, se fue para siempre, murió. Debes dejarlo en el pasado y ver lo que tienes ahora. Yo soy real, Brick, y estoy frente a ti.— lo miró con melancolía, acariciando su rostro con suavidad. Le dio un tierno beso en la mejilla al pelirrojo y después le susurró al oído, un susurro con voz seductora y maliciosa—. En cambio, la niña que está allá adentro, es una irreversible... loca.
Entonces pasó. Al final, el amor que le tenía Brick a Princesa valía más que la culpa que sentía hacia Bombón. A la pelirroja le dio una bofetada en el rostro, él ¡le pegó!
—Ahh... ¿qué?— la chica acarició su mejilla enrojecida, pasmada y sin asimilar el golpe que había recibido.
Al segundo siguiente, Hermes junto con Bellota, abrieron la puerta y salieron al pasillo, ya que habían escuchado el ruido del golpe. Bellota estaba enfurecida, Hermes trató de calmarla. En el fondo, Boomer y Princesa lo observaban todo, sin decir nada.
—¡¿Cómo te atreves a golpearla?!— gritó Bellota, sostenida por Hermes que no permitía que se lanzara a golpear al chico—. ¡Mírala! ¡tiene muchas herida en el cuerpo y tú la estás golpeando más! ¡¿Qué demonios te pasa?!— pero Brick no contestó.
—No pasa nada, fue mi culpa.— dijo Bombón, con una voz pequeñita y unos ojos llorosos—. Lo siento tanto, Brick. Necesito estar sola... estaré afuera, no se preocupen.
Bombón, llorando, salió del pasillo y entró a la habitación más grande. Cuando todo se calmó, en el pasillo sólo quedaron Brick, Boomer y Princesa. Brick se veía perturbado, Princesa se acercó a él y lo tomó de la mano, él la miró, pero no encontró calma en sus ojos. Tanto Boomer como Princesa sabían que algo estaba muy mal, algo que Brick no quería ver.
La mente de Brick daba vueltas. Se había jurado proteger a Bombón, se había prometido no hacerle más daño, pero la había golpeado. La golpeó con algo que no creyó sentir hacia ella, la golpeó con desprecio. Sus palabras fueron demasiado hirientes, no pudo soportar escucharla decir aquello. Pero había algo más en aquel beso en la mejilla y en ese susurro malicioso.
Tenerla cerca de esa manera, escuchar su susurro frívolo y seductor, había sido una experiencia... horrible. Como tener una serpiente enroscada en el cuello, a punto de clavarte sus colmillos e inyectarte su veneno mortal. Pero Bombón no era una serpiente, era una mujer. Brick trató de negárselo a su mente "Ella no puede saber lo que le hice" pensó "Ella se mantiene inocente y sin saber nada" Por nada del mundo iba a ceder a la verdad, se lo siguió repitiendo una y otra vez "¡Bombón está perfectamente bien!" "¡No hay nada malo con ella!" "¡Ella no sabe nada, no le hicieron nada, no le dijeron nada! ¡Sólo está afectada, sólo éso! ¡ella no debe saber la verdad!"
Mas Bombón se veía muy mal, se había alejado para estar sola, entró a la gran habitación de las Moiras. La chica lloraba con fuerza, deseando que nadie la escuchara. Había perdido a Brick para siempre. La chica se acercó a una de las grandes ventanas y se recargó en ella; al acercarse, las almas que volaban cerca salieron huyendo como palomas espantadas y el fuego infernal se calmó.
Las heridas en los brazos de Bombón dolieron, ella se percató que con la agitación se habían abierto y volvían a sangrar un poco. Se limpió las gotitas de sangre que salían de una herida especialmente profunda. Se acarició los brazos en un intento por que el dolor parara, no el dolor físico, sino el emocional. Ella había sido rechazada por Brick.
No era la primera vez que la rechazaba. A principio de mes, en el parque de Saltadilla, ella lo había besado, después de éso comenzaron a pelear violentamente, sus hermanos tuvieron que intervenir para separarlos. Desde aquella vez Bombón se había vuelto mucho más fría con los demás, más reservada y antisocial. Nunca olvidaría aquel día que fue rechazada por Brick... y lo que pasó después.
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Era el día 5 de abril, 15 días antes de que la secuestraran, 20 días antes del día de hoy. Cuando su vida parecía no tener sentido. Después del rechazo de Brick, después de haber insultado al inocente de Jimmy y después de que sus hermanas la vieran con desprecio.
Ella había volado hasta su casa, entró muy apurada, a pesar de que el Profesor la miraba preocupado y le preguntaba qué había pasado, ella no respondió, incluso le gritó que se alejara. Bombón se encerró en el baño mientras gritaba que sólo quería estar sola. Lloraba mucho, sentía mucho dolor, sentía mucha furia. Rompió varias cosas que se encontraban en el baño, sólo para intentar desquitarse, pero era inútil.
—¡Todo es tu culpa!— gritó entre lágrimas—. ¡Es tu culpa, Burbuja! ¡es tu culpa! ¡No debiste haberte embarazado! ¡encima me lo restriegas en la cara!— fue directo al espejo, pudo ver su reflejo, estaba cubierta en lágrimas, se veía fatal, pero había un detalle, ese ridículo moño rosa que llevaba como adorno en el cabello, con irritación se lo quitó y lo arrojó al suelo—. ¡Yo no necesito esto! ¡no soy una maldita niña!— después rompió el espejo con su puño, cosa que le irritó mucho ya que por tener súper poderes no se lastimó al romperlo, hubiera preferido herirse, así distraería el dolor de su alma con dolor físico—. Yo soy una... mujer.— le fue difícil decir la palabra, se hincó en el suelo, mientras apretaba sus puños con ira mientras no paraba de llorar, fijó su vista al techo—. Soy una mujer inservible...— ¡no!, negó éso en su mente, intentó bloquearlo, intentó negarlo, intentó culpar a los demás por su problema—. ¡No! ¡yo soy perfecta!— gritó con rabia—. ¡Todos me las pagarán! ¡todos deben sufrir! ¡todo el mundo y todas las personas, toda la gente que me desprecia, TODOS PAGARÁN!
Ya no era odio, ya no era tristeza, en ese momento algo en el fondo, muy en el fondo cambió, algo imperceptible, algo invadió su corazón, algo comenzó a consumirla con una rapidez inquietante, algo que iba mucho más allá que una rabieta, un mar de lágrimas o un corazón herido, algo más profundo, oscuro y aterrador, era...
"¿Maldad?... qué interesante"
Bombón se sobresaltó en su lugar, observó la habitación, estaba completamente sola. Se echó para atrás, recargándose en la bañera, sentada en el suelo y abrazando sus rodillas. Parecía que su mente le había jugado una mala broma. Su llanto se calmó un poco, pero aún temblaba y las lágrimas no querían dejar de salir. Aunque lo que ahora sentía era mucho coraje, un gran odio... y una repentina sensación de vacío.
"No resolverás nada si sigues llorando"
¡Esta vez sí que había oído algo!
—¿Qué haces aquí?— se enfadó la chica, alzando la vista, sin molestarse en limpiar sus lágrimas.
"Escuché tus llantos de dolor"
La voz se escuchaba, pero Bombón estaba sola ahí. Ella se puso de pie, ya sin llorar, pero con la cara empapada.
—Éso no te interesa.— dijo toscamente, acercándose al espejo roto.
"Tu sed de sangre me atrajo"
—No era sed de sangre.— habló en murmullos, no quería que alguien afuera la escuchara. Se miró en los cristales rotos, después giró—. ¿Dónde estás?
"No te engañes a ti misma, quieres verlos sufrir, hacerlos pagar por burlarse de ti. Tú misma lo dijiste"
A la mente de Bombón llegaron las frases que antes había dicho "¡Todos me las pagarán! ¡todos deben sufrir! ¡todo el mundo y todas las personas, toda la gente que me desprecia, TODOS PAGARÁN!" Y sonó como un eco prolongado, una y otra vez, perturbándola, dándose cuenta de lo desquiciado que sonaba. El eco no paró hasta que sintió que alguien le acariciaba el cabello.
"Y por cierto... yo estoy justo aquí" le dijeron suavemente en el oído izquierdo, pero cuando Bombón volteó no había nadie.
Ella tragó saliva mientras su corazón se aceleraba por el miedo. Trató de mantenerse firme, aunque sus labios y manos temblaban en una mezcla de terror, tristeza y, muy en el fondo, un poco de vergüenza.
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Ah, ese recuerdo, fue hace semanas y aún lo sentía presente. Cada que lo pensaba, su corazón se volvía a acelerar.
El rechazo de Brick dolía, pero ya no tanto como antes, sólo lastimaba su orgullo de mujer. Se limpió las lágrimas de su rostro al recordar que hace un momento, antes de salir llorando, había volteado a ver a la tonta de Princesa y la había revisado cuidadosamente con su poder de visión de rayos x para ver su interior, para saber qué tan herida estaba Princesa. Y como lo había imaginado, habían torturado a Princesa de tal forma que ella había quedado estéril.
Oh, ironía, la dulce, cruel y constante ironía. Era lo que se merecían.
Volvió a acariciarse las cicatrices de los brazos, observando el cielo escarlata del infierno por la ventana. Ya no se sentía sola, claro que no. Sus recuerdos más oscuros y su futuro próximo, así como el dolor del infierno le hacían dar una pequeña sinrisita perversa.
Ups. Lo declaro, en este fanfic Bombón se volvió mi personaje favorito, pero ¡eh! no por éso la voy a tratar bien, es más, que sea mi favorita empeora su situación. Aunque merece un poco de felicidad ¿no lo creen?
Como ven, el flash back se relaciona con una escena que dejé inconclusa el capítulo 15 ¡hace 10 capítulos! Pero el flash back aún no termina, veremos el resto en el siguiente capítulo...
Hay tantas escenas en este capítulo que las deseaba escribir desde hace mucho, realmente he llegado hasta aquí...
En fin, el siguiente capítulo se llamará "En la habitación de Zeus" y será especial porque se cumplen dos años desde que inicié este fanfic, además de que será un capítulo complicado...
¿reviews?
Ah, por cierto, Eros, el Dios del Amor, les desea un feliz 14 de febrero :3
